sábado, 19 de marzo de 2022

ETRUSCOS: CIVILIZACIÓN Y MITOLOGÍA. LOS DIOSES DEL MÁS ALLÁ

 

ETRUSCOS: CIVILIZACIÓN Y MITOLOGÍA.

LOS DIOSES DEL MÁS ALLÁ


Los ETRUSCOS: Sometidos a la Voluntad de los Dioses

La refinada civilización etrusca fue un antiguo pueblo de orígenes misteriosos, que ha sido conocido no solo por su avanzada cultura política/militar y por sus óptimas tecnologías metalúrgicas, sino además por ser considerado uno de los pueblos más religiosos  y supersticiosos de la antigüedad.

"La civilización etrusca era autóctona"

Según el genetista italiano Guido Barbujani, que ha dirigido un estudio que secunda la tesis de Dionisio de Halicarnaso

   La civilización etrusca se desarrolló en Etruria, en el centro de Italia, entre los siglos VIII y I a.C. Este pueblo de orígenes misteriosos ha sido ensalzado por su avanzada cultura política y militar, por su destreza en el arte de la navegación, por sus óptimas tecnologías metalúrgicas, por su perfección en el cultivo de las letras, las ciencias de la naturaleza y la teología, y por su esmerado trabajo agrícola que les proporcionaba abundante riqueza. También fueron amantes del lujo y de los grandes banquetes, además de un pueblo intensamente religioso. Los etruscos creían, como los egipcios, que tras la muerte, el alma del difunto emprendía un viaje al Más Allá, al reino de los muertos. Entre los siglos III y I a.C., los etruscos, bajo el dominio de los romanos, fueron vistos por éstos y por los griegos como un pueblo decadente. La lengua etrusca desapareció, pero una parte de la población no se extinguió tan rápidamente. «No se había resuelto la cuestión sobre si los etruscos desaparecieron en los siglos sucesivos o si parte de su ADN había llegado hasta nosotros», explica a Historia National Geographic Guido Barbujani, genetista del Departamento de Biología y Evolución de la Universidad de Ferrara (Italia), que ha coordinado un estudio sobre el origen y la evolución de los etruscos a través de su ADN mitocondrial, publicado en la revista científica Plos One. «Los arqueólogos no pueden aclarar esta cuestión; nosotros lo hemos intentado», añade.

   Durante más de 2.000 años ha habido un desacuerdo sobre el origen biológico de los etruscos, que se establecieron en el territorio que había ocupado anteriormente la cultura vilanoviana. ¿Procedían de Anatolia, como afirmó el historiador griego Heródoto, o eran descendientes de los vilanovianos, como sostenía Dionisio de Halicarnaso? Es decir, ¿eran inmigrantes o autóctonos? La idea que ha perseguido el estudio de Barbujani es la siguiente: en primer lugar extraer ADN válido de huesos pertenecientes a antiguos etruscos y compararlo con el ADN de individuos actuales que residen en la misma área geográfica. «Hemos obtenido el ADN de unos 40 individuos de las necrópolis de Adria, Volterra, Tarquinia, Magliano, Marsiliana, Casenovole y Capua. Hemos descartado las muestras de Adria y de Capua, porque eran colonias etruscas al norte y al sur, respectivamente, de la Etruria clásica», precisa Guido Barbujani. «Hemos comparado el ADN que se ha conservado de los antiguos etruscos con aquel perteneciente a habitantes de cuatro localidades toscanas: tres de ellas ricas en restos etruscos y la cuarta, Florencia, como representante de la población general», añade. Los investigadores han encontrado en Volterra, y sobre todo en el valle del Casentino, una alta probabilidad de que los habitantes actuales desciendan, al menos en parte, de antepasados etruscos. «La herencia biológica de los etruscos continúa presente, no en toda la Toscana, pero sí en algunas localidades», afirma Barbujani.

   El segundo experimento ha consistido en comparar las muestras de estos individuos toscanos descendientes de etruscos con muestras modernas de individuos de la región de Anatolia, ocupada actualmente por la parte asiática de Turquía. «Hemos utilizado un método que nos ha permitido calcular cuánto tiempo hace que se produjo una migración entre ambos grupos», explica Barbujani. «Hemos obtenido fechas muy antiguas, de hace más de 5.000 años. Para que Heródoto tuviera razón deberíamos haber encontrado una fecha que se remontase aproximadamente a los 3.000 o 2.800 años, pero no ha sido así. Concluimos, por tanto, que entre Anatolia y la Toscana se han producido migraciones, pero éstas no originaron la civilización etrusca porque son muy anteriores», añade.

   El estudio secunda, por tanto, la tesis de Dionisio de Halicarnaso. «Me parece que puedo afirmar que la población etrusca era autóctona, mientras que su civilización puede haber mantenido contactos con Oriente Próximo, pero no los hemos localizado en el ADN», corrobora Barbujani.


En la civilización etrusca, los difuntos eran despedidos con banquetes y juegos funerarios antes de emprender el viaje al mundo de ultratumba

Tumba de los Relieves

En esta tumba de la necrópolis de Banditaccia, en Cerveteri, se ha reproducido el interior de una casa, con sus utensilios domésticos. Siglo IV a.C.


Unidos en la muerte

La tumba Inghirami de Volterra acoge un gran número de sarcófagos con estatuas de personajes reclinados. Siglo II a.C. Florencia.


Preparada para la eternidad

La noble Larthia Seianti mira con serenidad a la muerte recostada en su sarcófago, que muestra influencias helenísticas. Siglo II a.C. Museo Arqueológico Nacional, Florencia.


Los guerreros etruscos

Guerreros del frontón del templo de Pyrgi. siglo V a.c., Museo Villa Giulia, Roma.


Pendiente de oro procedente de la necrópolis de la ciudad etrusca de Spina.


Sarcófago de los esposos, procedente de la necrópolis de Cerveteri. Siglo VI a.C. Museo de Villa Giulia, Roma.


La ciudad de los muertos

En la necrópolis de Banditaccia, cerca de Cerveteri, se construyeron más de un millar de tumbas a lo largo de toda la historia del mundo etrusco.


   Vitales, amantes del lujo, grandes constructores, los etruscos fueron también un pueblo intensamente religioso. Así lo observaron numerosos autores de la Antigüedad. El historiador romano Tito Livio afirmaba que el etrusco era "el pueblo más dedicado que cualquier otro a las prácticas religiosas, en cuanto que cultivaba una técnica especial en estas materias".

   Se creía, incluso, que la palabra ceremonia, caerimonia en latín, procedía de Caere, una de las ciudades más importantes de Etruria y que, en palabras de Valerio Máximo, "siempre había mostrado gran veneración hacia las personas y objetos religiosos". Los tratadistas cristianos mantenían esta idea, aunque imprimiéndole una connotación negativa; según Arnobio, que escribió en el siglo IV, Etruria era la "creadora y madre de todas las supersticiones".


Hallan una tumba etrusca intacta

   Las creencias en la vida de ultratumba pesaron mucho en el comportamiento de los etruscos. Una parte de su literatura sagrada se refería precisamente a las fórmulas y ceremonias que era necesario cumplir para que el difunto alcanzara la felicidad en el más allá. Los rituales relativos al mundo funerario comprendían diversos elementos, que conocemos, al igual que otros aspectos de la religión etrusca, a través de la riquísima pintura mural de las tumbas y de los relieves esculpidos sobre sarcófagos y urnas.

   También sabemos algo gracias a las modernas excavaciones arqueológicas. Así, en la antesala de algunas grandes tumbas, se ha podido identificar una estructura arquitectónica definida por un vestíbulo a cielo abierto y provista en ocasiones de un graderío, que servía como espacio para la celebración de las ceremonias fúnebres.


EL ÚLTIMO VIAJE

   Los monumentos contienen escenas relativas a estos rituales, como la exposición del cadáver, mostrado de manera muy realista; éste es el momento de la música y de las lamentaciones, que a veces evolucionan hacia una verdadera danza. También se representa en algunos relieves la escena del traslado del cadáver, procesión luctuosa que posteriormente será sustituida por la representación del viaje al más allá.

   Otras imágenes, especialmente aquellas relativas a banquetes y a juegos, no siempre son testimonio de ceremonias fúnebres, sino que en muchos casos bien podrían evocar el estilo de vida del difunto, aunque se sabe que tales acciones encerraban asimismo un carácter funerario.

   Uno de los rituales funerarios que se llevaban a cabo era el conocido como "juego de Phersu", por el nombre de uno de sus protagonistas. En algunas pinturas aparece un hombre casi desnudo, con la cabeza tapada con un saco y armado de una maza o una espada, que es atacado por un perro que ya le ha producido heridas; junto a él hay otra figura, llamada Phersu en una inscripción, con el rostro cubierto con una máscara y llevando en la mano una cuerda que se enlaza en la pierna de la víctima. El fin del juego no puede ser otro que la muerte del encapuchado por los ataques del perro, azuzado por Phersu, de manera que estamos ante una especie de sacrificio humano en honor del difunto.

El viaje al Más Allá se imaginaba como un viaje marítimo o terrestre con distintas etapas a superar

   Los etruscos creían que, tras la muerte, el alma del difunto emprendía un viaje al Más Allá, al reino de los muertos. Este tránsito se representaba de diferentes maneras. En la época arcaica parece que se imaginaba un viaje marítimo. Algunas escenas muestran al difunto montado en monstruos marinos, como los hipocampos, tal como se ve en una famosa escultura procedente de Vulci. Otras veces parece que el proceso se desarrolla en etapas, pues junto a la imagen del difunto montado sobre un caballo figura un monstruo marino en actitud de espera.

   Lo más corriente, sin embargo, era seguir la vía terrestre, a través de distintas fases que aparecen representadas en el arte etrusco. Algunas pinturas y relieves muestran cómo los familiares desfilan ante el difunto, quien es conducido por demonios hacia el Más Allá. Otras veces, si el difunto tuvo en vida una posición relevante, el viaje a ultratumba toma la forma de un cortejo triunfal, en el que el protagonista se vanagloria de su papel como antiguo magistrado.

   El límite entre el universo de los vivos y el de los muertos quedaba marcado con claridad. En el famoso sarcófago de una mujer llamada Hasti Afunei, procedente de Clusium (actual Chiusi), el límite se señala mediante una muralla, con una puerta entreabierta guardada por una figura femenina llamada Culsu. La función de umbral puede desempeñarla también una gran roca. Estas puertas son un motivo muy extendido en la decoración de los monumentos funerarios y aunque se discute si siempre deben interpretarse del mismo modo, su función simbólica de acceso al mundo de ultratumba parece ser la más adecuada. De ahí la idea de la tumba como "antecámara" de los infiernos, de donde parte el viaje definitivo.


LOS DEMONIOS INFERNALES

   En este viaje final intervenían diversos demonios o genios, de los que solamente algunos son mencionados por su nombre. La representación de estos seres es muy frecuente en los monumentos funerarios a partir del siglo IV a.C. Algunos se parecen, por su aspecto exterior, a figuras similares de la mitología griega, pero se ha demostrado que los demonios de la muerte no surgieron por influencia helénica, sino que ya estaban presentes en la religión etrusca desde los orígenes de su civilización.

   En sus fases más antiguas, los demonios del mundo de ultratumba solían combinar un cuerpo de hombre con una cabeza de lobo o de ave de presa. En unos relieves de época tardía, que aparecen en urnas de Perugia y de Volterra, el demonio-lobo emerge de una estructura de forma circular parecida a la boca de un pozo que, sin duda, representa la entrada al infierno, y agarra a una de las figuras que le rodean en presencia de Vanth, un genio femenino de la muerte. Este demonio-lobo es, por tanto, un enviado del dios de los infiernos, cuya misión es atrapar a aquellos cuya muerte ya ha sido decretada.

Vanth,  genio femenino de la muerte


   Los más frecuentes entre los demonios son Charu y la mencionada Vanth. El primero es un personaje masculino, cuyo nombre deriva de Caronte, el barquero griego que trasladaba a los difuntos hasta el Hades cruzando la laguna Estigia. Sin embargo, ambas figuras, la etrusca y la griega, son muy diferentes.

   La apariencia de Charu es monstruosa: tiene nariz ganchuda, orejas de animal y a veces tiene grandes colmillos; además, su piel es de color azulado y con pústulas, como la carne en descomposición, y puede llevar alas, aunque por lo general se presenta sin ellas. Su principal atributo es un gran martillo, y a veces puede incorporar serpientes o unas llaves. La función del martillo no está clara, aunque se piensa que podría servir para abrir las puertas que conducen a los infiernos, cerradas con una gran tranca. Su principal función es anunciar a los moribundos el momento de la muerte, separándoles de sus familiares y amigos, y, a continuación, les guía en su viaje al Más Allá.

   Vanth es el principal demonio femenino de la muerte. Se trata de un personaje alado, que se representa a menudo con una antorcha para iluminar el camino hacia los infiernos. Y, en efecto, su cometido más importante era acompañar a los difuntos en su viaje hacia el mundo de ultratumba. La antorcha es, asimismo, su principal atributo, pero también tiene otros como las serpientes, la espada, el rollo (donde estaba escrito el destino del difunto) y las llaves.

   Uno de los demonios de apariencia más terrorífica está representado en las pinturas de la tumba del Orco II de Tarquinia con el nombre de Tuchulcha, vigilante sobre los héroes griegos Teseo y Piritoo. Es una figura masculina, alada, cuya cabeza recuerda a la de un buitre por el pico de rapaz que tiene en lugar de nariz, con orejas bestiales y la carne de un color azulado.

   Los dioses que presidían este mundo eran Aita y Phersipnei, traducción de los dioses griegos Hades y Perséfone

   Las representaciones del infierno etrusco estaban muy influidas por las ideas griegas del Más Allá. Los dioses que presidían este mundo eran Aita y Phersipnei, traducción en lengua etrusca de los dioses griegos Hades y Perséfone; ambos desempeñaban una función en la que habían sustituido a los dioses etruscos originarios. Sin embargo, tanto Aita como Phersipnei tenían rasgos etruscos propios: Aita aparece cubierto con una cabeza de lobo a modo de capucha, lo que inevitablemente recuerda al tradicional demonio-lobo etrusco, mientras que Phersipnei tiene los cabellos ensortijados y de ellos despuntan serpientes, a semejanza de los genios infernales femeninos.


UN BANQUETE ETERNO

   La apariencia monstruosa de los demonios infernales puede dar la impresión de que para los etruscos el infierno era un lugar lóbrego y terrorífico, donde las almas de los difuntos eran amenazadas y maltratadas durante toda la eternidad. Pero no hay evidencia clara de que la religión etrusca contemplase la existencia del juicio y del castigo a los muertos. Cuando este motivo aparece sirve para escenificar mitos griegos y no refleja una idea propiamente etrusca. En realidad, los demonios etruscos no atemorizan, sino que su papel es sobre todo el de acompañar y guiar al difunto por los oscuros caminos que conducen al Más Allá.

   Los etruscos creían en la vida después de la muerte, pero lo que sobrevivía no era el cuerpo sino el alma (llamada en etrusco hinthial), que conservaba el mismo aspecto externo que cuando el individuo estaba vivo. Al llegar al Más Allá, el difunto se encontraba con sus antepasados y pasaba a disfrutar de la vida en común con ellos. Esta nueva vida se imaginaba al estilo de la que se había llevado con anterioridad, y contribuía a reafirmar la permanencia del grupo familiar.

   La felicidad de la existencia de ultratumba se expresaba a través del banquete, servido por los demonios en compañía de los dioses infernales. El banquete que se celebraba en los funerales podía simbolizar el destino ideal y último del difunto, y en este sentido habría que entender la frecuente representación de figuras reclinadas, en actitud de banquetear, sobre las cubiertas de sarcófagos y urnas. En definitiva, del infierno etrusco no emana una sensación tan pesimista como cabría esperar de la terrorífica apariencia de sus moradores.


El infierno etrusco: Dolor, convulsiones y deformaciones

Jesús Campos

   A partir del siglo V, los colores alegres, los rojos deslumbrantes y amarillos brillantes van cesando su aparición para dejar paso al luto, al violeta oscuro, el azul noche y el ocre rojizo. La sombría imaginación de los etruscos se ve reflejada en su arte, pinturas fúnebres donde aparecen dioses, hombres y demonios. Rostros inquietos y angustia.

   El siglo V supondrá la desaparición del mundo etrusco casi en su totalidad, Etruria sufre cambios debidos a guerras contra Roma, contra otros pueblos vecinos, derrotas en tierra y mar gracias al ataque incesante de los griegos de Italia del sur, incluso luchas internas entre ciudades etruscas como Vulci y Tarquinia. Esta confederación etrusca estaba agonizando paulatinamente, esa angustia sufrida se vería reflejada en la representación del infierno etrusco.

   En este infierno etrusco, reina un pueblo repleto de demonios de duendes. Su número y sus nombres, como los de los dioses, varían según las ciudades y las épocas. En la tomba del Sette Camini, en Orvieto, se vislumbra a Athrpa, especie de parca de rostro crispado, presidir un banquete con tintes fúnebres. En otra tumba, en este caso la tomba dell’Orco, en Tarquinia, vemos a Lasa presentar un rollo de papel donde están inscritas las acciones de los muertos que allí moran. Muchas más sepulturas tienen este tipo de arte, por ejemplo, en Arezzo, aparecen demonios con cabezas de lobo, monstruos alados con tres cabezas y cuatro patas de ave.

   En Volterra se encuentra uno de los demonio más aterradores de toda la mitología etrusca, se trata de Vanth, demonio femenino de aspecto inquietante. Aparece vestida con una larga túnica de color ocre, a su espalda tiene dos alas, y se la representa sosteniendo en sus manos el Libro del Destino mientras asiste, impasible y muda, a la agonía de los moribundos. La violencia inunda la representación, la angustia es lo que impera en los rostro de estos moribundos mientras son observados por inalterables demonios zoomorfos. Los muertos aparecen pintados con colores que recuerdan al de la carne en su proceso de descomposición, aparecen retorciéndose de dolor, deformados por horribles muecas. Otro demonio femenino que suele tener presencia en este tipo de escenas es Culsu, aparece agitando antorchas mientras persigue a un cortejo de muertos. Es siempre un patrón común el que estos demonios aparezcan atormentando a los muertos.

   Para el final he dejado al dueño y señor del reino de los muertos etruscos, el único demonio que aparece en casi todas las pinturas funerarias, este demonio no es otro que Charun. Este demonio posee una gran antigüedad, siendo un clásico insustituible. Charun aparece en el siglo V, es un demonio que será omnipresente. Es la representación del rostro de la misma muerte, su función es dar miedo y también infundir el mensaje de la perdición a todos los etruscos, la muerte será el fin del camino para todos. Su apariencia es la de un hombre muy feo, su nariz es grande y ganchuda, orejas alargadas y puntiagudas. El pelo lo tiene descuidado, al igual que su barba. Sus dientes son estridentes y afilados. Es un hombre, no presenta más distinción que esa, y se diferencia de los demás hombres porque aparece pintado de azul oscuro. En la Eneida se le nombra y se le describe así:

Es Charun, demonio espantoso y repugnante. Una larga barba blanca e hirsuta le cae del mentón. Sus ojos son dos brasa inmóviles. Un sórdido trozo de tela, sujeto por un nudo pende de su espalda”.

En definitiva, la naturaleza humana no ha variado con el curso de los siglos, el miedo psicológico a determinadas experiencias es palpable. Las reacciones humanas ante lo turbador es un misterio más de la raza humana, pero eso sí, si hay vida entonces hay muerte.


Monstruos de la Mitología Etrusca

Se describe brevemente el contexto cultural, mitológico y religioso del pueblo etrusco. Y se exponen algunos de los principales monstruos y seres mitológicos tirrenos, así como, las ideas sobre la muerte y el más allá en  Etruria.



CD I Flauti Etruschi - The Etruscan Flutes



Musica della Antica Roma Etruria



Walter Maioli - Il Flauto Traverso Etrusco & Riunione Con l'anima



Etruscan Women

Etruscan Sanctuary



Etruscan Music

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