lunes, 28 de marzo de 2022

¿POR QUÉ SE MIENTE? PSICOLOGÍA DE LA MENTIRA

 

¿POR QUÉ SE MIENTE?


   En general, se miente por el temor a las consecuencias de que algo se sepa : algo que se hizo, que no se hizo, que se oyó, que se vio, que se dijo o que se supo. 

  Se miente para culpar a otra persona, por no querer asumir responsabilidades, para dañar a otro o para no enfrentarse a problemas propios o de allegados. Se miente para ocultar algo y para evitar la vergüenza que se siente por lo que se ha hecho y por sus consecuencias, ya sean éstas personales, legales o de otro tipo: libertad o prisión, separación matrimonial o de la persona amada, conflictos y distanciamiento familiar, pérdida del empleo. Más aún, si se descubre que se ha mentido puede haber consecuencias negativas y a veces peores que las acarreadas por el dato o hecho que se intenta ocultar.

 Historia del mentiroso: El mentiroso no tiene historia. Nadie se atrevería a contar la crónica de la mentira ni a proponerla como una historia verdadera. ¿Cómo contarla sin mentir?

FERNANDO ARRABAL



Jorge Bucay - ¿Por qué miente la gente?

   Se miente también para conseguir una ventaja sobre otra persona o para obtener un beneficio que, diciendo la verdad, se duda de poder alcanzar. La mentira y el engaño son instrumentos para conseguir muchos objetivos en esta vida, ya sean de tipo económico, social o amoroso. Por ejemplo, un vendedor puede mentir para conseguir un encargo o un pedido, por la codicia de obtener un beneficio o por las consecuencias que le puede acarrear el no conseguirlo. En este sentido, la mentira es muchas veces un intento de controlar y de manipular el comportamiento de los demás. 

   Se miente también por otras razones muy variadas y complejas y a veces «positivas»: para ayudar a alguien, como ocurre con las «mentiras altruistas», o para halagar, alegrar o intentar hacer felices a los demás. También para no dañar a los demás, para evitar conflictos personales o familiares, o para no frustrar planes o proyectos propios o de otros. Es típico no querer que los amigos o la familia se enteren de algo negativo acerca de nosotros o de algo que les puede perjudicar. En muchos casos existe un miedo real y fundado a que familiares, amigos y allegados sufran por lo que ha ocurrido, y no querer hacerles daño hace que no digamos la verdad. Por otro lado, y para muchas personas, ocultar lo que han hecho o mentir sobre ello es una forma simple y directa de proteger su intimidad. Es en este sentido en el que se expresaba Anatole France: «Solamente las mujeres y los médicos aprecian lo necesaria y bienhechora que suele ser la mentira». Muchos quieren mantener su mundo privado fuera del conocimiento y alcance de los demás y este intento lleva a mentir.

   Cuanto más grave es lo que ha sucedido o lo que se ha hecho, más graves son las consecuencias y mayor la motivación que lleva a no decir la verdad. Por ello se miente más cuanto mayores sean las consecuencias. En estos casos es posible que la integridad moral y la imagen personal se vean dañadas más seriamente y que las consecuencias sean, por tanto, más grandes todavía. Muchas veces la libertad personal está en juego y puede haber daños de tipo laboral, económico o personal. La mentira busca evitar las consecuencias negativas inmediatas que se derivarían de conocerse lo sucedido y deja la puerta abierta a que no se sepa nunca lo que sucedió, y a la elusión de posibles penalizaciones o castigos. Ahora bien, cuando la mentira se lleva demasiado lejos, no se puede volver atrás porque las consecuencias pueden ser peores aún que el haber mentido: no sólo se ha hecho o se ha sabido algo indebido, sino que se ha ocultado.





"Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira"
Mahatma Gandhi



Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver.
Proverbio Judío



   Pero también es más fácil detectar el engaño cuando las consecuencias de ser descubierto este son más serias. Como también lo es si la persona no cree en su propia mentira o si la mentira es compleja. Por el contrario, cuanto menos significativa es una mentira, o menos consecuencias acarrea, más difícil es la detección. 

El mentiroso alberga casi siempre miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa, lo cual encierra, además, miedo a:

• ser menos que los demás;

• no conseguir un objetivo profesional, perder una venta o no lograr un pedido;

• ser menos atractivo;

• que no nos quieran o que no nos aprecien;

• que no nos respeten;

• a perder o a no ganar algo.

“Un narrador inventa cosas para ayudar a otras personas; un mentiroso inventa cosas para ayudarse a sí mismo”.

Daniel Wallace

  

El pastorcito mentiroso

Fábula de Esopo

   Había una vez un pastorcito que cuidaba su rebaño en la cima de la colina. Él se encontraba muy aburrido y para divertirse se le ocurrió hacer una broma a los aldeanos. Luego de respirar profundo, el pastorcito gritó:

—¡Lobo, lobo! Hay un lobo que persigue las ovejas.

Los aldeanos llegaron corriendo para ayudar al pastorcito y ahuyentar al lobo. Pero al llegar a la cima de la colina no encontraron ningún lobo. El pastorcito se echó a reír al ver sus rostros enojados.

—No grites lobo, cuando no hay ningún lobo —dijeron los aldeanos y se fueron enojados colina abajo.

Luego de unas pocas horas, el pastorcito gritó nuevamente:

—¡Lobo, lobo! El lobo está persiguiendo las ovejas.

Los aldeanos corrieron nuevamente a auxiliarlo, pero al ver que no había ningún lobo le dijeron al pastorcito con severidad:

—No grites lobo cuando no hay ningún lobo, hazlo cuando en realidad un lobo esté persiguiendo las ovejas.

Pero el pastorcito seguía revolcándose de la risa mientras veía a los aldeanos bajar la colina una vez más.

Más tarde, el pastorcito vio a un lobo cerca de su rebaño. Asustado, gritó tan fuerte como pudo:

—¡Lobo, lobo! El lobo persigue las ovejas.

Pero los aldeanos pensaron que él estaba tratando de engañarlos de nuevo, y esta vez no acudieron en su ayuda. El pastorcito lloró inconsolablemente mientras veía al lobo huir con todas sus ovejas.

Al atardecer, el pastorcito regresó a la aldea y les dijo a todos:

—El lobo apareció en la colina y ha escapado con todas mis ovejas. ¿Por qué no quisieron ayudarme?

Entonces los aldeanos respondieron:

—Te hubiéramos ayudado, así como lo hicimos antes; pero nadie cree en un mentiroso incluso cuando dice la verdad. 

  En la mayor parte de las ocasiones, este miedo puede obedecer a motivos justificados a corto plazo, pero no a largo plazo. Con el tiempo, es difícil que una mentira resista el contraste con los hechos o sirva para cumplir los objetivos que se perseguían con ella.

   Existe otro miedo tan importante o más que el anterior, y es el miedo al castigo añadido que se puede recibir si se descubre la mentira que pretende encubrir la responsabilidad o culpabilidad propia o de otro. A veces, lo que lleva a las personas a continuar con una mentira es no querer que se descubra que está mintiendo. Algunas personas pueden llegar a considerar el hecho de mentir peor aún que el que se descubra aquello por lo que empezaron a mentir y que fue lo que en un principio quisieron ocultar.

  Hablando en términos de relaciones interpersonales y de sus repercusiones en el mundo familiar, de amistades y de trabajo, es fácil para todos pensar que una persona que miente una vez seguirá mintiendo, ya no es digno de confianza. Por eso, el ser descubierto en una mentira puede ser desastroso para las relaciones sociales del mentiroso.

   Recíprocamente, pasar por ser una persona sincera engrandece el valor personal. Por eso, aprovechamos cualquier circunstancia, incluso aunque no nos haga merecer fama de simpáticos, para demostrar que decimos siempre la verdad, aunque nos perjudique, o para asegurar que «siempre vamos con la verdad por delante».

   Podemos añadir un tercer sentimiento cuando las consecuencias del hecho son severas o graves. El miedo a las consecuencias de que la verdad se sepa se une al miedo a ser descubierto mintiendo, y al mayor o menor sentimiento de culpa por mentir (Ekman y O’Sullivan, 1991).

Salvar la propia imagen

   Una de las razones de mentir puede ser querer salvaguardar ante los demás una determinada imagen que pensamos que tienen de nosotros. En este caso, la principal razón para mentir es la vergüenza o intentar evitar el deterioro de la reputación y de la imagen. Hay cierta comprensión hacia quien miente para salvar su imagen. En palabras del escritor australiano Patrick White, «Una mentira, sin embargo, no encierra una cabal malicia cuando se profiere en defensa del honor».

   Todos necesitamos crear en los demás una buena impresión. Intentamos controlar la imagen que se forman de nosotros, de tal modo que en todas las situaciones queremos influir en cómo nos perciben los demás, para mostrar la imagen más favorable. Cuando queremos salvar la cara a toda costa, podemos llegar a mentir para presentar o conservar una buena imagen de nosotros.

   Una parte de todo engaño es lo que se conoce con el nombre de «formación de impresiones» o «manejo de impresiones», que ocurre al proporcionar a los demás información dirigida a crear una imagen socialmente adecuada de nosotros mismos. La mentira cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de presentar una impresión favorable ante los otros, que nos brinda seguridad y protección, y previene o evita al mismo tiempo la vergüenza pública y la crítica o valoración negativa de los demás.

   En algunas situaciones especiales podemos experimentar, además, una fuerte presión social para dar una buena imagen ante los demás. En esos instantes «queremos quedar bien» o tenemos necesidad de que nos vean y de que nos evalúen favorablemente. Esto es especialmente importante en situaciones, que llamamos evaluadoras, en las que se espera que los demás se formen un juicio o una opinión de nosotros al terminar el encuentro, como puede ser en una entrevista de empleo, cuando conocemos a alguien o en las primeras citas amorosas con una persona (y a veces incluso en las últimas).

   En general, queremos aparecer ante los demás como más inteligentes, más educados, más bellos, más atractivos, más poderosos o más ricos de lo que somos. Esta tendencia a querer «quedar bien» es muy fuerte y es difícil sustraerse a ella. Además, nos preocupa mucho el resultado de esa evaluación o de ese «examen» que nos hacen, o que creemos que nos hacen los demás, en esas situaciones evaluadoras. Existen diferencias de género en la forma en la que nos presentamos ante los demás, de manera que es frecuente que los hombres quieran parecer más poderosos, ricos o inteligentes de lo que son, y que las mujeres por su parte quieran mostrar más interés por los demás del que tienen realmente, datos relacionados con los respectivos estilos conversacionales. La tendencia a mentir o a exagerar en estas situaciones es muy fuerte y casi forma parte de las convenciones sociales el que se sobrestimen o se exageren los méritos de uno para conseguir quedar bien ante los demás.

   También, en términos generales, cuanto mayor es el rango social, más se tiene que perder, mayor es el miedo y menor la tendencia a reconocer o confesar que se ha ocultado algo o que se ha cometido un acto más o menos reprobable. Hay que señalar que, dado el carácter privado de la imagen personal, lo determinante y lo importante en estos casos es la percepción subjetiva de la posición social (la que nosotros pensamos que tenemos y la que creemos que los demás tienen de nosotros) y no la real.      

Ambigüedad del lenguaje

   La mentira se ve favorecida por la propia naturaleza imprecisa del lenguaje y por la forma en que lo utilizamos en la vida corriente. La ambigüedad es una característica del lenguaje, que no debe considerarse como totalmente negativa, ya que proporciona matices y riqueza a la comunicación humana. Además, el lenguaje describe así mejor la realidad y se acerca más a ella, ya que muchos acontecimientos, sociales y privados, como nuestras emociones o los sentimientos que acompañan a un encuentro con una persona querida u odiada, no pueden describirse sin matices, como si estuvieran impresos en blanco y negro, sino que poseen una naturaleza rica, cambiante, variada y difícil de aprehender.

   El lenguaje está lleno de frases y expresiones que nos hablan de la dificultad de ser precisos en muchas situaciones que, por su propia naturaleza, reflejan emociones, recuerdos o impresiones subjetivas que apenas pueden objetivarse. Sería muy difícil llevar a cabo una comunicación basada exclusivamente en descripciones exactas y en expresiones objetivas. No expresaríamos opiniones o pareceres, sino solamente hechos.

   Prácticamente no hablaríamos y perderíamos la capacidad de interpretar los sentimientos de los demás. No se trata sólo de una ambigüedad inherente al lenguaje, sino muy frecuentemente de una característica propia de la realidad a la que describe e imita.

   La posibilidad, la especulación y la fantasía son elementos de la comunicación humana. Aunque la verdad posee un valor superior, el interés de un mensaje reside más en las posibilidades que suscita. El valor de la comunicación es más lo que sugiere que lo que refiere. Si tuviéramos que revisar y confirmar nuestros datos y nuestras informaciones para cada conversación y para cada manifestación o frase que proferimos, apenas hablaríamos y nuestras charlas serían limitadas y aburridas, mermando enormemente nuestra capacidad de comunicación y nuestras posibilidades de interacción con los demás. Queremos despegarnos de la realidad y si algo nos parece interesante, pensamos que debe tener algo de verdad o deseamos que así sea.

 Edward de Bono (1999)

   Bajo una perspectiva más radical, no se trata sólo de que el lenguaje refleje de forma imperfecta la realidad, sino de que desempeña un papel de intermediario entre el mundo real y los procesos mentales. El lenguaje sería una invención o un artificio que existe entre el mundo psíquico y el mundo exterior. Las bases del lenguaje, según filósofos como Platón y Nietzsche, serían la ficción y la ocultación de la realidad.

Recuerdos y mentiras

   Nuestra memoria o, mejor dicho, nuestra mala memoria nos puede llevar a mentir, la mayor parte de las veces de forma no intencional.

   Esto ocurre porque los recuerdos no son una copia real y fidedigna de lo que ocurrió en el pasado, sino más bien construcciones imperfectas de las experiencias. La memoria es un proceso selectivo que hace que todas las cosas no se recuerden por igual. En consecuencia, recordamos mejor unas cosas que otras. Con el paso del tiempo, muchos detalles de los recuerdos, y a veces los más esenciales, se difuminan y se pierden, y pasan a ser reconstrucciones parciales, a veces sesgadas, de lo que realmente sucedió.

   Por otro lado, los recuerdos no se almacenan en la mente aislados, en el vacío, sino que se encajan en la experiencia previa de cada persona. Los recuerdos se relacionan y se modifican según las actitudes, las expectativas y las tendencias de cada uno. Todo ello, unido a los acontecimientos que suceden después, altera la precisión del recuerdo.

   Cuando las circunstancias en las que se produce un suceso son de tipo emocional intenso, como cuando se es víctima o testigo de un acontecimiento grave, algunos aspectos se graban en la memoria con nitidez, mientras que otros se difuminan o se borran totalmente.

   Como consecuencia, cuando actualizamos un recuerdo y lo narramos o cuando imaginamos o referimos algo que nos sucedió, el resultado puede ser diferente a lo que realmente ocurrió. Hasta cierto punto, los seres humanos tejemos un pasado a nuestra medida que, si bien no es totalmente falso, puede no ser reconocido por otros que vivieron directamente los mismos sucesos, que fueron testigos de ellos. La creación y recreación de los recuerdos lleva a que cada persona elabore una trama de los mismos que, involuntariamente y en parte, es construida y fabulada. Si la mayoría de los recuerdos contienen una gran dosis de objetividad y poseen rasgos que permiten compartirlos con otras personas, no es menos cierto que su componente subjetivo, que les da fuerza y facilita que se recuerden, probablemente no será compartido por los demás.

   Todos estos elementos constitutivos de la memoria humana, que la dotan de una imprecisión variable, son determinantes en que la evocación o actualización del recuerdo nos lleve a falsear sin intencionalidad datos más o menos relevantes, y por tanto a ser una fuente de engaño para otros.


Psicología de la mentira: Tipos de mentiras

Rafael Benítez 

Las claves en la psicología de la mentira está en la comunicación, el contexto y el comportamiento

   Una de las razones de la mentira puede ser querer salvaguardar ante los demás una determinada imagen que pensamos que tienen de nosotros. En este caso, la principal razón para mentir es la vergüenza o intentar evitar el deterioro de la reputación y de la imagen.

«Una mentira, sin embargo, no encierra una cabal malicia cuando se profiere en defensa del honor».

Patrick White

   Una parte de todo engaño es la de «formación de impresiones» al proporcionar información dirigida a crear una imagen socialmente adecuada de nosotros mismos. La mentira cumple no sólo la función de ocultar la verdad, sino también la de dar impresión favorable ante los otros, dando seguridad y protección, y y evitando la vergüenza pública y valoración negativa de los demás.

 La posibilidad, la especulación y la fantasía son elementos de la comunicación humana»

Edward de Bono

   El valor de la comunicación es más lo que sugiere que lo que refiere. Si tuviéramos que revisar en cada conversación y frases, nuestras comunicaciones serían limitadas y aburridas, mermando nuestra capacidad de comunicación y nuestras posibilidades de interacción. Queremos despegarnos de la realidad y si algo nos parece interesante, pensamos que debe tener algo de verdad o deseamos que así sea.

Las mentiras se disculpan más a unas personas que a otras.

   Una persona puede ser considerada hábil, diplomática, o astuta y verse en ella la mentira como una cualidad positiva. De algunas profesiones, como ocurre con los políticos, no se espera que digan siempre la verdad o que cumplan sus promesas. Tampoco extraña en personas que socialmente encubren mentiras para no crear situaciones perjudiciales (indefensión aprendida). No nos debe extrañar que se les perdonen las mentiras o eso parece cuando hablamos de la misma.

 «Cuando quieras engañar al mundo, di la verdad».

Otto von Bismarck

Evelin Sullivan, en su "Ensayo sobre la mentira", nos habla de las condiciones que debe reunir la mentira para ser tolerable.

   Dentro de la psicología de la mentira para Sullivan pueden tener tolerancia social e incluso aplauso cuando se dan algunas de las siguientes circunstancias: que sean ingeniosas y divertidas, que sean obra de un embaucador simpático o ingenioso, que no nos sintamos ofendidos por ellas, que sean hasta cierto punto inofensivas o que sus motivos no nos perjudiquen a nosotros en principio.

Existen dos tipos básicos de mentiras:

1. Ocultación, escondiendo o callando un hecho u opinión.

   Las mentiras de ocultación persiguen retener la información intencionadamente. La omisión de elementos en la comunicación lleva a una falsa interpretación por parte del destinatario o receptor. Según la psicología de la mentira, el mentiroso engaña suprimiendo la verdad a través de silencios, descripciones vagas o muy generales, evasión de preguntas, emoción fingida, ira o indignación. También es ocultación revelar la verdad a medias sin exponer elementos clave de la  información que, siendo verdadera, esquiva el asunto, desvía la atención o provoca una interpretación errónea de los hechos.

   Admitir la verdad de forma exagerada o errónea también es una forma de ocultación o mentira: "Sí, voy robando a la gente por la calle". Otra forma es utilizar términos, frases, expresiones o giros que desvirtúen o atenúen el hecho que se quiere ocultar. Es una mentira difícil de admitir, es la más corriente y la más ventajosa para el mentiroso, ya que siempre hay una vía de escape. Si se le descubre puede atribuir lo que dijo a un olvido, a que no se le preguntó precisamente eso, a que no entendió las palabras que se utilizaron, a que creía que querían saber otra cosa o a que malinterpretó la pregunta.

2. Falsificación o creación de una historia.

  En la psicología de la mentira la falsificación consiste en la presentación de información falsa o en la invención de una historia falsa para confundir o engañar. El mentiroso proporciona datos, detalles o explicaciones como si fueran ciertos. Necesita para ello poseer buena memoria, anticipación y no perder la compostura. Si la mentira no consigue su objetivo de engañar a los demás debe volver a la falsificación, inventando más cosas, o admitir parte o toda la verdad. El descubrimiento es inadmisible para los engañados e inaceptable para el mentiroso ya que no tiene escapatoria.

   Los mentirosos saben cuando pueden usar la mentira de ocultación o la de falsificación (la primera ofrece siempre más vías de escape y la falsificación exige esfuerzo mental). Construir una historia falsa cuesta siempre más que exponer la realidad. Su elaboración requiere esfuerzo, debe ser compatible y consistente con los datos que conoce el destinatario. Para detectar la mentira se busca, entre otros datos, la congruencia entre los distintos elementos de la información que el mentiroso va proporcionando e indicios del mayor esfuerzo mental que requiere este tipo de mentira.

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), mentir es «decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa». Engañar es «dar a la mentira apariencia de verdad» o «inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras y de obras aparentes o fingidas».

   El mentiroso alberga siempre miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa. Además tiene miedo a ser menos que los demás, miedo a no conseguir un objetivo profesional, miedo a perder la confianza de los suyos, miedo a que no les quieran o aprecien, miedo a que no les respeten y miedo a perder o a no ganar algo.


La Mentira en la Política.



Joaquín Sabina - Mentiras Piadosas - Letra



TODO ES MENTIRA DE ABRAHAM SEVILLA



M-Clan - Los periódicos de mañana (Concierto Sin enchufe)


Psicología de la mentira: Comunicación no verbal del engaño

   La Psicología de la Comunicación establece que entre el 50 y el 70 % de los mensajes emitidos o recibidos son no verbales. Sólo una parte puede controlarse voluntariamente y con el engaño es bastante difícil ocultar esas señales.

Mirada

   Son señales que normalmente ignora el que comunica, pero que la gente ve. A través de ellas podemos conocer los sentimientos y actitudes del emisor, si se intentan esconder, o si hay incongruencias entre el mensaje hablado y el no hablado.

   La mayor parte de la comunicación no verbal se realiza en apoyo del lenguaje en forma de gestos, miradas y las expresiones faciales, ya que en muchas ocasiones completa el significado de las palabras de la persona que está hablando.

   La utilización de la comunicación no verbal sigue cuatro principios: familiaridad, conjunto, congruencia y contexto.

1. Familiaridad: Conocimiento que poseemos de la situación en que se produce la interacción (familiaridad situacional) y del que tienen la persona que emite y observa las señales no verbales (familiaridad personal). En la interpretación de las señales no verbales del engaño, la familiaridad personal desempeña un papel muy importante. No utilizamos los mismos gestos con la misma frecuencia ni con la misma intensidad, cuando estamos con conocidos que cuando estamos ante desconocidos. Con los desconocidos no se emplea la comunicación no verbal con la misma naturalidad que con las personas con quienes se trata a menudo. Una persona conocida está familiarizada con nuestra respuesta no verbal, puede detectar emociones inesperadas y puede identificar intentos de disimulo.

2. Conjunto: Las señales no verbales deben analizarse formando parte de un todo, no aisladas. Es conveniente observar todo el cuerpo y en especial el rostro y las manos.

3. Congruencia: Uno de los indicios del engaño es la incongruencia entre las señales verbales y no verbales. Las señales verbales son congruentes entre sí y congruentes con las no verbales. Cuando esto ocurre la comunicación es clara. Un ejemplo de incongruencia es la sonrisa de disimulo que sirve para ocultar emociones.

4. Contexto: El empleo de las señales no verbales se rige por aspectos del contexto que determinan la comunicación dentro de una misma cultura. Existen aspectos propios del país, de la ciudad o de la región, de la clase social, de la categoría profesional o jerárquica y del entorno laboral. Un contexto serio va acompañado de una emisión limitada de señales no verbales, mientras que un contexto informal insta a una mayor expresividad. 

INDICIOS NO VERBALES DE LA MENTIRA

   El mentiroso piensa más en lo que dice y menos en su comunicación no verbal. Es más fácil controlar las palabras que las expresiones y microexpresiones de la emoción. 

Hay tres razones principales por las que la conducta no verbal puede revelar el engaño:

·      Mentir provoca estrés, miedo y esfuerzo que se traducen en expresiones y gestos observables. Los indicios no verbales expresan emociones de miedo o de no preparación de la mentira.

·         El intento excesivo de controlar la información produce actuaciones artificiales con poca emoción, pocos gestos y movimientos, que revelan una incongruencia entre el lenguaje verbal y el no verbal.

·      Los procesos cognitivos superiores que acompañan al acto de mentir llevan a conductas no verbales involuntarias. 

   Según Ekman hay 35 indicios que pueden revelar que una persona está mintiendo. La sola presencia de uno de estos signos no es un indicador seguro de que la persona esté mintiendo. Algunos de los indicadores son gestos y expresiones inconsistentes en el contexto de la conversación.


PRINCIPALES INDICADORES DEL ENGAÑO.

Expresiones y microexpresiones faciales.

   Las expresiones emocionales auténticas no duran muchos segundos, sin embargo, cuando su duración es de cinco a diez segundos tienden a ser falsas. Las microexpresiones faciales son movimientos muy rápidos que aparecen en la conversación, abarcan todo el rostro y están intercalados entre expresiones faciales normales. Son inesperadas y aparecen en un contexto de poca expresividad mientras se habla. Tardan menos de una vigésima parte de un segundo en producirse, son muy difíciles de percibir a simple vista. En las investigaciones de Ekman encuentra que las personas que mienten tienden a simular sus expresiones faciales, pero no pueden evitar la aparición de estas rápidas expresiones que les delatan.

Sonrisa.

La sonrisa es una de las formas habituales de disimular una emoción. En los estudios de Ekman y O’Sullivan la sonrisa se utiliza para enmascarar las expresiones emocionales negativas como la ansiedad y el miedo. El mentiroso utiliza la sonrisa para ocultar sus auténticas emociones. Los músculos que producen la sonrisa, en especial el músculo zigomático, al contraerse, posee el efecto de estirar la comisura de los labios hacia los lados y hacia arriba. La risa falsa que puede encubrir una emoción que no se quiere revelar. Por su parte, la sonrisa verdadera va acompañada de la contracción del orbicular de los ojos, que eleva el párpado inferior cubriendo parcialmente los ojos. La risa nerviosa es un indicador típico de ocultación.

Voz.

En situaciones de ansiedad y estrés la voz humana se vuelve más aguda elevando su tono. La persona tiene más dificultad para modular la voz y entonar. Puede aparecer una ligera afonía. Se tiene que prestar atención a los cambios de voz ante las preguntas clave. Sin embargo, la ausencia de cambios no es signo de veracidad. 

Ritmo del habla.

   El habla posee un patrón consistente casi rítmico. Cuando alguien se pone nervioso este patrón se vuelve más lento, inconsistente y con errores en el habla debidos al nerviosismo y al esfuerzo mental que necesita para controlar lo que va diciendo. 

Gestos.

   Las personas utilizamos en la conversación una o las dos manos para adornar con gestos una comunicación. La persona que miente no se siente cómoda al reforzar con gestos sus respuestas verbales y éstas tienden a ser artificiales. Emplea menos gestos demostrativos. Los mentirosos utilizan menos movimientos antigravitatorios, como levantar las cejas, que demuestra convicción y fe en las palabras que uno pronuncia o levantarse de puntillas cuando están de pie al terminar una frase para añadir énfasis.

   La mirada esquiva o huidiza señala al mentiroso. Por ello, atender a la actividad ocular es la forma más corriente de evaluar la mentira. Muchas personas piensan que es el mejor indicador. Sin embargo, factores de personalidad o culturales pueden influir en la manera de establecer el contacto ocular. Desviar la mirada es un signo de estrés. El mentiroso mirará a otro lado justo antes de responder o durante las primeras palabras de la respuesta.

Principales signos de nerviosismo.

1. Falta de control de las extremidades: se escapa una patada seca contra otra silla, se mueven los pies incesantemente o se manipulan objetos como sujetapapepeles, bolígrafos o gafas…

2. Automanipulaciones: tocar con las manos la cara, las orejas y el cabello, frotarse la nariz; retirar hilos reales o imaginarios de la ropa, sacudirse el polvo o la caspa, ajustarse las gafas, jugar con el pelo, estirar, acariciar o retorcer collares, pendientes o joyas. Son indicios de mentira cuando aparecen sistemáticamente asociados a respuestas específicas sobre el tema que se investiga.

3. Cambios asociados a la sudoración: sudor en el labio superior; rascarse la nariz ante preguntas comprometedoras… Es lo que se conoce con el nombre de efecto Pinocho: al mentir se dilatan los vasos sanguíneos de la nariz de forma que ésta se hincha.

4. Sequedad en la garganta: Se debe a la inhibición de la secreción salival que acompaña al estrés.

5. Signos de preocupación y esfuerzo mental intensos: arrugar la frente y el entrecejo o apretar los labios.

6. Dificultades respiratorias: suspiros, ritmo respiratorio rápido y superficial.

7. Parpadear con más frecuencia que las personas que dicen la verdad: contracciones involuntarias de párpados y cejas.

8. Revolverse inquieto en el asiento.

9. Errores en la articulación de palabras: «se traba la lengua» o muestran vacilaciones al hablar.

 

Postura

   La postura de la persona sincera suele ser «abierta», frontal, inclinada hacia delante y alineada con el que habla. La persona que miente tiende a apartar su cuerpo del entrevistador y a alinearse de forma oblicua, no de frente. Tiende también a inclinarse más hacia delante para apoyarse. Adopta una postura rígida y defensiva, con muy pocos cambios corporales. Levanta barreras corporales: cruza brazos o piernas más frecuentemente que los que no mienten o se acompaña de gestos como taparse la boca o la cara.

   En resumen, la detección del engaño basada en indicios no verbales se apoya en aprender a observar, en conocer bien los comportamientos no verbales que provocan las emociones y en comparar el comportamiento no verbal en especial si hay cambios importantes cuando hay información clave. 


Psicología de la mentira: Cómo interpretar los

indicios verbales de la mentira

   A lo largo de una conversación una persona va proporcionando claves o indicios verbales de la mentira que nos indican si lo que dice es cierto o no.

(I) Lentitud en el lenguaje.

   Es un indicio verbal de la mentira el habla lenta con pausas entre palabras más largas de lo normal. Dado que las afirmaciones y respuestas se formulan de manera que puedan convencer, cada afirmación y cada respuesta debe ser consistente con todo lo que ha dicho hasta ese momento. Este proceso de hacer encajar toma varios segundos, por lo que se crea un silencio entre la pregunta y la respuesta. 

Carl Jung creó un método para medir la latencia de respuesta que tarda una persona en responder ante la información clave en una conversación. El mentiroso piensa mucho lo que dice y calcula sus palabras, controlando la información que da, con el objetivo de no ser descubierto. Esa vigilancia extrema se traduce en la lentitud del habla y vacilación al hablar.

   Puede pedir que le repitan la pregunta para ganar tiempo y elaborar una respuesta que sea coherente. Si el mentiroso se ha preparado bien la respuesta a una pregunta acelerará bruscamente su ritmo de habla. 

(II) Congruencia y detalles.

   En toda historia buscamos congruencia en la historia que nos cuentan. Una vez conocida se pasa a comprobar todos los extremos, aclarar los cabos sueltos e intentar que todos los elementos encajen entre sí y ofrezcan un aspecto consistente y verosímil.

   La reacción normal del mentiroso a la hora de dar su versión es no dar detalles. Si se dan, se hace de forma ambigua. Puede dar respuestas poco plausibles o difícilmente admisibles. La persona sincera, por el contrario, tiende a dar detalles precisos, incluso irrelevantes, para intentar convencer de que es inocente. 

(III) Negación.

   Cuando se le pregunta por el hecho directamente, lo normal es la negación total. Por ello, no debe cometerse el error de hacer preguntas de tipo genérico o categórico.

   En personas que se han preparado para responder preguntas comprometedoras, suele aparecer la negación enfática del hecho, con una modulación o atenuación que resulta sospechosa, y a veces reveladora de mentira, buscando desviar la responsabilidad personal: «No, que yo sepa», «No, si entendemos por…», «No, hasta donde yo sepa», «Hasta donde yo pueda saber…»

 

(IV) Distanciamiento

   En una actitud sincera se utilizan descripciones realistas del suceso a narrar. La actitud del mentiroso le lleva a utilizar palabras que atenúan la gravedad de lo ocurrido. Intentan que la distancia que quieren poner entre ellos y el acontecimiento lleguen a convencer de que no están implicados en el asunto.

(V) Refuerzo de la credibilidad verbal

   El mentiroso intenta reforzar sus manifestaciones con expresiones como: Realmente, verdaderamente. Si le digo la verdad. Honestamente…

   La persona que dice la verdad no necesita la ayuda de estas expresiones. Lo que hará es enfadarse porque no le crean.

   Por ello podemos decir que hay indicios verbales de mentira y podemos desconfiar de alguien cuando insiste en que nos está diciendo la verdad. Puede pasar que quiera algo de nosotros o que pretenda manipularnos.

   El mensaje sincero es plausible o admisible, razonable y adecuado. El mensaje debe reunir estas condiciones. Cuando se comunica algo a los demás se les intenta convencer de que el mensaje que se transmite es la realidad, lo que se hizo, lo que no se hizo, lo que se dijo, lo que sucedió o lo que se oyó.

Algunas características que refuerzan la credibilidad del mensaje son:

·      Simplicidad: el mensaje simple es más creíble que el complejo.  Se acompaña de detalles suficientes que lo apoyen que refuerzan la credibilidad.

·                Encaja en el contexto: el mensaje debe ser coherente con el contexto.

·    Naturalidad: no se añade información innecesaria, ni se intenta exageradamente convencer a la otra persona.



Joaquín Sabina - Es Mentira



La mentira / Dani Martín - letra



Más de cien mentiras - Joaquín Sabina



Pedro y el Lobo de Sergei Prokofiev. Narrador Pablo Pampin

Pedro y el lobo (en ruso: Петя и волк) es una composición sinfónica de Sergei Prokófiev (Op. 67) escrita en 1936. La obra de Prokófiev es una historia para niños, con música y texto adaptado 


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