lunes, 20 de diciembre de 2021

SALVADOR DALI, PERSONALIDAD Y PSICOPATOLOGÍA. GENIO Y FIGURA

 

SALVADOR DALI, PERSONALIDAD Y PSICOPATOLOGÍA



Dalí fotografiado por Carl Van Vechten, 1939

Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech,​ marqués de Dalí de Púbol (Figueras, 11 de mayo de 1904-Figueras, 23 de enero de 1989) fue un pintor, escultor, grabador, escenógrafo y escritor español del siglo XX. Se le considera uno de los máximos representantes del surrealismo.

SALVADOR DALÍ, LAS DOS CARAS DE UN GENIO



Dimensión Dalí - Documental

Vida y obra del pintor Salvador Dalí

   Salvador Dalí es conocido por sus impactantes y oníricas imágenes surrealistas. Sus habilidades pictóricas se suelen atribuir a la influencia y admiración por el arte renacentista. También fue un experto dibujante.​ Los recursos plásticos dalinianos también abordaron el cine, la escultura y la fotografía, lo cual le condujo a numerosas colaboraciones con otros artistas audiovisuales. Tuvo la capacidad de acrisolar un estilo genuinamente personal y palpable al primer contacto, que en realidad era muy ecléctico y que «succionó» de innovaciones ajenas. Una de sus pinturas más célebres es La persistencia de la memoria (también conocida como Los relojes blandos), realizada en 1931.

  Como artista extremadamente imaginativo, manifestó una notable tendencia al narcisismo y la megalomanía, cuyo objetivo era atraer la atención pública. Esta conducta irritaba a quienes apreciaban su arte y justificaba a sus críticos, los cuales rechazaban sus conductas excéntricas como un reclamo publicitario ocasionalmente más llamativo que su producción artística.​ Dalí atribuía su «amor por todo lo que es dorado y resulta excesivo, su pasión por el lujo y su amor por la moda oriental» a un autoproclamado «linaje arábigo»,​ que remontaba sus raíces a los tiempos de la dominación árabe de la península ibérica.

… que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga…

La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco.​

Salvador Dalí

 

La familia Dalí en 1910: desde la izquierda, su tía María Teresa, sus padres, su tía Catalina (segunda esposa de su padre), su hermana Ana María y su abuela Ana.

   El 11 de mayo de 1904 nació en Figueres Salvador Dalí i Doménech, hijo del notario Salvador Dalí, hombre de ideas avanzadas, ateo y de buena posición económica y de la señora Felipa Doménech, mujer dulce, apolítica y católica practicante, que influyeron en la vida de este personaje desde los primeros días de nacido hasta el final de su vida, debido a la pérdida de su primer hijo nueve meses y diez días antes del nacimiento de este gran pintor. De nombre Salvador, murió a los 21 meses de nacido a causa de un catarro gastroentérico infeccioso causando con esto que la familia tratara lo antes posible de sustituirlo a través del nuevo integrante de la familia y con ello poniendo una gran carga sobre el artista.

   Dalí comenzó su vida rodeado de caricias, consentimientos y una gran sobreprotección por parte de sus padres, en especial de la madre que veía en este hijo todas las expectativas que no pudo cumplir con su primogénito muerto. Rodeado de personas que estaban a su servicio consintiendo todo lo que el niño quería, creció lleno de caprichos y de actitudes poco comunes como el defecar en diversos lugares con el único fin de llamar la atención y sin recibir ningún tipo de reprimenda por este y otro tipo de acciones, provocando con ello que fuera sintiéndose “el centro del universo” y que se fuera adquiriendo un carácter narcisista.

   A los pocos años de vida comenzó a demostrar un gusto por la pintura y siendo apoyado por su padre y por sus amigos comenzó a estudiar en la escuela de las Bellas Artes de Madrid donde conoce a García Lorca, Buñuel, entre otros, pero no duró mucho ya que al año lo expulsaron temporalmente y al año siguiente lo encerraron en prisión por un escándalo en Figueres y después en Gerona teniendo sentencias de sólo unos días. Con tan sólo 21 años, Dalí monta su primera exposición en Cadaqués. En 1926, es expulsado definitivamente de la escuela de Bellas Artes por declarar la incompetencia de sus profesores y viaja a París por primera vez donde conoce a Picasso y más adelante a André Breton con el que estaría en el grupo de surrealistas y con el que se pelearía tiempo después. Durante esta época conoce a Gala y para impresionarla cortó un orificio en la playera a la altura del pezón, se rasuró las axilas hasta hacerlas sangrar y se untó desechos fecales por todo el cuerpo causando así la admiración de Gala y el desdén de algunos de sus compañeros surrealistas.


Las miradas alucinadas de Dalí (izquierda) y su camarada en el surrealismo, Man Ray, en París, el 16 de junio de 1934, según fotografía de Carl Van Vechten.

   En 1935, desarrolla el método paranoico crítico y decide instalarse en Francia, con mucho éxito. Tres años después conoce a Freud, pero no obtiene lo que él esperaba de esta reunión.

A los veintisiete años, recién llegado a París, realicé, en colaboración con Buñuel, dos películas que han pasado a la historia: Un perro andaluz y La Edad de Oro. Después, Buñuel trabajó solo y dirigió otras dos películas, con lo que me hizo el inestimable servicio de revelar al público a quién se debía el aspecto genial y a quién el aspecto primario de Un perro andaluz y de La Edad de Oro. Si llego a rodar mi película, quiero asegurarme de que será de principio a fin, sin interrupción, un prodigio, pues no vale la pena molestarse para ir a ver espectáculos que no sean sensacionales. Cuanto más numeroso sea mi público, más dinero proporcionará la película a su autor, con tanta justicia bautizado Avida Dollars.

Salvador Dalí, junio de 1953


Salvador Dalí, fotografiado en 1972 por Allan Warren.

   Dalí decide tras el inicio de la segunda guerra mundial trasladarse a Estados Unidos y esta residencia duraría ocho largos años. Los siguientes treinta y cinco años los dedicó a pintar, conocer personalidades célebres de todo tipo de disciplinas y lo que él decía que era lo principal, hacer dinero. Al principio de los ochenta regresó definitivamente a España con Gala, siendo condecorado con la medalla de oro. Un año después muere Gala. Dalí recibe el título de marqués, sufriendo más adelante un gran susto al incendiarse su casa. El 23 de enero de 1989, Dalí muere en el hospital de Figueres, poco después de las diez de la mañana, a la edad de 85 años.

 

DALI AL COMIENZO DE SU “LOCURA”

   Se puede decir que su destino fue determinado antes de nacer, y que desde luego se modeló durante la infancia, pues la familia había quedado sumida en la pena y desesperanza a raíz de la muerte del hijo primogénito, quien había recibido al igual que el artista el nombre de Salvador, y en quien depositaron todos sus proyectos y esperanzas, pero que no se llegarían a cumplir pues el primogénito cumpliría antes los proyectos y esperanzas de la parca; por esto el nuevo vástago venía a culminar los deseos y expectativas que habían quedado truncadas con la muerte del adorado primer hijo. Respecto a esto Dalí se expresaba así “Se trata de la presencia ineluctable, en el fondo de mí mismo, de mi hermano muerto, que mis padres habían adorado con cariño tan superlativo, que, en el momento de mi nacimiento, me pusieron el mismo nombre, Salvador… No solo me dormía con la idea de mi propia muerte, a la par que aceptaba que me hablaba en el interior del ataúd por fin en estado de reposo”.  Con esto se puede notar que Dalí no fue objeto de deseo por parte de los padres y la presencia de éste era la negación de la muerte del hermano por parte de los progenitores y al mismo tiempo la negación de la vida del gran artista, provocando con esto que Salvador Dalí tuviera un self falso para protegerse de lo que realmente era y mostrando únicamente lo que querían ver sus padres, su yo estaba desde el inicio de su vida fragmentado o disgregado en varias máscaras que debía portar para cubrir las expectativas de los demás, mostrando su self verdadero únicamente a través de sublimar toda esa angustia y agresión mediante la creación de su obras pictóricas. Dalí tuvo una lucha constante para poder determinar su identidad, cosa que nunca logró por causa de la lucha interna entre lo que era y lo que debía ser, llevándolo a una búsqueda afanosa por explicarse su origen y por conseguir una identidad propia. Esta búsqueda por sentirse vivo, original, auténtico, hizo que él o de él emanaran actitudes exhibicionistas, ridículas, extravagantes con el único fin de ser él.

Atomicus Dalí, fotografía de 1948 de Philippe Halsman, donde explora la idea de la suspensión, representando tres gatos que vuelan, un cubo de agua lanzada y Salvador Dalí en el aire.

OTTO KERNBERG ECHÁNDOLE UN VISTAZO A DALÍ

   Dentro de sus cuadros se muestra claramente la realidad que vivía, una realidad dividida entre lo vivo y lo muerto, lo real y lo fantasmagórico. Aquí es donde se puede pensar, desde el punto de vista de Kemberg, que era fronterizo, pero que gracias a la pintura fue que nunca se quebró. Entre otras características encontramos la presencia de relaciones objetales estables, como se puede observar en su relación con Gala que duró más de medio siglo y con personas como Luis Buñuel con quien hasta sus últimos días se siguió comunicando. Sin embargo, su super-yo era sádico y punitivo ya que él nunca llegó a tener una genitalidad adulta pues los preceptos de su padre acerca del sexo influyeron para que él no lograra alcanzar esta genitalidad y cada vez que lo intentaba recordaba el libro sobre el piano que hablaba sobre las enfermedades venéreas y sobre lo sucio e inmoral que eran las prostitutas, provocando en Dalí pensar en las mujeres como sucias y que no merecían el pene de él. Esta característica se muestra en sus cuadros llenos de insectos alrededor de símbolos fálicos. Desde el punto de vista pulsional sus impulsos genitales eran vivenciados a un nivel infantil y es por ello que Dalí abusaba del voyeurismo y de la masturbación, actos que son un tipo de perversión pasiva, por ejemplo, en su cuadro “el Gran Masturbador”. Dentro de los fronterizos de nivel superior se incluyen caracteres histéricos que se mostraban en Dalí cada vez que tenía un berrinche, con tal de hacer lo que le daba la gana, por otro lado el carácter obsesivo - compulsivo que se sabe que está situado dentro del desarrollo evolutivo en la etapa anal, Dalí mostraba tanto interés en los glúteos (generadores de heces fecales), en desechos (heces fecales, mocos, etc.) un ejemplo de estas características es el cuadro titulado “Joven virgen autosodomizada” y un “Juego lúgubre” donde se muestran los glúteos de la mujer en el primer cuadro y dentro del segundo heces embarradas dentro del cuadro en el ano de uno de los personajes. Otra característica son los ritos para poder pintar. Al leer la obra de Freud, quedó muy claro para él que tenía estas características y le pareció muy grato saber que tendría dinero como característica del carácter obsesivo compulsivo.


El gran masturbador

El arte del cinco contra uno daliniano.

España, 1929. Surrealismo

Título original: Visage du Grand Masturbateur

Museo: Museo Reina Sofía, Madrid (España)

Técnica: Óleo (110 x 150 cm.)

Escrito por: Miguel Calvo Santos

Dalí pinta este lienzo al acabar el verano de 1929. Había estado unos días con Gala, habían dado románticos paseos por la playa hablando de traumas infantiles, surrealismo y coprofilia y surgió inevitablemente el amor adúltero, cambiándoles radicalmente la vida a ambos.

Salvador siempre había sido un pajero, un enorme masturbador compulsivo (el cuadro es, efectivamente, un autorretrato), y continuó siéndolo, pero ahora con una musa. Tengamos en cuenta que Dalí tenía pánico a las relaciones sexuales, un miedo que se remonta a la infancia por haber leído un libro erótico demasiado explícito, su complejo de picha-corta (así le llamaban sus compañeros de escuela) y sobre todo su miedo atroz a las enfermedades venéreas: "Mi padre dejó un libro de medicina en el que había fotografías en las que se podían apreciar las consecuencias terribles de las venéreas. Me quedé aterrorizado".

Sumemosle una latente homosexualidad que pudo desarrollar en su época de estudiante con Lorca: "Federico, como todo el mundo sabe, estaba muy enamorado de mí, y probó a darme por el culo dos veces, pero como yo no soy maricón y me hacía un daño terrible, pues lo cancelé en seguida y se quedó en una cosa puramente platónica y en admiración". La única opción sexual posible era la masturbación. Y compulsiva, llegando a practicarla varias veces al día. Va surgiendo entonces una compleja red de traumas, miedos y deseos que Dalí pudo codificar de alguna manera en obras como esta. El pintor muestra aquí un catálogo de sus principales obsesiones sexuales, elementos que formarían su universo pictórico como el saltamontes, bicho que lo aterrorizó desde su infancia y que intenta meterse en su boca; las hormigas que el artista asocia siempre a la muerte; el león como símbolo de poderío sexual; o esa figura femenina (probablemente Gala, su nueva musa) que le va a practicar una felación a esos genitales ceñidos en unos calzoncillos. Elementos que van de lo fláccido a lo duro, símbolos que remiten a la sexualidad, a la infancia, a los sueños… a lo más profundo del subconsciente.


   Tal vez se puede decir que Dalí utilizaba mecanismos de defensa primitivos como la negación, al no admitir la muerte de su hermano y no admitirse a él mismo fuera de la relación con el hermano, la escisión que utilizaba dentro de sus cuadros al crear dos tipos de planos donde uno está lleno de vida y otro está podrido, muerto. Casi toda su obra está llena de figuras fragmentadas, tanto sus seres queridos como los no queridos. Dichos mecanismos son usados al parecer dentro de su obra, pero dentro de sus relaciones se ven disminuidos ya que los ha logrado elaborar a través de sus obras y es por eso que es de los artistas más fructíferos del último siglo.


Dalí en la década de 1960, luciendo el ostentoso bigote que le caracterizaba, junto a su mascota, un ocelote llamado Babou

Ideología y personalidad

   Las ideas políticas de Salvador Dalí desempeñaron un papel muy relevante en sus inicios artísticos. Posteriormente se le acusó de apoyar ideológicamente el franquismo. André Breton, el «padre» del surrealismo, se distinguió por sus esfuerzos para separar el nombre de Dalí del grupo surrealista. Sin embargo, ese enfrentamiento obedecía a motivos más complejos. De cualquier modo, Dalí nunca fue antisemita como se desprende de su amistosa relación con el afamado arquitecto y diseñador Paul László, que era judío. Manifestó una profunda admiración hacia Freud —a quien conoció personalmente— y hacia Albert Einstein, a juzgar de sus escritos. Sobre la personalidad de Dalí, George Orwell dijo en un ensayo que:

Uno debería ser capaz de conservar en la cabeza simultáneamente las ideas de que Dalí era al mismo tiempo un buen dibujante y un ser humano repugnante. La una no invalida, o efectivamente, no afecta a la otra.

   En su juventud el artista estuvo relacionado con el anarquismo y el comunismo. En sus escritos se suelen encontrar afirmaciones políticas —probablemente, más dirigidas a impresionar al público por su radicalidad que basadas en una inspiración profunda— que señalan cierta vinculación con el activismo político del dadaísmo. Con el avanzar de los años, sus adhesiones políticas cambiaron, especialmente según el surrealismo se identificó con el liderazgo de André Bretón, de orientación trotskista. En diversas ocasiones, Breton pidió explicaciones a Dalí por sus relaciones políticas. De cualquier modo, ya en 1970 Dalí se declaró como un «anarco-monárquico», dando pie a numerosas especulaciones sobre esta orientación política (indudablemente minoritaria).

   Con el inicio de la Guerra Civil Española, Dalí rehuyó el enfrentamiento y rechazó manifestar su adhesión a ninguno de los bandos. Del mismo modo, tras la Segunda Guerra Mundial, Dalí fue criticado por George Orwell, quien le acusó de «escabullirse como una rata en cuanto Francia estuvo en peligro»,​ después de haber vivido y prosperado allí durante años:

Cuando la guerra europea se acerca, él sólo se preocupa de una cosa: encontrar un lugar donde se coma bien y de donde pueda escapar rápidamente en caso de que se acercase el peligro.​

   Tras su retorno a Cataluña después de la guerra, Dalí se aproximó al régimen franquista. Algunas de las declaraciones de Dalí sirvieron como respaldo a la dictadura; así felicitó a Franco por sus acciones dirigidas a «limpiar España de fuerzas destructivas».​ Dalí, que se había convertido al catolicismo y se fue volviendo una persona más religiosa con el paso de los años, podía referirse a los grupos comunistas, socialistas y anarquistas que durante la época de guerra civil habían asesinado a más de siete mil monjas y sacerdotes.​ Dalí envió incluso algunos telegramas a Franco, elogiando la pena de muerte con que el dictador había condenado a algunos criminales de guerra. Dalí incluso conoció a Franco personalmente​ y pintó un retrato de la nieta del dictador. En 1972 de manos del propio ministro José Luis Villar Palasí recibió la medalla de oro de Bellas Artes.

   Es difícil determinar si sus gestos hacia el franquismo fueron sinceros o caprichosos, ya que los simultaneaba con manifestaciones decididamente surrealistas, como felicitar al líder comunista rumano Nicolae Ceaușescu por incluir un cetro entre sus atributos. El diario rumano Scînteia se hizo eco de esta noticia, sin percatarse de su índole burlona. De cualquier modo, uno de los temas en los que Dalí mostró una indudable desafección al régimen fue el polémico asesinato del poeta Federico García Lorca por milicias franquistas, que denunció incluso en los años en los que la obra del poeta estaba oficialmente prohibida.​

   Dalí, con su llamativa presencia y su omnipresente capa y barretina, ostentando un bastón y una expresión solemne enmarcada por su vistoso mostacho, se forjó una imagen de megalómano con declaraciones como «cada mañana, al levantarme, experimento un supremo placer: ser Salvador Dalí».​ Una curiosa costumbre de Dalí era quedarse con todos los bolígrafos con los que firmaba sus autógrafos. Entrevistado por Mike Wallace para el programa 60 Minutes, el artista no dejó de referirse a sí mismo en tercera persona, llegando a declarar que «Dalí es inmortal y no morirá». En otra de sus apariciones televisivas en el Tonight Show, el artista apareció cargando con un rinoceronte de cuero, y rehusó tomar asiento en ningún otro lugar. Salvador Dalí viajaba frecuentemente con su mascota, un ocelote llamado Babou, llevándolo consigo incluso en el transatlántico de lujo SS France.​ También era conocido por evitar las propinas en los restaurantes, prefiriendo dibujar en los cheques con los que pagaba. Pensaba que el restaurante no querría desprenderse de una obra de arte tan valorada, y generalmente estaba en lo cierto.​

DE TRASTORNO NARCISISTA A NARCISISTA

(DALÍ vs KOHUT)

   Es claro hacer notar que el artista había logrado crearse un estilo de vida, una forma de relación con el mundo externo que lo individualizó plenamente, pero sin alcanzar todavía una identidad propia, aun salvándolo de la inanición y de la muerte, pero le costó muy caro al sufrir un trastorno severo de la personalidad, según la teoría de Kohut, de carácter narcisista y con regresiones fronterizas.

   Siguiendo la teoría de Kohut se puede hacer un análisis de la siguiente manera:

 - En la esfera sexual dichos pacientes padecen de fantasías perversas y/o pérdida de interés en el sexo. Dalí nunca perdió el interés en el sexo, pero su inclinación por el mismo fue enfermiza. No pudiendo llegar a la genitalidad adulta, vivía inundado de fantasías sexuales infantiles ya que el curso por las etapas del desarrollo psicosexual sufrieron grandes perturbaciones. Onanista de toda la vida, tímido e inhibido para la relación heterosexual plena, sólo se complacía con la observación de lo erótico, sin embargo, su genialidad y arte le permitieron sublimar su frustración, trasladando al lienzo todo su drama interior, por ejemplo con lo que respecta al carácter oral cabe mencionar su obra llamada “Canibalismo de otoño”, en los que están plenamente esquematizados los rasgos típicos de succión y voracidad agresiva de este periodo del desarrollo; en lo referente a la fase anal, se puede citar los versos de su “poema de amor y la memoria” (1931) dedicado a su hermana Ana María que dice:

“Imagen de mi hermana

Ano rojo y mierda

Imagen de mi hermana

con el sexo rojo”.

   Y también su pintura, el juego lúgubre del cual se hará mención más adelante y los cuadros dedicados a su hermana en los primeros años, y posteriormente a Gala, que son una exaltación de la redondez de los glúteos femeninos, como en su obra “Joven autosodomizada”, donde se nota su voyuerismo y su afición por la suciedad. Respecto a la etapa fálica, mencionaremos su cuadro titulado “El enigma del deseo: mi madre, mi madre, mi madre”, el aparato y la mano que muestran, y no sólo en esta pintura sino en muchas de su colección muestran un apéndice largo y flácido, sostenido por muletas, simbolizando la impotencia o una mano cercenada como signo de la castración y culpa.  

     Para finalizar este apartado se puede mencionar una de sus más grandes obras “El gran masturbador” que es la síntesis de su sexualidad infantil polimorfo-perversa y en última instancia también constituye una definición de sí mismo.

   La esfera social, donde los pacientes tienen fantasías de éxito, poder, brillantez y belleza ilimitados e incapacidad para formar y conservar relaciones significativas.

   Ya desde los tiempos de su infancia se notaban rasgos patológicos que conformarán esa personalidad tan desconcertante, pero sobre todo es la etapa de la rebeldía en la adolescencia y el desafío a los preceptos de la familia y normas escolares, rechazo a lo convencional y establecido, dificultad para mantener ligas con los amigos, progresivo exhibicionismo, extravagancia y aislamiento. Solía decir que la diferencia entre un loco y él era que él no estaba loco y por otro lado expresaba, “soy absolutamente impotente”, lo cual muestra que dentro de su patología tenía cierta conciencia de su problemática emocional.

   En una pintura titulada “El juego lúgubre”, Dalí embarró heces fecales en los calzoncillos de un hombre que está al frente de la cara de Paul Eluard, evidenciando así actitudes de reto y de provocación hacia sus compañeros surrealistas, tiempo después fue expulsado del grupo por problemas con André Breton.

- En lo que se refiere a personalidad manifiesta, los pacientes se consideran como únicos que sólo pueden ser comprendidos por otras personas también únicas, sufren cambios bruscos de humor, ira incontrolable, requieren que los confirmen como seres únicos y carecen de empatía, por último, tienden a la mentira patológica.

   En esta área, la gente se puede dar cuenta ya que es la más notable y la que se puede hacer delante de la sociedad a diferencia de las otras esferas y es aquí donde el ilustre Dalí, quien era un sujeto con reacciones emotivas exageradas, iracundo, violento y con un sentimiento de humillación ante cualquier desaire, sin dejar de mencionar su facilidad para la mentira, fue donde más llamó la atención como genio durante su existencia ya que trataba igual con todos sin importar el nivel o la relación. Mostró durante su vida y durante su obra ese exhibicionismo, personaje egocéntrico que sólo le importaba como lograr un reflejo de su grandiosidad. 

- Esfera psicológica: estas personas tienen preocupaciones de enfermedades de origen vegetativo y de trastornos hipocondriacos.

   Gala no sólo fue la musa, modelo y administradora sino también su enfermera que lo cuidaba de sus múltiples achaques y de sus constantes cambios de humor, así como de crisis melancólicas. Es entendible ahora porque Dalí se fue quedando solo los últimos años de su vida, y es que al no permitir el acceso a nadie al mundo Dalí-Gala se comprende como la contraparte del maestro, tanto en lo físico como en lo patológico, era Gala, ese ser donde se simbiotizó Salvador para no hundirse en el fango de la locura como el solía decir, fue gracias a ella en donde encontró la suplente de una madre sobreprotectora que a la vez sabía que él no era el deseado pero era con el que podía consolarse por todo lo que le brindaba.

 

EL JUICIO O CONCLUSIÓN 

    A Salvador Dalí i Doménech, al igual que a muchos genios a lo largo de la historia, se le ha tachado de loco y tal vez haya razón al decir eso, pero algo que no podemos negar es que gracias a este tipo de locos, la pintura, la psicología, la física, etc. son lo que son; gracias a genios como Dalí ha crecido tanto la humanidad y se ha aprendido tanto. 

  Este gran pintor español fue el gran conquistador del surrealismo, con sus exhibicionismo, su voyeurismo, su extravagancia, es así como conquistó al mundo , tal vez me arriesgo a afirmar que Dalí es el único personaje en la historia del mundo que pudo plasmar en una tela todo a lo que se refería Freud con su teoría estructural, topográfica, genético dinámica; logró integrar todos esos conceptos Kleinianos de voracidad, envidia, pecho persecutorio, gratificador; este genio hizo con un par de trazos visible lo que ninguna fórmula de Einstein logra hacer para los demás, con esa actitud tan prepotente, tan real y a la vez putrefacta nos enseñó todos los conceptos manejados por Nieztche en su Zaratustra o su tan famoso Anticristo; es por eso que es digno de respeto y de admiración cómo un hombre con semejante patología consiguió sublimar y crear tantas cosas angustiantes, agresivas en un mar de obras sin precio; cómo todo esa psicopatología se convirtió en trazos suaves y delicados.

La pregunta sería ¿es mejor curar a personas así de enfermas con riesgo a que se pierda su talento y el arte o es mejor dejarlas así en pro de la cultura mundial?

 

BIBLIOGRAFÍA

CAROL, M. (1990) Dalí. El final oculto de un exhibicionista. Editorial Plaza&Janes. España.

BOSQUET, A. (1967). Dalí desnudado. Editorial Paidos. Buenos Aires.

BLEICHMAR, N y BLEICHMAR, C. (1997). El psicoanálisis después de Freud. Editorial Paidos. México.

 

FOTOGRAFÍAS Y OBRAS

  

Federico García Lorca y el pintor Dalí, en Cadaqués en 1927. 

En el municipio costero catalán veraneaba Dalí con su familia. Invitó a su amado Lorca. Pero el pintor se negó y ambos se distanciaron.


Gala y Dalí, la historia de un amor mágico


   No podemos imaginar qué hubiera sido de la vida y obra de Dalí sin Gala. Pocos amores han sido tan extremos, tan sinceros y exaltados como el que Dalí sintió por el único amor de su vida.

   Podríamos decir que hubo magia, una magia que duró casi 40 años y que cuando se rompió se transformó en un mar de odio transformador para ambos. Dalí consiguió llegar al éxtasis místico solo con el mero hecho de la contemplación de su amada. Se conocieron en Cadaqués. A pesar de la sexualidad ambigua que rezumaba, Dalí era capaz de seducir a una mujer y, en un acto supremo de surrealismo, colocarle en el hombro un huevo frito en vez de acostarse con ella (así lo recoge Ian Gibson en su monumental biografía sobre García Lorca).

   Pero Dalí la conoció y quedó absolutamente fascinado, fulminado, lleno de amor. Gala fue su musa, su amor, la mujer que lo entendió y logró que diera lo mejor de sí. Estuvieron juntos 53 años, hasta la muerte de Gala, en 1982. A partir de entonces, Dalí se dio por perdido en una espiral de decadencia y abandono.



   No podríamos catalogar esta relación con las medidas de una amor normal y sano. Nos quedaremos con algo que Dalí dijo de ella, y que recoge la Fundación Gala-Salvador Dalí: “Me trajo el raro libro de magia que debía nutrir mi magia, el documento histórico que probaba irrefutablemente mi tesis cuando estaba en proceso de elaboración, la imagen paranoica que mi subconsciente deseaba, la fotografía de una pintura desconocida destinada a revelar un nuevo enigma estético”.

 

En el erotismo hay dos fuentes de creación:

el miedo, la angustia de la muerte.

Y la pasión erótica.

Y las dos están presentes, constantemente, en mi obra”.

–Salvador Dalí





















































La extraña entrevista de Anson a Dalí pocos días

antes de morir: «Lorca se comportaba como un

niño»

El pintor se sinceró con el entonces director de este periódico, Luis María Anson, en enero de 1989, en una charla en la que desplegó todo su ingenio, locura, inteligencia y sarcasmo por última vez



Portada de ABC por la muerte de Dalí (1989)

   El día que murió Salvador Dalí, a finales de enero de 1989, ABC le dedicó nada menos que 64 páginas, incluida la portada con el imponente ‘Cristo de San Juan de la Cruz’ que realizó en 1951. Falleció en su Figueras natal de un infarto y, según cuentan, mientras escuchaba su disco favorito, ‘Tristán e Isolda’, de Wagner. Cerraba así una vida prodigiosa que este periódico quiso homenajear por todo lo alto con artículos firmados por Buñuel, Terence Moix, Francisco Nieva y otros amigos suyos; declaraciones de figuras como Rafael Alberti, Miguel Delibes o Rosa Chacel; decenas retratos y fotografías de sus obras; los comunicados de los principales gobiernos del mundo; el poema que Lorca le dedicó y, entre otras cosas, un texto escrito por él mismo titulado ‘El surrealismo soy yo’.

Artículo de Buñuel sobre Dalí el día de su muerte - ABC

   Un despliegue a la altura de una de las figuras más importantes de la historia de España, que incluía un documento mucho más curioso y valioso: la olvidada entrevista que el entonces director de ABC, Luis María Anson, le realizó a Dalí pocos días antes de que el pintor muriera, a los 84 años, en su casa de Figueras. Una charla en la que el hombre que a los 6 años quería ser Napoleón y a los 45, salvador del arte moderno, y que ahora desplegaba todo su ingenio, locura, inteligencia y sarcasmo por última vez. El mismo que, en 1948, publicó en Estados Unidos una lista manuscrita con sus pintores preferidos, en el libro ‘50 secretos mágicos para pintar’, con Vermeer, Rafael, Leonardo, Velázquez y Picasso, pero que en la charla con Anson no tiene problemas en atacar a este último.

Más de 30 años después de su muerte, el mito sigue más vivo que nunca. Algo que se logró con los fastos que se celebraron en 2004 con motivo del centenario de su nacimiento. Montse Aguer, directora del Centro de Estudios Dalinianos de la Fundación Gala-Salvador Dalí y una de las mayores expertas en la obra del pintor, declaró a ABC en 2014 que aquella efeméride fue decisiva para aproximar su figura al gran público. «El primero que nos complicó las cosas para conocerlo realmente fue el propio Dalí, con este personaje que creó y que no le abandonó nunca. Para nosotros es difícil discernir dónde acaba el personaje», añadía.

Esta entrevista fue la última oportunidad que los españoles y el mundo entero tuvimos para aportar un poco de luz sobre el genio.

La última entrevista a Dalí de Anson - ABC

‘Dalí, de voz aceitunada, corazón de Cataluña eterna’

«Desengáñese, Anson, Rusia no tiene otra salida que la Monarquía». Estas fueron sus primeras palabras cuando entré en la habitación. La luz del atardecer se derramaba a chorros por el balcón de la izquierda. Dalí, disfrazado de fantasma, estaba sentado al fondo en un sillón incierto entre ropajes blancos. La cama, a la derecha, era un sepulcro en penumbra; la habitación, una cripta; las risas de las enfermeras en la habitación contigua, un sarcasmo. El cuadro me hirió en los ojos, patético y desesperanzado. Era una escena surrealista, con remembranzas al Goya negro de los sueños macabros. Me tendió la mano frágil el pintor y le temblaba de arriba a abajo, sin cesar, como una venganza de la naturaleza contra el genio.

   Por el paisaje desolado de sus ojos cruzó como un animal herido la ternura. Tenía la piel enlechada, caídos los bigotes, altivo como siempre el orgullo, loca y lúcida la mente, encogida el alma, fácil la palabra para el recuerdo. Y un tubo como un rayo daliniano que le agujereaba la nariz y le sondaba la entraña para nutrir su cuerpo. Era ya Salvador Dalí una atroz agonía. Y me acordé de mi encuentro anterior en un hotel madrileño, cuando me hablaba pleno de vida, mientras Gala servía champagne helado con su sonrisa de mármol rojo.

   Miguel Domenech y Robert Deschames me habían acompañado desde Madrid hasta Figueras. Allí nos esperaba Antoni Pichot, enraizado en Torre Galatea, como una de las rocas de su pintura pétrea y vegetal. «Dalí quiere que veas que se encuentra bien», me dijo Descharnes, el gran conocedor del genio y su obra. Durante varias horas de viaje hablamos de la pintura daliniana, en una conversación aleccionadora, antes de que a las cinco en punto de la tarde entrase yo en Torre Galatea para hablar por última vez con el genio herido, «¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada!», había escrito un Lorca joven y admirado. «Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro rayen el corazón de Cataluña eterna».

   Y ya a solas con Dalí en su nicho de Torre Galatea, con una amable secretaria a su lado para escribirlo todo, empecé hablándole de Lorca, «pero también la rosa del jardín donde vives».


Lorca, Buñuel, Alberti, Juan Ramón

Empieza hablando el pintor:

—Esa «Oda a Salvador Dalí» le molestó mucho a Alberti. A Lorca, que admiraba a Alberti, le daba igual que le molestara. Por la noche, al acostarnos, la recitaba. Era un prodigio Lorca cuando recitaba, no como la pintura de Dalí, sino como Dalí mismo. Claro, que se portaba como un niño y sentía pavor de Buñuel.

—¿De Buñuel?

—Sí, era un baturro, testarudo, ¿sabe usted? Testarudo, testarudo... Claro que Negrín siempre me gustó menos. Pero Buñuel era muy brutal. Le escribía cartas sin motivo injuriosas.

—¿A quién, a Negrín?

—No, a Juan Ramón [Jiménez]; la había tomado con Juan Ramón. Se lo dije al Rey la última vez que le vi. «Si el alma es eterna, la Monarquía también es eterna». Alfonso XIII y Juan Carlos I.

—Y el Rey, ¿qué tenía que ver con Buñuel?

—Nada, Buñuel era un republicano creyente, aunque ateo. No entendía nada de nada. Pero asustaba a Lorca. Y al Rey no le decía nada. Era yo quien se lo decía. Se lo dije a Alfonso XIII cuando fue a la Escuela de San Fernando y todos estaban contra él, menos yo. Era de una elegancia extraordinaria. Se sentó en mangas de camisa entre los alumnos y, al terminar de fumar tiró la colilla a lo castizo, a lo chulo, y cayó justo en la escupidera. Eso produjo un gran entusiasmo. Claro que, para mí, el Rey más maravilloso fue Luis XIV, «L'Etat c'est moi». Porque la única solución, la más sublime, es la Monarquía absoluta. Desengáñese usted, Anson, Rusia no tiene otra salida que la Monarquía.

—Pero Don Juan Carlos es muy liberal.

—Sí, ha protegido la libertad de todos. Ya le dije antes que le entregué mi cuadro 'Si el alma es eterna, la Monarquía también es eterna'.

Dalí ha empezado a sentirse cómodo. Ya no se tapa con la mano izquierda la sonda. Me mira con los ojos tranquilos y burlones como en los viejos tiempos. Le tiembla la mano derecha, «pero voy a seguir pintando, tengo grandes ideas sobre Gala». Su conversación es la de siempre, plena de locura, de lucidez y de coherencia incoherente. La luz ha declinado y el camisón blanco de Dalí y su barretina refulgen entre las sombras.

Fortuny

Dalí continúa hablando:

—Es una lástima que usted esté empeñado en no reconocer que el gran pintor es Fortuny. Yo lo dije antes de que empezaran los hiperrealistas. Créame usted que ese es un fenómeno holandés. Nueva York es Nueva Amsterdam. [El pintor Willem de] Kooning se quedó como el coloso de Rodas: con un pie en Europa y otro en América.

Entonces Dalí me tiende la mano en un gesto insólito y yo se la tomo. Se le pasa el temblor y sus dedos son finos y cálidos.

Picasso

—No se empeñe usted... Fortuny, Fortuny es el genio. Picasso estaba acorralado por los políticos. Se pasaba el año esperando una postal mía, con lentejuelas, que le enviaba cada mes de julio.

—Pero...

—No insista usted, Anson, todo el arte moderno empieza en Fortuny. Claro que Picasso me ayudó cuando conocí a Gala en Cadaqués. Ella vino con un esposo que tenía, el de la tristeza. No teníamos dinero y Picasso nos ayudó. Venía dos veces por semana.

Gala

—¿Y no cree usted que...?

—No creo, no. Incluso Juan Gris era más importante que Picasso. Fíjese que Picasso me pidió un día que le ilustrara ‘Les Chants de Maldoror’. Ahora los pintores rusos son los peores de todos, como las mujeres, que son incapaces de hacer nada en pintura, pero en cambio inspiran. Dalí es el centro del universo con Gala. Sin Gala soy una cosmogonía vacía. ¿No lamenta usted que se hayan perdido los libros escritos sobre Gala en Rusia?

—No lo sabía, pero lo lamento de veras. Desengáñese usted, lo lamento.

El pintor me ha ganado una vez más la partida y me ha metido como siempre en su mundo. Me doy cuenta de que no tengo nada que hacer y que la entrevista la dirige él, que comenta:

—Lo lamentan ustedes, sí, siempre dicen eso, pero no hacen nada para encontrarlos. Es lo de siempre. Claro que ‘Las postrimerías de San Fernando’ es un cuadro milagroso. Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma?

—En realidad, yo quería saber si recuerda usted los ‘Sonetos del amor oscuro’, de Lorca... Hemos encontrado once, pero Neruda me dijo en Isla Negra que eran treinta y dos.

—No, no, no, Lorca, a quien tenía pavor era a Buñuel. A Alberti le admiraba. Con el poco dinero que teníamos los Dalí pagamos ‘La femme visible’. Créame usted, Anson, borrones y manchas distantes y no semejantes.

Franco

—¿Y le oyó usted recitar a Lorca los sonetos del amor oscuro?

—Yo le hablé una vez de Trajano a Lorca. Siento un gran respeto hacia ese personaje por sus victorias. También lo sentía por el Generalísimo Franco. Le dije: ‘Excelencia, si restaura la Monarquía será como Velázquez’. Claro, que él no me entendía. ‘¿Qué ha dicho ese majadero de Dalí?’, solía preguntar. Imagínese, yo soy como la bóveda en arquitectura, así que piense usted lo que me puede importar todo eso.

—Muy poco, claro, qué le va a importar. Los sonetos del amor oscuro significarán algo más para usted.

—No, hombre, no. En arquitectura hay dos posibilidades: el frontón, que equivale al cielo raso, y la cúpula, que es el cielo alto. Dalí es el cielo alto y se estruja con Gala para ser el centro del universo. ¿Se acuerda usted de la cadera de Gala?

—Sí, y de su sonrisa.

—La sonrisa era la máscara. Lo importante era la cadera de Gala. En eso ni Fortuny. La cadera de Gala era el principio y el fin de todas las cosas.

Han pasado dos horas. La habitación está casi a oscuras. Torre Galatea es un cementerio de cuadros y de almas. Dalí habla sin cesar como el espíritu del bien y del mal. Estoy un poco sobrecogido.

El rapto de Europa al revés

Habla Dalí:

—El amigo de Néstor de la Torre, no sé si lo sabe usted, Gustavo Duran, era un hombre muy refinado. No como Ceaucescu. Pero la gente no se entera. Por eso asistimos hoy al rapto de Europa al revés. Rene Thom me confirmó que la línea de fuerza pasa exactamente por donde hoy se encuentra la estación de Perpignan. Mire usted, la voy a pintar entre cristales blancos que resbalan como leche condensada y púrpura.

Mueve la mano que tiembla. Me la vuelve a dar y siento su calor entre las mías. Y prosigue:

—Francia no tuvo pintura, Inglaterra casi nada. Pero Rusia tiene música. De todas formas pintaré la línea de fuerza.


San Juan

Y con su memoria desbocada y prodigiosa me dice:

—Ay, qué muerte tan escondida... La última vez que estuve en Madrid hablamos de San Juan de la Cruz, ¿se acuerda usted? San Juan es el Velázquez de la poesía. Pobre Lorca, qué distancia, qué poco sabía de las profundas cavernas del sentido... Matando muerte en vida me has trocado.

Y se le detiene la mirada, antes de seguir hablando:

—Aprenda usted el código genético, Anson. Eso aclara la gran verdad de la Monarquía. Hay muchos ahora que son monárquicos y no saben por qué. Eso lo explicaron Watson y Crick. Explicaron que es el DNA. Por eso quiero escribir una metafísica basada en la genética.

Baja el rostro Dalí y sus largos cabellos crespos le cubren el perfil como un Cristo. Está cansado, pero radiante. Cree que ha vuelto a dar su talla y que la entrevista ‘ha resultado esplendorosa’. Me aprieta la mano y se despide con los ojos como dos pinceles entristecidos y turbios.

—Vuelva usted, Anson, vuelva. Dígaselo a Pichot. Mañana le llamaré por teléfono al ABC, tengo mucho que explicarle. Y desengáñese usted, desengáñese, Rusia no tiene otra salida que la Monarquía.

Salgo despacio del santuario. Se hace la noche mientras recorro las estancias casi vacías de Torre Galatea. Nunca me han gustado los mausoleos, pero allí se queda Dalí, con un hilo de vida en el cuerpo y un torrente de luz en el cerebro, con su mano temblorosa, su disfraz de fantasma, su ironía a flor de piel, el mar cercano golpeándole el alma. Y con el verso que el joven Lorca le dedicó cuando eran estudiantes y que hoy recuerdo en el día de su último viaje: ‘Y la Muerte vencida se refugia temblando en el círculo estrecho del minuto presente’.

 

Mecano - 'Eungenio' Salvador Dali

Fotomontaje con la canción "'Eungenio' Salvador Dalí" del grupo Mecano, perteneciente a su álbum "Descanso dominical" de 1988.

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