domingo, 9 de enero de 2022

DELIRIOS DE REFERENCIA, LA PROYECCIÓN

 

 DELIRIOS DE REFERENCIA, LA PROYECCIÓN  


   El término de delirio sensitivo de relación o delirio sensitivo de referencia acuñado por Kretschmer, constituye un síndrome que suele aparecer en individuos tímidos, retraídos, muy sensibles, susceptibles a los comentarios o críticas de los demás y con baja autoestima (personalidad sensitiva). 

   Estas personas normalmente, a partir de una situación vital estresante, pueden desarrollar un cuadro clínico caracterizado por la vivencia de un conflicto entre ellas y el resto del grupo, sintiéndose desplazadas, menospreciadas y rechazadas. 

   Kretschmer, establecía como punto de partida del delirio, la experiencia cotidiana del sujeto, especialmente tras desengaños, burlas, humillaciones y fracasos en la consecución de metas importantes. En un principio el sujeto lo rechaza internamente para no aceptarlo, esta confrontación aumenta hasta llegar a un punto de crisis en la cual los propios autorreproches acaban originando en un primer momento la vivencia de ser observado y después, el delirio de ser moralmente despreciado por los demás. No puede concretarse ni el momento ni el curso exacto de esta “inversión”. Solamente conocemos la situación final, el delirio ya desarrollado que nos cuenta el paciente.

   El paciente sufre esta situación de auto y heteromarginación con crítica de la misma, hasta tal punto que llegan a sufrir altos niveles de ansiedad y un estado de ánimo depresivo de características reactivas a la situación y a su manera de interpretarla, que puede llegar a ocasionar un cuadro psicótico con predominancia de ideas e interpretaciones delirantes.

   Algunas de las vivencias más graves del delirio son las de amenaza, persecución, pérdida, representaciones anormales y las interrelaciones mágicas con el mundo, que demuestran una quiebra total de la autovaloración. Estas vivencias van desde una incomodidad general hasta llegar a la certeza incorregible de sentirse rechazado, en este punto convirtiéndose en delirante.

   Se puede hacer uso del esquema descrito por Kretschmer del “estímulo-reacción”. Ello explicaría como la persona sensitiva tiende a no expresar al exterior sus vivencias (estímulo), sino a retenerlas, por lo tanto, tiene una reacción de inhibición y de contención emocional.

   Kahn atribuyó gran importancia a la autoestima en la producción de un delirio, esto tiene que ver con la “finalidad” de un delirio que ha de reconocerse a partir del “sentido y significado”. Se trata de que “el delirio promueve una ayuda a la supervivencia, un aumento de la autoestima y siempre es sobrecompensador”. Sirve “como seguro y salvación para la propia autovaloración”.

   Debido a la existencia de estas teorías psicogenéticas causales, el autor de este delirio recomendaba a partir de su propia experiencia, la psicoterapia como método terapéutico.

   El delirio sensitivo de referencia como tal es poco frecuente, pero sí puede presentarse dentro del curso en un trastorno psicótico crónico, como la esquizofrenia.




   La señorita Carmen, maestra de secundaria tan instruida como inteligente, de 52 años, siempre ha tenido desde su juventud un carácter difícil, desafiante y suspicaz hasta el insulto. Esta disposición que le impidió ocupar puestos que había buscado y que le hizo perder otros que había conseguido, siguió incrementándose con los años hasta acabar volviéndose totalmente insociable. En cuanto veía a alguien con frecuencia, ya viviera en su casa o se relacionara con ella a diario, descubría en esta persona malas intenciones, un interés culpable, pensamientos y puntos de vista odiosos, y empezaba a odiarla ella misma. Su familia intentó todo para suavizar y disipar sus prevenciones y hostilidades. ¡Fue imposible! Después de haber aborrecido a los indiferentes, a los vecinos, a personas a las que debía estar agradecida, empezó a odiar s su familia, de la que no ha recibido más que el bien. Ahora que está en una residencia, siente la aversión más profunda por los vigilantes y demás cuidadores, los cuales cumplen sus deberes no sólo con precisión y diligencia sino también con una gran entrega. La señorita Carmen trabaja mucho, su atuendo es serio, incluso austero; pues bien, a pesar de su edad y sus rectas costumbres, no pierde ocasión para hablar mal de quienes se ocupan de proporcionarla la comida, la ropa y le ayudan y asisten en casi todos sus actos. Llega incluso a decirles insultos, algunos muy hirientes.

  Ella quisiera excluir a los trabajadores de la residencia de los sentimientos penosos que tan profundamente tiene hacia los demás, pero intenta involucrarlos todos los días. -Vosotros sois terriblemente engañados-, dice, -por todas esas mujeres-, y después usa para designarlas expresiones que están totalmente fuera de su vocabulario habitual. Al hacerle los responsables de la residencia esa observación, contesta: - "Ya ve usted que pronuncio esas palabras con la misma repugnancia y cara de asco que pondría un gourmet al que se le dieran alimentos bastos, pero hay que llamar y reconocer a cada cual por su nombre y según sus obras. A usted mismo lo califico como se merece: ¡Es usted un hombre al que se engaña!"- dice al director.

   Lo han intentado todo, con razonamientos y muestras de apoyo, con dulzura y paciencia, con seriedad, con castigos incluso, llegando hasta el chaleco de fuerza, para quebrar este odio caracterial, pero no han conseguido nada ni lo conseguirán. Esta disposición es orgánica.

   La señorita Carmen dibuja bien, aunque sólo hace cabezas, todas parecidas y con la misma expresión. También dibuja, nunca han llegado a saber por qué, muchos niños apoyados en un sillón o acostados en una cama. La han interrogado inútilmente sobre esto. Todas las demás figuras son cabezas de mujeres que expresan sentimientos tristes.

   La señorita Carmen está perfectamente lúcida, aparentemente y según lo que entiende la gente por ello no delira nunca, pero aun así no les resultó muy difícil encontrar, además de lo que se acaba de señalar, una gran mancha en su razón. Está convencida de que muchas personas de las que se dice que están muertas están bien vivas, que el señor Miguel Delibes, por ejemplo, se encuentra perfectamente y está en la residencia.



   Los enfermos que acabamos de observar han tenido que luchar más o menos contra la mala fortuna, al igual que sus familias. Vemos los mismos sentimientos tristes, la misma desgracia, pero rodeada de todos los recursos, de todas las desgracias que proporciona la opulencia.

   Mediante la proyección, el dinamismo del fantaseador se modifica: el "no soy como fantaseo" pasa a ser, con carácter indeleble, "soy yo el que fantaseo". La confirmación en la realidad de aquello que pienso es el continuum del dinamismo proyectivo: no es que lo piense, se le hace ver por los demás, no tiene más remedio que aceptarlo. Es lo que afirma este paciente, que no es muy religioso, pero, ¿Cómo negar ahora lo que los demás le dicen que es? La proyección acaba con el escaso coeficiente de incertidumbre que aún tenía el suspicaz. El sujeto delirante, queda limpio de confusiones sobre quién es él, quienes son los que le rodean, qué intenciones tienen para con él, cuál su "condición". La realidad queda clara: cada cual representa el papel que en el fondo ha de representar; por debajo de sus representaciones superficiales están la "verdaderas".

    Pero el sistema delirante no es algo estático, sino que conserva una cierta movilidad, aunque, eso sí, con la misma certidumbre. Nuevos datos se incorporan a los anteriores, que asombrosamente le confirman el inicio supuesto, el modelo cognitivo que adoptó acerca de la realidad. Y asombrosamente también los demás siguen sin aceptarlo, todo lo más simulan que lo aceptan. Al delirante esta actitud no le convence, le resulta siempre inaceptable, porque -en ello acierta- se trata de una mentira burda, como la que se le propondría a un niño o a un tonto.

   La movilidad, si existe, del sistema delirante es interna, porque la realidad no le suministra dato alguno que le permita modificar la interpretación. Así, con frecuencia el contenido delirante parece cambiar temáticamente, aunque en todo caso la modificación es mínima o nula y no afecta al núcleo del sistema. Al dar la espalda a la realidad, el delirante se torna cada vez menos razonante (menos imaginativo) y más fantaseador.

  Rosa es viuda, vive sola a sus 63 años, aunque es visitada a diario y varias veces por sus dos hijas, que la cuidan, le hacen la comida, le arreglan la casa. Su cuadro delirante comenzó a los 42 años, al poco tiempo de morir su marido, con ideas persecutorias: le atribuían ser "masona y comunista", dejó de salir de casa largas temporadas porque notaba señales en la gente, conocida y desconocida, en forma de sonrisas, codazos entre ellos, miradas. En ocasiones "se atrevían a insultarme al pasar y me decían ¡buenos días! con un retintín, como si yo no las entendiera". "Lo que querían decirme ya lo sabía yo antes de que hablaran, no ve usted que se miraban al pasar yo, y lo de los codazos, ¿Qué dice usted de hacerse señas con el codo; como si eso se pudiera disimular?...Lo de buenos días se lo voy a decir claramente: querían decir "está buena", como dando a entender que ya que se había muerto mi marido pues  que yo podía hacer esto y lo otro...pero era para criticarme por lo de la política, porque yo he sido una mujer decente toda mi vida, y ahora lo sigo siendo". Lo de "ahora" alude al cambio en el tema del delirio: desde hace dos o tres años se queja de las insinuaciones  de los camioneros -vive en las proximidades de la autovía-al pasar cerca de su casa: con los claxons le hacen insinuaciones de puta (hace gala de haber sido fiel a su marido después de enviudar, "porque no ha habido otro hombre en mi vida"), de borracha (no bebe en absoluto), y últimamente le trasmiten mensajes (también lo hacen de modo indirecto en la televisión) de que la quieren para reina de Inglaterra, de que el príncipe Carlos se divorciará de lady Diana para casarse con ella; en realidad es el príncipe Carlos el que organiza todo, con miras a conseguirla por el medio que sea. En la entrevista se muestra apasionada, insulta a todos los miembros de la familia real inglesa, porque "qué se han creído ellos? Que se metan en sus cosas y me dejen a mí. Tío asqueroso", dice del príncipe Carlos. Carlos le propone el trono en el futuro si mantiene relaciones con ella desde ahora, "relaciones asquerosas, ya sabe usted, y a mí me da él un asco tremendo, pero ¿Qué se ha creído conmigo?; eso es lo que yo me pregunto".


  

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