jueves, 26 de agosto de 2021

LA SERENDIPIA, DE VUELTA

 

EL ORIGEN DEL TÉRMINO SERENDIPIA: UN CUENTO TRADICIONAL PERSA
 
Se llama serendipia a un descubrimiento o hallazgo afortunado o inesperado que se produce cuando se está buscando una cosa distinta.

 

  El término Serendipia, usado para referirse a un descubrimiento casual y afortunado, debe su nombre a un relato tradicional oriental, titulado "Los tres príncipes de Serendip", nombre persa de la isla de Ceilán, de donde salieron tres sagaces y cultivados príncipes. Durante su viaje ponen a prueba su sagacidad y capacidad de deducción; pero…

   El término lo acuñó  Horace Walpole en una carta que le envió a su amigo Horace Mann un 28 de enero… de 1754

 Manuel Seco, en su Diccionario del Español Actual, incluye el término serendipidad: “facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera accidental. Y Royston M. Roberts, en su Serendipity. Accidental Discoveries in Science (John Wiley & Sons, 1989) va un poco más allá, e introduce un factor fundamental: la astucia del descubridor: “condición del descubrimiento que se realiza gracias a una combinación de accidente y sagacidad”.

   Algunas serendipias famosas son el descubrimiento de la Penicilina por Alexander Fleming: «no intentaba descubrir la penicilina, me tropecé con ella»; o los Post-it, que no nacieron después de un proceso de I+D sino por culpa del descuido de un operario que olvidó añadir un componente a la fórmula de un pegamento; o Arquímedes descubriendo su famoso principio al sumergirse en una bañera y comprobar cómo ésta se desbordaba; o Jonathan Swift describiendo en Los viajes de Gulliver los dos satélites de Marte… 150 años antes de que se descubrieran oficialmente.

   La palabra Serendipia tiene su origen en un cuento tradicional oriental. El término lo acuñó el escritor británico Horace Walpole en 1754, para indicar la habilidad que tenían los protagonistas de un cuento persa, The three princess of SerendipLos tres príncipes de Serendip: "siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando".

  El relato tiene su origen en los Hasht-Bihist (Ocho Paraísos) de Amir Khusrow, escritos (o compilados) hacia 1302, aunque su origen es probablemente anterior. En este poema persa, el rey Bahram Gur tiene siete pabellones ("paraísos") construidos para él, a los que acude a relajarse tras sus jornadas de caza.

   Cada pabellón tiene un color diferente y en cada uno se aloja una princesa de una parte diferente del mundo. Bahram visita a cada princesa en un día distinto de la semana.

Los Siete pabellones de los Hasht-Bihisht
   Es la primera princesa, la de la India, y en el pabellón negro, el sábado, cuando esta princesa le relata a Bahram la historia de los tres príncipes de SerendipComo ven, una estructura similar a las Mil y una noches.

  De ese relato se tienen noticias en occidente en 1557, de la mano de Christoforo Armeno, en una traducción titulada Peregrinaggio di tre giovani figliuoli del re di Serendippo.


   El texto pasó por diversas adaptaciones y modificaciones de autoría hasta que en 1754, Horace Walpole le manda una carta a su amigo Horace Mann.

   En esa carta, Walpole le contaba a Mann que "había tenido mucha suerte cuando, buscando el escudo de los Médici en un libro veneciano de heráldica, encontró el de los Capello: "este descubrimiento ha sido casi como de los que yo llamo de serendipidad, una palabra muy expresiva (...) Leí un sencillo cuento titulado Los tres príncipes de Serendip. A medida que sus altezas reales viajaban, por accidente y gracias a su sagacidad, iban descubriendo cosas que no buscaban":
 This discovery, indeed, is almost of that kind which I call Serendipity, a very expressive word, which as I have nothing better to tell you, I shall endeavour to explain to you: you will understand it better by the derivation than by the definition. I once read a silly fairy tale, called The Three Princes of Serendip: as their Highnesses travelled, they were always making discoveries, by accidents and sagacity, of things which they were not in quest of: for instance, one of them discovered that a mule blind of the right eye had travelled the same road lately, because the grass was eaten only on the left side, where it was worse than on the right—now do you understand Serendipity?
(The Travels and Adventures of Serendipity: A Study in Sociological Semantics and the Sociology of Science.)

Pero… ¿qué es Serendip?

Es la transcripción del nombre persa de la isla de Ceilán, cuyo nombre oficial es Sri Lanka. Los persas lo tomaron del árabe Sarandib o Serendib, nombres que nos han llegado directamente en obras literarias, como la historia de Simbad de Las mil y una noches.

En resumen…
En el cuento Los tres príncipes de Serendip, el padre de los eruditos príncipes del mítico país de Serendip envió a sus hijos al extranjero para que conocieran otras tierras. En Persia encontraron un hombre que había perdido a su camello. Observando detenidamente diversos hechos, los sagaces hermanos dedujeron que el camello era tuerto, le faltaba un diente, era cojo, llevaba una carga de mantequilla y miel y era conducido por una mujer embarazada sentada de lado.

El propietario del camello, convencido de que sólo los ladrones podían saber esa información, denunció a los príncipes, que fueron arrestados por los soldados del Sha y condenados a muerte. El camello apareció a tiempo y el emperador de Persia liberó a los príncipes, que explicaron con detalle a su majestad cómo habían obtenido sus conclusiones.

   El término Serendipity resucitó en 1955 gracias a la revista Scientific American, que la usó para aludir al descubrimiento científico casual: "Our story has as its critical episode one of those coincidences that show how discovery often depends on chance, or rather on what has been called 'serendipity' --the chance observation falling on a receptive eye".

Pero si quieren leer la historia completa, les dejo con el cuento Los tres príncipes de Serendip, que es el que da origen al término. Disfruten de su lectura.
Nota: El texto del relato ha sido reconstruido de varias fuentes distintas, porque todas las referencias que he encontrado son fragmentarias o incompletas.

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Los tres príncipes de Serendip


   En los antiguos tiempos, existió en el país de Serendippo, en el Lejano Oriente, un rey grande y poderoso llamado Giaffer. Tenía tres hijos que le eran muy queridos. Y como era muy buen padre y estaba muy preocupado por su educación, decidió que debía dejarles no sólo un gran poder, sino además toda clase de virtudes de las cuales están muy necesitados los príncipes.

   Para proporcionarles los mejores tutores, el rey recorrió toda la isla hasta que reunió una cantidad de sabios especializados en distintos campos. Y a ellos confió el adiestramiento de sus hijos, quienes, como estaban dotados de una gran inteligencia, pronto adquirieron los más completos conocimientos en artes y ciencias.

   Logrado esto, los tutores lo informaron al rey, quien se mostró escéptico. De tal modo, convocó al primogénito y le informó de su deseo de retirarse a un monasterio, y dejarle el mando, a lo que éste rehusó; e igual hicieron los otros dos hijos.

   Asombrado el rey de la prudencia mostrada por sus hijos, decidió enviarlos a un largo viaje para que sumaran experiencia empírica. Simuló enojo y los desterró de Serendip. Así, iniciaron su peregrinación y salieron del reino hasta llegar al de un emperador muy grande y poderoso, llamado Beramo. 

(Nota: lo que sigue es el relato de lo sucedido, en formato diálogo entre un maestro y su discípulo, obtenido de una fuente diferente)

El discípulo miró al maestro en la profundidad de la tarde.

- "Maestro, ¿es bueno para el sabio demostrar su inteligencia?"

- "A veces puede ser bueno y honorable permitir que los hombres te rindan honores".

- “¿Sólo a veces?”

 - “Otras puede acarrearle al sabio multitud de desgracias. Eso es lo que les sucedió a los tres Príncipes de Serendip, que utilizaron distraídamente su inteligencia. Habían sido educados por su padre, que era arquitecto del gran Shá de Persia, con los mejores profesores, y ahora se encaminaban en un viaje hacia la India para servir al Gran Mogol, del que habían oído su gran aprecio por el Islam y la sabiduría. Sin embargo, tuvieron un percance en su camino”.

- “¿Qué les pasó?”

- “Una tarde como esta, caminaban rumbo a la ciudad de Kandahar, cuando uno de ellos afirmó al ver unas huellas en el camino: “Por aquí ha pasado un camello tuerto del ojo derecho".

- “¿Cómo pudo adivinar semejante cosa con tanta exactitud?”

- “Había observado que la hierba de la parte derecha del camino, la que daba al río, y por tanto la más atractiva, estaba intacta, mientras la de la parte izquierda, la que daba al monte y estaba más seca, estaba consumida. El camello no veía la hierba del río”.

- “¿Y los otros príncipes?”

- “El segundo, que era más sabio, dijo: “le falta un diente al camello”.

- “¿Cómo podía saberlo?”

- “La hierba arrancada mostraba pequeñas cantidades masticadas y abandonadas”.

- “¿Y el tercero?”

- “Era mucho más joven, pero aun más perspicaz, y, como es natural, en los hijos pequeños, más radical, al estar menos seguro de sí mismo, dijo: “el camello está cojo de una de las dos patas de atrás. La izquierda, seguro".

- “¿Cómo lo sabía?”

- “Las huellas eran más débiles en este lado”.

- “¿Y ahí acabaron las averiguaciones?”

- “No. El mayor, picado en esta competencia, afirmó: “por mi puesto de Arquitecto Mayor del Reino que este camello llevaba una carga de mantequilla y miel”.

- “Pero, eso es imposible de adivinar”.

- “Se había fijado en que en un borde del camino había un grupo de hormigas que comía en un lado, y en el otro se había concentrado un verdadero enjambre de abejas, moscas y avispas”.

- “Se trata de un difícil reto para los otros dos hermanos”.

- “El segundo hermano bajó de su montura y avanzó unos pasos. Era el más mujeriego del grupo por lo que no es extraño que afirmara: "En el camello iba montada una mujer". Y se puso rojo de excitación al pensar en el pequeño y grácil cuerpo de la joven, porque hacía días que habían salido de la ciudad de Djem y no habían visto ninguna mujer aún”.

- “¿Cómo pudo saberlo?”

- “Se había fijado en unas pequeñas huellas de pies sobre el barro del costado del río”.

- “¿Por qué había bajado? ¿Tenía sed?”

- “El tercer hermano, absolutamente herido en su orgullo de adolescente por la inteligencia de los dos mayores, afirmó: "Es una mujer que se encuentra embarazada, hermano. Tendrás que esperar un tiempo para cumplir tus deseos".

- “Eso es aún más difícil de saber”.

- “Se había percatado que en un lado de la pendiente había orinado pero se había tenido que apoyar con sus dos manos porque le pesaba el cuerpo al agacharse”.

- “Los tres hermanos eran muy listos”.

- “Sin embargo, su sabiduría les trajo muchas desgracias”.

- “¿Por qué?”

- “Por su soberbia de jóvenes. Al acercarse a la ciudad, contemplaron un mercader que gritaba enloquecido. Había desaparecido uno de sus camellos y una de sus mujeres. Aunque estaba más triste por la pérdida de la carga que llevaba su animal, y echaba la culpa a su joven esposa que también había desaparecido”.

- “¿Era tuerto tu camello del ojo derecho?”, le dijo el hermano mayor.

- “Sí”, le dijo el mercader intrigado.

- “¿Le faltaba algún diente?”

- “Era un poco viejo”, dijo rezongando, “ y se había peleado con un camello más joven”.

- “¿Estaba cojo de la pata izquierda trasera?”

- “Creo que sí, se le había clavado la punta de una estaca”.  - “Llevaba una carga de miel y mantequilla”.

- “Una preciosa carga, sí”.

- “Y una mujer”.

- “Muy descuidada por cierto, mi esposa”.

- “Qué estaba embarazada”.

- “Por eso se retrasaba continuamente con sus cosas. Y yo, pobre de mí, la dejé atrás un momento. ¿Dónde los habéis visto?”

- “No hemos visto jamás a tu camello ni a tu mujer”, buen hombre, le dijeron los tres príncipes riéndose alegremente.  El discípulo también rió.

- “Eran muy sabios”.

- “Sí, pero el buen mercader estaba muy irritado. Cuando los vecinos del mercado le dijeron que habían visto tres salteadores tras su camello y su mujer, los denunció”.

- “¡Pero, ellos tenían razón!”


- “Los perdió su soberbia juvenil. Habían señalado todas esas características del camello con tanta exactitud que ninguno les creyó cuando afirmaron no haber visto jamás al camello. Y se habían reído del mercader, había muchos testigos. Fueron llevados a la cárcel y condenados a muerte ya que en Kandahar el robo de camellos es el peor delito, más que el rapto de esposas”.

- “¡Qué triste destino para los sabios!”

- “La cosa no acabó tan mal. La esposa se había escapado, y pudo llegar antes de que los ejecutaran en la plaza pública, como era costumbre para castigar a los ladrones de camellos. El poderoso Emir de Kandahar se divirtió bastante con la historia y nombró ministros a los tres príncipes. Por cierto, que el segundo hermano se casó con la muchacha, que estaba bastante harta del mercader”.

- “La sabiduría tiene su premio”.

- “La casualidad los salvó y aprendieron a ser mucho más prudentes a la hora de manifestar su inteligencia ante los demás”.
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CUANDO LAS COSAS NO SON COMO QUEREMOS

     A todos nos ha pasado que las relaciones interpersonales no son como queremos, a veces nos duele, nos amarga y hasta nos distancia. Las relaciones familiares pueden ser más intensas. ¿Quién no ha tenido un enfrentamiento serio con algún familiar? Sería ingenuo pensar que siempre estaremos de acuerdo, pero también nos gusta alzar la voz y dar nuestra opinión.

     Hay padres, hermanos, primos, tíos, etc. que no se hablan, porque han roto sus corazones o porque no saben cómo manejar un asunto y el ego es tan grande que son incapaces de perdonar. Para empezar, hay que reconocer uno mismo que se equivocó. Sí, sí … al ofender e imponer alguna idea. Muchas veces, los padres, creemos que tenemos la razón por ser los guías y por tener más experiencia en la vida.

   ¿Pero, cómo nos sentimos en esa situación? Esa es la clave, qué es lo que sientes, identifícalo y resuélvelo, pero resuélvelo en ti, pues tú también fuiste afectado por tus palabras y por tus acciones. Una vez hecho esto, expresa el resultado y pide disculpas, pero no te corresponde convencer. A lo que voy es que uno lo intenta y la otra persona muchas veces se hace la interesante, haciendo las cosas más complicadas. No caigas en el juego, como dice el dicho… “Yo soy responsable de lo que digo, pero no responsable de lo que entiendas” eso de estar rogando el perdón déjaselo al canal de las estrellas y sus tan horribles novelas.

    El corazón no se equivoca cuando uno resuelve y se quita esa carga, sigues adelante, pero hay personas tan tóxicas que les encanta el drama y son adictos a esa carga y tratarán de no hacerse responsables y seguirte hundiendo junto con ellos en ese charco inmundo. Mejor sonríe y ¡sigue adelante! Yo sé que cuando es un familiar hace las cosas más complicadas, pero de la energía de uno depende que las experiencias ocurran.

    Una amiga me contó que tuvo un altercado con una prima (primas hermanas y muy allegadas, según me dijo); la hija de ésta había rapado el pelo de la hija de mi amiga y comenzaron a pelearse como buenas niñas de 5 y 7 años, con tanta intensidad que cuando la prima las oyó gritar las separó y regañó. Cada una corrió con su madre para acusar a la otra. Pues bien, la prima fue furiosa a reclamarle a mi amiga que su hija era una grosera y bla, bla, bla… (cuando la agresora fue su hija). Mi amiga comenzó a desesperarse y la fiesta de cumpleaños terminó entre gritos, dimes y diretes en la cocina. Todos afuera en el jardín no sabíamos qué hacer, si irnos, sentarnos o qué…

     Pues entre todo este show…las hijas de estas mujeres se abrazaron y se pusieron a jugar mientras sus mamás se sacaban los ojos por defenderlas. Una cogió a su hija y se fue muy molesta, la otra se quedó para justificar sus actos y convencer a todos de lo horrible que era la otra. ¿Se dejaron de hablar? ¡Claro! Porque el ego de las dos estaba tan inflado que ninguna puedo rectificar y decir: “perdón por decirte cosas tan hirientes” (y lo más importante pedirse perdón por permitirse estar en esta situación). Puedo asegurar que el 90% de las cosas que se dijeron no las decían de corazón y no pudieron apreciar el gran ejemplo que sus hijas les ponían, bueno ni siquiera se dieron cuenta.

   ¿Pero qué pasa? ¡¡¡Son familia!!! Las Navidades, cumpleaños y cualquier festejo familiar se volvió un tormento porque la familia y amigos no podían compartirlo tan plácidamente ya que cada una tenía una opinión de la otra o definitivamente no asistía si la otra iba.

    Un día mi amiga recapacitó y buscó a su prima para arreglar las cosas y ser familia de nuevo. Pues uno creerá que la prima la recibió con los brazos abiertos y demás, ¡pero no!  sigue enganchada en que mi amiga es un ser horrible a quien tiró del pedestal, según ella “gracias a Dios, me di cuenta a tiempo” (palabras textuales). Mi amiga obviamente se sintió decepcionada, triste, frustrada y claro, enojada queriendo decir: “¡¡¡Ahhhh esa estúpida, tan infantil!!!”. Pero no, salió de su zona de confort y le dijo en aquella cita que lamentaba mucho que no se pudieran arreglar las cosas, que ella la amaba y estimaba y que siempre estaría ahí, como familia, para ella, en el momento que quisiera. La prima obviamente comentó a los 4 vientos que mi amiga le pidió disculpas pero que uno puede perdonar, pero no olvidar y cuanta frase rastrera pudo.

    A finales de año hubo una fiesta, mi amiga, en el camino, pidió a su familia que pasara lo que pasara con la prima, su esposo e hijos, ellos no fueran groseros y que disfrutaran de la compañía de los demás. Resultado, mi amiga se lo pasó bomba y todos compartieron su alegría felices, incluso la familia de la prima, las hijas jugaron como si nada y como siempre, cenaron, rieron y cantaron, pero la prima decidió recluirse en la cocina con un par de familiares y tener cara larga, a lo que yo defino “hacerse la interesante”, para llamar la atención.

    Uno no debe hacerse responsable ni hacer propios los sentimientos de los demás, mi amiga hizo lo correcto y la prima decidió que ella quería seguir enojada; por alguna razón, eso le trae algún beneficio que yo desconozco.

     La conclusión es que no debemos quedarnos apenados porque a algún familiar o amistad no le agrademos; que duele… ¡uff, claro! Pero más duele amargarse por alguien que en ese momento está en la energía incorrecta, pero eso no quiere decir que no le amemos. Todos esperamos que la prima recapacite y un día pueda volver a ser la persona querida de mi amiga, ¡en realidad, la extrañamos!

    Cuando estés en un altercado recuerda que todo lo que dices te lo dices a ti también. Cuando pides perdón, también te lo pides a ti, pues de uno no puede salir nada que no exista adentro.

 

Serendipia: Relatos que se leen sin prisa y

conquistan sin pausa




SINOPSIS

   Serendipia es la invitación a dar un paseo por una serie de historias cortas, de la mano de sus personajes, a conocer sus vidas, indagar en sus pensamientos y empatizar o no con ellos. Andarás por multitud de escenarios, pisarás calles conocidas, otras no tanto, y te colarás en lugares en los que jamás hubieras imaginado.

  A lo largo de estos veinticuatro relatos, pasearás entre amores, desamores, mentiras, anhelos, culpa, deseos, colores, miedos, sabores, olores… todo lo necesario para agudizar tus sentidos y alimentar tus ansias lectoras. Al final de cada relato, siempre desearás una página más.

   Abre tu mente, cálzate zapatos cómodos y ¡adelante!, los personajes te están esperando.

Serendipia: un hallazgo inesperado. Mientras buscas una cosa encuentras otra distinta, que no esperabas descubrir.

   Como bien especifica la sinopsis del libro nos encontramos delante de veinticuatro relatos cortos, relatos cotidianos sencillos pero todos con una enseñanza o reflexión que hacernos respecto a cosa a veces tan evidentes y "simples" pero a la vez tan contundentes. Yo personalmente me he encontrado en más de una ocasión al final de muchos de estos relatos, con una sensación de "impacto emocional" bastante fuerte, una sensación parecida a cuando alguien te cierra una puerta en la cara y te deja ahí sin saber bien como reaccionar o gestionar esos sentimientos, de ahí que he hecho referencia antes a lo de "que son historias que te hacen reflexionar".

   La minuciosidad con la que se ha escogido cada una de las palabras, y la forma tan "limpia" y clara de desarrollar todos y cada uno de los relatos, me ha llegado a conmover no solamente por la efectividad en ellos, sino también porque pone en clara evidencia el amor, dedicación y respeto que ha puesto la autora ya no solamente a sus historias sino también a la intencionalidad de esta para llegar a transmitir esos mismos valores a sus lectores, y eso es algo que no todos los escritores pueden decir, y que yo personalmente valoro mucho. Por otro lado la frase "Para leen sin prisa y conquistar sin pausa" creo que es totalmente acertada y ahora tras haber terminado de leer el libro, he llegado a comprender en toda su magnitud.

   Hacia el final del libro nos encontramos con las colaboraciones de otros autores, que realmente me han gustado mucho, y creo que es una muy buena forma de poner el "broche final", a la vez que conoces otros escritores. Serendipia te trae unos relatos tan cortos como impredecibles, y que probablemente no te dejaran indiferente, mientras intentas organizar muchos de los pensamientos y sentimientos que evocarán en tu mente el hecho de leerlos. Nos encontramos (en mi humilde opinión), delante de una pequeña gran obra.

Palabras de la autora:

   Escondida bajo el hechizo de las letras, soy otra persona, me visto con una piel que no me duele, que me deja vivir otras vidas. Morir mil veces y renacer otras tantas. Con sólo unas pocas palabras puedo subir al cielo o caer en el más oscuro averno, todo o nada. Y lo mejor es que yo decido quien quiero ser.

   Este libro es una compilación de relatos breves de diversas temáticas. Lo que más me asombró, además de la buena pluma de Liliana para las narraciones breves, fue que hacia el final hay varios relatos de autores invitados, lo cual no suele ser usual y revela el carácter bondadoso de la autora, que no ha dudado en compartir su espacio con más personas.

   El estilo de Liliana para los relatos breves me ha gustado mucho. En la primera obra que leí de ella, La extraña mujer, se percibían los típicos errores de novato en las novelas. En los relatos, en cambio, se desenvuelve muy bien. Los argumentos y los personajes son sencillos, pero sus historias se narran de forma muy amena y conquistan precisamente por esa sencillez y por la belleza que late en ellos.

   Otro detalle que me ha apasionado de estos relatos es su capacidad para transportarte a un mundo más sencillo, más tranquilo. Mientras leía (los fui leyendo despacito para saborearlos bien: uno por día) me daba la sensación de que viajaba a mi propio pasado, a mi infancia. Creo que ello se debe a la caracterización de los diferentes personajes, tan sinceros y llenos de ternura, de luz, y quizá también por el recuerdo nostálgico del hogar en algunas piezas. Mis relatos favoritos son "Olores" y "Un cuento para Miguel".


Reseña de Serendipia de Liliana del Rosso


UN CUENTO PARA MIGUEL

Liliana del Rosso - 25 ABRIL, 2018




   Cumpliendo el ritual de cada noche, Amelia, ya con el camisón puesto, recorre la casa comprobando que todo está en orden. Planta baja, todo herméticamente cerrado; doble vuelta de llave. En la planta alta, por el contrario, las ventanas de las habitaciones dejan que se cuele el olor a primavera. Una brisa suave refresca los dormitorios invitando al descanso.

   Carlos, el adolescente de la familia, escucha música y chatea con amigos. Siempre metido en su mundo.

—Carlos, es muy tarde. ¿Cierro la contraventana?

—No, mamá. Me gusta dormir con la luz de la luna. Hoy está muy grande y resplandeciente. ¡Especial para los hombres lobo!

—¡Qué tontito! A dormir que mañana hay clase.

Amelia continúa hacia la habitación de Miguel. El pequeño de siete años, la ardilla de la casa, como lo apodó su padre.

—Miguel. ¿Por qué estás debajo de la mesa y con la luz apagada?

—Hola, mamá. Estoy preparando mi viaje a la luna. ¿Sabes? ¡Hoy es el mejor día para visitarla!

—¿Y por qué?

—¡Hoy no es de queso, es de helado de piña! Ven, mamá, siéntate a mi lado y subimos juntos. Pero yo te guío, es que, en esas manchas oscuras, no hay helado, hay sopa. Si nos acercamos demasiado podemos caer al caldero de la bruja que vive dentro de la luna.

Amelia presiente que tendrá una noche complicada.

—Me parece que es muy peligroso y me da mucho miedo. Mejor cierro la ventana y otro día visitamos la luna —dice mientras camina muy dispuesta a cerrar las contraventanas—. Mañana hay colegio y todos madrugamos.

—No, ¡no, mamá!, demasiado tarde. Ya está aquí el rayo lunar. Imposible que se vuelva sin nosotros.

Miguel se levanta, coge la mano de Amelia con gran determinación y prácticamente la arrastra hacia el escritorio. La madre, ya convencida de que será muy difícil interrumpir la aventura que Miguel tiene planeada se limita a intentar encauzar el juego. Recorre la habitación con la mirada. «Debo buscar un lugar más apropiado o no lograré que se duerma».

—Bien, me parece bien, pero yo creo que el rayo lunar llega mejor a la cama —dice Amelia—.¿Ves cómo brilla? Mucho más intenso que debajo del escritorio. ¿Qué tal si nos sentamos justo en el centro?

—Vale, te presto mi capa de mago y yo me pongo mi sombrero de copa, así podremos ser invisibles y la bruja del caldero no sabrá que estamos en la luna.

Madre e hijo se preparan para emprender el viaje. Miguel coloca a su acompañante de tal forma que él se pueda acomodar en su regazo mientras narra la aventura lunar.

—Mamá, cuidado con los brazos, que no se salgan de la luz. El mago negro, que está allí fuera, intentará congelarte. ¡No quiere que los niños salgan por la noche!  Recuerda, cuando lleguemos no te separes de mi lado, los habitantes de Lunolandia son mis amigos, si te ven conmigo estarás a salvo. No les gusta que los mayores los visiten.

   Amelia, perpleja ante tanta creatividad, sigue las instrucciones de su hijo sin replicar.

—Ya estamos aquí, pisa con mucho cuidado que el helado todavía está muy blando. ¡Pero no comas! Mis amigos se pueden enfadar.

   Los dos visitantes avanzan sobre la blanda, fría y dulce superficie lunar.

—En aquella cueva vive el rey Kalu, es muy bueno; siempre viene a visitarme por las noches y me cuenta historias.  Dice que un día me llevará con él, a la casa de la bruja, y juntos la echaremos de la luna. Como él es muy buen cocinero llenaremos los huecos negros con patatas fritas y hamburguesas.

   Distintos personajes se suceden apareciendo de la nada, mejor dicho, de la prodigiosa imaginación de Miguel.

   El aire que entra por la ventana, o el frío lunar, anima al niño a abrigarse entre los brazos de su madre.  La pelea con los secuaces de la bruja del caldero de sopa se hace menos violenta.

   Ella le acaricia las piernas, única parte de su cuerpo que mantiene inmóvil. Sus delgados brazos convertidos en invencibles armas no dejan de guerrear.

   Finalmente, el sueño vence a Miguel. Amelia lo acomoda dentro de la cama, lo tapa y con paso casi angelical se acerca a la ventana para cerrarla.

—¡No, mamá! Si cierras la ventana no podremos volver a casa. A mí me gusta el helado y mis amigos de Lunolandia, pero mañana tengo el campeonato de fútbol en el colegio y soy el portero.

«Estoy agotada, necesito que se duerma», piensa Amelia, y se gira con gesto de enfado.

—Pues entonces a dormir. —Arropó al niño, apagó la luz y se dispuso a salir de la habitación.

—Mamá, ¿te acuestas conmigo? En esta cueva de la luna no hace nada de frío. —Miguel se mueve a un lado de la cama dejando espacio suficiente para otra persona— ¿Tú sabes por qué la luna a veces es de queso?

   Amelia se detiene durante unos segundos junto a la puerta.

—No, cariño. Hoy el cuento para dormir, de hoy, te tocaba a ti. —Sonríe y vuelve a entrar en la habitación para acurrucarse junto a su pequeño.


LA ÚLTIMA PARADA

Liliana del Rosso


   Primer viaje de la mañana. Las luces del ascensor se encienden y la música ambiental comienza a sonar. El reloj digital de la cabina marca seis y treinta, novena planta. Siempre puntual, la enfermera de noche que cuida al abuelo del noveno.

   La puerta del ascensor se abre, entra Clarisa, agotada, se mira en el espejo, intenta acomodarse el cabello, se huele las manos, abre su escote, y un gesto de desagrado empaña su rostro.

   La puerta se cierra. Pese a la vejez del mecanismo nos desplazamos con rapidez. Al traqueteo de todos los días, hoy se suma un golpe seco al llegar a cada planta. Eso me alerta, «los frenos de la cabina, hay que revisarlos».

   Séptimo piso. La viuda del coronel entra en la cabina, frunce el entrecejo, saca un pañuelo y lo mueve frente a su cara mientras se coloca en el extremo opuesto a Clarisa. El perfume dulce y empalagoso compite con ferocidad con el tufo alcanforado que flota en el ambiente. La enfermera la mira fijamente, suspira y continúa escribiendo en su teléfono. No deja de mover la cabeza haciendo evidente su rechazo al gesto.

MENSAJE DE CLARISA- 06:37.

   «Ya apareció la vieja con su perfumito. Yo huelo a desinfectante porque he limpiado a un enfermo, pero ella huele a sudor rancio, ¡porque no se ducha! te dejo, llego en quince minutos.»

   Guarda el teléfono y mira la pantalla que indica el número de planta. Se pregunta qué será esa luz roja que parpadea.

   Quinta planta. Una madre y su niña pequeña, las nuevas vecinas del edificio, avanzan pausadamente y se colocan en el centro de la cabina casi sin moverse.

—Mamá, no te olvides de comprar el diccionario.

—Sí. Cariño, no te apartes de mí.

   Continuamos hasta la cuarta planta. Un joven sonriente se dispone a entrar en el ascensor, lleva auriculares y, aún así, su música invade el momento.

—Buenos días. Hola pequeña ¿los lunes madrugas? —pregunta el nuevo. Una traición al protocolo de silencio tácitamente instaurado. La niña mira con timidez y sonríe.

—Sí —contesta la madre—. «Este muchacho siempre tan entrometido.» La madre coloca a la pequeña delante de ella y la abraza contra sus piernas.

   Silencio, solo silencio. Cada uno en su sitio ignorando al resto de los pasajeros.

   El viaje continúa. Hasta que un golpe seco acelera la bajada. Un atronador ruido, las luces se apagan. Gritos de pánico que se convierten en un único, oscuro y desgarrador último clamor. Un golpe final. El silencio vuelve a reinar.

   La última parada. Te subes a la vida en la parada indicada, pero nunca sabes dónde te vas a bajar

   Tras algunos minutos una voz.

—Mamá, mamá. ¿Qué ha pasado?  Mi pierna me duele mucho.

—¿Dónde estás, pequeña? No llores, el ascensor ha sufrido una avería, dame la mano, ya volverá la luz —dice el joven mientras su cuerpo cae sobre la niña.

   Segundos, minutos de fría quietud.

—Muchacho, mira qué pasa con la enfermera que no se mueve.

—Señora, tóquela usted, está más cerca.

—Muchacha, ¿estás bien?

—Sí. Gracias señora, creo que me he golpeado la pierna, pero no me duele. ¿Y usted?

—Estoy perfecta, no me hice nada ni siento ningún dolor —respondió la anciana plena de energía.

—¡Muchacho! ¿Cómo estás?

—Bien, sentí un fuerte golpe; pero ahora ya me puedo mover. ¡Miren, la puerta se abre! Creo que vienen a buscarnos —dice el joven mientras ayuda a la madre a levantarse.

—¿Y mi hija?

—No, ella no viene con nosotros —contesta la enfermera, desde el suelo, acurrucada en el rincón sujetándose las piernas.

—Muchacha, deja que te ayude a salir.

—Debería ayudarla yo a usted.

—Venga que soy vieja, pero he vivido muy bien, y tú has sufrido demasiado.

   En el exterior golpes y gritos, finalmente, la puerta se abre. Engranajes, cables y escombros cubre a un amasijo de personas.

—¡Por Dios! ¡Están todos muertos, el ascensor está destrozado! —dice el conserje del edificio.

—¡Debajo del muchacho, alguien se mueve!  Rápido, una camilla. —Grita uno de los bomberos que abre mis ancianas puertas.

¿Saben qué es lo irónico de esto? Que al final de la vida todos somos iguales.

«Te subes a la vida en la parada indicada, pero nunca sabes dónde te vas a bajar, ni cuánto tiempo va a durar el viaje».

Y tú, ¿cómo llevas tu viaje?



SERENDIPITY / SEÑALES DE AMOR

Video con escenas del film Serendipity / Señales de amor,  protagonizado por John Cusack  y  Kate Beckinsale - Música : "Hello", de Lionel  Richie


Mi sueño - Serendipity

Las imágenes pertenecen a la película "Serendipity" y la canción "Mi sueño" es una composición de los 90 del grupo gallego "La ruina de Palmira", se disolvieron años más tarde. 

Una de las mejores sensaciones en la vida es abrazar a alguien...después de perder la esperanza de verla.

... y de pronto está ahí; es un abrazo en el que se funden dos almas; es la comunión mutua en la que cada una se da a la otra y se recibe en lo más profundo y silencioso de su ser. Es un dar y recibir amor, un reconocimiento mutuo y pleno que puede hacer brotar la sonrisa o puede llegar a lo profundo con compasión y las lágrimas afloran sin pretenderlo..esa sensación es.. comunión y ternura

PETRUS RYPFF


A E.C. que hace unos meses pasó por una situación muy delicada...










 


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