domingo, 7 de noviembre de 2021

GUSTAV Y CLARA. (PARTE UNO. VACACIONES EN DUBROVNIC)

 

GUSTAV Y CLARA 

PARTE UNO.  VACACIONES EN DUBROVNIC


   El tic-tac del viejo reloj de pared sonaba tenue detrás de un aria de ópera de Puccini proveniente del equipo de música que todas las mañanas desde muy temprano amenizaba la vida del Dr. Reinke. Tras servirse como siempre una taza de café intenso acompañado de unas riquísimas galletas se sentó delante del teclado de su ordenador portátil. Eran las siete y cuarto del primer domingo de noviembre de qué importa qué año. 

   Todo había transcurrido con normalidad en los últimos meses, tanto a nivel familiar como en su trabajo de psicoterapeuta, si no fuera porque dos semanas antes, de forma aparentemente casual, se cruzó en la vida de Gustav una mujer muy diferente a las anteriores. Diferente en sus características morfológicas y especialmente por su penetrante mirada, al mismo tiempo enigmática e imprevisible pero también limpia, como si reflejara un interior equilibrado y sosegado, de “buena gente”. Lo más llamativo de Clara, así se llamaba, era la sonrisa que con frecuencia esbozaba ante ciertos comentarios de Gustav. Era como si se conocieran de toda la vida. Cada uno iba contando anécdotas de sus años de juventud y, sin que hubiera coincidencias temporo-espaciales, no en vano provenían de ciudades muy alejadas entre sí en la Alemania de postguerra, sí que había similitudes en ciertas facetas de su crianza en familias numerosas, en el número que ocupaban en la fratria y en la educación cristiana recibida en las primeras décadas de sus azarosas vidas, no exentas de acontecimientos vitales complicados. También compartían una circunstancia poco común, eran zurdos "corregidos" en la escuela, por aquello de la “corrección” académica y protocolaria que exigían los tiempos.

   El día amaneció frío y despejado, Gustav lo pudo comprobar cuando, en su casa de las afueras de Berlín, salió al exterior para comprobar si la inquietud de su perro se debía a alguna circunstancia adversa o si simplemente respondía a que se había despertado hambriento. Efectivamente el comedero de Romo estaba vacío desde quién sabe cuántas horas. - ¡Tengo que estar más pendiente del animal! - se dijo.

  Cuando volvió a su asiento a reiniciar su tarea ante la pantalla del ordenador, hubo una repentina subida en el volumen de la música, la voz de la soprano protagonista del aria central de Turandot penetró en su cerebro y movilizó un recuerdo que permanecía en lo más recóndito de su subconsciente. Tuvo un déjà vu, o un déjà vécu, o ambas cosas al unísono.

 Fue en Dubrovnic, durante unas vacaciones de verano, no tendría más de quince años, paseaba por la playa con un amigo, y allí estaba ella, tomando el sol sobre una tumbona, leyendo con deleite una novela juvenil, probablemente; era la misma mirada penetrante la que se cruzó con la de Gustav y le dejó anonadado, hasta el punto que sólo se recuperó de su vahído cuando Ralph, su amigo del alma, le propinó un codazo en su torso desnudo de paseante por la playa. Volvió a cruzarse con Clara en una terraza, ella estaba degustando un helado de crema tostada, conversando con la que después me enteré que era su hermana pequeña.

    En un alarde de valentía, impropio de él a esa edad temprana, Gustav se auto-invitó a compartir mesa y helado con las hermanas; ellas no pusieron reparo alguno y fue entonces cuando algo ocurrió entre ellos, sin tocarse, hubo una conexión especial a nivel emocional, sin apenas hablarse se dijeron tantas cosas…Gustav notó que algo se le removía por dentro, nunca había sentido algo semejante. Varias tardes se encontraron en la playa, cuando el sol alcanzaba la línea del horizonte, alguna vez se cogieron a hurtadillas de la mano, la de Clara era algo temblorosa pero apretaba la de Gustav como queriendo transmitirle algo más que una amistad en ciernes, a sabiendas que muy pronto sus caminos se separarían, cada uno de vuelta a sus rutinas postvacacionales y dudando si volverían a reencontrarse en años sucesivos, dado que el destino de residencia veraniega de sus familias no solía repetirse.



   Así ocurrió, Gustav no pisó de nuevo las playas de Dubrovnic hasta dos lustros después, cuando a mitad de su carrera de Medicina, pasó unos días en el sur de la costa de Dalmacia en un intercambio veraniego al que podían optar los estudiantes de cuarto. Como se temía, era sólo un deseo muy difícil de cumplir, como más adelante le corroboró Clara con algo de contrariedad y culpa, por no insistir a sus padres cuando le contaban el destino de las vacaciones estivales de la familia.






La Oreja de Van Gogh - La Playa (Official Video)

En 2000 aparece El viaje de Copperpot, título inspirado en Chester Copperpot, un personaje de la película Los Goonies, escrita y producida por Steven Spielberg en 1985. El disco, segundo álbum de estudio y producido por Nigel Walker en esta ocasión, significó la consolidación definitiva de LOVG.  La playa mezcla balada y medio tiempo, es un canto a la añoranza, significa la madurez de una manera de entender la música y esta frase permanece guardada en la memoria de la música popular: “Te voy a escribir la canción más bonita del mundo, voy a capturar nuestra historia en tan sólo un segundo”. 

    

La Oreja de Van Gogh - Rosas (Vídeo Oficial)

Letra ROSAS

En un día de estos en que suelo pensar

Hoy va a ser el día menos pensado

Nos hemos cruzado, has decidido mirar

A los ojitos azules que ahora van a tu lado


Desde el momento en el que te conocí

Resumiendo con prisas tiempo de silencio

Te juro que a nadie le he vuelto a decir

Que tenemos el récord del mundo en querernos


Por eso esperaba con la carita empapada

A que llegaras con rosas, con mil rosas para mí

Porque ya sabes que me encantan esas cosas

Que no importa si es muy tonto, soy así


Y aún me parece mentira que se escape mi vida

Imaginando que vuelves a pasarte por aquí

Donde los viernes cada tarde, como siempre

La esperanza dice quieta, hoy quizás sí


Escapando una noche de un bostezo de sol

Me pediste que te diera un beso

Con lo baratos que salen mi amor

Qué te cuesta callarme con uno de esos


Pasaron seis meses y me dijiste adiós

Un placer coincidir en esta vida

Allí me quedé, en una mano el corazón

Y en la otra excusas que ni tú entendías


Por eso esperaba con la carita empapada

A que llegaras con rosas, con mil rosas para mí

Porque ya sabes que me encantan esas cosas

Que no importa si es muy tonto, soy así


Y aún me parece mentira que se escape mi vida

Imaginando que vuelves a pasarte por aquí

Donde los viernes cada tarde, como siempre

La esperanza dice quieta, hoy quizás sí


Y es que empiezo a pensar

Que el amor verdadero es tan sólo el primero

Y es que empiezo a sospechar

Que los demás son sólo para olvidar


Por eso esperaba con la carita empapada

A que llegaras con rosas, con mil rosas para mí

Porque ya sabes que me encantan esas cosas

Que no importa si es muy tonto, soy así


Y aún me parece mentira que se escape mi vida

Imaginando que vuelves a pasarte por aquí

Donde los viernes cada tarde, como siempre

La esperanza dice quieta, hoy quizás sí.



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