lunes, 27 de septiembre de 2021

EL ÚLTIMO ADIÓS (EN LA ESTACIÓN). OTRAS HISTORIAS DE TRENES

 

EL ÚLTIMO ADIÓS (EN LA ESTACIÓN)


   El reloj de la estación marcaba las nueve y siete minutos. El frío de diciembre acompañaba una noche que amenazaba lluvia y la tibia luz de una farola añadía pinceladas de tristeza a la escena. En el solitario andén, sólo Mario tenía motivos para esperar al tren.

   Las circunstancias le obligaban a marcharse, a dejar atrás todo lo que le importaba, sus padres, hermanos, amigos, su trabajo, y por supuesto, también a María.

   ¿Cómo era posible que una noche tan serena pudiese preceder a un día tan turbio? 

  Las últimas noticias recogidas en el periódico local no eran muy halagüeñas, la situación en la capital se había vuelto muy tensa y era cuestión de días, quizás horas, para que los acontecimientos se precipitasen sin remedio. Pocos días antes había recibido una carta certificada, con aires de solemnidad, en la que se le instaba al “reclutamiento obligatorio en la capital, para servir con honor a su patria en el inminente conflicto internacional” que todos temían.

   En medio de la penumbra y de la tensa calma que precede a las grandes catástrofes, aguardaba a ese tren maldito, deseando con todas sus fuerzas que finalmente no apareciese. Apenas faltarían un par o tres de minutos.

   Se le pasó por la cabeza la idea de huir, desertar, dejar en ese mismo lugar la maleta, correr a casa de María, proponerle matrimonio y escapar juntos a un lugar donde no pudiesen encontrarles. Pero se preguntó si esa era la vida que quería ofrecerle, y admitió que ella no se merecía eso.

    Ni siquiera tuvo valor para decirle que tenía que marcharse. Quedó con ella esa misma mañana y tras pasar el día juntos la llevó a casa, citándola para el día siguiente, a sabiendas de que no acudiría. Dejó, sin embargo, una nota en su buzón, explicándole los motivos por los que tenía que irse.

  Volvió entonces a casa, recorriendo lentamente las estrechas y empinadas calles del pueblo, observando cada casa, cada balcón con sus geranios, cada portal y cada ventana, tratando de memorizar cada tejado y cada esquina. Quería acordarse de todas esas cosas cuando estuviese muerto de miedo en una trinchera bajo fuego enemigo, quería recordar las caras de los vecinos entre los que había crecido, el aire puro del campo, el olor del pan recién horneado, el tacto frío de la hierba, el sonido de las piedras saltando sobre el agua y las campanas de la ermita de San Vicente.

   Evocó con nostalgia sus primeras correrías por esas calles, los juegos en la plaza, el camino a la escuela, los recados de su madre, los paseos en bicicleta y las tardes con María, cuando los dos se tumbaban junto al río, trazando con su imaginación un futuro lleno de felicidad. Saboreaba aún esos momentos en su interior cuando un miedo repentino le hizo percatarse de que era posible que ésos fueran sus últimos pasos por esas calles.

   Su mirada perdida en el difuminado horizonte, sobre el que proyectaba sus recuerdos, se cruzó de repente con un lejano destello que fue creciendo hasta cegarle. Había llegado la hora, el tren se acercaba a gran velocidad. Como si del final de una triste película se tratase, la lluvia se unió a la despedida, formando un muro de agua, como queriendo detener el avance impetuoso del tren. Pero no fue suficiente, el convoy se abrió paso sin dificultad y comenzó a reducir su velocidad según se fue acercando a la estación.

   No se preocupó de abrir su paraguas, quería disfrutar por última vez de esa lluvia purificadora, escuchar su monotonía y sentir la caricia de las gotas sobre su piel.

   El tren se detuvo finalmente, Mario recogió su equipaje, caminó hasta la puerta y subió los escalones, buscó asiento junto a una ventana y se dejó caer sobre él. El vagón estaba casi vacío y las pocas personas que había en él pasaron inadvertida su presencia. Dirigió su mirada hacia la estación deseando que todo aquello fuese un sueño para acabar despertando entre sudores de pesadilla, sin embargo, podía escuchar su respiración nerviosa y su corazón agitado por el miedo y la incertidumbre, confirmándole que ese momento era real como la vida.

   Entonces vio una sombra que se fue transformando en silueta y que corría desesperadamente por el andén, mirando a través de las ventanas de cada vagón. Pensó que sería algún viajero que estaba a punto de perder el tren, pero cuando estuvo más cerca, observó con asombro que esa pequeña figura, resguardada de la lluvia con una simple chaqueta sobre sus hombros, era María. Seguramente habría encontrado la nota que él le había dejado y habría salido corriendo, impulsada más por su corazón que por sus piernas, sin importarle ni la tormenta ni el frío, en busca de una última mirada, una última palabra y un último beso.



   Mario se puso en pie de un salto y golpeó la ventana para llamar su atención. Ella se detuvo al otro lado del cristal y fijaron sus miradas. Sus lágrimas se confundían entre las gotas de lluvia, que resbalaban besando sus mejillas. Hubiera querido bajarse y rodearla con sus brazos, pero en ese instante, el tren comenzó a avanzar lentamente, reanudando la marcha. 



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OTRAS HISTORIAS DE TRENES


Risky Business (1983, Negocios arriesgados) - Tangerine Dream "Love on a Real Train" - Music Video.


La chica del tren (película completa en español)

Si las películas fueran como los libros, serían larguísimas. Mejor si la ven,  yo sentí como si estuviese viendo un resumen muy apretado de la historia  y si quieren saber más, lean el libro; es más emocionante. No hay nada como leer un libro. Qué bien que Rachel se pudo recuperar, era la mejor de todas y la que más sufrió. A pesar de todo, ¡excelente película! Muy claro el mensaje para quienes entendemos el perfil psicológico de un perverso narcisista.

(Petrus Rypff)

   Si hablamos de estaciones, nos viene a la memoria la escena final de Shanghai Express (1932, El expreso de Shanghai), de Josef von Sternberg, cuando, en medio del barullo de la estación, Shanghai Lili y el capitán Donald transforman un adiós en un amor eterno. Otro clásico es Stazione Termini (1953) de Vittorio de Sica, en la que toda la acción transcurre en la estación donde Mary duda entre regresar a América con su marido o quedarse en Roma con Giovanni. Y, por supuesto, hay que referirse a Brief Encounter (1945, Breve encuentro) de David Lean entre muchísimas más.


Shanghai Lil

Marlene Dietrich as Shanghai Lily in Josef von Sternberg's

 "Shaghai Express" (1932)

Artista: Gene Kardos & His Orch. Álbum: Gene Kardos & His

 Orch. - Canción: Shanghai Lil, 1933


Shanghai Express- Ada

A story about Magdalen (Marlene Dietrich) and Hui Fei (Anna May Wong) from the 1932 film "Shanghai Express" de Josef von Sternberg

Canción: Ada - The National - Álbum: Ada - Compositores: Aaron Dessner, Matt Berninger



"Shaghai Express" (1932)

Dishonored - Josef von Sternberg retrospectief 31-3 t/m 24-4 Eye Film Instituut Nederland



Breve Encuentro (1945) Escena final.

Director: David Lean. 

El azar hace que un hombre y una mujer, ambos de edad madura y casados, coincidan en una estación de tren. Su inicial amistad pronto se convertirá en un amor tan intenso como prohibido.

https://www.youtube.com/watch?v=ZpJE-XmV-mM

Breve Encuentro (1945) - Director: David Lean. (Completa en español)



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