martes, 12 de abril de 2022

ALICE MUNRO, "LA CHEJOV CANADIENSE", PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN 2013

 

ALICE MUNRO



Alice Munro creció en Wingham (Ontario) en el seno de una familia de granjeros y estudió en la Universidad de Western Ontario. Es autora de doce volúmenes de relatos, tres antologías y una novela. Sus cuentos han sido traducidos a trece idiomas. A lo largo de su dilatada trayectoria ha recibido numerosos galardones, entre los que destacan el canadiense Governor General's Award (en tres ocasiones); el estadounidense National Book Critics Circle Award, ; el inglés W.H. Smith Literary Award, así como el prestigioso Man Booker International Prize, que le fue otorgado en 2009 por «la gran contribución de su obra al panorama literario mundial». En 2013 recibió el Premio Nobel de Literatura por «su maestría en el arte del relato». 



Retrato de Munro realizado por Andreas Vartdal.



Alice Ann Munro (nacida Alice Ann Laidlaw; Wingham, 10 de julio de 1931) es una cuentista canadiense. ​Considerada una de las escritoras actuales más destacadas en lengua inglesa, la «Chéjov canadiense». ​En 2013 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.

Vida personal



   Alice Munro nació en Wingham, en Ontario, y vivió en una granja en el oeste de la misma provincia, en una época de depresión económica. Esta vida tan elemental fue decisiva como trasfondo en gran parte de sus relatos.

   Conoció muy joven a James Munro, en la Universidad de Western Ontario, donde realizaba trabajos manuales para pagarse sus estudios. Se casaron en 1951 y se instalaron en Vancouver. Tuvo su primera hija a los 21 años. Luego, ya con tres hijas, se trasladó, en 1963, a Victoria, donde regentó con su marido una librería.

   Se divorció en 1972 y, al regresar a su provincia natal, se convirtió en una fructífera escritora como residente en su antigua universidad. Volvió a casarse en 1976, con Gerald Fremlin. A partir de entonces, consolidó su carrera de escritora, ya bien orientada.

Hijos: Sheila Munro, Jenny Munro, Andrea Munro, Catherine Munro.

"Yo era ama de casa, así que aprendí a escribir en los ratos libres"

Alice Munro


Me educaron para creer que lo peor que podía hacer era "llamar la atención" o "pensar que era inteligente"

Alice Munro

  Comenzó a escribir siendo adolescente tras la publicación de su primer cuento, The Dimensions of a Shadow, en 1950, mientras estudiaba Inglés y Periodismo en la University of Western Ontario gracias a una beca. Durante este período trabajó como camarera, selectora de tabaco, y empleada de la biblioteca.

  Cursó estudios de periodismo y filología inglesa en la Universidad de Western Ontario pero los abandonó para casarse y ser ama de casa.

Escritora

   Dedicada a la literatura a los 30 años, con cuentos y relatos que vendía para la radio pública canadiense, aunque se inició en el mundo de los relatos antes de cumplir 20 años tras publicar Las dimensiones de una sombra (1950), en una revista de estudiantes.

  Logró un gran éxito con su primer libro de relatos, Danza de las sombras felices (1968), por el que consiguió el Governor General's Literary Award, premio que volvió a ganar con ¿Quién te crees que eres? (1978) y El progreso del amor (1986). Por su segundo libro de relatos, Vidas de chicas y mujeres (1971), le concedieron el Canadian Bookseller Award.

  También escribió los relatos Something I’ve Been Meaning to Tell You (1974). Posteriormente editaría colecciones de relatos como The Beggar Maid (1978), Las lunas de Júpiter (1985), que The New York Times calificó como uno de los mejores del año y Amistad de juventud y Secretos a voces (1994).

   Logró reconocimiento con los relatos de Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (2001) y después con los de Escapada (2004).

   El denominador común de sus narraciones cortas es la localización geográfica en una zona conocida como Munro Tract (el Condado de Munro) y están protagonizadas por personas normales inmersas en situaciones cotidianas.

  Fundamental en el realismo moderno literario de su país. Autora de mundos corrientes que tras su serenidad esconden tormentas afectivas y sentimentales a punto de desatarse.

   En su obra La vista desde Castle Rock (2006), trata sobre los orígenes de su familia, en parte escocesa, emigrada al Canadá, posteriormente publicó Demasiada felicidad (2009).

   En 2012 aparece otro de sus libros de relatos, Dear Life. Aclamada por su fina manera de relatar, caracterizada por la claridad y el realismo psicosocial, algunos críticos la consideran la Chejov canadiense.

   El 10 de octubre de 2013 fue galardonada con Premio Nobel de Literatura, la decimotercera mujer en obtener el galardón más importante de las letras universales y la primera de Canadá. La Academia destacó su trayectoria como maestra del relato corto, así como su armonioso estilo de relatar, que se caracteriza por su claridad y realismo psicológico.

   Además, recibió en 2009 el Man Brooker y fue finalista del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011.


LOS PRIMEROS CUENTOS QUE LLEVARON AL NOBEL A ALICE MUNRO


No es magia, es literatura, es Alice Munro, es el arte de descubrir que detrás de lo cotidiano están todas las tensiones, las pasiones que conforman la vida. Ella sabe describirlas con maestría. Lo hace ahora en ‘Algo que quería contarte

Javier García Recio. 25·04·21 

   Las grandes obras de la literatura universal no están solo en los vastos relatos con alma de epopeya, también y de forma más compleja, en los pequeños relatos de la vida diaria de las personas, esa más prosaica y en apariencia desprovista de pasiones, de tensión. Alice Munro descubrió desde sus inicios la grandeza de lo ordinario.

   Leer a Munro es pasar de la perplejidad al asombro. Nadie como ella convierte la aparente simplicidad de lo cotidiano en literatura densa y profunda en sus revelaciones. Es algo excepcional.

   Tiene esa sensibilidad especial, un acierto genuino y vital para contar en treinta páginas lo que otros no consiguen en novelas inconmensurables. Ese saber capturar la vida en pajarera de gorrión y no en jaula de león, sin desdeñar matices, hace de esta escritora canadiense una portentosa maestra del relato corto.

   A sus 90 años, los cumplió en julio de 2021, Munro ha dejado de escribir. Bien está después de dejarnos páginas trascendentes y vitales que no nos dejarán.

   La editorial Lumen nos trae ahora algunas de esas páginas en la colección de relatos ‘Algo que quería contarte’ que Munro publicó en 1974 pero que permanecía inédita en España. ‘Algo que quería contarte’ reúne trece relatos donde la canadiense aborda temas como las relaciones familiares, la fidelidad matrimonial o el amor entre hermanos, siempre con ese grado de tensión y hondura que le dan el atractivo esencial a estas historias del día a día.

El libro que convirtió a Alice Munro en una maestra del relato
En su tercera antología de cuentos, ‘Algo que quería contarte’, la premio Nobel afianzó su manera de narrar la vida en todos sus detalles. Por primera vez se publica ahora en español

   Son trece cuentos que contienen todo el universo de Munro. Un universo donde la mujer es el centro y protagonista de buena parte de esos relatos. Son las mujeres las que gozan de un trato privilegiado. Las retrata con sus mil caras posibles. Las hay conformistas o cohibidas, las que se encierran en la devoción de cuidar al marido o a los hijos; las hay capaces de huir y abandonar su presente en busca de un futuro distinto y de renunciar a la respetabilidad social; las hay dispuestas a conquistar su futuro a cualquier precio.

   Munro no es feminista, sus relatos al menos no lo son, no están en el canon que hoy se reclama, pero Munro ha hecho más por la mujer, por su condición central en el mundo que legiones de feministas. Sin cupos y sin listas cremallera.

   En el relato que abre esta colección y que le da título, ‘Algo que quería contarte’, están dos hermanas, Et y Char. A lo largo de cincuenta años, Et alberga un gran resentimiento por su hermosa hermana mayor, Char, que en su juventud se había enamorado del hombre más guapo del pueblo. Cuando Char muere Et quiso llevar su resentimiento hasta el marido de su hermana y contarle el idilio que esta tuvo de joven con aquel guapo hombre. Siempre tuvo en la punta de la lengua decirle al marido de la hermana «tengo algo que quería contarte», antes de que este también muriera y vengar así su frustración.

   Entre los mejores de entre estos relatos está también ‘Material’ donde una mujer recuerda a su anterior marido, convertido hoy en escritor famoso. Deviene así en una crítica ácida e irónica contra el oficio de escritor y de los artistas en general, por el desapego de muchos a la realidad social y creerse por encima de todos.

   En ‘La dama española’, una mujer -otra vez un mujer- engañada por su marido con la mejor amiga de ambos reflexiona en su madurez sobre la muerte como la mejor forma de devolvernos a la realidad, frente a las elucubraciones y dramas personales.

   En ‘Cómo conocí a mi marido’, la mujer recuerda cuando siendo una joven inocente se enamoró de un piloto de avión que le prometió que le escribiría, pero nunca lo hizo. Cada día se acercaba al buzón en espera de esa carta y finalmente, vencida por la desilusión, se casaría con el joven cartero que cada día llevaba cartas a ese buzón, aunque no la que ella esperaba. Ella nunca le confesó que fue el sustituto de un amor platónico.

   El mejor de los trece es, sin duda, ‘Dime sí o no’. Con una sensibilidad y claridad exquisitas describe los recuerdos de una mujer de su amante muerto. Ella viaja hasta la ciudad donde él vivía, con su mujer, se empapa de las calles, los lugares y los rincones que él amó para terminar descubriendo que también amó a otras y no fue la única amante.

   En Munro no hay subterfugio, la descripción de esos universos, la emoción conmovedora que transmiten sus historias conquistan al leerlas. Ella siempre ha sabido poner la lupa en los personajes que protagonizan estas escenas cotidianas y extraer la emoción, la tensión, las pasiones que terminan poniendo esas vidas al borde de decisiones inesperadas. Genialidad total.

JAVIER APARICIO MAYDEU - 28 MAY 2021

    En su célebre artículo La narrativa moderna, Virginia Woolf propone que “examinemos por un instante una mente corriente en un día corriente. La mente recibe un sinfín de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas con afilado acero. La vida es un halo luminoso. ¿No es el cometido del novelista transmitir este espíritu cambiante, desconocido e ilimitado?”. Tal vez sí, y no otra cosa es lo que ha venido haciendo la gran Alice Munro a lo largo de su discreta y triunfal trayectoria, miniaturas de la comédie humaine de la mano de precisas e inquietantes miradas a una vida cotidiana que solo es anodina si se la ve desde lejos, pues observada de cerca presenta matices inusitados y emociones imperceptibles que el talento de Munro, guarnecido con una capacidad infinita para advertir la sutileza de los detalles, el alboroto de los sentimientos y “el peso del mundo de los objetos”, es capaz de revelar.

   Su prosa parsimoniosa, liviana solo en apariencia por su falta de artificio, se muestra colmada de arcanos y de epifanías, de insinuaciones e indicios fruto de la alquimia de sus cuatro elementos, la parataxis, la concisión, la precisión y la elipsis, y de su querencia por una observación endémica de la vida diaria que Margaret Atwood quiso denominar “escrutinio obsesivo” y que origina vislumbres, intuiciones, iluminaciones: “Había destellos de relámpagos. Luego vino el trueno”, reza un verso de Mark Strand.

   La narrativa de Munro, que se diría insustancial cuando es insondable, se consolidó con El progreso del amor (1986), y convengamos en que alcanzó su cumbre con El amor de una mujer generosa (1998), La vista desde Castle Rock (2008) y Demasiada felicidad (2009), libros de relatos en los que lo implícito vence a lo evidente y lo tácito a lo elocuente, en la línea de la teoría del iceberg de Hemingway, en los que no hay abalorios y reina siempre una sagrada intimidad, y bajo cuya tierra baldía brota la hierba de un conflicto ético o emocional. Austeras historias de mujeres atribuladas por los sórdidos paraísos y los acogedores infiernos de la vida ordinaria, ambientadas en pequeñas ciudades porque “son como escenarios para la vida humana”, donde el destino se trenza con la rutina, la soledad con la memoria, el quimérico amor con un solitario granero, y el desvalimiento bajo la sombra del árbol familiar.

   “No leo con el fin de averiguar lo que sucede”, señaló en el proemio a sus Selected Stories (1996), y no escribe para que lo haga su lector, al que se imagina paseándose por acres de texto dejándose llevar por una atmósfera y sus incertidumbres y contingencias. Importa la percepción psicológica de escenas y la comunión con palabras de una privacidad con la que no podemos evitar sentirnos concernidos. Confidencias, recuerdos autobiográficos, fotos de un anónimo álbum familiar cobrando vida en los relatos, miradas a un entorno doméstico, evocaciones, dilemas y paisajes del alma restringidos a intensos y ambiguos ambientes alterados por intrigantes intersticios. Decía Eudora Welty en On Writing que “la responsabilidad del arte consiste en convertir en real la realidad”, y este librito de Welty, igual que Cómo empecé a escribir de “El mudo” y otros textos, de Carson McCullers, y Misterio y maneras, de Flannery O’Connor, que hablan del misterio de lo cotidiano y del espacio íntimo de la mujer que McCullers denomina “la maravillosa región solitaria de las historias sencillas y del mundo interior”, arrojan no poca luz sobre la poética de Munro. Inmensa es la deuda contraída con las tres por la autora de Ontario, como lo es la influencia de Proust, de su fértil confusión entre imaginación y realidad y de su memoria afectiva.

Conquista narrativa

   Algo que quería contarte (Something I’ve Been Meaning to Tell You) fue publicado por McGraw-Hill en 1974, es el tercer libro de relatos de la autora y constituye en cierto modo la conquista de su modo de narrar, asentado en una disposición fenomenológica, en escuetos diálogos contenidos y en aquella convicción de Sterne de que “hasta lo más obvio tiene su lado oscuro”. Su salida al mercado significó el comienzo de la frecuente colaboración de Munro en The New Yorker, Grand Street, The Atlantic, The Paris Review y otras prestigiosas revistas literarias que afianzaron y difundieron sus relatos, después agavillados en volúmenes.

   La primera persona que en ocasiones se confundía con una confesión íntima, con páginas espigadas de un diario inexistente, se alterna ahora con relatos gobernados por singulares narradores omniscientes. Sofistica su manejo de la tensión temporal, de la durée y de los silencios diseminados por el texto. Ensaya puntos de vista. Ecos de Melville, de Katherine Anne Porter, de Maxwell o de Mansfield. Algo que quería contarte, Cómo conocí a mi marido, El valle de Ottawa, Viento de invierno y Despedida son extraordinarios, y el volumen muestra que la obsolescencia no tiene cabida en Munro, como apenas si la tiene la progresión, pues nació a la escritura dominándola.

   Este es el regreso al preludio de un estilo inimitable, y es posible que este libro primerizo de la Nobel canadiense, ahora traducido, sea el último que celebremos en lengua española, salvo ulteriores remanentes nacidos de testamentos traicionados, rescates o antologías. Al publicar Mi vida querida (2012) insinuó que podía ser su postrer volumen de relatos, lleva cerca de una década sin escribir, vendió su entrañable casa de Clinton rodeada de arces, y en julio cumplirá 90 años. Por fortuna, los clásicos no admiten despedidas, solo propician reencuentros.

   

   La prosa de Munro revela las ambigüedades de la vida: "irónico y serio al mismo tiempo", "lemas de piedad y honor y flamante intolerancia", "conocimiento especial e inútil", "tonos de indignación estridente y feliz", "el mal gusto, la falta de corazón, la alegría de eso". Su estilo coloca lo fantástico junto a lo ordinario, cada uno subestimando al otro de maneras que evocan la vida de forma sencilla y sin esfuerzo.​ 

Los escritos que Munro crea son una unión empática entre los lectores, especialmente los críticos. Nos atrae su escritura por su verosimilitud, no de mímesis, sino más bien del sentimiento de ser ella misma, de simplemente ser un ser humano.

Robert Thacker

Obra

Novela

1971: Las vidas de las mujeres (Lives of Girls and Women)

Cuentos y relatos

1968: Dance of the Happy Shades

1974: Algo que quería contarte (Something I’ve Been Meaning to Tell You)

1978: ¿Quién te crees que eres? (Who Do You Think You Are? o The Beggar Maid)

1982: Las lunas de Júpiter (The Moons of Jupiter)


1986: El progreso del amor (The Progress of Love)

1990: Amistad de juventud (Friend of My Youth)


1994: Secretos a voces (Open Secrets)


1998: El amor de una mujer generosa (The Love of a Good Woman)


2001: Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage)

2004: Escapada (Runaway)


2006: La vista desde Castle Rock (The View from Castle Rock)


2009: Demasiada felicidad (Too Much Happiness)


2012: Mi vida querida (Dear Life)


Antologías

1996: Selected Stories (después retitulado Selected Stories 1968-1994 y A Wilderness Station: Selected Stories, 1968-1994)

2003: No Love Lost

2004: Vintage Munro

2006: Alice Munro's Best: A Selection of Stories

2006: Carried Away: A Selection of Stories

2011: New Selected Stories

2014: Lying Under the Apple Tree. New Selected Stories

2014: Todo queda en casa (Family Furnishings: Selected Stories 1995-2014)


'La vida de las mujeres' (RBA, 1971)


Audiolibro: La vida de las mujeres - Alice Munro

   En una hermosa entrevista publicada en 'The Paris Review', Alice Munro recuerda que el año que escribió 'La vida de las mujeres' tenía cuatro niños a su cargo, trabajaba dos días a la semana en la librería de su primer marido y escribía hasta la una de la madrugada. También fue el año, 1971, en el que supo que nunca escribiría una novela convencional, porque no dominaba las largas distancias, no acertaba los ritmos que necesita una trama para desplegarse como un mapa, sus geografías siempre cuajaban en una miniatura frágil y breve, un callejón sin salida.

   'La vida de las mujeres' es una colección de relatos disfrazada de novela: el disfraz es un punto de vista narrativo, un hilo conductor que cose una serie de retratos –el padre apocado, la madre que buscó liberarse vendiendo enciclopedias, el tío excéntrico– para, a partir de ellos, concebir una voluntad, aplaudir una toma de conciencia: la de la escritora que descubre su vocación.

   Dice Alice Munro que 'La vida de las mujeres' solo es autobiográfica "en la forma, no en los contenidos". Extraña afirmación si tenemos en cuenta que la historia de Del Jordan parece describir un camino de iniciación que tiene mucho que ver, casi literalmente, con el despertar de una necesidad de aprehender el mundo, de elaborar un espacio íntimo desde el que revelarse contra un destino –el del matrimonio, el de la rutina doméstica y la aceptación de los roles de género– que estaba escrito por otros.

   Es el texto donde Munro revela, con transparente honestidad, sus deudas con el William Maxwell de 'Adiós, hasta mañana' o el Sherwood Anderson de 'Winnesburg, Ohio': con ellos comparte el hecho de saber que lo cotidiano es insondable, que en la vida de cualquiera hay un misterio que se resiste a ser resuelto, que un narrador no es más que la punta del iceberg de una conciencia colectiva, un universo apresado en la omnisciencia subjetiva de la primera persona.

   La voz tiene edad, es cronológica, y devora el espacio de nuestros recuerdos. El primer capítulo del libro, 'Flats Road', parte de una idealización infantil, como si Tom Sawyer se hubiera trasladado al Canadá rural para hablarnos del vecindario, del tío que se casó por correspondencia y se perdió cuando fue a la busca de su esposa fugada. 

   El último, 'El fotógrafo', es el bello nacimiento de Munro como escritora, la comunión que pretende celebrar no con sus lectores sino con sus personajes. Funciona como el epílogo a unas sentidas memorias de infancia y juventud, aunque lo cierto es que es un colofón que transforma a esta falsa novela en un metatexto, un toque de posmodernidad en una obra marcadamente clásica.

   A Munro –que, en 1971, era una novata en el mundillo literario– no le tiembla el pulso cuando decide firmar la declaración de principios por la que Del Jordan se convierte en autora de lo que hemos leído, creadora última de un pueblo que no parece real, sino verosímil: "Y ninguna lista podía contener lo que yo quería», escribe, «porque lo que yo quería era hasta el último detalle, cada capa de discurso y pensamiento, cada golpe de luz sobre la corteza o las paredes, cada olor, bache, dolor, grieta, engaño, y que se mantuvieran fijos y unidos, radiantes, duraderos". O sea, una visión de lo humano. En fin, una literatura sabia.



Alice Munro Nobel Literatura 2013. María Jesús Hernáez Lerena (Universidad de La Rioja) 

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