domingo, 26 de septiembre de 2021

EL LADRÓN DE PALABRAS. SI LEES TE EVADES, IMAGINAS...VIVES

 

EL LADRÓN DE PALABRAS


   Manuel miró al final del pasillo que se abría entre las estanterías para comprobar que don Máximo seguía recostado en su butaca detrás del mostrador. Con una revista de cine entre sus piernas y las gafas de cerca, con diseño a lo John Lennon, a punto de precipitarse del borde de su nariz, había dado ya el pequeño salto que convierte las historias de papel en películas de sueño.

   Don Máximo era uno de esos hombres que cuando enviudan se vuelven ásperos e introvertidos. Todos decían que su mujer era una santa y que su muerte repentina había destrozado la vida de su marido, antaño maestro de escuela en un pequeño colegio de un pueblucho de interior. Tuvo que abandonar la docencia a raíz de sufrir un ictus que le dejó medio tullido. Las malas lenguas le relacionaban con negocios de trastienda y borracheras; otros decían que simplemente estaba majareta y su mala fama dejó su librería casi sin clientela. Pero lo cierto es que era simplemente un anciano solitario, que había encontrado compañía en los libros, su vieja pipa y la ginebra.

   Tenía que darse prisa, no tenía mucho tiempo. En cualquier momento podía pasar el cartero con su ruidosa motocicleta o el motocarro de la leche a granel de Ginés, el vaquero del pueblo de al lado, o el perro de la señora Doña Gertrudis… y despertar a don Máximo de sus aventuras por La Habana, Montevideo, Ávila o Tombuctú. No era la primera vez que lo hacía, pero tenía la impresión de que tarde o temprano todo su plan sería descubierto.

   Se veía a sí mismo como una especie de espía soviético o un superhéroe, o uno de esos mensajeros que atravesaban las fronteras con un salvoconducto medio falso, para poner a salvo los documentos secretos del gobierno.

   Pero lo cierto es que Manuel era un chico que vivía en un pueblo pequeño, sin muchos niños de su edad, en el que cada vez se le hacían más largos e insoportables los días de verano. Sus padres le compraron una bicicleta esperando que fuese suficiente para tenerle distraído. Solía subir por las tardes hasta el antiguo molino para jugar a la defensa del castillo y leer los libros de don Máximo. Hasta que un día, jugando entre las prensas, se cayó y se cortó con una de las botellas que los jóvenes del pueblo habían abandonado el fin de semana anterior. Aunque la herida no necesitó más que un par de puntos, sus padres le prohibieron, desde entonces, subir al molino y como la nueva autopista cortaba el paso hacia la presa, terminó por dejar abandonada la bicicleta en la cochera.

   Se quedó mirando fijamente la estantería que tenía enfrente, hizo ademán de alcanzar la balda superior, pero aún no había crecido lo suficiente para llegar a ella. Así que se conformó con los que tenía a mano y escogió tres: uno de cuentos de un tal Hans Christian Andersen, otro llamado ‘El juego del ángel’ y uno de poemas de León Felipe y José A. Goytisolo.

   Volvió a mirar al fondo del pasillo y, tras comprobar que todo seguía en orden, se levantó la camiseta y, a modo de armadura, fue colocando los tres libros en su vientre. Se estremeció levemente por el contacto frío de las tapas e introdujo la camiseta dentro de los pantalones cortos de lino para que estuviesen más sujetos. Se cruzó de brazos para camuflar su botín y comenzó a caminar lentamente hacia el final del pasillo.

   Con paso vacilante pero constante llegó hasta el mostrador, donde don Máximo seguía dialogando oníricamente con Cortázar, Miguel Delibes y Chesterton. Tenía la puerta a un par de pasos y ya se sentía el más valioso agente de los servicios secretos británicos cuando, de pronto, apareció ante él la figura de Reme.

 Reme era una de esas niñas de ciudad que vivía en la nueva urbanización que habían construido junto al pueblo. La vio por primera vez un domingo en la iglesia y cuando él se giró a darle la paz, ella levantó la mirada hacia el techo, como si estuviese contemplando una visión, y no la apartó de allí hasta que él, humillado, se volvió de nuevo. En otra ocasión coincidieron en una de las verbenas que organizaban para las fiestas patronales. Él estaba sentado observando a los adultos bailar las canciones de moda de ese verano. Sintiéndose observado giró su cabeza a la izquierda y, a pocos metros, allí estaba ella, jugando con su teléfono móvil y tratando de disimular que había sido descubierta.

   Aunque Manuel había tratado de ser amistoso en varias ocasiones, ella no había demostrado ningún interés. Así que verla allí de pie, mirándole de arriba a abajo e intuyendo sus intenciones, le hizo entrar en pánico. Sobresaltado, separó las manos de su vientre y los libros se deslizaron por sus pantalones cortos hasta golpear fuertemente el suelo de madera.  

   Los ojos de don Máximo se abrieron de golpe y escrutó a su alrededor buscando el origen del ruido. Miró al chico, después a la chica y, por último, los libros en el suelo.

-            -   «Don Máximo, yo… »- trató de decir él.

    - «¡Calla!, ya sé lo que estabas haciendo y sé lo que haces cada vez que apareces por aquí. Soy viejo, pero no soy tonto».

   Manuel agachó la mirada admitiendo su culpa y se puso a pensar en qué castigo le impondrían sus padres al enterarse. Buscó de reojo una sonrisa triunfalista en ella, pero sólo encontró una expresión de temor, mientras decía nerviosa:

-                -  «No ha sido culpa suya, estábamos aquí… yo le dije que…».

  El chico no salía de su asombro, pero permaneció en silencio, expectante ante el desenlace de la situación.

-         «¿Vas a mentir por este granuja? Te diré una cosa: nunca pongas en duda tu honor por defender a otra persona, porque hasta los que dicen ser tus amigos, un día te dejarán de lado. Los amigos de verdad, de verdad, chiquilla, cuando vienen mal dadas, se pueden contar con los dedos …de una oreja».

   Los dos niños se miraron encogiendo los hombros sin entender muy bien qué quería decir con ello. Don Máximo señaló los libros e hizo un gesto con la mano para que el chico los recogiera y se los acercara. Manuel obedeció de inmediato y se acercó lentamente, temeroso ante la posibilidad de recibir como premio un pescozón.

  En vez de eso, don Máximo se ajustó las gafas y comenzó a inspeccionar los libros.

-        -  «A ver qué has cogido esta vez…» - murmuró, y asintiendo con una especie de gruñido se los devolvió al chico. - «Cuando termines de leerlos ponlos en esta mesa, que nunca los dejas en su lugar. Y ahora largo de aquí»- y dando por terminado el asunto, le escoltó con la vista hacía la calle, hasta que se cruzó con la mirada de Reme, que seguía inmóvil junto a la puerta.

-        -  «Yo… yo sólo quería un libro de crucigramas para mi abuela».- dijo ella.

   El corazón de Manuel todavía latía con fuerza al salir de la librería, mientras en su cabeza trataba de dar sentido a todo lo que acababa de pasar. Sin darse cuenta tropezó con una bicicleta que estaba tirada en el suelo. Al ver que tenía un muñequito colgado del manillar intuyó que era de Reme. La urbanización no estaba lejos, quizá a un par de kilómetros del pueblo, una distancia cómoda para hacer en bicicleta.

-          -  «¿Además de robar libros, también robas bicis?» - dijo de pronto Reme detrás de él.

   Fueron pasando las semanas de aquel verano y cada vez que volvía a la librería de don Máximo y dejaba sobre la mesa los libros que había tomado prestados, encontraba un nuevo montoncito que el anciano librero le había preparado. En cierto modo Manuel se quedó colgado con aquella chica, no volvió a verla nunca, probablemente sus padres vendieron la casa del pueblo y a saber a qué nuevo destino la llevó la vida en las vacaciones estivales de años sucesivos. A través de los libros Manuel consiguió que sus recuerdos de ella, a veces placenteros, a veces dolorosos, se fueran disipando hasta desaparecer por completo...¡Qué iluso!

PETRUS RYPFF


The Moody Blues - Nights In White Satin

NOCHES DE BLANCO SATÉN

QUE NUNCA LLEGAN A TERMINAR,

LAS CARTAS QUE HE ESCRITO,

NUNCA PARECEN ENVIARSE.


LA BELLEZA SIEMPRE ME HA PERDIDO

CON ESTOS OJOS ANTES,

LA VERDAD ACERCA DE ESTO,

SIMPLEMENTE YA NO LA PUEDO DECIR


PORQUE TE AMO

SI, TE AMO

OH, COMO TE AMO


MIRANDO HACIA LA GENTE,

ALGUNOS AGARRADOS DE LAS MANOS,

Y AQUELLO POR LO QUE YO ESTOY ATRAVESANDO

ELLOS SIMPLEMENTE NO LO PUEDEN ENTENDER


ALGUNOS TRATAN DE EXPRESARME

SENTIMIENTOS QUE ELLOS NO PUEDEN DEFENDER

AQUELLO QUE TU QUIERES SER

SIMPLEMENTE SERÁ LO QUE FINALMENTE SERÁS,


Y TE AMO

SI, TE AMO

OH, COMO TE AMO

OH, COMO TE AMO


NOCHES DE BLANCO SATÉN

QUE NUNCA LLEGAN A TERMINAR,

LAS CARTAS QUE HE ESCRITO,

NUNCA PARECEN ENVIARSE.


LA BELLEZA SIEMPRE ME HE PERDIDO

CON ESTOS OJOS ANTES,

LA VERDAD ACERCA DE ESTO,

SIMPLEMENTE YA NO LO PUEDO DECIR


PORQUE TE AMO

SI, TE AMO

OH, COMO TE AMO

OH, COMO TE AMO


PORQUE TE AMO

SI, TE AMO

OH, COMO TE AMO

OH, COMO TE AMO



20 razones por las que la lectura es importante

para nuestras vidas

La lectura es una de las piedras angulares para la adquisición de conocimiento. Leer, la lectura, es una de las mejores habilidades que podemos adquirir. Ella nos acompañará a lo largo de nuestras vidas y permitirá que adquiramos conocimiento, y que entendamos el mundo y todo lo que nos rodea. También que podamos viajar a cualquier sitio sin desplazarnos a ningún lugar o que podamos ser la persona que queramos ser por un momento. Y es que leer nos abre las puertas del conocimiento y da alas a nuestra inspiración e imaginación.


Leer nos abre las puertas del conocimiento y da alas a nuestra inspiración e imaginación

   Esta habilidad transferida es más que necesaria. La lectura marcará e influenciará nuestra forma de ser y, por lo tanto, nuestras vidas. Desde bien pequeños nos enseñan las letras y palabras en la encomiable (y necesaria) acción de la enseñanza. Todos somos capaces de recordar esos primeros momentos de lectura y quién estaba a nuestro lado para enseñarnos (profesores, familiares…), sin llegar a darnos cuenta de la importancia que ello tenía.

   Todo lo que nos rodea es lectura. Ahora mismo estás leyendo este texto y hace un rato estabas leyendo una nota en el ascensor, un libro, una receta de cocina o una postal. Leer es comunicación. Leer es esencial para estar conectado al mundo y a las personas. Sin la lectura no conoceríamos, no tendríamos información y nos costaría más imaginar. La lectura es esencial y es algo que debemos alimentar a lo largo de nuestras vidas.

  Nadie puede prohibirnos leer, al igual que no pueden prohibirnos pensar o imaginar. Somos libres para hacerlo en el momento que creamos y para leer lo que queramos. La lectura nos mantiene vivos y conectados. Nos hace sentir parte de algo. Y es que existen muchísimas razones por las que la lectura (leer) es más que importante para nuestras vidas. Razones no excluyentes las unas con las otras y que incluso pueden no haber sido recogidas en los siguientes puntos. Al fin y al cabo la lectura nos hace libres y podemos sentir sus beneficios de múltiples maneras.


La lectura es esencial y es algo a alimentar a lo

 largo de la vida



Razones por las que la lectura es importante

para todos nosotros:


  • Aumenta nuestra curiosidad y conocimiento.
  • Nos mantiene informados.
  • Despierta nuestra imaginación.
  • Alimenta la inspiración y hace que surjan ideas.
  • Nos permite conectar y ponernos en la piel de otras personas y/o personajes.
  • Ejercita nuestro cerebro: despierta vías neuronales, activa la memoria…
  • Nos hace recordar, conocer y aprender.
  • Libera nuestras emociones: alegría, tristeza, cólera, miedo, sorpresa, amor…
  • Nos mantiene ocupados, entretenidos y distraídos.
  • Permite que desconectemos y que nos evadamos del mundo.
  • Permite conocer / descubrir / explorar mejor dicho mundo.
  • Nos permite conocernos mejor a nosotros mismos.
  • Hace que podamos compartir / recomendar nuestras lecturas: noticias, libros, artículos…
  • Ayuda a la comprensión de textos, mejora la gramática, el vocabulario y la escritura.
  • Facilita la comunicación.
  • Hace que podamos sentirnos activos.
  • Hace que podamos concentrarnos.
  • Permite la relajación, el descanso e incluso es capaz de reducir el estrés.
  • Hace que podamos investigar sobre los temas que más nos interesan.
  • Nos permite crecer como personas.

 



Podemos leer en cualquier parte: en la playa, en el campo, en el salón de casa, en nuestra habitación, en un avión, en el metro, en la sala de espera del médico (y si es del dentista ¡no te digo ná!, acorta dicha espera y templa la ansiedad anticipatoria a la manipulación de los piños, que tanto odiamos).

A mí particularmente me gusta más el papel aunque a veces el E-book también puede ser el soporte, especialmente cuando sales una temporada de viaje, por aquello de aligerar el equipaje.

Petrus Rypff



La importancia de la lectura en nuestra vida con el escritor Salvador Robles

Tele7Radio7

Desde que se empieza a leer cambia la vida en muchos aspectos, te haces más empático, tienes más control de tus emociones,  te expresas con más palabras, y cada vez que terminas de leer un libro ves la vida de una manera distinta, te das cuenta de cosas que antes  pasaban desapercibidas. 

PETRUS RYPFF


No me canso de leer, no me canso de escribir, vienen más y más voluntarios que quieren unirse a la causa. Los corruptos tienen los días contados. 
(Petrus Rypff)


Leo luego existo y si además comparto con la gente lo que leo y me atrevo a escribir, existo un poco más. 
(Petrus Rypff)



Bright Eyes - Art Garfunkel 

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