sábado, 5 de febrero de 2022

BUENOS ALIMENTOS Y UN POCO DE AMOR, POR FAVOR. LA MODERNIDAD LÍQUIDA DE ZYGMUNT BAUMAN

 

BUENOS ALIMENTOS Y UN POCO DE AMOR, POR FAVOR




Sin darnos cuenta, hemos sometido las relaciones a la lógica

capitalista. ¿Cuántas pandemias hacen falta para entender lo

necesarios que son los abrazos?

 

ALEJANDRO LLAMAS - DIANA ALLER. 11 ABR 2021

   Si no vas a hablar, no des al like”, reza el perfil en Tinder de Jorge, de 33 años, que posa sonriente delante del Coliseo romano. “Busco alguien que me dé pasión a diario”, afirma Ana María, de 41, en un cutre programa televisivo. Hemos normalizado que a las relaciones sexo-afectivas se vaya exigiendo. Que, de primeras, la gente pida unas características y rechace otras. Vamos a por el amor como si fuéramos de rebajas: buscando unas prestaciones al mínimo coste.

    Quienes tienen Tinder saben que se prestan a ser un cromo a cambio de coleccionar otros tantos. Sin darnos cuenta, hemos sometido los afectos hasta el absurdo, a la imperante lógica capitalista. Nos convertimos a nosotros mismos en objetos a cambio de objetualizar a los demás.

   Ya lo predijo el sociólogo Zygmunt Bauman cuando hablaba de “amor líquido” (Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos; 2003): las relaciones interpersonales se caracterizan, cada vez en mayor medida, por la “falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser más fugaces y superficiales”. Buscamos en el trato con nuestros semejantes algo propio del consumismo: utilidad e inmediatez.

   Esto promueve la superficialidad y la frustración: el objeto no nos satisface del todo, nos aburre o tiene unas contraprestaciones que no estamos dispuestos a asumir. Mercantilizamos a los demás y ponemos condicionantes, antes que darnos al otro y a la experiencia. Nos aburre el concepto tradicional de pareja porque hay que aguantar, hay que sacrificarse y hay que vivir para el otro. Se asemeja a una carga hipotecaria. Una inversión demasiado costosa para el beneficio que se puede obtener. Sucede en el trabajo, en nuestra proyección digital y en nuestra interacción con el mundo: nos auto-explotamos y nos objetualizamos para entrar en el juego de la aceptación. Trabajamos muy duro para que nos asignen un valor y un estatus.

   A Bauman se le escapó, eso sí, un pequeño detalle: el género. Seamos o no conscientes, hemos sido socializados conforme al género asignado. Y en esta locura mercantilista se sitúa a las mujeres como la oferta y a los varones como la demanda. Esa separación impregna incluso las relaciones fuera de la hetero-normatividad. La seducción se convierte en un juego de compraventa, de exhibición hueca y obsceno alarde de capital.

   Muchos de ellos no han sido preparados para vivir para la pareja ni para los cuidados, sino para sí mismos. Si acaso, ejercen de protectores, pero como encarnación del héroe que se impone por la fuerza. Ellas le ven las costuras al mito del amor romántico, con un envoltorio de papel de víctima; eso sí: rosa y con purpurina.

   Si la instrucción sexual se da en el porno, este se basa en una retorcida noción de la humillación femenina. Es muy probable que el aprendizaje emocional sea, por tanto, el continente formal de una relación dispar, violenta y sesgada. El sufrimiento femenino es el pasaporte a la normalización de la desigualdad. Y la frustración que eso genera se suple como todo en la sociedad capitalista: consumiendo lo que sea: ansiolíticos, dietas, terapias, cuerpos…

 Bajo falsos mantras de liberación nos deshumanizamos al no preocuparnos por las personas con las que intercambiamos sudores y fluidos. Hemos interiorizado el discurso individualista y neoliberal hasta el punto de evangelizar la promiscuidad, admirándonos de la cantidad de cuerpos que consumimos antes que de la calidad de las relaciones que establecemos con ellos.

   Mientras escribo esto, miro a mi perra y ella me mira. Debo aprender algo de la irracionalidad del vínculo y del instinto. Me pregunto si es posible solapar en el tiempo parejas sexuales sin someterlas a la lógica del consumo. Aunque normalicemos que esas personas “no significan nada”, nuestro instinto animal nos enseña que sí, que esa cesión mutua de tiempo, de intimidad, es, al fin y al cabo, un acto de generosidad y de amor.

  Me da que este “sistema afectivo” está colapsando. ¿Cuántas pandemias hacen falta para darnos cuenta de lo necesarios que son los abrazos? ¿Por qué nos limitamos a decir que las relaciones son más o menos tóxicas en lugar de construir alianzas igualitarias, proyectos de compasión bien entendida, admiración y cariño?

   Yo me he propuesto cuidar a mis amantes y reclamar el vínculo que merecemos. Mirar como me mira mi perra —aun a riesgo de que salgan corriendo y no paren hasta no comprender el idioma que se habla alrededor—. Dar antes de exponer mi lista de exigencias, preocuparme por los demás y asumir la responsabilidad afectiva.

   Estoy convencido de que vamos a valorar y demandar nuevos modelos relacionales, alejados del consumo y cada vez más cerca de la comunicación, la risa y la ternura. Creo que no nos queda otra… Estoy deseando ver generosidad y altruismo en las redes sociales… ¿Soy demasiado idealista? (Ojalá no). 

 

FORO DE LA CULTURA - Diálogo entre Zygmunt Bauman y Javier Goma (Burgos, 7 de noviembre 2015)

La periodista Mara Torres fue la encargada de moderar esta conversación entre el prestigioso sociólogo y ensayista polaco Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010, y el filósofo bilbaíno Javier Gomá, director de la Fundación Juan March y Premio Nacional de Ensayo en 2004. La situación actual de la cultura, su aportación a otras disciplinas y ámbitos científicos y su capacidad para articular con éxito nuevas dinámicas de cambio y transformación social fueron algunos de los temas que centrarán este encuentro, que da continuidad a muchos de los contenidos abordados el pasado año durante la primera edición del Foro de la Cultura en Burgos. El encuentro cuenta con la colaboración del Instituto Polaco de Cultura.


ZYGMUNT BAUMAN: “LAS REDES SOCIALES SON UNA TRAMPA”

Es la voz del 'precariado'. El sociólogo denuncia la desigualdad y la caída de la clase media. Y avisa a los indignados de que su experimento puede tener corta vida

Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa” 

Zygmunt Bauman, en Burgos. En la entrevista habla del impacto de las redes sociales

RICARDO DE QUEROL - 21 ENE 2016

    Acaba de cumplir 90 años y de enlazar dos vuelos para llegar desde Inglaterra al debate en que participa en Burgos. Está cansado, lo admite nada más empezar la entrevista, pero se expresa con tanta calma como claridad. Se extiende en cada explicación porque detesta dar respuestas simples a cuestiones complejas. Desde que planteó, en 1999, su idea de la “modernidad líquida” —una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”—, Zygmunt Bauman es una figura de referencia de la sociología. Su denuncia de la desigualdad creciente, su análisis del descrédito de la política o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital lo han convertido también en un faro para el movimiento global de los indignados, a pesar de que no duda en señalarles las debilidades.


   Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años sesenta, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, junto a su colega Alain Touraine.


RECORDAMOS LA ENTREVISTA DE ZYGMUNT BAUMAN, SOCIÓLOGO, FILÓSOFO Y ENSAYISTA FALLECIDO EN 2017.

Zygmunt Bauman (Poznan, 19 de noviembre de 1925 – Leeds, 9 de enero de 2017)​ fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío. Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el Holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Desarrolló el concepto de la «modernidad líquida», y acuñó el término correspondiente.​ Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.​

   Se le considera un pesimista. Su diagnóstico de la realidad en sus últimos libros es sumamente crítico. En ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (2014) explica el alto precio que se paga hoy por el neoliberalismo triunfal de los ochenta y la “treintena opulenta” que siguió. Su conclusión: que la promesa de que la riqueza de los de arriba se filtraría a los de abajo ha resultado una gran mentira. En Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, alerta de la pérdida del sentido de comunidad en un mundo individualista. En su nuevo ensayo vuelve a las cuatro manos, en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni. Se llama Estado de crisis y trata de arrojar luz sobre un momento histórico de gran incertidumbre. Paidós lo publica en España el día 12.

   Bauman vuelve a su hotel junto al filósofo español Javier Gomá, con quien ha debatido en el marco del Foro de la Cultura, un ciclo que celebrará su segunda edición en noviembre y trata de convocar en Burgos a los grandes pensadores mundiales. Él es uno de ellos.

PREGUNTA: Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia? "Ha sido una catástrofe arrastrar la clase media al precariado. El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad”

RESPUESTA: Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

P.: El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?

R.: Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos precariado. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece... El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.

P.: Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.

R.: Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.

P.: Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno, pero no cómo construir algo sólido”.

R.: La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.

P.: Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.

R.: Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

 "El 15-M, en cierto sentido, pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son potentes y breves"

P.: En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos. 

R.: El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.

P.: Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?

R.: Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo. 

P.: Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?

R.: La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad, pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.



Resumen de MODERNIDAD LIQUIDA

   La era de la modernidad sólida ha llegado a su fin. ¿Por qué sólida? Porque los sólidos, a diferencia de los líquidos, conservan su forma y persisten en el tiempo: duran. En cambio los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Por eso la metáfora de la liquidez es la adecuada para aprehender la naturaleza de la fase actual de la modernidad. La disolución de los sólidos es el rasgo permanente de esta fase. Los sólidos que se están derritiendo en este momento, el momento de la modernidad líquida, son los vínculos entre las elecciones individuales y las acciones colectivas. Es el momento de la desregulación, de la flexibilización, de la liberalización de todos los mercados. No hay pautas estables ni predeterminadas en esta versión privatizada de la modernidad. Y cuando lo público ya no existe como sólido, el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen total y fatalmente sobre los hombros del individuo. El advenimiento de la modernidad líquida ha impuesto a la condición humana cambios radicales que exigen repensar los viejos conceptos que solían articularla. Zygmunt Bauman examina desde la sociología cinco conceptos básicos en torno a los cuales ha girado la narrativa de la condición humana: emancipación, individualidad, tiempo/espacio, trabajo y comunidad. Como zombis, esos conceptos están hoy vivos y muertos al mismo tiempo. La pregunta es si su resurrección -o su reencarnación- es factible; y, si no lo es, cómo disponer para ellos una sepultura y un funeral decentes.

Bauman de Zuckerberg: "Se dio cuenta de que nuestra peor pesadilla es ser abandonados" - Salvados

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman explica a Jordi Évole en Salvados el éxito tanto del millonario Mark Zuckerberg con Facebook como de otras redes sociales: "Twitter es la manera de evitar ser excluido de la esfera pública".

Zygmunt Bauman comenta el tema "Redes sociales"

Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa”. Zygmunt Bauman en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni

PREGUNTA. Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?

RESPUESTA. Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. 

El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. 

Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. 

La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas. 
Ha sido una catástrofe arrastrar la clase media al precariado. El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad”


Zygmunt Bauman: la crítica como llamada al cambio

Este video es una grabación realizada en la casa del autor en Leeds, Gran Bretaña.

   Zygmunt Bauman es un sociólogo y filósofo polaco. Es uno de los pensadores más representativos de la actual crítica de la cultura, Tras la invasión nazi, su familia se refugió en la zona soviética y Bauman se alistó en el ejército polaco, que liberaría su país junto a las tropas soviéticas. Fue miembro del Partido Comunista hasta la represión antisemita de 1968; la consiguiente purga le obligó a abandonar su puesto como profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia. Desde entonces ha enseñado sociología en Israel, Estados Unidos y Canadá. Es profesor emérito en la Universidad de Leeds. Su pensamiento se ha movido desde la especificidad del análisis del movimiento obrero hasta la critica global de la modernidad. Es autor de una obra abundante, entre la que se encuentran libros fundamentales de la sociología contemporánea como La vida líquida, Vida consumo, El arte de la vida, Miedo líquido, y tantas otras obras. Bauman ha alcanzado un notorio reconocimiento público y sus obras cada vez tienen más difusión en castellano. 

  El consumismo hace referencia a la adquisición desmedida de bienes y servicios, fenómeno que impacta tanto en los recursos naturales, económicos como subjetivos, a la par  que permite equiparar consumo con bienestar y felicidad global. Este modo de consumir comienza a desplegar sus raíces allá por los comienzos del Siglo XX, como consecuencia directa del capitalismo y de la mercadotecnia, cuyo real objetivo reside en crear nuevas necesidades en el consumidor, aumentando la demanda y con ellas las ventas.   De esto se desprende el desarrollo de una “sociedad de consumo” en la que es frecuente toparnos con una suerte de adicción a la compra de productos que parecieran garantizarnos felicidad.



   ¿Qué nos hace creer que esa felicidad es posible?. Noam Chomsky en su libro “Ilusiones Necesarias” nos alerta acerca del papel de los medios de comunicación al “prestar servicio a los intereses del poder estatal y empresarial”, colaborando con el despliegue de una sociedad adoctrinada en el marco de una la lógica empresarial y bajo la palabra del estado, escenario que propicia una particular configuración psíquica según la cual cualquier objeto podría colmar nuestro deseo, esa falta estructural subjetiva y a partir de lo cual lo único que prima es la satisfacción personal.

   Sin embargo, es sabido que ello es imposible, lo cual es un punto a favor para las empresas y el estado en tanto pueden seguir haciéndonos creer que en algún lugar ese objeto aparecerá, y hasta entonces comprar, probar y consumir no les viene nada mal para seguir sosteniendo el orden establecido.

   El hombre “ha llegado a ser el gran lactante, siempre a la espera de algo y siempre decepcionado”, El lugar de los discursos de los mass media y la publicidad es rector en el marco de una sociedad desorientada que no sabe ni a quién ni a qué recurrir para ser feliz, pareciendo que el ser dependiera del tener.

   Kenneth Gergen nos orienta en este punto al hablar de la “Personalidad pastiche” en el sentido de un sujeto fragmentado y escindido por la multiplicidad de discursos que lo atraviesan junto a un incremento de estímulos en una red de conexiones sociales que lo consumen, provocando un estado de aturdimiento y atontamiento. El remplazo de la educación por la información manipulada y despedazada según intereses gesta datos que caen en bloque y que son receptados pasivamente, sin lugar a la reflexión subjetiva, creándose con ella una demanda antes que siquiera se plantee una oferta.

   Es curioso cómo incluso esa demanda se instala como un imperativo categórico de carácter inmediato, volviéndose necesario que todo se haga ya. Erich Fromm, por su parte, sostiene que el hombre “ha llegado a ser el gran lactante, siempre a la espera de algo y siempre decepcionado”; un bebé que no puede aguardar ni un segundo para satisfacer sus “necesidades”, que debe adquirir en la inmediatez aquello que lo calme.

   El hombre ha dejado de ser un homo-sapiens que ahorra y se planea en el futuro, para pasar a ser un homo-consumens. Pareciera que de otro modo no encontraría lugar su ser ni el pertenecer, siendo que en esta era del consumismo quien no consume, está fuera de la sociedad; no es. En este contexto el rol del psicólogo consistirá en colaborar con la sociedad para que deje de ser una institución hablada por el discurso del consumismo, y tome las riendas impidiendo que la inmediatez y lo descartable produzca personalidades desechables.






“La producción económica  no debe ser un fin en sí mismo, sino solamente un medio para una vida humanamente más rica. Será una sociedad en la que el hombre será mucho, no una sociedad en la que el hombre tendrá mucho, o consumirá mucho. Habrá de crear las condiciones para el hombre productivo, no para el Homo Consumens ni para el Homo Technicus, el hombre rodeado de artilugios”.

 Erich Fromm

   Corresponderá a nuestra disciplina volver a remplazar el tener por el ser. Que los sujetos empiecen a ganar por lo que valen y no valer por lo que ganan. Que dejen de ser lo que tienen, y pasen a tenerse. El hombre ha dejado de ser un homo-sapiens que ahorra y se planea en el futuro, para pasar a ser un homo-consumensSegún lo entiendo, acompañarlos en este proceso de echar luz sobre lo establecido, de dilucidar y analizar los discursos cotidianos y de abrir la posibilidad de elección, es incumbencia de la psicología tanto como de cualquier otro profesional.


Canción "Consumismo"

Canción compuesta e interpretada por Dr. Efrain Hoffmann



música CONSUMISMO Pink Floyd


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