miércoles, 14 de abril de 2021

MINISTERIOS DE LA SOLEDAD - ABUELA, ¿EN QUÉ ESTRELLA VIVES?

 

MINISTERIOS DE LA SOLEDAD

¿Existe la necesidad de crear ministerios de la Soledad tras la pandemia de covid-19?

Japón nombra ministro de la soledad: ¿por qué los japoneses sufren de ella?

   "La idea de crear ministerios de la Soledad parece algo exótica, pero no lo es", dice Andrés Oppenheimer. Analiza cómo la epidemia de soledad va a seguir creciendo, debido en parte a la soledad tecnológica, el teletrabajo y el uso de teléfonos móviles. Países como Gran Bretaña ya han creado un Ministerio de la Soledad y Japón se prepara para hacer lo mismo, con el objetivo de reducir los suicidios y los casos de depresión en el país. 


¿POR QUÉ JAPÓN TIENE UN MINISTERIO DE LA SOLEDAD?

El Reino Unido crea un Ministerio de la Soledad

   La soledad en el Reino Unido es un asunto de Estado. Este mal, que según un reciente estudio afecta a 9 millones de británicos, tendrá su propio departamento en el Gobierno.

   Theresa May anunció el nombramiento de Tracey Crouch, que asumirá esa nueva función. Y continuará con el legado de la diputada Jo Cox, quien trabajó para crear una estrategia de gobierno con la que paliar la soledad. Jo Cox fue asesinada en junio de 2016 por un hombre relacionado con la ultraderecha.

   Tracey Crouch, de 42 años, y actual secretaria de Deporte y Sociedad Civil, destaca que Jo Cox "trató con mucha devoción" este drama social.

   "El problema de la soledad es diferente de una persona a otra. Significa aislamiento social y puede agravarse por problemas de movilidad o de edad. Sin embargo, cualquiera puede sentirse solo. Eso es algo que resaltó la comisión de Jo Cox y es que no hay un grupo específico vinculado a la edad que sufra más con este problema. Y ese es el gran desafío".

   En el Reino Unido, la mitad de los ancianos de 75 años o más viven solos. Eso equivale a unos dos millones de personas. 

    El informe habla de una epidemia social de excluidos y asegura que la soledad causa serios problemas de salud a la tercera edad. Y puede ser tan perjudicial como fumar 15 cigarrillos al día. Invertir en servicios sociales, con voluntarios, activistas y empresas son algunos de los retos.



   Este problema también afecta a otros países de Europa. En España, cada vez hay más personas mayores que viven solas y cada vez son más los ancianos que fallecen solos en su domicilio. Los riesgos de un descuido doméstico que acabe en un incendio también aumentan en el caso de los mayores que viven solos. En un país que envejece a ritmo acelerado, uno de cada tres mayores de 75 años está en esta situación. Una caída o un accidente doméstico lejos del teléfono con el que poder llamar al 112 y la soledad puede ser fatal.

El Reino Unido crea un ministerio de la Soledad

   Por más que corramos, el bombardeo de pesadillas nos persigue a cada paso desesperado que dejamos atrás. Un día fui niño y hoy, cerca de los sesenta años estoy en la obligación de ser adulto. No se me está permitido flaquear porque significaría bajar la guardia.

   Este no es mi país sino un cementerio de recuerdos, ilusiones y ante todo, de cadáveres bañados en cenizas que apelmazan una historia amordazada por los medios, el miedo y la ignorancia.

   Miles de monografías hablarán de esto con el tiempo, para entonces esos nuevos medios recordarán los trágicos sucesos que se han presenciado aquí y como testigos sólo habrá pequeñas almas desorientadas que no encuentran respuestas a sus preguntas. Por ese entonces, esperemos que los medios no tengan mordaza y que nuestros SOS no queden en un grito desesperado, hundido en el silencio. ¿Es la sociedad un saco de hipocresía artificial que se hunde en actos de buena voluntad, en mensajes tan voluntariosos como efímeros y estériles?

   No veo más que mensajes llenos de algarabía civil, pero, realmente ¿qué se hace? Mirar para otro lado mientras que los niños y los viejos lloran desesperadamente.

   Los niños lloran por el mundo que les vamos a dejar y porque su mirada se pierde en un pozo oscuro sin apenas un haz de luz y por ello, se sienten obligados a sobrevivir todos los días y a ver el mundo de diferente modo después de observar como su familia se pierde  en el montón de la indiferencia,  la desidia y el conformismo. ¿La belleza de todo esto? Es que no la tiene. Aquí vives cada día como si fuera el último, sin pensar que nos deparará el mañana.

  Por otro lado, los viejos lloran por la soledad que les salpica de ruido y la desesperanza propiciada por el abandono. Abandono que nos priva de la posibilidad de admirar su sabiduría y aprovechar su experiencia, y todo porque van a su ritmo…sólo un poco más lentos, más sordos y más ciegos, lentitud, sordera y ceguera que es sólo física, no emocional ni intelectiva.

   Los demás intentamos vivir con la única belleza que nos queda de esta sombría situación, la belleza del saber apreciar la vida, sin importar lo material, el conocimiento que se tenga o incluso la creencia que defiendas. 

   Un servidor se rebela ante este negro panorama y propone ponerlo todo patas arriba y reconstruir un mundo diferente. ¿QUIMERAS, UTOPÍAS, ENCANTAMIENTOS?

(Petrus Rypff)



Dante - Abuelo



Yaiza Derre - Morí el día que tú lo hiciste, abuela.

No te olvido, nunca. Seis meses buscando la manera de construir una escalera al cielo. Doscientos días sin ti, preciosa...


   La abuela es una bendición en la vida de cualquier persona. Es una de las figuras que tomamos de referencia durante nuestra etapa de formación, principalmente porque les dieron la vida a nuestros padres y porque su edad las transforma en una fuente de sabiduría y experiencia incansable. 

  Lamentablemente no todos hemos tenido la suerte de disfrutar a nuestras abuelas, por cosas de la vida, algunos pueden compartir más o menos tiempo con ellas, otros ni eso. Pero la verdad es que siempre están presentes, por lo que vivimos con ellas o por lo que nos contaron nuestros padres y tíos. Sus enseñanzas trascienden el paso del tiempo.


EL RELOJ DE LA ABUELA ELA

   -Hola abuela-, saludó María mientras se quitaba el abrigo y cerraba el paraguas. Allí estaba ELA, sentada en su sillón favorito, en el que pasaba largas horas cada jornada porque su avanzada artrosis le impedía permanecer en pie más allá de lo imprescindible. Con su pelo recogido, sus gafas caídas hasta media nariz y su característico olor a perfume de bebé. Tan elegante como siempre.

   La abuela levantó la cabeza y dedicó a María la mejor de sus sonrisas, de sobra sabía que era la nieta favorita. Con un caluroso gesto le pidió que se acercara para darle uno de sus calurosos achuchones.

   -Ya basta abuela-, le dijo. - ya no soy una niña para estas muestras de cariño.

  La abuela la miró entristecida y con voz entrecortada le pidió que se sentara a su lado, y que le pusiera al día de su vida, haciéndole miles de preguntas.

   -Todo bien, abuela-, le contestó escuetamente, mientras ojeaba el móvil.

   -Cuando el reloj marque mi hora me echarás de menos-, dijo la abuela en un tono casi imperceptible, y pidió a María que le dedicara unos minutos.  La nieta aceptó a regañadientes, dejando el móvil a un lado.

   -María, sé que ya no te apetece venir como cuando eras una niña, sé que  los tiempos están cambiando, que ya no soy capaz de entretenerte y que el mundo exterior ofrece más diversión que estas cuatro paredes, pero déjame decirte algo:  La vida, María, te pondrá a prueba, te romperán el corazón, te caerás y algunas veces te encontrarás sola para levantarte, te reirás, llorarás, querrás comerte el mundo y habrá veces en las que no querrás ni levantarte de la cama, ya le pasó a tu madre y te pasará a ti, créeme. Sé todo eso porque soy vieja, y me han contado todos los cuentos, y cuando eso suceda, María, yo ya no estaré, ya no podré saber de ti, ya no me tendrás para curar tus heridas y secar tus lágrimas.

   Los ojos de la abuela se llenaron de lágrimas, y un extraño escalofrío recorrió el cuerpo de María. La abrazó profundamente, y entre sollozos le pidió perdón, por su inconsciente egoísmo.

  Sus palabras siguen retumbando en la cabeza de María,  porque el reloj marcó su hora aquella fría tarde del jueves sin otro sábado para visitarla.

(Petrus Rypff)



Yaiza Derre - Abuela, ¿en qué estrella vives? | Poesía

Cada año el cielo está más lleno y yo más vacía.



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