miércoles, 23 de febrero de 2022

EL SILENCIO Y OTROS AULLIDOS. EL INFIERNO DEL BULLYING

 

EL SILENCIO Y OTROS AULLIDOS

Elegiste un oficio que aspira a desafiar tabúes, a invitar a hablar, a desvelar los miedos encubridores


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IRENE VALLEJO. 31 OCT 2021 

   El miedo es un espejo. Cumpleaños tras cumpleaños, tu hijo se acerca a la edad que tenías cuando todo empezó. Te aterroriza que un día deba mirarse en ese mismo cristal oscuro, en aquellas miradas burlonas, en esa soledad. El acoso se esconde tras un muro de silencio mucho más impenetrable que las tapias del colegio. Te preguntas si lograrías detectarlo a tiempo, romper esas mecánicas de mutismo y vergüenza que conoces tan bien. Creías muchas cosas, de niña. Que la opinión del grupo te definía. Que, si aguantabas y callabas, te respetarían. Que había algo peor, mucho peor, que humillar a un compañero: chivarse. Y eso tú nunca lo harías.

   Desde épocas remotas, un halo de turbia sospecha envuelve a la persona que acusa, incluso ante una agresión injusta. Cuenta una tradición romana que la bella Lucrecia pasaba la noche sola cuando llamó a su puerta el hijo del rey Tarquinio el Soberbio buscando cobijo de la lluvia. Lucrecia, intimidada, acogió al poderoso visitante. De madrugada, entre tinieblas, él entro en su dormitorio con una espada y la violó. Al día siguiente ella esperó el regreso de su marido y, con los ojos helados, le contó lo sucedido. Entre los pliegues de su túnica escondía un puñal. Al terminar el relato, se suicidó. Tras la muerte, sus familiares lideraron una revolución que derrocó al rey, exilió al violador y dio nacimiento a la república romana hace 27 siglos. La escalofriante lección de esta leyenda es que Lucrecia se clavó la daga para apuntalar la veracidad de sus palabras. Tuvo que hablar desde la frontera de la muerte, donde ya no quedan motivos para mentir.

   En nuestro idioma, los apelativos relacionados con la denuncia tienen un matiz deshonroso y negativo: delator, soplón, acusica, chivato, bocazas. Como afirma el escritor Fernando Iwasaki, carecemos de términos para aplaudir el valor de quien revela un abuso. Este es el campo léxico de la omertà: una semántica del silencio. De alguna forma, tras un terrible historial de delaciones y señalamientos en dictaduras, nuestro imaginario no consigue reconciliarse con la figura de quien levanta la voz. Esta herencia genera sus patologías: nuestra democracia ha dejado solos y desprotegidos a quienes sacaron a la luz grandes casos de corrupción que muchos querían enterrar. Como intuías de niña, las represalias son la recompensa habitual para quien se atreve a desvelar lo oculto.

   El más calamitoso de los justicieros, nuestro don Quijote de la Mancha, escuchó un día a la vera del camino unos pavorosos aullidos de dolor. Al acercarse, descubrió a un muchacho atado a una encina, a quien su patrón estaba azotando cruelmente. Ante las preguntas del caballero andante, el hombre del látigo explicó que lo castigaba por reclamar su salario. “Estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza. Pagadle luego sin más réplica”, ordenó amenazador don Quijote, y acto seguido se alejó orgulloso de sí mismo. Más de 25 capítulos después, el joven y el caballero se vuelven a encontrar. “El fin del negocio sucedió muy al revés de lo que vuestra merced se imagina”, dice el chico. “No solo no me pagó, pero así como vuestra merced traspuso del bosque y quedamos solos, me dio de nuevo tantos azotes, que quedé hecho un sambartolomé desollado”. Así, el estrafalario paladín de los desvalidos descubre que no basta enfurecerse contra la injusticia: es necesario proteger a quien la desenmascara.

  Tras siglos de sigilos, seguimos retratando con fealdad a los informantes y arrepentidos. En las pantallas, desde el clásico Retrato criminal hasta Reservoir Dogs o The Wire, son encarnados por actores enclenques o mal encarados: acostumbran a tener mala pinta y mal fin. Una mancha marca aún a quien denuncia. Pese al descrédito, piensas que tal vez decidiste escribir para convertirte en chivata profesional. Elegiste un oficio que aspira a desafiar tabúes, a indagar en las zonas del silencio, a invitar a hablar, a desvelar los miedos encubridores. Has pasado del nudo en la garganta a la palabra desnuda. Por suerte existe este trabajo tan poco respetable: la soplona que cuenta más de la cuenta.

El chivato de ayer es hoy un superhéroe contra el 'bullying'



   El prestigioso psiquiatría Celso Arango, defiende que "el chivato de ayer es hoy un superhéroe contra el 'bullying'", porque el silencio es el mejor aliado del acoso escolar. En un seminario titulado “Bullying y mobbing. La huella del acoso en la salud mental”, el doctor Arango destacó que "las consecuencias del acoso escolar se pueden manifestar décadas después de haber sufrido 'bullying'. Existe una reacción inmediata ante el acoso, pero también una relación directa entre ser acosado y cambios en el desarrollo cerebral que afectan al afrontamiento de situaciones de estrés. El acoso es, por tanto, un factor de riesgo social y ambiental que produce alteraciones biológicas en el cerebro.

   "Es fundamental realizar un abordaje preventivo en los sistemas educativos, que apueste por el respeto a la diversidad y la ayuda entre pares", subrayó el especialista. En este sentido, puso en valor el comportamiento de los compañeros que denuncian a los acosadores: "El niño al que hace años llamábamos 'chivato' de forma despectiva es hoy un superhéroe contra el 'bullying', reacciona y actúa contra el problema", rompe el silencio cómplice.

   Haber sufrido acoso escolar y maltrato físico multiplica por seis las probabilidades de sufrir un trastorno mental, que, a la larga, desembocará en una peor situación laboral. "Quien ha sufrido acoso escolar tiene también muchas probabilidades de sufrir acoso laboral", aseveró el doctor Arango.

   Y si el acoso escolar es un grave problema social, el laboral, denominado 'mobbing', está también a su misma altura. La doctora Rosa Gutiérrez, jefa del servicio de Salud Mental de Alcobendas (Madrid), que también participó en el mismo seminario, cifró en un 14% la tasa de acoso laboral en España, aunque destacó que es solo la punta del iceberg, porque el 39% de los afectados no pide ayuda "muchos de los acosados tienden a echarse la culpa de lo que les pasa y porque el acosador en el 68% de los casos es su superior" y temen perder su empleo.

   La doctora Gutiérrez propuso a las personas que sufren acoso en el trabajo que "lleven un diario de los actos de acoso. Que apunten todo, el día, la hora, lo que pasó y los compañeros que estaban en ese momento", para luego poder documentar el acoso, primero ante el médico y después en los tribunales, porque no hay que olvidar que "el acoso laboral es un delito".  

   También participó en el encuentro Juan (que prefiere no revelar más datos de su identidad), una persona con síndrome de Asperger leve, de 41 años, que aprobó unas oposiciones y sufrió acoso laboral durante mucho tiempo. Juan relató que su calvario de acoso empezó en el colegio, siguió en el instituto -"me ponían chinchetas en la silla y petardos para que me asustara"- y luego continuó en su trabajo. "Se lo conté a un representante sindical y me dijo que lo que me hacían era normal, que yo era diferente y que luego se les pasaría", indicó. Juan estuvo un año de baja porque el comportamiento de sus compañeros le provocó cuadros de ansiedad que desembocaron en depresión. Pero finalmente ha vuelto a su trabajo, se ha recuperado, "aunque no del todo porque todavía tengo secuelas", y además “ahora tengo un nuevo jefe que me apoya".

   Juan anima a todas las personas que sufren acoso en el trabajo a que lo denuncien, porque "es la única manera de resolver el problema".

 

VÍCTIMA Y VERDUGO


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   El acosado y el acosador en el entorno escolar no nacen, se hacen. La ausencia de modelos emocionales efectivos lleva a muchos menores a no entender el dolor ajeno, son psicópatas en potencia. Por otro lado, la falta de autoestima en un niño o adolescente, facilita que se convierta en víctima, un blanco perfecto para un desaprensivo que, arropado por el grupo que lidera, otros niños que utiliza como gregarios, se transforma en un monstruo que se ceba, como simple divertimento, en el que percibe como más débil e indefenso. En ocasiones, el acosador actúa solo, por temor a ser delatado por un cómplice arrepentido.

  Hablar de retratos de víctima y acosador en el fenómeno del acoso escolar puede resultar confuso y llevar a la errónea idea de que en la infancia hay niños que poseen unas características que los van a convertir en acosadores de otros y que, a su vez, hay otros niños destinados a ser víctimas.

   Esta imagen contrasta con lo que sabemos del acoso escolar. Es un fenómeno que se da al instaurarse un patrón conductual y relacional en el agresor. Este le resulta eficaz para obtener popularidad o un estatus superior entre su grupo de iguales, y por esta razón lo mantiene. Por tanto, podríamos decir que los agresores aprenden y mantienen este tipo de conducta porque les funciona entre su grupo para alcanzar sus objetivos.

BULLYING | RAP Siryan Nürg - Grandes Esperanzas - canción sobre acoso escolar

   Por otro lado, las víctimas son compañeros que en ocasiones tienen algún rasgo distintivo relacionado con su aspecto, actitud o funcionamiento académico que llama la atención del agresor y suelen carecer de habilidades para enfrentarse a él y salir del acoso. Tan dinámico resulta este fenómeno, que en muchas ocasiones las víctimas adoptan el papel de acosador repitiendo un patrón conductual vivido.

   Desde la psicología intentamos buscar respuestas que nos ayuden a entender las causas que hacen que algunos menores se vean implicados en este fenómeno y otros no. Hay factores de riesgo que hacen a algunos menores más vulnerables a verse implicados en el acoso escolar, sea como víctimas o como acosadores. Estos factores de riesgo del acoso escolar pueden ser de índole familiar, sociocultural y emocional o afectiva. Los más interesantes desde el punto de vista de la psicología y de la educación, por la posibilidad de intervención que nos brindan, son los relacionados con la inteligencia emocional de víctimas y agresores.


El papel de la inteligencia emocional

   La inteligencia emocional, según Mayer y Salovey es la habilidad para percibir y valorar las emociones, comprenderlas y regularlas en una búsqueda del crecimiento personal y emocional. Una buena inteligencia emocional mejora nuestra capacidad de adaptarnos de manera adecuada a situaciones nuevas, inesperadas o amenazantes (como tantas a las que se enfrentan los menores en los entornos escolares). Parece claro que existen diferencias en las distintas dimensiones de inteligencia emocional entre las víctimas, los agresores y los menores no implicados en el fenómeno del acoso escolar.

  En el caso de las víctimas, conocemos que aquellos menores con problemas de autoestima, con estado de ánimo bajo o pocas habilidades sociales tienen más probabilidades que el resto de ser objeto de acoso por parte de otros compañeros. A esto se suma que cualquier rasgo diferenciador, ya sea físico, comportamental o de aptitudes les vuelve más vulnerables a este fenómeno, por ejemplo, llevar gafas, corrector dental o alguna “tara” en su fisonomía.

  Por otro lado, los chicos y chicas agresores, en general, presentan niveles de inteligencia emocional más bajos. En concreto, podemos decir que tienen escasa tolerancia a la frustración, no se muestran dispuestos a seguir las reglas y suelen tener graves carencias de empatía y poca capacidad de autorregulación emocional.

   En este sentido, la empatía es uno de los factores de riesgo que cada vez toma más protagonismo en el fenómeno del acoso escolar. La empatía o la capacidad para identificar los estados de ánimo de los demás y actuar de manera congruente aparece de forma natural a partir de los tres años de vida en la mayoría de los niños, pero necesita de un importante componente experiencial y educativo para desarrollarse de manera óptima.

   La ausencia de modelos empáticos o de una guía emocional efectiva puede llevar a muchos menores a ser incapaces de identificar y entender el dolor ajeno, y por consiguiente implicarse de manera activa en actos violentos contra sus iguales si esto les reporta beneficios.

   Si bien no existe un retrato patognomónico y fijo que describa las características de los menores implicados en acoso escolar, sí tenemos una idea clara de qué habilidades emocionales y sociales pueden protegerles de él y cuáles van a facilitar que en un entorno propicio desarrollen patrones de relación basados en la agresión física o verbal y en la persecución y acoso de un compañero con la finalidad de reforzar su imagen y estatus dentro de su grupo de iguales. Esto, en definitiva, nos lleva a uno de los aspectos más importantes en el acoso escolar, que es la prevención.


El acoso escolar contado por estudiantes

Para Juan de Vicente Abad, “es fundamental que los jóvenes cuenten con recursos para saber cómo actuar ante situaciones de trato malo o acoso en las escuelas”. Con más de 25 años de trayectoria docente, Juan de Vicente es experto en resolución de conflictos, interculturalidad y convivencia escolar. En 2016 fue el ganador del Premio al Docente más Innovador de España en el Certamen D+I. 

Este vídeo forma parte del curso de ‘Resolución de conflictos’. Un curso universal y gratuito, dirigido por Juan de Vicente llamado ‘Aprendemos Juntos’. Su objetivo es enseñar a los adolescentes a aceptar los conflictos como parte de la vida y aprender a transformarlos en oportunidades.

   Conocemos los factores de riesgo y la forma de modificarlos a través de educación emocional que fomente el desarrollo de la empatía, de la autorregulación emocional y demás competencias emocionales. Más allá de ser un problema de índole educativa, el acoso escolar actualmente es un reto de salud y seguridad públicas. Supone una de las mayores causas de alteraciones emocionales en la infancia. Las víctimas de acoso experimentan trastornos ansiosos, depresivos e incluso fobias, y los agresores tiene hasta un 60 % más de probabilidades de cometer actos violentos o delictivos en la juventud que el resto de sus compañeros no acosadores.

   El conocimiento y estudio de estos factores de riesgo en el fenómeno del acoso escolar ilumina el camino de la prevención, guiándonos sobre en qué aspectos debemos incidir para elaborar programas preventivos eficaces. Recientes estudios indican que la eficacia de estos programas no solo radica en la duración o intensidad de los mismos, sino también en incluir aspectos como la educación emocional.

   En esta línea ya existen programas dirigidos a prevenir el acoso escolar centrados en mejorar las competencias emocionales de los escolares. Estos no solo podrían disminuir el número de casos de acoso escolar en los centros escolares, sino también contribuir a construir una futura sociedad más tolerante, conciliadora y solidaria.


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Cámara oculta contra el acoso escolar ¡en un centro comercial! | Gente Maravillosa

Las cámaras ocultas de Gente Maravillosa muestran el acoso escolar que sufre Marcos hasta en un centro comercial donde espera a su madre, mientras espera, aparecen unos compañeros de clase que le hacen diariamente la vida imposible. Sus acosadores al verlo comienzan a reírse y burlarse de él. Muchas de las personas que presencian la escena se paran y dicen basta ya, entre ellas una madre y una hija, las Yolandas, que nos dejan a todos boquiabiertos con su actitud y su forma de encarar la situación...¡Un ejemplo de familia maravillosa!


LP - Rap Contra el Bullying



Si te sientes sol@ o triste, escucha estas 2 canciones  (rap)

1. Buenas noches - Ambkor
2. So Alone - Dansonn

Si estás deprimido, triste y solo, déjame decirte que eres un joya, una piedra preciosa, más valioso que el oro... Vaya, que eres una persona especial, hermosa y única... No sé si necesitas leer esto, pero tienes un futuro grande, más grande que cualquier problema, más grande y profundo de lo que sientes y expresas. Después de la tormenta viene la calma.

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