domingo, 20 de marzo de 2022

APRENDE A REGALAR TU AUSENCIA A QUIEN NO VALORA TU PRESENCIA

 

APRENDE A REGALAR TU AUSENCIA A QUIEN NO VALORA TU PRESENCIA


Alejarnos de aquellos que no nos valoran suele ser la mejor opción para garantizar nuestro bienestar.

  No solemos valorar lo que tenemos. De hecho, solemos desaprovechar y posponer las oportunidades que tenemos de relacionarnos con nuestros seres queridos como si la ausencia que vendrá más tarde no nos importara.

   Esta dejadez a veces se complica cuando personas que en principio deberían apreciarnos, nos desprecian. Las situaciones de este tipo son muy dolorosas y es por eso que debemos dejar de taparnos los ojos y comenzar a remediar esta situación.

     Esto, en ocasiones, pasa de castaño a oscuro y la mejor actitud que podemos tomar es la de protegernos de este tipo de relaciones que acaban deteriorando y mermando nuestra autoestima y nuestra salud emocional.

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes

   Tenemos la mala costumbre de no valorar el momento presente y de apreciar lo que no tenemos o lo que ya hemos perdido. Cuando sufrimos porque alguien nos ignora no nos percatamos de que eso no es reflejo de nuestra valía personal y que lo más probable es que esta persona no lo haga porque está acostumbrada a tenernos a su lado.


   De todas formas, no vale de nada luchar contra viento y marea por una persona que no mueve ni un dedo por ti. No sirve ayudar constantemente a alguien que no está interesado en atendernos. No nos hace bien dar sin recibir. 

   No podemos dedicarnos a los demás y olvidarnos de nosotros. Y es que la única gratitud sin la que no podemos vivir es la gratitud a uno mismo, pues es el pilar del amor propio y el cimiento de nuestro crecimiento personal.

   El poder de alejarse de lo complicado es saludable, a las personas tóxicas hay que dejarlas atrás, si dejas que te parasiten serán un obstáculo en tu camino y ni disfrutarás de éste ni alcanzarás la meta. Sufrir más de la cuenta por alguien que se perpetúa en el error y no quiere cambiar nada es la mayor de las equivocaciones, cada uno tiene que encontrar su propio camino. Cuando nos enfrentamos a situaciones complicadas en las que alguien importante nos ignora, podemos hacer uso de la indiferencia.

   Conseguir que lo que alguien haga o no haga no nos afecte actúa como un bálsamo. Puede que al principio nos cueste, pero vale la pena el esfuerzo cuando se trata de evitar nuestro deterioro emocional. Regala tu ausencia cuando sea necesario.

   Quedarse cerca de alguien puede ser ir demasiado lejos para nosotros, por lo que una buena solución es obsequiar a estas personas con nuestra ausencia. Si optamos por esta opción, es posible que iniciemos una lucha interna entre la que nos debatamos entre esperar a que vuelva o reiniciar nuestra vida de manera definitiva. Ambas actitudes resultan dolorosas a corto plazo pero, sin lugar a dudas, convivir con nosotros mismos es la más deseable. Es probable que, en estos casos, se nos queden muchísimas cosas por decir. El dolor, los reproches y todas nuestras emociones no pueden quedarse dentro de nosotros mismos, debemos sacarlas de alguna manera, aunque sea imaginándonos que tenemos a esa persona de frente, aunque sea rasgando papeles o golpeando cojines.

   Una buena opción es escribir una carta a esa persona que te lastimó en la que expliques los motivos que te han hecho partir y cómo te has sentido. Una vez que los sentimientos y las emociones del momento queden escritos, lo mejor es deshacerse de la carta y liberarnos de manera simbólica de esas sensaciones.

Libera tu dolor y perdona

   Dar alas al sufrimiento es la única manera de no hacer de nuestro cuerpo la tumba de nuestra alma. Detrás de nuestro coraje, de nuestra rabia y de nuestra ira por la impotencia de sentirnos poco valorados, se esconde una gran tristeza y una sensación de humillación infinita. Por esta razón, tenemos que trabajar nuestra decepción y dejar de caminar jugándonos la vida. Hay que saber cuándo es conveniente regalar nuestra ausencia. Entonces será el momento de dejar atrás y de no olvidarnos de que son situaciones comunes que encierran en ellas una gran semilla de crecimiento y de liberación.

“Cuando mantienes tu resentimiento hacia otra persona, estás amarrado a esa persona o a esa situación, por un vínculo emocional que es más fuerte que el acero. Perdonar es la única forma de disolver ese vínculo y lograr la libertad”.

-Catherine Ponder-


Asertividad y empatía, dos habilidades sociales que van de la mano



   La Asertividad y la Empatía son dos cualidades que podrían considerarse como habilidades de los seres humanos posiblemente potenciables. Se trata de competencias emocionales.

¿Qué son esas competencias?

   Se concibe a la competencia como la capacidad de movilizar de manera correcta el conjunto de conocimientos y actitudes necesarias para realizar distintos tipos de actividades alcanzando un cierto nivel de eficacia.

¿Qué es la asertividad?

   La asertividad es una habilidad comunicativa, podría considerarse que se encuentra en un término medio entre la forma pasiva y agresiva de manifestar nuestro punto de vista sobre una situación. Supone un modo de comunicarnos con el otro, de interactuar y ofrecer nuestra opinión, adoptar una postura que no es agresiva ni pasiva. Ser asertivo supone adoptar la postura adecuada, lograr el equilibrio expresando pensamientos y sentimientos de manera directa y con honestidad. Para ello es requisito esencial tener habilidad personal e interpersonal.

   La asertividad es comunicar el propio punto de vista y respetar al resto; es lograr expresarse del modo más considerado posible. También es necesario que se escuchen las opiniones ajenas, aprendiendo a respetarlas y a adoptarlas cuando las consideremos constructivas. Hay quien lo define como saber decir que no a alguien cuando queremos decirle que no.

¿Cómo podemos definir a la empatía?

   La empatía es la cualidad humana por la cual se comprende a los demás. El empático sabe escuchar y es una persona flexible, capaz de apoyar y ofrecer un hombro a quien le confiesa sentimientos u opiniones sobre diversas cuestiones que lo aquejan, o bien, sobre temas de determinada naturaleza.

   La empatía es la intención de comprender los sentimientos y emociones, haciendo que las personas se ayuden entre sí. Es una cualidad que está estrechamente vinculada con el amor y la preocupación hacia los demás. El individuo empático consigue sentir el dolor o el sufrimiento al ponerse en el lugar del otro.

¿Existe relación entre ambas habilidades?

   Al actuar con asertividad y ser una persona empática se puede lograr un modelo perfecto de comunicación con los demás, ya que uno de los pilares fundamentales de ello es la sinceridad del asertivo respecto de sus propias necesidades y otro, es el poder de comprensión de la persona que actúa con empatía para lograr entender el sentimiento de quien está frente a ella.

   Se establece un diálogo óptimo cuando entre dos personas pueden comprenderse y respetar la opinión ajena, se dan tiempo para hablar, se escuchan y logran exponer lo que piensan respecto de algún tema sensible, también se genera un vínculo único cuando entre ambas personas pueden comprender lo que siente la otra, aprendiendo de las experiencias y puntos de vista ajenos, dejando que la comunicación fluya hacia el objetivo que se haya establecido.







La asertividad, Laura Rojas Marcos

Claudia y su asertividad

Beatriz de las Heras García
 
¿Qué es ser asertivo? Ser asertivo es tener la capacidad social de expresar una opinión o sentimiento de una manera respetuosa, honesta pero también directa. Todos tenemos derecho a decir “no” cuando algo no nos gusta o nos parece mal. El respeto a los demás pasa por respetarnos primero a nosotros mismos. 

   Claudia y su asertividad es un cuento con el que trabajar la asertividad con niños, donde nuestra protagonista aprenderá que ser bueno es importante, pero no hay que someterse a los demás.

Cuando Claudia entró en casa, su rostro mostraba agotamiento y tristeza. Normalmente siempre volvía muy contenta del colegio, así que su abuela comprendió en seguida que algo había ocurrido.

– Claudia ¿quieres que salgamos a merendar? Han abierto una pastelería nueva y los pasteles tienen un aspecto delicioso – preguntó la abuelita.

Gracias abuela, pero no tengo mucho apetito.

Bueno cariño, pues si quieres me cuentas primero lo que te pasa y cuando te encuentres mejor y más alegre nos vamos juntas. ¿Qué te parece? ¿quieres contarme por qué estás tan triste?

Claudia estaba sorprendida, ¿Cómo se habría enterado su abuela de lo sucedido en el cole? Comenzó a ponerse muy nerviosa y su frente empezó a arrugarse como la de uno de esos perros que tienen tanta piel.

Pero abuela, ¿Cómo te has enterado?

He visto tu cara y me he imaginado que algo te había pasado, porque esta mañana estabas muy contenta y ahora has vuelto totalmente abatida.

En ese momento Claudia se relajó, nadie había dicho nada, era todo un alivio.

Pues veras abuelita, es que hoy me he peleado con mi mejor amiga, Paula, porque ella siempre me está diciendo lo que debemos hacer y a lo que debemos jugar. Pero hoy he sido muy egoísta, porque no me apetecía jugar al “pilla, pilla” y le he dicho que si no le importaba nos quedábamos sentadas. Es que me dolía un poco la tripa y cuando a Paula le sucede algo, yo siempre me quedo a su lado. Sin embargo, ella se ha ido a jugar con otras niñas y me ha dicho que soy una egoísta por no querer jugar.

La abuela se quedó unos segundos en silencio, respiró hondo y se acercó a la librería.

Con el dedo seleccionó un minúsculo cuento, lo sacó y lo abrió.

- Te voy a contar una historia. Este libro se llama “La asertividad de Ruth”.

Había una vez una pequeña llamada Ruth. Todo el mundo decía de ella que era la niña más buena de la aldea. Ruth siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás, aunque tuviese que dejar lo que estuviera haciendo. Era incapaz de decir que no a un amigo y siempre hacía todo lo que la pedían.

Un día, llego una niña nueva al colegio, se llamaba Marta. Era una niña bastante revoltosa, pero Ruth se presentó y le ofreció su ayuda para todo lo que necesitase.

Marta entendió que Ruth era muy buena y decidió aprovecharse de ella. Cada vez que su mamá le mandaba a hacer un recado, ella llamaba a Ruth y le encargaba que lo hiciera por ella. Siempre le pedía que terminase sus deberes y no paraba de molestarla con peticiones agotadoras.

Ruth siempre estaba dispuesta a ayudar, pero una mañana amaneció enferma y tuvo que decir a Marta que no podría ayudarla con todo lo que la pedía. También tuvo que pedir al resto de personas de la aldea que la dejasen descansar, pues con tanto ayudar a los demás había descuidado su salud y había enfermado.

Pasados unos días, Ruth mejoró y volvió a la escuela, pero para su sorpresa ninguna amiga la quería dirigir la palabra.

En seguida se dio cuenta de que Marta estaba todo el rato cuchicheando a sus espaldas. De pronto, una de sus mejores amigas se acercó y le dijo: “Ruth, eres muy egoísta, estos días hemos tenido que jugar solas y nadie nos ha ayudado a hacer las cosas

Ruth no entendía como habiendo sido siempre tan buena con todo el mundo, ahora nadie agradecía su esfuerzo.

En ese momento un niño, que siempre jugaba solo, se acercó a ella y le dijo: yo seré tu amigo. Pero no quiero que hagas siempre lo que yo te diga, al igual que yo no lo haré. Los amigos deben ser sinceros y tenemos que ser capaces de decir “no” cuando algo no nos parezca bien.

Ruth sonrió; ella no estaba acostumbrada a que nadie tuviese en cuenta su opinión. Durante toda su vida se había dedicado a complacer a los demás y nunca nadie había tenido en cuenta si le apetecía o no hacerlo.

Y desde entonces Ruth aprendió el valor del respeto hacia uno mismo y hacia los demás y la importancia de la amistad sin condiciones.


La abuelita dio por terminado el cuento, se quitó sus gafas y se dirigió a Claudia diciendo:

La moraleja de este cuento, querida nieta, es que hay que saber decir que “no”, con respeto hacia los demás, pero también sabiendo respetar tus propios deseos. No por complacer a todo el mundo vas a conseguir que todos sean tus amigos.

Si alguien no es capaz de tener en cuenta tu opinión, tal vez no te interese tenerlo como amigo o amiga.

En la vida hay que saber decir que no cuando algo no te apetece o no te parece correcto. El respeto y las buenas formas no deben estar reñidos con saber hacer entender cuáles son tus preferencias. Si en algún momento no puedes ayudar a alguien porque estás muy ocupado, debes ser capaz de decir “no”;  a veces hay que dar importancia a tus propias obligaciones.

Así que “NO” Claudia, no te has comportado como una egoísta con tu amiga Paula. Lo único que ha ocurrido es que has encontrado tu asertividad.-

– ¿Cómo? – preguntó Claudia con el gesto torcido.

– Pues eso, que has encontrado tú asertividad. Has aprendido a decir que “NO” cuando ha sido necesario y sin faltar al respeto a nadie. Y lo más importante es que al ser asertivo has aprendido a respetar tus propias opiniones, porque ¿sabes qué? Todos tenemos derecho a dar nuestra opinión, y a ser tenidos en cuenta.

- Y ahora, ¿te apetece merendar o te prefieres descansar en casa? Ya sabes tienes derecho a decidir, pues por fin has encontrado tu asertividad.-

– Pues veras abuela, con tanta asertividad se me ha abierto el apetito, así que acepto tu invitación.-



The Best of Chopin

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