martes, 28 de septiembre de 2021

¿CENAMOS?. EL CLUB 21 (REEDICIÓN)

 


¿CENAMOS?


   La música ambiental en directo daba buena fe de la exquisitez del restaurante. El constante trajín de camareros impolutamente uniformados era el resultado de atender las peticiones especialmente exigentes de los clientes esa noche.    En las mesas, decenas de parejas mantenían una romántica velada, vestidos con una indumentaria acorde para la ocasión. Otras mesas eran ocupadas por altos directivos que celebraban con carísimas botellas de champán francés algún éxito reciente en su compañía.

   Pero había una mesa apartada junto a un gran ventanal con vistas a la noche de la ciudad, donde una bellísima mujer, con un elegante vestido azul aguardaba sola y absorta a que llegase su acompañante. Su rostro conjugaba la tristeza y la esperanza, tristeza por el retraso de su “compañero”, que se demoraba más de media hora, y esperanza de pensar que no se le hubiese olvidado la cita especial de ese día.

   Y esa mujer era Amy y esa mesa era su mesa, la de los dos, en la que Jürgen le pidió salir hace años con las estrellas de testigo y en la que cada año renovaban su promesa de amor. Sí, hoy también es 23 de septiembre, pero ella sabe que su espera es inútil.

   Y mientras los minutos siguen pasando, Amy pide al camarero una consumición, que agota despacio, dejando la marca de sus labios con cada sorbo, apretándolos con fuerza contra el delicado cristal. Entonces se pone en marcha el complejo mecanismo de su imaginación, condicionado por todo el dolor que ha padecido durante los últimos meses, y es cuando por fin le ve entrar por la puerta con un ramo de rosas blancas en una mano y el maletín en la otra, rumiando la idea de la causa de su retraso.

   Y ella levanta la mirada y recorre con Jürgen el camino desde la puerta hasta la mesa en la que sigue esperando, pero ya sin tristeza porque piensa que la tardanza se debía a alguna causa justificada, y sonríe y se iluminan sus ojos.

   Pero cuando por fin él se encuentra a unos pocos metros de ella, ve como su figura se desvanece como la niebla hasta desaparecer. Amy mira a su alrededor buscándole desesperadamente, pero sólo encuentra las miradas de pena y compasión de las personas de las mesas más próximas. Es en ese momento en el que recupera la lucidez y se da de bruces con la realidad. Una inmensa tristeza le inunda, le colapsa la mente y comienzan a salir lágrimas de puro dolor, que no puede controlar, que no quiere controlar.

   Y sabe que le va a entrar otra crisis, pero no quiere sacar las pastillas del bolso porque piensa que lo único que hacen es postergar e incrementar el sufrimiento al que un día se tendrá que enfrentar para que cese definitivamente. Pero aún no está preparada para ese encuentro y su corazón se resiente con el aumento de ansiedad y le provoca un desmayo mientras intenta alcanzar la puerta de salida.

   Y totalmente inconsciente la trasladan en ambulancia hasta el hospital de la capital, en el que permanecerá los próximos días sedada y en observación, recibiendo ayuda psicológica. En ese mismo hospital en el que ya no pudieron hacer nada por Jürgen, el mismo en el que se despidieron definitivamente hace ya casi ocho años.


Maná - En el muelle de San Blas

 Ella despidió a su amor, él partió en un barco en el muelle de san Blas. Él juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría…Llevaba el mismo vestido por si él volviera, no se fuera a equivocar.


EL CLUB 21





  Terminé de vestirme y me miré al espejo. El vestido rojo me quedaba ceñido al cuerpo y el amplio escote de la espalda le daba un look muy sexy... calcé unas altas sandalias y sonreí complacida.

  Después de tantas semanas de estrés y depresión necesitaba alejarme un poco del silencio de mi apartamento y de la rutina de la oficina. Iría a dar una vuelta y tomar una copa en un bonito lugar. Recordé a Pierre y lo mal que se había portado conmigo. Luego de dejarme sin una explicación, se había dedicado a difamarme y alejarme de mis amistades. Con nostalgia recordé aquellas reuniones llenas de camaradería y alegría. Seguro que había hecho circular las fotos y videos que nos habíamos tomado en nuestros días de locura y pasión. Era un granuja que no merecía ni mi amor ni mi sufrimiento. Ninguno  de mis amigos me había dicho nada y se habían limitado a alejarse de mí cortésmente. Ninguno de ellos  merecía tampoco mi amistad, pero no podía evitar sentirme triste y desilusionada. En fin, suspiré, y cogiendo mi abrigo negro del armario salí la calle, que me recibió llena de entusiasmo y movimiento. La gente iba y venía presurosa, subían a los coches, entraban en los restaurantes y cines.

   Empecé a caminar entre los  transeúntes como dejándome llevar por la corriente. Poco a poco y sin darme cuenta me fui internando en un laberinto de callecitas angostas,  algo oscuras y de  construcciones bastante  desvencijadas. No me acordaba haber pasado por allí, o de repente sí lo había hecho pero ya  lo había olvidado. Caminé largo rato entre  esos viejos edificios de luces quejumbrosas y fachadas destartaladas, y cuando empezaba a sentirme algo abrumada de tanta soledad,  al volver por una esquina me topé con  una ancha fachada, de estilo belle époque  y  ostentoso cartel  iluminado -Club 21-, leí. El lugar se veía muy elegante, con sus vidrieras  art decó y su bella puerta de madera tallada tenía  una apariencia alegre y festiva, justo lo que estaba buscando para pasar un buen rato. ¿Pero, qué hacía un local así en aquel  lugar tan lúgubre y olvidado? Bueno quizás es un club privado o algo así, me dije empujando la puerta.

  Dentro el ambiente era agradable y muy animado, una orquesta tocaba lánguidos blues y muchas parejas bailaban lentamente al son de la música. –No está nada mal-, pensé, me acerqué a la barra y pedí un combinado. El barman puso delante de mí una copa con una mezcla ambarina coronada con una aceituna. Bebí lentamente perdida en mis pensamientos, cuando de pronto una voz varonil me sobresaltó, -¿bailamos?-, me di la vuelta y me topé con un rostro moreno con un hermoso par de ojos verdes que le hacían juego. - Encantada–, contesté, y nos mezclamos con las otras parejas, dejándonos seducir por la  melodía dulzona. Me dejé llevar por aquellos  brazos fuertes y aquella mirada que empezaba a hacerme sentir cosquillas en el estómago. Sin darme cuenta nos habíamos ido apartando de la pista de baile y nos encontrábamos en un lugar más apartado, fue entonces cuando sentí sus labios rozar los míos. Luego nos miramos y nos fundimos en un apasionado beso. Sentía su cuerpo musculoso pegado al mío y su cálido aliento embriagándome, entonces murmuré: -¿Por qué no nos sentamos un momentito?-. Él, galantemente, accedió y me llevó de la mano a una mesita con una lamparita de lo más coqueta. Rompiendo el hielo nos pusimos a conversar y me contó su tragedia: Hacía poco tiempo había perdido a su novia de una manera tonta y desde entonces daba vueltas todas las noches por aquel lugar con la esperanza de volver a verla. Me conmovió su voz apagada y el leve temblor de sus manos. Yo le conté mi desagradable experiencia con Pierre, el hombre que había destrozado mi corazón y mi confianza. Luego decidimos brindar por encontrar de nuevo la felicidad.


    
   El tiempo pasó rápidamente entre la charla y los brindis y cuando me di cuenta era ya medianoche. -Uh, mañana tengo que ir a trabajar-, le comenté y me dispuse a partir. Él se despidió de mí en la puerta, excusándose por no acompañarme.    

   - Es que no puedo salir de aquí -, me dijo bromeando y dándome el último beso de la noche. Con esa sensación cálida en mis labios y el corazón alborotado salí del edificio y me encontré de nuevo en esa sucesión de callecitas oscuras y apretadas. Debía buscar la avenida para tomar un taxi, caminando perdida en mis divagaciones,  me tropecé con un señor mayor que salía de uno de los portales, - lo siento señorita, venía usted muy distraída -, me dijo. Le sonreí y le pregunté cómo encontrar la avenida principal. -Dos calles hacia abajo y gire a la derecha -, me contestó, -Pero,  ¿Qué hace una mujer linda como usted por aquí? - Bueno es que me perdí y luego encontré el Club 21 y se me ocurrió tomar una copa allí -. -¿El Club 21? - me contestó. - Pero si ese lugar hace años que ya no existe. Éste era un barrio elegante, de gente fina, ya sabe usted, bueno, fíjese que hubo una tragedia allí, mataron a una linda chica, cosa de celos, creo. El asunto es que el lugar se desprestigió y cayó en desgracia -. Lo escuchaba  anonadada y sin decir más, le di las gracias y me fui a buscar mi taxi.
  
   Esa noche soñé con aquellos ojos seductores y esos besos robados. Al día siguiente, en la oficina, estuve bastante distraída y nada más dieron las 6 salí casi corriendo. La historia de aquel transeúnte se mezclaba en mi cabeza, con mi experiencia en aquel bar restaurante y así que, sin pensarlo dos veces, me dirigí de nuevo a aquel embrollo de callecitas y empecé a buscar ávidamente el  dichoso lugar. Después de dar varias vueltas durante un largo rato, me di de bruces con un destartalado local, con los cristales rotos y la puerta atravesada por unas toscas tablas. “Clausurado”, rezaba  un polvoriento cartel  entre los tablones. Sin saber qué decir ni pensar di media vuelta y volví a buscar un taxi.



                                              Los Secretos - Ojos De Gata



Maná - Mariposa Traicionera (Video Oficial)



LOS OTROS (Tráiler español)

Año: 2001
Director: Alejandro Amenábar
Actores: Nicole Kidman, Fionnula Flanagan, Christopher Eccleston, Alakina Mann

Sinopsis:

   Isla de Jersey, 1945. La Segunda Guerra Mundial ha terminado, pero el marido de Grace (Nicole Kidman) no vuelve. Sola en un aislado caserón victoriano de la isla de Jersey, educa a sus hijos dentro de rígidas normas religiosas. Los niños sufren una extraña enfermedad: no pueden recibir directamente la luz del día. Los tres nuevos sirvientes que se incorporan a la vida familiar deben aprender una regla vital: la casa estará siempre en penumbra, y nunca se abrirá una puerta si no se ha cerrado la anterior. Pero el estricto orden que Grace ha impuesto se verá desafiado por circunstancias que escapan a su control.

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