domingo, 13 de junio de 2021

HISTORIA DEL ESPIONAJE

 


HISTORIA DEL ESPIONAJE



Máscara de Sargón, 2250 a. C. Museo Nacional de Irak, Bagdad.

Sargón I, en acadio Sharrum-kin, (2334 a. C-2279 a. C.) fue el primer rey del que tenemos constancia que llegó a formar un imperio. La leyenda de su origen es paralela a la de otro conductor de pueblos de la Antigüedad, Moisés, ya que ambos fueron rescatados al nacer de las aguas de un río, y ninguno de los dos dudó en utilizar el espionaje para conseguir sus objetivos. 

Breve historia del espionaje

Juan Carlos Herrera Hermosilla

Director de la colección: José Luis Ibáñez Salas




Índice


Introducción.

El espionaje en la antigüedad

Orígenes del espionaje

espionaje en la Biblia

espionaje en Grecia

Los espías de Roma

El espionaje medieval y de los grandes imperios

Guerreros y espías

Religión y espionaje

Inquisición y espionaje

El espionaje en el Nuevo Mundo

Los espías del imperio inglés

El espionaje del imperio español

Las nacientes redes de espionaje de Francia y Rusia

El comienzo del espionaje moderno

Los espías cortesanos de los Borbones franceses

El intrigante espía de la Revolución francesa: Joseph Fouché

El espionaje militar napoleónico

Alí Bey: un espía español en la corte del sultán de Marruecos

El espionaje en la guerra de la Independencia española

El espionaje en los orígenes de Estados Unidos

Espionaje e inteligencia en la Guerra Civil estadounidense

Wilhelm Stieber: «El rey de los sabuesos» de Bismarck.

La internacionalización de los espías: la Primera Guerra Mundial.

Introducción

Guerra de espionajes en el desastre del 98

De la Okhrana a la Cheka: el espionaje ruso

El Evidenz Bureau austrohúngaro y su agente traidor: Alfred Redl

El caso Dreyfus

La guerra del servicio secreto alemán

El espionaje en la Bélgica ocupada

Las mujeres espías en la Primera Guerra Mundial

El nacimiento de los servicios de inteligencia británicos

El espionaje estadounidense en la Gran Guerra.

Bletchley park versus la máquina enigma.

El espionaje en la Segunda Guerra Mundial.

Introducción

El MI-6 contra el espionaje bolchevique.

Los espías de la Alemania nazi

El preámbulo de la Segunda Gran Guerra: La Guerra Civil española

La conflagración mundial

El agente Cicerón

La resistencia francesa

La lucha de los códigos

La Operación Carne Picada o «el hombre que nunca existió»

La Operación Fortitude o el engaño final de Garbo

La orquesta roja

«El hombre que salvó el comunismo»

El comienzo del Quinteto de Cambridge

Espías de la bomba atómica.

La edad de oro del espionaje: la Guerra Fría

Introducción

El cambio de bando de Reinhard Gehlen

De la OSS a la CIA

La invasión de Bahía de Cochinos

La otra cara de la moneda: el KGB

El espionaje atómico

La huida del Círculo de Cambridge

Penkovsky y la crisis de los misiles cubanos

Mossad: los ojos de Yavé

Los servicios secretos de las dos Alemanias

La ley del Talión: la Operación Cólera de Dios

El espionaje político:

El escándalo Watergate

La era Reagan o el renacer del espionaje.

Los nuevos retos del espionaje

Introducción

El espionaje desde el cielo.

La traición que no cesa.

El «Gran Hermano» global: ECHELON.

Un nuevo peligro

El asesinato por encargo

Con él llegó el escándalo. 

Anexo. Los modernos servicios secretos españoles: del CSID al CNI

Introducción

Los servicios secretos de la Transición española

El primer servicio secreto de la democracia española

Un nuevo servicio de inteligencia para un nuevo mundo: el CNI

Fiascos y logros del espionaje español. 

Bibliografía.

 

Introducción

   Pocas actividades humanas causan sentimientos tan encontrados como el espionaje. Por un lado, es secular el rechazo al individuo que ha de traicionar a aquellos que confían en él, al propagar sus secretos; por otro, es inmensa la fascinación que siente el ser humano por las hazañas de los espías, de los agentes dobles, por el riesgo que corren esos hombres y mujeres no frente al enemigo, sino junto a él. Desde las primeras guerras, los teóricos del arte militar, los generales, en fin, todo aquel que ostentaba el poder era consciente de la importancia de saber «lo que hay detrás de la colina», tal como definía el duque de Wellington la inteligencia militar, es decir, saber todo lo relacionado con el enemigo, cuáles eran sus posiciones, sus recursos humanos, su intendencia, sus armas, cómo pensaba su Estado Mayor. Para ello era crucial la figura de un elemento muy importante en el devenir de la historia: el espía. Su figura ha sido tantas veces vituperada como distorsionada por la visión romántica que de ellos ha dado el mundo del cine y la literatura. Por lo tanto, no es baladí preguntarnos qué es un espía, quiénes son esas personas que a menudo han medrado durante la guerra, al igual que en los tiempos de paz; que han traicionado naciones y han salvado otras; que para unos son héroes, pero para otros son villanos, que son a la vez admirados y odiados. Según el Glosario de Inteligencia, coordinado por Miguel Ángel Esteban Navarro y editado por el Ministerio de Defensa de España en 2007, un espía es aquella «persona que, por encargo de alguien, sea un servicio de inteligencia o no, se dedica a obtener información de un tercero, de manera clandestina, con engaño y sin autorización de este último». A menudo se equipara al espía con el agente secreto, ya que la definición previa puede incluir a ambas figuras; sin embargo, hay entre ellos dos diferencias fundamentales, puesto que, en primer lugar, el agente secreto es un profesional de la búsqueda de la información clandestina y, en segundo lugar, siempre opera para un organismo de inteligencia. Este último término, debido a su carácter polisémico por la cantidad de significados que abarca, encierra también cierta dificultad a la hora de definirlo. Por «inteligencia» se puede entender la obtención y el análisis de la información recabada para una ulterior toma de decisiones. Cuando en el año 2002 se creó en España el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que sustituyó al Centro Superior de Información para la Defensa (CSID), se pudo ver cómo el mismo cambio en la denominación de la institución, convirtiendo el término «información» en el de «inteligencia», conllevaba una transformación muy profunda, puesto que en el nuevo organismo se primaba el concepto de interpretación de la información, frente al simple hecho de recolección. El propio CNI explica el llamado Ciclo de inteligencia como el proceso por el que la información se transforma en inteligencia para ponerse a disposición de los organismos competentes. Este ciclo consta de cuatro fases; en primer lugar, se compone de la dirección, que es el órgano en el que se determinan las necesidades de inteligencia; en segundo lugar, la obtención, proceso que consiste no sólo en la recolección de información, sino también en su entrega a los equipos de elaboración para la creación de inteligencia; en tercer lugar, la elaboración, en la que se produce la transformación de la información en inteligencia tras pasar, a su vez, por cuatro fases: la valoración, el análisis, la integración de la información con la inteligencia disponible y la interpretación del conjunto; y, por último, la fase final es la difusión, en la que se efectúa la distribución segura de la inteligencia a aquellos que la necesitan. Como podemos comprobar, esta cultura de inteligencia supone una labor de altísima especialización por parte de los agentes secretos, cuyo desempeño ha llegado incluso a cambiar la historia. Han cumplido sus misiones con tanta eficiencia como los reputados mariscales o generales que, provistos de la información aportada por estos hombres y mujeres que muchas veces fueron personajes anónimos en el teatro de la guerra, consiguieron victorias cruciales a lo largo de los tiempos. No obstante, a veces la labor del espía o agente secreto ha sido con toda justicia vituperada porque ha llegado a acciones ruines y claramente carentes de toda moralidad. Un caso paradigmático es el que protagonizaron en la antigua República Democrática Alemana (RDA), la Alemania del Este de la Guerra Fría, Vera Lengsfeld y su ex marido, el poeta alemán Knud Wollenberger. Cuando en 1991, Lengsfeld tuvo acceso a los archivos de la policía secreta de la RDA, la temible Stasi, y consultó la documentación que sobre ella se guardaba en ellos, se enteró de que, durante el tiempo que estuvieron casados y tuvieron sus dos hijos, Wollenberger había estado espiándola porque, en realidad, era un informador de la policía secreta de la Alemania del Este cuyo nombre en clave era «Donald». Su matrimonio había sido en puridad una misión que le habían encomendado los mandos de la Stasi. Durante la Guerra Fría así llegaron a actuar los espías, para quienes la información secreta bien valía traicionar un amor. Escritores, profesores, viajeros, aventureros, criadas, mayordomos, sacerdotes, arqueólogos, mercaderes, hombres de negocios, periodistas... La nómina de profesiones a las que han pertenecido los hombres y las mujeres que han actuado como espías, pero que no eran agentes profesionales, es casi tan extensa como el número de oficios que existen. Todos ellos, profesionales o no, han sido, son y serán piezas fundamentales en el devenir de la historia.


El espionaje en la antigüedad

ORÍGENES DEL ESPIONAJE


Estatua de Sesostris I, 1956 a. C.- 910 a. C. Museo de Luxor, Egipto.

Información sobre los planes militares de Hammurabi que posteriormente era transmitida a través de la correspondencia con su rey. Tampoco fue ajeno a las actividades de espionaje otro de los grandes imperios de la Antigüedad: Egipto. Senusert I, o Sesostris I, llegó al poder en Egipto tras el complot que acabó con la vida de su padre, el faraón Amenemhat I. Para él trabajó como espía el verdadero Sinuhé el egipcio. 

   Esta gran civilización de las orillas del Nilo conoció las intrigas palaciegas, los complots que se orquestaban alrededor del faraón y que en algunos casos llegaron al regicidio, tal como ocurrió con la muerte de Amenemhat I, en el año 1947 a. C.

  Las fuentes de información y los servicios de inteligencia no funcionaron siempre correctamente en el Antiguo Egipto. Durante el reinado de Ramsés II, en el siglo XIII a. C., un imperio se alzaba como su oponente más poderoso: el Imperio hitita de Muwatallis. Estos dos colosos se disputaban el Oriente Próximo. Ramsés II deseaba apoderarse de la ciudad de Qadesh, actual Kinza, en Siria, en aquellos momentos en manos de los hititas. Esta ciudad era la llave de una importante región estratégica. Debido a esto, para el faraón egipcio era primordial dominar Qadesh. La batalla se libró el año 1247 a. C. Además de la importancia de las fuerzas concentradas para la confrontación, fue capital en el desenlace del combate la acción del espionaje. Una vez entabladas las hostilidades, las tropas egipcias capturaron a dos beduinos que fueron interrogados por el propio faraón. Estos declararon que el grueso de la tropa de Muwatallis no se encontraba en la llanura de Qadesh, como creía el Alto Mando egipcio, sino en Khaleb, una localidad situada al norte de Tunip, en la región de Alepo. Sin embargo, estos dos beduinos eran en realidad dos espías instruidos por el ejército hitita para llevar a cabo una maniobra de inteligencia sorprendente, puesto que dieron una información falsa; es decir, eran dos agentes cuya misión era contaminar al ejército egipcio con inteligencia falsa. Las declaraciones de los dos beduinos no fueron comprobadas por los servicios del faraón y este dio la orden de que marchara contra Qadesh la división Amón. En las cercanías de la muralla asentó su campamento. Posteriormente el faraón descubrió que los beduinos eran agentes de los hititas que habían sido enviados para espiar al faraón. Por fin confesaron que las tropas de Muwatallis estaban tras la muralla de la antigua Qadesh. Este error supuso un primer ataque sorpresa de los carros hititas, que arrasaron la división de Ra al acudir esta en ayuda de la solitaria división comandada por el propio faraón. El combate continuó durante once días. La victoria, a pesar de que Ramsés se apropió de ella, no quedó clara; el faraón egipcio no consiguió apoderarse de la tan ansiada Qadesh. Quizá el soberano hitita tomó la iniciativa del armisticio instigado por los informes sobre la crueldad del faraón que le dieron sus coman-dantes cuando fueron liberados, tras ser obligados a ver la dura represalia que tomó Ramsés mismo contra sus propias tropas al ejecutar al décimo soldado de cada fila en formación.


Relieve de Ramsés II matando a sus prisioneros, en el templo de Abu Simbel, construido tras la batalla de Qadesh en 1274 a. C.

La crueldad con la que trataba el faraón Ramsés II no sólo a sus prisioneros, sino incluso a sus propias tropas, consiguió influir tanto en el ánimo de sus enemigos, que forzó el armisticio en la batalla de Qadesh.

 

   Aunque la utilización de la inteligencia militar se dio en todas las civilizaciones antiguas, será en el Imperio chino donde encontremos el primer tratado militar en el que se hace referencia al espionaje: el Arte de la guerra, de Sun Tzu. Considerado tradicionalmente como un general que sirvió bajo el reinado de King Helu, hacia el año 512 a. C., las experiencias de Sun Tzu al servicio de su señor le sirvieron para componer su tratado. En el capítulo XIII expone la importancia que tiene el conocimiento, la información y la inteligencia por parte de un jefe militar antes de entrar en combate. Sun Tzu parte de premisas realistas a la hora de establecer de dónde tiene que partir la información: no se puede obtener ni «de fantasmas ni espíritus», es decir, el teorizador chino rompe con la tradición militar de las civilizaciones mesopotámica y egipcia, cuyos ejércitos, antes de entrar en combate, consultaban la viabilidad o no de ir a la guerra. Sun Tzu fundamenta la obtención de información en el factor humano. Para ello un buen jefe militar debe tener a su disposición cinco clases de espías: el espía nativo, contratado entre los habitantes de una población; el espía interno, captado entre los funcionarios enemigos; el agente doble, atraído entre los espías enemigos mediante sobornos tras inducirlo a que colabore con el propio bando espiado en principio por él; el espía liquidable, el que debe contaminar la información del enemigo con datos e informes falsos; y, por último, el espía flotante, encargado de transmitir los informes.

   Sólo con esta inteligencia, según Sun Tzu, se puede alcanzar la victoria, ya que hay que conocer previamente al enemigo antes de poder vencerlo. Sin duda, Sun Tzu es el teorizador del arte de la guerra y de la inteligencia aplicada al combate que más importancia ha tenido en la posteridad, sin embargo, no es el único gran pensador sobre el espionaje que ha dado la Antigüedad. Las teorías de Sun Tzu acerca del espionaje han influido en personajes tan dispares como el dirigente chino Mao Tse-Tung o el general estadounidense Norman Schwarzkopft, que utilizó las técnicas de decepción y espionaje prescritas por Sun Tzu en la I Guerra del Golfo.

 

Estatua de Sun Tzu en Yurihama, Japón.

 Sun Tzu, el estratega implacable en el que se inspiraron Hitler y Churchill

Daniel Tubau, autor de «El arte del engaño», desvela  la influencia del «maestro Sun» en algunos de los conflictos del pasado siglo

Pablo F. de Mera Alarcón 24/06/2018 

   La guerra basada en el enfrentamiento directo tratando de detectar el punto frágil del enemigo para descargar ahí toda la fuerza e impedir su reestructuración, ha sido durante años y años la preminente en el imaginario bélico de Occidente. Pero estos preceptos napoleónicos, popularizados por el influyente teórico y militar prusiano Carl von Clausewitz, fueron invalidados a raíz de la Primera Guerra Mundial cuando el británico Basil Liddell Hart, en el periodo de entreguerras del siglo XX, llegó a la conclusión de la necesidad de concebir otro modo de conflicto menos destructivo.

   A pesar de Clausewitz, Liddell Hart extendió el llamado «enfoque indirecto» (opuesto a la guerra napoleónica) de la refriega al encontrar un aliado en la figura de un filósofo y estratega de la antigua China: Sun Tzu o «maestro Sun». Su milenario tratado «El arte de la guerra», considerado uno de los mejores ejemplares de estrategia militar, vino a demostrar que, a lo largo de la historia, han sido pocas las contiendas saldadas sin hacer uso de la argucia y la artimaña.

  «Es dudoso que haya existido alguna vez esa época de los caballeros andantes y del guerrero valeroso que ha actuado decentemente en las guerras», declara a ABC el polifacético Daniel Tubau, guionista, periodista y autor de «El arte del engaño» (Ariel, 2018). Esta obra, que supone el regreso a la escena literaria del escritor, realiza una exhaustiva aproximación a «El arte de la guerra» del «maestro Sun» e incluye su traducción del chino al español comentada.

   En la antigua India, tras la muerte de Alejandro Magno en el 323 a. C., el rey indio Chandragupta Maurya (c. 317-293 a. C.) empezó la conquista de tan vasto territorio deteniendo, a su vez, el avance de los invasores griegos. A su lado tenía a uno de los más grandes estrategas de la Antigüedad, su consejero Chanakya, también llamado Kautilya. Éste, conocido como «el Maquiavelo de la India», plasmó sus ideas sobre el buen gobierno en un tratado titulado Arthasastra. En él establece el espionaje como un elemento imprescindible para el poder, no como elemento de opresión, sino como una de sus herramientas. Para ello propugna la creación de toda una red de espías en los diversos estratos de la población, desde un mercader que pueda obtener información al vender sus productos en el mercado o a particulares, hasta «un hombre de cabeza rapada o de pelo trenzado bajo la apariencia de un asceta que practique la austeridad», ya que puede rodearse de un grupo de seguidores que le sirva como su propia red de espías. Capital importancia da el tratadista hindú a la mujer también como agente de inteligencia, sobre todo, a las de la casta superior o brahmán, porque podían servir al rey al espiar incluso a sus propios ministros, a los sacerdotes, a los comandantes del ejército e incluso al heredero al trono. Un papel relevante dentro del sabotaje y la conspiración tienen también los envenenadores, tanto los preparado-res de salsas como los encargados de la higiene del rey o los simples aguadores. Por ello, Chanakya recomienda que, en la corte, junto al rey, siempre haya un catador. Asimismo, prescribe que se ha de atraer a los partidarios y a los detractores del enemigo para que espíen a favor del rey. De la misma manera, Chanakya pone muy de relieve el papel de la diplomacia como herramienta de la inteligencia, ya que el rey ha de utilizar a sus embajadores tanto para proveerse de información como para protegerse de los espías de los demás reinos. Chanakya, también conocido como Kautilya, ayudó a Chandragupta a sentar las bases del Imperio Maurya, sirviendo a su rey como consejero. Tras abandonar al último rey hindú de la dinastía Nanda, Dhana Nanda, Chanakya consiguió mediante sobornos ganarse al consejero del rey para que pasara al bando de Chandragupta.


El espionaje en la Biblia


Giovanni Lanfranco, Moisés y los mensajeros de Canaán, 1621. J. Paul Getty Museum, Los Ángeles, EE. UU.

   Los primeros testimonios escritos que de manera explícita nos hablan de la utilización de espías para los más diversos fines los encontramos en la Biblia. Cuando volvieron los doce espías que Moisés envió a la tierra de Canaán, le dieron el informe de su exploración y además llevaron una rama con un racimo de uvas; por eso a aquel lugar lo llamaron arroyo de Escol, que significa ‘racimo’ en la lengua hebrea. Los israelitas, conducidos por Moisés, tras dejar el desierto del Sinaí llegaron al desierto de Farán. Allí Yavé le dijo a Moisés que enviara a un príncipe de cada una de las doce tribus para explorar la tierra de Canaán. Su misión era informarse acerca de cómo era la tierra, qué pueblo la habitaba, si era fuerte o débil; tenían que comprobar si sus ciudades estaban amuralladas o si eran abiertas, si el suelo era fértil o pobre, con árboles o sin ellos. Por último, se les mandó que trajeran algunos frutos de dicha tierra. A los cuarenta días estaban de vuelta e hicieron una narración detallada de todo lo que habían visto. En este relato les hicieron saber que el pueblo que habitaba la tierra de Canaán era poderoso y que las ciudades en las que vivía eran fuertes y grandes.

   El episodio de Rahab y los espías de Josué demuestra cómo en la guerra antigua los distintos bandos en litigio utilizaban a los espías. En este caso, por un lado, nos encontramos con los dos agentes enviados por Josué y la mujer que los ayuda, Rahab; por otro, los soldados que fueron a buscarlos a la casa de la prostituta, obviamente, avisados por informadores.

 

Anónimo de la escuela italiana, Rahab y los espías de Josué, siglo XVII. Museo de Bellas Artes, Nimes, Francia.

El episodio de Rahab y los espías de Josué demuestra cómo en la guerra antigua los distintos bandos en litigio utilizaban a los espías. En este caso, por un lado nos encontramos con los dos agentes enviados por Josué y la mujer que los ayuda, Rahab; por otro, los soldados que fueron a buscarlos a la casa de la prostituta, obviamente, avisados por informadores. 


   Asimismo, les informaron de los pueblos que habitaban esas regiones. Este episodio es el primer caso de espionaje en la historia de la humanidad del que se conserva un testimonio con la información recabada por los exploradores espías. Josué, el sucesor de Moisés para regir los designios del pueblo de Israel, utilizó el espionaje de la misma manera que lo hizo su antecesor. Cuando estaba en Sitim envió dos agentes para que espiaran en la tierra de Jericó, antes de penetrar en la ciudad, hacia el 1450 a. C. Estos dos espías se alojaron en casa de una cortesana cananea llamada Rahab. El rey de Jericó, al conocer la existencia de los dos espías, pues él también tendría su propio servicio de información, se personó en casa de Rahab exigiéndole que hiciera salir a los dos espías que habían llegado para explorar todo el país. Sin embargo, ella los escondió en el terrado de su casa. Cuando se hubieron ido los hombres del rey, los espías se escaparon de Jericó, deslizándose por una cuerda que les había tendido. También en las Sagradas Escrituras encontramos a la primera Mata-Hari, en la historia de Sansón y Dalila, narrada en Jueces 16, 4-20, de hacia el siglo XI a. C. Sansón se enamoró perdidamente de una mujer filistea: Dalila. Temiéndole por su fuerza, y ante el deseo de vencerlo, los príncipes filisteos convencieron a Dalila para que sedujera a Sansón a cambio de una cantidad de dinero que ascendía a mil siclos de plata cada uno. Ella accedió. Intentó sonsacarle de dónde le venía esa fuerza sobrenatural, al principio vanamente, pero, ante el apremio de su amada, Sansón le confesó que su fuerza provenía de su melena. Esa misma noche, Dalila durmió a Sansón sobre sus piernas e hizo que un hombre le rasurara las siete trenzas de su cabeza. Así pudieron los filisteos apresarlo, arrancarle los ojos y llevarlo a Gaza, donde lo encarcelaron.



 Jan Steen, Sansón y Dalila, 1668, County Museum of Arts, Los Angeles, EE. UU.

A lo largo de la historia, el papel de la mujer como agente de inteligencia e información ha sido fundamental. El caso de Sansón y Dalila es un paradigma de ello.

Parejo al caso de Dalila es el de Judit, tal como se relata en el libro deuterocanónico homónimo. Esta, viuda de extraordinaria belleza, utilizó una treta propia de la guerra solapada para acabar con el asedio de Betulia por las tropas de Holofernes. Judit convenció a los jefes de dicha ciudad de que le permitieran presentarse junto con su doncella en el campamento de Holofernes, con el propósito engañoso de darle información falsa con la que apoderarse de la ciudad. Holofernes la acogió hospitalariamente. Al cuarto día éste ofreció un banquete al que invitó a Judit. Cuando la mujer se presentó ante Holofernes, este se sintió hondamente atraído por ella.



Artemisia Gentileschi, Judit y Holofernes, h. 1620. Museo Capodimonte, Nápoles.


Judit es un modelo de espía por su sacrificio, entrega y valor. Con su acción al decapitar a Holofernes, dio la victoria a los hebreos frente a los asirios, los cuales huyeron ante la muerte de su rey. 

   Judit hizo que su enemigo bebiera hasta caer ebrio. Cuando se hizo tarde, el séquito de Holofernes se retiró dejando solos a la hebrea y al rey. Judit aprovechó ese momento para cercenar la cabeza de Holofernes de dos certeros tajos. La doncella la metió en las alforjas de las provisiones y escaparon a la hora de la oración hacia la ciudad de Betulia. Allí les dijo a los hebreos que pusieran la cabeza de Holofernes en lo alto de la muralla. Al descubrir los asirios que los hebreos los atacaban y que el cuerpo de Holofernes yacía decapitado en su tienda, huyeron en desbandada.

   También David, el rey de Judá y de Israel, utilizó el espionaje para reprimir la sublevación de su hijo Absalón, haciendo que un servidor suyo, Cusaí, entrara en la ciudad de Jerusalén y se ofreciera al rey sublevado como su siervo. De esta manera podría enterarse de todo lo que se dijera en la corte enemiga y transmitírselo a los sacerdotes encargados de enviar las informaciones a David. Como podemos observar, el rey israelita formó una red de espionaje a pequeña escala que funcionó a la perfección.

   No obstante, no sólo encontramos ejemplos bíblicos de espionaje en el Antiguo Testamento, también el Nuevo Testamento ofrece estas prácticas de información. Según san Marcos, Jesús es sometido a vigilancia por espías, fariseos y herodianos, enviados por los sacerdotes para «sorprenderle en alguna palabra», tal como ocurrió en el pasaje del tributo al César, con el fin de poder acusarlo y arrestarlo.

   Esta vigilancia que sufrió el mismo Jesús, la padecerán también sus discípulos tras su muerte, tal y como lo demuestra el pasaje de Gálatas, 2, 4, en el que Pablo confirma la existencia de falsos hermanos dentro de los primeros cristianos, cuya única misión era espiar las actividades de los seguidores de Cristo.

 

EL ESPIONAJE EN GRECIA

   Como hemos visto anteriormente en el caso de Josué y la toma de Jericó, el espionaje está ligado íntimamente a la guerra. En el mundo griego no podía ser de otra manera. Ya en la primera epopeya de la literatura occidental, la Ilíada, se hace mención del espionaje utilizado en la guerra de Troya. En el libro x de dicho poema épico, Néstor solicita que algún héroe penetre en campo enemigo para capturar a algún miembro del ejército troyano y así averiguar los planes de los teucros. Diomedes y Ulises se presentaron como voluntarios para tal misión. Por su parte, en el campamento troyano hubo otra escena similar. Héctor, el príncipe heredero de Troya, le pide a Dolón, uno de sus principales guerreros, que se dirija hacia las naves enemigas a recabar información. Los dos aqueos divisaron al espía troyano, lo persiguieron y lo capturaron. Inmediatamente lo interrogaron. Él les informó de la disposición de los distintos ejércitos que conformaban la liga troyana. Tras darles la información, Dolón les suplicó por su vida, pero Diomedes lo ejecutó cortándole la cabeza para evitar que pudiera, en un futuro, servir de espía para su rey.

 

Crátera del siglo V a. C. que muestra el asesinato de Dolón por parte de Diomedes. Museo Británico, Londres.

Dentro de la cultura occidental, los primeros testimonios de espionaje los encontramos en los textos homéricos, donde los héroes se presentan en diversas ocasiones como verdaderos espías; tal es el caso de Diomedes, Ulises y el troyano Dolón.

  La historiografía griega nos revela abundantes ejemplos del empleo de espías en el mundo antiguo.

   Heródoto de Halicarnaso en sus Nueve libros de la Historia nos relata cómo el rey persa Cambises, en el siglo VI a. C., envió tres expediciones, una contra los cartagineses, otra contra los amonios y una tercera contra los etíopes macrobios (o «de larga vida»). Contra estos últimos decidió enviar espías para que de antemano se informaran acerca del Estado de Etiopía y para que recabaran datos sobre la «mesa del sol» que, según se pensaba, era una reliquia que se encontraba en alguna ciudad de Etiopía. Asimismo, los embajadores enviados por Cambises al rey de los ictiófagos, habitantes de la isla de Elefantina en Egipto, fueron tratados por este como verdaderos espías. Heródoto también nos da cumplida cuenta del empleo de espías por parte del rey persa Jerjes para informarle del número de griegos que componían la fuerza con la que iba a enfrentarse en las Termópilas en el año 480 a. C. Uno de estos espías le describió a Jerjes la fuerza observada por él, que estaba compuesta por los famosos espartanos de Leónidas. Previamente, Jerjes había realizado una asombrosa maniobra de inteligencia militar que demostraba el alcance al que llegaba el Imperio persa en cuestión de espionaje. Los griegos habían enviado a tres exploradores para que espiaran el campamento de Jerjes, pero fueron capturados y condenados a muerte por los generales persas. Sin embargo, el rey se enteró de dicho encarcelamiento y de la sentencia e intercedió por los espías. Este les permitió que paseasen libremente por el campamento junto a sus guardianes, observando todo lo que desearan; una vez hecha la inspección, Jerjes finalmente los liberó. El rey persa explicó su extraña conducta señalando que su objetivo era que el enemigo se enterase del poderío de su ejército para desmoralizarlo y así conseguir que los griegos cedieran a sus pretensiones imperialistas.

   Alejandro III de Macedonia, conocido como Alejandro Magno, fue uno de los más grandes estrategas no sólo de la Antigüedad, sino de toda la historia de la guerra. Como tal le dio gran importancia al espionaje, así como su principal oponente, el rey persa Darío III. Para entrar en combate en Gaugamela, el 1 de octubre de 331 a. C., el ejército de Alejandro se dirigió a marchas forzadas hasta el campo de batalla y situó su campamento a cinco kilómetros del asentamiento de Darío. Como Alejandro sabía que entre sus tropas había espías del rey persa, hizo correr el rumor de que el ataque lo realizaría esa misma noche. Esta información no tardó en ser recibida en el campamento persa. Darío ordenó que sus tropas estuvieran en alerta toda la noche esperando el ataque de los macedonios. Sin embargo, Alejandro no entró en combate, sino que esperó y así sus tropas descansaron, al contrario que los persas. Pero el emperador macedonio no sólo espiaba a sus enemigos, sino también a sus propios hombres. Para conocer las intenciones y los pensamientos de sus propios generales, Alejandro los convenció para que escribieran a sus personas queridas después de tanto tiempo como llevaban lejos de sus hogares. Sus jefes así lo hicieron; los mensajeros de Alejandro, famosos por su rapidez como correos, se encargaron de las misivas, pero por orden de Alejandro no las llevaron a sus destinos. El emperador macedonio había ordenado que se las entregaran a él personalmente para recabar la información sobre sus mandos castrenses antes mencionada.


Batalla de Gaugamela (Parte 1/2), Alejandro Magno, HD

Parte de la película "Alejandro Magno".

Guerra contra el Imperio Aqueménida, batalla de Gaugamela 



Batalla de Gaugamela. Alejandro III vs Dario III

Explicación sobre la batalla de Gaugamela donde Alejandro vencería a una fuerza 5 veces mayor a la suya y teniendo inconvenientes que pudo sobrepasar.


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 Se denomina espionaje a la práctica y al conjunto de técnicas asociadas a la obtención encubierta de datos, de información confidencial o de cualquier género de secretos. Las técnicas comunes del espionaje han sido históricamente la infiltración y la penetración, en ambas es posible el uso del soborno y el chantaje.

Índice

1 Métodos y terminología

2 Instrumentos para el manejo de fuentes humanas

3 Nociones sobre inteligencia de señales

4 Aplicaciones comerciales del espionaje

5 Espías destacados en la historia

6 Véase también

7 Referencias

8 Enlaces externos

Métodos y terminología

   Aunque los medios de comunicación puedan hablar de «satélites espía» y términos similares, el espionaje no es un sinónimo del conjunto de disciplinas de obtención de inteligencia, sino una forma específica de inteligencia humana (conocida también por el acrónimo inglés HUMINT).

En este ámbito, se emplean los siguientes métodos:

  • La infiltración es la técnica utilizada para introducir unidades propias en las filas del contrario o blanco, para que suministren información de interés inmediato o potencial sobre las actividades, capacidades, planes, proyectos, etc. del contrario. También podría decirse que es la acción que consiste en la utilización de una persona, conocida como topo, cuyo cometido básico es ganarse la confianza de aquellos que poseen la información para tener acceso a la misma.
  • La penetración es la técnica que consiste en lograr la colaboración consciente o inocente de un miembro de la organización o grupo contrario con el fin de que proporcione datos e información confidencial del grupo al que pertenece. Generalmente, esta actividad se realiza de forma encubierta y emplea personas reclutadas que han sido persuadidas para trabajar en secreto en contra de su propia organización por diferentes motivaciones: ideológicas, económicas, morales, religiosas o personales. A la penetración le precede un estudio o selección de personas con acceso a lo que se quiere conocer, sus motivaciones y vulnerabilidades. Con posterioridad, se provoca un acercamiento, a través de terceros, de apariencia casual por parte de un agente de inteligencia o reclutador quien inicia un proceso denominado «desarrollo de la fuente», dirigido a cultivar la confianza del futuro informante y prepararlo para la propuesta de colaboración futura.

   De ambos métodos, las agencias de inteligencia y los diferentes servicios de espionaje prefieren la penetración, dado que es más segura y requiere un menor esfuerzo logístico que la infiltración.

   La preocupación en el espionaje industrial y de personas ha llevado al diseño de las Salas Tempest y protección tempest para empresas y ordenadores, por el robo de datos de personas famosas y de empresas. Por ejemplo, esta protección está presente en los ordenadores de las consultas de la medicina pública o seguridad social en España.​

Instrumentos para el manejo de fuentes humanas

El soborno es la compra de la información con dinero u otros medios. Se trata de un método muy empleado en la técnica de penetración.

En caso de que se emplee la coacción para obtenerla, a esta técnica se le denomina chantaje. Habitualmente se emplea información de carácter personal acerca del chantajeado para forzar su colaboración.

En cualquier caso, dichas técnicas se basaban en la utilización de informantes , que como tales personas, son susceptibles de ser utilizadas y cuyos datos son acopiados por agentes de inteligencia quienes remiten informes una «central de análisis» que tiene la misión de separar los hechos concretos, de las suposiciones o aportes subjetivos del informante, comparar los datos recibidos (exactos, inexactos, completos o incompletos) con los hechos conocidos y verificados a fin de dar una clasificación sobre la exactitud de la información recibida y sobre la veracidad de la fuente. "En el pasado del espionaje, cabe destacar el avance soviético. El espionaje internacional impartido por la Unión Soviética se basaba en varios métodos de fuente humana como:

Rezidents: intrusos que elaboraban algún trabajo regulador como, constructores, plomeros; pero que su verdadero objetivo era ser la conexión entre la embajada y las delegaciones entrantes. Estos daban hogar para los ilegales que venían de paso y que su objetivo era entrar de manera ilegal a los ejes enemigos del orbe soviético.

Ilegales: personas con estudios en áreas de la ingeniería y ciencia encargados de infiltrarse a los países enemigos para recaudar información científica y política del país en el que habitaban. Estos eran cubiertos por los Rezidents que habitaban de manera legal.

Buzones: forma en la cual los Rezidents se transmitían información. Estos podían ser sobres dejados en basureros de parques de área común. Muchos de estos tenían adheridos implantes magnéticos; con el objetivo de ser adheridos a los bordes de los basureros y pasar desapercibidos por las personas de origen común.

Mensajeros: Habitantes del país de origen que laboraban para la Unión Soviética; ellos en tiempo de paz colaboraban el envío de dinero, documentos, equipos de operaciones etc.

Conexión entre Rezident y espía en general: cabe destacar aunque se aleja del tema el avance creado por la Unión Soviética. La instalación de radio por onda ultra corta (UHF) se emplea por comunicación entre los agentes y los Rezidents o entre los mismo Rezidents. Este se basa en el envío de un mensaje de voz corto. Con el fin de encontrarse o enviar su posición al compañero. Este es indetectable debido a que se usa solamente en distancias cortas y su contenido es muy bajo para ser detectado.

Nociones sobre inteligencia de señales

   Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, han aparecido técnicas que permiten obtener información objetiva como fotografías, conversaciones, etc. sin intervención humana. Así, existe hoy día una floreciente industria destinada a facilitar sofisticados medios tecnológicos, desde satélites espía hasta microcámaras, tanto para el espionaje como para la protección de la información. Laptops, computadoras y celulares también constituyen en la actualidad medios tecnológicos espías que se encargan de grabar, audio, vídeo, receptar datos, ideología y pensamiento a través del Internet y constituir un medio de rastreo.

Aplicaciones comerciales del espionaje

 El espionaje industrial es la obtención ilícita de información relativa a la investigación, desarrollo y fabricación de prototipos, mediante las cuales las empresas pretenden adelantarse a sus competidores en la puesta en el mercado de un producto novedoso. La creciente reducción de los plazos transcurridos entre la idea novedosa y la puesta en el mercado del producto, así como la cada día mayor obsolescencia de los productos de las nuevas tecnologías, hacen que estos sectores industriales sean el caldo de cultivo ideal para este tipo de actividades ilícitas.

   Igualmente, con la aparición de los nuevos medios de transmisión de la información, del que internet es uno de los más populares exponentes, se encuentran en auge las técnicas para codificar la información, no solo técnica sino incluso privada, que dificultan la decodificación de un mensaje interceptado por un tercero.


Espías destacados en la historia

Joseph Fouche:

 Joseph Fouché (Le Pellerin cerca de Nantes, Francia, 21 de mayo de 1759 - Trieste, en esa época, parte de Austria, actualmente en Italia, 26 de diciembre de 1820), político francés que ejerció su poder durante la Revolución francesa, el imperio napoleónico y la Restauración borbónica en Francia. Fue una personalidad muy poderosa y de gran influencia en Francia, durante la tormentosa era política que vivió, siendo el fundador del espionaje moderno y el responsable de la consolidación del Ministerio de Policía de Francia, posteriormente denominado Ministerio de Interior, como una de las instituciones más avanzadas de la nación. Fue, junto con Charles Maurice de Talleyrand, la figura política más influyente de su época en Francia.


Mata Hari: Margaretha Geertruida Zelle (Leeuwarden, Países Bajos; 7 de agosto de 1876-Vincennes, cerca de París, Francia; 15 de octubre de 1917), más conocida como Mata Hari, fue una famosa bailarina, cortesana y espía neerlandesa. Con las danzas brahmánicas y orientales triunfó en Europa. Durante la Primera Guerra Mundial realizó labores de espionaje a favor de Alemania, por lo que fue detenida por las fuerzas francesas, declarada culpable de espionaje y traición, condenada a muerte y ejecutada por fusilamiento el 15 de octubre de 1917 en la Fortaleza de Vincennes. La palabra matahari proviene del idioma malayo y significa “Sol”, y literalmente “Ojo del día”.​


Margaretha Geertruida Zelle: Mata Hari


Joan Pujol


Joan Pujol Garcia

 Joan (o Juan) Pujol García (Barcelona, España, 14 de febrero de 1912 - Caracas, Venezuela, 10 de octubre de 1988) conocido por su nombre en clave británico Garbo (gracias a un oficial inglés que creía que tenía ante si al "mejor actor del mundo")​ y por su nombre en clave alemán Alaric Arabel, fue un doble agente español que desempeñó labores de espionaje y contraespionaje durante la Segunda Guerra Mundial, destacando su papel clave en el éxito del desembarco en Normandía. Distinciones: Cruz de Hierro, Honorary Member of the Order of the British Empire (Orden del Imperio británico). La información falsa que Pujol proporcionó a Alemania ayudó a convencer a Hitler de que el ataque principal sería más tarde y en otro lugar, Paso de Calais (Francia), lo que resultó en su decisión de reducir las tropas en la zona del desembarco. Murió por una hemorragia cerebral en Caracas, Venezuela en 1988.


Leopold Trepper:

  Lejb Domb, más conocido por su nombre en clave Leopold Trepper, pero también Gilbert, Otto etc. (Nowy Targ, Galitzia, 1904 - Jerusalén, 1982), espía judeopolaco, miembro destacado de la Orquesta Roja. Judío de Nowy Targ, pueblo de la región de Galitzia, antes polaca y luego mayoritariamente soviética, aún muy joven fue reclutado por las juventudes sionistas Hashomer Hatzair y con apenas veinte años emigró al Mandato británico de Palestina y cooperó en la fundación del grupo comunista "Unidad", que preconizaba la unión de judíos y árabes contra el capitalismo para la paz en Oriente Próximo; fue expulsado por los británicos en 1929 y pasó tres años en Francia, militando en un grupo de comunistas extranjeros, antes de viajar a Moscú con el pretexto de estudiar, pero en realidad empezó su carrera como espía. Se incluyó en la red de espionaje soviética Fantômas, que operaba en París desde 1932, uno de cuyos animadores era Jacques Duclos, más tarde vicepresidente del Parlamento francés.



Lejb Domb, más conocido por su nombre en clave Leopold Trepper

   Antes de la guerra ya había creado en Bruselas la Orquesta Roja, una red cuyos "pianistas" o radiotransmisores envió a Moscú, desde la entrada en guerra de la Unión Soviética en 1941, más de 2.000 despachos de gran importancia redactados por "290 agentes que no eran espías profesionales, sino furibundos antinazis de diversas nacionalidades", no siempre comunistas, entre ellos algunos alemanes. Incluso varios de sus hombres anticiparon a Stalin la fecha exacta de la entrada en guerra de Alemania contra la URSS: madrugada del domingo 22 de junio. El almirante Wilhelm Canaris, jefe de los servicios secretos militares alemanes, dijo de él: "Su actuación costó 200.000 muertos a Alemania".

   La actuación de Trepper se limitó a la red francobelga principalmente. Su tapadera fue una empresa belga de venta de impermeables y, posteriormente, una firma comercial, la Simex. Esta compañía que vendía todo tipo de pertrechos al ejército alemán, lo que le permitía estar al corriente de sus necesidades. Los alemanes pasaban por alto el que con frecuencia la compañía se abasteciese en el mercado negro, ya que eso daba precios más bajos.​ Al terminar la guerra en 1945 fue repatriado y recibido en Moscú con todos los honores antes de ser enviado a la cárcel de Lubianka y otros lugares de detención donde permaneció diez años hasta que se aclaró su inocencia y fue liberado. Volvió a Polonia y residió en Varsovia otros veinte años, asumiendo la presidencia de la Asociación Cultural Judía; al serle retirado su pasaporte en octubre de 1973, amenazó con suicidarse si no era autorizado a abandonar el país, lo que logró tres años después, en 1976. Vivió desde entonces con su esposa Liuba en un modesto apartamento de tres habitaciones en las afueras de Jerusalén, donde también reside uno de sus tres hijos.​

Trepper escribió sus memorias, publicadas en 1975 con el título El Gran juego


Oleg Penkovski:

   Oleg Vladímirovich Penkovski o Penkovsky, Vladikavkaz, Osetia del Norte, Rusia soviética, 23 de abril de 1919-¿Moscú?, entonces Unión Soviética, 16 de mayo de 1963), cuyo código occidental fue Agent Hero ("Agente Héroe"), fue un coronel de la inteligencia militar soviética (GRU) entre finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. En 1962 alertó a Occidente de que la URSS estaba instalando misiles nucleares en Cuba, en lo que pronto fue conocido como la crisis de los misiles cubanos. Sentía al parecer que Nikita Jrushchov era un personaje peligroso que podría conducir al mundo a nada menos que una guerra nuclear. Tras descubrirse su condición de agente doble, fue condenado a muerte en 1963.


Penkovski con uniforme soviético. Archivo de la CIA.

 Coronel de inteligencia militar


Tamara Bunke: 

   Haydée Tamara Bunke Bider (Buenos Aires, Argentina, 19 de noviembre de 1937 – Ñancahuazú, Bolivia, 31 de agosto de 1967), conocida como Tamara Bunke, o bajo su nombre de guerra, Tania, fue una activista revolucionaria, espía al servicio de Cuba y guerrillera argentina. Murió en combate mientras se actuaba bajo las órdenes del Che Guevara en la Guerrilla de Ñancahuazú, Bolivia. Sus restos mortales fueron identificados en 1998. Trasladados a Cuba se encuentran enterrados en Mausoleo del Che Guevara ubicado en la provincia de Villa Clara, junto a los restos del Che y otros 28 guerrilleros que estuvieron bajo su mando en Bolivia.



Tamara Bunke fotografiada en 1962

Su padre, Erich Bunke, era alemán y su madre, Nadia Bider, polaca, ambos militantes comunistas, emigraron a la Argentina en 1935 escapando de los nazis, radicándose en Buenos Aires, donde nacieron sus hijos Tamara y Olaf.​ Se instalaron en el barrio de Once, viviendo primero en un edificio de la esquina de Corrientes y Pasteur, y luego en Sarmiento 2106.​ Su padre y su madre continuaron su militancia clandestina en el Partido Comunista Argentino.​ A Tamara su familia la llamaba Tamara, o simplemente Ita.

Policarpa Salavarrieta:



Retrato al óleo de Policarpa Salavarrieta, por José María Espinoza.

   Policarpa Salavarrieta Ríos (San Miguel de Guaduas, 26 de enero de 1795-Santafé, 14 de noviembre de 1817), más conocida como La Pola, fue una heroína que espió para las fuerzas independentistas criollas durante la Reconquista española. ​Se le considera una heroína de la independencia colombiana y fue junto a Águeda Gallardo, una de las dos mujeres próceres de ese periodo. Fue ejecutada en la Plaza Mayor de Bogotá.

   Existen dudas sobre su lugar y fecha de nacimiento, así como su nombre real ya que no existe documento que dé cuenta fehaciente de estos datos. Posibles fechas para su nacimiento el 26 de enero de 1795, 1796, 1797 o 1800. Su nombre de pila varía en diferentes versiones, algunas dicen que se llamó Apolonia, Polonia o Policarpa. Se sabe que nació en el Virreinato de la Nueva Granada. Su partida de bautismo no se ha encontrado, pero se cree que fue bautizada en el municipio de Tenjo según demuestran algunos manuscritos de la parroquia. Se crio en una familia acomodada, que tenía lo suficiente y era respetada en la Villa de Guaduas, pero no poseía ningún estatus de hidalguía. ​El testamento de su padre, don Joaquín Salavarrieta, lo muestra como un hombre de fortuna regular, que había emprendido negocios de agricultura y comercio. En el de su madre, doña Mariana Ríos, figuran ropas abundantes, alhajas de precio y menaje doméstico no escaso. Fue la quinta de siete hermanos. La casa de la familia Salavarrieta Ríos en Guaduas, que se conserva aún, convertida en museo, no es la más prestante, suntuosa o bien construida de la villa, pero tampoco es pequeña ni miserable.

   La familia Salavarrieta Ríos se trasladó a vivir a Bogotá en 1797. Se establecieron en una casa baja de tapia y teja, del barrio de Santa Bárbara. En 1802 se extendió una epidemia de viruela en la capital, a causa de la cual murieron el padre, la madre y dos hermanos de Policarpa: Joaquín y María Ignacia. Después de esta tragedia, la familia Salavarrieta Ríos se disolvió: José María y Manuel ingresaron en la comunidad agustina; Ramón y Francisco Antonio viajaron a Tena e ingresaron a trabajar en una finca; Catarina, la hermana mayor, resolvió trasladarse de nuevo a Guaduas, alrededor de 1804, con sus dos hermanos menores: Policarpa y Bibiano. Se establecieron en la casa de la madrina Margarita Beltrán, hermana de Manuela, hasta que Catalina se casó con Domingo García, y sus dos hermanos se fueron a vivir con la nueva pareja.​

   Del tiempo que la Pola vivió en Guaduas hay poca información, parece que se desempeñó como costurera y algunos afirman que enseñó en la escuela pública. Guaduas es entonces un sitio de obligado tránsito entre la capital y el río Magdalena, columna vertebral del país; viajeros notables, arneros, productos y noticias de todos los sucesos atravesaban constantemente la villa. En estos tiempos de guerra, Policarpa Salavarrieta compartió con su familia el espíritu patriota. Su cuñado, Domingo García, murió luchando al lado del prócer don Antonio Nariño en sus Campañas del Sur, y su hermano Bibiano fue veterano de las mismas.

   Tampoco hay claridad sobre su nombre completo y preciso. Al respecto existen varias fuentes: su padre la llamó Apolonia al otorgar el poder de testar, y con ese mismo nombre la hizo figurar el presbítero Salvador Contreras al formalizar el testamento, el 13 de diciembre de 1802. Sin embargo, su hermano Bibiano, el más cercano en afectos y compañero suyo en Santafé, la llamaba Polita. Policarpa la llamó Ambrosio Almeyda, quien conspiró con ella y recibió su protección. También la llamaba Policarpa doña Andrea Ricaurte de Lozano, en cuya casa vivió y en cuya compañía se hallaba en el momento de ser reducida a prisión. En su falso pasaporte, expedido en 1817, se le denominó Gregoria Apolinaria. Contemporáneos suyos, como el mismo Almeyda, don José María Caballero, José Hilario López o don Francisco Mariano Fernández, la llamaron simplemente La Pola. No obstante, el nombre con el que es más conocida y como posteriormente se le ha denominado en todos los homenajes póstumos es Policarpa Salavarrieta.

   Policarpa Salavarrieta participó en el grito de independencia del 20 de julio de 1810 a sus 14 años. Más adelante, sus actividades durante la época independentista estuvieron especialmente vinculadas con el ejército patriota de los Llanos: recibía y mandaba mensajes, compraba material de guerra, convencía individualmente a jóvenes y les ayudaba a adherirse a los grupos patriotas. Experta en espionaje, Policarpa se volvió rápidamente indispensable para la causa patriota. Trabajaba siempre al lado de algún compatriota como su hermano Bibiano, pero su compañero de trabajo más importante fue Alejo Sabaraín. Sabaraín ya había luchado junto a Nariño en el sur, y había sido capturado en 1816. Al año siguiente lo cubrió el indulto y, libre, se dedicó al espionaje. Las actividades de Policarpa tal vez no hubieran resultado sospechosas para los realistas de no ser por la huida de los hermanos Almeyda, que fueron capturados con documentos que comprometían a La Pola, además de la delación de Facundo Tovar, un granadero venezolano infiltrado enviado por los españoles, ​quien comprometió más a La Pola y a su prometido Alejo Sabaraín tras saberse del reclutamiento de soldados para el Ejército Libertador.


   Estatua de La Pola de Dionisio Cortés, 
ubicada en la carrera 2  esquina con calle 18, en el distrito Las Aguas, 
en La Candelaria (barrio en el centro antiguo de Bogotá).

   El arresto de Alejo Sabaraín fue el elemento para ser definitivo para la captura de La Pola, pues Sabaraín tenía una lista de nombres de realistas y de patriotas que La Pola le había entregado. Hasta ese momento, Policarpa se había podido mover hábilmente por la ciudad porque estaba recién llegada y muy poca gente la conocía; además, su juventud e inteligencia le habían permitido desenvolverse con gran capacidad. El sargento Iglesias, el principal agente español en la ciudad, fue comisionado para encontrarla y arrestarla. Policarpa fue detenida en la casa de doña Andrea Ricaurte de Lozano, y encerrada en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario convertido en cárcel.

   El 10 de noviembre de 1817, el Consejo de Guerra la condenó a muerte junto con Sabaraín y otros patriotas más. La hora y fecha determinadas para el fusilamiento fueron las nueve de la mañana del viernes 14 de noviembre de 1817. La Pola marchó con dos sacerdotes a los lados. Se ordenó a los condenados ponerse de espaldas porque así deberían morir los traidores al Reino de España, pero ellos solicitaron permiso para ponerse de rodillas, por considerar que esta era una posición más religiosa y apropiada. Quedaron registradas las palabras que pronunció al subir al patíbulo, dirigidas al pueblo que iba a presenciar su ejecución:

Viles soldados, volved las armas a los enemigos de vuestra patria. ¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde: ved que ―aunque mujer y joven― me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. No olvidéis este ejemplo [...] Miserable pueblo, yo os compadezco. ¡Algún día tendréis más dignidad! [...] Muero por defender los derechos de mi patria.

Policarpa Salvarrieta

   Su cuerpo no fue expuesto en las calles de Bogotá como los de sus compañeros por ser el de una mujer. Sus hermanos sacerdotes lo reclamaron y lo guardaron en la iglesia de San Agustín.


Hercules Mulligan: 

   Hércules Mulligan (25 de septiembre de 1740 – 4 de marzo de 1825) era un sastre y espía durante la Guerra Revolucionaria de Estados Unidos.

   Nacido en Irlanda con Hugh y Sarah Mulligan, la familia inmigró a América del Norte en 1746, estableciéndose en Nueva York. Mulligan asistió al King's College (ahora Universidad de columbia) en Nueva York. Después de graduarse, Mulligan trabajó como empleado para el negocio de contabilidad de su padre. Más tarde él abrió una sastrería y un negocio de mercería, proveyendo a los adinerados oficiales de La Corona Británica.

   En 1773 contrajo matrimonio con Elizabeth Sanders, sobrina de Almirante Charles Sanders de la Marina Británica Real. La pareja tuvo ocho niños; cinco hijas y tres hijos. Mulligan conoció a Alexander Hamilton poco después de que Hamilton llegara a Nueva York. Los hombres fueron presentados por el hermano de Mulligan, Hugh. Mulligan ayudó Hamilton a matricularse en la Elizabethtown Academy en New Jersey, y más tarde, la Universidad de New Jersey en Princeton (ahora Universidad de Princeton). Después de que Hamilton se matriculara en King's College, vivió con Mulligan en la ciudad de Nueva York. Mulligan tuvo un gran impacto en la inclinación de Hamilton por la revolución.

   En 1765, Mulligan fue uno de los primeros colonizadores en ingresar en los Hijos de la libertad, una sociedad secreta formada para proteger los derechos de los colonizadores y para luchar contra los impuestos británicos. También ayudó a atacar a los soldados británicos en la Batalla de Golden Hill. Fue miembro del Comité de Correspondencia de Nueva York, un grupo que se reunía en oposición de los británicos a través de comunicados escritos.​ En agosto de 1775, él y los Corsicans allanaron cuatro cañones británicos en Battery Park. En 1776, Mulligan y los Hijos de la libertad derribaron una estatua del Rey Jorge III en Bowling Green, fundiendo plomo en el centro para lanzar balas contra los británicos. Mulligan continuó luchando por la libertad siguiendo la Declaración de Independencia.

   Mientras estaba con la familia Mulligan, Alexander Hamilton llegó a compartir opiniones de Mulligan. Inicialmente al lado de los británicos antes de venir a Nueva York, Hamilton fue persuadido para cambiar sus opiniones e ingresar en los Hijos de la libertad. Como resultado, Hamilton escribió un ensayo en 1775 a favor de independencia. Cuando George Washington le habló de su necesidad de información fiable de dentro de la ciudad de Nueva York en 1776, tras la expulsión del Ejército Continental, Hamilton recomendó a Hercules Mulligan, debido a su posición como sastre de oficiales y soldados británicos. Esto probó ser increíblemente fructuoso, con Mulligan salvando la vida de Washington en dos ocasiones. La primera, cuando un oficial británico contó a Mulligan sus planes: "antes de otro día, tendremos al general rebelde en nuestras manos". Mulligan informó a Washington rápidamente, quien cambió sus planes y evitó su captura.​ El esclavo de Mulligan, Cato, era un Patriota Negro, y sirvió como espía junto con Mulligan, adoptando a menudo la función de mensajero, en parte a través del territorio británico, por explotar su estatus como esclavo, dejándolo pasar a la inteligencia del Ejército Continental sin detenerse.

   Después de la guerra Revolucionaria Mulligan estuvo libre de sospechas de posibles simpatías leales cuando George Washington estuvo desayunando con él el día después de que los británicos evacuaran la ciudad de Nueva York, lo que Washington entendió como el final de la guerra. No se sabe qué pasó con Cato, el esclavo de Mulligan. Aun así, el 25 de enero de 1785, Mulligan se convirtió en uno de los 19 miembros fundadores, junto con Alexander Hamilton y John Jay, de la Sociedad de Manumisión de Nueva York, una temprana organización americana fundada para promover la abolición (o manumisión) de la esclavitud.​

   Después de la Revolución, el negocio de sastrería de Mulligan prosperó. Se retiró en 1820 y murió en 1825, a la edad de 84 años. Mulligan fue enterrado en el sepulcro Sanders, detrás de Trinity Church. Cuando la iglesia fue ampliada, el sepulcro Sanders se cubrió. Hoy en día, hay una lápida situada en el cuadrante suroeste del cementerio que lleva el nombre de Mulligan.​

   En 2015, en el musical de Hamilton en Broadway , Mulligan estuvo retratado por el actor Okieriete Onaodowan, que también interpretó a James Madison.​ Mulligan aparece en el primer acto como amigo de Alexander Hamilton, John Laurens, y el marqués de Lafayette, trabajando como aprendiz de sastre y posteriormente como soldado y espía en la Revolución americana.


Eli Cohen:


Eli Cohen (Alejandría, Egipto, 26 de diciembre de 1924 – Damasco, Siria, 18 de mayo de 1965) fue un célebre espía israelí.



Eli Cohen, ahorcado públicamente en la plaza Marjeh, Damasco, el 18 de mayo de 1965

   Eli Cohen fue reconocido como uno de los más exitosos espías de los tiempos modernos. Nacido en Alejandría, Egipto, de padres judíos sirios de Alepo, contribuyó a actividades proisraelíes en su país en los años 50, pero la parte más importante de su carrera comenzó cuando fue reclutado por la inteligencia militar israelí en 1960. Se le dotó de una identidad falsa como un árabe sirio que volvía a Siria tras vivir en Argentina.​ Para establecer su coartada, Cohen se fue a Argentina en 1961 y al año siguiente se mudó a Damasco. Durante los siguientes años, usando el apodo de Kamel Amin Tsa'abet (pronunciado habitualmente como Sa'bet o Tha'bet), Cohen se ganó la confianza de varios militares sirios y oficiales del gobierno, y envió mensajes de inteligencia a Israel por radio, cartas secretas y, ocasionalmente, visitando Israel en persona.

   Su logro más famoso fue su viaje a las fortificaciones sirias de los Altos del Golán.​ En 1964 su control fue transferido al Mossad como parte de la reorganización llevada a cabo en los sistemas de inteligencia israelíes. En enero de 1965 fue hallado in fraganti por expertos soviéticos enviando mensajes de radio y por este hecho fue condenado por espionaje. A pesar de los esfuerzos internacionales para que Siria cambiase la sentencia de muerte, incluso del Papa Pablo VI,​ acabó siendo ahorcado públicamente en la plaza de Marje de Damasco. Su cuerpo se mantuvo colgado durante seis horas, con un cartel en el que se describían sus «crímenes» y su «servicio al enemigo».​ Al día de hoy, Siria rechaza devolver los restos de Eli Cohen a su familia para un entierro en Israel.​


Monumento en su honor en el Monte Herzl, Jerusalén

   Cohen hizo amistad con generales de alta graduación. Después de que Hafez se convirtiera en Primer Ministro, Eli Cohen fue considerado como un potencial candidato a Viceministro de Defensa sirio.

   A pesar de que la historia puede ser apócrifa, muchos dicen que Cohen sugirió que se plantaran eucaliptos alrededor de los búnqueres militares sirios y de los morteros en los Altos del Golán que apuntaban a Israel. De esa manera, Cohen arguyó que esos árboles proporcionarían cobertura natural para los puestos avanzados. Después de que esta sugerencia fuese llevada a cabo por los militares sirios, Cohen envió esta información a Israel, cuya aviación — usando estos árboles recién plantados como guía — destruyó fácilmente la mayoría de las bases durante la Guerra de los Seis Días.

   Mientras se encontraba en Siria, Eli Cohen fue capaz de colectar amplia información sobre los pilotos de las Fuerzas Aéreas Sirias, incluyendo sus nombres y códigos reales e información de sus familias. Según su hermano y compañero del Mossad, Maurice Cohen, el objetivo sirio de Eli Cohen era el tercero en la línea de sucesión para convertirse en presidente de Siria cuando fue descubierto.​

   Es considerado un héroe en Israel porque sus logros de espionaje fueron un factor decisivo en el resultado de la Guerra de los Seis Días. El libro Un espía que llegó de Israel escrito por dos periodistas israelíes Ben Dan, relata su testimonio desde su reclutamiento en el servicio secreto de Israel hasta la forma en que fue ganándose la amistad y confianza de los altos mandos sirios, finalmente es descubierto y llevado a juicio en donde le dictan condena de muerte. La película The Impossible Spy está basada en su vida. En el año 2019, Netflix estrenó una miniserie basada en su vida titulada El Espía y protagonizada por Sacha Baron Cohen (Borat) en el papel de Eli Cohen.​


The Impossible Spy (Official Trailer) | 80's Movies | Spy Films




Es honrado en el Museo Internacional del Espionaje en Washington DC.



Ashraf Marwan:


Ashraf Marwan (en árabe: أشرف مروان, 2 de febrero de 1944 – 27 de junio de 2007) fue un multimillonario egipcio.
  Marwan trabajó como espía para el Mosad israelí. Se cree que también actuó como un agente doble para el gobierno egipcio, ganándose la confianza de la agencia de inteligencia israelí para alimentar la estrategia egipcia de cara a la guerra del Yom Kippur, haciendo falsos avisos para que cuando dio el verdadero, las fuerzas israelís lo tomaran como una información no segura.

   Desde 1968 y hasta 1976, Marwan trabajó en el gobierno egipcio, primero para asuntos menores durante la presidencia de Nasser; más tarde, con la presidencia de Sadat, ocupó la secretaría del Presidente de la República para las Relaciones Exteriores. Su época como informante del Mosad fue de 1969 a 1998, dando información sobre elementos estratégicos de las Fuerzas Armadas de Egipto a los israelís para ganar su confianza. El jefe del Mosad en aquella época, el ex-Aluf Zvi Zamir, lo describió como "la mejor fuente que hemos tenido jamás".

   Tras el asesinato del presidente Anwar el-Sadat en 1981, Marwan abandonó Egipto para mudarse en Londres, donde comenzó una carrera empresarial muy productiva, alcanzando una fortuna desconocida, aunque se sabe que era multimillonaria.

   Ashraf Marwan murió el 27 de junio de 2007 debido a una rotura aórtica traumática provocada por una caída desde el balcón en su apartamento del Carlton House Terrace, Londres. Los informes policiales de Scotland Yard apuntaron a que no había ningún indicio de que pudiese ser un suicidio, ya que su agenda estaba repleta de reuniones y algunos problemas de salud que tenía le hubieran impedido subirse a la barandilla.

   Marwan habría trabajado para la inteligencia egipcia, israelí, italiana, americana y británica y fue el tercer egipcio que murió en circunstancias similares viviendo en Londres: El-Leithy Nassif, exjefe de la guardia presidencial del presidente egipcio Anwar Sadat, cayó desde un balcón de la Torre Stuart en 1973, Soad Hosny cayó desde el balcón de la Torre Stuart en 2001. Los tres tenían vínculos con los servicios de inteligencia egipcios y estaban escribiendo sus memorias al momento de sus muertes.​



LA ESPÍA ROJA (basada en hechos reales)

Recomiendo ver esta magnífica película basada en hechos reales. Una encantadora anciana que jamás ha levantado ningún tipo de sospecha… hasta que una mañana del año 2000 agentes del MI5 la detienen, acusada de proporcionar información a la Rusia comunista. Ha salido a la luz uno de mayores casos de espionaje del KGB y Joan es una de las sospechosas.

PETRUS RYPFF






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