martes, 12 de octubre de 2021

SÉ TODOS LOS CUENTOS (O CASI TODOS)

 


SÉ TODOS LOS CUENTOS (O CASI TODOS)

CUENTOS, CANCIÓN DE DIEGO CANTERO, INCLUÍDA EN SU PRIMER DISCO "CUENTOS"


Diego Cantero - Cuentos

El primer disco del cantautor molinense, era apenas un post-adolescente, pero, para un servidor, el más auténtico de sus álbumes. Le siguieron otros, en solitario y más adelante con la formación Funambulista, con grandes temas, siempre, o casi siempre, escritos por Dieguito, ¡Qué grande!



DIEGO CANTERO - CUENTOS

Grabación en directo del cantautor Diego Cantero, en el Auditorio de Ceutí (Murcia) y primer premio del Festival Cantautor del año 2004 celebrado en dicho auditorio.




CUENTOS - Letra

Quién engañó a la mentira

Quién pone en juego su vida

fue el carmín o el deseo

 

Quién va a ganar la partida

Quién sonríe y en vida

fue un noble caballero

 

Ni el viejo ni el mar,

ni ese pez traicionero:

eso son sólo cuentos

 

Ni el ruido del agua

Ni un cálido beso

Son cosas del cielo

 

Ni una vieja al pasar

Ni el que ya no está cuerdo

Demasiado modestos

 

Debe ser la razón

Debe ser la pasión

Está llorando el cielo.

 

Siga, con su sarta de mentiras

Siga, brindando con tinta china, y siga

Siga, y ahora tranquilo respira

Siga, deja que pase el rencor

 

Cuántos murieron en guerras

Cuántos limpiaron su sangre

Cuántos domingos jodidos

 

Cuántos quieren más

Cuántos piden más

Cuánto sienten haberlo perdido

 

"Carne fresca", gritaban algunos

Paseando por la calle a los muertos

"Cara al sol", gemían los otros,

con sus cerebros huecos

 

Pasa la vida bailando en mentiras

Y usted siga diciendo

 

Siga con su sarta de mentiras

Siga brindando con tinta china, y siga

Siga y ahora tranquilo respira

Siga, deja que pase el rencor...

 

"Yo no sé muchas cosas, es verdad. Yo sé sólo lo que he visto. Y he visto que la cuna del hombre, la mecen con cuentos; que el llanto de angustia del hombre, lo tapan con cuentos; que los huesos del hombre, los entierran con cuentos; y que el miedo del hombre, ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, pero me durmieron con todos los cuentos, y sé todos los cuentos".

LEÓN FELIPE

 Siga con su sarta de mentiras

Siga brindando con tinta china, y siga

Siga y ahora tranquilo respira

Siga.

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   Al leer el texto que viene a continuación podemos recordar los cuentos que nos contaron de niños; nos los contaron nuestros padres, hermanos, tíos…¡quién sabe! Entre ellos, algunos clásicos son el de “Los Tres cerditos”, “Hansel y Gretel” o ”Caperucita Roja”, por ejemplo. Pero, además de los cuentos aptos para infantes hay una gran variedad de ellos que resultan más apropiados y/o comprensibles para adolescentes, jóvenes e incluso adultos.

   A modo de muestra, a lo largo de este artículo expongo una selección de cuentos cortos para adultos (o jóvenes a punto de entrar en la adultez), que tratan temáticas como el amor, la necesidad de tener en cuenta las perspectivas ajenas o la naturaleza humana.

   Cualquier adulto podría leer y extraer aprendizajes de muchos cuentos aparentemente infantiles, pero los que aquí se expone pueden requerir de una capacidad de reflexión mayor de la que generalmente tendría un niño (dado los matices que pueden extraerse de cada uno de ellos). Parte de ellos están extraídos del folklore popular y la tradición de diferentes culturas (en este caso, en su mayoría orientales), mientras que otras son elaboraciones de autores conocidos.

 

1. La mariposa blanca 

   Había una vez en Japón un anciano cuyo nombre era Takahama. Takahama vivía desde su juventud en una pequeña casa que él mismo había construido junto a un cementerio, en lo alto de una colina. Era un hombre amado y respetado por su amabilidad y generosidad, pero los lugareños a menudo se preguntaban por qué vivía en soledad al lado del cementerio y por qué nunca se había casado.

   Un día el anciano enfermó de gravedad, estando cercana ya su muerte, y su cuñada y su sobrino fueron a cuidarle en sus últimos momentos y le aseguraron que estarían junto a él todo lo que necesitara. Especialmente su sobrino, quien no se separaba del anciano. Un día en que la ventana de la habitación estaba abierta, se coló una pequeña mariposa blanca en el interior. El joven intentó espantarla en varias ocasiones, pero la mariposa siempre volvía al interior, y finalmente, cansado, la dejó revolotear al lado del anciano.

   Tras largo rato, la mariposa abandonó la habitación y el joven, curioso por su comportamiento y maravillado por su belleza, la siguió. El pequeño ser voló hasta el cementerio que existía al lado de la casa y se dirigió a una tumba, alrededor de la cual revolotearía hasta desaparecer. Aunque la tumba era muy antigua, estaba limpia y cuidada, rodeada de flores blancas frescas. Tras la desaparición de la mariposa, el joven sobrino volvió a la casa con su tío, para descubrir que este había muerto.

   El joven corrió a contarle a su madre lo sucedido, incluyendo el extraño comportamiento de la mariposa, ante lo que la mujer sonrió y le contó al joven el motivo por el que el anciano Takahana había pasado su vida allí.

   En su juventud, Takahana conoció y se enamoró de una joven llamada Akiko, con la cual iba a casarse. Sin embargo, pocos días antes del enlace la joven falleció. Ello sumió a Takahama en la tristeza, de la que conseguiría recuperarse. Pero sin embargo decidió que nunca se casaría, y fue entonces cuando construyó la casa al lado del cementerio con el fin de poder visitar y cuidar todos los días la tumba de su amada.

   El joven reflexionó y entendió quién era la mariposa, y que ahora su tío Takahama se había reunido al fin con ella.  

   Un hermoso cuento de origen japonés que nos habla sobre el amor, concretamente de un amor capaz de trascender el tiempo e incluso la muerte. Un amor eterno.

 

2. Los seis sabios ciegos y el elefante 

   En una ocasión había seis ancianos sabios que no gozaban del don de la vista, por ello empleaban el sentido del tacto para experimentar y conocer las diferentes realidades, seres y objetos del mundo. Ninguno de estos sabios había visto jamás un elefante, y tras conocer que su rey disponía de uno le solicitaron con humildad poder conocerlo. El monarca decidió concederles su petición y los llevó ante el paquidermo, permitiendo que los ancianos se acercaran y lo tocaran.

   Los sabios se aproximaron al animal y, uno por uno, tocaron al elefante con el fin de saber cómo era dicho ser. El primero le tocó un colmillo, y consideró que el elefante era liso y agudo cual lanza. El segundo sabio se aproximó y tocó la cola del elefante, respondiendo que en realidad era más bien como una cuerda. El tercero entraría en contacto con la trompa, refiriendo que el animal se parecía más a una serpiente. El cuarto indicaría que los demás debían estar errando, ya que tras tocar la rodilla del elefante llegó a la conclusión de que se trataba de algo semejante a un árbol. El quinto lo desmintió al tocar la oreja del ser, valorando que se parecía a un abanico. Por último, el sexto sabio llegó a la conclusión de que en realidad el elefante era como una fuerte pared rugosa, después de tocar su lomo.

   Tras haber llegado a distintas conclusiones, los sabios empezaron a discutir respecto a quién poseía la verdad. Dado que todos defendían sus posiciones con ahínco, recurrieron a la ayuda de un séptimo sabio que sí podía ver. Este les hizo ver que en realidad todos ellos tenían parte de la razón, dado que habían estado describiendo una única parte del conjunto del animal, a la vez que aún sin equivocarse ninguno de ellos había podido conocerlo en su totalidad.

   Un cuento clásico procedente de la India; esta historia nos habla de la necesidad de tener en cuenta que nuestro punto de vista no es el único que existe sobre la realidad: debemos valorar que las opiniones, creencias o conocimientos de otras personas pueden ser tan válidas y verdaderas como las nuestras, sin necesidad de que ninguno esté equivocado.

 

3. El ciervo escondido 

   Había una vez un leñador de Cheng que encontró un ciervo en un campo, al cual mató y posteriormente enterró con hojas y ramas para evitar que otros descubrieran la pieza. Pero al poco tiempo, el leñador se olvidó del lugar donde había ocultado el animal y llegó a creer que en realidad todo el asunto había sido un sueño.

   Poco después empezaría a contar su supuesto sueño. Alguien que lo escuchó reaccionó intentando buscar el ciervo. Tras encontrarlo, se lo llevó a su casa y comentó a su mujer la situación, ésta le indicó que tal vez fuera él quien había soñado la conversación con el leñador, y que al haber encontrado al animal su sueño se hizo realidad. A esto, su esposo contestó que independientemente de que el sueño fuera suyo o del leñador, no había necesidad de saberlo.

   Pero esa misma noche el leñador que cazó al animal soñó (esta vez de verdad) con el lugar donde había escondido el cadáver y con la persona que lo había encontrado. Por la mañana fue a casa del descubridor del cuerpo del animal, tras lo que ambos hombres discutieron respecto a quién pertenecía la pieza. Esta discusión se intentaría zanjar con la ayuda de un juez, el cual repuso que por un lado el leñador había matado a un ciervo en lo que creía un sueño y posteriormente consideró que su segundo sueño era una verdad, mientras que el otro encontró al ciervo muerto, aunque su esposa consideraba que era él quien soñó haberlo encontrado en base a la historia del primero.

   La conclusión era que realmente nadie había matado al animal, y se dictó que el caso se resolviera mediante la repartición del animal entre los dos hombres. Posteriormente, esta historia llegaría al rey de Cheng, quien terminaría por preguntarse si realmente no sería el juez quien había soñado haber repartido al ciervo.

   El cuento de “El ciervo escondido” es un cuento popular chino que nos narra una historia basada en la diferenciación entre sueño y realidad y lo difícil que en ocasiones puede ser realizarla. Es uno de los cuentos cortos para adultos que nos habla sobre la posibilidad de que podamos vivir en varios planos de existencia.

 

4. El fantasma provechoso (Daniel Defoe)

   Había una vez un caballero que poseía una casa muy muy vieja, construida aprovechando los restos de un antiguo monasterio. El caballero decidió que quería derruirla, pero sin embargo consideraba que dicha tarea implicaría demasiado esfuerzo y dinero, y empezó a pensar en alguna manera de lograr hacerlo sin que le supusiera a él ningún costo.

   El hombre decidió entonces crear y empezar a difundir el rumor de que la casa estaba encantada y habitada por un fantasma. Elaboró también con sábanas un traje o disfraz blanco, junto a un artefacto explosivo que generara una llamarada y dejara tras de sí olor a azufre. Tras contar el rumor a varias personas, entre ellas algunos incrédulos, les convenció de que acudieran a su casa. Allí activó el ingenio, provocando que los vecinos se asustaran y creyeran que el rumor era cierto. Poco a poco más y más gente iría viendo a dicho ente espectral, y el rumor fue creciendo y extendiéndose entre los lugareños.

   Tras ello, el caballero extendió también el rumor de que el motivo de que el fantasma estuviera allí podría ser por el hecho de que hubiese en la casa un tesoro escondido, así que en poco tiempo empezó a excavar para encontrarlo. A pesar de que no lo hacía, los vecinos empezaron también a creer que sí podía haber algún tesoro en el lugar. Un día, algunos vecinos le preguntaron si podían ayudarle a excavar, a cambio de que pudieran coger el tesoro. El propietario de la casa respondió que no sería justo que le tirasen la casa abajo y se llevaran el tesoro, pero magnánimamente les ofreció que si excavaban y retiraban los escombros y esto permitiera encontrar el tesoro, él aceptaría que se llevaran la mitad. Los vecinos aceptaron y se pusieron a trabajar.

   Al poco tiempo el fantasma desapareció, pero de cara a motivarles el caballero dispuso veintisiete monedas de oro en un agujero de la chimenea que después tapió. Cuando los vecinos las encontraron, les ofreció quedárselas siempre y cuando el resto que hallaran lo repartieran. Ello motivó aún más a los vecinos, que ante la esperanza de encontrar más fueron excavando hasta los cimientos. De hecho, sí encontraron algunos objetos de valor del antiguo monasterio, algo que los espoleó aún más. Al final, la casa fue derruida por entero y los escombros retirados, cumpliendo el caballero con su deseo y empleando para ello apenas un poco de ingenio.

   Este cuento fue creado por el escritor de Robinson Crusoe, Daniel Defoe, y nos narra una historia en que podemos ver el valor de la inteligencia y la astucia, así como el hecho de que ser codiciosos nos puede llevar a ser manipulados y utilizados sin que siquiera nos demos cuenta.

 

5. El sabio y el escorpión 

   Había una vez un sabio monje que paseaba junto a su discípulo en la orilla de un río. Durante su caminar, vio como un escorpión había caído al agua y se estaba ahogando, y tomó la decisión de salvarlo sacándolo del agua. Pero una vez en su mano, el animal le picó.

   El dolor hizo que el monje soltara al escorpión, que volvió a caer al agua. El sabio volvió a intentar sacarlo, pero de nuevo el animal le picó provocando que le dejara caer. Ello ocurrió una tercera vez. El discípulo del monje, preocupado, le preguntó por qué continuaba haciéndolo si el animal siempre le picaba.

   El monje, sonriendo, le respondió que la naturaleza del escorpión es la de picar, mientras que la de él no era otra que la de ayudar. Dicho esto, el monje tomó una hoja y, con su ayuda, consiguió sacar al escorpión del agua y salvarlo sin sufrir su picadura.

   Otro cuento procedente de la India, en esta ocasión nos explica que no debemos luchar contra nuestra naturaleza por mucho que otros nos dañen. Hay que tomar precauciones, pero no debemos dejar de ser quienes somos ni actuar en contra de lo que somos.

 

6. El espejo chino 

   Había una vez un campesino chino que iba a ir a la ciudad a vender la cosecha de arroz en la que él y su esposa habían estado trabajando. Su mujer le pidió que, aprovechando el viaje, no se olvidase de traerle un peine.

   El hombre llegó a la ciudad y una vez allí vendió la cosecha. Tras hacerlo, se encontró y reunió con varios compañeros y se pusieron a beber y a celebrar lo conseguido. Después de ello, y aún un poco desorientado, el campesino recordó que su esposa le había pedido que le trajera algo. Sin embargo, no recordaba el qué, con lo que acudió a una tienda y compró el producto que más le llamó la atención. Se trataba de un espejo, con el cual regresó a su hogar. Tras dárselo a su esposa, se marchó de nuevo a trabajar en el campo.

   La joven esposa se miró en el espejo, y repentinamente empezó a llorar. La madre de ésta le preguntó el porqué de tal reacción, a lo que la hija le pasó el espejo y le respondió que la causa de sus lágrimas era que su marido había traído consigo otra mujer, joven y hermosa. La madre de esta miró también el espejo, y tras hacerlo le respondió a su hija que no tenía de qué preocuparse, dado que se trataba de una vieja.

   Un cuento de origen chino, de autor anónimo. Se trata de una narración muy breve que tiene diferentes posibles interpretaciones, pero que entre otras cosas nos habla de cómo nos vemos nosotros mismos reflejados en el mundo, y la diferencia entre cómo nos creemos que somos y cómo somos en realidad, a menudo subestimándonos o sobrevalorándonos. Para entender el cuento es necesario tener en consideración que ninguno de los personajes se había visto jamás reflejado en un espejo, no sabiendo qué es lo que ve realmente. Así, la esposa no es capaz de comprender que la joven hermosa que ve es ella misma, mientras que la madre tampoco ve que la anciana que ve es ella. También se observa que mientras la primera se preocupa porque considera que lo que ve en el reflejo es más hermoso que ella misma, la segunda lo minusvalora críticamente, prácticamente burlándose de su propia imagen.

 

7. El mundo (Eduardo Galeano) 




   Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta dijo que había contemplado desde arriba la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. -El mundo es eso-reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

   No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

   Más que un cuento corto, se trata de un micro-cuento creado por Eduardo Galeano (uno de los más destacados escritores uruguayos y de toda Latinoamérica) y publicado en su libro “El libro de los abrazos”. Se centra en la visión del mundo como un lugar maravilloso lleno de gentes muy diferentes entre sí, pero que no dejan de ser personas. También nos hace ver la relevancia de atreverse a vivir intensamente.

 

8. El elefante encadenado (Jorge Bucay) 

   Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales, y especialmente me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.

   Aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

   Cuanto tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia... si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

   Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado unido a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

   Uno de los cuentos más conocidos de Jorge Bucay; esta narración nos cuenta como nuestros recuerdos y experiencias previas pueden darnos conocimientos, pero también generar estancamientos y bloqueos que nos impiden y que pueden sabotearnos, aun cuando su causa original ya no está presente. La narración nos empuja a seguir intentando ponernos a prueba a pesar de que lo que hayamos vivido pueda habernos hecho creer que no podemos hacerlo. Se trata de lo que en Psicología llamamos “indefensión aprendida”. 

 

9. El paisajista 

   Érase una vez un pintor de gran talento que fue enviado por el emperador de China a una provincia lejana y recién conquistada, con la misión de traer a su vuelta imágenes pintadas. Tras un largo viaje en el que visitó en profundidad todos los territorios de la provincia, el pintor regresó, pero sin embargo no portaba ninguna imagen. Ello generó sorpresa en el emperador, quien terminó enfadándose con él.

   En ese momento, el artista solicitó que le dejaran un lienzo de pared. En él, el pintor dibujó con gran detalle todo lo que había visto y recorrido en su viaje, tras lo cual el emperador acudió a verlo. Entonces el pintor le explicó cada uno de los rincones del gran paisaje que había dibujado y explorado en su viaje. Al acabar, el pintor se aproximó a un sendero que había dibujado y que parecía perderse en el espacio. Poco a poco, el artista se adentró en el sendero, metiéndose en el dibujo y haciéndose cada vez más pequeño hasta desaparecer tras una curva. Y cuando este desapareció, lo hizo todo el paisaje, dejando el muro completamente desnudo.

   Este cuento de origen chino es algo complejo de entender. Para ello debemos ponernos en la posición del pintor y lo que hace a lo largo de la historia: por un lado, observa la realidad, pero por el otro, y como se ve al final cuando se une a su obra, forma parte intrínseca de ella. Se trata de una alegoría de que, aunque podemos ser observadores de lo que acontece en el mundo, queramos o no, somos parte de él: si algo ocurre en esa realidad nos afecta a nosotros, ya que somos parte de ella, mientras que lo que nos pase a nosotros no está alejado de la realidad.

 

10. Tú gobiernas tu mente, no tu mente a ti 

   Érase una vez un estudiante de zen que se lamentaba de que no podía meditar, ya que sus pensamientos se lo impedían. Este le dijo a su maestro que sus pensamientos y las imágenes que generaba no le dejaban meditar, y que aun cuando se iban unos instantes al poco volvían con mayor fuerza, no dejándole en paz. Su maestro le indicó que esto sólo dependía de sí mismo, y que dejara de cavilar. Pero el estudiante siguió indicando que los pensamientos le confundían y no le dejaban meditar tranquilo, y que cada vez que procuraba concentrarse le aparecían pensamientos y reflexiones de manera continuada, a menudo poco útiles e irrelevantes.

   A esto el maestro le propuso que cogiera una cuchara y la sostuviera en la mano, mientras se sentaba e intentaba meditar. El alumno obedeció, hasta que de pronto el maestro le indicó que dejara la cuchara. El alumno lo hizo, dejándola caer al suelo. Miró a su maestro, confuso, y este le preguntó que quién sujetaba a quién, si él a la cuchara o la cuchara a él.

   Este breve cuento parte de la filosofía zen y tiene origen en el budismo. En él se nos hace reflexionar sobre nuestros propios pensamientos, y el hecho de que debemos ser nosotros quienes tengamos el control sobre ellos y no a la inversa. 

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   En mi trabajo diario me encuentro con frecuencia a pacientes que sufren situaciones parecidas a las que se relatan en los cuentos anteriores. No soy de dar consejos, mi labor consiste más en “dibujar un panorama” en el que el paciente pueda situarse, comprender lo que le ocurre, aceptarlo y con sus propias capacidades y esfuerzo, sepa encontrar la salida más adecuada, de acuerdo a sus propias convicciones y valores al “atolladero” que le agobia y al que no encuentra solución. Quizás lo que le ocurre es que por su “indefensión aprendida”, se ha situado en una “zona de confort”, o más bien disconfort, que le atormenta y le hace infeliz, pero, lleva tanto tiempo en ella que siente miedo a cambiar, o le da “pereza”, no vaya a ser que, si intenta salir de su “círculo vicioso”, se lleve un calambrazo al estilo de las descargas que sufrían los perros del experimento de Pavlov cuando accionaban la palanca metálica para que saliera la comida que tanto ansiaban.

   Aunque intento ser cuidadoso en mis argumentaciones, a veces preñadas de ironía y/o sarcasmo, pero siempre desde el respeto, algunas veces la respuesta que obtengo es la contraria a la buscada, quizás porque no todos los pacientes entienden lo que intento hacerles ver, o porque el hecho de remover sus experiencias pasadas, les provoca desasosiego y ansiedad. Mi lema en la vida es “Pa qué las prisas” y soy tan paciente como ellos, o no. Soy responsable de lo que digo y de lo que hago, no de lo que otras personas puedan entender o interpretar. Visto lo visto, creo que hay que seleccionar muy bien a qué personas hay que dirigir algunos cuestionamientos. Queda claro que no todos los pacientes quieren mejorar, y aunque lo deseen, no quieren o pueden iniciar el proceso de cambio, prefieren quedar instalados en la queja, la impotencia y el sufrimiento, por aquello de que “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

(Petrus Rypff)


Funambulista - Paro De Contar (Audio)


PACO IBÁÑEZ INTERPRETA A PABLO NERUDA (1904-1973)

PACO IBÁÑEZ ha puesto música a nueve temas de PABLO  NERUDA, que son los siguientes:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente

Todo en ti fue naufragio

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Inclinado en las tardes

Te recuerdo como eras en el último otoño

Para mi corazón basta tu pecho

La muerte de Melisenda

Niña morena y ágil 

Yo me voy 

Los dos últimos son inéditos y no los he encontrado pero los otros siete están en un disco precioso que Paco editó en 2012, con voz muy madura y muy bien rodeado de buenos músicos. 

Se cumplió,  el 23 de septiembre de 2021, 48 años de su muerte y es muy necesaria la poesía de Neruda y la voz de Paco para despertar la cultura.


La poesía es un arma cargada de futuro - Paco Ibáñez

Poema de Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 1911 - Madrid, 1991), musicalizado e interpretado por Paco Ibáñez.






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