domingo, 5 de septiembre de 2021

MARILYNNE ROBINSON REPIENSA LA REALIDAD

 

MARILYNNE ROBINSON REPIENSA LA REALIDAD


Marilynne Robinson

Nombre de nacimiento: Marilynne Summers Robinson

Nacimiento: 26 de noviembre de 1943, Sandpoint, Idaho

Nacionalidad: Estados Unidos

Religión     Iglesia congregacional

Educación: Doctor en Filosofía

Educada en Pembroke College in Brown University, Universidad Brown (B.A.), Universidad de Washington (Ph.D.), Universidad de Massachusetts Amherst, Universidad de Iowa.

Ocupación: Escritora; Novela y ensayo. Activa desde 1980 hasta la actualidad.       Ha trabajado en la Universidad de Massachusetts Amherst, Universidad de Kent y en Universidad de Iowa.

Obras notables: Gilead

Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y Phi Beta Kappa

Distinciones: Pulitzer, Orange, Círculo de Críticos, entre otras.



Conversaciones: Marilynne Robinson. 9 oct 2009

La autora ganadora del premio Pulitzer y profesora de la Universidad de Iowa, Marilyn Robinson, analiza su última novela con Kecia Lynn sobre 'Conversaciones del taller de escritores de Iowa' en Big Ten Network.

Biografía:

   Hija de Ellen Harris Summers y John J. Summers, Robinson, vivió en su infancia en pequeñas ciudades del Medio Oeste de los Estados Unidos; estudió en Pembroke College, el colegio femenino de la Universidad de Brown y recibió su licenciatura en Filosofía y Letras en 1966; más tarde, obtuvo un PhD en inglés en la Universidad de Washington (1977). ​

   Debutó en la ficción en 1980 con su novela Vida hogareña (Housekeeping), que tuvo inmediatamente un éxito de crítica: fue nominada al premio Pulitzer y dos años después ganó el Hemingway que otorga el Pen Club de Nueva Inglaterra. Hubo que esperar casi un cuarto de siglo para su segunda novela, Gilead, que, publicada en 2004, fue incluso más exitosa que la anterior: se hizo con el premio del Círculo de Críticos de ese año y, al siguiente, con el Pulitzer y el Ambassador Book Award. En casa (Home, 2008) fue finalista del Premio Nacional del Libro y obtuvo el Orange 2009. En 2014 publicó su cuarta novela, Lila, que recibió asimismo muy buena crítica.

   Robinson ha publicado, a partir de 1989, también una serie de ensayos, algunos de los cuales han sido distinguidos con importantes galardones. Mother Country: Britain, the Welfare State, and Nuclear Pollution, su primer libro de no ficción, fue finalista del Premio Nacional del Libro; Absence of Mind: The Dispelling of Inwardness from the Modern Myth of the Self ganó en 2009 el de las Conferencias Terry de la Universidad de Yale y The Death of Adam: Essays on Modern Thought (1998), el PEN/Diamonstein-Spielvogel Award for the Art of the Essay. ​

   Ha escrito artículos y críticas literarias para revistas como Harper's, The Paris Review y The New York Times Book Review. Ha obtenido residencias en diversas universidades, da clases en Iowa Writers' Workshop y vive en Iowa City.

 Criada como presbiteriana, Robinson se hizo más tarde congregacionalista y a veces predica en la Iglesia Congregacional Unida de Cristo en Iowa.

Marilynne Robinson.  Repensando la realidad, 18 may 2017

La autora ganadora del premio Pulitzer, Marilynne Robinson, pronunció las Conferencias Laing 2017 en Regent College.

Obras

Novelas

1. Housekeeping (Vida hogareña) (1980), trad.: Vicente Campos González; Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2016

Housekeeping (Vida hogareña)

Cuando nació mi primera hija sentí la necesidad de recluirme en literatura escrita por mujeres. Buscaba, ahora lo veo más claro, respuestas a las preguntas que rondaban mi cabeza. Me rodeé de mujeres porque sentí que sólo ellas podrían darme pistas que me ayudaran a descifrar el momento que estaba atravesando. Armé una suerte de refugio en esos mundos de mujeres recreados por mujeres que devoraba en busca de otras mujeres que pudieran haberse sentido tan solas y tan perdidas como yo me sentía en ese postparto. Buscaba compañía, explicaciones, una voz de aliento, o tal vez sólo buscaba una historia que me permitiera observar, desde otro lugar, el bello y doloroso momento por el que estaba atravesando. Y fue justamente en el postparto que encontré a Marilynne Robinson. Una amiga socióloga, consciente de mi búsqueda, me regaló su copia de la novela Vida hogareña (Housekeeping)* en la que Robinson cuenta la historia de una casa ubicada en un remoto pueblo Norteamericano (Idaho) y de las varias generaciones de mujeres que la habitaron. 

La novela es narrada por Ruth, una niña huérfana que, junto con su hermana Lucille, llega a vivir a esa casa tras la muerte de su madre para ser criada por una serie de mujeres que pasan por ella (abuela, tías abuelas) y terminan bajo el cuidado de su excéntrica tía, Sylvia Fisher. Vida hogareña está llena de pequeños ritos domésticos (como la reconstrucción de las historias familiares a través de las fotografías y el cepillado y trenzado del pelo en las noches antes de dormir) a los que la escritora acude para explorar la vida “puertas adentro” y los instantes que la componen. Robinson recrea un universo exclusivamente femenino, melancólico, solitario y extraño en el que examina el lugar de lo materno en el hogar, en este caso, un lugar triste, precario, vacío. Pero, más que hacer una reseña de este libro en particular, que sin duda es el que más me gusta de todas sus novelas, quisiera referirme a su obra literaria. Robinson ha escrito varios libros de ensayos y cuatro novelas: Housekeeping (Vida hogareña, 1980), Gilead (2004), Home (En casa, 2008) y Lila (2014), en las que nos ofrece historias narradas desde los marcos de las ventanas, las cocinas, las alcobas y los comedores de las diferentes casas que las hospedan. Mundos domésticos en ambientes protestantes a través de los cuales explora las tensiones familiares en torno a las creencias, el deber, el amor, la familia y el lugar de las mujeres en esa “vida hogareña”. Sus novelas dialogan de manera directa con la Biblia. Y, aunque no soy lectora de la Biblia como para dar cuenta de la sofsticación de ese diálogo, puedo leer en ellas otras cosas que me conmueven y que también las atraviesan, similar a la forma en que sus personajes se cruzan por las diferentes novelas. Robinson recorre los interiores de estos hogares con la misma delicadeza poética con la que narra las historias de sus personajes, que se pierden y se encuentran en sus propias cabezas, en sus propias alcobas. Las vivencias íntimas y cotidianas le sirven de excusa para ocuparse de temas de gran trascendencia, como la crianza, la maternidad o lo que implica el asumir ser padre. Por eso el interior de la casa le interesa tanto. Y es que el postparto no es como nos lo han vendido en las propagandas de Johnson y Johnson (por los siglos de los siglos) en los que se ven bebés redondos y rozagantes que le hacen ojitos y sonríen a sus mamás (mujeres bellas, peinadas, felices) para luego engancharse en sus pechos a satisfacer tranquilamente sus ganas de comer y caer rendidos a dormir dulcemente. En las propagandas de J&J no hay llanto, no hay angustias, no hay dolor físico (¡parir es una cosa jodida señores!), solo felicidad y placer. Y cuando una se enfrenta a esas emociones, sumadas a la falta de sueño, la inexperiencia y la soledad, la cosa puede parecerse más a una película de Roger Corman que a las propagandas aquellas que nos hacen sentir culpables por no poder ser tan felices y estar tan bien peinadas como esas mujeres. El postparto es un período duro, es un período de reconocerse mutuamente. Es un período en el que el tiempo está trocado; no hay día ni noche, solo el llanto de un bebé que pide la teta a gritos a la hora que siente que la necesita. Es un período íntimo, de primeros planos y planos detalles, de espacios cerrados y de ambientes domésticos. Por eso, tal vez, disfruté tanto la lectura de Robinson en ese momento. Acudí a las mujeres por intuición, porque estaba en busca de algo que sabía no iba a encontrar en las novelas de Raymond Chandler, Dashiell Hammett o Philip Roth. Y ese algo lo encontré en Marilynne Robinson, quien hace, desde la literatura, un ejercicio parecido al que en el cine han hecho directoras tan diferentes como Jane Campion, Lucrecia Martel y Lynne Ramsay, otras mujeres a quienes también respeto y cuyas obras también recomiendo.

 Margarita Cuéllar Barona *…me gusta cuando la gente te regala sus copias de los libros, las copias que han leído. Lo siento como un gesto de generosidad, como si se estuvieran desprendiendo de una parte del cuerpo. Por eso uno no presta libros que quiere tanto… porque siempre resulta difícil desprenderse de esos mundos. De modo que leo ese acto de desprendimiento como uno de extrema generosidad. 

 A Margarita Cuéllar Barona le gusta encontrar, en los cuentos y las novelas que lee, personajes que también se llamen Margarita. Sobrevivió a la reclusión y soledad de ese postparto en compañía de Marylinne Robinson y de otras tantas mujeres que pasaron por sus manos sin pena ni gloria, así como otras mujeres que ya la acompañaban desde hacía un tiempo y de otras a las que también llegó por ese entonces y que le siguen haciendo compañía. Mujeres como Viriginia Woolf, las hermanas Brontë, Elizabeth Bowen, Jane Austen, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Carson McCullers, Carmen Martín Gaite, Zadie Smith, Alice Munro, y, por estos días, Valeria Luiselli, Elena Ferrante, Donna Tartt, Lucía Berlin, Margarita García Robayo, Elizabeth Strout y Chimamanda Ngozi Adichie.


2. Gilead (2004) — Gilead, trad.: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté; Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010


Blog de Rosa Berros Canuria - mayo 28, 2020

   "«Sólo hay que ver cómo es este lugar —dijo—. Cada vez que un árbol alcanza un tamaño decente, llega el viento y lo abate»". Y este lugar es Gilead, un pueblo de Iowa, en la pradera; un pueblo que lleva el nombre que se da en la Biblia a un lugar en el que se puede encontrar un bálsamo milagroso que lleva la paz y la salvación a las almas que precisan de ellas en tiempos agitados. Un pueblo en medio de la pradera americana donde antes pastaban los bisontes poniendo una nota de relieve en un horizonte que ninguna otra posee, donde ahora la vista se pierde en la lejanía sin interrupciones, un lugar donde "las montañas no serían sino una impertinencia".

   El reverendo John Ames tiene setenta y siete años de los cuales ha pasado setenta y cuatro en Gilead. Su padre trató de hacerle ver que el mundo era más ancho, que él no tenía por qué ser fiel a los principios de sus antepasados, "Él me exponía las maravillas de un mundo más extenso y yo, entretanto, estaba tomando la rotunda decisión de no arriesgarme nunca a experimentarlas. «Me he dado cuenta —dijo— de que aquí vivíamos bajo los estrictos límites de unos conceptos muy antiguos y muy localistas. Quiero que entiendas que no tienes por qué ser leal a ellos»". Pero John Ames solo ha sido, durante sus setenta y siete años de vida, leal a sí mismo. Ni siquiera es lealtad al Señor cuya naturaleza está por entero fuera de esos conceptos. 

   Ante un final que presiente próximo, decide dejar a su hijo de siete años una larga carta en la que contarle episodios de sus antepasados y darle los consejos que no podrá darle en persona. Dirige la carta al hombre que será su hijo más adelante con idea de hablarle de sus orígenes, pero también de transmitirle experiencias y sensaciones acerca del presente, de ese momento en que su hijo tiene siete años y él se prepara para estar muerto. "Si cuando leas esto ya eres un hombre hecho y derecho —mi intención al escribir esta carta es que la leas entonces—, hará mucho que me habré marchado. Ya sabré casi todo lo que hay que saber sobre estar muerto, pero seguramente me lo reservaré para mí. Así parece que son las cosas". 

   No, lo único que John Ames no podrá contarle a su pequeño hijo es quizás lo más importante, lo que todos deberíamos saber, la experiencia de estar muerto, porque tal vez así nos quitaríamos los miedos y podríamos gozar más de la vida sin el temor a la muerte. John Ames es un pastor protestante cuyas únicas lecturas, y ha leído mucho a lo largo de su vida, consisten en libros religiosos. Toda su vida ha estado dedicada a llevar la paz a sus feligreses, acompañarlos en su último momento, recibirlos en el seno de la Iglesia cuando llegan al mundo, orientarlos en su caminar por la vida, preparar los sermones para cada domingo. Es un hombre sabio que ha buceado en las escrituras y en los libros de teología y filosofía religiosa de muchos hombres sabios, pero aún así, como cualquier hombre, y para eso no hay distingos entre sabios o ignorantes, lo ignora todo acerca de lo que es estar muerto. 

   En esta novela no pasa nada digno de reseñarse y sin embargo pasa todo un mundo por las almas de algunos de sus personajes, por el alma del reverendo John Ames. Empieza este relatándole a su hijo un viaje que hizo con su padre para buscar la tumba de su abuelo (bisabuelo del niño) en Kansas. Él tenía entonces doce años. Su abuelo había desaparecido de la casa familiar en la que vivía y finalmente supieron que había muerto y estaba enterrado en Kansas, en un pueblo en el que casi no quedaban habitantes, expulsados por la sequía, un pueblo cuya única razón de ser era haber sido fundado a mediados del siglo XIX por el Partido de la Tierra Libre dedicado a luchar contra la esclavitud. Su abuelo y sus amigos contaban una una historia de la que John Ames no puede dar fe de su verdad porque, según él mismo dice, entre aquellos ancianos adornar una historia no era lo mismo que faltar a la verdad. "En cualquier caso, en algún pequeño y olvidado asentamiento abolicionista de la zona, tan pronto como se instaló una tienda de suministros generales a un lado de la carretera y unas caballerizas en el otro, los vecinos empezaron a construir un túnel entre las dos. Excavar túneles era a la sazón una actividad muy popular y gran parte del ingenio se dedicaba a crear escondites y rutas de escape".

   El abuelo había luchado en la Guerra de Secesión y era un abolicionista convencido. La lucha generacional entre el padre y el abuelo del reverendo se manifestaba alrededor del concepto de guerra. El abuelo había luchado en ella por la libertad de los esclavos; la guerra para él era una especie de purificación. El padre, como reacción, iba a sentarse con los cuáqueros porque decía que el último adjetivo que podría aplicar a la guerra era el de purificadora. ¿Cómo podían las mujeres que habían perdido hijos, hermanos o marido en la guerra pensar que el mundo era más puro por ello? Pero la defección del padre se volvería contra él y la recordaría años después cuando él mismo la sufriera por parte de su hijo mayor, Edward. "Mi padre comentó una vez, en un sermón, cuánto lamentaba las ocasiones, después de la guerra, en que había ido a sentarse con los cuáqueros mientras el abuelo pugnaba por encontrar palabras de consuelo para los pobres restos de su grey".

Las luchas pretéritas entre su padre y su abuelo y entre su padre y su hermano, se alternan en la larga carta del pastor con los hechos del momento. Con la visita de Jack Boughton a su padre, el reverendo Boughton, amigo de la infancia de John Ames. Jack guarda un secreto que no se atreve a confesar a su padre, enfermo y tan moribundo o más que John Ames. Jack cautiva al hijo y a la esposa del pastor quien teme la amenaza que el hombre puede suponer para ellos cuando él ya no esté. 

   Para John Ames, su esposa Lila y su hijo son la bendición que ya no esperaba. El pastor estuvo casado de muy joven y tuvo una hija, pero madre e hija murieron en el parto. El resto de su vida ha estado solo y ya rondaba los setenta años cuando apareció Lila en su vida para llenarla de color y de las risas de un niño con el que ya no contaba. "Nunca creí que vería a una esposa mía idolatrando a un hijo mío. Todavía me asombra cada vez que lo pienso. Escribo esto, en parte, para decirte que si alguna vez te preguntas qué has hecho en tu vida, y todo el mundo se lo pregunta en un momento u otro, sepas que has sido para mí la gracia de Dios, un milagro, algo más que un milagro. Tal vez no me recuerdes muy bien y quizá no te parezca gran cosa haber sido el hijo querido de un viejo en un pueblecito de mala muerte que, sin duda, habrás dejado atrás. Ojalá tuviera palabras para expresarme".

   Para mí, totalmente ajena a la religión, tan ajena que más que atea me considero agnóstica en el sentido de que el tema no me interesa ni siquiera para negarlo, este libro tan lleno de santas escrituras, preceptos sagrados y designios del Señor encierra una belleza que trasciende lo que pueda ser la religión. Hay mucha sinceridad en las páginas de esta novela, mucho humanismo, mucho escarbar en las propias contradicciones, en los propios defectos que se desearía ver convertidos en virtudes. Todo eso me cautiva. Los escritos de John Ames a su hijo, están llenos de verdad, de amor a los demás y a la naturaleza en la que se vive. "No te estoy diciendo que nunca tengas dudas o que no te hagas preguntas. El Señor te dio un intelecto para que hicieras buen uso de él. Lo que digo es que debes tener la certeza de que esas dudas y preguntas son cosa tuya y no, por así decirlo, el bigote y el bastón que están de moda en un momento determinado".

   No sé la postura de Marilynne Robinson hacia la religión. No me importa. He leído tres de sus novelas y son tan fascinantes y están tan llenas de vida, que lo que me transmiten trasciende el hecho religioso. "Lila", aun escrita varios años después de "Gilead", nos lleva a un tiempo anterior, el tiempo de la infancia y juventud de Lila hasta llegar a Gilead y encontrar el amor y la estabilidad con el pastor John Ames, aunque no terminemos de verla muy convencida. "Vida hogareña" se aleja de Gilead y de los personajes que ya conocemos. Más que alejarse, es que aún no se ha acercado, porque es la primera novela de su autora, escrita veinticuatro años antes de "Gilead", la siguiente. Y aunque es la primera, nada haría sospecharlo, porque en ella ya se ven las características que han hecho de Marilynne Robinson una de las autoras más interesantes y completas de cuantas han caído en mis manos. Es la primera, pero ya fue nominada al Premio Pulitzer que finalmente obtendría por "Gilead".

   Puede que no sea una autora para cualquiera y "Gilead" en especial puede resultar árida o demasiado intimista y con poca acción, pero el placer de ir descubriendo todas sus vueltas y matices es toda una experiencia que no querría haberme perdido. 

Grant Wood "The Birthplace of Herbert Hoover" (1931)

Título del libro: Gilead
Autora: Marilynne Robinson
Nacionalidad: Estados Unidos
Título original: Gilead
Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté
Editorial: Galaxia Gutenberg
Año de publicación: 2011
Año de publicación original: 2004
Nº de páginas: 276


3. Home (2008) — (En casa), trad.: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté; Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2012

"En casa" Marilynne Robinson

Nacionalidad: Estados Unidos

Título original: Home

Traducción: Montserrat Gurguí Martínez de Huete y Hernán Sabaté Vargas

Editorial: Galaxia Gutemberg

Año de publicación: 2014

Año de publicación original: 2008

Nº de páginas: 368


Blog de Rosa Berros Canuria - junio 19, 2021

«–¡En casa para quedarte, Glory! ¡Sí! –dijo su padre, y a ella se le cayó el alma a los pies. Él intentó acompañar sus palabras con un brillo de alegría en la mirada, pero tenía los ojos húmedos de conmiseración–. ¡Para quedarte una temporada, esta vez! –rectificó y le cogió la bolsa, cambiando antes el bastón a su mano más débil. Dios bendito, pensó ella, Dios bendito que estás en los cielos. Últimamente, así empezaban y terminaban todas sus plegarias, que eran en realidad exclamaciones de asombro. ¿Cómo podía estar tan frágil su padre?». La casa está en Gilead, Iowa, que es el escenario de un ciclo de novelas titulado así, Gilead. Son cuatro las novelas del ciclo aunque yo solo he leído las tres primeras. En todas salen los mismos personajes, aunque el protagonismo vaya saltando de unos a otros en las distintas entregas. También se salta en el tiempo, pero no importa. Todo ello hace que sea indiferente el orden de lectura. Nos vamos encontrando con los Ames y los Boughton en distintos momentos de sus vidas, pero aparte de los personajes que coinciden las historias se pueden leer de forma independiente.

   Yo empecé por la tercera en publicarse, Lila, que, sin embargo, es la más antigua en la cronología de los hechos que narra. Continué por la primera, Gilead, en la que los protagonistas son los Ames, aunque ya aparezcan con mucha frecuencia los Boughton, una familia amiga. Traigo aquí ahora En casa que es la segunda entrega, en la que el protagonismo pasa a los Boughton para narrar hechos que ya habíamos visto en Gilead, pero desde otro punto de vista, de manera que tampoco importa el orden de lectura. No obstante, dado lo maniática que soy para el orden de  las series, si queréis saber por qué empecé por la tercera entrega en este caso, lo explico en la reseña de Lila, al final. También explicó la historia de una portada maravillosa. 

   Los Boughton fueron una familia numerosa y feliz. Cuatro chicos y cuatro chicas traviesos y escandalosos, pero respetuosos con sus padres y con las enseñanzas religiosas que, sobre todo el padre, pastor presbiteriano, ha intentado inculcarles. Ahora ya todos están fuera de casa y la madre ha muerto, por lo que el Reverendo Boughton vive solo esperando las visitas de sus hijos y nietos y compartiendo partidas de damas y conversaciones teológicas con John Ames, vecino, amigo de la infancia y pastor Congregacionalista.

   Pero la soledad del reverendo Boughton parece haber llegado a su fin. Su hija Glory, la más pequeña de todos,  ha llegado y parece ser que es para quedarse. Glory arrastra un secreto que iremos sabiendo; sueños que han quedado sepultados ante una realidad muy distinta. «Había soñado con una casa de verdad para ella y los niños y el novio, un hogar muy distinto de aquel tabernáculo de probidad y buenas intenciones, bueno y bendito y pomposo y opresivo, que era la casa de los Boughton. Sabía, lo había sabido desde hacía años, que no abriría nunca ninguna puerta de aquella casa, que no cruzaría nunca aquel umbral, que no cogería nunca en brazos a un hermoso niño, ni se lo pondría en la cadera, ni lo notaría pegarse a su pecho y mirar el mundo desde su regazo, con la satisfacción de la confianza absoluta. En fin…»

   También Jack anuncia su visita. Jack es el hijo pródigo. Lleva veinte años sin aparecer por casa. Ni siquiera acudió para el funeral de la madre, aunque descubriremos que tenía sus motivos. En el pasado hubo un turbio asunto, del que ya supimos en Gilead y del que iremos conociendo más detalles. Parece que el destino ha marcado a Jack desde pequeño. Por mucho que intente hacer bien las cosas, estas se tuercen. Entre sus felices hermanos y hermanas él siempre fue la nota discordante.  «Ellos eran todo lo felices que su padre podía desear, incluso más. ¡Qué regocijo! Y su padre se reía de todo ello, bailaba con ellos al son del fonógrafo, cantaba con ellos en torno al piano. ¡Eran una familia tan maravillosa! Y Jack, si acaso estaba presente, los contemplaba y sonreía y no participaba en nada de nada».

   Sí, Jack ha sido siempre el contrapunto a una familia feliz, de niños felices, educados y buenos. Sus delitos y calaveradas se fueron sucediendo para disgusto de sus padres y hermanos, pero ahora anuncia su vuelta y su padre, dejando de lado su ilusión por todos sus hijos y olvidando que Glory ha llegado para instalarse en la casa, solo tiene en su mente el regreso del hijo pródigo, la vuelta del descarriado, que finalmente, tras hacerse desear, termina llegando y llenando a su padre de alegría, aunque también de perplejidad y de temor, porque Jack siempre parece en disposición de desaparecer de nuevo. Jack se siente fracasado en todo, incluso en su vida de fracasado «Fracasé en la mala vida. Pero no fue por falta de… aplicación.» Ahora vive pendiente de, tal vez, la última ilusión, pero parece que no termina de llegar.

   Glory, por su parte, siente que ha perdido un tanto del protagonismo que había adquirido en la vida de su padre tras su propia vuelta a casa. Pero es que ella tan solo ha estado fuera trabajando de maestra. Ha vuelto a casa siempre que era preceptivo, al igual que sus hermanos, nunca ha estado desaparecida. Glory no es una hija pródiga ni se ha hecho desear. Ahora la llegada de Jack la deja en un segundo término. «La plegaria correcta habría sido, Señor, mi hermano me trata como si fuera una hostil forastera, es como si mi padre me hubiese dejado de lado, siento que aquí, en el lugar que creía que sería mi refugio, no tengo sitio, soy desgraciada y mi corazón está amargado y en mí se alzan de nuevo esos viejos miedos y, haga lo que haga, las cosas empeoran.» Tal vez esa fuera la plegaria correcta, pero Glory no está dispuesta a compadecerse de sí misma por lo que enseguida cambia en tono de su petición para solicitar «paciencia, tacto, comprensión, cualquier virtud que la mantuviera a salvo de los conflictos que a buen seguro la herirían, cualquier virtud que, cuando menos, la ayudara a conservar, por el amor de Dios, una apariencia de dignidad».

   En casa es una novela magnífica, como todas las que he leído de la autora. Profundas reflexiones, diálogos complejos en los que se insinúa más de lo que se cuenta, pero en los que todo queda contado a poco que una se fije. Los personajes tienen tantos matices que ante nosotros despliegan la sutil variedad de sentimientos que esconden y que muestran. Son personas de carne y hueso con todas sus miserias y grandezas, contradicciones y coherencias, dolor y gloria. La religión está presente como en casi todos los libros de Marilynne Robinson. No podría ser menos siendo algunos de sus protagonistas pastores de distintas iglesias protestantes de Estados Unidos. Pero una religión estricta que nada tiene que ver con la católica. Una religión en la que el hombre se entiende directamente con Dios, a él tiene que solicitar el perdón de sus pecados y no siempre va a conseguirlo. 

   Ambientada en la década de los cincuenta, se menciona el problema del racismo y los conflictos que las primeras exigencias de los negros por su igualdad empiezan a tener lugar en el país. La postura del reverendo Boughton y de Jack son diametralmente opuestas. La del padre condescendiente y conservadora, aunque con la caridad cristiana que se le exige: «No tengo nada contra las personas de color, pero creo que, si quieren ser aceptadas, tendrán que mejorar»; la del hijo abierta y sin concesiones: «He conocido a muchos negros buenos que son más respetables que yo».

   No se trata de una novela entretenida de las que se pegan a las manos. Ninguna de las de la autora lo es. Al menos no se pega por su facilidad y trama trepidante. Nada hay de sencillo o de apasionante en esta historia. Nada... salvo ver a unos personajes luchando por sobreponerse a sus desilusiones y por no desilusionar demasiado a los demás. Sí, pensándolo bien, creo que es una novela apasionante. Lo es para mí al menos.


4. Lila (2014) — Lila, trad.: Vicente Campos González; Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2015

LILA - MARILYNNE ROBINSON

Editorial: GALAXIA GUTENBERG. Año de edición: 2015

Sinopsis

   Lila, de cuatro o cinco años, malvive en una casa de obreros inmigrantes en algún punto del Midwest de la década de 1920. Nadie parece preocuparse mucho por ella. Pasa el tiempo acurrucada bajo una mesa hasta que rompe a llorar y alguien la manda fuera de la casa. Un anochecer, una mujer llamada Doll se lleva a Lila. Sobreviven uniéndose a una banda de trabajadores nómadas en busca de empleo mientras el país se sume en la Gran Depresión. Pasan los años y para Lila la felicidad sigue siendo algo extraño. Doll ha desaparecido de su vida sin saber cómo y ella sigue su deambular, preguntando casa por casa si alguien tiene un trabajo para ella. Un día, para guarecerse de una tormenta, entra en una iglesia del poblado de Gilead mientras el reverendo John Ames pronuncia su sermón. Con el vestido mojado, los ojos tristes, Lila no había nacido para ser una mujer bella. A pesar de la diferencia de edad y de condición, Lila y el reverendo Ames vivirán una historia de amor como un milagro repentino e inexplicable. Lila huye de un pasado itinerante y brutal, y el reverendo recupera el sentido del amor cuarenta años después de la muerte de su primera mujer. Lila es la tercera novela protagonizada por los habitantes de Gilead en Iowa, junto a Gilead y En casa publicadas en español por Galaxia Gutenberg en 2011 y 2013. Y con ellas, Marilynne Robinson se ha convertido ya en un clásico viviente de la literatura contemporánea.


No ficción

Mother Country: Britain, the Welfare State, and Nuclear Pollution (1989)

The Death of Adam: Essays on Modern Thought (1998)

Absence of Mind: The Dispelling of Inwardness from the Modern Myth of the Self (2010)

When I Was a Child I Read Books: Essays (2012)

The Givenness of Things (2015) 

Premios y reconocimientos

  • ·       Hemingway Foundation/PEN Award 1982 por Vida hogareña.
  • ·       PEN/Diamonstein-Spielvogel Award for the Art of the Essay por The Death of Adam.
  • ·       Premio de Círculo de Críticos 2004 por Gilead.
  • ·       Premio Pulitzer 2005 por Gilead.
  • ·       Premio Grawemeyer de Religión 2006 (Universidad de Louisville).
  • ·       Finalista del Premio Nacional del Libro 2008 por En casa.
  • ·       Premio del Libro 2008 de Los Ángeles Times por En casa.
  • ·       Premio Orange 2009 por En casa.
  • ·       Premio de Círculo de Críticos 2014 por Lila.
  • ·       Premio Park Kyung-ni 2013.


La escritora que Obama cita en sus discursos

MARC BASSETS | 29-02-2016 

Con cuatro novelas y cinco ensayos, Marilynne Robinson está reconocida como una de las grandes autoras contemporáneas en Estados Unidos



Marilynne Robinson.ALEC SOTH

ENTREVISTA

Tus escritos me han cambiado fundamentalmente. Y creo que para mejor, Marilynne”, le dijo en 2013 Barack Obama cuando le entregó la Medalla de Honor de las Humanidades en la Casa Blanca. Y el pasado septiembre, el presidente de Estados Unidos la entrevistó para la revista The New York Review of Books. La obra de Marilynne Robinson (Sandpoint, Idaho, 1943) es exigua. Cuatro novelas –Vida hogareña, Gilead, En casa y Lila: las tres últimas ubicadas en un pueblo de Iowa y protagonizadas por pastores protestantes y sus familias– y cinco libros de ensayo. Robinson es una mujer risueña y serena, sin gota de cinismo. Parece maravillarse a cada minuto ante el mundo. Nos recibe en el luminoso despacho del Iowa Writers’ Workshop, en Iowa City (Iowa), el legendario taller de escritores en el que da clases desde finales de los años ochenta. Aquí han enseñado y estudiado clásicos de las letras estadounidenses, desde Flannery O’Connor a John Cheever, pasando por Raymond Carver o John Irving. 

Pregunta: ¿Cómo aprendió a ser escritora? 

Respuesta: Redactaba mis cosas cuando era pequeña y leía mucho. En la Universidad, tomé clases de escritura creativa, cuatro semestres que fueron de enorme ayuda para mí.

P: ¿Qué aprendió? 

R: Aprendí, en primera instancia, de John Hawkes, un escritor que murió hace 10 o 15 años y fue muy prominente en su generación. Me enseñó a ser consciente de cuándo escribía bien y cuándo no. Me hizo sensible a mi propio estilo. Era bastante severo: odiaba que escribieses mal. Yo no uso elogios ni críticas tan extremos como él, pero me fue muy útil. 

P: ¿Usa este método con sus alumnos? 

R: A veces le pregunto al alumno cuál es la mejor parte de su historia, el mejor párrafo, el mejor diálogo. Es para que el escritor vea qué es lo que hace bien: esto es lo más importante que puede hacer un escritor. Debes aprender a sintonizar con tu frecuencia. No puedes ser imitativo. Lo que la gente elige como lo mejor de su historia es lo más individual. Un buen escritor no se confunde con otro escritor. 

P: Usted da un curso ahora sobre el Antiguo Testamento. ¿Qué aprenden los alumnos? 

R: Primero, descubren qué es. Los que tienen una educación religiosa conocen los 10 mandamientos y esas cosas, pero en términos de cómo funciona el relato bíblico como texto literario, para ellos es una revelación.

P: ¿Desde el punto de vista del estilo? 

R: Sí, y en la forma. La Biblia es muy autorreferencial. Con frecuencia toma prestado lenguaje de escritores anteriores. Es muy interesante para los escritores. O las comparaciones entre el Antiguo Testamento y la escritura contemporánea de Oriente Próximo, de Babilonia por ejemplo. Se trata de leer textos con atención.

P: ¿Por qué elige el Antiguo Testamento para su curso? 

R: Ayer hablé del libro de Job, que es enormemente influyente en Moby Dick. Cuando lees el libro de Job, y ves la poesía en el contexto al que alude Melville, lo entiendes con una profundidad que de otra manera no podrías entender.

P: ¿Qué otros cursos tiene previsto dar? 

R: El hecho es que me retiro después del próximo trimestre. Mi vida se ha vuelto tan complicada que no puedo enseñar y hacer el resto de cosas con las que me he comprometido. Después de todos estos años, 26 o 27, debo abandonar este edificio. 

"Nunca he visto a nadie con tanta confianza en sí mismo como Obama"

M. Robinson

P: ¿Por qué se ha complicado su vida? 

R: Me he comprometido a dar ocho clases en Cambridge en los próximos dos años: serán otro libro. Además, de forma extraña, me he implicado en política. Nunca pensé que lo haría. Pero surgen cosas que no puedes ignorar. Y también quiero escribir otra novela.

P: Dice que se implica en la política. ¿Cómo? 

R: En parte es consecuencia de que mis últimos ensayos llamasen la atención del presidente Obama. Gran parte de mi escritura de no ficción es bastante política. Me piden que escriba sobre cuestiones contemporáneas, incluso sobre el diario de ayer, y a veces pienso que debo hacerlo. 

P: ¿Ve una conexión entre sus novelas espirituales, sus clases sobre el Antiguo Testamento y la política actual? 

R: Cualquier persona con sensibilidad religiosa, con inclinaciones humanistas, debe tener en cuenta que la política tiene un impacto profundo en nuestras vidas.

P: ¿Cómo es ser entrevistada por el presidente de Estados Unidos? 

R: No podría haber sido más cordial, muy amable. Nunca me he sentido tan bienvenida por nadie. Es un don que él tiene. Ojalá pudiera hablar con él cada día. Fue una conversación amable, sustancial, simpática. 

   Es inusual, un presidente, de EE UU o de cualquier otro país, tan versado en literatura, filosofía… No lo hemos apreciado adecuadamente. Gente que le conoce de verdad le compara con Jefferson. Y creo que es una comparación adecuada.

  Es un intelectual. Sí. Tiene tanta confianza en sí mismo que su intelectualismo carece de los manierismos que pueden resultar repelentes a veces. No es que sepa tanto de él, pero he conocido a muchos intelectuales en mi vida y nunca he visto a nadie tan confiado sin caer en la autosatisfacción. Cuando le dices algo en lo que no ha pensado, lo aprecia. 

   Puede ser un problema ser tan intelectual en la Casa Blanca, ver todos los lados de un problema. Los presidentes deben decidir a veces, no analizar tanto. Quizá sí, quizá no. ¿Sabe? Ya hemos tenido a presidentes decididos. Pensar es una actividad saludable para un presidente de EE UU. Y es escritor. Sí, y bueno. 

Marilynne Robinson


   Ha pasado en poco más de una década de ser una autora de culto, conocida en círculos reducidos, a figurar en el panteón de los grandes de la literatura contemporánea estadounidense. En silencio, lejos del ruido y los focos de la industria cultural, ha construido una obra muy personal, ensayos y novelas que no se parecen a nada, casi anacrónicos. O mejor: arcaicos o intemporales. Por los temas: la religión y la espiritualidad. Y por el estilo y tono: seco, meditativo, casi calvinista, como ella. Tuvo un debut sonado en 1980 con una novela, Vida hogareña, aplaudida por la crítica. Pero tardó 25 años en regresar a la literatura de ficción con Gilead, que supuso su consagración definitiva y le valió un Pulitzer. 

¿Cómo describiría su manera de ser cristiano? Conozco su pensamiento religioso porque vengo del mismo entorno. Es difícil de describir. Está muy centrado en lo humano. Queda claro en su política exterior y en otros ámbitos. En la medida de lo posible actúas con reverencia ante cualquier otro ser humano. Es una tragedia terrible que esté atrapado en esta situación bélica. Pero en mi tradición religiosa, en mi cristiandad, el mundo en sí mismo es una revelación. No se dice: “Esto es profano y esto es religioso”. Todo cabe bajo el mismo paraguas. La pregunta es: ¿qué aprendes de ello?, ¿qué ves?, ¿qué descubres? Es la idea de que Dios está implicado intrínsecamente en todas las vidas, en todos los seres. Cuando encuentras a otro ser humano, asumes que es Dios planteándote una pregunta. ¿Qué quiere Dios de esta situación? Y hay que recordar que Dios es tan leal a la persona con la que te encuentras, incluso con tu enemigo, como lo es contigo. Se trata de una visión del mundo basada en un cuestionamiento abierto, en la idea de que el mundo es sagrado, de que Cristo define el comportamiento que es humano, humanamente deseable, de que hay motivos profundos para la confianza. Es una especie de espiritualismo de este mundo, muy intenso, casi un misticismo. Mucha literatura americana viene de aquí: Dickinson, Thoreau, Emerson, Melville. Es muy distinto de la cristiandad de Fox News, para entendernos. 

   Esta religiosidad nos suena exótica a muchos europeos. Quizá, no lo sé. Visité recientemente tres países europeos, Suecia, Holanda y España, que se declaran aconfesionales y la gente está interesada en las cuestiones religiosas. Puede ser que la cultura religiosa haya dejado de ser axiomática en las vidas de estos países, uno luterano, otro calvinista y otro católico. Ahora, quizá sea porque yo voy con este signo: “Persona interesada en la teología”, pero la gente no deja de hablar de estos temas conmigo y dan la impresión de lamentar no haber podido abordar las preguntas clásicas que ha tratado la religión. No creo en esta cuestión de la secularización, creo que es más complejo. 

   Me cuesta imaginarme a un escritor español escribiendo sobre un cura en un pueblo castellano hoy, como el pastor de su novela Gilead en Iowa. No creo que nadie hubiese creído que alguien iba a escribir libros como los míos hasta que yo lo hice. Se lo digo siempre a mis alumnos: “Si no encontráis el libro que queréis leer, escribidlo. No penséis que os está prohibido porque no es convencional”. La gente intenta no ser común, pero lo hace llevando lo normal hacia otras direcciones. Hay todo tipo de cosas sobre las que escribo que, por el motivo que sea, la cultura del momento soslaya.

  ¿Escribió sus libros así, pensando: “Esto es lo que quiero leer” y olvidándose de las convenciones, de la innovación? Exacto. Así es. Empecé a escribir Gilead después de un cuarto de siglo sin escribir ficción. A priori, si hubiese llevado a un agente la historia de un hombre mayor muriendo en Iowa en 1956 y le hubiese dicho que tengo esta idea para una novela, me habría contestado: “Quizá podrías encontrar algo más interesante”. Pero debes escribir el libro primero, y después descubrir si hay lectores o no. Esto no puede anticiparse. 

   ¿Cómo explica el éxito de Gilead y de sus otras novelas? El libro que yo quería leer resultó ser el libro que otras personas querían leer. Una de las cosas interesantes es que está localizado en un lugar y un tiempo muy concreto. Es muy americano, en el corazón del Medio Oeste. Pero está traducido al persa, al griego, al rumano. Muchas personas tienen intereses metafísicos aunque no los llamen teológicos. Las personas tienen padres, hijos. El hecho de que se centre en un pueblo y en una familia lo hace significativo a personas que lo leen en árabe. 

   Es universal. Ciertas cosas son universales. Una es que afrontamos nuestra mortalidad. Otra es que vivimos en un mundo particular, con olores característicos, ciertos tipos de luz diurna.

    El paisaje de Iowa tiene algo espiritual: la llanura, las colinas sin fin. Es casi místico. Sí, lo es. Ves estos campos tan bellos, y las casas con nubes de árboles alrededor, que se explican porque el calor en verano es terrible. Me conmueve. Y el cielo parece tan grande y activo. 

   Su texto sobre el miedo en EE UU [‘Fear’, incluido en el último volumen de ensayos, The Givenness of Things] parece escrito ahora, después del atentado en San Bernardino (California) [murieron 14 personas el 2 de diciembre de 2015]. Mañana vamos a ver a Donald Trump en Davenport. Hubo malos candidatos en las pasadas elecciones. Él toma aquello y lo exagera. Me gustaría saber cómo es la gente que va a verlo. Me pregunto si a tanta gente le interesa él como político y cuántos van para ver si su cabello sale volando al viento o algo así. Pero es muy alarmante ver cómo la gente cae ante efectos políticos tan baratos cuando, si en algún momento debemos ser serios sobre lo que hacemos, es ahora.   

   ¿Es pesimista sobre su país? No, no puedo serlo. Cuando vives en el campo, ves el trabajo de la gente, a qué aspira y piensas: “Es impresionante”. Y después tenemos esta extraña subcultura de gente politizada, que parece infiltrarse cuando nadie mira, y es muy difícil establecer una conexión entre la vida que ocurre sobre el terreno y todo este sinsentido alocado que ocurre ahora en la superficie. Hablábamos de Obama: fue elegido dos veces, no es un logro menor. Debemos tomarlo como un indicador de solvencia: los americanos son capaces de reconocer, por encima del ruido, quién debería ser presidente.

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    Aunque un servidor se considera a veces agnóstico, a veces ateo, según sopla el viento de este ajetreado mundo, y no me refiero al viento ni al tiempo meteorológico, respeto mucho a las personas que, con profundas convicciones religiosas, expresan sus ideas de una forma tan honesta y libre como Marilynne Robinson. A modo de ejemplo quiero terminar esta entrada con una frase de la autora oriunda de Idaho, pero ciudadana americana y del mundo que ya citó mi admirada Irene Vallejo al inicio de su brillante obra "El infinito en un junco":

   "Me gustaría imaginar lo pasmado que se quedaría el bueno de Homero, quienquiera que fuese, al ver sus propias epopeyas en las estanterías de un ser tan inimaginable para él como yo, en medio de un continente del que no se tenía noticia".

MARILYNNE ROBINSON, Cuando era niña me gustaba leer

 (Petrus Rypff)


CUANDO ERA NIÑA ME GUSTABA LEER




Marilynne Robinson, autora de cuatro de las mejores novelas publicadas en lengua inglesa en las últimas décadas, Vida hogareña, Gilead, En casa y Lila, se considera a sí misma, sin embargo, como una ensayista. Tras publicar sus novelas, Galaxia Gutenberg emprende con este volumen la publicación de su obra ensayística. Cuando era niña me gustaba leer incluye una selección, aprobada por la autora, de sus dos libros de ensayo más recientes: When I was a child I read books (2012) y The Givennessof Things (2015). En este libro, Marilynne Robinson analiza la situación de su país, Estados Unidos, y los riesgos cada vez mayores y reales de que pierda todo aquello que le ha dado prosperidad, estabilidad y dinamismo, a la vez que construía una población cuyos orígenes son cada vez más diversos. También aborda la situación de la libertad de pensamiento en nuestros días, hace una crítica feroz de la austeridad como ideología económica, expone la religión como una realidad insoslayable en todas las sociedades.


EPÍLOGO MUSICAL: La Robinson de la canción de Simon and Garfunkel que aparece en la película El graduado, no  tiene nada que ver con Marilynne, la escritora, pero me apetece introducir aquí el audio; cosas mías...

Petrus Rypff

Mrs. Robinson [Simon & Garfunkel] Subtitulada en español


Mrs. Robinson - Simon & Garfunkel - Lyrics

Scenes from a Movie - The Graduate (1967)

Simon & Garfunkel - Bridge over Troubled Water (from The Concert in Central Park)

El director Mike Nichols quería que su película El Graduado (The Graduate, 1967) contara con algunas canciones del dúo. Ellos compusieron dos que el director rechazó y finalmente le enseñaron "Mrs. Robinson" (que en un principio era "Mrs. Roosevelt").

La canción se escuchó por primera vez brevemente en la película y posteriormente se publicó en el álbum Bookends en 1968. Logró un gran éxito, alcanzó el número uno del Billboard Hot 100 en los Estados Unidos y llegó a ser versionada por Frank Sinatra.

Foto: Anne Bancroft (quien interpreta a la señora Robinson en El Graduado), nada que ver con Heike R., jejé.

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