domingo, 1 de mayo de 2022

DIVERSIDAD E INCLUSIÓN ¿CÓMO ENTENDEMOS LA DIFERENCIA?

 

DIVERSIDAD E INCLUSIÓN ¿CÓMO ENTENDEMOS LA DIFERENCIA? 

 

 

POEMA DE AUTOAYUDA

Todos los gurús espirituales

los maestros en educación emocional

los psicólogos que hablan de no anclarse a nadie

los místicos que promulgan el camino de la autosanación

aquellos que miran por tu crecimiento personal

los expertos en autoestima

los que recomiendan ser fuerte

y depender sólo de uno mismo… tienen razón

pero yo soy más feliz cuando tú me miras.

Marwan

 

 

     Tus ojos sienten ahora, lo observan todo, te avisan y te salvan, te empujan y te invitan y tú sigues sus instrucciones, en silencio, porque ellos mandan. Pero tienes que creértelo. Tus ojos han aprendido a sonreír y ahora mandan ellos, se enteran de todo cuando amas. Ahora bien, tú tienes que avisarles que hay más cosas por ver, aún queda camino y amores por encontrar, que estén atentos, no vaya a ser que te indiquen el camino equivocado y tú procura no olvidar algo tan simple como importante: tus ojos son todo lo que está bien.

     Ela sabe, porque se lo he contado, que puedes equivocarte, todos cometemos errores, pero la senda que has elegido, nos parece la adecuada, y lo más importante, te lo parece a ti. Eres tan libre como el pájaro que yo fui, el pájaro que aún me habita, porque al final conseguí escapar del museo donde me visitaban en Heidelberg. Sigo allí, a veces, con otro atuendo que en nada se parece al niño que fui, es una ciudad preciosa, vital, llena de jóvenes ilusionados, jóvenes con un futuro tan prometedor que quizás sean los que cambien la deriva de la sociedad tan zafia en la que han tenido que formarse. Sólo hay que darles tiempo y oportunidades, sólo hay que dejarles que desarrollen su imaginación y sus ideas innovadoras, si nadie se empeña en encerrarlos o cercenar su vuelo, en no demasiado tiempo veremos nuevos amaneceres, desaparecerá el bramido de los cuervos y se podrá escuchar de nuevo el canto de los mirlos, las sinfonías de los grandes músicos de antaño, y volverán a saber a gloria las recetas de la abuela, y se podrá viajar de nuevo a lugares recónditos, y los barrios periféricos serán más bellos que los centros históricos de las grandes urbes. La comida rápida no será tan demandada, tendremos que salir a buscar viandas y ropajes a la tienda de la esquina porque ya nadie necesitará "amazonarse", podremos tocar el género antes de decidir su adquisición, el tendero nos podrá aconsejar al oído si nos conviene la compra, sin temor al jaque mate de un bicho contagioso, porque estaremos todos a salvo, inmunizados contra tanta barbarie inoculada por los de arriba a sabiendas del daño que hicieron no hace tanto tiempo. No somos una amenaza para nadie, no podríamos serlo porque nuestra alma es limpia. Si como abejas claváramos nuestro aguijón a alguien, al carecer de veneno, no causaría ninguna reacción, solo sentiría el "receptor" un leve aguijonazo. Sería un aviso de que abejas venenosas podrían venir de nuevo si la persona en cuestión no endereza el rumbo, si es que desea enderezarlo.


 


El naufragio 

  Empecé a naufragar en tu recuerdo, en un principio, entré en desesperanza, nadie espera perderse en aguas conocidas. Luego, le pedí a un ser superior volver a la ruta, me senté a esperar en mi barca a que las aguas se calmaran y el viento se agitó más fuerte, se levantó y la tormenta por poco acaba conmigo. La fuerza de la naturaleza es desconocida, tan incierta como sus propias consecuencias. La noche me aterrorizó, nunca ando a oscuras, el silencio me ensordece porque mi mente empieza a crear historias, a adjudicar culpas y a descubrir mis más oscuros pensamientos. Creo que, a decir verdad, la noche saca lo mejor o peor de mí, pero no me gusta arriesgarme a que por azares de la vida me conduzca a cometer algo de lo que me pueda arrepentir. Al cabo de los días, olvidé el porqué de mi miedo, es mejor perderse una o unas cuantas veces en la vida y encontrar una ruta con la que te sientas bien, eso es lo que siempre nos dicen. Pero, ¿A mí quién me asegura que si me pierdo me logro encontrar conmigo o con alguien? Lo que menos quiero es estar ante la miserable presencia de mi propia existencia. Es una vil mentira lo que nos quieren hacer creer con esos discursos ridículos de superación personal, el peor monstruo que hay delante de nosotros, somos nosotros mismos. A veces olvidamos que hay muchos caminos para llegar a un lugar, me aferro a esa idea. No obstante, la luna que ilumina mi reflejo en el agua ahonda en mi ser y me muestra lo más nauseabundo de mis pensamientos. Sé que apesto y que realmente no me pierdo en tu imagen, no es una idealización. Es mi egoísmo el que me lleva a sólo centrarme en mí.


Enrique Bunbury y Nacho Vegas - Los restos del naufragio (Directo)

      La imaginación no es una virtud imprescindible para el escritor, y ni siquiera puede decirse que sea en exceso frecuente. La poesía y el arte dramático suelen a menudo beneficiarse de la sobriedad imaginativa, y hasta más de una novela se ha visto perjudicada en su equilibrio por la búsqueda de la originalidad, ese espejismo que tantas veces se supone determinante en el éxito o el fracaso de una empresa verbal. Los narradores, tal vez más que nadie, acostumbran a tener conciencia o al menos intuición de una lacónica certeza: La realidad es limitada, el hombre es previsible, y las combinaciones entre una y otro han sido trajinadas de forma reiterada e implacable por todas las literaturas.


He aprendido silencio del hablador, tolerancia de la intolerancia, y bondad del cruel; y, sin embargo, extrañamente, soy ingrato con estos profesores.

Khalil Gibran

       Muchos escritores aceptan la monotonía de esas reglas del juego, que nunca han impedido la fortuna de un texto memorable; otros las trasgreden, casi siempre por el recurso de proponernos realidades alternativas o fantásticas, que no pocas veces adoptan el carácter de utopías o de espejos deformantes de esa insistente realidad que intentan eludir. Una poética no invalida la otra, ni puede recomendarse con mayor entusiasmo o convincentes argumentos: desde Aristóteles, sabemos que la única servidumbre que debe cumplir una historia es la verosimilitud; desde Platón, que la única exigencia de la verdad es la belleza.

     Una tercera parte de los fabuladores –desconocida entre los clásicos, pero ejercida con agradecible frecuencia en la literatura de los últimos dos siglos- opta por el camino del medio, que requiere un agudo entrenamiento intelectual, una cierta perfidia (en el sentido de infidelidad al origen que hay en toda conducta elaborada) y, desde luego, la pérdida de la inocencia (llámese ésta inspiración o, más cercana a nosotros, automatismo surrealista). El método consiste en fingir que se acepta la monotonía de lo real, hasta el punto de huir de todo prodigio excesivo o escenografía gótica, pero destilando al mismo tiempo cierto ingrediente ajeno a la receta, la mancha borrosa de alguien que no acaba de revelarse en la foto, la denuncia de los recovecos del tiempo, la acechanza de un objeto extraviado, el mínimo error de cálculo que no derrumba la casa, pero virtualmente puede hacerlo en el momento siguiente.

    La dificultad de la apuesta es grande, pero no lo es menos su eficacia cuando se acierta con el delicado equilibrio que debe organizarla. El deslizamiento de lo ominoso en lo cotidiano, el elemento que no encaja, la fractura que no llega a desgarramiento, requieren una maestría más intachable cuanto más invisible, un escepticismo distante que disimule entre los pliegues de lo intrascendente y hasta en ocasiones banal, un narrador que se adelgace hasta desaparecer en la tersura de la narración.

   En el momento actual se está produciendo una revisión crítica de los consensos por parte de una generación que no participó en su elaboración. Hay una parte sanadora en la revisión crítica de nuestro pasado, pero también otra que implica la reaparición de ciertas pulsiones de odio, que toda sociedad tiene. Esto está ocurriendo en buena parte de Europa, y cómo no, en España, con la irrupción de la extrema derecha, preñada de intolerancia, de odio al diferente y, ante esto, la cultura debe intervenir con vehemencia.  


   Como dice la filósofa Carolin Emcke, no hay que ser tolerante con los intolerantes. La cultura tiene por misión evitar el discurso de odio y trabajar por una sociedad inclusiva, y hay líneas rojas que no se debe traspasar.

 

Vídeo que nos demuestra tolerancia respeto y valores

No se le pega no porque sea mujer si no porque es una persona y todas las personas seamos como seamos debemos ser respetadas de igual manera.





La tolerancia aplicada solo hacia quienes están de acuerdo contigo no es tolerancia en absoluto
(Ray A. Davis)




"El secreto de la libertad radica en educar personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes"
(Maximilien Robespierre)



Diversidad e inclusión. ¿Cómo entendemos la diferencia?




Los chicos del coro - Canciones con la letra en español

En estos momentos de crisis democrática, económica, política, de valores, y si faltaba algo, la crisis bélica provocada por un psicópata, es fundamental que hagamos entrar el debate de miradas contrapuestas sobre el mundo pero con un mínimo común compartido, los principios de una sociedad abierta. Otro horizonte es posible pero, para ello, ni el negacionismo del deterioro de nuestros hábitats, ni el odio a las minorías, ni el radicalismo de opciones políticas populistas y antidemocráticas deben tener cabida.

Petrus Rypff

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