domingo, 24 de octubre de 2021

EL AMOR Y LA BELLEZA EN LA MITOLOGÍA

 


EL AMOR Y LA BELLEZA



El dios griego del amor, Eros, fue una de las primeras deidades en nacer, a fin de que los demás moradores del Olimpo procrearan.

     La diosa más bella era Afrodita (Venus) que vio confirmada su fama en el juicio de Paris. Se celebró una boda sin invitar a Eris, la diosa griega de la discordia, quien, despechada, arrojó en medio de los invitados una manzana dorada con la inscripción "Para la más bella". Atenea, Hera y Afrodita se la disputaron hasta que Zeus pidió al troyano Paris (un humano) que zanjara la cuestión. Al escoger a la última enfureció a las otras dos. Como premio, Afrodita prometió a Paris el amor de la mujer más linda del mundo. Por desgracia, Helena, la interfecta, ya estaba casada y la cosa derivó nada menos que en la guerra de Troya.

Historia de amor de Helena de Troya y Paris


Helena de Troya y Paris: la historia de amor que provocó una guerra

   Hay historias de amor tan intensas que perviven para siempre. Es el caso de Paris y Helena de Troya, dos personajes que pudieron ser leyenda o pudieron ser verdad, pero cuyo amor trascendió épocas hasta perpetuarse como el símbolo del amor predestinado. Juntos a pesar de todo, juntos cueste lo que cueste, aunque lo que cueste sea una guerra. Esta es la historia de amor que provocó la guerra de Troya.

   La historia de Narciso ilustra los peligros de la belleza. El apuesto joven, muy orgulloso de su aspecto, rechazaba sistemáticamente los avances amorosos de las doncellas. Por ello, Némesis (diosa de la venganza) hizo que se enamorara de su propia imagen, reflejada en la superficie de un estanque donde acabó arrojándose al agua.


Narciso

   Narciso era hijo del dios boecio del río Cefiso y de Liriope, una ninfa acuática. El famoso vidente Tiresias ya había hecho la predicción de que viviría muchos años, siempre y cuando no se viese a sí mismo. A los 16 años Narciso era un joven apuesto, que despertaba la admiración de hombres y mujeres. Su arrogancia era tal que, tal vez a causa de ello, ignoraba los encantos de los demás. Fue entonces cuando la ninfa Eco, que imitaba lo que los demás hacían, se enamoró de él. Con su extraña característica, Eco tendía a permanecer hablando cada vez que Zeus hacía el amor con alguna ninfa. Narciso rechazó a la pobre Eco, tras lo cual la joven languideció.

   Su cuerpo se marchitó y sus huesos se convirtieron en piedra. Sólo su voz permaneció intacta. Pero no fue la única a la que rechazó y una de las despechadas quiso que el joven supiese lo que era el sufrimiento ante el amor no correspondido. El deseo se cumplió cuando un día de verano Narciso descansaba tras la caza junto a un lago de superficie cristalina que proyectaba su propia imagen, con la que quedó fascinado. Narciso se acercó al agua y se enamoró de lo que veía, hasta tal punto que dejó de comer y dormir por el sufrimiento de no poder conseguir a su nuevo amor, pues cuando se acercaba, la imagen desaparecía.

   Obsesionado consigo mismo, Narciso enloqueció, hasta tal punto que la propia Eco se entristeció al imitar sus lamentos.

   El joven murió con el corazón roto e incluso en el reino de los muertos siguió hechizado por su propia imagen, a la que admiraba en las negras aguas de la laguna Estigia. Aún hoy se conserva el término «narcisismo» para definir la excesiva consideración de uno mismo.

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MITOLOGÍA AZTECA (MÉXICO)

    El azteca Xochipilli era el dios del amor y la belleza; su hermana Xochiquetzal simbolizaba la beldad femenina. Bajo sus respectivas égidas, chaperos y coimas.


Xochipilli, el príncipe de las flores es la deidad del arte, el amor, los juegos, la danza, las flores, el placer y de la ebriedad sagrada…



Xochiquetzal, la diosa de la sensualidad, representa el placer y la seducción.


     Para los aztecas, como para muchas otras culturas ancestrales en todo el mundo, los placeres exquisitos de la carne eran regalos que los dioses les brindaban por ser una de sus más preciadas creaciones; y como tal, disfrutaban del regocijo sexual sin tabúes ni prejuicios hasta que la conquista española del imperio trajo consigo una serie de filosofías moralistas que se impusieron para dictar cómo las personas debían vivir sus vidas en relación con los demás. En los huehuetlatolli, breves discursos sobre la vida que los nahuas prehispánicos utilizaban para educar a sus descendientes, se habla directamente de esto. Para muestra un fragmento del libro escrito por el historiador especialista en el México precolombino, Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas:

“Oye bien, hija mía, niña mía: no es un lugar agradable la tierra [… pero] para que no estemos viviendo en lloros por siempre, para que no fenezcamos de tristeza los hombres, él, Nuestro Señor, se dignó darnos la risa, el sueño y nuestro sustento, nuestra fuerza, nuestro brío. Y esto más: lo terrenal (el sexo), para que sea la reproducción. Todo esto embriaga la vida sobre la tierra para que nadie ande llorando”.

     Es bien sabido que todas la mitologías de las culturas ancestrales, y en este caso prehispánicas, son una explicación más simbólica y metafórica de lo que sucede en dicha construcción social y su relación con la naturaleza y lo que les rodea. En el caso de las culturas mexicanas, Xochiquetzal, “Flor de Plumas” o “Flor Preciosa”, es la diosa que representaba las flores, el amor, la sensualidad y la belleza, entre muchas otras cualidades asociadas a la fertilidad y la creatividad juvenil. La diosa Xochiquetzal es representada en un cuerpo femenino ataviado con un tocado de plumas de quetzal en la cabeza, se le atribuye gracia y alegría, sensualidad y belleza. Por su naturaleza de mujer hermosa, se utiliza comúnmente para metáforas en las que se desea hablar de encuentros sexuales y “tentaciones” carnales. Hoy en día se conocen más de 40 representaciones de esta deidad que se amalgaman entre las distintas culturas mexicanas, pero, sin importar sus diferentes figuras e imágenes, es bien conocido que su arquetipo es el de una mujer joven en plena potencia sexual. Podríamos decir que Xochiquetzal es una amante divinizada que evoca el amor, la voluptuosidad, la sensualidad, el deseo sexual, el placer y la belleza en general.

   De acuerdo al mito de su origen, se relata que esta hermosa y sensual diosa, hermana de Xochipilli (Príncipe de las Flores), nació de los cabellos de una diosa madre, Tlazolteotl, a quien se adjudica una buena cantidad de consortes y amantes, entre ellos destacan Tláloc, el dios de la lluvia, Ixotecuhtli, dios de la Libertad y Tezcatlipoca, dios de la providencia, de lo invisible y de la oscuridad; quien la raptó dando inspiración a una historia muy parecida al mito griego de Hades y Perséfone. Además, se cuenta que era atendida exclusivamente por otras mujeres para evitar que fuera vista por los hombres y que estos sucumbieran ante la tentación que su sensualidad representaba.

 

Tlazolteotl y Xochiquetzal, deidades aztecas prehispánicas del amor, la belleza y los placeres carnales.

   Entre otras cosas, Xochiquetzal era invocada para obtener belleza y sensualidad; también para lograr partos y cosechas fructíferas, para hablar de amor y para conseguir matrimonios estables, para la libertad y el placer sexual, para sobresalir en las artes y para conquistar a la persona deseada. 


MITOLOGÍA NÓRDICA



Freya, diosa nórdica del amor

   Bellísima y seductora, Freya es la diosa del amor y la lujuria. Esta vanir lideraba en ocasiones a las valkirias y acogía a la mitad de los guerreros caídos en combate.

   Poseedora de una hermosura única y una tremenda capacidad de liderazgo, Freya (o Freyja) es, junto con Frigg, la deidad femenina (ásynja) más venerada de la mitología nórdica. Diosa del amor, la fertilidad, la lujuria y la belleza, Freya era invocada para dar asistencia en los partos, dotar de felicidad al amor y garantizar las buenas estaciones. Y te vamos a contar su historia.

  Paradójicamente, los orígenes de la diosa nórdica del amor están íntimamente relacionados con el combate. Se narra que los vanir y los æsir se enfrentaron en una gran guerra. El origen de la contienda eran los malos tratos que Gullveig estaba padeciendo a manos de estos últimos. El tratado de paz que puso fin al enfrentamiento incluía un intercambio de rehenes: se acordó el traslado del dios Njörðr desde el Vanaheim, hogar de los vanir, a Asgard, hogar de los æsir. Allí fue donde Njord, casado con su hermana Nerthus, engendró a dos bellos y no menos poderosos hijos: Frey y Freya.

   Freya, que prestaba mucha atención a las oraciones de los amantes, era frecuentemente invocada por ellos. Normalmente, estos rezos tenían lugar mediante cánticos durante las ocasiones festivas. Pero lejos de ser una diosa apacible, Freya solía encabezar a las valkirias. Además reclamaba la mitad de los vikingos muertos en la batalla (puesto que la otra mitad pertenecía a Odín). Una vez en posesión de ellos, los trasladaba hasta su morada, y allí los agasajaba convenientemente.

   Se dice que la diosa Freya lloraba lágrimas de oro rojo cuando su esposo, el dios Od, la abandonaba por largas temporadas. No obstante, y como toda gran diosa del amor y de la lujuria, ella era la auténtica dueña de sí misma. De esta manera, gozó de la compañía de muchos amantes, aunque su preferido siempre fue su hermano Frey.


Diosa Freya

La manifestación principal de la diosa Freya es la regeneración y la libertad vital. Tenía fama de ser una joven muy bella, lujuriosa y voluptuosa, y era la ásynjur que más plegarias de amor recibía. Era costumbre beber a su salud en las ocasiones más solemnes.

   Freya o Freyja también era conocida como la “Dama de los Vanir” (o Vanadis).

   La diosa Freya portaba un collar de oro conocido como Brisingamen, que representa el sol y el paso del día a la noche. También era poseedora de una enorme capa fabricada con plumas de halcón (Valshamr) que le permitía transformarse en cualquier ave y surcar los cielos a su antojo. No obstante, ella solía desplazarse en un carro tirado por dos grandes gatos: Trjegul y Bygul. Freya vivía en un palacio en el Asgard llamado Fólkvangr, donde acogía a la mitad de los soldados caídos en combate.

   Hay varias leyendas relacionadas con el Brisingamen, el famoso collar de Freya. La primera de todas ellas dice así:

   Había una gruta no muy lejos del palacio de Freya en la que vivían cuatro hábiles enanos. Un buen día, la diosa observó en la gruta un collar de oro que se convirtió en toda una obsesión para ella. Por él les ofreció grandes cantidades de oro, pero los enanos deseaban un pago muy diferente: que Freya pasara una noche con cada uno. La diosa finalmente aceptó, consiguiendo de esta manera el ansiado collar, pero el dios Loki se enteró de todo aquello e informó al dios Odín, quién ordenó al propio Loki arrebatarle el Brisingamen. No obstante, la gran diosa del amor adivinó lo que había ocurrido, y desmontando toda aquella maniobra, pudo obtener su collar de regreso. Odín exigió el mismo pago que los enanos, pero finalmente entregó el collar a Freya sin que su petición se viera satisfecha.


La historia de Angantyr y Ottar

   Ottar y Angantyr estuvieron discutiendo larga y ardorosamente a causa de sus derechos de propiedad. Como los dos hombres eran incapaces de encontrar por ellos mismos la solucionar a su disputa, decidieron exponerla ante los dioses vikingos.

   La asamblea de Asgard decretó que la disputa se resolvería a favor de aquél que pudiera probar que su estirpe era más extensa y noble. Pero Ottar era incapaz de recordar a sus antepasados, por lo que ofreció sacrificios a la diosa Freya y rogó por su ayuda.    

   Freya, que escuchó todas sus oraciones, se apareció ante él y lo transformó en un jabalí. Y cabalgando sobre su lomo se encaminó hacia la morada de Hyndla. Ésta era una célebre hechicera capaz de trazar toda la genealogía de Ottar, resumiendo además las hazañas de cada hombre. Finalmente, gracias a la ayuda de la diosa, Ottar pudo obtener sus codiciadas propiedades.


 

Freyja, diosa nórdica que representa al amor y la belleza


Génesis y evolución Iconográfica en el arte grecorromano 

   Desde finales el siglo VI a.C., Atalanta aparece habitualmente asociada a la Cacería de Calidón, representada con los compañeros de la expedición cinegética, o luchando con Peleo en los juegos fúnebres celebrados en honor de Pelías, así la muestra habitualmente la pintura vascular griega. No fue habitual la representación de la carrera con Hipomenes en el arte grecorromano, si bien en algunas obras notables, la pintura griega pone ante nuestros ojos a muchachas en carrera que tradicionalmente han sido identificadas como Atalantas, convertida la heroína en paradigma icónico y conceptual de la mujer atleta. Mención especial merece un lécito ático de fondo blanco (un vaso de uso funerario) atribuido al pintor ateniense Douris (activo 500-460 a.C.) hoy en el Museo de Arte de Cleveland. Es una pieza de factura exquisita y estado de conservación excelente en la que, con un trazo dibujístico seguro, la joven heroína aparece en actitud dinámica, de carrera, mientras está siendo perseguida por tres figuras aladas, personificaciones del Amor (Eros). Atalanta va ataviada con elegante indumentaria: lleva larga túnica con mangas (a la manera oriental) cuyo fino tejido decorado que deja al descubierto sus formas atléticas y rotundas; sobre dicha túnica se dispone otra pieza corta, de menudo plegado, que envuelve su cuerpo; la joven tiene el cabello recogido con una diadema y luce tocado sobre su cabeza; su indumentaria es más propia de una novia que la de una muchacha montaraz, muy diferente al que habitualmente presenta en las escenas de lucha y caza, tan frecuentes en la cerámica griega. Destaca especialmente la actitud de la joven, que levanta con una de sus manos la túnica para poder avanzar en la carrera, mientras con la otra mano alzada hace tajante ademán de rechazar la ofrenda (una corona floral) del Eros que está a punto de alcanzarla. Fig. 1. Atalanta en carrera y Eros. Lécito ático atribuido a Douris. Hacia 500-460 a.C. Los tres Eros que la persiguen son figuras de hermosos adolescentes en actitud de vuelo (con grandes alas explayadas) que sostienen en sus manos diversos elementos vegetales y que tratan de alcanzar a la joven desde ambos lados, rodeándola por completo. Los títuli que acompañan a las figuras no dejan lugar a duda sobre su identidad, ya que en ellos se expresan los términos Atalanta y Eros. Si bien no aparece Hipomenes en la carrera, la representación pictórica descrita es una evocación simbólica y elocuente de la mítica carrera, del rechazo al Amor por parte de la joven y de la victoria irremediable de este.

 

UN MARIDO PARA ATALANTA

      Guido Reni, Atalanta e Hipómenes (Museo del Prado)

     La luz que desprende el fabuloso cuadro de Guido Reni y la narración de Ovidio sobre la fuga de Atalanta (Metamorfosis) nos transportan a un continuum clásico donde se fusionan literatura, mitología y también actualidad. La condición femenina es siempre un tema estrella, pero los que suelen opinar sobre ella son hombres, cuya opinión siempre va a ser sesgada.  Si las que opinan son mujeres, y se ajustan al modelo más tradicional, son calificadas de ñoñas. Si las mujeres opinadoras se han salido de lo convencional en sus vidas, se las acusa de libertarias o amargadas. Así que nunca podremos contar con una opinión fiable, a no ser la que ofrecen los artistas.



J.W. Godward, Atalanta

    Mejor quedarse con la exhuberante Atalanta de Guido Reni, una atleta que no parece tal cosa. Sus redondeces y la sensualidad de sus curvas la apartan de la imagen a la que nos tienen acostumbrados las atletas olímpicas, esa gimnasia que arruina las formas femeninas y las hace andróginas.

    El oráculo que amenazaba a Atalanta es una profecía que aterroriza a casi todas las mujeres: si se casaba se convertiría en un animal. Quizá mejor por fidelidad a Ártemis, la diosa cazadora y montaraz, la Luna, el bosque y los animales, prefirió vivir de modo salvaje: cazar, dormir en el bosque, enrolarse con Jasón y los Argonautas, o participar en una cacería viril como la del jabalí de Calidón. Sorprendió a todos los varones porque fue la primera en hacer sangre, con un valor superior al de cualquier hombre. Pero después de regresar a casa de sus aventuras, como cualquier héroe épico, se dio de bruces con los planes de su padre: debía tomar esposo. Se acabó la soltería y la insensatez.

   Las condiciones de Atalanta eran feroces: en una carrera participarían los pretendientes. Todos fueron vencidos y condenados a morir. Al final apareció Hipómenes, un ganador. Contaba con un arma maravillosa, como un héroe, las manzanas del jardín de las Hespérides, regalo de la astuta Venus, la que favorece la unión sexual.


Frederic_Leighton - The garden of the hesperides. F. Leighton, El jardín de las Hespérides

   Hipómenes no muestra su deseo y su pasión por el cuerpo desnudo de Atalanta en el lienzo de Guido Reni. Está ceñudo, enfadado, persigue una meta. El objetivo se impone a sus ansias.  Atalanta ha interrumpido su carrera para recoger dos manzanas, la ventaja de Hipómenes ha sido fugaz, ella supera la desventaja y supera a su oponente. Otra vez en cabeza, ante la tercera manzana, un enorme QUIASMO semejante al Discóbolo de Mirón la hace reflexionar. 

   Este instante es el que ha captado Guido Reni. Atalanta tiene que saber por fuerza lo que está pasando, conoce perfectamente la estratagema de Hipómenes, pero se deja ganar.  Atalanta perdió una carrera, pero ganó un marido.

    Las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides centelleaban al sol. Ella aminora la velocidad y se inclina a recogerlas. Sabe que pierde la ventaja. El titubeo de Atalanta en la tercera manzana es muy breve, pero suficiente para que Hipómenes se recupere y gane la carrera. Atalanta ha llegado jadeante a la meta, pero ¿ha llegado satisfecha? Ha tenido tres momentos de reflexión, uno por cada manzana arrojada por Hipómenes, tres tentaciones.

 

Ina-Balke-wearing-Nina-Ricci-1961-photo-by-Norman-Parkinson

   

  Dicen que el AMOR ES CIEGO, pero que EL MATRIMONIO LE DEVUELVE LA VISTA.

    Atalanta ha visto el mundo, ha viajado más allá del Ponto, ha visto a las Amazonas, el amor de Jasón, la venganza de Medea, cómo se comportan los hombres en una cacería, cuáles son sus conversaciones, cómo hablan de las mujeres y cuáles son sus deseos e inquietudes.

   Hipómenes ya no es un muchacho. Ella ha sucumbido a EROS muchas veces, el amor de la unión carnal, pero también ha sentido los pinchazos de HÍMEROS, el deseo por lo que vemos. Puede que también haya sentido a POTHOS, la pasión carnal por el ausente. Los tres hijos de Venus son viejos conocidos de Atalanta.

Pero ¿y la unión definitiva?


Atalanta huyendo de Eros. (Lekytos de Atalanta atribuido a Douris, ca. 500-490, cerámica ática. Cleveland Museum of Art)

  Algunos dicen que el MATRIMONIO se rige por las leyes de la COMPENSACIÓN. Creo que esto es lo que pensó Atalanta. Sopesó, valoró. Ya no era una niña, quizá oyó a su reloj biológico que la despertaría a la maternidad. Debía buscar un hombre. Su padre no la querría toda la vida en casa. Debía tomar las riendas de su vida.

  Valoró la belleza de su pretendiente, un hombre en la flor de la juventud, vigoroso y apasionado, y también su determinación, el riesgo que corrió y su peculio. Protegido por Venus, portaba unas manzanas de oro. También había codicia en los ojos de Atalanta cuando miraba fijamente a las manzanas de oro.

 

Paco Rabanne, Gold chain dress – 1966

 

ATALANTA VE EL FUTURO

    Los primeros años todavía sentiría que se le agitaba el corazón al oír la puerta de casa cuando Hipómenes regresaba. Correría a sus brazos y caerían juntos en cualquier rincón. Más adelante, ya no se movería de su sofá. Sentiría confort, seguridad, la paz de una vida sin sobresaltos.

  Además, constatará los tópicos que nombran sus amigas sobre sus maridos: los hombres creen que el papel higiénico transita inteligente hasta el cuarto de baño, que el rollo vacío mágicamente desaparece y aparece uno nuevo. Los hombres buscarán siempre una explicación científica a los estados de ánimo de sus mujeres: las hormonas. Zanjado el asunto. Porque Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Sus amigas le han recomendado este bestseller.

 

Henri Cartier-Bresson – Louvre, Paris 1975.

   Si Hipómenes sigue enmadrado, ella no hará como su amiga de Megara, que intenta competir con la suegra. No, ella hará justo lo contrario: si la mamá de él es una estupenda cocinera, ella no sabrá ni freír un huevo; practicará deportes de riesgo, como el esquí o el parapente, ala delta o alpinismo, disciplinas que seguro no dominará su suegra. Respetará al único amor de la vida de su marido: el equipo de fútbol del alma. Se ha prometido a sí misma no interferir en esa pasión irracional.

 

George Cukor, Two faced-woman (1941)

    Jamás reforzará su posición criticando a otras mujeres. Los hombres no lo hacen. Ella tampoco lo hará nunca. Buscará su propio espacio, no olvidará quién fue. Él lo aceptará. Ambos tendrán su ámbito personal, y compartirán lo mejor. No invadirá la intimidad de Hipómenes, él tampoco la suya.

  Compartirán hasta que no haya nada que compartir, y después también, por los niños, que se sentirán seguros con sus dos padres, en el único escenario que conocen. Al final de la vida, estarán otra vez solos, como en la pista de la carrera. Él le lanzará de nuevo las manzanas de oro y ella volverá a recogerlas.



The Champs Elyseés, Paris, 1929. by André Kertész

   La maravillosa actriz Susan Sarandon reflexiona sobre el matrimonio en la estúpida película Shall we dance? (Peter Chelsom, 2004) junto a Richard Gere y Jennifer López, en una conversación en la barra de un bar con el curioso detective que ha contratado para espiar a su marido.  Ella dice que vivimos en pareja porque NECESITAMOS TESTIGOS DE NUESTRA VIDA, de lo que hacemos, sentimos o emprendemos. Si no, nuestra vida sería oscura e invisible.

 

Susan Sarandon -Picture

 

AMOR Y PSIQUE

 

APULEYO. ARS BREVIS

   La fábula de Amor y Psique es uno de los mitos más bellos y significativos de la Antigüedad clásica, así como uno de los que mayor influencia ha ejercido sobre la literatura y las artes, no sólo durante la época grecolatina sino también a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento, e incluso hasta el siglo XVIII. Una buena prueba de que aún no ha decaído es la adaptación que el escritor inglés C. S. Lewis realizó de este mito a mediados del siglo pasado, después de haberla madurado durante toda su vida.

   La única versión completa que conservamos de esta historia mitológica se halla inserta en medio de la variada trama de relatos que integran la novela de Apuleyo El asno de oro, escrita en Cartago en el siglo II de nuestra era. Trágica y obscena, mística y burlona, esta obra conserva todas las características de la literatura latina imperial, sin olvidar la esencia espiritual alejandrina de la que también es heredera.

  En su largo y erudito epílogo, Antonio Betancor repasa exhaustivamente todas las facetas que ha suscitado este mito: desde las abstrusas pirotecnias de los mitógrafos y gramáticos de la Antigüedad a las vibrantes visiones neoplatónicas que llegan hasta Ficino; desde las distintas interpretaciones psicológicas junguianas a los estudios literarios más recientes sobre el contexto cultural en que surgió. Asimismo, analiza la esquiva personalidad de su autor, hombre de letras y showman que, como señala Edgar Wind, aprendió de Platón que las cosas más profundas se expresan mejor en un tono de ironía.

   Apuleyo nace en Madauros (Argelia) en torno al año 125 de nuestra era. Su vida coincide con la Segunda Sofística, cuando una serie de autores de origen griego busca restaurar el prestigio de la cultura helénica en las ricas ciudades de la cuenca oriental del Mediterráneo que estaban bajo el dominio romano. Gracias a su holgada posición económica estudiará retórica en Cartago y, más tarde, geometría, poesía y música en Atenas. En Grecia toma contacto con el platonismo y los grandes centros de la sofística griega, como Samos, Pérgamo y Esmirna. En Oea, la moderna Trípoli, se casa con una viuda rica. Posteriormente será acusado de haberla seducido mediante artes mágicas, pero es absuelto del proceso en el año 158 gracias a su brillante oratoria, que se conserva íntegramente en su Apología. Durante la década que siguió a este acontecimiento, Apuleyo logra consagrarse en Cartago por sus dotes como rétor. Muere en torno al año 180. De su obra destacan sus discursos, como la Apología y la Florida, sus tratados filosóficos, como De Deo Socratis, De Platone y De mundo, y esa extraordinaria mezcla indiscriminada de novela picaresca, tratado mistagógico, pornografía y brillante ejercicio estilístico que es su novela Las Metamorfosis, que San Agustín titularía El asno de oro.

   «Imbuida de la creatividad y la generosidad de su hacedor -el Artesano del Timeo-, el alma (psyche) es, en el mito platónico, un ser inmortal que pierde, en el momento de su encarnación humana, su coordinación con los poderes del universo. Al identificarse con su cuerpo mortal se exilia de su naturaleza originaria, de sí misma y de su innata comunión con todo lo creado, «pierde sus alas», se dice en el Fedro. En El Banquete Platón nos presenta a un Sócrates que, tras una abrumadora confesión de ignorancia en prácticamente todo, se pronuncia acerca de lo único que dice entender: los misterios del amor y del deseo (ta erotika). Diótima, una sacerdotisa, le ha revelado la importancia de Eros, un poderoso daimon que antecede a la razón dictándole secretamente un curso y un objetivo que ella, por sí misma, no puede alcanzar: recuperar el mundo perdido».

 «Literaria, filosófica, artística y espiritualmente la leyenda de Eros y Psique ha tenido un largo y fecundo desarrollo iconográfico e intelectual. ¿Es un mito puramente espiritual –como pretende la apropiación cristiana– o un complejo maridaje entre lo sensorial y lo psíquico para llevar al iniciado hacia una plenitud, que los viejos misterios velaban a los no iniciados?»

Luis Antonio de Villena, Babelia (El País)



"EL OLIMPO DE LOS DIOSES"- Suite for Symphony Orchestra - Oscar Navarro

Orquesta: JOVE ORQUESTA DE LA GENERALITAT VALENCIANA

Director: Manuel Galduf

       “El Olimpo de los Dioses” es una Suite dividida en diez movimientos, donde en cada uno de ellos quedan representados musicalmente uno o varios de los doce dioses del Olimpo.

La Suite comienza con un gran “trueno”, que representa la fuerza y energía del gran Dios ZEUS, padre de los dioses. Este trueno, será el hilo conductor de la obra, el cual se escuchará cada vez que “Zeus” dé paso a conocer a cada uno de sus hijos.

I. “Hermes” - Dios mensajero de las fronteras

II. “Artemisa” -  Diosa de la naturaleza y animales salvajes

III. “Hades” - Dios de los Muertos

IV. “Poseidón” - Dios del mar y los terremotos

V. “Deméter” - Diosa de la Agricultura

VI. “Hefesto” - Dios del fuego y la forja

VII. “Apolo” - Dios de la música, belleza y perfección

VIII. “Afrodita” - Diosa de la sexualidad, lujuria y deseo

IX. “Ares y Atenea” - Dioses de la guerra

X. “Zeus y Hera” - Rey y Reina de los dioses


A mi amiga de toda la vida, Inma M.V.

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