sábado, 21 de agosto de 2021

LA INCERTIDUMBRE DEL NUEVO RÉGIMEN TALIBÁN

 

LA INCERTIDUMBRE DEL NUEVO RÉGIMEN TALIBÁN

Patrulla de Talibanes en Kandahar (Afganistán)

Afganistán no es país para cobardes

¿De verdad no hay nada que la Comunidad Internacional pueda hacer ante tanta barbarie que se avecina?

   Las potencias occidentales, con sus miles de millones invertidos, sus armas y trajeados diplomáticos, nunca fueron competencia para una banda de iluminados fundamentalistas que al menos creía en lo que hacía.

Soldados del Ejército español en Afganistán. (EFE)

Por David Jiménez. 17/08/2021

   El 23 de febrero de 2008 se organizó en Paracuellos un homenaje a los soldados españoles desplegados en el extranjero. Pero a Rubén López y Julio Alonso, que acababan de regresar de Afganistán mutilados, se los llevaron a un patio trasero y les colgaron las medallas a escondidas. He utilizado a menudo la escena relatada en su día por Pedro Simón en 'El Mundo' para explicar por qué Estados Unidos y sus aliados, incluida España, nunca ganarían la guerra. Afganistán no es país para cobardes. Y los líderes occidentales lo han sido: desde el día que ordenaron la invasión hasta su humillante retirada de estos días, 20 años después.

Foto: Joe Biden. (EFE) - Biden defiende la retirada de Afganistán y culpa del caos al Gobierno afgano

   Los arquitectos del desastre nunca se merecieron a los soldados que enviaban a una misión imposible ni a los afganos que decían querer rescatar, y que forman uno de los pueblos más nobles. Durante los 10 años que cubrí el conflicto, entre 2001 y 2010, en pocos sitios me sentí más protegido que en esos hogares donde te daban las buenas noches con un: “Eres mi invitado y no dejaré que nada te pase”. Esa es la condición de la hospitalidad afgana: haber sido invitado. Una parte de la población, especialmente en las grandes ciudades, extendió la invitación a las potencias extranjeras en los primeros momentos tras la caída de los talibanes. El infierno vivido bajo su totalitarismo teocrático hizo que dejaran de lado su nacionalismo feroz -¿qué otro pueblo puede decir que derrotó a los imperios británico, soviético y estadounidense?- y dieran una oportunidad a sus últimos invasores. El Pentágono no quería más imágenes de soldados regresados de Vietnam en bolsas de plástico En tres meses, los aliados la habían malogrado. George W. Bush, primer comandante en jefe del plan, decidió invadir el país con las mínimas fuerzas y riesgos políticos. El Pentágono no quería una repetición de esas imágenes de soldados regresados de Vietnam en bolsas de plástico que tanto hicieron por volver la opinión pública en contra de la intervención en Indochina. El despliegue, pues, se limitó a Kabul en un principio y se extendió a otras zonas de forma ridículamente lenta e insuficiente. Con gran parte del país sin asegurar, los talibanes aprovecharon el vacío para reconstituirse y lanzar su paciente reconquista.

"Han ganado": con la caída de Kabul, los talibanes declaran la victoria y se hacen con Afganistán

A. Alamillos

   Los errores iniciales fueron aceptados con sumisión por los europeos, mientras las voces disidentes y autorizadas fueron ignoradas. Recuerdo que por entonces andaba por allí Frances Vendrell, representante de la Unión Europea en el país asiático y el español que mejor conocía la situación. Era un tipo calmado, pero desesperaba ante la ineptitud general y la ignorante soberbia con la que se perpetraban los mayores desatinos. La reconstrucción del país fue liderada por gente que no conocía nada del país. Sin que tampoco les importara. Los estadounidenses y sus aliados optaron por combatir la insurgencia desde el aire para evitar bajas. A veces daban en el objetivo; otras masacraban a los invitados de una boda o los empleados de una fábrica. El número de bajas civiles aumentó, los progresos de reconstrucción se vieron ralentizados en zonas clave y los talibanes recibieron la munición que necesitaban para avanzar. Al afgano no le gusta que lo maten, pero le gusta todavía menos que lo haga un extranjero. La invitación había expirado. La última vez que viajé a Afganistán, ninguno de los periodistas que seguían en el país creían que se ganaría. Los talibanes aumentaron sus ingresos según ganaban territorios y establecían el cobro de “impuestos islámicos”, incluidos los generados por el cultivo de opio. Poco a poco, con la ayuda de sus viejos aliados en la inteligencia pakistaní, se hicieron más fuertes. La voluntad de los aliados, cada vez más débil, tomó el camino inverso. La última vez que viajé a Afganistán, hace ya 10 años, ninguno de los periodistas o diplomáticos que seguían en el país creían que se ganaría. Tampoco los generales de la OTAN o los gobernantes occidentales lo pensaban. Pero decidieron ocultárselo a la opinión pública. Todos conocían la tragedia que acompañaría a la derrota. Los avances logrados en educación, mejora de los derechos de las mujeres, democracia… se perderían en favor de un califato de fanáticos. Quienes tuvieran medios huirían, dejando detrás a los demás. La represión regresaría, en toda su brutalidad. Y Afganistán volvería al olvido y la indiferencia, su destino en pocos días.

Foto: El aeropuerto Hamid Karzai. (EFE). Caos en el aeropuerto de Kabul: los talibanes agreden con candados de bicicleta a quienes intentan acceder. El fiasco organizativo en la evacuación de EE.UU., el país con mayor presencia en Afganistán, está suponiendo una crisis política para Joe Biden, sobre todo, porque los indicios indican que podría haber anticipado la crisis


¿Qué pasa en AFGANISTÁN?: claves para entender el conflicto

Los talibanes, una milicia islámica surgida en Afganistán por la década de los 90, tomaron esta semana control del Gobierno en ese país luego del retiro de las tropas estadounidenses. Aquí te dejamos 8 claves para comprender el origen del conflicto

Los españoles en Afganistán esperan su rescate en un aeropuerto sumido en el caos

P. B. Agencias

   Las potencias occidentales, con sus miles de millones invertidos, sus armas de última generación y sus diplomáticos trajeados nunca fueron competencia para la banda de iluminados, ignorantes y desarrapados que forman el movimiento talibán: ellos conocían el campo de batalla y los otros no; ellos creían en lo que hacían y los otros no; ellos estaban dispuestos a morir por su visión fundamentalista de Afganistán y nosotros… Nosotros escondíamos a los heridos que volvían del frente con su verdad incómoda: el sacrificio estaba siendo en vano. La guerra, olvidaron decirnos, estaba perdida desde el mismo día que comenzó.

RÉGIMEN TALIBÁN: PROHIBIDO BAILAR, NO A LOS COSMÉTICOS, NO A LOS TACONES, NO A "EXHIBIRSE" Y REÍR EN PÚBLICO. LAS MUJERES AFGANAS VUELVEN A SER PERSONAS DE SEGUNDA CLASE.

Una mujer sostiene una rosa en Kabul, Afganistán  - Sputnik Mundo, 1920, 19.08.2021
Con la llegada nuevamente de los talibanes al poder en Afganistán, la comunidad internacional ha manifestado su preocupación por la posible violación de los derechos humanos de la población civil, especialmente de las mujeres y niños
   Si no tuviéramos suficiente con el machismo imperante en la mayoría de los países "civilizados", mayor cuanto más a la derecha te sitúas en el espectro político de sociedades supuestamente avanzadas, hete aquí que en la remota Afganistán vuelve a instaurarse, por la fuerza, un régimen deleznable; es lo que trae el fanatismo religioso, en el nombre de Alá, como antes lo fue en el nombre de Cristo en tiempos de las Cruzadas o de la Santa Inquisición. 


   La frase “la religión es el opio del pueblo” es autoría de Karl Marx, prominente intelectual y filósofo alemán del siglo XIX. Significa que la religión es usada por las clases dominantes como instrumento para controlar al pueblo, aliviando y dándole sentido a sus padecimientos mediante la idea de un mundo de dicha ilusoria y la promesa de una vida eterna. La frase se inscribe dentro del sistema de pensamiento de Marx, también conocido como marxismo, que sostenía que las personas oprimidas por el sistema capitalista debían hacer una revolución para acabar con el capitalismo e instaurar un régimen comunista de igualdad y justicia social. El comunismo ha fracasado en los países donde se ha instaurado a lo largo del último siglo, debido a que en ellos se ha ejercido el poder de forma dictatorial y queda claro que ese no es el camino. Casi nadie duda que las dictaduras ejercen terrorismo de Estado y que el terrorismo es abominable en cualquiera de sus formas, se basa en la inoculación del miedo y el odio y eso es tremendamente nocivo para el hombre, vale, y la mujer. 


Son claros ejemplos el Régimen Nazi, El fascismo de Mussolini, la dictadura franquista y más recientemente las acciones de DAESH y el yihadismo en ciudades milenarias como  Palmira (Siria), Hatra, Nimrod y Nínive (Irak), Tombuctú (Malí)  cuyo patrimonio artístico y cultural ha sido miserablemente arrasado.


Cinco grandes monumentos históricos destruidos por los yihadistas


  La destrucción de edificios, en algunos casos de incalculable valor histórico o artístico, es una de las consecuencias inevitables de las guerras. Pero la lista de obras arquitectónicas derribadas en los últimos años en zonas en conflicto del norte de África y Oriente Próximo responde a fines ideológicos. El yihadismo que se ha extendido en países como Siria, Irak o Malí tiene como objetivo también borrar de la faz de la tierra la herencia cultural de pueblos, que, según argumentan los extremistas, pecan de idolatría. Estos son algunos de los grandes monumentos históricos destruidos por islamistas radicales:

1. Palmira (Siria) 




Columnata de entrada del templo de Baal Shamin, en una fotografía de octubre de 2009.



Una imagen del Arco del Triunfo (Palmira, Siria) tomada el 14 de marzo de 2014 frente a una vista general tomada el 31 de marzo de 2016.


   Situada unos 250 kilómetros al este de Damasco (Siria), esta ciudad, que vivió su máximo esplendor a mediados del siglo III bajo el reinado de Zenobia, prosperó como un oasis en el desierto y una parada para caravanas en la ruta de la seda. Sus avenidas de columnatas y templos se conservaron en buen estado hasta el siglo XX, cuando Palmira se convirtió en un centro turístico. Fue en mayo de 2015 cuando el Estado Islámico (ISIS) conquistó la ciudad milenaria y ejecutó públicamente a Jaled al-Asaad, un arqueólogo sirio que había supervisado las excavaciones del sitio durante décadas, para colgar su cuerpo de una columna. El 23 de agosto de ese año los yihadistas volaron el templo de Baal Shamin, de 1.900 años de antigüedad y de los mejor conservados, dedicado al dios fenicio de las tormentas. Los yihadistas también han derribado el Templo de Bel, una de las mayores estructuras del lugar, y el Arco del Triunfo, una puerta de entrada a la ciudad que llevaba allí 2.000 años. El Ejército sirio recuperó la ciudad, en marzo de 2016, para descubrir que muchas partes antiguas permanecen en pie: Palmira está menos dañada de lo que se pensaba.

2. Hatra (Irak)


Un yihadista destruye a palos un elemento de Hatra (Irak).

   Esta ciudad construida en el siglo III a.C fue la capital del reino de los partos, en los límites del imperio romano, y un gran centro comercial de la ruta de la seda. Con una arquitectura que combina elementos griegos y romanos con características orientales, el conjunto fue designado patrimonio mundial por la UNESCO en 1985. El ISIS entró en Hatra en 2014 y supuestamente ha utilizado el lugar como vertedero de municiones y un campo de entrenamiento. Los integristas arrasaron la ciudad en marzo de 2015. En abril de ese año difundieron un vídeo en el que varios combatientes destruían estatuas mazo en mano y con armas automáticas.


Estado Islámico destruye la antigua ciudad Hatra

Miembros del grupo Yihadista ISIS destruyeron y saquearon  la ciudad de Hatra, cuya historia data desde hace más de 2 mil años, denunció el Ministerio iraquí de Turismo y Antigüedades. La antigua ciudad, ubicada al norte de Irak, fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1985.




3. Nínive (Irak)


Un terrorista del Estado Islámico destroza una estatua en el museo de Nínive.
Un terrorista del Estado Islámico destroza una estatua en el museo de Nínive.AFP

   Es una de las capitales desde las que el imperio asirio, que se extendió hasta dominar buena parte del mundo antiguo entre el 600 y el 900 a.C, gobernó su territorio. Ubicada en las afueras de Mosul y conquistada por el ISIS en agosto de 2014, quedó en el punto de mira de los yihadistas desde entonces. En 2015 destruyeron o desfiguraron muchas estatuas de gran valor artístico que estaban expuestas en el Museo de la Civilización de Mosul. Los terroristas destrozaron las estatuas de Lammasu, una divinidad protectora de la mitología mesopotámica —representada bajo la figura de hombre-toro con alas de águila—, que aún daba la bienvenida en la antigua Puerta de Nirgal.

   Al saqueo del museo hay que añadir el de las bibliotecas de Mosul. En diciembre de 2015, los yihadistas quemaron la biblioteca de la Universidad de Mosul y, a finales de febrero, volaron la biblioteca pública central de la ciudad, un edificio histórico construido en 1921. Miles de libros y manuscritos centenarios desparecieron, y se cree que fueron vendidos en el mercado negro.

4. Nimrod (Irak)


Trabajadores limpian una estatua en un yacimiento arqueológico en Nimrud.KARIM SAHIB / AFP

   Los restos arquitectónicos de la primera capital asiria, fundada hace 3.200 años a unos 30 kilómetros al sudeste de Mosul, fueron dinamitados por el ISIS en 2015. Los yihadistas utilizaron excavadoras para derribar varias partes del sitio, rodeado por una muralla de tierra. La destrucción de originales de gran valor quedó limitada, sin embargo, por dos motivos. Parte de la ciudad permaneció segura por estar aún enterrada. Los arqueólogos británicos que excavaron la ciudad en la década de 1840 también se encargaron de enviar docenas de estatuas a varios museos, entre ellos el Metropolitan de Nueva York y el Museo Británico de Londres.

5. Tombuctú (Malí)


La mezquita de Tombuctú (Malí), construida en el siglo XV.

   En la primavera de 2012, una coalición formada por un movimiento nacionalista tuareg y un grupo de islamistas radicales arrebataron el norte del país a la República de Malí, incluidas las históricas ciudades de Tombuctú y Goa. Tenían planes diferentes para la zona, pero los yihadistas de Ansar al Din finalmente se impusieron y las consecuencias no se hicieron esperar: centenares de mausoleos de la ciudad, muchos de ellos sufíes, fueron destruidos, entre ellos la mezquita de la ciudad.



 La furia contra monumentos considerados iconoclastas recordó entonces a la destrucción de los budas gigantes de Bamiyán (Afganistán), unas estatuas de 55 metros de altura que los talibanes derribaron en 2001.


Buddhas of Bamyan Buddhism in Afghanistan

the statues represented the classic blended style of Gandhara art. They were respectively 35 and 53 m (115 and 174 ft) tall. archaeologists searching for a legendary 300-metre statue at the site announced the discovery of parts of an unknown 19-metre (62-foot) reclining Buddha, a pose representing Buddha's Parinirvana













    Durante una conferencia de prensa realizada el pasado 17 de agosto, el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, prometió, sin dar más detalles, que los talibanes respetarán los derechos de la mujer dentro de las normas de la ley islámica.
  Además, señaló que los talibanes han animado a las mujeres a regresar al trabajo y han permitido que las niñas regresen a la escuela, entregando pañuelos islámicos en la puerta.
  Sin embargo, a pesar de estas promesas, muchos analistas y organizaciones a favor de los derechos de las mujeres en Afganistán temen que la situación se torne cada vez más difícil para las féminas que viven en el país.

Derechos de las mujeres en Afganistán

   Los derechos de las mujeres en Afganistán han variado a lo largo de la historia. Las mujeres lograron la igualdad en la constitución de 1964, sin embargo, estos derechos les fueron arrebatados en la década de 1990 con la guerra civil y la llegada al poder de los grupos fundamentalistas talibán entre 1996 y 2001. Tras el derrocamiento del régimen talibán a finales del 2001, los derechos de las mujeres avanzaron gradualmente. La Constitución de 2004 recuperó derechos arrebatados en las últimas décadas planteando un avance al menos desde la perspectiva legal, ya que el peso de la tradición, especialmente en las zonas rurales continúa resultando especialmente desfavorable para el avance y el reconocimiento de los derechos de las mujeres en la República Islámica de Afganistán.​ Entre mayo y agosto de 2021 con el avance de los talibanes en el control del país, las organizaciones de derechos humanos y Naciones Unidas confirma un nuevo retroceso en los derechos. 


Talibán policía religiosa golpea a una mujer en Kabul filmado por RAWA el 26 de agosto de 2001.


Contexto histórico: Cultura de Afganistán

   La población actual de Afganistán es de 40. 404 202, 51.7% son hombres y 48.3% mujeres. Alrededor del 22% de los afganos viven en áreas urbanas y el 78% restante vive en el área rural. ​Como parte de la tradición local, la mayoría de las mujeres se casan poco después de completar la escuela y casi todas viven como ama de casa por el resto de sus vidas.

   Distintos presidentes de Afganistán han intentado constantemente aumentar la libertad de las mujeres. En su mayor parte, estos intentos no tuvieron éxito. Sin embargo, hubo algunos líderes que pudieron hacer algunos cambios significativos. Entre ellos estaba Rey Amanulá, que gobernó de 1919 a 1929 e hizo algunos de los cambios más notables en un intento de unificar y modernizar el país. Él, junto con otros gobernantes que lo seguían, promovió la libertad de las mujeres en la esfera pública para disminuir el control que las familias patriarcales tenían sobre las mujeres. El rey Amanulá enfatizó la importancia de la educación femenina. Además de alentar a las familias a enviar a sus hijas a la escuela, promovió la presentación de mujeres y las convenció para que adoptaran un estilo de vestir más occidental.​ En 1921, creó una ley que abolió el matrimonio forzado, el matrimonio infantil, el precio de la novia y puso restricciones a la poligamia, una práctica común entre los hogares en la región de Afganistán. Con el tiempo, estas restricciones se hicieron casi imposibles de aplicar.

   La reforma social moderna para las mujeres afganas comenzó cuando Reina Soraya, esposa del rey Amanulá, hizo reformas rápidas para mejorar la vida de las mujeres y su posición en la familia. Fue la única mujer en aparecer en la lista de gobernantes en Afganistán y se le atribuyó haber sido una de las primeras y más poderosas activistas afganas y musulmanas. La Reina Soraya, junto con la de su esposo, abogaron por reformas sociales para las mujeres que derivó en protestas y contribuyó a la desaparición definitiva de su reinado y el de su esposo en 1929.​

   Los sucesores Mohammed Nadir Shah y Mohammed Zahir Shah actuaron con más cautela, pero forjaron un progreso moderado y constante de los derechos de las mujeres.​ A lo largo del siglo XX, los hombres continuaron teniendo el control final sobre las mujeres. Después de la elección de Mohammed Daud Khan como primer ministro en 1953, se alentaron cada vez más las reformas sociales para dar a las mujeres una mayor presencia pública.​ Uno de sus principales objetivos era liberarse de la tradición islamista ultraconservadora de tratar a las mujeres como ciudadanas de segunda clase. Durante su tiempo realizó importantes avances hacia la modernización.​ Un pequeño número de mujeres pudo mantener trabajos como científicas, maestras, doctoras y funcionarias, y tenían una considerable libertad con importantes oportunidades educativas.​

   La Constitución de 1964 de Afganistán otorgó a las mujeres los mismos derechos y sufragio universal, y podrían postularse para un cargo.​ Sin embargo, la mayoría de las mujeres vivían como amas de casa y fueron excluidas de estas oportunidades, ya que estas leyes judiciales reformadas afganas fueron principalmente efectivas sólo en las ciudades.​ El campo era una sociedad tribal profundamente patriarcal.​

  En 1977, la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA) fue fundada por Meena Keshwar Kamal. Su oficina fue trasladada a Quetta en Pakistán, posteriormente fue asesinada en 1987.​ RAWA todavía opera en la región de Afganistán y Pakistán.​

  El Consejo de Mujeres Afganas (también conocido como el "Consejo de Mujeres") era una organización que funcionó en la "República Democrática de Afganistán" (1978–87) y la República de Afganistán (entre 1987-1992). Hasta 1989, la líder de la organización era Masuma Esmati Wardak.​ La organización fue dirigida por Wardak y un equipo de ocho mujeres. En 1978, bajo el mando de Nur Muhammad Taraki, el gobierno otorgó los mismos derechos a las mujeres. Esto les dio la posibilidad de elegir a sus esposos y carreras.​ Las afiliadas al Consejo de Mujeres Afganas era de alrededor de 150.000 mujeres y tenía oficinas en casi todas las provincias. Posteriormente la mayoría de las mujeres en Kabul como de otras ciudades importantes se resistieron a los Mujahideen cuando estos llegaron al gobierno debido a sus leyes regresivas sobre las mujeres.

   El Consejo de Mujeres Afganas brindó trabajo social a las mujeres en Afganistán, en la lucha contra el analfabetismo y apoyó la formación profesional para las personas en entre otras: secretaría, peluquería y en talleres. Muchos temieron a la plataforma reivindicativa del Consejo de Mujeres en las conversaciones reconciliación nacional que comenzaron en 1987. Se afirma que en 1991 alrededor de siete mil mujeres estaban en instituciones de educación superior y unas 230.000 niñas estudiaban en escuelas de todo Afganistán. Había alrededor de 190 mujeres profesoras y 22.000 maestras.​

Mujahideen y la era Talibán

   En 1992, el gobierno bajo Mohammad Najibullah hizo la transición al Estado Islámico de Afganistán. ​La guerra en Afganistán continuó en una nueva fase cuando Gulbuddin Hekmatyar comenzó una campaña de bombardeos contra el Estado Islámico de Afganistán en Kabul.​

   Las restricciones impuestas cuando se estableció el Estado Islámico de Afganistán fueron "la prohibición del alcohol y la aplicación de un velo a veces puramente simbólico para las mujeres". Sin embargo, las mujeres permanecieron en el lugar de trabajo y las disposiciones liberales de la constitución de 1964 se mantuvieron en gran medida. Las mujeres comenzaron a estar más restringidas después de que Hekmatyar se integrara al Estado Islámico de Afganistán como Primer Ministro afgano en 1996. Exigió que las mujeres que aparecieron en la televisión fueran despedidas. Durante la violenta guerra civil de cuatro años, varias mujeres fueron secuestradas y algunas violadas. Durante este período, el Talibán se abrió camino para tomar el control de Kabul.​

   Al igual que su líder Mohammad Omar, la mayoría de los soldados talibanes eran aldeanos pobres, educados en escuelas Wahhabi en la vecina Pakistán. Los pastunes de Pakistán también comenzaron a unirse al grupo. Los talibanes declararon que las mujeres tenían prohibido ir a trabajar y que no debían abandonar sus hogares a menos que estuvieran acompañadas por un Mahram (miembro masculino de la familia). Cuando salieran, se les obligó a usar el burka. Bajo estas restricciones, a las mujeres se les negó la educación formal.​ Generalmente se veían obligadas a quedarse en casa y pintar sus ventanas para que nadie pudiera ver a través de ellas.​

   Durante el mandato de cinco años de los talibanes, las mujeres en Afganistán fueron puestas bajo un arresto domiciliario de facto. Algunas mujeres que alguna vez tuvieron posiciones respetables se vieron obligadas a deambular por las calles embutidas en sus burkas vendiendo todo lo que tenían o mendigando para sobrevivir (ya que no podían trabajar). Las Naciones Unidas se negaron a reconocer al gobierno talibán, y Estados Unidos les impuso fuertes sanciones, similares a las impuestas a Corea del Norte. Esto llevó a dificultades extremas para todos los ciudadanos de Afganistán.

   Debido a que la mayoría de los maestros habían sido mujeres antes del régimen talibán, las nuevas restricciones sobre el empleo de las mujeres crearon una gran falta de maestros, lo que ejerció una enorme presión sobre la educación de los niños y las niñas. Aunque a las mujeres se les prohibió la mayoría de los trabajos, incluida la enseñanza, a algunas mujeres en el campo de la medicina se les permitió continuar trabajando.​ Esto se debe a que los talibanes exigieron que las mujeres sólo pudieran ser tratadas por médicos femeninos.​ Además, por varias razones, era difícil para las mujeres buscar atención médica. Incluso cuando una mujer pudo llegar a un hospital, no tenía garantías de que la vería un médico. También se les negaba la posibilidad de usar lentes entre tantas otras restricciones.

   Varios comandantes talibanes y de Al-Qaeda dirigieron una red de trata de personas, secuestraron a mujeres y las vendieron para su prostitución forzada y esclavitud en Pakistán.​ Time Magazine escribió:

"Los talibanes a menudo argumentaban que las restricciones brutales que imponían a las mujeres eran en realidad una forma de revertir y proteger al sexo opuesto. El comportamiento de los talibanes durante los seis años en que expandieron su gobierno en Afganistán se burlaron de esa afirmación".​


Un grupo de mujeres afganas que visitan los Jardines de Babur en Kabul


   Sahraa Karimi, nombrada la primera directora general femenina de Afghan Film en 2019

   A finales de 2001, después de la Guerra de Afganistán, las Naciones Unidas formaron un nuevo Gobierno e impusieron a Hamid Karzai como presidente, que incluyó a mujeres como en el Afganistán anterior a los años noventa.​ Según la nueva constitución de 2004, el 27 por ciento de los 250 escaños en la cámara baja están reservados para mujeres.​ En marzo de 2012, el presidente Karzai aprobó un "código de conducta" emitido por el Consejo de Ulemas. Algunas de las reglas establecen que "las mujeres no deben viajar sin un tutor masculino y no deben mezclarse con hombres extraños en lugares como escuelas, mercados y oficinas". Karzai dijo que las reglas estaban en línea con la ley islámica y que el código de conducta fue escrito en consulta con el grupo de mujeres afganas.​ Las organizaciones de derechos humanos y activistas femeninas dijeron que al respaldar este código de conducta, Karzai estaba poniendo en peligro el "progreso difícilmente logrado en el derecho de las mujeres desde que los talibanes cayeron del poder en 2001".​ La BBC informó que varias mujeres habían reaccionado a la aprobación con humor.​

   La situación general de las mujeres afganas había mejorado en la última década, particularmente en las principales zonas urbanas, pero las que viven en zonas rurales del país aún enfrentan muchos problemas. En 2013, una autora india Sushmita Banerjee fue asesinada en provincia de Paktika por militantes por supuestamente desafiar los dictados talibanes. Estaba casada con un empresario afgano y se había mudado recientemente a Afganistán. Anteriormente había escapado de dos instancias de ejecución por parte de los talibanes en 1995 y luego huyó a la India. Su libro basado en su escapada de los Talibanes también fue filmado en una película de Bollywood.​

   Un informe del gobierno de 2011 encontró que el 25 por ciento de las mujeres y niñas eran menores de 16 años cuando se casaron.​ En 2013, las Naciones Unidas publicaron estadísticas que muestran un aumento del 20% en la violencia contra las mujeres, a menudo debido a que la violencia y la cultura conservadoras justifican la violencia doméstica. En febrero de 2014, Afganistán aprobó una ley que incluye una disposición que limita la capacidad del gobierno de obligar a algunos miembros de la familia a ser testigos de violencia doméstica. Human Rights Watch describió la implementación de la Ley de 2009 sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres como "pobre", y señaló que algunos casos son ignorados.

   Según la ley afgana, las mujeres de todo el país pueden conducir vehículos.​ También se les permite participar en ciertos eventos internacionales como Juegos Olímpicos y competencia de robots.​ Organizaciones de derechos humanos, incluyendo Human Rights Watch​ y la Comisión de los Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional​ han expresado preocupación por los derechos de las mujeres en el país. El "Instituto de Georgetown para Mujeres, Paz y Seguridad" clasifica a Afganistán como uno de los peores países para las mujeres del mundo.​

Violencia contra las mujeres en Afganistán. El Asesinato de Farkhunda

    Al igual que en otros países, también se ha informado de violencia contra las mujeres en Afganistán.​ En marzo de 2015 Farkhunda Malikzada, una mujer afgana de 27 años fue golpeada públicamente y asesinada por una turba enfurecida de musulmanes radicales en Kabul tras una falsa acusación de Profanación del Corán. ​Varios funcionarios públicos prominentes recurrieron a Facebook inmediatamente después de la muerte para respaldar a los desalmados que provocaron el linchamiento.​ Más tarde se reveló que ella ni siquiera quemó el Corán.​

   Muchas mujeres en Afganistán experimentan algún tipo de abuso. Algunos han sido encarcelados por delitos menores.​ Los perpetradores de la violencia son a menudo familiares de la víctima. En 2009, la eliminación de la violencia contra las mujeres se convirtió en ley. Aparecieron múltiples organizaciones integradas por destacadas activistas por los derechos de las mujeres en Kabul (a saber, UNIFEM, "Centro Internacional de Derechos Humanos y Desarrollo Democrático", Red de Mujeres Afganas, la Comisión de Mujeres del Parlamento y el Ministerio de Asuntos de la Mujer de Afganistán).​

   En Afganistán, prevalecen las costumbres y tradiciones influenciadas por reglas patriarcales centenarias, el tema de la violencia contra las mujeres se vuelve más pronunciado. Los altos niveles de analfabetismo entre la población perpetúan aún más el problema. Hay muchas mujeres en Afganistán que creen que es aceptable que sus esposos abusen de ellas. Revertir esta aceptación general del abuso fue una de las principales razones detrás de la creación de la eliminación de la violencia contra las mujeres.​ 

   En 2012, Afganistán registró 240 casos de Crimen de honor. De los asesinatos por honor denunciados, el 21% fueron cometidos por los esposos de las víctimas, el 7% por sus hermanos, el 4% por sus padres y el resto por otros familiares (de sangre o político).​ En mayo de 2017, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán concluyó que la gran mayoría de los perpetradores de asesinatos por honor no fueron juzgados o castigados.​


Hillary Clinton de pie con mujeres políticas afganas, que incluye Sima Samar a su izquierda, Fauzia Koofi (con el pañuelo verde en la cabeza) a su derecha, y Selay Ghaffar y Maria Bashir entre otras.

   Un gran número de mujeres afganas sirven como miembros del parlamento.​ Algunos de estos incluyen Shukria Barakzai, Fauzia Gailani, Nilofar Ibrahimi, ​Maria Bashir, Fauzia Koofi y Malalai Joya. Varias mujeres también tomaron posiciones como Ministros del Consejo de Ministros, incluidas Suhaila Seddiqi, Sima Samar, Husn Banu Ghazanfar y Suraya Dalil. Habiba Sarabi se convirtió en la primera mujer gobernadora en Afganistán (de la Provincia_de_Bamiyán). También se desempeñó como Ministra de Asuntos de la Mujer. Azra Jafari se convirtió en la primera alcaldesa de Nili, la capital de Provincia de Daikondi. A diciembre de 2018, Roya Rahmani es la primera embajadora afgana en Estados Unidos.



Mujeres oficiales de la Policía Nacional Afgana.


El bordado a máquina es muy popular en Afganistán, casi todos los hogares poseen una máquina de coser.


Coronel Latifa Nabizada de la Fuerza Aérea Afgana en 2013.



General de Brigada Khatool Mohammadzai del Ejército Nacional Afgano en 2012.

   Las Fuerzas de seguridad nacional afganas, que incluye a la Policía nacional afgana, tienen un número creciente de mujeres oficiales. Una de los Generales de Brigada del Ejército Nacional Afgano es Khatol Mohammadzai. En 2012, Niloofar Rahmani se convirtió en la primera mujer piloto en el programa de entrenamiento de pilotos Fuerza Aérea Afgana en volar sola en un avión de ala fija,​ siguiendo los pasos de la Coronel Latifa Nabizada, la primera mujer piloto afgana en pilotar un helicóptero militar. Otras mujeres afganas notables incluyen Roya Mahboob, Aziza Siddiqui, Mary Akrami, Suraya Pakzad, Wazhma Frogh, Shukria Asil, Shafiqa Quraishi, Maria Bashir, Maryam Durani, Malalai Bahaduri y Nasrin Oryakhil.

   El trabajo tradicional más popular para las mujeres en Afganistán es la costura, y un gran porcentaje de la población son profesionales en costura que trabajan desde casa. ​Desde la caída de los talibanes, las mujeres han volvieron a trabajar en Afganistán. Algunas se convirtieron en emprendedoras al iniciar negocios. Por ejemplo, Meena Rahmani se convirtió en la primera mujer en Afganistán en abrir un Bowling en Kabul.​ Muchas otras son empleadas de empresas y pequeñas empresas. Algunas participaron como cantantes, actrices y presentadoras en medios de comunicación. En 2015, Negin Khpolwak, de 17 años, se convirtió en la primera mujer directora de orquesta de Afganistán.​

   En 2014, las mujeres constituían el 16,1% de la fuerza laboral en Afganistán.​ Debido a que la nación tiene una economía en dificultades abrumada por un desempleo masivo, las mujeres a menudo no pueden encontrar un trabajo con un salario digno.​ Un área de la economía donde las mujeres juegan un papel importante es en agricultura. Del número de afganos empleados en el campo de la agricultura u ocupaciones similares, alrededor del 30 por ciento son mujeres. ​En algunas áreas de Afganistán, las mujeres pueden pasar tanto tiempo trabajando en la tierra como los hombres, pero aun así ganan tres veces menos que los hombres.​

   En términos de porcentaje, las mujeres ocupan un lugar destacado en los campos de la medicina y los medios de comunicación, y lentamente se están abriendo camino en el campo de la justicia. Debido a que las mujeres siguen siendo altamente alentadas a consultar a una doctora cuando van al hospital, casi el cincuenta por ciento de todos los afganos en la profesión médica son mujeres.​ El número de mujeres que tienen profesiones en los medios también está aumentando. Se informó en 2008 que casi una docena de cadenas de televisión tenían todas las presentadoras y productoras.​ A medida que las mujeres tienen más oportunidades en la educación y la fuerza laboral, más de ellas se están volcando hacia carreras en medicina, medios de comunicación y justicia.

   Sin embargo, incluso las mujeres que tienen la oportunidad de tener carreras tienen que luchar para equilibrar su vida hogareña con su vida laboral, ya que las tareas domésticas se consideran principalmente tareas femeninas. Dado que la economía afgana es débil, muy pocas mujeres pueden permitirse contratar personal doméstico, por lo que se ven obligadas a hacerse cargo de todo el trabajo doméstico. Aquellas que eligen trabajar deben trabajar el doble de duro porque esencialmente tienen dos trabajos.




Estudiantes escolares en la provincia de Samangan (2006)

   La educación en Afganistán ha mejorado gradualmente en la última década, pero queda mucho por hacer para que alcance el estándar internacional.​ La tasa de alfabetización para las mujeres es sólo del 24,2%.​ Hay alrededor de 9 millones de estudiantes en el país. De esto, aproximadamente el 60% son hombres y el 40% mujeres. Más de 174,000 estudiantes están matriculados en diferentes universidades en todo el país, sólo el 21% de estos son mujeres.​

  A principios del siglo XX, la educación para las mujeres era extremadamente rara debido a la falta de escuelas para niñas. Ocasionalmente, las niñas podían recibir educación en el nivel primario, pero nunca pasaban del nivel secundario.​ Durante el reinado de Zahir Shah (1933-1973) la educación para las mujeres se convirtió en una prioridad y las jóvenes comenzaron a ser enviadas a las escuelas. En estas escuelas, a las niñas se les enseñaba disciplina, nuevas tecnologías, ideas y socialización en la sociedad.​

   La Universidad de Kabul abrió a las mujeres en 1947 y en 1973 había aproximadamente 150,000 en las escuelas de todo Afganistán. Desafortunadamente, el matrimonio a una edad temprana se sumó a la alta tasa de deserción, pero cada vez más chicas ingresaban a profesiones que alguna vez se consideraron sólo para hombres. ​A las mujeres se les daban nuevas oportunidades para ganarse una vida mejor tanto para ellas como para sus familias. Sin embargo, después de la guerra civil y la toma del poder por parte de los talibanes, las mujeres fueron despojadas de estas oportunidades y enviadas de vuelta a la vida donde debían quedarse en casa y ser controladas por sus esposos y padres.

   Durante el régimen talibán, muchas mujeres que anteriormente habían sido maestras comenzaron en secreto a educar a niñas (así como a algunos niños) en sus vecindarios, enseñando de diez a sesenta niños a la vez. ​Los hogares de estas mujeres se convirtieron en hogares comunitarios para estudiantes, y fueron totalmente financiados y administrados por mujeres. Las noticias sobre estas escuelas secretas se difundieron de boca en boca, de mujer a mujer.

   Cada día, las jóvenes ocultaban todos sus útiles escolares, como libros, cuadernos y lápices, debajo de sus burkas para ir a la escuela. En estas escuelas, a las jóvenes se les enseñaron habilidades literarias básicas, habilidades de cálculo y varias otras materias como biología, química, inglés, estudios coránicos, cocina, costura y tejido de punto. Muchas mujeres involucradas en la enseñanza fueron atrapadas por los talibanes y perseguidas, encarceladas y torturadas.​

   Los talibanes aún se oponen a la educación para los niños y niñas afganos. Están incendiando escuelas, matando estudiantes y maestros por todo tipo de medios, incluso guerra química. Por ejemplo, en junio de 2012, quince sospechosos fueron detenidos por la Dirección Nacional de Seguridad de Afganistán "en relación con los ataques en serie contra la escuela en el norte de Afganistán". El NDS cree que la Dirección de Inteligencia Inter-Services de Pakistán estaba detrás de la idea. ​Durante el mismo período, Pakistán se ha negado a entregar libros de texto escolares afganos.​ En 2015, la Universidad de Kabul comenzó el primer curso de maestría en género y estudios de la mujer en Afganistán.

   Las mujeres afganas obtienen educación en Kazajistán dentro del programa educativo estatal kazajo-afgano patrocinado por la República de Kazajistán. Este país otorga gran importancia al empoderamiento de las mujeres y al fortalecimiento de la estabilidad en Afganistán.​ En septiembre de 2018, Kazajistán llegó a un acuerdo con la Unión Europea de que la UE contribuiría con dos millones de euros para capacitar y educar a las mujeres afganas en Kazajistán.​ En octubre de 2019, Kazajistán, la UE y el PNUD lanzaron un programa educativo para capacitar y educar a varias docenas de mujeres afganas en universidades kazajas durante los próximos cinco años. A partir de 2019, casi 900 graduados del programa de Kazajistán se desempeñan en altos cargos en la oficina del presidente afgano, los ministerios del gobierno, los guardias fronterizos y la policía, mientras que otros trabajan como respetados médicos, ingenieros y periodistas.​

La mujer y el deporte

Mujeres en un rally ciclista en Kabul, 2018

   En la última década, las mujeres afganas han participado en varios tipos de deportes, como fútbol sala, fútbol y baloncesto. En 2015, Afganistán celebró su primer maratón; Entre los que corrieron todo el maratón había una mujer, Zainab, de 25 años, que se convirtió así en la primera mujer afgana en correr un maratón dentro de su propio país.

Matrimonio y paternidad


Madre con sus hijos en el día de la madre en Kabul

   Los matrimonios en Afganistán generalmente están de acuerdo con el Islam y la cultura de Afganistán. La edad legal para contraer matrimonio en Afganistán es de 16 años. ​Los afganos se casan entre sí por motivos de secta religiosa, etnia y asociación tribal. Es raro ver un matrimonio entre un sunita pashtún y un chiita hazara. La nación es una sociedad patriarcal donde comúnmente se cree que los hombres mayores tienen derecho a tomar decisiones por sus familias.​ Un hombre puede divorciarse sin necesitar el acuerdo de su esposa, mientras que lo contrario no es posible.​

   El país tiene una alta tasa de fertilidad, con 5.33 niños nacidos/mujeres a partir de 2015. El uso de anticonceptivos es bajo: 21.2% de mujeres, a partir de 2010/11.​

   El matrimonio arreglado suele ser la única forma en Afganistán. Después de que se arregla un matrimonio, las dos familias firman un contrato que ambas partes tienen la obligación social y cultural de honrar. Es común entre las familias de bajos ingresos que el novio pague un precio a la familia de la novia, precio que se negocia sólo entre los padres. Ese precio de la novia se ve como una compensación por el dinero que la familia de la novia ha tenido que gastar en su cuidado y educación.​ El matrimonio forzado también se produce en Afganistán. En casi el 50% de los casos, la novia es menor de 18 años y en el 15% de los matrimonios, la novia es menor de 15. A veces, las mujeres recurren al suicidio para escapar de estos matrimonios.​

   En ciertas áreas, las mujeres a veces se intercambian en un método de resolución de disputas llamado baad (Baad es un método pre-islámico de acuerdo y compensación mediante el cual una mujer de la familia del criminal es entregada a la familia de la víctima como sirvienta o novia) que, según los proponentes, ayuda a evitar la enemistad y la violencia entre las familias, aunque las propias mujeres a veces están sujetas a una violencia considerable antes y después del matrimonio. La práctica de baad se considera ilegal en Afganistán, hasta ahora.

   Según la ley afgana, "si una mujer busca el divorcio debe contar con la aprobación de su esposo y necesita testigos que puedan testificar en la corte que el divorcio está justificado".​ La primera mujer que se divorció de un hombre en Afganistán fue Rora Asim Khan en 1927.​ Esto fue un hecho excepcional, Rora era una ciudadana extranjera, y obtuvo su divorcio con la ayuda de la embajada alemana.

    Si bien es legal que los ciudadanos varones se casen con extranjeros no musulmanes, es ilegal que las ciudadanas lo hagan, y la ley afgana considera a todos los ciudadanos afganos musulmanes.



CNN recorre una base militar estadounidense en poder de los talibanes en Afganistán

Una antigua base militar estadounidense está ahora en manos de los talibanes. Esto luego de que las fuerzas afganas se rindieran hace tres semanas cuando se les acabó la comida, dejando armas y municiones según los insurgentes. No hay claridad de cuál será el futuro de Afganistán. 



Qué ha cambiado para las mujeres en Afganistán con el Talibán | BBC Mundo
18 ago 2021

   Durante la primera rueda de prensa del Talibán tras retomar el control en Afganistán, uno de los principales mensajes enviados a la comunidad internacional fue la intención de respetar los derechos de las mujeres, aunque siempre "en el marco de la ley islámica".

   Mientras el grupo islamista estuvo en el poder (entre 1996 y 2001), las mujeres fueron discriminadas al punto de desaparecer del escenario público. Según su extrema interpretación de la sharía o ley islámica, las mujeres no deben estudiar ni trabajar. Tampoco salir a la calle, a menos que estén acompañadas por un hombre de su familia.

   Varias organizaciones de derechos humanos denunciaron los abusos a los que fueron sometidas las mujeres afganas. Hoy, 20 años después, muchas de ellas temen por su futuro, en un país marcado por la guerra, la pobreza y la inestabilidad política.


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