jueves, 17 de marzo de 2022

DELIRIO DE ALUSIÓN HOMOSEXUAL

 


DELIRIO DE ALUSIÓN HOMOSEXUAL



   En el delirio de alusión homosexual el sujeto se siente despreciado por su supuesta homosexualidad por algo que pudo hacer en su infancia y por lo que llega a pensar que se le juzga y condena a perpetuidad. A veces el delirio se manifiesta de forma abrupta, pero al hacer una anamnesis detallada, se descubre su gestación, desde mucho tiempo atrás. Veamos un ejemplo:

   Juan tiene 35 años y es soltero. Nada más entrar en la consulta, presa de gran angustia, me dice: “Me han destruido, me han destruido. Usted está tratando a un primo mío y sé que puedo confiar…Me han destruido. Estaba yo viendo una película porno con varios amigos y dije: - Vaya, también él está bien preparado. Refiriéndome al pene de aquel tío. Entonces empezaron a hacer bromitas de que era maricón, de que me había gustado el miembro de aquel sujeto. Me fui a otro bar y allí me tendieron una trampa para probarme si era maricón, siempre me gastaban a mí las bromas, me tiraban de las orejas…Allí noté que me querían volver maricón, porque pedí un café con leche y sabía distinto, y luego llegué a la conclusión de que me habían hecho beber orina de un tío para que así me gustase, como eso de los aliños que las mujeres hacen en los pueblos para que se enamore uno de ellas. Al beber orina uno pierde moral, ya no puede contenerse…Por eso no salgo de casa, porque me han convertido en el hazmerreír del pueblo…Todo esto lo tenían bien preparado porque estoy sin novia a los 35 años y por ahí empezó todo…Sólo salgo a comprar tabaco y cuando lo hago la gente se mete conmigo, no de manera abierta, pero sí con el disimulo y las risitas propias de la gente canalla”.

   Meses después, una vez mejorado, Juan se colocó en el ayuntamiento del pueblo, pero allí comenzaron las insinuaciones; me confiesa que piensa asesinar a quien sabe que le dio a beber la orina en el bar y luego suicidarse él. “Pero me falta valor”. Nunca ha tenido una relación heterosexual ni por supuesto novia, por esto empezaron las insinuaciones, y las sonrisas, que él interpretaba como expresiones de duda acerca de que le gustasen las mujeres. “A mí me gustan las chicas, pero soy muy tímido…es que tengo el miembro que creo que pueden reírse de mí, porque es muy pequeño, tengo fimosis, yo he visto los miembros de los demás cuando éramos chicos y el de los demás era mayor, hasta alguna vez me dijeron algo…Una vez uno me dijo si me gustaría tener uno como el suyo”. No ha tenido tampoco relaciones homosexuales, salvo hacia los nueve años, que masturbó a un adulto. El que pasasen los años y no se decidiese a buscar novia, el que no se supiera por los amigos de alguna relación con una prostituta, le hacía temer que los demás pensaran que era homosexual.

  Unos meses después propinó un navajazo al jardinero del ayuntamiento, en el mismo cuartelillo de la policía municipal: el jardinero apareció con un clavel y se lo dio a Juan (“tómalo, si lo quieres”, le dijo el jardinero), después de que observara que miraba atentamente a la flor. El navajazo no afectó, por poco, a ningún órgano vital, pero sí a una arteria de mediano tamaño del pecho, provocando una hemorragia abundante y la consecuente pérdida de consciencia del jardinero. Conducido rápidamente a urgencias del hospital más cercano, se pudo suturar la arteria y el tajo provocado en la piel y en unos días estaba recuperado. No obstante, Juan fue juzgado por intento de homicidio y le cayeron tres años de prisión. En la cárcel lo pasó muy mal, porque se corrió el rumor de una supuesta homosexualidad y era la comidilla de todos en el comedor y en el patio, las insinuaciones eran casi continuas y en los baños fue víctima de una violación por tres de los presos más peligrosos, con antecedentes de violencia de género. Pasó una semana en la enfermería y precisó ayuda por el médico y la psicóloga del centro penitenciario. En un descuido del personal de enfermería, una noche especialmente angustiante, ingirió el contenido de un frasco de ansiolíticos mal custodiado y a punto estuvo de conseguir el propósito de suicidarse, lo evitó el aviso al médico de guardia por parte de otro preso que le vio tirado en el suelo de la habitación que compartían en las dependencias correspondientes.


   Gracias a la rápida intervención del equipo médico se pudo revertir el efecto de la ingesta de pastillas y Juan se recuperó en unas horas. Llorando expresó su dolor moral ante tanto daño sufrido desde hacía tiempo, estaba arrepentido de lo ocurrido con el jardinero, pero dudaba de su deseo de seguir viviendo dada la incomprensión y las burlas de las que era víctima. Su cabeza era un torbellino de pensamientos contrapuestos, se preguntaba si realmente era homosexual, creía que no la mayor parte del tiempo pero en otras ocasiones le asaltaban ciertos impulsos lascivos cuando veía a un chico joven y supuestamente bien dotado. 

   El tiempo pasó y se acercaba la fecha de su salida de presidio, se planteó un cambio de aires, no volver al pueblo y marchar lejos, donde la gente no conociera sus antecedentes ni le señalara con el dedo. Finalmente se puso en contacto conmigo para pedir mi opinión acerca de la decisión a tomar. Me alegró que quisiera contarme sus cosas pero, yo no podía decidir por él, finalmente accedí a darle una cita. Cuando se presentó en la consulta tenía un aspecto muy cambiado, se le veía más curtido, me dijo que la psicóloga de la prisión le había ayudado a superar ciertos miedos e inseguridades, había ganado en asertividad y atisbaba un futuro más halagüeño. Había pensado marchar a Londres para trabajar en la hostelería, tenía una oferta para trabajar de cocinero en un restaurante. Su discurso era coherente y seguro pero albergaba dudas sobre su capacidad de adaptación a un ambiente desconocido, con el hándicap del idioma por medio. Su familia parecía apoyarle en sus proyectos. Tras una hora de conversación le indiqué que no veía inconveniente en su marcha, sólo le dije, no sin cierta ironía, que llevara cuidado en el manejo de los cuchillos en su nuevo trabajo. Su sonrisa fue tranquilizadora, se tomó bien la broma y eso me hizo entender que estaba mejor, sin su suspicacia de antaño.

   - Le llamaré de vez en cuando desde Inglaterra-, me dijo al despedirse, - si no tiene inconveniente...

   - Por supuesto, Juan- le contesté. Le estreché la mano y le deseé mucha suerte, se lo merecía.


Pool Fiction: La homosexualidad oculta en el cine

   En el delirio de alusión homosexual, el sujeto se siente vejado con insinuaciones acerca de la homosexualidad, pero él niega serlo, y las vejaciones, injustas e injustificables: se salva así de su homosexualidad inasumible, y si antes se perseguía a sí mismo con sus autorreproches por la homosexualidad, ahora, con el delirio, resulta que la homosexualidad no existe y son los demás los que, por canallería, envidia o "para quitarme de en medio porque sé muchas cosas", se la atribuyen y con ello le difaman y anulan. Sin embargo, aun cuando en la primera etapa las alusiones y persecuciones pueden hacer sufrir, más tarde son vividas de forma distinta, con menor resonancia emocional, y hasta adquieren un carácter de juego. Se ha hablado del carácter lúdico con que el delirante vive su delirio (Specht), y a mi modo de ver es bastante notorio. ¿Cómo explicar lo fácilmente que se les persuade para que consulten?

   Para esta primera etapa de la elaboración del delirio, el dinamismo es el siguiente:   

  • 1. Soy (homosexual, culpable, etc.); no acepto como soy;
  • 2. No lo soy (primera gratificación a través de la negación de su insuficiencia);
  • 3. Los demás me atribuyen serlo (proyección)

   Estos tres pasos se dan en todos los delirios de depreciación, cualquiera que sea el tema.

   En la segunda etapa, de exaltación, aparece un cuarto paso:

  • 4. Soy (el que fantaseo ser)

   Estos dinamismos de negación y proyección no son una estrategia que el sujeto disponga conscientemente. Gracias a ambos dinamismos tiene lugar el autoengaño paulatino, logrando en cada fase del proceso la situación de mayor homeostasis. Por así decirlo, entre las decisiones "opta" por la que menos daño le procura, esto es, por la que menos dispendio de su economía mental le reporta la neohomeostasis. No se trata de una astucia del sujeto, sino de una forma de acomodación en la desgracia.

Carlos Castilla del Pino



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