martes, 15 de febrero de 2022

LA ESQUIZOFRENIA: LA ENFERMEDAD DEL SILENCIO. ABORDAJE

 

 LA ESQUIZOFRENIA: LA ENFERMEDAD DEL SILENCIO



  La tendencia actual de atender al enfermo psiquiátrico en el propio domicilio, con la intención de promover la integración social desde los inicios de la enfermedad, tiene como contrapartida una mayor carga emocional si cabe en la familia de un paciente esquizofrénico. La unidad familiar se encuentra abrumada, deficientemente informada y completamente desbordada ante la amalgama de consecuencias que desencadena una enfermedad tan cruel como es la esquizofrenia. Consecuencias no sólo relacionadas con la manifestación de diferentes emociones (tristeza, culpa, hostilidad, vergüenza), sino también referidas a los cambios relacionales que se producen entre todos los miembros de la familia. Es Antonia, la protagonista de este relato biográfico y madre del enfermo, quien asume el protagonismo en el cuidado. Pero en su afán por la mejoría de su hijo tiene que precisar también asistencia psiquiátrica y de los profesionales de enfermería. Su propia sintomatología de connotaciones ansiosas y anímicas va fluctuando con los años según la evolución. A pesar de la situación tan problemática en la que Antonia se ve envuelta, surge de ella el resquicio de lucha que la empuja a seguir hacia delante.

   La esquizofrenia es la enfermedad mental más grave y temida. Poco se sabe a ciencia cierta sobre este trastorno y son muchos los mitos que penden sobre él. Es una enfermedad muy incapacitante y provoca en el paciente un gran deterioro, al menos en las formas más graves. Implica una serie de disfunciones que afectan a la percepción, al lenguaje, al comportamiento, a la afectividad, a la voluntad, a las habilidades sociales, etc., es decir, afecta a la práctica totalidad de las funciones cognitivas.

   Hoy en día se dispone de numerosos dispositivos para atender de forma terapéutica a estos pacientes al margen de la medicación: unidades de media estancia, centros de rehabilitación psicosocial, hospital de día, viviendas tuteladas, además de las unidades de salud mental y las unidades de hospitalización breve en momentos de la manifestación más aguda de la enfermedad. A pesar de todos los recursos disponibles la tendencia actual es que el paciente conviva en su núcleo familiar y social. Por lo general es la familia quien soporta el mayor tiempo de interacción con el enfermo.

 Antiguamente el tratamiento de la esquizofrenia tenía lugar mayoritariamente en instituciones cerradas (hospitales psiquiátricos o manicomios). Desde la reforma psiquiátrica el lugar de tratamiento se desplazó a la sociedad (rehabilitación psicosocial). Es entonces cuando las familias cobran una importancia preponderante en la rehabilitación del enfermo de esquizofrenia. En la actualidad resulta imprescindible en cualquier tratamiento integral de la esquizofrenia incluir un programa de psico-educación familiar para que conozcan las formas más eficaces de abordar los diferentes comportamientos disfuncionales que puede acarrear un enfermo de esquizofrenia. El diagnóstico de esquizofrenia supone una gran carga emocional en la familia. Se produce un conglomerado de sentimientos que van evolucionando por distintas fases no necesariamente cronológicas: temor, tristeza, vergüenza, culpabilidad, inseguridad, desconcierto, hostilidad, emociones todas ellas que pueden verse reflejadas en el siguiente relato biográfico.

   Antonia es una mujer de 55 años, natural de un pueblo extremeño, aunque durante la niñez emigra a Valladolid. Su vida va transcurriendo con normalidad. Se casa y tiene dos hijos. Ya durante la infancia percibe en su hijo ciertos comportamientos desadaptativos: timidez y problemas en la interacción con el grupo de iguales. Comportamientos que en ningún momento hacen pensar en el desenlace final. Esas conductas se mantienen e incluso acrecientan, apareciendo los síntomas prodrómicos de la esquizofrenia.

   La preocupación de Antonia va aumentando a medida que la situación familiar se va haciendo más problemática. Además, su hijo en ningún momento reconoce el padecimiento de ningún trastorno; algo muy típico de la esquizofrenia (nula conciencia de enfermedad). Cuando la situación se hace insostenible su hijo tiene que ser ingresado en la unidad de agudos de psiquiatría. En este caso el médico de atención primaria consigue convencer al paciente, aunque no es infrecuente que los ingresos en esta unidad sean de carácter involuntario. Es lo que se conoce como brote psicótico, donde los llamados síntomas positivos de la enfermedad (alucinaciones y delirios) resultan evidentes provocando una gran alteración emocional.

   No escapa este relato también de una conducta típica de muchas familias que conviven con enfermos de esquizofrenia. Me refiero al intento de ocultar o minimizar lo problemático de la situación, retrasando innecesariamente la asistencia de los profesionales de salud mental. Se tiene la creencia de que todo volverá a su estatus quo de forma espontánea.

   Es en el servicio de psiquiatría donde la familia escucha por primera vez la palabra fatídica: esquizofrenia. Desconcierto y desbordamiento son sentimientos que aparecen durante esta etapa inicial. Los profesionales sanitarios, en su afán de promover una pronta socialización, dan de alta al enfermo y la familia se ve en una situación más que angustiante. Se encuentran de nuevo en casa con su hijo diagnosticado de esquizofrenia, sin saber cómo abordarle y con apenas una información de la enfermedad de unos cinco minutos dispensada por el psiquiatra de turno.

   Poco a poco a la familia se la va dotando de más conocimientos y de recursos para poder atender al enfermo, aportando cierta seguridad y aminorando la carga emocional. Antonia asume el rol de cuidadora principal con el consiguiente estrés que ello supone. Además, manifiesta quejas en contra de su marido debido a la actitud que éste presenta para con su hijo. Al cabo de unos meses, y debido a la sobreimplicación en el cuidado de su hijo, Aurora necesita tratamiento psiquiátrico y psicológico por depresión. Su sintomatología fluctúa en relación con la mejoría o empeoramiento de su hijo. Es muy probable que Antonia no comprenda del todo la enfermedad. Concibe que su hijo precisa ayuda, que requiere cuidados, y sin más se les dispensa.

   La entrevista tuvo lugar en la consulta de enfermería, un despacho dotado de la privacidad adecuada. Es ahí donde Marien habla con Antonia por primera vez en una de las visitas de revisión con el psiquiatra. Marien la conocía de haberla visto durante el ingreso en agudos de Carlos, aunque nunca había sido la enfermera responsable de su hijo.

   Antonia se muestra tranquila durante la entrevista y muy dispuesta. Es cordial y amable. En algunos momentos se muestra ansiosa, habla más rápido y activada. En un par de ocasiones solloza y se lamenta, pero con premura se recupera y continúan. Parece curioso como durante el tiempo que dura la conversación siempre que se refiere a la esquizofrenia lo hace como “la enfermedad” o “lo que le pasa a mi hijo”. Tan sólo en una ocasión la nombra ¿Tanto pesa esa palabra? ¿Tantas connotaciones negativas supone a las familias? Parece ser que sí.

Relato biográfico 

  Yo soy de Badajoz, bueno de un pueblo, Don Benito, pero enseguida vine a Valladolid. Mi padre era ferroviario y tenía que trabajar aquí, bueno a veces también en Madrid, pero vivíamos aquí. Yo soy la mayor, si no contamos a otro hermano que murió antes que yo, tenía meses. Unas infecciones en los pulmones. Ahora vivimos tres conmigo, Anabel la siguiente y Juan Ramón el pequeño.

   Vivíamos en una casa de alquiler, pero no nos faltaba de nada. Aquí fuimos al colegio y todo eso. No se me daba mal estudiar, pero las mujeres hacíamos hasta lo que nos obligaban, catorce años. Luego a ayudar a casa, ya sabes, hacer las camas, la limpieza, la lavadora, llevaba la comida a mi padre al trabajo. Mi hermano estudió hasta bachiller, pero nosotras no. Bueno tampoco queríamos, eso creo.

   Me gustaba mucho jugar, me lo pasaba muy bien, tenía muchas amigas, aunque no salíamos mucho a la calle, más bien en las casas. Yo salía con mis amigas, pero hasta las siete de la tarde. Antes no se salía como ahora. Y no todos los días. Los jueves y los domingos. A veces había baile y allí conocí a mi marido. Era muy tímido, pero a mí me gustaban así. Huía de los que eran un poco lanzados. La verdad es que no sé cómo acabé con él porque no hablaba nada, era bastante parao.

   Estuvimos de novios cinco años y nos casamos. Sigue siendo callao, pero no tanto como antes. A lo mejor era porque se le murió la madre cuando era muy pequeño y eso le traumatizó.

   Enseguida tuvimos el primer hijo y luego, dos años después, el segundo. Más o menos hemos sido felices. Bueno, Dios lo habrá querido así.

   Mi hijo Carlos ha sido un poco raro desde siempre, muy tímido. Decíamos que se parecía a su padre, es la herencia que le ha dejado. Pero luego nos salió con lo otro. Ha sido muy inteligente, las profesoras me lo decían, pero no hacía amigos. Nunca le he visto jugar con chicos. Eso a una madre le preocupa mucho. Aunque lo dejé pasar, serán cosas de críos. Además, en casa hablaba normal, nunca ha sido malo ni excesivamente revoltoso.

   Fue al instituto, lo sacó todo muy bien en el colegio. Allí seguía igual: iba al instituto, venía, se metía en su habitación a estudiar. A veces se tiraba las horas muertas, bueno no siempre estudiando. Cada vez estaba más preocupada porque no salía, y ya tenía edad. Siempre le han gustado mucho las estrellas y el cielo. Le compré un día un telescopio de esos, pero a los pocos días se cansó de él. Los chicos de ahora como tienen de todo enseguida se cansan de los juguetes.

   Acabó el instituto, también bien, bueno no con tan buenas notas como en el colegio, pero lo acabó sin repetir. Nosotros queríamos que fuera a la Universidad porque era una ilusión para la familia y creo que valía, pero prefirió un FP de electricidad y electrónica.

    Yo no sé si fue cambiar de instituto o qué, pero se volvió peor, ¿Cómo iba yo a saber lo que le pasaba al pobrecito?, y encima yo riñéndole, (solloza).

   Empezó a no estar con nosotros en casa, cada vez pasaba más tiempo en su habitación. Ponía la música muy alta. Discutíamos mucho por eso, sobre todo su padre. No veía la televisión porque decía que había gente mirándole dentro. Eso a mí ya me preocupaba mucho pero no sé. Salía poco de casa. Decía que la gente le estaban amargando la vida. Al principio creí que era alguien del barrio que se metía con él. Perdió la confianza en nosotros. Nos decía: también vosotros sabéis lo que pasa, pero yo no sabía que pasaba a mi hijo. Es cuando realmente pensé que mi hijo se había vuelto loco. No quería ver a nadie. Pasé unos meses llorando todos los días y muy nerviosa. Apenas comía, se le oía hablar solo en su habitación. Un día tuvimos que llamar a urgencias, bueno llamamos más veces antes, pero ese día fue lo más fuerte. Se pasó en su habitación dos días enteros, no dejaba entrar a nadie, ni a su hermano, que siempre se habían llevado muy bien y siempre entraba en razones con él. Ese día estaba de guardia mi médico de cabecera, don José. No sé cómo lo hizo, pero le dejó pasar y le convenció para ir al hospital. Se portó muy bien, vino con nosotros el hombre y todo. Allí le vio un psiquiatra y le ingresaron. Le tuvieron que atar a la cama. Estuvo ingresado algo más de un mes.

   Una semana antes de darle el alta nos permitieron visitarle con más frecuencia, al principio sólo una hora al día. Se quedó delgadísimo, estaba como adormilado por la medicación. En el centro de día nos dijeron lo que tenía. Yo no sabía nada de eso (se refería a la esquizofrenia). Le pregunté al doctor: ¿Pero eso se cura o qué?

REPERCUSIÓN FAMILIAR

    Mi marido había discutido mucho con él. Estaba desesperado. No sacamos vida de él, decía. Muchas veces pienso que si no hubiera sido por mí se hubieran pegado. Yo mediaba, pero entre ellos no se podían ni ver. Mi marido siempre estaba con que era un vago, un gandul. Yo también lo pensaba, pero no metía más cizaña por no complicar más la situación. Una madre siempre es una madre. Defender a mi hijo me ha costado más de una discusión con mi marido.

   La esquizofrenia es una enfermedad de la mente, es como una locura, que no se cura pero que a veces no se nota, está aparentemente normal. Sin embargo, cuando tiene una crisis se pone muy mal y empieza como antes. La verdad es que como antes nunca ha llegado a estar de mal.

   Los pacientes con esquizofrenia empiezan a ver cosas y decir que le queremos hacer algo malo, a desconfiar. Luego está lo otro, no quieren hacer nada, están como apagados. Es muy difícil entender esta enfermedad. No vuelven a ser la misma persona de antes. Ahora está más gordo, pero me dicen que es de la medicación que toma. Le sigue costando mucho levantarse y lavarse. A veces está desaliñado, ni se peina. Y la ropa, porque cada día se la pongo encima de la cama, si no iría siempre con la misma. Tengo que estar sobre él continuamente. Pero me han dicho que es así y que tenga paciencia.

   Ahora sé más cosas de la enfermedad. Al principio te encuentras con tu hijo en casa sin saber qué le pasa y sin saber cómo actuar, cómo tratarle o qué decirle (se refiere justamente después del ingreso). Poco a poco me fueron explicando la enfermedad, el psiquiatra y la enfermera, y bueno, voy manejándome.

   Sé que si no hace una cosa no es porque es un vago, sino que es la enfermedad. Hay que hablarle sin reñir ni levantar la voz y sin alterarse. Aunque mi marido a veces no aguanta más y le grita. Sé que hay que decirle muy bien cuando hace una cosa bien hecha, refuerzo positivo le llaman. Hay que darle un Loracepán (medicación ansiolítica) cuando está más nervioso; y así voy capeando el temporal.

   A mí me viene muy bien ir a la consulta, voy todos los meses, al menos una vez. Me ayuda mucho la enfermera, la verdad es que me escucha y me va diciendo: haz esto y lo otro. Yo estoy mejor cuando mi hijo se encuentra también mejor. Cuando tiene un día malo yo también estoy más deprimida. A mi marido parece que le da un poco igual o ya no se lo toma tan mal. Pero yo soy la madre y sólo una madre sabe lo que es. La verdad es que esta enfermedad es muy difícil.

   Me he sentido apoyada por todos los médicos. Pero al principio, no sé si es que debe ser así o no, pero no sabía nada de la enfermedad y nadie me decía nada. Creo que estas charlas con la enfermera deben darse antes del alta del hospital para llegar a casa y saber cómo actuar. Pero bueno, ahora me explican todo muy bien: la medicación, lo que tengo que hacer, los efectos secundarios. 

ALGUNAS REFLEXIONES:

   No sé por qué me ha tocado a mí, pero me ha tocado. Se sufre mucho ver a un hijo así, y es que no hay una medicina que le cure. Yo ahora estoy mejor, pero he necesitado tratamiento yo también.

   Me daba un poco de vergüenza al principio que lo supieran los vecinos y la familia y los amigos. No sé por qué, quizás por si le marginaban, aunque la verdad es que se marginaba él mismo. Ahora ya se han enterado y me da igual. Los que lo sufrimos somos nosotros.

   No sé por qué se produce esta enfermedad. Me dicen que puede ser heredado, pero nosotros no hemos tenido en la familia ninguna enfermedad de estas. Mis padres están bien, con los achaques propios de sus ochenta años. Mis suegros están muertos. Mi suegra murió muy joven y la verdad es que realmente no sabemos qué la pasó. Estuvo siempre mala del pulmón. Y mi suegro murió hace ocho años por un problema de corazón.

   Otras veces pienso si hemos sido nosotros los culpables. A lo mejor tenía que haberle llevado antes a un psicólogo, cuando era tímido de pequeño, o quizás no hemos sabido tratarle (solloza al decir esto). 

MENSAJE A OTROS PADRES:

   Yo les digo que no se preocupen, que tengan mucha paciencia. También que luchen para superarlo. Esta enfermedad es muy dura y hay que estar encima de él continuamente, pero es lo que más les ayuda. Ahora he empezado a ir a la asociación aquí en Valladolid y hablamos con los padres de otros chicos. La asociación de las familias de los enfermos.

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TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA Y OTRAS PSICOSIS:


• Farmacológico (idealmente de primera línea), con el fin de reducir o suprimir los síntomas.
• Psicológico: en la vertiente del apoyo y elaboración de proceso.
• Familiar: para la vertiente psico-educativa y manejo interaccional familiar.
• Educacional/Social: para mantenimiento en el sistema el mayor tiempo posible y en alianza con el sistema escolar.

   El abordaje terapéutico es multimodal: El espectro de la psicoterapia y de las intervenciones psicosociales es muy amplio y abarca diversos tipos de intervenciones que, a menudo, se integran en un continuum asistencial lo que dificulta la delimitación entre ellas. A efectos de favorecer su exposición, se han dividido las intervenciones en los siguientes apartados: 

1. Terapia cognitivo-conductual
2. Psicoterapia de apoyo. Tratamientos psicoterapéuticos específicos
3. Psicoterapia psicodinámica  
4. Psicoeducación : Tratamientos específicos  
5.Intervenciones familiares  
6. Rehabilitación cognitiva- Intervenciones Rehabilitadoras  
7. Entrenamiento en habilidades sociales y Recursos de apoyo  
8. Entrenamiento en actividades de la vida diaria- Integración Social.
9. Actividades expresivas (arteterapia, musicoterapia, etc)  
10. Apoyo a la inserción laboral  
11. Recursos de vivienda


PSICOTERAPIA E INTERVENCIONES SOCIALES.

    La psicoterapia y las intervenciones psicosociales engloban una serie de medidas encaminadas a: 
• Minimizar la vulnerabilidad del paciente ante las situaciones de estrés. 
• Facilitar los procesos de recuperación, reforzar su adaptación y funcionamiento familiar, social y formativolaboral. 
• Aumentar sus recursos para hacer frente a los conflictos, problemas y tensiones interpersonales. Estas intervenciones pueden incidir en áreas como la prevención de recaídas, la adquisición de habilidades sociales, y el funcionamiento social y laboral.

OBJETIVOS DE LA PSICOTERAPIA: 
 
   Los cambios repentinos e imprevisibles, las características del pensamiento y su espectacularidad, hacen que sea difícil hablar de funcionamiento psicótico en la adolescencia. En los adolescentes se dan cambios en relación a la personalidad previa y aficiones, difícil de diferenciar de un proceso de adolescencia psicótico. Muchos autores dicen que hasta la psicosis es atípica en la adolescencia y de difícil diagnóstico por las características del pensamiento psicótico, los cambios repentinos e imprevisibles que se dan en el adolescente y el impacto emocional que el funcionamiento psicótico provoca.  Antes del primer brote psicótico o episodio psicótico, las personas pasan un largo tiempo sufriendo y con síntomas prodrómicos como alteraciones del comportamiento, deterioro en las actividades sociales, académicas y laborales, síntomas afectivos, ansiedad, alteraciones del sueño etc. que les lleva a un deterioro en su funcionamiento psicosocial.
  
   La psicoterapia ha de estar basada en primer lugar en las necesidades y preferencias del paciente, pero no es posible pasar por alto la importancia de respetar su sistema de valores en la elección de objetivos y metas a conseguir. En la práctica, muchos psicoterapeutas utilizan una combinación o síntesis de los diversos enfoques y estrategias. Esta combinación se determina y ajusta de manera individual para cada paciente en función de su estado clínico concreto, sus capacidades de afrontamiento y sus preferencias.


TERAPIA COGNITIVA‐CONDUCTUAL 

   Las metas de la psicoterapia en el inicio de la psicosis son: 
•  Preservar y fortalecer la autoestima 
•  Adaptarse con éxito a los cambios de la realidad, 
•  Promover un autocontrol sobre los síntomas 
• Apoyar el progreso de la persona hacia la consecución de metas evolutivas adecuadas. 
• Formar una alianza terapéutica con el paciente. 
• Conseguir la estabilización clínica.  
• Ofrecer una explicación comprensiva de la experiencia psicótica. 
• Proporcionar educación sobre la naturaleza de los síntomas. 
• Registrar los pensamientos negativos o molestos y el contexto en el que se producen y así ser más consciente de los pensamientos. 
• Aprender maneras alternativas de tratar con las situaciones estresantes.
• Promover la adaptación y recuperación. 
• Centrarse en los problemas de estigma y desarrollar estrategias de afrontamiento efectiva. 
• En la atención temprana a la psicosis : Los terapeutas deben ser conscientes del potencial efecto traumático de las crisis producidas por la psicosis y las respuestas de emergencia. Se debe reconocer el trauma y conocer y utilizar técnicas para minimizar el impacto de las experiencias traumáticas.

PSICOEDUCACIÓN 
   Tiene como objetivo desarrollar un conocimiento compartido y aumentar el conocimiento sobre la enfermedad que tenga la familia y el paciente. Este procedimiento contribuye a una mejor adaptación y recuperación inicial de la psicosis y a reducir el riesgo de recaídas. Es un proceso permanente que debe revisarse y actualizarse regularmente y que se puede aplicar individual o grupalmente. Los pacientes y sus familias deben recibir información verbal y escrita adaptada a sus características clínicas, a sus necesidades y a las capacidades de aprendizaje y de asimilación de cada caso desde el inicio de la intervención. La psicoeducación deberá explicar: 
•  La naturaleza de la enfermedad. 
•  Las opciones disponibles para el tratamiento y la recuperación. 
• La variabilidad natural y los distintos modelos de recuperación. 
• Las posibilidades de futuro y como pueden influir en ellas los pacientes y sus familiares. 
• Estrategias especificas para el manejo de síntomas. 
• Plan de prevención de recaídas.

LAS INTERVENCIONES FAMILIARES 
  El apoyo y la implicación familiar es una contribución fundamental para conseguir una buena recuperación de la psicosis. El primer episodio de una psicosis suele tener un impacto estresante sobre la familia y en el contacto clínico inicial con ella se pueden observar sentimientos de culpa, ira, tristeza y pérdida. 
 
    Los focos fundamentales de la intervención familiar serán: 
    • El impacto sobre el sistema familiar. 
    • El impacto sobre cada unos de los miembros de la familia. 
    • La interacción entre la familia y el curso de la psicosis.

PAPEL FAMILIAR EN EL TRATAMIENTO INICIAL DE LA PSICOSIS. OBJETIVOS:
- El principal objetivo de la intervención familiar debe ser la capacitación y el fortalecimiento familiar para afrontar y ajustarse a la crisis que la psicosis produce dentro de la familia. 
- Proporcionar psicoeducación y apoyo desde el comienzo de la enfermedad y de manera permanente según las necesidades de cada familia y pudiendo utilizar un formato de tratamiento individual o grupo.
- Educar a la familia sobre la enfermedad y su manejo:
   • Mostrar interés, simpatía y empatía hacia los familiares.
   • Evitar culpabilizar a la familia o patologizar sus esfuerzos de afrontamiento. 
   • Potenciar la implicación en el tratamiento y reducir el estrés. 
   • Mejorar las habilidades de comunicación y de solución de problemas. 
   • Proporcionar tratamiento flexible y ajustado a las necesidades familiares. 
  • Animar a las familias a desarrollar apoyos sociales externos.
   • Infundir esperanza en el futuro. 
   • Adoptar una perspectiva de largo plazo.

EN CUANTO A LA REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL, SU PROPÓSITO ES:  
- Facilitar los procesos de recuperación y prevenir el deterioro de la función social, laboral, educativa y familiar, así como fomentar estas capacidades sociales al máximo. 
- Favorecer y posibilitar la adquisición o recuperación del conjunto de destrezas, habilidades y competencias necesarias para el funcionamiento en la comunidad en las mejores condiciones de normalización y calidad de vida que sean posibles. 
- Potenciar la integración social dentro de la comunidad, apoyando y fomentando un funcionamiento lo más autónomo, integrado e independiente que sea posible así como el desempeño de roles sociales.  
- Ofrecer el seguimiento, apoyo y ayuda social que cada persona necesite para asegurar su mantenimiento en la comunidad del modo más autónomo y normalizado posible. 
- Prevenir o disminuir el riesgo de deterioro psicosocial, marginalidad y/o institucionalización. 
- Asesorar y apoyar a las familias para favorecer su competencia en el manejo de los problemas que se les plantean e incidir positivamente en el proceso de rehabilitación. 

   Los tratamientos psicoterapéuticos y las intervenciones rehabilitadoras, pueden desarrollarse tanto a nivel individual como a nivel grupal. Esta elección dependerá de las características y estado del paciente, sus preferencias y los recursos de los que dispongan los profesionales y los equipos. 

   Los abordajes grupales ofrecen a los pacientes: 
    - Un lugar de intercambio que facilita la libre expresión oral y favorece que puedan hacerse cargo del propio sufrimiento y del de los otros participantes. 
    - Un contexto realista y específico de referencia. 
    - Una alianza y una relación terapéutica 
    - Además de un mejor autoconocimiento, un mejor conocimiento de los miembros del grupo, mejorando las relaciones interpersonales y la capacidad de hacer frente a los síntomas psicóticos.

Otras psicoterapias: 

TERAPIA DE APOYO 
  Hay una gran variedad de intervenciones englobadas dentro de este concepto que van desde el apoyo y consejo en un marco no directivo y no estructurado, hasta entrevistas en las que el terapeuta sigue las pautas de escucha activa y empática, actitud de cooperación y el manejo de crisis.  
   En sentido general el objetivo de la psicoterapia de apoyo es mantener o reforzar las defensas adaptativas de la persona, de tal modo que estas permitan afrontar las dificultades. Busca la mejor adaptación posible al medio y a las circunstancias de la crisis. Hace hincapié en la movilización de las fortalezas para realzar la autoestima y usar estrategias de afrontamiento positivas. El apoyo y el consejo son los componentes específicos de este tipo de terapia, pero también son tácticas frecuentes las sugerencias, explicaciones y aclaraciones.

LA PSICOTERAPIA DINÁMICA: 
• Aumenta la comprensión psicológica de la persona sobre su situación presente y sobre el camino recorrido hasta ese momento.  
• Ayuda a encontrar un sentido a las experiencias psicóticas y un significado de los síntomas en su biografía. 
• Ayuda a comprender las relaciones significativas entre el pasado, presente y el futuro, actualizadas en el momento de la crisis.  
• Restablece una vinculación entre experiencias internas y externas y aumenta la capacidad de insight. 
• Mejora el aprovechamiento de las capacidades conservadas y el desarrollo del funcionamiento no distorsionado. 
•  Disminuye la vulnerabilidad a sufrir nuevas crisis.
   
  En un alto porcentaje de casos, el primer brote psicótico puede convertirse en una esquizofrenia. Recientemente, en España, se están creando unidades que ofrecen tratamientos específicos para pacientes con estos primeros brotes con el fin de minimizar el deterioro de sus funciones cognitivas y mejorar su calidad de vida y la de su entorno.

¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS POR LOS QUE UNA FAMILIA PUEDE PERCATARSE DE QUE ALGÚN MIEMBRO TIENE UN BROTE PSICÓTICO?  
   Los más accesibles y detectables son los síntomas positivos relacionados con la percepción de cosas que no existen, como oír voces o tener sensaciones extrañas en conductas observables y familiares. Los afectados con un primer brote psicótico pueden tener miedo a que haya una conspiración contra ellos, o les vayan a hacer algo malo, como que alguien les envenene la comida, por lo que dejan de comer o se aíslan socialmente, se sienten en riesgo en su entorno y toman precauciones excesivas. Lo habitual es que, previamente a este primer brote, hayan tenido síntomas anteriores y menos detectables, como los síntomas negativos, que son la apatía o la pérdida de interés, o dejar de hacer actividades habituales en ellos.

¿A QUÉ EDAD APARECE EL PRIMER BROTE PSICÓTICO?  Entre los 16 y 23 años es la edad estrella de máxima frecuencia de aparición del primer brote, tanto en chicos como en chicas, aunque en estos últimos años también se ha detectado este brote con una edad más precoz. Tampoco se descarta que los síntomas psicóticos aparezcan en otras etapas de la vida, pasados los 50 años de edad, acompañando a periodos en los que hay cambios hormonales y fisiológicos significativos.

¿SE ESTÁ ADELANTANDO LA EDAD DEL PRIMER BROTE PSICÓTICO O PERMANECE INVARIABLE? • Es bastante estable, se mantiene en ese rango de edad. Lo que ocurre es que cada vez ponemos más atención a los primeros síntomas, los identificamos más rápido y las medidas de tratamiento se adelantan, cuando en años anteriores no existían y había una falta de recursos, estudios y conocimientos sanitarios.

¿SE CONOCE ALGÚN FACTOR DE RIESGO? Existen factores de riesgo, porque la enfermedad no tiene una única causa. Hemos detectado múltiples causas que participan en su aparición y que aumentan el riesgo. En una persona que es candidata a padecerla, la presencia de estos factores eleva la probabilidad de desarrollarla. Uno de los disparadores que la causa entre la población adolescente es el cannabis que, lamentablemente, en el entorno de esa edad alcanza cifras muy altas. Una persona con alto riesgo que quizá no hubiera desarrollado un brote psicótico si no lo hubiera consumido, lo desarrolla.

¿SE PUEDE PREVENIR UN PRIMER BROTE PSICÓTICO O, AUNQUE CONOZCAMOS LOS FACTORES DE RIESGO QUE CONDUCEN A UNO DE ELLOS, NO TENEMOS LAS ARMAS ADECUADAS? Podemos intentar prevenir pero hay personas con hábitos de vida saludables que sufren un primer brote psicótico y con posterioridad, una esquizofrenia. Pero en un grupo importante ocurre por consumo de tóxicos y drogas, que se puede prevenir y concienciar a los jóvenes sobre las consecuencias de este riesgo. La causa del primer brote psicótico puede ser un único porro. Es cierto que hay personas que fumarán marihuana (cannabis) y que nunca desarrollarán un brote. Influyen distintos factores y sustratos del entorno biológico y químico de cada persona. Pero, en otros casos, las consecuencias van más allá y las personas que lo prueban se enganchan a la sustancia, se convierten en drogodependientes, con graves consecuencias como la psicosis y esquizofrenia.

¿TODOS LOS BROTES ACABAN EN ESQUIZOFRENIA?  Todos los brotes no acaban en esquizofrenia. Entre el 80% y el 85% de las personas que sufren un primer brote psicótico mantienen trastornos psiquiátricos a medio y largo plazo. Con un control evolutivo temprano mediante tratamiento se puede controlar. Hay un porcentaje bajo de casos que tienden a remitir y, tras un seguimiento de un año o año y medio, no necesitan diagnósticos posteriores; y un mayor porcentaje de pacientes con brotes psicóticos relacionados que se pueden atender con control ambulatorio y seguimiento a medio plazo.

EL ESTIGMA: La persona con enfermedad mental debe afrontar una doble dificultad para recuperarse: la enfermedad en sí y los prejuicios y discriminaciones que recibe por padecerla. El estigma social es una carga de sufrimiento que incrementa innecesariamente los problemas de la enfermedad y constituye uno de los principales obstáculos para el éxito del tratamiento y de la recuperación. 

EL AUTO ESTIGMA es una de las consecuencias más graves de la discriminación. Los prejuicios en muchos casos afectan al enfermo o la enferma hasta el punto que los asumen como verdaderos y pierden la confianza en su recuperación y en sus capacidades para llevar una vida normalizada. El silencio que rodea a cualquier problema de salud mental forma parte del problema. Las enfermedades mentales están silenciadas, ausentes e invisibles. Están muy cercanas pese a que siguen siendo grandes desconocidas para la sociedad. La realidad es que una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida, y eso son muchas personas. Puede ser una amiga, un novio, un padre, una hermana o un compañero de trabajo. El 9% de la población española sufre una enfermedad mental. Estas cifras crecerán, en una tendencia común en el mundo occidental y con un elevado coste social y económico.
   
   Es labor de todos los estamentos implicados: Profesionales, familias, enfermos, asociaciones y la sociedad en su conjunto, colaborar en el abordaje de este trastorno mental para que se consiga aceptar como un problema de salud más y no se produzca la estigmatización de las personas afectadas. Todos juntos lo conseguiremos. Quizás no consigamos nunca disminuir la incidencia ni la prevalencia de la enfermedad pero sí acabaremos con sus devastadoras consecuencias.

Petrus Rypff

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