Ser egoísta es vivir por y para uno mismo/a, pensado únicamente en el propio bienestar, aunque ello implique algún tipo de perjuicio para las otras personas. Los comportamientos egoístas son un signo claro de la inmadurez de las personas, una persona egoísta es alguien  que no ha crecido como persona, porque los comportamientos egoístas son típicos de la infancia. Entre los dos y los siete años los niños no son capaces de tener puntos de vista distintos de los suyos.

 LOS COMPORTAMIENTOS EGOÍSTAS SON PROPIOS DE LA INFANCIA.

   Cuando una persona es egoísta lo es en todos los aspectos de su vida porque es algo que afecta a todo el ámbito de la personalidad, por lo mismo no será nada difícil descubrir a las personas egoístas pues es una norma que dirige todos sus comportamientos: lo mismo aparece en la forma de conducir que en su forma de estar en una cola, o en el tiempo que invierten en hacer la compra, y mucho más el modo como la hacen mirando los tomates de uno en uno, o cuando están sentados a la mesa con la familia comiéndose una ensalada buscando el bocado más apetitoso, o la forma como manejan el mando de la televisión y la selección de los programas, y en cualquier conversación no deja de hablar de sí mismo.

   La educación recibida tiene mucho que ver con el egoísmo personal pues han vivido en un ambiente que no les ha permitido aprender a confiar en los demás a apoyarse en ellos y a ayudar y ser ayudado.

   En el pasado la familia solía ser un buen ámbito para la educación entre otras cosas porque las familias solían estar constituidas por muchos miembros y en ese ámbito casi se convertía en necesario el ayudar y el ser ayudado, hoy  la bondad de este ámbito queda reducido por la  permisividad de los padres en convertirse en esclavos de sus hijos.


EL EGOÍSMO EN LA PAREJA 

   El egoísmo es uno de los factores que más influyen de forma negativa en la vida de las parejas y esto debido a que el egoísmo es precisamente lo contrario a la esencia de la vida conyugal pues la misma consiste básicamente en compartir , siendo capaz de negar su yo para que aparezca un nosotros.            

   Cuando realmente existe el amor en una relación de pareja , cada uno vela por el bienestar del otro. Esto es recíproco, pero si hay egoísmo, entonces el egoísta sólo piensa en su propio bienestar descuidando completamente las necesidades de la otra persona y esto es motivo suficiente para que comiencen las discusiones o pueda acabar con la relación.

     Lo más grave es que el egoísmo sea compartido,  es decir que los dos miembros de la pareja sean egoístas, el final previsible es que ambos terminen viviendo  cada uno por su lado de  espaldas al otro.

   Hay personas que se comprometen a tener una relación de pareja y no cumplen su papel como miembro de ella, sino que se centran en sus propias necesidades, en que ellos sean los únicos que se sienten amados y valorados en la relación sin importar como se siente la otra persona, y eso no es justo. Eso es precisamente el egoísmo en la relación de pareja.

El egoísmo es la cara inversa de la relación amorosa porque:

    1. - Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

    2. - Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy.

  3. - Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor  nada me aprovecha.

   4. -  El amor  es paciente, es servicial; no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe.

   5. - El amor  no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta

   6  .- No se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

   7.-  Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.


Erich Fromm “El arte de amar”

   El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cariño y cuidado por sí mismo, que no es sino la expresión de su falta de productividad, lo deja vacío y frustrado. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide obtener. Parece preocuparse demasiado por sí mismo, pero, en realidad, sólo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser. Freud sostiene que el egoísta es narcisista, como si negara su amor a los demás y lo dirigiera hacia sí. Es verdad que las personas egoístas son incapaces de amar a los demás, pero tampoco pueden amarse a sí mismas.

El egoísmo no es una forma sabia de buscar la felicidad

Matthieu Ricard 

   El egoísmo no puede considerarse como una manera efectiva de amarse a sí mismo, ya que esa es la causa principal de nuestras frustraciones e infelicidad. Constituye un intento particularmente torpe de asegurar nuestra propia felicidad. El psicólogo Erich Fromm, en forma consistente con el pensamiento budista, aclara lo que es un comportamiento egoísta de la siguiente manera: ‟El amor hacia mi propio ser está conectado inseparablemente al amor hacia otro ser. El egoísmo y el amor propio, lejos de ser iguales, son en realidad opuestos. La persona egoísta no se ama a sí misma mucho, sino muy poco; de hecho, en realidad se odia a sí misma”. La persona egoísta es aquella que no hace nada sensible para ser feliz. Se odia a sí misma porque, sin darse cuenta, hace todo lo posible para hacerse desdichado, y esta falla permanente provoca una frustración interna y una furia que vuelca hacia sí misma y hacia el mundo exterior.

   Si el egocentrismo es una fuente constante de tormento, es bastante diferente del altruismo y la compasión. Al nivel de experiencias vividas, el amor altruista está acompañado de un profundo sentimiento de plenitud y es también un estado de la mente que activa la mayor parte de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones positivas. Uno podría decir que el amor altruista es la más positiva de todas las emociones positivas.

   Es más, el altruismo está en armonía con la realidad de lo que somos y lo que nos rodea, el hecho de que todo es básicamente interdependiente. La percepción común de nuestra vida diaria puede llevarnos a creer que las cosas tienen un objetivo y una realidad independiente, pero en realidad, existen sólo en dependencia de otras cosas.

  Comprender esta interdependencia universal es la verdadera fuente del altruismo más profundo. Al entender cuánto depende nuestra existencia física, nuestra supervivencia, nuestra comodidad, nuestra salud y tantas otras cosas, de los demás y de lo que el mundo externo nos ofrece, nos es más fácil ponernos en el lugar de otras personas, desearles felicidad, respetar sus aspiraciones y sentirse genuinamente preocupado por el logro de dichas aspiraciones.

¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS SON EGOÍSTAS?

   El egoísta... ¿nace o se hace? Es más, la necesidad de buscar siempre su propio beneficio ¿es algo deliberado o lo hacen de manera inconsciente y sin caer en ello? 

"Primero mis dientes que mis parientes" dice un viejo refrán. ¿Por qué algunas personas son egoístas? ¿Es un rasgo aprendido o hay quien viene al mundo con el ego ya «subido» de fábrica? Esta es una cuestión que nos planteamos muy a menudo, sobre todo, cuando estamos obligados a compartir tiempo y espacio con quien sólo se preocupa por su propio beneficio.

   Así, algo que sabemos bien desde el campo de la psicología es que todos nosotros tenemos ciertas pinceladas de esta dimensión tan criticada como negativa. En nuestro interior se balancean de un lado a otro -como un péndulo- tanto el sentido de la cooperación como el del egoísmo. Y que esto sea así es perfectamente normal e incluso necesario. Nuestro sentido de supervivencia también recurre de vez en cuando a ese autoproteccionismo tan básico.

   Al fin y al cabo, es saludable reservar una cantidad justa y adecuada de ese interés propio con el que priorizarnos cuando toca. No obstante, si caemos en el exceso, cuando se opta en cada situación y circunstancia por situarnos delante de los demás con deliberado orgullo, estaremos navegando en las aguas envenenadas del egoísmo más lesivo. Ese en el que se dificulta tanto la convivencia. ¿Qué hay detrás de esta conducta y estilo de vida?

Persona abrazando un corazón

¿Por qué algunas personas son egoístas? Causas que lo explican

   

   Decía Jacinto Benavente que el único egoísmo aceptable era el de quien procura que todos estén bien para estar uno mejor. Tal vez fuera cierto, pero en realidad pocos perfiles de personalidad nos son tan incómodos e incluso conflictivos en la vida diaria como el egoísta. Es más, aunque tengamos claro que la mayoría de las personas estamos motivadas para perseguir y proteger nuestros intereses particulares, hay quien lleva este hecho al extremo.

   Tal y como nos indican en una investigación realizada en la Universidad Estatal de Ohio, por parte de la doctora Jennifer Crockher, es cierto que el ser humano puede manifestar por igual tanto conductas egoístas como altruistas. Sin embargo, como grupo social, el comportamiento egoísta va en contra de nuestra naturaleza y tiene un coste evidente.

   Si el ser humano se hubiera limitado desde el inicio a proteger sus intereses en exclusiva, no hubiéramos sobrevivido como especie. Entonces ¿Por qué algunas personas son egoístas? ¿Qué hay detrás de una conducta que, en apariencia, va en contra de nuestra esencia como especie?

El niño tirano y el adulto egoísta


   En un trabajo realizado en la Universidad de Psicología de la Universidad de Michigan, se demostró algo interesante. Cuando un niño tiene 3 años ya comprende perfectamente las normas de equidad. Sabe que compartir es lo adecuado y lo que se espera de él. Mostrar y demostrar conductas cooperativas es algo decisivo dentro del desarrollo social de los más pequeños.

   Sin embargo, muchos eligen no hacerlo. Si los padres no promueven el altruismo y los comportamientos cooperativos, acabarán dando forma al clásico niño tirano o emperador. De este modo, si nos preguntamos por qué algunas personas son egoístas el origen de ello está muchas veces en la infancia.

   Es más, algo que debemos tener claro es que el hecho de no educar en empatía, cooperación y respeto hará que el adulto de mañana presente más rasgos, además del egoísmo. El egoísmo se acompaña a menudo de poca resistencia a la frustración y mala gestión emocionalEl egoísta presenta también una baja capacidad de autocontrol y derivan a menudo en el autoritarismo.

El egoísmo como mecanismo de defensa

   Buena parte de la conducta egoísta más lesiva se explica por el factor educacional. Ahora bien, en una porcentaje menor de casos, también puede tener como origen el factor personalidad y, en concreto, el hacer uso de esta dimensión como mecanismo de defensa. ¿En qué sentido? nos preguntaremos…

   Hay personas que a raíz de diversas experiencias negativas pueden crear una especie de coraza de autoprotección. Su objetivo es no ser heridas, no experimentar desengaños ni decepciones nuevamente. Para ello, desarrollan una actitud desde la que se priorizan a toda costa, hasta el punto de asumir una conducta arrogante, ambiciosa y hasta agresiva.

   Poco a poco, construyen una autoestima excesiva y claramente dañina bajo la que no se esconde otra cosa más que la inseguridad. El egoísmo es también un mecanismo de defensa para ocultar un daño, una herida.

Una actitud deliberada ante la vida

   Si nos preguntamos por qué algunas personas son egoístas lo mejor es observar su comportamiento. Algo que percibiremos es su actitud. Nada en ellos es inconsciente, lo que hacen, como actúan y el modo en que responden ante las cosas no es casual ni inconsciente. Hay una voluntariedad de ser así, es un «yo antes que tú», un «no me importa lo que sientas, importa lo que necesito yo».

   Richard Dawkins, biólogo evolutivo, enunció en los años 70 la llamada teoría del gen egoísta. Según este enfoque, esta dimensión forma parte del ser humano, al igual que la violencia, el racismo, la discriminación… Hay quien adopta esta tendencia de manera deliberada. Otros, en cambio (la gran mayoría), priorizan el altruismo, el respeto y la cooperación.

   Queda claro que el día a día no es nada fácil cuando tenemos cerca a alguien con este perfil. El egoísta deliberado y reincidente rara vez puede crear lazos personales sólidos ni aún menos felices. Al fin y al cabo, muchas veces nos vemos obligados a poner distancia para salvaguardar nuestra integridad.

Porque quien se ama sólo a sí mismo corre el evidente peligro de tener como única compañía a la soledad…


El egoísmo, mal de la humanidad

Todos los seres humanos somos egoístas por naturaleza, pero necesitamos aprender a amar para que el egoísmo se vaya de nuestras vidas.

Blanca Morlet



Jorge Bucay - El egoísmo

Una buena autoestima es una buena capacidad de evaluarse a sí mismo y de encontrar las cosas valiosas de uno. Saber sin avergonzarse que hay aspectos en los que tengo ciertas capacidades y saber, sin avergonzarme tampoco, que hay otros en los que no las tengo.

"Yo trabajo sobre la idea aduéñate de tu vida, lo que tienes es tu responsabilidad. Creo que el mundo no es un lugar para competir, sino para compartir, y una condición necesaria es mirarse a uno mismo". 

Jorge Bucay