jueves, 31 de marzo de 2022

La Mente Dormida: EL JUICIO DE PARIS Y LA MANZANA DE LA DISCORDIA

La Mente Dormida: EL JUICIO DE PARIS Y LA MANZANA DE LA DISCORDIA:   EL JUICIO DE PARIS Y LA MANZANA DE LA DISCORDIA   El juicio de Paris - Sandro Botticelli (1483-1485) 197 cm × 81 cm Fundación Giorgio ...

EL JUICIO DE PARIS Y LA MANZANA DE LA DISCORDIA

 

EL JUICIO DE PARIS Y LA MANZANA DE LA DISCORDIA

 


El juicio de Paris - Sandro Botticelli (1483-1485)
197 cm × 81 cm
Fundación Giorgio Cini, Venecia, Italia


RUBENS, PEDRO PABLO (Siegen, Westfalia, 1577 - Amberes, 1640)

Ningún pintor europeo del siglo XVII aunó como lo hizo Rubens talento artístico, éxito social y económico y un alto nivel cultural. Fuente: Museo Nacional del Prado

   El juicio de Paris fue el desencadenante de la Guerra de Troya, y todo comenzó por una disputa originada por una manzana de oro.

   Según la mitología, en la Antigüedad era frecuente que los dioses se mezclaran con los mortales. Y así ocurrió, en las bodas del héroe griego Peleo con Tetis, que era una ninfa marina, que serían los futuros padres de Aquiles.

   A esa boda, no fue invitada la diosa de la Discordia, Éride, quien decidió, fiel a su nombre, provocar la confusión y la pelea entre las diosas presentes. Para ello, acudió al banquete con una manzana de oro que tenía grabada la siguiente frase: «Para la más bella», algo que rápidamente suscitó el interés de algunas diosas del Olimpo, que se creyeron merecedoras de tal título.

   Tres diosas, Atenea, Afrodita y Hera se disputaron la dichosa manzana, dando origen a la expresión de la manzana de la discordia con el que describir el inicio de un enfrentamiento, una disputa o una pelea. Como no había consenso sobre qué diosa era la más bella, el padre de todos los dioses, Zeus, decidió encomendar esta difícil elección a un joven mortal llamado Paris, que era hijo del rey de Troya, Príamo.

   Durante el juicio las tres diosas hicieron valer su poder de seducción, con el propósito de tentar al improvisado juez Paris, si éste fallaba a su favor. La diosa Hera, esposa de Zeus, le ofreció todo el poder que pudiera desear y el título de Emperador de Asia; Atenea, diosa de la inteligencia y de la guerra, le ofreció la sabiduría y la posibilidad de vencer todas las batallas a las que se presentase y, la diosa Afrodita, le ofreció el amor de la mortal más hermosa de Grecia.

   El joven Paris, que era un príncipe muy terrenal, optó por la proposición de la diosa Afrodita, que a partir de entonces pasó a ser considerada como la diosa de la belleza.  Pero su decisión tuvo graves consecuencias para su pueblo, ya que la mortal más bella, no era otra que Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao, cuyo rapto desencadenó en la guerra de Troya.

   Ni que decir tiene que las ofendidas diosas Hera y Atenea tomaron partido por los griegos y no cejaron hasta que Paris y Troya fueron destruidos, hecho que glosa muy bien Homero en su Ilíada.

   Al final, el juicio de Paris no es más que un pleito entre la vanidad de las deidades, que vino a poner de relieve la imposibilidad de pronunciar juicios que conformen por igual a todos los litigantes.




El juicio de Paris. Pintura de Enrique Simonet de 1904 (Museo de Málaga)



El Juicio de Paris, 2014 - Darío Ortiz.  110x70cm

   Eris o Eride, la diosa de la Discordia, molesta por no haber sido invitada a las bodas de Peleo, a la que habían sido convidados todos los dioses, urdió un modo de vengarse sembrando la discordia entre los invitados: se presentó en el sitio donde estaba teniendo lugar el banquete, y arrojó sobre la mesa una manzana de oro, que habría de ser para la más hermosa de las damas presentes. Tres diosas (Atenea, Afrodita y Hera) se disputaron la manzana produciéndose tan gran confusión y disputa, que hubo de intervenir el padre de todos los dioses, Zeus (Júpiter en la mitología romana).

   Zeus decidió encomendar la elección a un joven mortal llamado Paris, que era hijo del rey de Troya. El dios mensajero, Hermes (Mercurio), fue enviado a buscarlo con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Zeus; por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial.

   Cada una de las diosas pretendió convencer al improvisado juez, intentando incluso sobornarlo. La diosa Hera, esposa de Zeus, le ofreció todo el poder que pudiera desear, o, también, el título de Emperador de Asia; Atenea, diosa de la inteligencia, además de serlo de la batalla, le ofreció la sabiduría o, según otras versiones, la posibilidad de vencer todas las batallas a las que se presentase; Afrodita, le ofreció el amor de la más bella mujer del mundo. Se distinguen varias versiones sobre la desnudez o no de las diosas: una primera que indica que todas se desnudaron para mostrar así su belleza al mortal; una segunda que indica que únicamente lo realizó Afrodita para demostrar así su belleza; y una última que niega esta posibilidad del desnudo de las diosas.

  Paris se decidió finalmente por Afrodita, y su decisión hubo de traer graves consecuencias para su pueblo, ya que la hermosa mujer por la que Afrodita hizo crecer el amor en el pecho de Paris, era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao; en ocasión del paso de Paris por las tierras de este rey, y después de haber estado una noche en su palacio, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó a Troya.

   Esto enfureció a Menelao y este convocó a los reyes aqueos como Agamenón, su hermano, que fue nombrado comandante en jefe; Odiseo, que, inspirado por Atenea, fue el que ideó el caballo de madera con el que la expedición aquea pudo por fin tomar Troya y Aquiles, entre muchos otros, para ir a recuperar a Helena o, si fuese necesario, pelear por ella en Troya, hecho que glosa Homero en la Ilíada.


MITOLOGÍA GRIEGA -  El Juicio de Paris

martes, 29 de marzo de 2022

La Mente Dormida: MITO DE ODISEO (ULISES) Y LAS SIRENAS

La Mente Dormida: MITO DE ODISEO (ULISES) Y LAS SIRENAS:   MITO DE ODISEO (ULISES) Y LAS SIRENAS      En una de las islas por las que pasó Odiseo, vivían las Sirenas, Pisíone, Agláope y Telxiep...

MITO DE ODISEO (ULISES) Y LAS SIRENAS

 

MITO DE ODISEO (ULISES) Y LAS SIRENAS

 


   En una de las islas por las que pasó Odiseo, vivían las Sirenas, Pisíone, Agláope y Telxiepia, hijas de Aqueloo y Melpómene, una de las Musas. De ellas, una tocaba la cítara, otra cantaba y otra tocaba la flauta y con ello persuadían a los navegantes para que se quedaran allí. Con su canto, prometían a los hombres la satisfacción de sus deseos y los arrastraban a la muerte. Las sirenas eran unas criaturas con aspecto de mujer de cintura para arriba, pero con enormes alas, piernas plumadas y garras.


   La isla estaba cubierta de huesos de los hombres que habían devorado. Odiseo había sido advertido por la diosa Circe del peligro y repartió a sus hombres cera para que se taparan los oídos y no oyeran el canto. Pero la curiosidad insaciable de Odiseo hizo que quisiera saber cómo sonaba aquella melodía irresistible. Ordenó a sus hombres que lo amarraran al mástil y no lo liberaran mientras se encontraran lo bastante cerca de la isla para oír los cantos. Tal vez otros hombres hubieran sido tentados con canciones de amor, pero las que las sirenas le dedicaron a Odiseo hablaban de conocimiento y sabiduría. Odiseo tiró de la cuerda con todas sus fuerzas y trató de convencer a sus hombres para que lo desataran, pero no lo soltaron hasta estar fuera de peligro. Así fue como Odiseo se convirtió en el único hombre que consiguió sobrevivir al canto de las sirenas.

Apolodoro, Epítome VIII, 18-19

 

    En el canto XII de la Odisea la diosa Circe acoge a Ulises (Odiseo) y a sus hombres tras su vuelta del Hades y después de festejarlos generosamente les advierte de los peligros que tendrán que arrastrar en sus próximas singladuras camino de Ítaca, la primera de ellas la Isla de las Sirenas, "Tendréis que pasar cerca de las sirenas que encantan a cuantos hombres se les acercan. ¡Loco será quién se detenga a escuchar sus cánticos pues nunca festejarán su mujer y sus hijos su regreso al hogar! Las sirenas les encantarán con sus frescas voces. Pasa sin detenerte después de taponar con blanda cera las orejas de tus compañeros, ¡qué ni uno solo las oiga! Tu solo podrás oírlas si quieres, pero con los pies y las manos atados y en pie sobre la carlinga, hazte amarrar al mástil para saborear el placer de oír su canción".

   Odiseo y su gente se hacen a la mar y al acercarse a la Isla de las Sirenas y su florido prado, obedeciendo el consejo de la diosa y tras untar cera recién derretida en el oído de sus compañeros, ordena que estos le aten de pies y manos al firme mástil. Al notar las Sirenas la presencia de la embarcación entonan su sonoro canto preludiado con tentadoras palabras, "Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces”.

   Es el propio Ulises, en su relato a Alcínoo, quien habla de cómo fue el encuentro, "Entonces mi corazón deseó escucharlas y ordené a mis compañeros que me soltaran haciéndoles señas con mis cejas, pero ellos se echaron hacia delante y remaban, y luego se levantaron Perimedes y Euríloco y me ataron con más cuerdas, apretándome todavía más".

   ¿Qué palabras tienen la fuerza de alumbrar el mundo con un destello tal que vivir a continuación se hace innecesario, o es tal vez determinado ritmo, una sonoridad en concreto lo que tiene la capacidad de despertar en nosotros el deseo de disolvernos en la nada y abandonar los proyectos y esperanzas que hasta entonces sustentaban nuestros días? Porque si el fundamento del canto de las sirenas fuera la verdad, ¿sería ésta entonces en esencia una asimilación al caos, un más allá del principio de individuación?

   Cuenta Calímaco que, tras leer Fedón, el diálogo platónico sobre el alma, Cleómbroto de Ambracia se arrojó desde altas murallas al Hades ansioso por morir para empezar a vivir en la inmortalidad que Sócrates prometía a sus amigos. Podría haber sido entonces esta promesa la que incitó a Ulises a arrojarse en los brazos de la certera muerte, pero más me tienta pensar, tal y como Heidegger dejó dicho en una de sus lecciones sobre Nietzsche, que el viviente se asoma al conocimiento esencial no como si este flotara por encima de la vida y al cual se pudiera ocasionalmente echar un vistazo o dejar de hacerlo, sino que su contemplación sustenta ya la vida en el único modo que le es adecuado, más allá de sí y volviéndose el mismo regla y esquema.

   De acuerdo con esto, las sirenas estarían en su canto transmitiendo este conocimiento esencial en la certeza de que ningún hombre podría, ocasionalmente, echar un vistazo o dejar de hacerlo, sino que su escucha les religaría en sus vidas como orden irrebatible, único modo adecuado. 

   Aunque bondad, verdad y belleza forman la triada que sustenta el conocimiento en el ámbito metafísico occidental, cada vez que me viene a la memoria la imagen de Odiseo encadenado al mástil y forcejeando por lanzarse al mar no puedo dejar de pensar que de lo que en esencia aquel canto hablaba era de amor, ese hijo de Poros y Penia -la abundancia y la pobreza- que con sus palabras y tal vez por un instante nos restituyen de la original fragmentación y hacen con ello  ya innecesario seguir viviendo.

 

Ulises y las Sirenas, pintura de John William Waterhouse, 1891


La imagen que tenemos en la actualidad de las sirenas —mitad mujer, mitad pez— dista mucho de su forma clásica alada. Algunas versiones afirman que la apariencia original de estos seres mitológicos se debe a un castigo que recibieron por no proteger a Perséfone de Hades, el dios del inframundo. Otras, en cambio, indican que fue Zeus quien les ofreció alas para perseguir al dios raptor. Pero, ¿de dónde surgieron exactamente las sirenas? Aunque sus orígenes son difusos, es muy probable que estos seres hermosos y pérfidos estuviesen relacionados con el mundo de los muertos.

En la mitología griega, las sirenas eran criaturas híbridas con cuerpo de ave y rostro de mujer que atraían a los marineros con sus hipnóticos cantos, conduciéndolos a un destino fatal. Homero las mencionó por primera vez en su célebre Odisea, dando paso a infinidad de leyendas e historias fabulosas.


Ulises y las sirenas es un cuadro del pintor victoriano Herbert James Draper pintado en 1909. Se basa en el mito de Ulises, tal como lo describe el canto XII de la Odisea. 

 Gracias a su estratagema Ulises fue el único ser humano que oyó el canto y sobrevivió a las sirenas, que devoraban a los infaustos que se dejaban seducir. Estas criaturas monstruosas se precipitaron al mar al verse vencidas, convirtiéndose en rocas.



EL MITO DE ULISES Y LAS SIRENAS


Kirk Douglas es 'Ulises' en la adaptación de Mario Camerini y Mario Bava de 1954.


 


lunes, 28 de marzo de 2022

La Mente Dormida: MIGUEL HERNÁNDEZ. 80 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO...

La Mente Dormida: MIGUEL HERNÁNDEZ. 80 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO...: MIGUEL HERNÁNDEZ. 80 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL POETA Especial 80º Aniversario muerte Miguel Hernández Miguel Hernández, en memoria d...

MIGUEL HERNÁNDEZ. 80 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL POETA

MIGUEL HERNÁNDEZ. 80 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL POETA



Especial 80º Aniversario muerte Miguel Hernández


Miguel Hernández, en memoria del poeta

1992. Perfil biográfico del poeta Miguel Hernández. Los testimonios de su hermana Encarnación Hernández, su cuñado Manuel Manresa, su amigo de la infancia Rosendo Mas, Rafael Alberti, Antonio Buero Vallejo y Rosario la Dinamitera, junto a los recuerdos escritos de su mujer Josefina Manresa, crean una imagen cercana y sorprendente del hombre y el poeta.

Reportaje: "Miguel en la Memoria".


Este 28 de marzo se cumplen 80 años desde la muerte de Miguel Hernández. El poeta de la libertad murió privado de ella, en prisión. Desde prisión y pese a la muerte de su primer hijo, en 1938, el escritor oriolano siguió escribiendo Cancionero y romancero de ausencias, su última obra, un libro inacabado y póstumo.

Si bien a Miguel Hernández se le conmutó la pena de muerte, fue condenado a treinta años de prisión. En la cárcel contrajo tuberculosis y, a los 31 años, murió el 28 de marzo de 1942, sin haber recuperado la libertad por la que tanto había luchado.

La ley de memoria histórica de 2007 anuló también, junto a la de tantos otros, la condena al poeta de Orihuela, el mayor artista que ha dado la Vega Baja y uno de los más reconocidos en el ámbito nacional.

(…) Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:

porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

Entre otros reconocimientos, el poeta oriolano tiene el honor de dar nombre a la Universidad Miguel Hernández de Elche, que en este año 2022 celebra su 25 aniversario.


JOAN MANUEL SERRAT - Para la libertad (Directo 1975)


MIGUEL HERNÁNDEZ: EL POETA QUE FUE APRESADO POR INMIGRACIÓN ILEGAL


Miguel Hernández, su perdición encontrada - Augusto Thassio

Un libro recupera su expediente carcelario, que muestra que fue apresado por no poder acreditar la documentación para estar en suelo portugués

   El poeta fue encarcelado al entrar en suelo portugués, delatado por un hombre al que le vendió el reloj que llevaba encima, un regalo de boda de Vicente Aleixandre. Pasó cinco días en una celda de Rosal de la Frontera, que hoy forma parte de la Casa de la Cultura de la localidad.

 

Extracto del expediente rellenado en el puesto fronterizo Huelva-Portugal, con las huellas del poeta.

Fermín Cabanillas - 20 de septiembre de 2017

   El 4 de mayo de 1939, un agente de Policía llamado Rafael Córdoba rellenaba el expediente carcelario de un joven de 29 años de edad que había sido detenido ese mismo día en la localidad portuguesa de Moura. Al agente que le detuvo le llamó la atención su acento español y, al no llevar nada que acreditase su nacionalidad portuguesa, fue arrestado por inmigración ilegal. Aún no sabía que el detenido era Miguel Hernández, que había comenzado en ese pueblo portugués su calvario por las prisiones de la dictadura franquista.  

   Ahora, el libro Miguel Hernández, su perdición encontrada, escrito por el onubense Augusto Thassio, ha desvelado algunos aspectos que se desconocían de los cinco días del primer encarcelamiento del poeta. Cinco duras jornadas que pasó en Rosal de la Frontera, localidad onubense limítrofe con el puesto fronterizo portugués donde se rellenó su ficha, y que supusieron el comienzo de su larga estancia en prisión hasta su muerte a los 32 años.

   Pasar de España a Portugal sin autorización”, es el delito que muestra la ficha rellenada ese día, que supuso el final del peregrinar de Hernández huyendo de “los de derechas” que estaban a punto de ganar la Guerra Civil, explica Thassio.

   Casi todos los historiadores coinciden en que, desde Alicante, llegó a Sevilla, luego a Cádiz y Jerez de la Frontera, y de allí a Huelva, buscando a un abogado en Valverde del Camino para facilitarle el paso a Portugal. Se bajó de un camión y decidió vender su reloj, regalo de boda de Vicente Alexandre, en la localidad de Santo Aleixo.  El hombre al que se lo vendió lo delató a la policía portuguesa “por cinco miserables pesetas”. Cuando la dictadura de Salazar se dio cuenta de que tenía en sus manos a un perseguido de Franco, lo extraditó inmediatamente a escasos metros, a Rosal de la Frontera, y estuvo cinco días internado en una pequeña celda. Ahí empezó su calvario carcelario con las primeras torturas.

   Cuando fue detenido, llevaba encima “un billete de veinte escudos, una moneda de cinco centavos y cuatro más de diez; el libro “La destrucción o el amor” con una carta de su autor, Aleixandre, y un auto sacramental llamado “Quién te ha visto y quién te ve, ni sombra de lo que eras”, escrito por él mismo.

   Curiosamente, aunque era amigo de Vicente Aleixandre o Neruda, en el momento de estar encarcelado en Rosal de la Frontera “no tuvo amigos influyentes que lo pudieran ayudar a escapar. Era cabrero, un hombre del pueblo y para el pueblo, que se compró unas alpargatas para atravesar la sierra hacia el Alentejo portugués”, ha dicho.

   Fueron sólo cinco días, pero en Rosal de la Frontera la huella del poeta es indeleble. Su celda se ha mantenido igual que entonces, y una semana cultural revive este septiembre parte de su historia, con actos como una ofrenda floral y lectura de poemas en la celda de Hernández y ante su busto. Las actividades se trasladarán a los escenarios portugueses de, explicando la vida del poeta en aquellos días. Prácticamente se puede llegar a pie, ya que la frontera no está interrumpida por el Guadiana en aquella zona. Una facilidad que, también, fue fatal para el poeta en aquellos días de 1939.

   Sin embargo, aún quedan incógnitas por investigar: Miguel tuvo un compañero de prisión, Francisco Guapo. Su mujer le dio al poeta comida y le lavó la ropa. A cambio, le escribió en un papel de estraza el poema “Hombre encarcelado”, con un dibujo del barco que pensaba coger en Lisboa. Ese poema jamás fue encontrado.

   Thassio, nacido en 1950 en Isla Cristina, se enfrenta al que quizá es su reto más apasionante, tras haber publicado, influenciado por Juan Ramón Jiménez, García Lorca y el propio Miguel Hernández, obras como “Cartas de un esquizofrénico a Eloísa”, “Cantos y leyendas de Rosal de la Frontera” o “El alma de Isla Cristina”.

   En este trabajo, Thassio ha recuperado el expediente carcelario de Miguel Hernández en un libro donde recopiló multitud de datos y lugares relacionados con el poeta. El volumen fue publicado en conmemoración del 75 aniversario de la muerte del poeta, y sirvió para conocer “una serie de datos que los biógrafos de Miguel desconocían”.

   Así, el libro recorre aquellos días de la primavera de 1939, desde que fue detenido en Moura y llevado a la frontera española en Rosal de la Frontera, mediante la investigación y relación con  los descendientes del poeta.

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

Pablo Neruda



Miguel Hernández en 1939

Nombre de nacimiento: Miguel Hernández Gilabert
Nacimiento: 30 de octubre de 1910, Orihuela (España)
Fallecimiento: 28 de marzo de 1942 (31 años), Alicante (España)
Causa de muerte: Tuberculosis 
Sepultura: Cementerio de Alicante

   En abril de 1939, recién concluida la guerra, se había terminado de imprimir en Valencia El hombre acecha. Aún sin encuadernar, una comisión depuradora franquista​ presidida por el filólogo Joaquín de Entrambasaguas, ordenó la destrucción completa de la edición. Sin embargo, dos ejemplares que se salvaron permitieron reeditar el libro en 1981.

   Su gran amigo Cossío se ofreció a acoger al poeta en Tudanca, pero este decidió volver a Orihuela. Pero en Orihuela corría mucho riesgo, por lo que decidió irse a Sevilla pasando por Córdoba, con la intención de cruzar la frontera de Portugal por Rosal de la Frontera (Huelva). La policía de Salazar, dictador portugués, lo entregó a la Guardia Civil. Cuando estaba en prisión, su mujer Josefina Manresa le envió una carta en la que mencionaba que sólo tenían pan y cebolla para comer; el poeta compuso en respuesta las Nanas de la cebolla.​ Durante los nueve días que estuvo en la cárcel de Huelva fue sacado varias veces de ella por grupos de falangistas y «gente de orden» que lo golpearon brutalmente. Querían que confesara que él había matado a José Antonio Primo de Rivera, líder de Falange.

   Desde la cárcel de Huelva lo trasladaron a Sevilla y posteriormente al penal de la calle Torrijos en Madrid (hoy calle del Conde de Peñalver), de donde, gracias a las gestiones que realizó Pablo Neruda ante un cardenal, salió en libertad inesperadamente, sin ser procesado, en septiembre de 1939, aunque asimismo influyeron las gestiones paralelas de Cossío. 

   Estando preso en la prisión de la calle Torrijos le escribe una dramática tarjeta postal: «Querido primo José María: [...] tú puedes ayudarme a salir rápidamente y no debes dejar de hacerlo. No llevaba la documentación necesaria y me detuvieron en Portugal, y me condujeron aquí». Al recto de la postal, sobre la dirección de Cossío, consciente de la extrema gravedad personal de su situación, llega a poner incluso, de su mano: «¡Arriba España!¡Viva Franco!» 

   Pero vuelto a Orihuela, fue delatado y detenido y ya en la prisión de la plaza del Conde de Toreno en Madrid, fue juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940 por un consejo de guerra presidido por el juez Manuel Martínez Gargallo y en el que actuó como secretario el alférez Antonio Luis Baena Tocón.​ José María de Cossío​ y otros intelectuales amigos, entre ellos Luis Almarcha Hernández,​ amigo de la juventud y vicario general de la diócesis de Orihuela (posteriormente obispo de León en 1944), intercedieron por él y se le conmutó la pena de muerte por la de treinta años de cárcel. También entonces influyó mucho la gestión del propio Cossío, que acude al secretario de la Junta Política de FET y de las JONS, Carlos Sentís, y a Rafael Sánchez Mazas, vicesecretario de la misma, pero que tenía relación con el general José Enrique Varela, ministro del Ejército, que en carta le contestó a Sánchez Mazas a mitad de 1940: "Tengo el gusto de participarle que la pena capital que pesaba sobre Don Miguel Hernández Gilabert, por quien se interesa, ha sido conmutada por la inmediata inferior, esperando que este acto de generosidad del Caudillo, obligará al agraciado a seguir una conducta que sea rectificación del pasado" (estos documentos se reproducen fotográficamente en Ignacio de Cossío, op. cit., entre pp. 232-233).

   Pasó luego por la prisión de Palencia (septiembre de 1940), donde decía que no podía llorar porque las lágrimas se congelaban por el frío; también por la cárcel de Yeserías, y en noviembre al penal de Ocaña (Toledo). En junio de 1941, fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante,​ donde compartió celda con Buero Vallejo. Allí enfermó: padeció primero bronquitis y luego tifus, que se le complicó con tuberculosis. La intervención del pintor Miguel Abad Miró, amigo desde antes de la prisión, fue decisiva​ para recibir una atención médica especializada del director del Dispensario Antituberculoso de Alicante, Antonio Barbero Carnicero, quien pudo mejorar la situación del poeta​ con dos intervenciones, pero desgraciadamente el permiso de traslado al Hospital Antituberculoso «Porta Coeli» de la provincia de Valencia llegó demasiado tarde.​ En los últimos momentos y a su pesar, Miguel accedió a contraer matrimonio eclesiástico con Josefina en la enfermería de la prisión, con el fin de facilitar las cosas a su esposa dado que su anterior unión civil no tenía validez legal para el nuevo régimen franquista.​

   Falleció en la enfermería de la prisión alicantina a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con tan sólo treinta y un años de edad. Se cuenta que no pudieron cerrarle los ojos, hecho sobre el que su amigo Vicente Aleixandre compuso un poema.​ Abad Miró formó parte del reducido séquito fúnebre que, con la viuda, acompañó los restos mortales del poeta hasta el cementerio y corrió con los gastos del enterramiento.​Fue enterrado el 30 de marzo, en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante.





Tumba de Miguel Hernández

En el cementerio de Alicante se encuentra la tumba del célebre poeta Miguel Hernández, que yace enterrado junto a su esposa e hijo. A la derecha, observamos el primer fragmento del poema “Llegó con tres heridas”; a la izquierda, un buzón en el que se pueden echar dedicatorias y escritos en honor al autor.


Artista: Joan Baez
Canción: Llego Con Tres Heridas (I Come With Three Wounds)

   Miguel Hernández (1910-1942) nace en Orihuela, un pueblo de la provincia de Alicante. Pasa su infancia y adolescencia dedicándose a la lectura, la poesía y el pastoreo, pues su familia era ganadera. Tiempo después, establece amistad con el que será el amigo de su vida, Ramón Sijé, estando aun en Orihuela. En 1931 realiza su primer viaje a Madrid, en el que se relacionará con algunos escritores de la generación del 98 pero, a causa de la prejuiciada opinión que de él tenían, por considerarlo una persona inculta y sin estudios, es rechazado y se ve obligado a volver a su pueblo natal. Emprende un segundo viaje en 1932, cuando por fin es aceptado y se comienza a valorar su obra. Tendrá varias relaciones amorosas a lo largo de su vida, aunque será la que establece con Josefina Manresa, la única que dará fruto: su hijo, llamado Manuel Miguel Hernández Manresa. Una vez comienza la Guerra Civil Española, no duda en tomar partido, y se convierte en el dirigente de la sección cultural del bando republicano. Cuando acaba la contienda, intenta huir, pero es atrapado en la frontera con Portugal y encerrado en la prisión de Alicante, donde muere en 1942 a causa de la tuberculosis, precedida por el tifus.




UMH TV - 73º Aniversario de la muerte de Miguel Hernández. 27 mar 2015
Universidad Miguel Hernández de Elche

Miguel Hernández murió hace 73 años en la enfermería del reformatorio de adultos de Alicante. Su cadáver reposó durante casi 40 años en un nicho casi clandestino del cementerio de Alicante donde solo rezaba esta inscripción: Miguel Hernández, poeta.


   Sus obras principales son Perito en Lunas, El rayo que no cesa, Viento del pueblo, El hombre acecha y Cancionero de ausencias.



Joan Manuel Serrat - CONCIERTO -Miguel Hernández

El Legado de Miguel Hernández , Concierto completo Hijo de la Luz y de la Sombra, presentación de la gira en Barcelona  el 8 de julio del 2010 , concierto con imágenes añadidas, fotos, manuscritos, documentos biográficos y datos sobre su vida.

1.   Llegó con tres heridas
2.   Presentación
3.   Del ay al ay por el ay
4 .  La palmera levantina
5.   Las abarcas desiertas
6. El niño yuntero
7.  Dale que dale
8. El hambre
9. Tus cartas son un vino
10. Elegía
11. Si me matan, bueno
12. Tristes guerras
13.  Menos tu vientre
14. Canción del esposo soldado
15. Cerca del agua
16. Solo quien ama vuela
17. El mundo de los demás
18. Las nanas de la cebolla
19. Hijo de la luz y de la sombra
20. Para la libertad
21. Historia conocida
22. Uno de aquellos
23. Dale que dale ( bis repetido )
24. Despedida de los músicos



Paco Ibañez - Historia Conocida (Homenaje a Miguel Hernández)
Canción de Paco Ibáñez basada en un poema que José Agustín Goytisolo escribió en homenaje a Miguel Hernández.



Paco Ibáñez - Andaluces de Jaén - Miguel Hernández
ACEITUNEROS (Miguel Hernández, 1937)

La Mente Dormida: ¿POR QUÉ SE MIENTE? PSICOLOGÍA DE LA MENTIRA

La Mente Dormida: ¿POR QUÉ SE MIENTE? PSICOLOGÍA DE LA MENTIRA:   ¿POR QUÉ SE MIENTE?     En general, se miente por el temor a las consecuencias de que algo se sepa : algo que se hizo, que no se hizo, que...

¿POR QUÉ SE MIENTE? PSICOLOGÍA DE LA MENTIRA

 

¿POR QUÉ SE MIENTE?


   En general, se miente por el temor a las consecuencias de que algo se sepa : algo que se hizo, que no se hizo, que se oyó, que se vio, que se dijo o que se supo. 

  Se miente para culpar a otra persona, por no querer asumir responsabilidades, para dañar a otro o para no enfrentarse a problemas propios o de allegados. Se miente para ocultar algo y para evitar la vergüenza que se siente por lo que se ha hecho y por sus consecuencias, ya sean éstas personales, legales o de otro tipo: libertad o prisión, separación matrimonial o de la persona amada, conflictos y distanciamiento familiar, pérdida del empleo. Más aún, si se descubre que se ha mentido puede haber consecuencias negativas y a veces peores que las acarreadas por el dato o hecho que se intenta ocultar.

 Historia del mentiroso: El mentiroso no tiene historia. Nadie se atrevería a contar la crónica de la mentira ni a proponerla como una historia verdadera. ¿Cómo contarla sin mentir?

FERNANDO ARRABAL



Jorge Bucay - ¿Por qué miente la gente?

   Se miente también para conseguir una ventaja sobre otra persona o para obtener un beneficio que, diciendo la verdad, se duda de poder alcanzar. La mentira y el engaño son instrumentos para conseguir muchos objetivos en esta vida, ya sean de tipo económico, social o amoroso. Por ejemplo, un vendedor puede mentir para conseguir un encargo o un pedido, por la codicia de obtener un beneficio o por las consecuencias que le puede acarrear el no conseguirlo. En este sentido, la mentira es muchas veces un intento de controlar y de manipular el comportamiento de los demás. 

   Se miente también por otras razones muy variadas y complejas y a veces «positivas»: para ayudar a alguien, como ocurre con las «mentiras altruistas», o para halagar, alegrar o intentar hacer felices a los demás. También para no dañar a los demás, para evitar conflictos personales o familiares, o para no frustrar planes o proyectos propios o de otros. Es típico no querer que los amigos o la familia se enteren de algo negativo acerca de nosotros o de algo que les puede perjudicar. En muchos casos existe un miedo real y fundado a que familiares, amigos y allegados sufran por lo que ha ocurrido, y no querer hacerles daño hace que no digamos la verdad. Por otro lado, y para muchas personas, ocultar lo que han hecho o mentir sobre ello es una forma simple y directa de proteger su intimidad. Es en este sentido en el que se expresaba Anatole France: «Solamente las mujeres y los médicos aprecian lo necesaria y bienhechora que suele ser la mentira». Muchos quieren mantener su mundo privado fuera del conocimiento y alcance de los demás y este intento lleva a mentir.

   Cuanto más grave es lo que ha sucedido o lo que se ha hecho, más graves son las consecuencias y mayor la motivación que lleva a no decir la verdad. Por ello se miente más cuanto mayores sean las consecuencias. En estos casos es posible que la integridad moral y la imagen personal se vean dañadas más seriamente y que las consecuencias sean, por tanto, más grandes todavía. Muchas veces la libertad personal está en juego y puede haber daños de tipo laboral, económico o personal. La mentira busca evitar las consecuencias negativas inmediatas que se derivarían de conocerse lo sucedido y deja la puerta abierta a que no se sepa nunca lo que sucedió, y a la elusión de posibles penalizaciones o castigos. Ahora bien, cuando la mentira se lleva demasiado lejos, no se puede volver atrás porque las consecuencias pueden ser peores aún que el haber mentido: no sólo se ha hecho o se ha sabido algo indebido, sino que se ha ocultado.





"Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira"
Mahatma Gandhi



Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver.
Proverbio Judío



   Pero también es más fácil detectar el engaño cuando las consecuencias de ser descubierto este son más serias. Como también lo es si la persona no cree en su propia mentira o si la mentira es compleja. Por el contrario, cuanto menos significativa es una mentira, o menos consecuencias acarrea, más difícil es la detección. 

El mentiroso alberga casi siempre miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa, lo cual encierra, además, miedo a:

• ser menos que los demás;

• no conseguir un objetivo profesional, perder una venta o no lograr un pedido;

• ser menos atractivo;

• que no nos quieran o que no nos aprecien;

• que no nos respeten;

• a perder o a no ganar algo.

“Un narrador inventa cosas para ayudar a otras personas; un mentiroso inventa cosas para ayudarse a sí mismo”.

Daniel Wallace

  

El pastorcito mentiroso

Fábula de Esopo

   Había una vez un pastorcito que cuidaba su rebaño en la cima de la colina. Él se encontraba muy aburrido y para divertirse se le ocurrió hacer una broma a los aldeanos. Luego de respirar profundo, el pastorcito gritó:

—¡Lobo, lobo! Hay un lobo que persigue las ovejas.

Los aldeanos llegaron corriendo para ayudar al pastorcito y ahuyentar al lobo. Pero al llegar a la cima de la colina no encontraron ningún lobo. El pastorcito se echó a reír al ver sus rostros enojados.

—No grites lobo, cuando no hay ningún lobo —dijeron los aldeanos y se fueron enojados colina abajo.

Luego de unas pocas horas, el pastorcito gritó nuevamente:

—¡Lobo, lobo! El lobo está persiguiendo las ovejas.

Los aldeanos corrieron nuevamente a auxiliarlo, pero al ver que no había ningún lobo le dijeron al pastorcito con severidad:

—No grites lobo cuando no hay ningún lobo, hazlo cuando en realidad un lobo esté persiguiendo las ovejas.

Pero el pastorcito seguía revolcándose de la risa mientras veía a los aldeanos bajar la colina una vez más.

Más tarde, el pastorcito vio a un lobo cerca de su rebaño. Asustado, gritó tan fuerte como pudo:

—¡Lobo, lobo! El lobo persigue las ovejas.

Pero los aldeanos pensaron que él estaba tratando de engañarlos de nuevo, y esta vez no acudieron en su ayuda. El pastorcito lloró inconsolablemente mientras veía al lobo huir con todas sus ovejas.

Al atardecer, el pastorcito regresó a la aldea y les dijo a todos:

—El lobo apareció en la colina y ha escapado con todas mis ovejas. ¿Por qué no quisieron ayudarme?

Entonces los aldeanos respondieron:

—Te hubiéramos ayudado, así como lo hicimos antes; pero nadie cree en un mentiroso incluso cuando dice la verdad. 

  En la mayor parte de las ocasiones, este miedo puede obedecer a motivos justificados a corto plazo, pero no a largo plazo. Con el tiempo, es difícil que una mentira resista el contraste con los hechos o sirva para cumplir los objetivos que se perseguían con ella.

   Existe otro miedo tan importante o más que el anterior, y es el miedo al castigo añadido que se puede recibir si se descubre la mentira que pretende encubrir la responsabilidad o culpabilidad propia o de otro. A veces, lo que lleva a las personas a continuar con una mentira es no querer que se descubra que está mintiendo. Algunas personas pueden llegar a considerar el hecho de mentir peor aún que el que se descubra aquello por lo que empezaron a mentir y que fue lo que en un principio quisieron ocultar.

  Hablando en términos de relaciones interpersonales y de sus repercusiones en el mundo familiar, de amistades y de trabajo, es fácil para todos pensar que una persona que miente una vez seguirá mintiendo, ya no es digno de confianza. Por eso, el ser descubierto en una mentira puede ser desastroso para las relaciones sociales del mentiroso.

   Recíprocamente, pasar por ser una persona sincera engrandece el valor personal. Por eso, aprovechamos cualquier circunstancia, incluso aunque no nos haga merecer fama de simpáticos, para demostrar que decimos siempre la verdad, aunque nos perjudique, o para asegurar que «siempre vamos con la verdad por delante».

   Podemos añadir un tercer sentimiento cuando las consecuencias del hecho son severas o graves. El miedo a las consecuencias de que la verdad se sepa se une al miedo a ser descubierto mintiendo, y al mayor o menor sentimiento de culpa por mentir (Ekman y O’Sullivan, 1991).

Salvar la propia imagen

   Una de las razones de mentir puede ser querer salvaguardar ante los demás una determinada imagen que pensamos que tienen de nosotros. En este caso, la principal razón para mentir es la vergüenza o intentar evitar el deterioro de la reputación y de la imagen. Hay cierta comprensión hacia quien miente para salvar su imagen. En palabras del escritor australiano Patrick White, «Una mentira, sin embargo, no encierra una cabal malicia cuando se profiere en defensa del honor».

   Todos necesitamos crear en los demás una buena impresión. Intentamos controlar la imagen que se forman de nosotros, de tal modo que en todas las situaciones queremos influir en cómo nos perciben los demás, para mostrar la imagen más favorable. Cuando queremos salvar la cara a toda costa, podemos llegar a mentir para presentar o conservar una buena imagen de nosotros.

   Una parte de todo engaño es lo que se conoce con el nombre de «formación de impresiones» o «manejo de impresiones», que ocurre al proporcionar a los demás información dirigida a crear una imagen socialmente adecuada de nosotros mismos. La mentira cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de presentar una impresión favorable ante los otros, que nos brinda seguridad y protección, y previene o evita al mismo tiempo la vergüenza pública y la crítica o valoración negativa de los demás.

   En algunas situaciones especiales podemos experimentar, además, una fuerte presión social para dar una buena imagen ante los demás. En esos instantes «queremos quedar bien» o tenemos necesidad de que nos vean y de que nos evalúen favorablemente. Esto es especialmente importante en situaciones, que llamamos evaluadoras, en las que se espera que los demás se formen un juicio o una opinión de nosotros al terminar el encuentro, como puede ser en una entrevista de empleo, cuando conocemos a alguien o en las primeras citas amorosas con una persona (y a veces incluso en las últimas).

   En general, queremos aparecer ante los demás como más inteligentes, más educados, más bellos, más atractivos, más poderosos o más ricos de lo que somos. Esta tendencia a querer «quedar bien» es muy fuerte y es difícil sustraerse a ella. Además, nos preocupa mucho el resultado de esa evaluación o de ese «examen» que nos hacen, o que creemos que nos hacen los demás, en esas situaciones evaluadoras. Existen diferencias de género en la forma en la que nos presentamos ante los demás, de manera que es frecuente que los hombres quieran parecer más poderosos, ricos o inteligentes de lo que son, y que las mujeres por su parte quieran mostrar más interés por los demás del que tienen realmente, datos relacionados con los respectivos estilos conversacionales. La tendencia a mentir o a exagerar en estas situaciones es muy fuerte y casi forma parte de las convenciones sociales el que se sobrestimen o se exageren los méritos de uno para conseguir quedar bien ante los demás.

   También, en términos generales, cuanto mayor es el rango social, más se tiene que perder, mayor es el miedo y menor la tendencia a reconocer o confesar que se ha ocultado algo o que se ha cometido un acto más o menos reprobable. Hay que señalar que, dado el carácter privado de la imagen personal, lo determinante y lo importante en estos casos es la percepción subjetiva de la posición social (la que nosotros pensamos que tenemos y la que creemos que los demás tienen de nosotros) y no la real.      

Ambigüedad del lenguaje

   La mentira se ve favorecida por la propia naturaleza imprecisa del lenguaje y por la forma en que lo utilizamos en la vida corriente. La ambigüedad es una característica del lenguaje, que no debe considerarse como totalmente negativa, ya que proporciona matices y riqueza a la comunicación humana. Además, el lenguaje describe así mejor la realidad y se acerca más a ella, ya que muchos acontecimientos, sociales y privados, como nuestras emociones o los sentimientos que acompañan a un encuentro con una persona querida u odiada, no pueden describirse sin matices, como si estuvieran impresos en blanco y negro, sino que poseen una naturaleza rica, cambiante, variada y difícil de aprehender.

   El lenguaje está lleno de frases y expresiones que nos hablan de la dificultad de ser precisos en muchas situaciones que, por su propia naturaleza, reflejan emociones, recuerdos o impresiones subjetivas que apenas pueden objetivarse. Sería muy difícil llevar a cabo una comunicación basada exclusivamente en descripciones exactas y en expresiones objetivas. No expresaríamos opiniones o pareceres, sino solamente hechos.

   Prácticamente no hablaríamos y perderíamos la capacidad de interpretar los sentimientos de los demás. No se trata sólo de una ambigüedad inherente al lenguaje, sino muy frecuentemente de una característica propia de la realidad a la que describe e imita.

   La posibilidad, la especulación y la fantasía son elementos de la comunicación humana. Aunque la verdad posee un valor superior, el interés de un mensaje reside más en las posibilidades que suscita. El valor de la comunicación es más lo que sugiere que lo que refiere. Si tuviéramos que revisar y confirmar nuestros datos y nuestras informaciones para cada conversación y para cada manifestación o frase que proferimos, apenas hablaríamos y nuestras charlas serían limitadas y aburridas, mermando enormemente nuestra capacidad de comunicación y nuestras posibilidades de interacción con los demás. Queremos despegarnos de la realidad y si algo nos parece interesante, pensamos que debe tener algo de verdad o deseamos que así sea.

 Edward de Bono (1999)

   Bajo una perspectiva más radical, no se trata sólo de que el lenguaje refleje de forma imperfecta la realidad, sino de que desempeña un papel de intermediario entre el mundo real y los procesos mentales. El lenguaje sería una invención o un artificio que existe entre el mundo psíquico y el mundo exterior. Las bases del lenguaje, según filósofos como Platón y Nietzsche, serían la ficción y la ocultación de la realidad.

Recuerdos y mentiras

   Nuestra memoria o, mejor dicho, nuestra mala memoria nos puede llevar a mentir, la mayor parte de las veces de forma no intencional.

   Esto ocurre porque los recuerdos no son una copia real y fidedigna de lo que ocurrió en el pasado, sino más bien construcciones imperfectas de las experiencias. La memoria es un proceso selectivo que hace que todas las cosas no se recuerden por igual. En consecuencia, recordamos mejor unas cosas que otras. Con el paso del tiempo, muchos detalles de los recuerdos, y a veces los más esenciales, se difuminan y se pierden, y pasan a ser reconstrucciones parciales, a veces sesgadas, de lo que realmente sucedió.

   Por otro lado, los recuerdos no se almacenan en la mente aislados, en el vacío, sino que se encajan en la experiencia previa de cada persona. Los recuerdos se relacionan y se modifican según las actitudes, las expectativas y las tendencias de cada uno. Todo ello, unido a los acontecimientos que suceden después, altera la precisión del recuerdo.

   Cuando las circunstancias en las que se produce un suceso son de tipo emocional intenso, como cuando se es víctima o testigo de un acontecimiento grave, algunos aspectos se graban en la memoria con nitidez, mientras que otros se difuminan o se borran totalmente.

   Como consecuencia, cuando actualizamos un recuerdo y lo narramos o cuando imaginamos o referimos algo que nos sucedió, el resultado puede ser diferente a lo que realmente ocurrió. Hasta cierto punto, los seres humanos tejemos un pasado a nuestra medida que, si bien no es totalmente falso, puede no ser reconocido por otros que vivieron directamente los mismos sucesos, que fueron testigos de ellos. La creación y recreación de los recuerdos lleva a que cada persona elabore una trama de los mismos que, involuntariamente y en parte, es construida y fabulada. Si la mayoría de los recuerdos contienen una gran dosis de objetividad y poseen rasgos que permiten compartirlos con otras personas, no es menos cierto que su componente subjetivo, que les da fuerza y facilita que se recuerden, probablemente no será compartido por los demás.

   Todos estos elementos constitutivos de la memoria humana, que la dotan de una imprecisión variable, son determinantes en que la evocación o actualización del recuerdo nos lleve a falsear sin intencionalidad datos más o menos relevantes, y por tanto a ser una fuente de engaño para otros.


Psicología de la mentira: Tipos de mentiras

Rafael Benítez 

Las claves en la psicología de la mentira está en la comunicación, el contexto y el comportamiento

   Una de las razones de la mentira puede ser querer salvaguardar ante los demás una determinada imagen que pensamos que tienen de nosotros. En este caso, la principal razón para mentir es la vergüenza o intentar evitar el deterioro de la reputación y de la imagen.

«Una mentira, sin embargo, no encierra una cabal malicia cuando se profiere en defensa del honor».

Patrick White

   Una parte de todo engaño es la de «formación de impresiones» al proporcionar información dirigida a crear una imagen socialmente adecuada de nosotros mismos. La mentira cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de dar impresión favorable ante los otros, dando seguridad y protección, y y evitando la vergüenza pública y valoración negativa de los demás.

 La posibilidad, la especulación y la fantasía son elementos de la comunicación humana»

Edward de Bono

   El valor de la comunicación es más lo que sugiere que lo que refiere. Si tuviéramos que revisar en cada conversación y frases, nuestras comunicaciones serían limitadas y aburridas, mermando nuestra capacidad de comunicación y nuestras posibilidades de interacción. Queremos despegarnos de la realidad y si algo nos parece interesante, pensamos que debe tener algo de verdad o deseamos que así sea.

Las mentiras se disculpan más a unas personas que a otras.

   Una persona puede ser considerada hábil, diplomática, o astuta y verse en ella la mentira como una cualidad positiva. De algunas profesiones, como ocurre con los políticos, no se espera que digan siempre la verdad o que cumplan sus promesas. Tampoco extraña en personas que socialmente encubren mentiras para no crear situaciones perjudiciales (indefensión aprendida). No nos debe extrañar que se les perdonen las mentiras o eso parece cuando hablamos de la misma.

 «Cuando quieras engañar al mundo, di la verdad».

Otto von Bismarck

Evelin Sullivan, en su "Ensayo sobre la mentira", nos habla de las condiciones que debe reunir la mentira para ser tolerable.

   Dentro de la psicología de la mentira para Sullivan pueden tener tolerancia social e incluso aplauso cuando se dan algunas de las siguientes circunstancias: que sean ingeniosas y divertidas, que sean obra de un embaucador simpático o ingenioso, que no nos sintamos ofendidos por ellas, que sean hasta cierto punto inofensivas o que sus motivos no nos perjudiquen a nosotros en principio.

Existen dos tipos básicos de mentiras:

1. Ocultación, escondiendo o callando un hecho u opinión.

   Las mentiras de ocultación persiguen retener la información intencionadamente. La omisión de elementos en la comunicación lleva a una falsa interpretación por parte del destinatario o receptor. Según la psicología de la mentira, el mentiroso engaña suprimiendo la verdad a través de silencios, descripciones vagas o muy generales, evasión de preguntas, emoción fingida, ira o indignación. También es ocultación revelar la verdad a medias sin exponer elementos clave de la  información que, siendo verdadera, esquiva el asunto, desvía la atención o provoca una interpretación errónea de los hechos.

   Admitir la verdad de forma exagerada o errónea también es una forma de ocultación o mentira: "Sí, voy robando a la gente por la calle". Otra forma es utilizar términos, frases, expresiones o giros que desvirtúen o atenúen el hecho que se quiere ocultar. Es una mentira difícil de admitir, es la más corriente y la más ventajosa para el mentiroso, ya que siempre hay una vía de escape. Si se le descubre puede atribuir lo que dijo a un olvido, a que no se le preguntó precisamente eso, a que no entendió las palabras que se utilizaron, a que creía que querían saber otra cosa o a que malinterpretó la pregunta.

2. Falsificación o creación de una historia.

  En la psicología de la mentira la falsificación consiste en la presentación de información falsa o en la invención de una historia falsa para confundir o engañar. El mentiroso proporciona datos, detalles o explicaciones como si fueran ciertos. Necesita para ello poseer buena memoria, anticipación y no perder la compostura. Si la mentira no consigue su objetivo de engañar a los demás debe volver a la falsificación, inventando más cosas, o admitir parte o toda la verdad. El descubrimiento es inadmisible para los engañados e inaceptable para el mentiroso ya que no tiene escapatoria.

   Los mentirosos saben cuando pueden usar la mentira de ocultación o la de falsificación (la primera ofrece siempre más vías de escape y la falsificación exige esfuerzo mental). Construir una historia falsa cuesta siempre más que exponer la realidad. Su elaboración requiere esfuerzo, debe ser compatible y consistente con los datos que conoce el destinatario. Para detectar la mentira se busca, entre otros datos, la congruencia entre los distintos elementos de la información que el mentiroso va proporcionando e indicios del mayor esfuerzo mental que requiere este tipo de mentira.

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), mentir es «decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa». Engañar es «dar a la mentira apariencia de verdad» o «inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras y de obras aparentes o fingidas».

   El mentiroso alberga siempre miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa. Además tiene miedo a ser menos que los demás, miedo a no conseguir un objetivo profesional, miedo a perder la confianza de los suyos, miedo a que no les quieran o aprecien, miedo a que no les respeten y miedo a perder o a no ganar algo.


La Mentira en la Política.



Joaquín Sabina - Mentiras Piadosas - Letra



TODO ES MENTIRA DE ABRAHAM SEVILLA



M-Clan - Los periódicos de mañana (Concierto Sin enchufe)


Psicología de la mentira: Comunicación no verbal del engaño

   La Psicología de la Comunicación establece que entre el 50 y el 70 % de los mensajes emitidos o recibidos son no verbales. Sólo una parte puede controlarse voluntariamente y con el engaño es bastante difícil ocultar esas señales.

Mirada

   Son señales que normalmente ignora el que comunica, pero que la gente ve. A través de ellas podemos conocer los sentimientos y actitudes del emisor, si se intentan esconder, o si hay incongruencias entre el mensaje hablado y el no hablado.

   La mayor parte de la comunicación no verbal se realiza en apoyo del lenguaje en forma de gestos, miradas y las expresiones faciales, ya que en muchas ocasiones completa el significado de las palabras de la persona que está hablando.

   La utilización de la comunicación no verbal sigue cuatro principios: familiaridad, conjunto, congruencia y contexto.

1. Familiaridad: Conocimiento que poseemos de la situación en que se produce la interacción (familiaridad situacional) y del que tienen la persona que emite y observa las señales no verbales (familiaridad personal). En la interpretación de las señales no verbales del engaño, la familiaridad personal desempeña un papel muy importante. No utilizamos los mismos gestos con la misma frecuencia ni con la misma intensidad, cuando estamos con conocidos que cuando estamos ante desconocidos. Con los desconocidos no se emplea la comunicación no verbal con la misma naturalidad que con las personas con quienes se trata a menudo. Una persona conocida está familiarizada con nuestra respuesta no verbal, puede detectar emociones inesperadas y puede identificar intentos de disimulo.

2. Conjunto: Las señales no verbales deben analizarse formando parte de un todo, no aisladas. Es conveniente observar todo el cuerpo y en especial el rostro y las manos.

3. Congruencia: Uno de los indicios del engaño es la incongruencia entre las señales verbales y no verbales. Las señales verbales son congruentes entre sí y congruentes con las no verbales. Cuando esto ocurre la comunicación es clara. Un ejemplo de incongruencia es la sonrisa de disimulo que sirve para ocultar emociones.

4. Contexto: El empleo de las señales no verbales se rige por aspectos del contexto que determinan la comunicación dentro de una misma cultura. Existen aspectos propios del país, de la ciudad o de la región, de la clase social, de la categoría profesional o jerárquica y del entorno laboral. Un contexto serio va acompañado de una emisión limitada de señales no verbales, mientras que un contexto informal insta a una mayor expresividad. 

INDICIOS NO VERBALES DE LA MENTIRA

   El mentiroso piensa más en lo que dice y menos en su comunicación no verbal. Es más fácil controlar las palabras que las expresiones y microexpresiones de la emoción. 

Hay tres razones principales por las que la conducta no verbal puede revelar el engaño:

·      Mentir provoca estrés, miedo y esfuerzo que se traducen en expresiones y gestos observables. Los indicios no verbales expresan emociones de miedo o de no preparación de la mentira.

·         El intento excesivo de controlar la información produce actuaciones artificiales con poca emoción, pocos gestos y movimientos, que revelan una incongruencia entre el lenguaje verbal y el no verbal.

·      Los procesos cognitivos superiores que acompañan al acto de mentir llevan a conductas no verbales involuntarias. 

   Según Ekman hay 35 indicios que pueden revelar que una persona está mintiendo. La sola presencia de uno de estos signos no es un indicador seguro de que la persona esté mintiendo. Algunos de los indicadores son gestos y expresiones inconsistentes en el contexto de la conversación.


PRINCIPALES INDICADORES DEL ENGAÑO.

Expresiones y microexpresiones faciales.

   Las expresiones emocionales auténticas no duran muchos segundos, sin embargo, cuando su duración es de cinco a diez segundos tienden a ser falsas. Las microexpresiones faciales son movimientos muy rápidos que aparecen en la conversación, abarcan todo el rostro y están intercalados entre expresiones faciales normales. Son inesperadas y aparecen en un contexto de poca expresividad mientras se habla. Tardan menos de una vigésima parte de un segundo en producirse, son muy difíciles de percibir a simple vista. En las investigaciones de Ekman encuentra que las personas que mienten tienden a simular sus expresiones faciales, pero no pueden evitar la aparición de estas rápidas expresiones que les delatan.

Sonrisa.

La sonrisa es una de las formas habituales de disimular una emoción. En los estudios de Ekman y O’Sullivan la sonrisa se utiliza para enmascarar las expresiones emocionales negativas como la ansiedad y el miedo. El mentiroso utiliza la sonrisa para ocultar sus auténticas emociones. Los músculos que producen la sonrisa, en especial el músculo zigomático, al contraerse, posee el efecto de estirar la comisura de los labios hacia los lados y hacia arriba. La risa falsa que puede encubrir una emoción que no se quiere revelar. Por su parte, la sonrisa verdadera va acompañada de la contracción del orbicular de los ojos, que eleva el párpado inferior cubriendo parcialmente los ojos. La risa nerviosa es un indicador típico de ocultación.

Voz.

En situaciones de ansiedad y estrés la voz humana se vuelve más aguda elevando su tono. La persona tiene más dificultad para modular la voz y entonar. Puede aparecer una ligera afonía. Se tiene que prestar atención a los cambios de voz ante las preguntas clave. Sin embargo, la ausencia de cambios no es signo de veracidad. 

Ritmo del habla.

   El habla posee un patrón consistente casi rítmico. Cuando alguien se pone nervioso este patrón se vuelve más lento, inconsistente y con errores en el habla debidos al nerviosismo y al esfuerzo mental que necesita para controlar lo que va diciendo. 

Gestos.

   Las personas utilizamos en la conversación una o las dos manos para adornar con gestos una comunicación. La persona que miente no se siente cómoda al reforzar con gestos sus respuestas verbales y éstas tienden a ser artificiales. Emplea menos gestos demostrativos. Los mentirosos utilizan menos movimientos antigravitatorios, como levantar las cejas, que demuestra convicción y fe en las palabras que uno pronuncia o levantarse de puntillas cuando están de pie al terminar una frase para añadir énfasis.

   La mirada esquiva o huidiza señala al mentiroso. Por ello, atender a la actividad ocular es la forma más corriente de evaluar la mentira. Muchas personas piensan que es el mejor indicador. Sin embargo, factores de personalidad o culturales pueden influir en la manera de establecer el contacto ocular. Desviar la mirada es un signo de estrés. El mentiroso mirará a otro lado justo antes de responder o durante las primeras palabras de la respuesta.

Principales signos de nerviosismo.

1. Falta de control de las extremidades: se escapa una patada seca contra otra silla, se mueven los pies incesantemente o se manipulan objetos como sujetapapepeles, bolígrafos o gafas…

2. Automanipulaciones: tocar con las manos la cara, las orejas y el cabello, frotarse la nariz; retirar hilos reales o imaginarios de la ropa, sacudirse el polvo o la caspa, ajustarse las gafas, jugar con el pelo, estirar, acariciar o retorcer collares, pendientes o joyas. Son indicios de mentira cuando aparecen sistemáticamente asociados a respuestas específicas sobre el tema que se investiga.

3. Cambios asociados a la sudoración: sudor en el labio superior; rascarse la nariz ante preguntas comprometedoras… Es lo que se conoce con el nombre de efecto Pinocho: al mentir se dilatan los vasos sanguíneos de la nariz de forma que ésta se hincha.

4. Sequedad en la garganta: Se debe a la inhibición de la secreción salival que acompaña al estrés.

5. Signos de preocupación y esfuerzo mental intensos: arrugar la frente y el entrecejo o apretar los labios.

6. Dificultades respiratorias: suspiros, ritmo respiratorio rápido y superficial.

7. Parpadear con más frecuencia que las personas que dicen la verdad: contracciones involuntarias de párpados y cejas.

8. Revolverse inquieto en el asiento.

9. Errores en la articulación de palabras: «se traba la lengua» o muestran vacilaciones al hablar.

 

Postura

   La postura de la persona sincera suele ser «abierta», frontal, inclinada hacia delante y alineada con el que habla. La persona que miente tiende a apartar su cuerpo del entrevistador y a alinearse de forma oblicua, no de frente. Tiende también a inclinarse más hacia delante para apoyarse. Adopta una postura rígida y defensiva, con muy pocos cambios corporales. Levanta barreras corporales: cruza brazos o piernas más frecuentemente que los que no mienten o se acompaña de gestos como taparse la boca o la cara.

   En resumen, la detección del engaño basada en indicios no verbales se apoya en aprender a observar, en conocer bien los comportamientos no verbales que provocan las emociones y en comparar el comportamiento no verbal en especial si hay cambios importantes cuando hay información clave. 


Psicología de la mentira: Cómo interpretar los

indicios verbales de la mentira

   A lo largo de una conversación una persona va proporcionando claves o indicios verbales de la mentira que nos indican si lo que dice es cierto o no.

(I) Lentitud en el lenguaje.

   Es un indicio verbal de la mentira el habla lenta con pausas entre palabras más largas de lo normal. Dado que las afirmaciones y respuestas se formulan de manera que puedan convencer, cada afirmación y cada respuesta debe ser consistente con todo lo que ha dicho hasta ese momento. Este proceso de hacer encajar toma varios segundos, por lo que se crea un silencio entre la pregunta y la respuesta. 

Carl Jung creó un método para medir la latencia de respuesta que tarda una persona en responder ante la información clave en una conversación. El mentiroso piensa mucho lo que dice y calcula sus palabras, controlando la información que da, con el objetivo de no ser descubierto. Esa vigilancia extrema se traduce en la lentitud del habla y vacilación al hablar.

   Puede pedir que le repitan la pregunta para ganar tiempo y elaborar una respuesta que sea coherente. Si el mentiroso se ha preparado bien la respuesta a una pregunta acelerará bruscamente su ritmo de habla. 

(II) Congruencia y detalles.

   En toda historia buscamos congruencia en la historia que nos cuentan. Una vez conocida se pasa a comprobar todos los extremos, aclarar los cabos sueltos e intentar que todos los elementos encajen entre sí y ofrezcan un aspecto consistente y verosímil.

   La reacción normal del mentiroso a la hora de dar su versión es no dar detalles. Si se dan, se hace de forma ambigua. Puede dar respuestas poco plausibles o difícilmente admisibles. La persona sincera, por el contrario, tiende a dar detalles precisos, incluso irrelevantes, para intentar convencer de que es inocente. 

(III) Negación.

   Cuando se le pregunta por el hecho directamente, lo normal es la negación total. Por ello, no debe cometerse el error de hacer preguntas de tipo genérico o categórico.

   En personas que se han preparado para responder preguntas comprometedoras, suele aparecer la negación enfática del hecho, con una modulación o atenuación que resulta sospechosa, y a veces reveladora de mentira, buscando desviar la responsabilidad personal: «No, que yo sepa», «No, si entendemos por…», «No, hasta donde yo sepa», «Hasta donde yo pueda saber…»

 

(IV) Distanciamiento

   En una actitud sincera se utilizan descripciones realistas del suceso a narrar. La actitud del mentiroso le lleva a utilizar palabras que atenúan la gravedad de lo ocurrido. Intentan que la distancia que quieren poner entre ellos y el acontecimiento lleguen a convencer de que no están implicados en el asunto.

(V) Refuerzo de la credibilidad verbal

   El mentiroso intenta reforzar sus manifestaciones con expresiones como: Realmente, verdaderamente. Si le digo la verdad. Honestamente…

   La persona que dice la verdad no necesita la ayuda de estas expresiones. Lo que hará es enfadarse porque no le crean.

   Por ello podemos decir que hay indicios verbales de mentira y podemos desconfiar de alguien cuando insiste en que nos está diciendo la verdad. Puede pasar que quiera algo de nosotros o que pretenda manipularnos.

   El mensaje sincero es plausible o admisible, razonable y adecuado. El mensaje debe reunir estas condiciones. Cuando se comunica algo a los demás se les intenta convencer de que el mensaje que se transmite es la realidad, lo que se hizo, lo que no se hizo, lo que se dijo, lo que sucedió o lo que se oyó.

Algunas características que refuerzan la credibilidad del mensaje son:

·      Simplicidad: el mensaje simple es más creíble que el complejo.  Se acompaña de detalles suficientes que lo apoyen que refuerzan la credibilidad.

·                Encaja en el contexto: el mensaje debe ser coherente con el contexto.

·    Naturalidad: no se añade información innecesaria, ni se intenta exageradamente convencer a la otra persona.



Joaquín Sabina - Es Mentira



La mentira / Dani Martín - letra



Más de cien mentiras - Joaquín Sabina



Pedro y el Lobo de Sergei Prokofiev. Narrador Pablo Pampin

Pedro y el lobo (en ruso: Петя и волк) es una composición sinfónica de Sergei Prokófiev (Op. 67) escrita en 1936. La obra de Prokófiev es una historia para niños, con música y texto adaptado