martes, 8 de marzo de 2022

¿QUIERE PUTIN ANIQUILAR A LA NACIÓN UCRANIANA?

 

¿QUIERE PUTIN ANIQUILAR A LA NACIÓN UCRANIANA?

Raúl del Pozo: "Hay un tirano que quiere destruir la primavera"


Raúl del Pozo - Madrid. 04.03.2022. En el programa Más de uno de Onda Cero, presentado por Carlos Alsina

   El terrible ejército ruso sigue cercando las ciudades. La economía se estremece, tanto en Rusia como en Occidente. El bono ruso es bono basura; en España, jornadas negras del IBEX, la luz, el gas y la gasolina por las nubes. Se abren corredores humanitarios mientras se prepara el asalto a Odesa. España envía cuatro aviones cargados de balas y ametralladoras, y una parte del Gobierno, la de Podemos, no sabe quiénes son los buenos ni los malos.

   Chomsky se lo aclara: Estados Unidos viola la legalidad sin pestañear, pero eso no ofrece ningún atenuante para los crímenes de Putin.

   La plaza Maidán de Kiev puede ser el gueto de Varsovia, aunque Putin llama nazi al presidente que, además, es judío.

   Ucrania era el granero del mundo. Los agricultores castellanos decían mirando al cielo: 'Agua, sol y guerra en Sebastopol', para vender mejor el trigo. Ahora lo que sube es el precio de los misiles.

  Los agoreros hablan de la tercera y última guerra mundial, cuando Rusia ha bombardeado la central atómica más grande de Ucrania. Parece que no hay cambio en los niveles de radiación. El presidente del país acorralado dice que Rusia acude al terror nuclear. 

   En la época del populismo la política para Putin es una extensión de las redes sociales y convierte la guerra en un videojuego que lanzaría ojivas nucleares a territorio europeo para destruir bases y ciudades. La lluvia radioactiva socarraría la vegetación y haría una herida mortal al planeta. Hay que parar a este psicópata.

  Cuando nacen, querido Carlos, los lirios y las violetas después de la floración de los almendros, hay un tirano que quiere destruir la primavera. Brindemos con el vino de Odesa, del que se han encontrado ánforas de antes de Jesucristo, por el fin de la masacre. ¡Y viva el vino!



Personas de la misma familia yacen muertas en el suelo, después del bombardeo del ejército ruso en el punto de evacuación de Irpin. | Diego Herrero (Europa Press)


¿Cuál es el origen del conflicto entre Ucrania y Rusia y por qué tiene relevancia internacional?

La “operación militar especial” que desplegó Rusia el jueves 24 de febrero en Ucrania marca una nueva etapa en el conflicto entre estos dos países, así como la relación entre Moscú y las potencias occidentales.

El presidente ruso, Vladimir Putin, justificó los ataques asegurando que busca proteger del ejercito ucraniano a las regiones separatistas en el este del país, y advirtió con consecuencias “inmediatas” si alguien intenta enfrentarse a Rusia.

El mandatario de Ucrania, Volodymyr Zelensky, denunció ataques con misiles de crucero desde territorio ruso y anunció la ruptura de las relaciones diplomáticas con el gobierno de Putin.

La Unión Europea describió la situación como "uno de los momentos más oscuros en Europa desde la Segunda Guerra Mundial" y prometió sanciones “masivas” contra Rusia.


El éxodo ucraniano

Nada visto en Europa en los últimos 75 años de historia. Y un desafío a la propia estabilidad del continente, empezando, claro, por los países fronterizos —Polonia más que ninguno— convocados a asimilar un rotundo impacto demográfico

Crisis humanitaria en Ucrania: éxodo masivo y refugios antibombas improvisados

   La concepción despiadada que tiene Vladímir Putin de la anexión de Ucrania explica también el tamaño del éxodo de los refugiados, hasta el extremo de que ACNUR hipotetiza que la cifra puede rondar los cuatro millones de personas.

   Es como si Vladimir Putin viniera a decirnos: ¿queréis a los ucranianos? Pues ahí los tenéis. Aunque no parece claro que la perspectiva de expulsar a los enemigos de Rusia para invadir con ellos la propia Europa resulte tan beneficiosa en términos de propaganda.


“Rusia sigue usando métodos de la URSS para controlar el poder”

La historiadora relata en su último libro la hambruna que asoló Ucrania en los años treinta. "Hay que conocer estas tragedias porque pueden volver a suceder"

Anne Applebaum, en Madrid.

SANTI BURGOS - J. A. AUNIÓN. Madrid - 25 ENE 2019

   La historiadora y periodista estadounidense Anne Applebaum, columnista de The Washington Post y experta en Europa del Este, compartió en enero de 2019 la principal conclusión a la que ha llegado después del gran esfuerzo de documentación y escritura que le ha supuesto La hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania, el libro que acaba de publicar Debate en español y en el que documenta y argumenta a lo largo de casi 600 páginas que la crisis alimentaria que acabó con la vida de 3,9 millones de personas en 1932 y 1933 fue producto de una decisión política consciente y criminal. “Este tipo de acontecimientos trágicos pueden producirse en cualquier parte. Si se da la combinación adecuada de políticas e incentivos económicos, puedes hacer que la gente haga cosas terribles en casi cualquier país. Así que creo que es importante volver a estas historias para comprender que todo eso puede suceder otra vez y que sucederá otra vez…”. Y añade: “La historia no se repite exactamente del mismo modo, pero los seres humanos no cambiamos tanto”.

"El Gulag está ocurriendo de nuevo"

  Una lección que bien puede servir hoy: “No quiero comparar la Europa contemporánea con el estalinismo, porque no sería justo, pero sí creo que estamos viendo en algunos países europeos partidos políticos antidemocráticos que intentan mantener el poder eliminando la prensa independiente, la independencia judicial”, dijo hace ya 2 años en el Aspen Institute de Madrid, durante una entrevista con EL PAÍS. La autora habló de peligros desde la extrema izquierda y la extrema derecha, del “drama que está ocurriendo en Venezuela” y de una Rusia contemporánea cuyos dirigentes no renuncian a algunos de los usos de la URSS. “La Rusia contemporánea está dirigida por gente que admira e imita a la Unión Soviética. Quizás no quieren recrearla exactamente, pero recuerdan perfectamente los métodos que usaban para controlar el poder y están utilizando algunos de ellos, otra vez, en nuevos contextos”.

   Applebaum, de 54 años, es una gran conocedora del Este —vive en Polonia desde hace tiempo junto a sus dos hijos y a su marido, Radek Sikorski, político conservador que fue ministro de Defensa y de Exteriores y que ha presidido el Parlamento polaco— y de la historia de la URSS, sobre la que ha escrito tres libros: además de este último, El telón de acero, sobre la destrucción de Europa del Este entre 1945 y 1956; y Gulag, que le valió el Pulitzer.

   En este último libro sobre la hambruna ucraniana explica sus motivaciones: reunir y hacer accesible al público occidental un episodio crucial de la historia de Ucrania —“que es una parte importante de la política europea ahora mismo”— y seguir intentando responder a preguntas muy parecidas a las que recorren toda su obra: “¿Por qué la gente colaboró y aceptó esta clase de malvados regímenes? ¿Por qué colaboraron en los gulag? ¿Por qué en 1948 se unió al Partido Comunista?”.

   Aunque confiesa que no tiene una respuesta clara, en el caso de la hambruna ucraniana explica que se sumaron varias circunstancias, pero sobre todo, años “de propaganda del odio" —se describía a estos kulaks, los campesinos ricos, como enemigos del pueblo que estaban deteniendo el progreso”— y una población “asustada y hambrienta”. El contexto que dibuja el libro es el siguiente: las requisas de comida ordenadas por los líderes del Partido Comunista, cada vez más duras, sumadas a otras medidas, como la prohibición del comercio y de viajar en busca de alimento, agravaron de tal manera la crisis alimentaria que siguió a la colectivización forzosa de las explotaciones agrícolas de la URSS que se alcanzó esa cifra brutal de 3,9 millones de muertes por hambruna entre 1932 y 1933. Se calcula que murieron unos cinco millones de personas en toda la URSS.

   Simultáneamente, se estaba produciendo una represión contra los intelectuales y dirigentes ucranianos, lo que refuerza la idea de la autora de que Stalin intentaba acabar con cualquier ansia de independencia en una zona especialmente beligerante desde el inicio de la revolución en 1917 y a la que Moscú no podía renunciar por su condición de granero de la incipiente potencia comunista. Así, frente a aquellos autores que siguen defendiendo que aquello fue producto de una serie de errores, Applebaum responde que las evidencias señalan que Stalin, aunque sabía que la gente estaba muriendo, siguió adelante con las medidas que lo agravaron todo: “La hambruna no fue causada por el caos ni por fallos, sino por culpa de las requisas, así que eso solo pudo ser intencional”.

Campesinos ucranianos expulsados de sus tierras a principios de los años treinta

El Holodomor (en ucraniano: Голодомор; pronunciación: ɦɔlodɔmɔr; literalmente: «matar de hambre»), también conocido como Genocidio ucraniano u Holocausto ucraniano, es el nombre atribuido a la hambruna que devastó el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, Kubán, Ucrania Amarilla y otras regiones de la URSS, en el contexto de la colectivización de la tierra emprendida por la URSS, durante los años de 1932-1933, en la cual habrían muerto de hambre entre 1,5 y 12 millones de personas.​ Los archivos secretos desclasificados tras la disolución de la Unión Soviética reflejan un aumento de la mortalidad en 1932 estimado en una tasa adicional a la media de años anteriores de unas 150 000 personas, mientras que 1933 refleja algo más de 1,3 millones de personas –lo que hace un total de unas 1,5 millones de personas fallecidas a consecuencia directa de la hambruna según estos documentos–, si bien desde 1934 tanto la mortalidad como la natalidad descendieron entre el 20 y el 40 % en comparación con la media de los años previos a la hambruna.


Requisa de trigo en el óblast de Kiev, 1930


Holodomor: más de 8 millones de ucranianos condenados a morir de hambre

El genocidio fue planificado desde el Kremlin como una política de Estado. Fue un plan concretamente elaborado para aniquilar a la nación ucraniana. Entre el fin del invierno y la primavera de 1933, morían 17 personas por minuto; mil personas por hora, 25 mil personas por día. El 50% de los muertos fueron niños. El miedo se apoderó de ellos y se transformó en una natural forma de vida.

   Todos los esfuerzos que la Unión Soviética hizo después para ocultar aquel espantoso episodio —conocido como Holodomor—, a lo que contribuyeron algunos periodistas occidentales y sus Gobiernos, que tenían otras prioridades, pueden estar detrás de la controversia que sigue generando este tema, señala: “Algo que se mantiene en silencio durante tanto tiempo es difícil de creer”. Y también la huella que sigue marcando, todavía, la sociedad ucraniana: “Hay una profunda división entre la gente y el Estado, que ven como un elemento extranjero que no tiene nada que ver con ellos, que es corrupto... Incluso ahora, con una genuina democracia, no hay mucha confianza en las instituciones estatales”.

   Pero lo que ocurrió entonces no da claves únicamente sobre el presente de aquel país. También ayuda a comprender esa tendencia que ella denomina “Estado de un solo partido”, que es “una forma muy exitosa de mantener el poder”. “En nuestras democracias definimos la élite por medio de ciertos modos de competición —política, económica o meritocrática—, pero el Estado de un solo partido lo define de otra manera, por la cual pasan a formar la élite quienes sean más leales, más patriotas, más cercanos al ideal del Estado y esto es muy atractivo para la gente a la que no le gusta la competición, porque no son buenos en ella o piensan que está trucada o porque no es moralmente aceptable”, explica.

   Y pone el ejemplo de la Polonia en la que vive, donde describe una sociedad fracturada, en la que una parte —entre ellos, algunos de sus “antiguos amigos” que hace años se reunían bajo la etiqueta común de derecha conservadora— reclama su derecho a gobernar “porque son más patriotas, se han mantenido más cercanos a interpretaciones más correctas de la historia. Y aunque no sean tan buenos en la competencia para ganar elecciones. Por ello, para mantenerse en el poder necesitan eliminar la independencia judicial y de los medios”. Y añade:

Creo que hemos dado por muerta demasiado rápidamente la idea de la autocracia. Es algo muy atractivo para la gente y ofrece a algunas personas un camino para triunfar que no tendría en otro sistema”.

   En definitiva, Applebaum describe una situación en la que la cuestión es: “¿Tenemos partidos políticos e instituciones suficientemente fuertes para luchar contra todo ello? No lo sé”.

Lo que nos convierte en humanos

   De todos los documentos, de todos los testimonios que Anne Applebaum ha recopilado en su libro, la autora señala especialmente un grupo de fotografías, “realmente terribles y conmovedoras”, tomadas por un ingeniero austriaco, las únicas que se conservan sobre lo que ocurrió durante la gran hambruna en Ucrania. “No son importantes porque enseñen masas de gente muriendo, sino porque enseñan cómo la muerte se convirtió en algo completamente normal. Había cuerpos tirados en la calle y la gente andaba alrededor sin fijarse”, explica.

   De hecho, añade que le costó especialmente escribir un capítulo en el que trata de explicar “qué significa realmente morirse de hambre”. Cuenta que le dedicó mucho tiempo a pensar en cómo afecta a la mente de las personas, a su comportamiento, que en aquel caso incluyó canibalismo, robos, crímenes... “Creo que casi todo lo nos hace humanos, nuestro comportamiento, nuestras relaciones sociales, dependen de este elemento básico, de que tengamos comida cada día. Y que cuando quitas eso, somos apenas humanos, nada en nosotros es igual, nuestras personalidades, nuestro comportamiento...”.


Putin, el emperador sin ropa

Por Douglas London. 4 Marzo de 2022

(CNN) -- ¿Se ha vuelto loco Vladimir Putin? ¿De qué otra manera el presidente ruso podría haber colocado al mundo de manera tan imprudente en el precipicio de lo impensable con lo que, fuera del Kremlin, se ve como una guerra injustificada e imposible de ganar en Ucrania?

   Sí, imposible de ganar, ya que incluso si las tropas rusas reemplazan al Gobierno democrático de Ucrania a punta de bayoneta con un títere ruso y ocupan el país, el Kremlin se enfrenta a una insurgencia sangrienta y aplastantes consecuencias económicas. Putin aún podría darse cuenta de su mayor temor de un movimiento comunitario que lo deponga, y podría provenir de lo que él mismo ha puesto en marcha. Pero, como observador de Rusia desde hace mucho tiempo, dudo que Putin haya perdido la cabeza, sino que está tan mal informado que basa su cálculo en inteligencia que se parece poco a la realidad.

 Hace décadas que Gabriel García Márquez dijo que "es más fácil comenzar una guerra que terminarla", y esto debería saberlo Vladimir Putin.

Las intenciones de Putin

   Putin no podría mantener el poder, ni sus riquezas supuestamente mal obtenidas, en un Estado ruso genuinamente democrático. Mucho antes de dejar temporalmente la presidencia en 2008, traspasando el puesto al cuidador de facto y jefe titular Dmitry Medvedev, el líder ruso dejó claras sus intenciones.

   En 2005, Putin declaró en su discurso anual sobre el estado de la unión ante el Parlamento que el colapso del imperio soviético "fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX" y fue una "epidemia" que fomentó movimientos separatistas que "se extendieron a la propia Rusia". Sus comentarios de diciembre de 2021 sobre la desaparición de la Rusia histórica fueron el seguimiento natural de su declaración de marzo de 2018 a los periodistas de que revertiría el colapso de la Unión Soviética, si pudiera.

   Putin, anteriormente de la KGB, es un agente de inteligencia capacitado. Está obsesionado con el control. Un agente de inteligencia se esfuerza por establecer poder sobre todos y todo, incluyendo las narrativas por las que son percibidos, para controlar las acciones subsiguientes de los demás. Hay mucho teatro en esta industria, como se refleja en los fieros discursos de Putin y la representación pública de su virilidad, la subordinación absoluta de los más altos funcionarios de Rusia y el país alimentando una mística de poder militar abrumador.

   La dirección teatral de Putin de poner en alerta a las fuerzas nucleares rusas estaba dirigida a audiencias nacionales: la suya y la de Occidente. Fue coreografiado para provocar una respuesta recíproca y apoyar su narrativa.

   Rusia, sostiene, es víctima del ataque de un agresor, y golpear primero y con más fuerza es un acto preventivo y de autodefensa. Si fue diseñado para hacer retroceder una amenaza militar estadounidense creíble, no necesitaba haber hecho pública la orden.

  Si las fuerzas rusas se pusieran en tal alerta, las agencias de inteligencia estadounidenses habrían detectado indicios de inmediato. Cuando Estados Unidos puso en alerta a sus propias fuerzas nucleares en respuesta a las acciones militares rusas durante la guerra árabe-israelí de 1973, la Casa Blanca de Nixon no hizo ningún anuncio público. Pero EE.UU. transmitió deliberadamente órdenes a través de su estructura militar y de seguridad abiertamente para que el liderazgo de Rusia captara rápidamente el mensaje.

   La de Putin es una filosofía activista que busca no dejar nada al azar y toma la iniciativa para obligar a sus enemigos a reaccionar ante las circunstancias que pretende dictar. Pero todo eso depende de una buena inteligencia. Construyes un castillo de naipes cuando se construye un plan sin ser consciente de sus posibles fallas y vulnerabilidades.

   Si bien es demasiado pronto para juzgar cómo resultarán las cosas al final en Ucrania, hay poco debate de que la guerra de Putin no ha ido como él esperaba, o tan bien como le hubiera gustado. Nadie puede leer la mente de Putin, pero la estrecha idea a la que podemos acceder pinta la imagen de un líder que ha creado una corte real de aduladores que no están dispuestos a dar noticias que no quiere entretener. Ha llenado los puestos clave del país con siloviki, poderosos políticos con antecedentes en los servicios de inteligencia de Rusia, en gran parte la antigua KGB.

No es el mejor momento para ser un oligarca ruso

   Pero no hay honor entre los ladrones, o en este caso, los ex-espías en los que confía Putin, debido a la confianza en su capacidad para manipularlos y controlarlos. Se complacen en saquear los recursos del país e inflar sus billeteras con incentivos para asegurar la lealtad, en lugar de la confianza intrínseca.

   La reciente reunión del consejo de seguridad nacional de Putin y posiblemente escenificada, probablemente escrita, grabada y tal vez editada tal como estaba, ofreció un vistazo revelador. Y las burocracias, que en última instancia son las agencias de inteligencia, seguridad y defensa de Putin, reflejan la dirección y el ejemplo de sus propios líderes. Aparentemente paranoico sobre su propia seguridad, es evidente que el autoaislamiento y la actitud voluble de Putin han fomentado un grado de autocensura y sesgo entre aquellos de quienes depende para proporcionar una descripción precisa del mundo exterior.

   En esta atmósfera, ¿Qué tan transparentes sería el Ministro de Defensa, Sergei Shoigu, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Valery Gerasimov, con respecto a las capacidades logísticas y de combate de las fuerzas armadas? Si las pérdidas rusas son incluso una fracción de las que se muestran en los medios, aún estarían a un ritmo varias veces superior al que Estados Unidos sufrió durante 20 años en Afganistán, Iraq y Siria.

   Poco se escucha públicamente del jefe de la Dirección Principal de Inteligencia (GRU) de Rusia, el almirante Igor Olegovich Kostyukov. Un destacado intransigente que aparentemente comparte la visión de Putin y cuya organización, específicamente la Unidad 29155, se ha relacionado con asesinatos, sabotajes y apoyo a insurgencias en el extranjero, podría ser escuchado incluso menos.

   Si la estrategia de Rusia en los primeros días de la guerra reflejaba las evaluaciones del GRU que sugerían que el Ejército ruso arrasaría Ucrania con poca resistencia de su población pro-rusa indiferente, si no simpatizante, la estrella de Kostyukov podría estar en declive.

   Después de haber visto al director del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, Sergey Naryshkin, y a su homólogo del Servicio de Seguridad Federal, Alexander Bortnikov, encogerse de miedo y titubear ante la presencia de Putin en la televisión, creo que es poco probable que le hubieran advertido sobre la determinación de Ucrania de luchar y la respuesta económica potencialmente aplastante de las democracias liberales más poderosas del mundo.

   Mientras el mundo observa sin aliento, las acciones de Putin están debilitando las suposiciones que durante mucho tiempo definieron la competencia entre las grandes potencias. "Destrucción mutua asegurada", por ejemplo, ya no podría ofrecer la barandilla confiable que alguna vez se pensó.

   Putin respaldó públicamente una política rusa de disuasión nuclear que le permite usar armas atómicas en respuesta a un ataque convencional contra la infraestructura militar y gubernamental crítica de la nación. Y Belarús acaba de anunciar un referéndum que cambia su ley para permitir que el país albergue armas nucleares, un probable precursor del despliegue de Putin de misiles nucleares móviles de alcance intermedio más cerca de las fronteras de la OTAN.

   A pesar de mi posible sesgo como veterano de 34 años del Servicio Clandestino de la CIA que persiguió durante mucho tiempo al objetivo ruso, una mejor comprensión de las aspiraciones e intenciones de Putin y la inteligencia sobre la que toma decisiones dependerá más de las personas que de nuestra alardeada destreza tecnológica.

   Los satélites espía de alta resolución nos permiten contar las tropas rusas, ver sus formaciones y evaluar su armamento. Y los puestos de escucha controlan el volumen de la comunicación, y quizás incluso parte de su contenido.

El mundo condena la guerra de Putin

   Pero la tecnología no puede responder las preguntas más importantes para Ucrania. ¿Qué está pensando Vladimir Putin? ¿Cuál es su intención? ¿Su meta final? ¿Y cómo podemos ayudar al público a discernir la verdad de la desinformación sobre el terreno?

   Según los reportes, parte de la información que Estados Unidos y sus aliados tenían sobre el pensamiento del Kremlin se perdió cuando un agente de la CIA con acceso a Putin estuvo en peligro por una filtración hace cinco años. La transigencia fue del expresidente Donald Trump, quien discutió información clasificada en una reunión en la oficina Oval de mayo de 2017 con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, y el entonces embajador de Rusia en EE.UU., Sergey Kislyak.

   Al abordar tales brechas, el director de la CIA, William Burns, declaró su compromiso de realinear la agencia del contraterrorismo a la recopilación de inteligencia tradicional contra adversarios estratégicos. Sus prioridades declaradas han sido China, tecnología, Rusia y el fortalecimiento de la fuerza laboral de la agencia.

   La CIA tiene mucho trabajo por delante para superar los últimos 20 años de inversión insuficiente en espionaje extranjero tradicional en un entorno mucho más difícil que el que jamás enfrentó James Bond, y nutrir agentes bien ubicados lleva tiempo. Sin embargo, a pesar de los sentimientos personales del expresidente Trump, espero que la CIA nunca haya dejado de trabajar en Rusia.

   La relativa moderación inicial de Rusia en la protección contra las bajas civiles ciertamente se basó en las complicaciones que Putin esperaba evitar al gobernar Ucrania y reprimir una insurgencia después de tomar la capital y reemplazar su gobierno. Pero es probable que se desespere por restablecer el control y lograr la victoria militar.

   Preocupado justificadamente por cómo jugará en casa la conflagración prolongada y las bajas rusas resultantes, Putin podría aplicar cada vez más las tácticas brutales vistas en la guerra de Siria al arrasar con centros urbanos y al empuñar armas termobáricas y bombas de racimo en objetivos indiscriminados.

   Contrarrestar a Putin y sus siloviki requiere entenderlos con inteligencia desde adentro y con resistencia a un componente emocional que sugiere imprudencia por parte del líder ruso.

   Es brutal, ilógico para nosotros y, por lo tanto, impredecible. Pero la inteligencia de EE.UU. logró anticipar su movimiento en Ucrania no juzgando a Putin como irracional, sino examinando su cálculo, por mal informado que haya estado, y su círculo de asesores, por incapaces que parezcan, en los que se apoya para tomar sus decisiones.

   Es probable que Putin continúe intensificando su guerra en Ucrania, temiendo sobre todo que pueda perder el control de Rusia. Si realmente comprende que la guerra misma lo pone en riesgo es una pregunta de suma importancia.

Nota del editor: la expresión "el emperador sin ropa" o "el traje nuevo del emperador" se utiliza para describir una situación en la que las personas tienen miedo de criticar algo o a alguien o bien temen señalar una verdad obvia que va en contra de la opinión predominante. 

El cartel de una protesta contra Putin

Putin, el “tirano viril” que se sintió humillado

"Kaspárov le definía hace unos años como "la mayor amenaza a la paz mundial que existe sobre la faz de la tierra". Carrère le retrata como "un villano de morales viriles que es grotesco y mediocre".


El perfil psicológico del hombre que trajo la guerra a Europa

Cuatro expertos construyen el perfil psicológico de Vladimir Putin. Desde rasgos psicopáticos, hasta omnipotencia y narcisismo son algunas de las características con los que psicólogos y psiquiatras definen al presidente ruso. En la peor característica coinciden todos: sadismo.

JORGE SOBRAL: EL LADO OSCURO DE PUTIN

  El psicólogo especializado en pensamiento criminal recuerda que no se puede prescindir del contexto político-social al definir una personalidad. Pero quizá esta sea la excepción. «Influye la desintegración de la URSS, el ego herido de la Gran Rusia..., pero en ese mismo contexto estuvo Gorbachov y tenía rasgos antagónicos».

   Así, atribuye a Vladimir Putin varias características. Un remarcado aplanamiento emocional y la capacidad de provocar daños. «No sé si es un psicópata, pero tiene las características». Subraya el carácter instrumental de sus relaciones personales, «no tiene otra lealtad que a sí mismo». Además, un componente de sadismo notable. «Causa sufrimiento a cualquiera sin despeinarse, lo entiende como un instrumento del poder». Otro rasgo: el maquiavelismo. «Legitima el engaño, la manipulación y la mentira». También el narcisismo, «esa degeneración de la autoestima», y un antagonismo, «polo opuesto de la humildad».

   La suma de todos estos rasgos apunta a un resultado: «En la psicología criminal se le conoce desde hace algunos años como el lado oscuro de la personalidad».


MANUEL FERNÁNDEZ BLANCO: SADISMO Y PSICOPATÍA

    Psicoanalista y psicólogo clínico, Fernández es claro: «Probablemente Putin nunca ha estado en un diván y posiblemente nunca lo estará, porque para ello hace falta un mínimo desacuerdo con nosotros mismos». Para definirlo, elige una frase pronunciada por el mandatario: «Tengo la sensación de que conseguiré todo lo que quiero». No concibe el límite de la imposibilidad, por lo que interpreta que existe un rasgo de omnipotencia.

   Asegura que algún papel juega su origen familiar en todo esto. Hijo de trabajadores de fábrica, nació y vivió en uno de los barrios más desfavorecidos del Leningrado de la posguerra. Tuvo dos hermanos mayores, ambos murieron. «Para alguien que vivió con su familia en 20 metros cuadrados, tal vez el expansionismo, a cualquier precio, puede ser otra característica», apunta.

   También genera fascinación y temor. «Por eso es enormemente popular en Rusia», señala. Recuerda que también lo fue Hitler, que prometía reparar la humillación, la deuda histórica a los alemanes y devolver la grandeza perdida. Goza, además, de la sumisión y la obediencia, de generar angustia, «porque el sádico no solo goza con hacer daño, sino especialmente de que el otro se angustie con lo que le puede ocurrir». En ese sentido, afirma: «Esta guerra es el cálculo de un sádico que se presenta de un modo inquietante, amenazando o sugiriendo que va a hacer cosas terribles, pero sin nombrarlas, jugando con la angustia individual y colectiva».


MANUEL LAGE: UN PSICÓPATA SOCIALIZADO

    Este psicólogo clínico destaca varios rasgos. Una cruel despreocupación por los sentimientos de los demás. Falta de capacidad de empatíaIncapacidad para sentir culpa y, probablemente, una marcada capacidad para dar explicaciones verosímiles de su comportamiento conflictivo. Una inteligencia exclusivamente dirigida a la defensa de sus intereses por encima de cualquier consideración. En resumen, cumple muchos criterios para definirlo como un psicópata. «La imagen que tenemos es un señor que va con una sierra detrás de una chica, pero hay muchos psicópatas de corbata», dice. Sobre cuánto pudo influir su paso por la KGB, en estas características, explica que, en su opinión, sucede lo contrario: «La KGB selecciona ese tipo de perfil: alguien que no pueda sentir piedad. Ahí triunfó porque tuvo cualidades que le hicieron destacar».

   Indica que Putin, Trump, Bolsonaro o Erdogán también son «psicópatas socializados y líderes depredadores». Subraya que Putin «no aprende de la experiencia ni del castigo». «Estas personas solo respetan a otro igual o superior». Y advierte: «Lo que menos respeta es la debilidad, va a por ellos sin piedad». Por eso, cree que Putin no va a parar hasta que alguien lo ponga en un aprieto, «porque es un psicópata, pero no es un idiota». «No creo que ningún psicópata muera por la patria: los psicópatas hacen que mueran otros y mandan a otros a morir», finaliza.


JUAN CARLOS DÍAZ DEL VALLE: PUTIN ES UN NARCISISTA PSICÓPATA

  Antes de comenzar, este psiquiatra recuerda que sólo se puede realizar una aproximación en función de los actos y los mensajes que se conocen. De estos concluye que «tiene rasgos de personalidad anormales», que no una enfermedad, por lo que no hay que estigmatizar estas. A la mayoría de las personas con este perfil les genera sufrimiento, excepto en este caso: «Es un narcisista y con rasgos de psicopatía», dice del Valle. Esto significa que tiene un exceso de autoestima, se cree muy poderoso e importante, tiene escasa empatía y suele tener relaciones conflictivas, «porque en el conflicto vive bien». Estos personajes toleran mal la frustración, son impulsivos y hostiles. Y Putin no asume responsabilidad por sus actos y se siente poseedor de la verdad: «Cree que lo que hace es bueno, aunque haga sufrir a mucha gente».

   «No sé cuáles son sus estrategias, pero me temo que solo cederá si ve que del otro lado le hacen frente», explica el psiquiatra. No significa que tengamos que ir a una guerra, pero el experto señala que hay que mostrarle con contundencia que no estamos de acuerdo con lo que hace.

Una mujer porta una foto de Putin durante una manifestación para pedir la paz en Ucrania celebrada en Lisboa


LOS BULOS DE PUTIN

GABRIELA CONSUEGRA

   Estas son las cinco falsedades más relevantes que ha pronunciado Putin en los últimos días: La forma más efectiva de colar una mentira es convertirla en una media verdad. Mezclar información y desinformación, lo real con lo ficticio. Nada que no sepa el Gobierno ruso y que no haya hecho antes. No solo tienen la artillería mediática ideal para amplificar sus historias, sino que son capaces de construir discursos como enredaderas. La máxima manifestación de esta premisa: Vladimir Putin, que en los últimos días ha dado una cátedra de cómo crear no uno, sino varios bulos. A veces, haciendo un batiburrillo del pasado con el presente, atravesado por las interpretaciones y matizado con eufemismos. Otras, mintiendo tan descaradamente y a una escala tan masiva que la impresión genera confusión y hace titubear a quien lo escucha. En todo caso, merece ser desmentido. Bulo por bulo, aquí van las cinco falsedades más relevantes que ha pronunciado Putin.

1. VOLODIMIR ZELENSKI, EL NAZI

   Una mentira de tales dimensiones que al propio Zelenski se le ve con una expresión desencajada cuando afirma en un vídeo: «¿Nazi yo? Dile eso a mi abuelo». Bien: el mandatario ucraniano es judío. Su familia sufrió las consecuencias del régimen alemán y su abuelo combatió con el ejército soviético en contra del avance de Hitler. Por eso, cuando Putin se refería a la necesidad de proceder a una desnazificación de Ucrania incurría en un desvarío malintencionado sin pies ni cabeza. Además: «Te dicen que somos nazis, pero ¿cómo un pueblo que perdió más de ocho millones de vidas por la victoria del nazismo puede apoyar eso?», zanjó Zelenski.


2. DESARMAR AL EJÉRCITO

   ¿A cuál? El presidente de Ucrania se ha visto en la necesidad de convocar a cualquier hombre adulto entre 18 y 60 años que sea capaz de sostener un arma para defender su territorio de la invasión rusa. El ejército nacional apenas es suficiente para proteger la capital. O intentarlo. Por eso, 13 soldados ucranianos se tuvieron que enfrentar a un buque de la Marina rusa en la isla de la Serpiente. Y por lo mismo murieron todos. Lo único cierto es que están recibiendo armamento de parte de otros países, especialmente miembros de la OTAN, pero armar a una guerrilla de civiles para combatir contra las tropas militares rusas —esas que sí son un verdadero ejército— es casi garantizar que ocurrirá una masacre y que las armas terminarán en poder del Kremlin.

3. GENOCIDIO

   Ya usaron la misma argumentación en la guerra de Georgia, así que no debería sorprender a nadie. Sin embargo, basta con decir que no se ha encontrado ningún rastro de genocidio contra rusos ni prorrusos en Ucrania. Desde el 2014, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, OSCE, ha mantenido una misión de observadores en Donbás para monitorizar a ambas partes del conflicto y ni rastro. Partiendo de la dificultad que supondría esconder un acto de estas características, es fácil concluir que, una vez más, Putin miente.


4. UCRANIA, EL INVENTO DE LENIN

   Que fue creada por los bolcheviques con Lenin como «autor y arquitecto». Pero, una vez más, la historia no da la razón a Putin. Lo único cierto es que el afán imperialista de Rusia los ha hecho intentar tomar Ucrania por todos los medios a lo largo de años y años. Pero lo curioso es que muchos historiadores aseguran que el origen de Ucrania es tan antiguo como el de la propia Rusia. O, lo que es lo mismo, que nunca fueron parte la una de la otra. De hecho, su origen se remontaría a una confederación de tribus medievales: la Rus de Kiev, aunque posteriormente derivó en un estado único que existió hasta el siglo XII. En todo caso, en 1991 Ucrania se independizó de la antigua Unión Soviética con un referéndum que apoyó el 90 % de los ciudadanos. Ah, y que lo único que inventó Lenin en Ucrania fue la despiadada Comisión de Avituallamiento, que consistía en explotar a los campesinos disfrazando todo de una guerra contra los ricos: los kulaks, que eran propietarios de granjas y cabezas de ganado. La política de Lenin se resume en una frase: «Guerra despiadada contra los kulaks, muerte para todos».

5. LA OPERACIÓN MILITAR ESPECIAL

   Refinado juego de palabras para ocultar las claves: invasión y guerra. En principio, una «operación» se caracteriza por tener objetivos militares y geográficos concretos —según Putin, sus tropas iban para salvar a la población residente en las autoproclamadas repúblicas de Donesk y Lugansk de la amenaza ucraniana—. Pero no solo han trascendido estas fronteras para ir a Kiev, sino que han empleado la fuerza sin distinguir objetivos militares de la población civil. Así, una vez más, los hechos contradicen las versiones del Kremlin.



Canción de una niña Ucraniana contra las guerra entre Rusia y Ucrania



Creedence Clearwater Revival - Fortunate Son (Sub. Español / Lyrics)



Famosa canción italiana convertida en himno de paz (La guerra di Piero). Interpretada por Adriano Celentano


Canción de niños contra la guerra



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