domingo, 18 de abril de 2021

SINDROME DE KORO – TRASTORNO CULTURAL

 





SINDROME DE KORO – TRASTORNO CULTURAL

   El síndrome de Koro es un trastorno mental en el que la persona tiene ansiedad súbita y un miedo o creencia irracional a padecer una retracción en los genitales hacia el abdomen y la idea de fallecer como consecuencia de ello. También se conoce como síndrome de retracción genital.


   La mayoría de personas que sufren este síndrome son hombres con bajo nivel educativo, pero también pueden padecerlo las mujeres preocupadas por retracciones labiales o mamarias.

   El síndrome de Koro tiene su origen en China o en Malasia. Se han referido epidemias en Singapur, Tailandia, la isla de Hainan en China y en la India. Se cree que el término "koro" procede de una palabra que en malayo significa "tortuga". La asociación simbólica del koro con el fenómeno de la retracción de la cabeza de la tortuga dentro de su cuerpo es evidente (Gaw, 2009).

    Existen textos muy antiguos del año 300 a.C. donde ya se mencionaba esa creencia angustiosa a que los genitales se pudieran retraer. Durante siglos hasta la década de los años 1970 se consideraba que el síndrome de Koro estaba vinculado únicamente a la cultura asiática, pero también suceden casos entre personas de diferentes culturas occidentales.

El síndrome de Koro puede ser verdaderamente preocupante

   Cuando ocurre en los hombres, durante la crisis, la persona sostiene su pene para protegerse de la supuesta amenaza. Mientras que tras la crisis del Koro la persona vuelve rápidamente a la normalidad, el Jiryan, del norte de la India, tiene la tendencia a ser más crónico. En este cuadro, lo que ocurre es la pérdida de la fuerza vital cuando se expulsa el esperma.



   Estamos a principios del siglo XVI en la ciudad de Estrasburgo. Un día de julio de 1518, Mme. Troffea vuelve andando a su casa. Súbitamente y sin causa aparente, empieza a bailar. Y no puede parar de hacerlo. Se la intenta sujetar, se intenta razonar con ella, se la somete a exorcismo, pero sin éxito. Tres días después, fallece. A la semana del inicio de su baile ya hay una quincena de vecinos bailando por las calles de Estrasburgo. Al mes ya rondan los quinientos. Los fallecimientos por extenuación, ahogos o fallos cardíacos alcanzan la cifra de más de una docena al día. A día de hoy nadie sabe lo que sucedió ese verano en Estrasburgo. Se descartan las hipótesis más plausibles (rituales orgiásticos heréticos, intoxicación por alguna levadura del pan, etcétera) y sólo nos queda una hipotética explicación: un episodio de histeria en grupo, una psicosis colectiva inducida por las durísimas condiciones de vida y por un sistema de creencias basado en la superstición, el miedo y el pensamiento mágico. La constatación de decenas de casos de coreomanía colectiva desde el inicio de la Edad Media en Centroeuropa y áreas colindantes parece reafirmar la hipótesis. Los humanos somos fascinantes.

   El síndrome de Koro, como decía antes, es la creencia que tiene un individuo de que sus genitales se están progresivamente retrayendo hasta acabar desapareciendo u ocultarse bajo el abdomen y producir la muerte. Toma el nombre, al parecer, del término “koro” con el que, en lengua malaya o en javanés, se designaría la cabeza de la tortuga y su particular capacidad retráctil y extensiva con relación al caparazón (en malayo, se emplea el término “keruk” para referirse a la acción de “encoger”). Afecta con enorme preeminencia a hombres, pero también puede darse en mujeres que, alteradas por este síndrome, creen que sus pezones o la vulva, mayoritariamente en los labios mayores y menores, se están contrayendo. De las personas afectadas, la inmensa mayoría vive en el sudeste asiático y regiones meridional del este chino, pero también se han detectado casos de esta particular alteración perceptiva en África y puntualmente en occidente. Al menos se conocen cinco “epidemias” de este síndrome desde 1960 hasta 1990 que, como el caso de Estrasburgo y el Baile de San Vito, afectaron simultáneamente a comunidades enteras.

   En cuanto trastorno, el síndrome de Koro se encuentra, dada la irracionalidad de la creencia, englobado dentro de un muy genérico epígrafe de “trastorno mental” y solía asociarse erróneamente a  los llamados “trastornos dismórfico- corporales” (una errónea percepción del propio cuerpo o sus componentes) pero lo más común, hoy en día, es asociarlo a manifestaciones de trastornos obsesivos-compulsivos, neurosis de ansiedad o delirios psicóticos. En el DSM IV (el manual psiquiátrico de diagnóstico y estadísticas), se incluyó entre las llamadas “Enfermedades culturales”. 

   Cabe distinguir, si bien existe muy poca literatura científica al respecto sobre su diagnosis, evolución y tratamiento, si este síndrome se presenta como alteración exclusiva y en las áreas  geográfico/culturales mencionadas (a eso, algunos lo denominan un Koro primario) de cuando se produce en áreas sin tanta influencia cultural, en ese sentido como occidente, y como sintomatología de otra afectación de base (en estos casos se suele hablar de Koro secundario).

Causas y efectos del síndrome

   Los efectos psicológicos que producen en el paciente suelen ser los propios de los grandes estados de ansiedad; pánico y sensación de colapso y muerte, sudoración, parestesia (hormigueo, calores o fríos), disnea (ahogos), etcétera. Los efectos físicos suelen derivarse de las medidas que el paciente adopta para intentar evitar la retracción que considera inminente; las lesiones de mayor o menor gravedad producidas por intentar retener el pene en su lugar, por realizar alargamientos para recuperar su forma original, etcétera. Las causas que los pacientes suelen manifestar como responsables de esa progresiva mengua de sus genitales son variopintas pero tienen muchas veces el pensamiento mágico o la superstición como fundamento (un hechizo, una posesión, un maleficio) y suelen venir siempre acompañados, además de un profundo desconocimiento en materia de educación sexual, de un sentimiento de culpa por haber defraudado de alguna manera (a través de la masturbación, o de una relación sexual inapropiada) las leyes humanas o divinas que rigen el orden moral establecido.

   En la catedral de Estrasburgo, de la que se cuenta que el diablo está representado en la fachada principal pero nadie sabe muy bien dónde, se produce un curioso fenómeno. Los días más fríos, y en Estrasburgo hace un frío "de mil demonios", siempre sopla un viento particularmente fuerte y helado alrededor de ella. Se cuenta que es el mismísimo diablo moviéndose a velocidad de vértigo bien porque no consigue captar su imagen, bien porque el influjo de la catedral lo mantuvo eternamente condenado a circundarla. Lo cierto es que será el frío o el relato pero uno, casi sin quererlo, se suele quedar petrificado cuando se acerca al templo. Y es que el peso de la cultura, tanto como el de la física o la bioquímica, transforma un cuerpo… y lo que es más sorprendente; esa alteración de orden cultural pero experimentada en mi propio cuerpo se puede “contagiar”, como si de un virus se tratase, a los demás miembros del colectivo. Y es que los humanos no sabemos, para bien y para mal, hasta qué punto somos fascinantes (las tortugas también, pero menos).

Normalmente, los afectados por el síndrome de Koro creen que comenzó a sucederles por el contacto con una persona que intentó robarles el pene utilizando la brujería, por lo que se trata de hombres que creen firmemente en las creencias y brujería.

   Al padecer esta enfermedad, no solo se tienen síntomas mentales que deben ser tratados por un experto, sino que generan síntomas externos que hacen que la vida del paciente no sea buena ni plena. El síndrome de Koro puede producir ataques de ansiedad y de pánico, aspectos con los que no se puede vivir en el día a día sin someterse a un correcto tratamiento. En algunas ocasiones también se pueden dar situaciones o reacciones propias de la esquizofrenia. Los síntomas pueden ser muy complicados de tratar.


POR QUÉ SE DIO ESTE SÍNDROME

   Este tipo de enfermedad mental ha surgido a raíz de las vivencias en lugares en los que la cultura y el conocimiento son limitados. Generalmente son varones de mediana edad o algo más jóvenes los que se ven afectados por el síndrome de Koro. La educación sexual en estos lugares es escasa o prácticamente nula, por lo que nunca pueden saber que lo que creen que les está sucediendo no les puede suceder.

   Además, las creencias en magia y brujería son habituales y están extendidas por las localidades, lo que supone la firme creencia de que el pene se les está introduciendo hacia dentro y que les producirá la muerte. Es algo bastante problemático, teniendo en cuenta que la solución no empieza por una única persona, sino que es algo presente en la cultura.

   Parece una enfermedad que se podría pasar por alto porque no es algo extendido, pero lo cierto es que han surgido tres epidemias con el paso de los años en lugares diferentes. En Singapur tuvo lugar la primera epidemia en el año 1967 y los afectados creían que habían sido infectados por un cerdo envenenado. En el 1976, se produjo en Tailandia, donde el síndrome de Koro se había producido por un ataque vietnamita, supuestamente. Por último, la epidemia de China se dio en el 1985 y consideraron que se producía como consecuencia del marxismo.


SOLUCIONES

   El síndrome de Koro se trata de una enfermedad mental como otra cualquiera que habría que tratar de atajar de raíz, porque muchos hombres buscan soluciones inesperadas para alargarse el pene provocándose graves daños. Esto implica desgarros en la zona del pene, heridas y demás problemas que llevan a cabo para tratar que el pene no se meta hacia dentro, cuando es algo que tan solo está en su cabeza.

   Se generan situaciones de ansiedad que hay que tratar con especialistas. Uno de los graves problemas de esta enfermedad es que no se registra como trastorno delirante porque está arraigado a la cultura y lo consideran un trastorno dependiente de la cultura, lo que impide su tratamiento. Lo único que le haría falta a la gente que padece el síndrome de Koro sería acudir a un especialista psicólogo o psiquiatra que pusiera remedio a esos pensamientos que no son reales. Con el tratamiento correcto sería una enfermedad mental más que se podría solucionar. Por otro lado, la educación sexual es fundamental para que las personas ni siquiera puedan llegar a pensar que con un roce casual se pueda producir brujería y que así el pene se introduzca hacia dentro del cuerpo llegando a producir la muerte. 


Los llamados síndromes culturales

 De la mano de la Psicóloga y Antropóloga, Julieta París, conocemos las particularidades de los síndromes sociológicos que son particulares y diferentes para cada sociedad. 

   Uno de los más conocidos es el “Hikikomori”, esos jóvenes japoneses que se encierran en su habitación y pasan meses o años sin salir de ella. O el "síndrome de París" y el “síndrome de Stendhal” ese malestar físico que sienten algunos visitando lugares de especial belleza. O el "síndrome de Jerusalén” que padecen personas que entran en una especie de fase religiosa al visitar lugares santos de algunas culturas como Jerusalén, La Meca o Nepal. Pero hay otros como el “síndrome de Koro” por el que los pacientes tienen la sensación de que sus genitales van retrayendo. O el "síndrome de la covada” que afecta a aquellos varones que viven los mismos síntomas que los de su mujer embarazada.




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