lunes, 27 de septiembre de 2021

MOJARSE EN OTOÑO...PELIGRO

 


MOJARSE EN OTOÑO...PELIGRO



Has entrado al otoño

me dijiste, y me sentí temblar

hoja encendida que se aferra a su tallo

que se obstina

que es párpado amarillo

y luz de vela

danza de vida y muerte

claridad suspendida

en el eterno instante del presente.

(Claribel Alegría)


   He "capturado" del cara-libro una reflexión muy interesante de un brillante escritor del pueblo, al que tengo como amigo en esta red social. La expongo aquí junto a la no menos brillante respuesta de alguien que se presenta como Alianza MM.


DIEZ MIL LECTORES

Manuel Moyano

   El día en que me di cuenta de la escasa importancia –al menos, estadística– de la literatura, fue cuando recogí a Juan Manuel de Prada en El Altet. Por aquellas fechas acababa de publicar su magistral “Las máscaras del héroe” y, para mí, era un semidiós. Así me lo pareció cuando lo vi avanzar por el pasillo con toda su anatomía. Para mi sorpresa, ninguna de las personas que venían en su vuelo, ni las que estaban en el aeropuerto, le dedicó una sola mirada. Prada me dijo que en España no había más de diez mil verdaderos lectores. Pensé que dramatizaba. Hoy no estoy tan seguro. 

Novela coral y crónica literaria de toda una época, Las máscaras del héroe es un retrato de la bohemia madrileña de principios del siglo xx. Sus protagonistas son los fracasados de la literatura, aquellos que empeñaron su vida por su vocación hasta llegar a morir vacíos de tinta o de sangre. ...


Alianza MM

   Me encantaría entender lo de admirar a un escritor "al margen de sus ideas", pero es que no lo acabo de pillar del todo, vamos a ver, hay escritores cuyo universo personal no entra a valorar demasiado la realidad sociopolítica de este, de alguna manera se definen como escapistas del mismo, no es poco, pero a veces puedo compartirlo, es una componenda que, aunque forzada, tiene un algo de dignidad. Paren el mundo que yo me bajo, se decía en mayo del 68.

   Pero es que hay otros que defienden ideas en sus escritos que son claramente ilógicas y/o egocéntricas, por muy brillantemente que lo hagan. ¿Cómo se valora ese brillo al margen de lo que defienden? No negar el brillo es de justicia, pero sin margen de debate frente al contenido, ¿Qué le queda a la crítica literaria?

   Pues eso, venderán muchos o pocos libros, pero como generadores de pensamiento y cultura hay gente hoy por hoy reaccionaria, todo lo que no sea una neoplatónica adoración a las élites (donde están ellos, claro) marca el advenimiento del apocalipsis.

   ¿Cómo no valorar eso? ¿Qué queda al resto, a los que no estamos en la élite? ¡Pues con su pan se lo coman! 

Manuel Moyano

   Sí, sin embargo, el Prada de “Las máscaras del héroe” sólo transmitía literatura, y de la buena. Aún no había adoptado las maneras que lo caracterizan hoy...


Y también brillante me parece el siguiente artículo, también de Manuel, pero esta vez el apellido es Medrano



No mojarse / Manuel Medrano

http://manuelmedrano.wordpress.com

    Es bonito flotar, la sensación de ingravidez y seguridad, de paz. Pero en el agua, o en gravedad cero. En otros casos, no sé si es igual de honrado.

  Si se cobra por mojarse, tampoco es gran mérito, salvo para los patronos o la tropa. Los debates, a veces carajeras, en el Congreso de los Diputados o el Senado, en las cámaras autonómicas o en los ayuntamientos, son de oficio y contienen grandes dosis de teatralidad, y a veces enmascaran la inacción legislativa o ejecutiva eficaz. Porque leyes y normas, en España hay para dar y tomar, y acuerdos y contra-acuerdos también, pero por eso son bastante ineficaces con demasiada frecuencia.

   En el mundo profesional y funcionarial, lo de mojarse ya es otra cosa, porque a veces puede dar réditos pero, con frecuencia, te cuesta recibir un palo. Así que cuando el personal tiene cierto perfil público a causa de su trabajo, se cura en salud y sigue las recomendaciones y conveniencias. Vamos, como el diálogo entre el coronel Poge y el soldado Bufón en “La chaqueta metálica” de Stanley Kubrick:

  • Coronel: - ¿No quieres a tu país?
  • Soldado Bufón: - Sí, señor.
  • Coronel: - Entonces sigue la corriente. ¿Por qué no arrimas el hombro como los demás para la gran victoria?
  • Soldado Bufón: - Sí, señor.
  • Coronel: - Hijo, lo único que le pido a mis marines es que obedezcan mis órdenes como si fuera la palabra de Dios.


   Y así, pues Paz y Amor. Aunque también podemos traer otras citas interesantes y discordes con el espíritu del discurso del coronel Poge, como la de “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya

“Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”.



LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO. Gabriel Celaya.

   O, si prefieren algo más antiguo y, quizá, aún más rotundo, ahí tienen la cita de Apocalipsis 3:15 que dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

  ¿Hay que tomar partido? Yo creo que sí, hasta mancharse y pronto, porque el tiempo huye y las situaciones se empantanan para, a continuación, iniciar una putrefacción cada vez más pestilente.

  Estas breves reflexiones van de actitudes vitales globales pero no olvidan el aspecto cultural en concreto. Así, los primeros que tienen que educar y transmitir elementos de conocimiento, necesarios para ser compartidos y quizá criticados, son las instituciones públicas. Para muestra de lo que quiero decir, un ejemplo real: dos jóvenes historiadoras acuden a la visita guiada a La Aljafería y, para su estupor, se encuentran con que las explicaciones (cito) “han eliminado casi por completo el discurso histórico… sustituyéndolo por un discurso casi exclusivo de arte”. En todo el recorrido, sólo se nombra una vez a la Corona de Aragón. A partir de ahora, renombraremos a la institución que allí reside como Cortes Artísticas de Aragón. ¿No queda precioso? Bueno, al menos ni moja ni salpica. No es ni frío ni caliente, y sigue la corriente.

EL CORDÓN DEL ZAPATO. Charles Bukowski.

Una mujer, una rueda pinchada, una

enfermedad, un deseo; temores ante ti,

temores que puedes estudiar

como las piezas de un tablero de ajedrez...

no son las cosas importantes las que

llevan a un hombre al manicomio. 

Estate preparado para la muerte o para

el asesinato, el incesto, el robo, el incendio, la inundación.

No, es la serie continua de pequeñas tragedias

lo que lleva a un hombre al manicomio...

no es la muerte de su amor

sino el cordón de su zapato 

que se rompe cuando tiene prisa.


El horror de la vida es ese enjambre de trivialidades

lo que puede matar más deprisa que el cáncer

y siempre están ahí:

la matrícula del automóvil o los impuestos

o la licencia para conducir vencida

o los contratos o los despidos,

hacerlo tú o que te lo hagan, o el estreñimiento

o las multas por exceso de velocidad,

polillas o grillos o ratitas o termitas o

cucarachas o moscas y la tela metálica que se ha roto,

o pasarse, o no llegar,

o el lavamanos tapado o la casera borracha,

al presidente no le importa y el gobernador está loco.


El interruptor de la luz roto, 

o el colchón como un puerco espín,

105 dólares por la puesta a punto,

 el carburador y la bomba de gasolina en Sears Roebuck,

y el recibo del teléfono que sube y la Bolsa que baja

y la cadena del baño que se ha roto

y la instalación de la luz que se ha quemado,

la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás, la luz del interior; 

está más oscuro que el infierno y es el doble de caro.

y además siempre hay ladillas y uñas que se encarnan

y gente que insiste que son amigos tuyos;

siempre hay eso y cosas peores:

grifos que gotean, Cristo y la Navidad,

el salami azul, 9 días de lluvia,

50 centavos de aguacates y embutido de hígado morado.


O meterse de camarera en Norm's con turno doble,

o de vaciador de orinales,

o de lavacoches o de pinche de cocina

o de ladrón de bolsos de ancianas

que las deja gritando en la acera con un brazo roto a la edad de 80 años.


De pronto 2 luces rojas en tu espejo retrovisor

y sangre en la ropa interior;

dolor de muelas y 979 dólares por un puente

o 300 dólares por una muela de oro,

y China y Rusia y Estados Unidos y

pelo largo y pelo corto y nada de pelo y barba y sin rostro,

y muchos papeles de liar pero ninguna hierba excepto tal vez la del jardín.


Con cada cordón de zapato que se rompe

de entre cien cordones de zapato que se rompen,

un hombre o una mujer o una cosa 

va a parar al manicomio.


Así que ten cuidado al agacharte.



EL OTOÑO HA LLEGADO

   Fiel a su cita anual, hace unos días, llegó el otoño meteorológico; el otro, el de la mediocridad, el del ocaso, el del crepúsculo, el del declive de la Humanidad, hace tiempo que nos visita y no hay atisbos de que quiera marcharse. El cambio climático, y según dicen algunos, la pandemia coronavírica, amén de otros acontecimientos perniciosos para todos, vinieron para quedarse.

  Dicen otros que la clase política, al menos los “ilustrados” que conforman la élite, tanto gobernantes como oposición, son un reflejo de la sociedad que los sustenta, "para eso vamos a votar cada cuatro años". Triste democracia la que emana de tanta podredumbre. La sociedad, los de abajo estamos crispados, atados de pies y manos, sólo nos permiten quejarnos, pero mejor con la boca pequeña, por aquello de que "en boca cerrada no entran moscas". Como nadie corta nada, salvo el bienestar común y los derechos de todos, no se puede aplicar aquel refrán que decía: Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

   No me gustan las sentencias ejemplarizantes, creo en la ley sin que desde la judicatura se ejerza lo que dicen algunos que sería conveniente, el ojo por ojo, diente por diente, la pena de muerte o la cadena perpetua. Sé que hay muchas personas de buen corazón, trabajadores incansables que luchan por la justicia social, el reparto equitativo de la riqueza, la protección de los desfavorecidos, la persecución de comportamientos corruptos o perversos, pero ¿qué ocurre con la masa que pasa de todo, que no se implica, que no quiere saber nada del bien y el sentido común, que sólo reclaman aquello de "qué hay de lo mío"?

   Asistimos a un escenario de desesperanza, de aceptación sin ambages del cotarro pergeñado por los de arriba, del cambalache urdido para que nada cambie. Últimamente hay masas enfervorecidas por el mensaje de líderes populistas, me da igual del signo que sean, de un extremo u otro, masas que se limitan a expresar su descontento por las crisis facticias, es decir, provocadas a propósito para obtener el conformismo y el beneplácito de todo hijo de vecino. Nos culpan como si fuéramos tontos de remate de haber provocado esas crisis, por querer vivir por encima de nuestras posibilidades, como si no fuera tan lícito como loable buscar el progreso personal, mejorar nuestro coto privado. Arengar a las masas con proclamas populistas es fácil, máxime cuando hay en las alturas invisibles sembradores del odio y divulgadores del miedo, miedo a lo que podría avecinarse si no seguimos sus directrices.

   ¿De verdad es tan difícil dejarse guiar por el sentido común y evitar la confrontación dialéctica irrespetuosa?, ¿Son los insultos, amenazas y descalificaciones las únicas herramientas disponibles?



   Ayer, primer día del otoño, recibí una llamada tan inesperada como inquietante, anónima. La voz del otro lado del teléfono me advertía de unos peligros que no atisbo en mi horizonte, me decía que me apartara de mi camino durante un tiempo. Y todo por mi bien, parecía cariñosa por momentos e inquisidora en otros. Algo perplejo me negué a obedecer sus consignas y me advirtió de los riesgos que asumía por mi empecinamiento temerario. 

   Antes de acostarme puse rápidamente mi lavadora en marcha, otra vez; quiero mantener a salvo mi colada, las prendas que la componen siguen siendo fundamentales en mi vida. ELA, como siempre, me hizo un guiño y me dijo: Adelante con los faroles, yo y otros muchos te haremos de escudo, de cielo protector. He dormido bien y emprendo un nuevo día con la ilusión de siempre.

Petrus Rypff


   Han pasado cinco días y no tengo todavía noticias, ni de mi "confidente" ni de los peligros que "raudamente" se avecinaban; la lavadora, por si fuera menester, está siempre preparada, apenas consume en stand-by.


Otoño de nubarrones

Otoño de nubarrones

otoño de noches frías

otoño de golondrinas  que se alejan, ya no pían

otoño de cortas tardes

que de los parques nos privan,

otoño que de hojas secas

nos alfombras los caminos,

en los jardines no hay niños

las terrazas se vacían

los amores de verano

ven marchar sus alegrías,

el verano seca el alma

es estío, desertifica,

pero tú,  otoño,  nos traes,

sin querer, melancolía.

(Petrus Rypff)




Balada de otoño, Joan Manuel Serrat


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