lunes, 11 de octubre de 2021

FRASES PARA REFLEXIONAR. LEYENDO HISTORIAS CON E. PUNSET

 

FRASES PARA REFLEXIONAR




- "La escalera ha de barrerse empezando por arriba".

(Proverbio rumano)

- "Según se es, así se ama".

(José Ortega y Gasset)

- "¡Cuán a menudo esperamos de los demás más de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a hacer!"

(Dietrich Bonhoeffer)

- "Graba esto en tu corazón: cada día es el mejor del año".

(Ralph W. Emerson)

- "Procure ser en todo lo posible, el que ha de reprender, irreprensible".

(Félix Mª Samaniego)

- "Siente el pensamiento, piensa el sentimiento".

(Miguel de Unamuno)

"El hombre es un animal encerrado en el exterior de su jaula. Se agita fuera de sí".

(Paul Valéry)














La vida y el tiempo...
son los mejores maestros.

La vida..
nos enseña a aprovechar el tiempo.

El tiempo...
nos enseña a valorar la vida.

(Petrus Rypff)



Siempre hay un poco de verdad en cada "Es broma".

Una pequeña mentira en cada "No sé".

Un poco de sentimientos en cada "No me importa".

Y un poco de dolor en cada "Estoy bien".





 

LEER HISTORIAS PUEDE CAMBIAR EL CEREBRO

CARLOS LOGATT GRABNER - 05 DE NOVIEMBRE DE 2018

  


Centro para la Mente y el Cerebro de la Universidad de California en Davis







   Leer activa muchas áreas del cerebro; incluso aquellas que se ocupan de nuestras acciones físicas, tal como lo muestran las investigaciones de John Henderson, profesor de psicología en el Centro para la Mente y el Cerebro de la Universidad de California en Davis.

  Como los seres humanos somos altamente sociales, las historias atrapan nuestra atención y nos mantienen motivados para seguir las tramas que se van desarrollando hasta llegar expectantes al final y conocer el desenlace. Al no poder leer todo en un día, aprendemos a saber esperar hasta el próximo momento en el que contemos con el tiempo para volver a nuestro libro o tablet.


    Sin lugar a dudas, existen muchos beneficios resultantes de la lectura. Por ello, el neurocientífico Gregory Berns, de la Universidad de Emory, se propuso junto a su equipo observar los cambios que produce en el cerebro. El trabajo se centró en los efectos prolongados que genera leer una historia. El equipo de Berns contó para su investigación con la participaron de 21 estudiantes, a quienes se les informó que el estudio duraría 19 días. La propuesta consistió en que los primeros 5 días los jóvenes debían ir al laboratorio para realizarse estudios de rutina con equipos de resonancia magnética funcional (RMf).

   Luego, durante los 9 días siguientes, debían leer la novela Pompeya, que muestra cómo el protagonista de la historia, que se encuentra fuera de la ciudad, ve a lo lejos vapor y cosas extrañas que suceden alrededor del volcán y debe regresar a tiempo para salvar a la mujer que ama. El libro fue elegido por su trama y por tener una línea narrativa sólida.

   Los científicos anteriormente habían dividido la novela de manera tal que cada día tuvieran que leer 30 páginas. Tras la lectura los estudiantes pasaban por una prueba que les permitía a los investigadores asegurarse de que habían cumplido con lo pactado para después someterse a la RMf. Una vez finalizados los 9 días, siguieron concurriendo cada mañana al laboratorio para realizarse resonancias adicionales.

   Los resultados mostraron una mayor conectividad en la corteza temporal izquierda, un área del cerebro asociada con la receptividad al lenguaje en las mañanas después de las tareas de lectura, pese a no estar leyendo mientras eran escaneados sus cerebros. El aumento de esta actividad se mantuvo incluso los 5 días posteriores a la experimentación.

   Otra observación interesante fue que también había mayor conectividad en la región motora sensorial primaria. Las neuronas de esta zona se han asociado con la realización de representaciones de sensaciones para el cuerpo. Sólo pensar en correr, por ejemplo, puede activar las neuronas asociadas con el acto físico de correr.

   Los cambios neurales que se producen en las áreas del movimiento sugieren que leer una historia nos puede conducir a ponernos en el cuerpo del protagonista.

  Según una investigación liderada por Nicole K. Speer en la Universidad Washington en San Luis, Estados Unidos, publicada en Psychological Science, las regiones que se activan en el cerebro al leer una historia son muy similares a las que tienen lugar cuando realizamos, observamos o imaginamos actividades del mundo real.

   Además de todo lo anterior, un trabajo realizado por investigadores de la Nueva Escuela de Investigación Social, de Nueva York, sostiene que leer ficción literaria aumentaría nuestra capacidad de detectar y comprender las emociones; es decir, “de ponernos en los zapatos del otro”.

   Leer es una experiencia fascinante para toda nuestra UCCM (Unidad Cuerpo Cerebro Mente) y son muchos los beneficios que otorga. Por ello, todos, desde nuestro lugar, debemos estar atentos para aportar un granito de arena para que algo que nos hace tan bien sea parte de la vida de nuestros niños y jóvenes.

   ¡Todo un desafío en los tiempos actuales que vale la pena afrontar!

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   Quiero desde mi atalaya bloggera rendir un pequeño homenaje a un hombre para mí admirable. Admirable por su valía, su calidad humana y su generosidad y entrega, durante muchos años. Ojalá hubiera muchos Punset en nuestra actual maltrecha democracia...


Eduardo Punset Casalsn.  (Barcelona, 9 de noviembre de 1936​-Barcelona, 22 de mayo de 2019)​

   Además de su actividad política durante la Transición Española tras el ansiado final de la dictadura franquista (ocupó cargos en la Generalidad de Cataluña y el Gobierno de España presidido por Adolfo Suárez, amén de ser elegido en dos ocasiones eurodiputado en el Parlamento Europeo), Punset destacó durante muchos años como divulgador científico. Entre 1996 y julio de 2013 dirigió y presentó el programa de televisión Redes en La 2 de Televisión Española​ donde abordaba temas relacionados con la sociología, la medicina, la psicología, la biología y la astronomía.

   Entre los reconocimientos y distinciones que obtuvo por su labor figuran la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (1981)​ y la Creu de Sant Jordi (2011).​ Falleció, por cáncer de pulmón, el 22 de mayo de 2019​ y fue enterrado en el cementerio de Vilella Baja (Tarragona). En uno de sus muchos libros, El viaje al poder de la mente aparece el siguiente artículo, ejemplo de su calidad como escritor y divulgador. 

Gracias Eduardo.

Petrus Rypff 

La otra cara de Alemania 

EDUARDO PUNSET

   Habían transcurrido apenas cuatro meses desde las primeras elecciones libres de marzo de 1990.

   Es la primera vez que hablo en esta Cámara. No tengo ninguna experiencia política. Soy profesora de relaciones internacionales, especializada en Japón”, soltaba de carrerilla una de las diputadas recién elegidas sin que le temblara la voz.

   Se llamaba Sylvia-Yvonne Kaufmann y, efectivamente, en el reverso de su tarjeta, trazos japoneses daban cuenta de su vocación oriental. Había llegado a la política por una mezcla confusa de sentimientos. Al contrario que muchos amigos suyos, le repugnaba votar con los pies, abandonando definitivamente en el descrédito a la maltraída República Democrática Alemana. Muy a menudo, se había dicho a sí misma:

Si las cosas cambiaran, habría que hacer algo. Esto no puede continuar así por mucho tiempo”.

   De repente, se encontró siendo asidua de las manifestaciones que se formaban en Leipzig, su ciudad natal, todas las tardes, y cada día en mayor número, a la salida del trabajo recorría las calles, lo cual conmovía las quebrantadas estructuras del comunismo oficial. Aquel régimen de marras cayó por los empujones que le propinaron de las siete a las nueve de la tarde durante dos semanas escasas.

   Sin perder ni un día de trabajo”, recordaba ella desde una perspectiva optimista en un paraje diezmado por los errores y el sufrimiento.

   No me extraña –pensé- que se entienda a los japoneses, son tal para cual”. A su lado, Valéry Giscard d’Estaing y mis otros colegas del Parlamento Europeo, cebados en la defensa de libertades e intereses ya consolidados, parecían personajes arcaicos, aferrados a la letra del Tratado de Roma, que cerraban los ojos ante la oportunidad histórica que desfilaba por delante de la puerta de su casa.

   Mientras Sylvia hablaba, yo intentaba recomponer los recuerdos de treinta años atrás durante mi primera visita a Alemania Oriental; fueron las primeras vacaciones de joven en un medio adulto. El partido comunista me había ofrecido tomar un respiro en los bosques de Turingia, en plena Selva Negra, para recuperar fuerzas a raíz del activismo, en su mayor parte estéril, de la escasa oposición democrática y estudiantil en el Madrid del inicio de la década de 1960.

   La construcción, supuestamente provisional e inesperada del muro de Berlín aquel verano para evitar la continuación del éxodo hacia el llamado mundo libre, complicó sobremanera el regreso de aquel viaje clandestino. La demolición del muro se retrasaría hasta 1989.

   Es posible que llegue un día en el que el conocimiento permita recomponer el pasado personal con precisión milimétrica. ¿A qué atribuir la incapacidad de reconectar décadas después a un conglomerado de células que vibraron al unísono con las mías?

   Nos habían instalado, en 1961, junto a otros comunistas procedentes de varios países europeos, en una residencia en pleno bosque de Turingia. François Billoux y Raymond Guyot, del bureau político del Partido Comunista francés, compartían las vacaciones con nosotros. El primero tenía a su cargo los editoriales de L’Humanité, que había dejado escritos, numerados y listos para publicar durante los quince días consecutivos de su estancia en la R.D.A. Era gran amigo personal de Walter Rochet, recién llegado a la sede central del partido, de origen campesino como él y bonachón. Era un buen conversador. Le divertía contar las bromas que le gastaba a Waldeck cuando llegó al Comité Central desde su pueblo vecino de Auvernia, sin haber hablado nunca por teléfono.

   -Waldeck, ¿me oyes? –le pregunto Billoux por teléfono.

   -Sí, perfectamente –respondió enseguida el nuevo miembro del Comité Central.

   -Yo, en cambio, no te oigo –sugirió Billoux, quien añadió enseguida -:¿Estás sentado en tu extraña silla o de pie sobre la mesa?

   Tras unos segundos de silencio, llegó la respuesta vacilante de Waldeck Rochet:

   -Estoy sentado en la silla.

   -Por Dios, cuando estés al teléfono, debes gritar y hablar de pie sobre la mesa –le espetó Billoux.

   Cuando los vecinos del despacho contiguo, alarmados por los gritos, abrieron la puerta se encontraron a Waldeck Rochet dando voces, gesticulando con el teléfono en el oído y subido de pie en la mesa.

   Raymond Guyot era el responsable de política internacional del Partido, pero recuerdo que, a pesar de mis veinticinco años, no me impresionó su visión de lo que estaba ocurriendo en el mundo ni en España. Él no creía ni por asomo que el régimen de Franco pudiera derrumbarse.

   Al regresar un día de buscar setas en el monte, los camaradas alemanes explicaron que habían iniciado la construcción del muro de Berlín para defender las conquistas sociales de la acosada república. Había estallado la crisis internacional más grave desde la segunda guerra mundial. Se complicaba el regreso a España y, de momento, se prolongaban las vacaciones. Para mí estaba claro que, en el mejor de los casos, los alemanes serían los únicos en echar una mano a sus vecinos del Este. Pero ¿quién iba a socorrer a los polacos, checos, húngaros y albaneses?



Efecto Mozart - Música para Estimular el Cerebro

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