miércoles, 1 de septiembre de 2021

EL INFRAMUNDO: HADES (LUGAR PLÁCIDO, MORADA DE LOS MUERTOS) Y TÁRTARO (EL TORMENTO ETERNO)

 

EL INFRAMUNDO



   Debido a la ancestral costumbre de enterrar a los muertos, la mayoría de mitologías ve en el subsuelo un inframundo.

  Los griegos tenían dos: Hades, gobernado por el dios homónimo hermano de Zeus, y Tártaro, más abajo. El primero no era un lugar de castigo, sino sólo la morada de los muertos. En la Ilíada se dice que el Tártaro está “tan debajo de Hades como la tierra del cielo”; un lugar de sufrimiento donde Cronos, padre de Zeus, había arrojado a los monstruos del caos, cíclopes y centimanos. Zeus los liberó y encerró a su padre en su lugar. Tifón y Tántalo fueron sus dos inquilinos.

   El Tártaro es similar al infierno cristiano, el reino de Satán. En la mitología babilónica, Ereshkigal, hermana de Ishtar y Señora del Cielo, controlaba el inframundo. Ambas estaban consumidas por mutuos y exacerbados celos.


Veo la barca de doble remo en la laguna, y allí a Caronte, barquero de los muertos, que me llama: ¿qué estás esperando? ¡Date prisa, es tarde! Me apremia a que vaya con él.

Eurípides, Alcestis, 251



En la mitología griega, Caronte trasladaba a los muertos en un bote al otro lado del río Estigia, la frontera entre la vida y la muerte. Cerbero, el perro de tres cabezas, vigilaba la entrada



Viajes al más allá: moradores del inframundo


Deseos me vienen de morir, y contemplar los lotos colmados de rocío en las orillas del Aqueronte.  (Safo)

   De los habitantes del inframundo, algunos son terribles; otros, sin embargo, actúan como una suerte de funcionarios que gestionan el tráfico de difuntos y su aparcamiento final. Vamos a ello.

Los jueces del inframundo

Gustave Doré realizó en el siglo XIX esta inquietante pintura en la que aparecen los tres grandes jueces del inframundo: Minos, Radamantis y Éaco, entronizados y dispuestos a juzgar a la miríada de almas que se agolpan temerosas y desesperadas a sus pies. Museo de Bellas Artes de La Rochelle.


Hades 

   Hades (el invisible), hijo mayor de Cronos y Rea. También llamado Plutón (Πλούτων, el rico), Clímeno (Κλυμενος, «célebre»), Polidegmon (Ρολυδεγμων, «que recibe a muchos») y quizá Eubuleo (Ευβουλεος, «buen consejero» o «bienintencionado»), todos ellos eufemismos que evolucionaron a epítetos, pues pronunciar su nombre era considerado de mal augurio. Con tres hermanas, Deméter, Hestia y Hera, y dos hermanos, Zeus (el menor de todos) y Poseidón, juntos constituían los seis dioses olímpicos originales. Según el mito, Hades, Zeus y Poseidón derrotaron a los Titanes con las armas que recibieron de los Cíclopes: Zeus el rayo, Poseidón el tridente y Hades un casco de invisibilidad. La guerra duró diez años y terminó con la victoria de los dioses jóvenes, tras la cual echaron a suertes los reinos a gobernar. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el Inframundo. En palabras de Poseidón:


   Tres hermanos somos nacidos de Rea y de Cronos: Zeus, yo y el tercero Hades, que reina en los infiernos. El universo se dividió en tres partes para que cada cual reinase en una. Yo obtuve por fortuna gobernar el mar espumoso y agitado, correspondiéronle a Hades las tinieblas sombrías; a Zeus el extenso cielo en medio del éter y las nubes. Pero la tierra y el alto Olimpo son de todos. (Ilíada XV, 187 y ss.)

   Se le solía representar sentado en un trono de ébano con Cerbero al lado. Sus atributos son: el cetro de dos puntas, el casco de la invisibilidad (que a veces prestaba, como a Perseo), el ciprés, el narciso y las llaves del Hades. A veces también aparecía sosteniendo un cuerno de abundancia, símbolo de la riqueza, o a los mandos de un carro tirado por cuatro caballos negros.

   Por sus evidentes connotaciones con la muerte (Tánatos, con la que, en verdad, no tenía una relación directa), Hades era temido y repudiado por los hombres:

Sólo Hades es contumaz e indomable, por eso es el más odiado de todos los dioses (Ilíada, IX, 158)


El guía de las almas en los infiernos
Hermes, mensajero de los dioses y guía de las almas hacia el inframundo, aparece rodeado de los espíritus de los difuntos que esperan a orillas del Estige (Estigia) para ser transportados por Caronte al reino de Hades. Óleo por Adolf Hirémy-Hirschl. 1898. Galería Belvedere, Viena.



La pasión del dios infernal

Este magnífico grupo escultórico, obra de Gian Lorenzo Bernini, recrea el rapto de Perséfone por el dios Hades, soberano del inframundo, contemplado por el can Cerbero. 1622. Galería Borghese, Roma.

Perséfone 

…ve a la casa de negras paredes de Perséfone (Píndaro, Olímpica XIV, 20)

Hija de Zeus y de Deméter, es conocida en la tradición latina como Proserpina:

…cui Proserpinam, quod Graecorum nomen est, ea enim est quae Persephone Graece nominatur (Cicerón, De Natura Deorum, II, 66)

   Esposa de Hades, fue raptada por éste cuando recogía flores en Enna (Sicilia), lo que dio lugar a que su afligida madre recorriera el mundo en su busca, desatendiendo la tierra y sus frutos. Ante el peligro de que nunca más reverdeciera la naturaleza ni germinaran semillas, Zeus ordenó a Hades su restitución. Pero por inadvertencia o por instigación del propio dios, Perséfone había contravenido el ayuno al comer unas semillas del fruto de la granada, lo que la encadenaba definitivamente al Inframundo. Se encontró una solución de compromiso para que permaneciera fuera con su madre una parte del tiempo (un tercio o medio año, según el autor), y el resto con Hades, lo que se corresponde con el ciclo de las estaciones. Parte de las ceremonias iniciáticas de los misterios eleusinos estaban basadas en este mito.

    Como consorte de Hades, era la reina del Inframundo y, por lo tanto, suscitaba tanto miedo como aquél. Para evitar nombrarla, se usaba el sustitutivo de Koré (Κόρη, la hija o la doncella). Para Homero, en la Ilíada, es ἐπαινὴν Περσεφόνειαν (la atroz Perséfone), mientras en la Odisea aparece como ἀγαυὴ Περσεφόνεια (la augusta Perséfone)


Hades, Perséfone y Cerbero
En un templo dedicado a los dioses egipcios Isis y Serapis, en Gortina, en la isla de Creta, se descubrieron estas estatuas que dan fe del sincretismo religioso imperante en el mundo antiguo. Perséfone, la reina de los infiernos, porta elementos típicos de la diosa Isis, como el sistro y el creciente lunar en la frente, y el dios Hades porta un kálathos, un tocado característico de Serapis, dios greco egipcio. Siglo II. Museo de Heraclión.
 




La geografía del inframundo

Las múltiples descripciones del Hades por autores antiguos y modernos permiten representar el desolador paisaje del infierno de los griegos, repleto de lugares horrendos. Tras entrar por cualquiera de las bocas del infierno existentes, el difunto se dirigía a la orilla del Estige, el río que rodea el inframundo y que cruzaba a bordo de la barca de Caronte. En la otra ribera el alma se encontraba con el guardián Cerbero y con los tres jueces del inframundo. Los autores explican que en su penar por el Hades las almas encuentran tres ríos de infausto recuerdo: el Aqueronte o río de la aflicción, el Flegetonte o río ardiente y el Cocito, el río de los lamentos. También separan nuestro mundo del Más Allá otros lugares prodigiosos, como las aguas del Leteo, el río del Olvido, que John Milton describe en su Paraíso perdido. Las almas de los justos van a parar a lugares felices como los Campos Elíseos o las Islas de los Bienaventurados. Los iniciados en los misterios, que a veces se hacían enterrar con instrucciones para emprender su viaje, se aseguraban la llegada sin problemas a los Campos Elíseos invocando el poderoso nombre de Deméter, Orfeo o Dioniso. Por último estaba el Tártaro, lugar de tormento eterno donde iban a parar los condenados.



Heracles y Cerbero

Uno de los doce "trabajos" de Heracles consistía en bajar a los infiernos para llevarse al can Cerbero. El héroe se presentó ante Hades para pedirle que le prestara a su guardián. El dios accedió, siempre y cuando Heracles pudiera atraparlo con las manos desnudas. Éste es el momento que recrea muy gráficamente el óleo de Domenico Pedrini, que muestra al héroe, con su clava y cubierto con la piel de león, arrastrando encadenado al fiero can fuera del Hades. Siglo XVIII. 



Sísifo

Tiziano muestra en este óleo, pintado entre 1548 y 1549, el terrible castigo al que fue condenado Sísifo, el embaucador que se había atrevido a engañar al mismísimo dios infernal. Fue condenado a empujar una enorme roca hasta lo alto de una colina, para luego verla caer y volver a empezar de nuevo. Museo del Prado, Madrid.


   Al igual que el cristianismo y otras religiones creen en un Más Allá donde pervive el alma, los griegos de la Antigüedad también imaginaban un inframundo al que las almas de hombres y mujeres eran conducidas tras su muerte. Para los griegos, el reino de los muertos estaba bajo el poder de Hades, hermano de Zeus y Poseidón. Estos tres dioses viriles y barbados, que encarnan la masculinidad regia en el panteón griego, se repartieron los diversos ámbitos de nuestro mundo tras derrocar a su tiránico padre Crono y vencer a los poderosos Titanes en una épica lucha por el dominio del universo.

CONOCER EL MÁS ALLÁ

    La visión que tenían los griegos del Más Allá cambió con el tiempo. Al principio, el inframundo o Hades –como se le llamaba por el dios que lo gobernaba– parecía un lugar poco deseable, como cuenta a Odiseo (el Ulises romano) la sombra del héroe Aquiles en un episodio de la Odisea de Homero; Aquiles manifiesta su deseo de volver a la tierra como sea, incluso como un simple jornalero. Sin embargo, al menos desde el siglo VI a.C. se empezó a ver el Más Allá desde una perspectiva ética, con una división de los muertos entre justos e injustos a los que corresponden premios o castigos según su comportamiento en vida. Así, se creía que los justos se dirigían a un lugar placentero en el Hades, los Campos Elíseos, o a las Islas de los Bienaventurados, el reino idílico del viejo Crono, convertido en soberano de ese Más Allá. Seguramente esta nueva concepción del inframundo obedecía al desarrollo de la idea de la inmortalidad del alma, e incluso a la introducción del concepto de reencarnación por parte de algunas sectas religiosas y filosóficas.

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