martes, 2 de noviembre de 2021

LA TEORÍA POLIVAGAL (SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO Y HOMEOSTASIS). BUSCANDO EL EQUILIBRIO

 

LA TEORÍA POLIVAGAL (SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO Y HOMEOSTASIS). BUSCANDO EL EQUILIBRIO

LA TEORÍA POLIVAGAL




Fundamentos de la teoría polivagal

   La teoría polivagal aporta una explicación neurofisiológica bien fundamentada de cómo el cerebro, el cuerpo y el contexto social en el que ambos tienen lugar interaccionan recíprocamente para dar lugar a la experiencia. Propone una reconceptualización del Sistema Nervioso Autónomo que contrasta con la forma en la que este es típicamente descrito en Occidente. Gran parte de su creciente popularidad ha venido derivada de su capacidad para explicar los mecanismos implicados en el estrés y la resiliencia, así como para ofrecer posibles vías de tratamiento de diversos trastornos como el trauma (Ogden, Minton y Pain, 2006; Levine, 2010) o el autismo, por ejemplo (Porges et al., 2014).

   En sus primeras investigaciones, Porges se centró en estudiar los efectos beneficiosos de la regulación del corazón a través del nervio vago. Conocido como el décimo par craneal, el vago es el principal nervio del sistema nervioso parasimpático (SNP) y constituye la mayor red de comunicación bidireccional entre el cerebro y el cuerpo. Tras demostrar que la influencia del nervio vago sobre el corazón -indexada por el tono vagal- puede utilizarse como un biomarcador de la resiliencia fisiológica en bebés (Porges, 1992), este autor se percató de que la influencia vagal no siempre es un factor protector en términos de salud. Y es que algunos fenómenos que suponen un gran riesgo para la vida del organismo, como la bradicardia o el síncope vagal, están también asociados a la influencia del nervio vago sobre el corazón. Este hecho, al que denominó la paradoja vagal, le llevó a interesarse por la evolución del SNA en los seres humanos estudiando embriología y anatomía comparada. Al hacerlo, descubrió que, al contrario de lo que se cree habitualmente, el nervio vago de los mamíferos no constituye una red unitaria, sino que se trata de un sistema compuesto por, al menos, dos vías motoras o eferentes -que viajan del cerebro al cuerpo- y dos vías sensitivas o aferentes -que viajan del cuerpo al cerebro- (Porges, 1995). Este descubrimiento le llevó a bautizar su teoría con el nombre de polivagal, con el que pone de manifiesto que existe más de un nervio vago. 

Tres etapas en la evolución del sistema nervioso autónomo

   A medida que fuimos evolucionando desde las primeras formas de vertebrados hasta nuestra fisiología humana actual, la necesidad de afrontar nuevos desafíos hizo necesario desarrollar repertorios conductuales más complejos, así como sustratos neurofisiológicos capaces de regular estos (Porges, 2016, 2017; Silk, 2007). La teoría polivagal propone que el SNA de los mamíferos se ha desarrollado en etapas que a lo largo de miles de años han dado lugar a tres sistemas diferenciados:

1- Sistema de inmovilización: constituye el sistema más primitivo de defensa de los mamíferos y es compartido por la mayor parte de los vertebrados. Se activa ante la percepción de amenaza para la vida y facilitas conductas defensivas arcaicas, como la inhibición de movimiento, que nos permiten fingir la propia muerte y pasar inadvertidos ante un posible depredador. En humanos, la activación de este sistema se asocia a las conductas disociativas típicas del trauma y el trastorno por estrés postraumático. A nivel fisiológico sus efectos son una ralentización de la actividad metabólica, una reducción de la necesidad de comida y un aumento del umbral de dolor. En ocasiones su activación puede resultar letal, al producir una ralentización extrema del ritmo cardiaco, una disminución de la presión arterial y, finalmente, la parada respiratoria. Neuro-fisiológicamente este sistema es regulado por las vías que se originan en el núcleo motor dorsal del vago (NDV) en el tronco cerebral. Estas vías arcaicas no están mielinizadas e inervan estructuras subdiafragmáticas, como estómago e intestino. 

2- Sistema de movilización: este sistema defensivo es compartido por todos los mamíferos y se activa ante la percepción de peligro. Las conductas asociadas a este sistema son las denominadas de lucha/huida, típicas de los estados de estrés. Se caracteriza, entre otros efectos, por un aumento de la actividad metabólica y del gasto energético, un aumento de la frecuencia cardiaca o la inhibición del proceso digestivo. Neurofisiológicamente este sistema es controlado por las fibras del cordón espinal del sistema nervioso simpático. 

3- Sistema de conexión social: se cree que este sistema surgió para dar respuesta a la necesidad de interaccionar con otros seres y establecer vínculos sociales duraderos. Por ello, se activa ante señales de calma y seguridad. Las conductas asociadas a este sistema son la implicación social, el comportamiento pro-social y las funciones voluntarias asociadas a la atención, el movimiento, la emoción y la comunicación. 

   Neurofisiológicamente el sistema de conexión social está regulado por las fibras motoras que se originan en el tronco cerebral ventrolateral, concretamente en el núcleo ambiguo (NA) e inervan los órganos supradiafragmáticos: bronquios, corazón, esófago, velo del paladar, laringe y faringe. Estas vías motoras se conocen como emergentes viscerales especiales y, como incluyen movimientos voluntarios, han sido excluidas de las descripciones tradicionales del SNA (Porges, 2016, 2017). A diferencia de las fibras del NDV, estas están mielinizadas, lo cual posibilita una regulación neurovisceral más rápida y eficiente.



Tres sistemas interrelacionados

      La historia de la evolución hizo que los mamíferos y, más aún, los primates, tuviéramos que aprender a vivir en sociedad para poder sobrevivir. Adaptarse a la vida social, y afrontar sus desafíos inherentes, requiere ser capaces de desplegar un amplio repertorio conductual. Para poder responder a estas nuevas necesidades las estructuras cerebrales más primitivas fueron interrelacionándose con las más nuevas.

  Así, por ejemplo, las estructuras del sistema de inmovilización desarrollaron receptores a la oxitocina para facilitar conductas en las que estamos inmovilizados, pero no sentimos miedo, como la lactancia o la meditación. La oxitocina hace que sea posible la inmovilización sin miedo, ya que bloquea las conductas defensivas de congelación. Este sistema se denomina en inglés social engagement system (“sistema de conexión social”), de manera que, en los mamíferos, las vías del NDV que conforman el sistema de inmovilización cuando no son reclutadas como sistema defensivo promueven la salud, el crecimiento y la regeneración. Igualmente, las vías del sistema nervioso simpático, cuando no son utilizadas como sistema defensivo, están implicadas en conductas saludables para el ser humano, como el juego y el sexo (Porges, 2015, 2016, 2017).

    De forma paralela, la aparición de un NA (núcleo ambiguo) diferenciado permitió que el corazón dejase de estar regulado exclusivamente por las fibras del NDV, como ocurre en los reptiles, y pasase a estar regulado en mayor medida por las fibras mielinizadas procedentes del NA (Porges, 2016, 2017). Este hecho supuso un gran adelanto en términos evolutivos, ya que la activación de las fibras del NDV produce una disminución del aporte de oxígeno que puede resultar letal para el cerebro mamífero. La emergencia del NA como principal centro de regulación cardiopulmonar permitió una mejor regulación de los órganos viscerales y la promoción de un mayor rango de conductas adaptativas. Por ejemplo, a medida que la evolución de los mamíferos avanzó, el NA se fue integrando mediante los emergentes viscerales especiales con los núcleos que regulan los músculos de la cara y la cabeza. Gracias a ello, los mamíferos podemos comunicar a los demás nuestro estado fisiológico a través de la expresión facial y, a su vez, podemos utilizar esta última para calmar el estado fisiológico en nuestros congéneres (Porges, 2016, 2017; Stewart et al., 2013).

Neurocepción

   Para poder sobrevivir como especie, es indispensable que nuestro organismo sea capaz de evaluar de forma precisa el riesgo de cada situación y poner en marcha los mecanismos necesarios para responder adaptativamente. Una de las propuestas más fascinantes de la teoría polivagal es la de que nuestro sistema nervioso está constantemente evaluando el riesgo potencial que hay en el entorno a través de la información procedente de los sentidos y de nuestro estado visceral. Este proceso de evaluación automática ocurre bajo el umbral de la conciencia y ha sido denominado neurocepción. El resultado de esta evaluación determina la forma en que percibimos a los demás y al entorno, así como el tipo de conducta que somos capaces de desplegar: si nuestro sistema nervioso identifica señales de seguridad, activa el sistema de conexión social para permitirnos estar receptivos e interactuar con los otros sin la reactividad de los sistemas más arcaicos. Si, por el contrario, detecta peligro, activa el sistema de movilización y genera en nosotros un sesgo negativo hacia los demás y reacciones defensivas en forma de lucha/huida. Por último, si nuestro sistema nervioso detecta una amenaza para la vida, activará el sistema de paralización, y como consecuencia, perdemos contacto con los demás y con el entorno, emitiendo conductas de inmovilización o disociación.

 

El tono vagal: un biomarcador de autorregulación y salud

   La teoría propone que los tres sistemas del SNA mamífero están organizados jerárquicamente, de forma que el más moderno tiene la capacidad de regular a los más antiguos. Esta idea es consistente con el concepto de disolución propuesto por Jackson (1958), quien ya planteaba que los circuitos neurales que han evolucionado más recientemente inhiben la función de los circuitos más antiguos.

  Podemos entender, por tanto, que la capacidad de autorregulación depende del grado de desarrollo de las fibras del sistema de conexión social. Efectivamente el principal mecanismo regulador de estos tres sistemas es el denominado freno vagal, compuesto por las fibras mielinizadas del NA que conforman el sistema de conexión social. Cuando estas fibras funcionan de forma eficiente, el organismo es capaz de mostrar una regulación fisiológica flexible que le permite inhibir o desinhibir la influencia vagal al corazón para dar respuestas conductuales adaptadas a las demandas de cada situación, así como recuperar con flexibilidad el estado de homeostasis fisiológica.

    Si el freno vagal no funciona adecuadamente, el organismo tendrá dificultades para activar el sistema de conexión social. Esto puede resultar en una mayor dependencia de la inervación simpática al corazón, con los consiguientes efectos sobre la conducta (p. ej., mayor reactividad e irritabilidad) y sobre la salud, debido a una hiperactivación del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA).

   El estado del freno vagal es indexado por la variabilidad cardiaca- del inglés heart rate variability (HRV)-. La HRV es la variabilidad de la frecuencia cardiaca entre latido y latido e indica el grado de capacidad de regulación del SNA y de integración neurovisceral entre la corteza prefrontal ventro-medial, el tronco cerebral y la fisiología periférica (Thayer, Ahs, Fredrikson, Sollers y Wager, 2012). Una alta HRV indica un estado óptimo del freno vagal, mientras que una baja HRV se ha asociado a un aumento del riesgo de mortalidad por múltiples causas (Thayer, Yamamoto y Brosschot, 2010). La HRV, o variabilidad cardiaca, es un biomarcador de nuestra capacidad de adaptación, ya que refleja nuestra capacidad de flexibilidad fisiológica, emocional, cognitiva y conductual. Más aún, algunos estudios concluyen que puede representar un índice del grado de conexión social.

    Por último, es importante resaltar que el problema no reside en la activación del circuito social, de movilización o paralización per sé, sino en la falta de regulación de estos sistemas. Un deficiente estado del freno vagal conlleva la activación de determinados sistemas en situaciones en las que no resulta adaptativo. Así, por ejemplo, la activación del sistema social en una situación de peligro o la activación de los circuitos ancestrales de defensa en situaciones de seguridad pueden generar graves consecuencias en la vida de la persona. De hecho, existe cierta evidencia de que estos fallos en la neurocepción podrían estar implicados en diversos trastornos psiquiátricos caracterizados por la dificultad para establecer y/o mantener relaciones sociales sanas, como el trastorno límite de la personalidad o los trastornos del espectro autista (Porges, 2016, 2017). 

    El ser humano es ante todo un animal social. Mientras que para los reptiles -nuestros ancestros evolutivos- el nacimiento representa una transición a la independencia, para nosotros es un paso más en el camino de la interdependencia que ya comienza en el útero materno. La evidencia científica muestra que establecer vínculos sociales de calidad con otros seres humanos es esencial para nuestra salud, tanto física (Eisenberger y Cole, 2012) como mental (Cacioppo, Dulawa y Palmer, 2014). A pesar de ello, aún existe cierto desconocimiento de las vías a través de las cuales las relaciones sociales contribuyen a nuestra salud.

   El periodo crítico para desarrollar la capacidad de establecer relaciones sociales sanas se sitúa en torno a los primeros años de nuestra vida. El tipo de vínculos que establecemos en las primeras interacciones con nuestras principales figuras de referencia forja el patrón que guiará nuestra forma de relacionarnos a lo largo de toda la vida -tanto con nosotros mismos como con los demás. Este fenómeno ha sido descrito ampliamente desde las teorías del apego, propuestas inicialmente por el autor psicoanalítico John Bowlby (1969). Desde su formulación inicial, numerosos autores han tratado de clasificar los posibles tipos de vínculo o estilos de apego.

  Con diferencias entre sí, todas ellas coinciden en que la relación óptima es la denominada "de apego seguro", que se desarrolla cuando las necesidades del niño -físicas, psicológicas y emocionales- son satisfechas de forma consistente y continua por parte de sus figuras de referencia 

   La teoría polivagal puede ayudar a describir los mecanismos neurofisiológicos que explican el efecto que el apego ejerce sobre el bienestar del ser humano, así como los factores que contribuyen a fortalecerlo y modificarlo. Según esta teoría, nuestra capacidad para conectar con los demás e implicarnos socialmente depende del grado de desarrollo de las vías neurales que regulan el SNA. Los estudios morfológicos muestran que la mielinización de las vías vagales que conforman el sistema de conexión social comienza a conformarse durante el tercer trimestre de gestación y continúa haciéndolo hasta la adolescencia, aunque el mayor desarrollo ocurre durante el primer año de vida (Sachis, Armstrong, Becker y Bryan, 1982). Durante este tiempo, el papel de la figura de apego resulta fundamental. Cuando esta es capaz de reconocer y validar las emociones del niño, así como de cuidarlo psicológica y fisiológicamente, crea un entorno seguro en el que el niño puede comenzar a desarrollar su potencial. La evidencia sugiere que este efecto es producido a través del sistema de neurocepción. Ciertas características de la prosodia, la entonación y los gestos de la figura de apego generan una sensación de seguridad en el bebé. Esta seguridad, a su vez, sirve de gatillo para activar las vías vagales mielinizadas de su sistema de conexión social y, por tanto, también para fortalecer su freno vagal (Porges y Furman, 2011).

   De esta forma, la sintonía con otro ser humano permite al bebé comenzar a autorregularse fisiológica, emocional y conductualmente, tal y como muestran diversos trabajos de investigación (Trevarthen, Kokkinaki y Fiamenghi, 1999; Porges y Furman, 2011). Por el contrario, si la figura de apego no fuera capaz de conectar con el bebé de la forma anteriormente descrita, las vías vagales mielinizadas y el freno vagal de este último no funcionarán correctamente, con lo que su repertorio conductual será más hiperreactivo, dependiendo más de estrategias defensivas propias de los sistemas ancestrales de movilización (p. ej., lucha-huida) y/o paralización (p. ej., bradicardia). Como consecuencia, el niño tendrá dificultades para calmarse, regular su reactividad, aprender habilidades sociales y establecer vínculos sociales de calidad (Porges y Furman, 2011).

    Los seres humanos necesitamos las interacciones recíprocas con congéneres para regular nuestra fisiología. De este modo es posible que la observación de cómo un instructor responde a cada demanda de su alumno, a cada una de sus inquietudes y/o dificultades, vaya generando progresivamente un modelo de apego seguro auxiliar que el alumno va progresivamente interiorizando. De este modo, este puede ir poco a poco comenzando a relacionarse con sus propias dificultades de la misma forma que el instructor se relaciona con él. A medida que avanza la intervención y la cantidad de interacciones con el instructor, este modo de relación sana y segura se va manifestando en el alumno en una forma más adaptativa de relacionarse consigo mismo, con los demás y con la vida.

  Aplicando las propuestas de la teoría polivagal, podemos hipotetizar que esta transmisión ocurre a través del sistema de neurocepción que, como se ha dicho antes, es un sistema de radar que monitoriza las señales de peligro en nuestro entorno bajo el umbral de la conciencia. Este sistema decodifica e interpreta la intencionalidad a través de las características de los sonidos de la voz y de los movimientos gestuales (Porges, 2017). Estas características son captadas por áreas de las cortezas prefrontal y temporal, con proyecciones al núcleo central de las amígdalas y a la sustancia gris periacueductal y modulan la reactividad límbica en respuesta a los sonidos de la voz y los movimientos de los gestos faciales y corporales. La existencia de este sistema de neurocepción puede constituir una explicación neurofisiológica del proceso que subyace al embodiment del instructor. Mediante él, la ética del auténtico instructor, es decir, su grado de coherencia con los valores inherentes -tales como la no reactividad, la ecuanimidad, la conciencia y la compasión- es comunicada implícitamente a través de la interacción de su sistema nervioso con el del alumno. De este modo la interacción con el instructor sirve de estímulo que genera en el SNA del alumno una neurocepción de seguridad a través de la observación de cómo este responde con su voz y sus movimientos a cada estímulo, a cada demanda del alumno, a cada una de sus inquietudes o de las dificultades que van surgiendo.

 


TEORÍA POLIVAGAL de Stephen Porges EXPLICADA. ¿Activación o Relajación?

Ahrendt Psicología

Activación y desconexión ante diversas situaciones. Si te ataca un león, ¿Qué harías, luchar o huir?, ¿y en una fiesta donde no conoces a nadie?.

Algunas pautas y claves sobre la teoría polivagal de Stephen Porges. Muchos de nuestros comportamientos tienen que ver con la rama nerviosa vagal ventral. El nervio vago es más importante de lo que pensamos. También se comenta la teoría del cerebro triuno o triúnico de Paul McLean, cómo ha ido evolucionando el cerebro.

 

  Esta experiencia visceral de calma activa las vías vagales mielinizadas del sistema de conexión social. A medida que la intervención avanza, las interacciones repetidas con el instructor van fortaleciendo estas fibras, lo cual le permite, progresivamente, ir regulando la reactividad de sus sistemas más arcaicos de defensa e ir potenciando la experiencia de conexión consigo mismo y con los demás.

   La habilidad como instructores de transmitir las enseñanzas reside en la habilidad para habitar con conciencia nuestro propio cuerpo tanto dentro de la sesión de intervención como fuera de ella. Esta conciencia corporeizada en la experiencia cotidiana nos permite establecer un grado de sintonía con nosotros mismos que sirve de plataforma para poder sintonizar con el alumno. Sólo de esta conexión sintonizada puede emerger la resonancia, esa «alineación entre dos seres en una nueva totalidad interdependiente en la cual cada persona influye en el estado de la otra» (Siegel, 2010). En la práctica docente esta resonancia puede experimentarse como una especie de baile en el que la enseñanza/aprendizaje surge de forma natural y espontánea. Para nosotros, el secreto para mantener activo este baile durante las sesiones reside en la neurofisiología del instructor. Sólo si este tiene su freno vagal lo suficientemente fortalecido podrá mantenerse en el estado de receptividad y de conciencia necesarios para que la transmisión de la enseñanza pueda suceder. Y es que el freno vagal activa las fibras neurales de nuestro sistema de conexión social y, con ello, nos permite mantener activado el hilo que nos mantiene conectados con los demás.

   En definitiva, estar conectados con nosotros mismos como instructores es un requisito indispensable para poder conectar con el otro, comprender su experiencia, validarla y transmitir la calidez y humanidad necesarias para que el otro se sienta sostenido. Esto empieza a ser confirmado por la evidencia científica reciente, que muestra que la capacidad para comprender a los demás se sostiene sobre la capacidad para comprendernos a nosotros mismos (Böckler, Herrmann, Trautwein, Holmes y Singer, 2017). En la medida en que la sintonía con el otro viene precedida por un estado de sintonía con uno mismo, podemos decir que la auténtica sintonía es una sintonía corporeizada y relacional.

  Como instructores, para poder sostener a los demás y generar bienestar a nuestro alrededor, hemos de aprender a autorregularnos fisiológicamente y transitar con flexibilidad entre los diferentes sistemas de respuesta autonómica y entre los repertorios conductuales a los que estos dan lugar. De esta forma podremos mantener simultáneamente el contacto con nosotros mismos, con el grupo, con cada participante individual y con el proceso mismo de enseñanza.

   Es necesario incluir los procesos fisiológicos que permiten sostener visceralmente la experiencia de sufrimiento -propio o ajeno- sin reactividad. Teniendo en cuenta la teoría polivagal, este compartir visceral sólo puede ser posible si el alumno se encuentra en un estado neurofisiológico de seguridad, que le permita sostener en su conciencia la experiencia de sufrimiento sin activar la reactividad propia de los sistemas de movilización y/o paralización. Sólo cuando esto ocurre, el alumno puede comenzar a prestar atención al funcionamiento de su mente y tomar conciencia de sus propios procesos. Este estado de seguridad se caracteriza por una alta influencia vagal sobre el corazón a través de las fibras del sistema de conexión social. La activación de este sistema inhibe los sistemas reactivos de defensa por parte de las vías corticolímbicas, y promueve conductas espontáneas de conexión social. Teniendo en cuenta el desarrollo filogenético del SNA humano tiene sentido plantear que a menos que mantengamos una adecuada regulación de los sistemas de reactividad defensivos, ciertos componentes del sistema de conexión social como la benevolencia no podrán emerger.

   Algunos estudios han comenzado a dilucidar la relación entre el funcionamiento autonómico y el cerebral. En este sentido, un estudio llevado a cabo por Tang et al. (2009) concluye que la mejora en la regulación autonómica se relaciona con un mayor control de la corteza cingulada anterior. Un bajo tono vagal se ha relacionado con un mayor nivel de inflamación. De hecho, existe cierta evidencia que indica que el nervio vago controla la respuesta inmune a través de la producción de citoquinas. Actualmente son necesarios estudios metodológicamente robustos que puedan arrojar luz sobre cómo se relacionan el tono vagal y la inflamación.

   La explicación ofrecida por la teoría polivagal de cómo interaccionan los sistemas nerviosos de instructor y alumno nos puede ayudar a profundizar en la comprensión del papel que juega también el contexto social. Muy recientemente se ha puesto de manifiesto la necesidad de avanzar desde el enfoque enactivo a un enfoque enactivo-relacional, que reconozca explícitamente la gran influencia que la dimensión social -o perspectiva de la segunda persona- ejerce en la construcción de significado y conocimiento.

   Cabe estudiar en futuras investigaciones si este tipo de efectos es mediado por una mejora del tono vagal en ambos miembros de la díada.

   Una revisión sistemática concluye que hay evidencia de la eficacia del yoga para promover un aumento del tono vagal (Tyagi y Cohen, 2016). Pese a ello, aún son necesarios estudios metodológicamente más robustos en esta área.

   Habría que hacer especial hincapié en las posibilidades que aporta la teoría polivagal para avanzar en la comprensión de la influencia que el cuerpo tiene en este tipo de aprendizaje. El sistema de neurocepción puede aportar luz en este sentido. Paralelamente, avanzar en el estudio de las vías sensitivas o aferentes del nervio vago puede también ayudarnos a comprender el papel que el cuerpo tiene en la comprensión de la mente. Curiosamente, el 80% de las vías vagales son sensitivas o aferentes -es decir, que viajan del cuerpo al cerebro-. Pese a ello, han sido obviadas mayoritariamente por la medicina y la psicología, que se han centrado más en el estudio de las vías motoras. Su existencia puede constituir la ruta neurofisiológica que explica cómo el estado fisiológico condiciona el tipo de pensamientos que surgen en la mente (Porges, 2016, 2017).

  Podemos hipotetizar que el instructor puede contribuir a optimizar su eficacia en la medida en que: 1) tenga desarrollado su sistema de conexión social y, por tanto, su freno vagal, 2) active una neurocepción de seguridad en el alumno y 3) contribuya a fortalecer la regulación neural del sistema de conexión social del alumno.

   Por otro lado, se ha apreciado que la capacidad del instructor para estar plenamente presente y sintonizado no sólo resulta clave para el desarrollo del alumno, sino que también lo es para su propio bienestar (Shapiro y Carlson, 2009). En esta línea, un interesante estudio encontró que actuar de forma altruista puede contribuir al bienestar no sólo del que recibe, sino también del que da, ya que promueve en este último un aumento de su tono vagal y por tanto una mejor regulación fisiológica (Miller, Kahle y Hastings, 2015).

   Esperamos que en los próximos años este campo experimente un avance en la comprensión no sólo del cerebro, sino también del cuerpo y del contexto en el que este se desenvuelve. De cara a poder avanzar en la comprensión de la mente y el bienestar humanos, continuar tendiendo puentes de comunicación entre las tradiciones contemplativas y la ciencia occidental puede resultar de gran ayuda. En algunas de estas tradiciones podemos encontrar paralelismos realmente inspiradores que concuerdan con los principios propuestos. Por ejemplo, para Buda el fin del sufrimiento es sinónimo del fin de la reactividad.

    Resulta sorprendente cómo esta concepción ancestral ya considera la importancia de considerar el cuerpo, la mente y el contexto en el que ambos se desenvuelven. Por su parte, en la tradición del yoga clásico se describen las cualidades primordiales de la naturaleza, los gunas (hilos en sánscrito). Estos se manifiestan en los estados de la mente y son tres: sattva, la energía de la luz (la conciencia), la paz y la compasión; rajas, la energía de la acción, la competitividad y el movimiento; y tamas, la energía de la inmovilización, la inercia, la letargia y la pérdida de conciencia (Larson, 1969; Sequeira, 1997). El sistema de yoga considera que los gunas están en continua interacción y que mediante el desarrollo de sattva el practicante puede detener la reactividad de sus condicionamientos, liberarse del ego y alcanzar la iluminación. Esta idea recuerda el principio propuesto por la teoría polivagal de que el bienestar y la salud son conseguidos mediante el desarrollo del sistema de conexión social -que guarda un paralelismo con el guna sátvico- de tal modo que el fortalecimiento de las vías que lo conforman permite controlar la reactividad de los sistemas defensivos. Si bien sería reduccionista asimilar estos ancestrales conceptos sutiles a los hallazgos científicos modernos, relacionar ambos y nutrirnos de la sabiduría de las tradiciones ancestrales puede estimular el avance científico de la comprensión de la naturaleza de la mente y el bienestar humanos.

  

Entrevista con Stephen Porges, Teoría Polivagal

Carmen Guerrero Escobar, junio de 2015


Stephen W. Porges es un "distinguido científico universitario" en el Kinsey Institute, Indiana University Bloomington y profesor en el departamento de psiquiatría de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill en Carolina del Norte. 

Nació en 1945 (edad 75 años) en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey (Estados Unidos)
Campo: Psicobiología



 El insight del Dr. Stephen Porges. La Teoría Polivagal: La evolución de la interacción social.

En el tercer episodio de Insights tuve el privilegio de platicar con el Dr. Stephen Porges. El Dr. Porges es uno de los investigadores más reconocidos en el campo de la psicofisiología. Durante nuestra charla, estuvimos platicando sobre la teoría polivagal, la cual enmarca a la conducta social desde un punto de vista fisiológico y evolutivo. Stephen nos platica la importancia de las relaciones sociales en la salud y el bienestar a través del concepto de co-regulación, una condición necesaria en los humano para desarrollar la habilidad de autorregularnos.

  ¿Qué pasa si muchos de tus problemas pudieran explicarse por la reacción automática de tu cuerpo a lo que ocurre a tu alrededor? ¿Qué pasa si la cura para los trastornos mentales y emocionales, que van desde el autismo a los ataques de pánico, tuvieran una nueva forma de entenderse y enfocarse desde el propio funcionamiento del sistema nervioso? Stephen Porges, piensa que podría ser así. Porges, es profesor de psiquiatría en la Universidad de Illinois, Chicago, y director del Brain-Body Center de esta misma institución, y ha pasado gran parte de su vida en busca de pistas sobre la forma en que funciona el cerebro, en esta búsqueda ha desarrollado lo que él denomina la teoría polivagal. Se trata de un estudio sobre la evolución del sistema nervioso humano y los orígenes de las estructuras cerebrales, y con ello supone que muchos trastornos de nuestra conducta social y emocional son biológicos, es decir, que hay más “circuito biológico” (hard wired) dentro de nosotros de lo que solemos pensar. Basándose en esta teoría, Porges y sus colegas, han desarrollado técnicas de tratamiento que pueden ayudar a la gente a comunicarse y relacionarse mejor con los demás.

   El término “polivagal” combina “poli”, que significa “muchos”, y “vagal”, que hace referencia con un importante nervio llamado “vago”. Para entender esta teoría, debemos ver primero el nervio vago, el componente primario del sistema nervioso autónomo. Esto es el sistema nervioso que no controlamos, que hace cosas de forma automática, como digerir los alimentos. El nervio vago sale del tronco encefálico y tiene ramas que regulan la estructura de la cabeza y de diversos órganos, incluyendo el corazón. La teoría propone que dos ramas diferentes del nervio vago están relacionadas con esa forma única en que reaccionamos ante una situación que percibimos como segura o insegura. También se describen tres etapas evolutivas que tuvieron lugar durante millones de años, con el desarrollo de nuestro sistema nervioso autónomo.

   La mayor parte del trabajo de Porges se lleva a cabo ahora en el Brain-Body Center, centro de investigación interdisciplinario de la Universidad de Illinois. En el Centro, trabajan juntos profesionales del campo de la endocrinología, neuroanatomía, neurobiología, psiquiatría y psicología. Allí estudian modelos de comportamiento social y el desarrollo de tratamientos para trastornos como el autismo y la ansiedad. La teoría polivagal de Porges se está convirtiendo en parte de la formación de los trabajadores, sean terapeutas o educadores. Un ejemplo es la conferencia nacional de Hakomi el pasado verano celebrada en la Universidad de Naropa, donde el Dr. Porges fue orador principal. (Hakomi es a la vez un sistema de trabajo corporal y un sistema de psicoterapia centrada en el cuerpo).

  En esta entrevista, Porges habla sobre la teoría polivagal y su importancia, con Ravi Dykema, editor de Nexus.

R.Dykema: Por favor, hábleme acerca de la teoría que ha desarrollado, la teoría polivagal. ¿Es una innovación en la teoría de los dos sistemas nerviosos?

S.Porges: Permítame aclararlo. Históricamente, el sistema autónomo se divide en dos ramas, una se llama el simpático y la otra el parasimpático. Se trata de un modelo organizativo que entró en vigor a finales de 1800 y principios de 1900. Con el paso de los años, este modelo ha adquirido una vida propia, a pesar de nuestro actual mayor conocimiento. Básicamente, el sistema simpático se vincula con la respuesta de “lucha o huida”, y el sistema parasimpático con el funcionamiento normal, cuando uno está tranquilo y sereno.

Este modelo del sistema nervioso autónomo ha ido evolucionando en diversas “teorías de equilibrio”, dado que la mayoría de los órganos del cuerpo, como el corazón, los pulmones y el intestino, reciben inervación simpática y parasimpática.

La mayor parte de la inervación parasimpática (energía nerviosa) proviene de un nervio, llamado el nervio vago, que sale del cerebro e inerva el tracto gastrointestinal, el tracto respiratorio, el corazón y las vísceras abdominales. Sin embargo, la forma más fácil de imaginar las vías nerviosas que pasan por el nervio vago, es pensar en éste como un tubo o conducto. La conceptualización del vago de esta manera, obligó a los científicos a darse cuenta que varias fibras del nervio provienen de distintas áreas del tronco encefálico. Por ejemplo, las vías nerviosas que pasan por el nervio vago hasta el intestino inferior provienen de un área del cerebro, mientras que los caminos que los nervios que van al corazón y los pulmones vienen de otra área.

R.Dykema: ¿Es eso una información relativamente nueva?

S.Porges: Sí. Pero la teoría es que el sistema reacciona a los desafíos del mundo real de una manera jerárquica, y no de una manera equilibrada. En otras palabras, si estudiamos el camino evolutivo de cómo se desarrolló el sistema nervioso autónomo de los vertebrados, desde los antiguos peces sin mandíbulas hasta los peces óseos, de los mamíferos hasta los seres humanos, nos encontramos con que no sólo existe una complejidad en el crecimiento de la corteza, (la capa exterior del cerebro, que es la parte más grande del cerebro), también hay un cambio en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo. No se trata sólo de un sistema simpático / parasimpático en equilibrio. En realidad, es un sistema jerarquizado.

R.Dykema: Así que, ¿sucede una cosa y a continuación otra, después otra y después otra cosa?

S.Porges: Correcto. Esto influye en la forma que reaccionamos ante el mundo. La jerarquía se compone de tres circuitos neuronales. Un circuito puede sustituir a otro. Por lo general, reaccionamos con nuestro más reciente sistema, y ​​si eso no funciona, se prueba con el anterior, y si no, el más antiguo. Comenzamos con nuestros sistemas más modernos, y vamos trabajando hacia atrás.

   Asi es como la teoría polivagal considera la evolución del sistema nervioso autónomo y su organización, pero también hace hincapié en que el sistema vagal no es una sola unidad, como se piensa desde hace mucho tiempo. Actualmente hay dos sistemas vagal, uno viejo y uno nuevo. De ahí es donde viene el nombre de polivagal.

  La etapa final, la más reciente, sólo aplicable a los mamíferos, se caracteriza por un vago que tiene vías mielinizadas. El vago es el nervio principal del sistema nervioso parasimpático. Tiene dos ramas principales. La más reciente está mielinizada y está vinculada con los nervios craneales que controlan la expresión facial y la vocalización.

R.Dykema: Lo cual es totalmente beneficioso para alguien que nos mira, ¿no?

S.Porges: Sí, o para nosotros mirarlos a ellos, o para la comunicación y la señalización, o incluso la música. Nos olvidamos de que la escucha es en realidad un “motor” de actuación y consiste en tensar los músculos en el oído medio. Los músculos del oído medio están regulados por el nervio facial, que también regula el levantamiento de los párpados. Cuando usted está interesado en lo que alguien está diciendo, levanta los párpados y tensa al mismo tiempo los músculos del oído medio. Entonces está preparado para escuchar su voz, incluso en entornos ruidosos.

R.Dykema: Interesante. ¿Cómo se aplican estos principios o conclusiones en un entorno de tratamiento?

S.Porges: Digamos que usted es un terapeuta, un padre o un maestro, y tiene unos clientes, estudiantes o niños con la cara plana, sin expresión facial. Una cara sin tono muscular, de párpados caídos y mirada esquiva. Es muy probable que ese individuo también tenga hipersensibilidad auditiva y dificultad para regular su estado corporal. Estas son las características comunes de varios trastornos psiquiátricos, como los trastornos por ansiedad, personalidad límite, trastorno bipolar, autismo o hiperactividad. El sistema neuronal que regula tanto el estado del cuerpo como los músculos de la cara, le pondrá fuera de línea. Por lo tanto, las personas con estos trastornos a menudo carecen de afecto en sus caras y están nerviosos, porque su sistema nervioso no provee de información para calmarlos.

R.Dykema: ¿Cuáles son las opciones de tratamiento que la teoría polivagal propone para las personas con estos trastornos?

S.Porges: Una vez que entendemos los mecanismos que condicionan la enfermedad, podremos tratarla. Por ejemplo, ya no vale decir “quédate quieto”, o castigar a una persona porque no puede quedarse quieto. Igual que tampoco dirías, “¿Por qué no te ríes?” o “Trate de escuchar mejor” o “Mírame a los ojos”, cuando estas conductas están ausentes. A menudo los programas de tratamiento intentan enseñar a los clientes a tener contacto visual. Pero enseñar a alguien a tener contacto visual es, con frecuencia, casi imposible cuando dicha persona tiene un trastorno, como el autismo o el trastorno bipolar, dado que el sistema de control espontáneo de los nervios de sus ojos, se apaga. El más reciente sistema de participación social sólo puede expresarse cuando el sistema nervioso detecta un medio ambiente más seguro. El concepto de seguridad es relativo. Usted y yo estamos sentados en esta sala de juntas y nada aparentemente nos amenaza. Nos sentimos seguros aquí, pero es posible que no se sienta segura una persona con trastorno de pánico. Algo en este entorno, podría provocar en ella la respuesta fisiológica de moverse y defenderse.

R.Dykema: Así que, si consigue una afectividad plana o está inquieta y nerviosa en esta situación, no cabe otra elección. Es un fenómeno neurológico, ¿verdad?

S.Porges: Así es. En realidad, es un inconsciente o subconsciente del sistema motivacional neurobiológico. La persona no lo hace a propósito. Es una adaptación a una situación que su sistema nervioso ha evaluado como peligroso. La pregunta es, ¿cómo sacarla de sentirse amenazada? Las estrategias tradicionales pasarían por razonar con ella, decirle que no está en una situación peligrosa, negociar con ella, reforzarla, para castigarla después si no responde como se indica. En otras palabras, tratamos de lograr un comportamiento bajo control. Pero este enfoque no funciona muy bien con las conductas de compromiso social, porque parecen que son dirigidas por un estado visceral del cuerpo. Nuestro conocimiento actual, basado en la teoría polivagal, nos lleva a un enfoque más óptimo. De esta forma, para conseguir más calma en la gente, hablamos con ellos en voz baja, modulamos la voz y los tonos para activar comportamientos de escucha, y nos aseguramos que la persona se encuentre en un ambiente tranquilo donde no haya ruidos fuertes de fondo.

R.Dykema: Esto es porque es difícil para ellos escuchar una voz humana con ruidos de fondo?

S.Porges: No, se trata de apagar los sistemas, y los fuertes ruidos de fondo provocan estados fisiológicos y comportamientos defensivos.

R.Dykema: Así que si alguien está en un estado reactivo grave, puede no captar una voz humana contra el ruido de fondo.

S.Porges: Exacto. Se ha llevado a estas personas en estos estados, para unas pruebas de audición, y las pruebas son perfectas en una sala insonorizada. La razón de esto es que, las personas cuyo sistema nervioso funciona correctamente, tienen ciertos mecanismos neurales para oir más allá del ruido de fondo. Estos mecanismos atenúan los sonidos de fondo de baja frecuencia, lo que les permite escuchar las voces humanas con mayor claridad, incluso en entornos con mucho ruido de fondo.

   Estos mecanismos no están disponibles para personas con ciertos trastornos. Por ejemplo, un niño con autismo tienen dificultades para diferenciar las voces con ruido de fondo, las voces humanas aumentan o disminuyen en función del sonido de fondo. La voz empezará a “desaparecer”. Es por eso que las personas con autismo o diversos trastornos psiquiátricos en general, no quieren ir a los centros comerciales, o no quieren estar donde hay sistemas de alta ventilación. Para ellos, el ruido de fondo distorsiona la voz humana.

R.Dykema: ¿Y qué pasa con el neurótico normal, aquellos de nosotros que no tenemos un trastorno diagnosticable o identificable, pero que padecemos períodos de estrés o ansiedad? ¿Qué sugiere la teoría polivagal para su tratamiento?

S.Porges: En gran parte, de la misma manera que podríamos tratar a alguien con un trastorno más grave. Por ejemplo, cuando estamos estresados, estamos inmersos en un ejercicio de alta intensidad. Pero esta realidad produce un retroceso mayor en el sistema de participación social, nos sitúa en un estado de analgesia para no sentir el estrés, en lugar de estimular un sentido de seguridad y protección. La teoría polivagal sugiere algunas estrategias para crear esa sensación de seguridad, como la retirada a un entorno tranquilo, tocar instrumentos musicales, cantar, hablar en voz baja, o incluso escuchar música. Piense en lo que hacemos cuando estamos estresados, nos expulsa de las relaciones interpersonales, en lugar de refugiarnos en ellas. Pero es natural que los seres humanos a utilicen a otras personas para ayudarse a regular sus propios estados mentales y emocionales. Así que, si usted pregunta, “¿Cómo podemos usar este conocimiento”, la respuesta es que tenemos que volver a entender lo que significa ser humano.

   Forma parte del ser humano el ser dependiente de otro ser humano. No todo el tiempo, por supuesto. Igual que la mayoría de los mamíferos, venimos al mundo con una gran dependencia de nuestros cuidadores, y eso nos conecta a los demás el resto de nuestras vidas. A medida que maduramos, tenemos que encontrar un ambiente seguro donde podamos dormir, comer, defecar y reproducirnos. Creamos un entorno seguro mediante la construcción de paredes para crear nuestros límites y nuestra privacidad. O bien, tenemos un perro que nos guarda, para que podamos dormir. El objetivo de estas estrategias es crear un entorno en el que ya no necesitemos estar hipervigilantes, y que nos permita participar en los procesos de la vida que requieren ambientes “seguros”. Las conductas de participación social, de creación de contacto visual, de escuchar a la gente, requiere abandonar nuestra hipervigilancia.

   Volviendo a la cuestión de las aplicaciones clínicas: cuando vemos a la gente con afecto plano, con igual tono muscular, párpados caídos, esas personas que hablan sin entonación de voz o tienen dificultad para oír lo que dice la gente, esas personas que se mantienen en una especie de estado de nervios, no relajados, podemos ver cómo esos estados fisiológicos pueden tener funciones adaptativas relacionadas con la protección. Sin embargo, estas funciones adaptativas no encajan bien con el contexto social en el que la persona está viviendo.

R.Dykema: ¿Significa eso que ellos piensan que viven en un mundo inseguro?

S.Porges: No está relacionado con un proceso cognitivo. Es una reacción fisiológica que afecta al sistema nervioso. No es una reacción consciente, la mayoría de estas personas les gustaría sentir de otra manera. Simplemente, no puede desconectarlo. Debemos entender que estos sentimientos son eventos fisiológicos, provocados por determinados circuitos neuronales, y necesitamos averiguar la manera de preparar a los circuitos neuronales para que promuevan el comportamiento social. Esa es la parte importante de la investigación, podemos preparar a estos circuitos neuronales a través de una variedad de técnicas: la entonación, la reducción de la cantidad de estimulación del medio ambiente, la música y la presentación de rostros familiares.

   Lo que a menudo hacemos cuando estamos estresados o ansiosos es distraernos o crear una novedad. Solemos decir: “¡Vamos a este sitio o al otro. Vamos a hacer algo diferente!” Pero lo que tenemos que entender es que el sistema nervioso está, en realidad, interesado en la familiaridad y lo predecible, que es una metáfora de la seguridad.

R.Dykema: Esto podría explicar por qué algunos neoyorquinos no dejaron Manhattan después del 11/9.

S.Porges: Correcto. Es familiar. Es el hogar. Y “hogar” es una muy poderosa metáfora de seguridad.

R.Dykema: He escuchado que la mente humana es descrita como un instrumento paranoico. La premisa es que cuando vivimos con nuestros sentidos, en el aquí y ahora, por lo general nos sentimos seguros, pero nuestra pensamiento a menudo proyecta impresiones terroríficas frente a nosotros, como si tratara de anticipar alguna amenaza.

S.Porges: Voy a tratar de describirle una parte de nuestro sistema nervioso que está totalmente centrado en responder a otras personas, incluso a otros mamíferos, como perros y gatos. Esta no es la misma parte del sistema nervioso que nos coloca en un estado de iluminación o de éxtasis. En cierto sentido, esto es un componente subterráneo a nuestro sistema nervioso. Su actividad es contactar con ciertos niveles de sentidos que no son los que usted describe. Es el lugar donde sentimos la información de nuestro cuerpo, desde el interior de nuestros órganos. Esta información del cuerpo viaja a través de los nervios y del tronco encefálico y se irradia hacia arriba, hacia nuestra corteza. Esta es la parte del sistema nervioso que nos proporciona un contacto con la realidad, regula nuestro estado corporal, por lo que nos volvemos alertas y participativos. Eso no incluye toda la experiencia humana, pero sí la mayor parte de lo que llamamos interacciones sociales. Podemos decir que las interacciones sociales son un componente muy importante de nuestra experiencia psicológica como seres humanos. Y este sistema, el sistema de participación social, es lo que determina la calidad de esas interacciones, las características que mostramos a los demás, la expresión facial, la entonación de nuestra voz, los movimientos de cabeza, incluso los movimientos de las manos, son parte de esto. ¿Y si vuelvo la cabeza a un lado mientras te estoy hablando, si hablo con voz monótona, sin entonación, o se me caen los párpados, tendrás tú una respuesta visceral? ¿Cómo te sientes cuando hago eso?

R.Dykema: Pues, se siente como si no estuvieras presente, como si estuvieses de retiro o desconectado.

S.Porges: Desconectado, lo que puede ser interpretado por otra persona como evaluativo, que no le gusta, que no está motivado a participar, condescendiente o sospechoso. Así que estos gestos faciales, que para algunas personas son puramente respuestas fisiológicas, son interpretados con una moral o, cuando menos, con una superposición de motivaciones. Esto puede o no ser cierto. El compromiso social es un componente único y muy poderoso de nuestras interacciones.

   Ahora, ¿cómo valorar este conocimiento? Tenemos tres tipos distintos de poblaciones clínicas. Una, los bebés quisquillosos o con cólicos, que lloran en exceso. Dos, los niños con trastorno por déficit de atención. Y tres, los sujetos cercanos al espectro del autismo. ¿Cómo se sienten los padres de estos tres tipos de niños? ¿Sienten que sus hijos los aman? ¿Es fácil para ellos amar a sus hijos? O, ¿se sienten engañados y disgustados por sus hijos? ¿Cómo se sienten? Con el bebé que llora, los padres sienten a menudo que sus proposiciones de amor y cuidado están siendo rechazados. Con el niño hiperactivo, sienten que sus gestiones de captación se ven rechazadas. Se sienten de la misma manera con los niños autistas. Ellos están respondiendo a una característica común expresada en estos tres tipos de niños, y su sistema nervioso interpreta las características de su hijo como que el niño no está motivado hacia ellos.

   ¿Dónde está el poder del conocimiento y de la ciencia para ayudar a estas familias? ¿Dónde y cómo puede ser utilizado este conocimiento? Podemos enseñar a los padres a entender que las conductas del niño no están motivadas ni dirigidas a ellos. Podemos enseñar a los padres que necesitan ayuda para aliviar y calmar a sus hijos. ¿Qué sucede generalmente en estas tres condiciones? Los padres se sienten muy contrariados, y estos sentimientos aumentan la intensidad de sus interacciones con el niño, lo que empeora aún más el comportamiento del niño.

R.Dykema: ¿Ellos no pueden dejar de mostrar su ansiedad por el comportamiento del niño?

S.Porges: Eso es, y la ansiedad le da más pistas al niño, que a menudo se traduce en el niño como ira. Los padres pueden sentirse justificados, porque piensan que el niño no le ama a él o a ella. Es trágico.

R.Dykema: ¿Usted ha utilizado estos principios para tratar el autismo?

S.Porges: Sí, pero lo he enfocado a un nivel muy diferente. De hecho, he intentado activar los mecanismos neurales del niño autista de forma que le permita crear mejores señales de contacto visual y facial. Fue a través de la forma en que ellos escuchan la información acústica, y de hecho, creamos un programa de intervención que estimula la escucha activa para los sonidos modulados.

   Este sistema de intervención funciona muy bien, y rápidamente, en unas pocas horas. De un 60 a un 80 por ciento de los niños tratados demuestran cambios en la mirada contemplativa, en la actividad cardíaca, en su estado visceral y en la capacidad de procesar el lenguaje. El cambio de la mirada y de la expresividad facial de un niño autista cambia toda la interacción con los padres. Es increíble. Lo que quizás es más interesante, es que muchos padres ni siquiera saben lo que está pasando, porque es un proceso natural.

   Si te estoy mirando, y nuestro contacto los sentimos seguro y apropiado, y nuestro sistema nervioso está en sintonía, te sentirás incómodo si me doy la vuelta. Pero entonces, si yo me vuelvo, tú te darás la vuelta hacia otro objetivo y te olvidarás del hecho de que me di la vuelta. Lo mismo sucede con los padres de niños autistas. Una vez que el niño participa, se olvidan que el niño ha tenido problemas en esos niveles. Nuestro sistema nervioso espera esa expresividad facial y el diálogo. Cuando tal expectativa no se cumple, nos sentimos mal. Cuando se cumple de nuevo lo realizamos, es natural.

R.Dykema: ¿Puedes decirme acerca de la teoría polivagal en cuanto a nuestra necesidad de seguridad y nuestras reacciones cuando aún no somos conscientes de estar aquí?

S.Porges: Si empezamos a pensar en términos de lo que sucede a través de las etapas de la evolución, del mucho requerimiento evolutivo de los mamíferos para su crianza. Cuando nacemos, no somos capaces de cuidar de nosotros mismos. A diferencia de los reptiles que nacen y ya corren fuera del agua, los mamíferos deben ser amamantados. Así que, junto con esta evolución fisiológica, también evolucionaron nuestras señales sociales, la expresividad facial, el llanto, las vocalizaciones, los movimientos de succión, todos estos tipos de comportamientos de regulación neural del rostro proporcionando señales conmovedoras, forman parte del repertorio de los mamíferos para el comportamiento y el estado regulatorio.

   Todavía usamos la misma “señal” de un sistema de comunicación para testear las interacciones sociales. La regulación neural de los músculos faciales proporciona una manera de reducir la distancia psicológica antes de hacer frente al riesgo inherente a moverse físicamente más cerca. Este sistema de compromiso social permite a las personas tocarse unos a otros. No basta con tocar a alguien, hay una interacción total entre la cara, las vocalizaciones y otras señales corporales, para ver si nos sentimos seguros con los demás. Entonces podemos tocar. Por lo tanto, los comportamientos sociales preceden al desarrollo de los lazos sociales. Las conductas de compromiso social ofrecen una opción para testear las interacciones en un “espacio psicológico” con muy bajo riesgo, antes de la prueba “física” de proximidad. La teoría Polivagal muestra que, desde que los reptiles evolucionaron hasta mamíferos, la regulación neural del corazón y los pulmones cambió. Llegando a ser regulados por un área del cerebro que también controla los músculos faciales. Después de eso, la expresividad emocional, la ingestión de comida, la música y las interacciones sociales estuvieron siempre relacionados con la forma en que se regulan nuestros cuerpos. Estos componentes nos tranquilizó. Por tanto, el comportamiento social puede ser utilizado para calmar a la gente y apoyar la salud, el crecimiento y la restablecimiento.

   Todo el mundo sabe que el apoyo social es bueno. ¿Pero cuáles son las características del apoyo social y por qué funciona? En general, opera a través de los mecanismos que estamos hablando, se activa el sistema compromiso social, que está relacionado con el nervio vago mielinizado que nos calma y apaga nuestra respuesta al estrés. Es auto-sedante y tranquilizante, y nos hace mucho más eficientes metabólicamente. La teoría incorpora los sistemas complejos de vinculación: La manera en que los nervios que regulan el corazón y los pulmones están relacionados con los nervios que regulan la musculatura estriada de la cara y la cabeza, y la forma en que la regulación cortical de las áreas del tronco encefálico, que hacen posible esta regulación, nos permite a su vez las estrategias defensivas. Aquí hay algo que no se discute: ¿cómo distinguir entre amigos o enemigos? Hay un área del cerebro que recoge los movimientos biológicos y las intenciones. Esta zona detecta las caras conocidas, voces y movimientos familiares. Así pues, los gestos con las manos, las expresiones faciales y las vocalizaciones que parecen “seguras” apagarán el tronco encefálico y las áreas límbicas que incluyen las respuestas de lucha, huida y paralización.

R.Dykema: ¿El sistema nervioso simpático?

S.Porges: En realidad es mucho más que eso. El sistema límbico se “aferra” al sistema nervioso simpático (igual que el llamado eje hipotálamo-pituitario-adrenalino), para activar los sistemas de defensa, que incluye el sistema de movilización de lucha o huida y el sistema de inmovilización.

R.Dykema: ¿Dónde está la respuesta de “congelación” en todo esto?

S.Porges: La lucha y la huida están programadas en diferentes áreas en el cerebro. Pese a que generan las mismas respuestas autonómicas, como manos sudorosas y aumento del ritmo cardíaco, en realidad, son programas diferentes de movimiento, y están programados en diferentes áreas del cerebro. Pero la respuesta de congelación es totalmente distinta, ahí donde la lucha y la huida suponen la movilización, la congelación es una inmovilización, y la inmovilización es potencialmente letal para los mamíferos.

R.Dykema: Es como tener miedo a la muerte …

S.Porges: Exactamente. La metáfora sería como el juego del gato y el ratón. Cuando el ratón se enfrenta a un gato, la congelación es como una entrega a la muerte, donde la flexibilidad ya no tiene respuesta. En realidad, alrededor del 20 por ciento de los pequeños mamíferos que utilizan esta estrategia de fingimiento de la muerte, morirán, sólo por entrar en ese estado. No es un comportamiento voluntario, en el que están pretendiendo morir. Es una respuesta reflexiva, de adaptación. Están, literalmente, en un estado disociativo. Sus umbrales de dolor están en la cima.

R.Dykema: ¿Esto sucede en los seres humanos?

S.Porges: Bueno, esto puede ser parte de un síndrome de trastorno por estrés post-traumático (TEPT). El TEPT puede elevar los umbrales de dolor, ya que parece ser una preparación para la muerte. Muchos mamíferos tienen este mecanismo. En cierto sentido, no es una mala estrategia, si vas a morir, aumentas tu umbral de dolor y dices adiós. Hay otro tipo de inmovilización, una inmovilización sin miedo, que es positiva y agradable. A menudo, esta inmovilización sin miedo es necesaria para disfrutar del sexo. Este estado es común en las hembras de los mamíferos. En realidad, los hombres se pueden inmovilizar después de la actividad sexual. Existe un vínculo importante entre la inmovilización sin miedo y el estar en un ambiente seguro. ¿Cuál es el dicho? ‘Si quieres robarle algo a un hombre, hazlo después de tener sexo. Es cuando está totalmente indefenso’. Y para disfrutar realmente del sexo, las mujeres, en cierto sentido, tiene que sentirse seguras con el hombre y surge la inmovilización sin miedo.

R.Dykema: ¿Cómo se relaciona la teoría polivagal con todo esto?

S.Porges: La teoría tiene dos partes importantes. La primera es la relación entre los nervios de la cara y los nervios que regulan el corazón y los pulmones. La segunda, es la jerarquía filogenética que describe la secuencia evolutiva de un nervio vago primitivo, no mielinizado, relacionado con la conservación de los recursos metabólicos, a un sistema simpático-adrenalino que desarrolla estrategias de movilización, y a un vago mielinizado relacionado con la modulación de los estados de calma corporales y las conductas de compromiso social. La jerarquía prioriza el que los nuevos “circuitos” inhiban a los más viejos. Utilizamos el circuito más nuevo para promover estados de calma, autosedación y compromiso. Cuando esto no funciona, se utiliza el sistema simpático-adrenalino para movilizar las conductas de lucha y huida. Y cuando eso tampoco funciona, se utiliza el sistema vagal más antiguo, la congelación o el sistema de apagado. Así que la teoría dice que, nuestras respuestas fisiológicas están organizadas jerárquicamente en la forma en que reaccionamos al desafío, y esta jerarquía de reacciones siguen la secuencia de evolución de los sistemas. Además, la conexión entre los nervios que regulan la cara y los que regulan el corazón y los pulmones implica que podemos usar los músculos faciales para tranquilizarnos. Piense en esto: Cuando uno está estresado o ansioso, usamos nuestros músculos faciales, incluyendo los oídos. Comemos o bebemos, escuchamos música y hablamos con la gente para calmarnos.

R.Dykema: Así que, ¿podemos hacer uso de las expresiones faciales para calmarnos?

S.Porges: Por supuesto. Piense acerca de cómo funciona el pranayama (una técnica de respiración yóguica). Al hacer estos ejercicios de respiración, en realidad estás “ejercitando” tanto los nervios sensoriales como los nervios motores que regulan los músculos faciales, de forma que estás controlando la respiración y maniobrando el motor de la cavidad oral. Es una forma muy eficiente de trabajar sobre el sistema. A mucha gente no le gusta enseñar el pranayama porque piensan que es demasiado poderoso. La teoría polivagal explica cómo puede funcionar el pranayama y otros métodos de estimulación del mismo sistema, incluyendo las interacciones sociales, y que pueden resultar en beneficios similares para nuestra salud y estado mental. El sistema de compromiso social incluye los nervios que regulan la cara y el nervio vago mielinizado que regula el corazón y los bronquios. El poder del sistema de participación social es impresionante, tanto por sus efectos sobre el comportamiento y el estado mental, como por la velocidad con la que trabaja.

R.Dykema: Así ocurre con los que tienen la capacidad de acceder conscientemente nuestro más reciente desarrollo del sistema neurológico, en lugar de volver automáticamente a nuestros sistemas reactivos. Si esto es así, ¿podemos utilizarlos para reemplazar esa ambigua ansiedad con la que muchos de nosotros vivimos?

S.Porges: Vamos a tomar un punto de vista optimista. Digamos que algunos de estos comportamientos, por lo menos que el cierre del compromiso social que facilita los comportamientos defensivos, no sean opciones voluntarias. Sin embargo, a menudo cuando esto ocurre, es como si el sistema nervioso nos hubiera traicionado.

  Para hacer frente a estas aparentes traiciones, debemos reconocer que nuestro sistema nervioso está fallando e intentar aprender a compensar con conductas voluntarias. ¿Qué significa esto? Pues que si estoy en un estado de activación y excitación, cuando mi sistema nervioso detecta que estoy en peligro, puedo usar el comportamiento voluntario, me voy a un cuarto tranquilo o irme a lo que percibo como un medio ambiente seguro.

   Algunas personas creen que no tienen esta opción, si uno está en el trabajo, y tiene que realizarlo, incluso en los momentos en que su sistema nervioso quiere escaparse. Por ejemplo, tienes que dar una conferencia, enseñar o ver a unos clientes. Y uno no puede salirse de la situación, porque existen unas responsabilidades que te definen como un profesional ¿Cuáles son tus alternativas?

   En primer lugar, escucha a tu cuerpo. Tu cuerpo te está diciendo que está en un estado poco saludable. Que no está bien adaptado para los períodos prolongados de estrés y ansiedad. Y aunque no se pueda controlar todos el entorno, algunas cosas si se pueden controlar. También tenemos que reconocer y honrar nuestras diferencias individuales. Sólo porque podamos disfrutar de una fiesta ruidosa, no significa que nuestro sistema nervioso puede manejarlo. Si entendemos este hecho, podemos organizar nuestras vidas para que nuestro entorno sea más armonioso y pacífico, y para que nuestros circuitos neuronales no se disparen.

R.Dykema: Así que llego a una fiesta donde no conozco a nadie, y me doy cuenta que voy mal vestido para la ocasión. Me da vergüenza, pero tengo una función importante de negocio y no me puedo salir. ¿Cómo puedo utilizar el enfoque de ‘escuchar a mi cuerpo’ para calmarme y se sentirme seguro?

S.Porges: Yo creo que la esencia de lo que estás describiendo es la sensación de sentirse atrapado. No puedes dejarlo. Es como estar en una situación donde hay demasiado ruido, demasiado calor, una conversación ida y abusiva, y por cualquier razón, no puedes salir. Pues tienes un problema; pero, en general, tenemos que aprender a navegar por las situaciones y encontrar la manera de sentirnos seguros.

  En este caso, todavía puedes hacer algo; tu estado visceral ha cambiado a causa de algo que cognitivamente no es muy importante, la ropa, pero que tu cuerpo ha reaccionado de manera que desestabiliza tu capacidad social. Lo que estoy diciendo es que tenemos que respetar eso. No podemos minimizar eso porque nos parezca insignificante.

R.Dykema: Así que, la estancia en la fiesta, que empuja toda la situación, ¿no es la solución?

S.Porges: En absoluto. La solución está en respetar y honrar las respuestas del cuerpo. Cuando esta sensación de estar atrapado aparece, tenemos que sintonizar con él y decir: “¿Cómo puedo modular esto?” Los niños, igual que los niños autistas que se sienten atrapados todo el tiempo, dada su fisiología dicen, “¡Vete de aquí!”. Y se ven forzados a sentarse, a crear contacto visual, a hacer cosas que son aterradoras para ellos. Para tratarlos, los primero que tenemos que respetar es lo que sus cuerpos están diciendo.

La conclusión es que nuestro sistema nervioso evalúa el riesgo y la seguridad del medio ambiente. Lo hace de forma automática todo el tiempo. Es como un sistema de radar, constantemente detectando si estamos a salvo o no. Podemos utilizar muchas metáforas. Por ejemplo, alguien puede decir: “No me gusta la energía de esta sala”. Investiga lo que eso significa. Puede ser que la gente no está haciendo contacto visual, que no se siente atractiva o puede haber una gran cantidad de ruido de fondo. Hay muchas características que podemos descifrar.

R.Dykema: Pero en un orden secuencial, si sentimos que el ambiente no es seguro, entonces la interacción social podría hacer que nos sintamos seguros o hacernos sentir amenazados, ¿correcto?

S.Porges: Así es. Pero no hacemos tal determinación. La persona participante es la que realmente, de u otra manera, provoca el sistema, . Supongamos que entras en una habitación extraña. No conoces a nadie. Estás hipervigilante. Tu cuerpo te está diciendo: “Yo no estoy a gusto aquí, porque no conozco a nadie”. No hay ninguna cara conocida, no hay ninguna voz familiar, así que no eres capaz de desactivar las estructuras cerebrales que regulan las estrategias de defensa. Entonces alguien se acerca y hace contacto visual contigo y te dice: “Oh, he oído hablar mucho de ti. Tengo su revista”. Y continúa, “¿Podemos sentarnos y hablar, tengo algunas ideas que podríamos comentar”. Y entonces vais a un sitio más tranquilo, te tomas un trago, y de repente, te sientes bien. Ahora bien, si alguien no te involucra, y te quedas ahí, en la periferia, y continúas ahogándote, necesitas reformular una estrategia para salir de ese infierno, que pasa por salir de allí lo antes posible.

R.Dykema: Eso es exactamente lo que siento cuando empiezo a establecer un negocio y no conozco a nadie. Después, tan pronto como alguien se me arrima, todo el mundo parece ser más amigable.

S.Porges: ¡Ah! Ahora ha planteado usted una característica muy interesante, porque cuando estás en un estado de la excitación o de evaluación de peligro …

R.Dykema: … todo el mundo parece que me está juzgando.

S.Porges: Ya, pero no necesariamente. Usted está malinterpretando sus señales.

R.Dykema: Pero eso es lo que estoy sintiendo.

S.Porges: Por supuesto, porque lo que pasa cuando estás en ese estado fisiológico, es que los rostros neutrales parecen estar enojados, por lo que malinterpreta todo a un nivel conservador relacionado con la supervivencia. En ese estado conservador, su sistema nervioso evalúa todo lo que puede ser neutral como peligroso, en lugar de agradable. Pero una vez que se calma y participa, las caras neutrales vuelven a ser neutrales en la medida que participa con la gente y ellos empiezan a reaccionar con usted.

R.Dykema: Parece una contra-adaptación. Si entro en un ambiente así y mi bienestar depende de causar una buena impresión, podría hacerlo explotar.

S.Porges: No, porque usted es demasiado inteligente para ir en esa dirección. Ha estado en situaciones similares y sabe qué puede esperar y cómo regularse a través de conductas apropiadas. Lo que realmente estamos hablando es de cómo el sistema de los mamíferos evolucionaron para maximizar la supervivencia. Realmente sólo queremos estar con los grupos de personas que conocemos. Si consideramos su conducta desde un modelo motivacional en el que su éxito y supervivencia profesional depende de la creación de conexiones. Este modelo motivacional implica mucho a las estructuras cerebrales superiores que pueden modular a la más “primitivas” estrategias de defensa.

R.Dykema: Tal vez, pero es la gente la que está dispuesta y capaz de entrar en esos ambientes amenazantes una y otra vez, y están liderando corporaciones y gobiernos.

S.Porges: Quizá, pero esa gente también pueden tener algunas características que no se traduzcan en fuertes relaciones interpersonales. Pueden empezar a virar hacia lo que podríamos llamar sociopatía. Ellos no pueden discriminar entre los que les gusta o no interactuar, ya que siempre están socialmente comprometidos. Es posible que estas personas no desarrollen bien una estrecha relación.

R.Dykema: ¿Algunas palabras de conclusión?

S.Porges: Sí, creo que es importante recordar que podemos usar nuestros procesos cognitivos superiores para ayudar a mantener conexiones importantes y positivas con las personas, incluso durante las situaciones estresantes. Cuando estamos en un estado ansioso y movilizado y queremos comunicarnos o relacionarnos a un nivel personal más calmado, debemos poner el freno a nuestro sistema simpático-adrenal y capturar el circuito neural que promueve los comportamientos sociales. Podemos hacer esto usando los músculos faciales, tomando contacto visual, modulando la voz y escuchando a los demás. El proceso de usar los músculos de la cara y la cabeza para modular nuestro compromiso social activará un cambio en nuestro estado fisiológico, mediante el aumento de la influencia vagal sobre el corazón y podrá mitigar el sistema simpático-adrenal. Esto nos permitirá estar más en contacto con la realidad, más alertas y comprometidos. El circuito neuronal social también soporta nuestra salud.




 


El Nervio Vago, la Teoría Polivagal y nuestro Bienestar
Daniela Zambrana Weymann

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Y como no concibo la vida sin música, ahí va un ramillete de canciones que algo tienen que ver, al menos para mí, con el tema de esta entrada, la homeostasis, el apego sano y el equilibrio, a veces tan difícil de conseguir en este loco mundo que nos ha tocado vivir.

Petrus Rypff



Me siento seguro-Mocedades
No creas en quien dice quererte, si no en quien lucha por tenerte a su  lado



Come away with me - Norah Jones // Traducida al Español



Norah Jones - Thinking about you (subtitulado)

Aprendí que más que "PENSAR", hay que "HACER". La vida no se detiene. Es seguir o continuar. Si te paras demasiado tiempo en un lugar, por bonito que parezca, probablemente te pierdas parajes maravillosos. Porque quedan muchas maletas por hacer y muchos lazos de vestidos por deshacer, a no ser que...

Petrus Rypff




BEST OF NORAH JONES - NORAH JONES GREATEST HITS EVER - NORAH JONES BEST SONGS OF ALL TIME

TrackList!
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1.Come Away with Me
2.Don't Know Why
3.Seven Years
4.What Am I to You
5.Feelin' the Same Way
6.Carnival Town
7.Be Here to Love Me
8.Sunrise
9.Turn Me On
10.Lonestar
11.Not Too Late
12.Wish I Could
13.Sinkin' Soon
14.Chasing Pirates
15.Even Though
16.Light as a Feather
17.Good Morning
18.The Long Day Is Over
19.The Nearness of You



La Calma
M-Clan  -  La calma, incluida en el disco : Sin Enchufe



MClan- El hombre de las tabernas-concierto básico



M-Clan - Maggie Despierta (Maggie May) (Concierto Sin Enchufe)

Compositores: Rod Stewart, Martin Quittenton

Creo que Rod Stewart se puede sentir orgulloso de la versión

Un grupo de la tierra que desapareció por culpa de esta puta crisis pandémica, pero sé que gracias a un estudio de Molina de Segura, el Señor Guindilla Records, los llevó de nuevo arriba. Gracias.
Ahora en solitario también tiene éxito,  por tantos años que queden, porque es un tío que canta diferente a los demás, ¡Larga vida a Carlos Tarque! ¡Grande! Y si el tiempo os vuelve a unir, todos estaremos de enhorabuena.

PETRUS RYPFF







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