sábado, 19 de junio de 2021

EL CÓDIGO HAYS O LA AUTOCENSURA DE HOLLYWOOD

 


El código Hays o la autocensura de Hollywood

MIRIAM FIGUERAS 20/01/2013

 


   Durante más de treinta años, un férreo sistema de regulación del contenido cinematográfico puso a los profesionales del momento al límite de su ingenio con el fin de evitar que sus películas fueran presa de la censura. A pesar de ser un indudable período de represión, esta necesidad de esquivar la tijera, hizo aflorar toda una serie de recursos, de dobles sentidos, de referencias veladas. En determinados casos y en géneros como la comedia, se dio pie a la sugerente habilidad de no mostrar o no decir abiertamente aquello que resultaba obvio. El código Hays fue un conocido reglamento que estuvo vigente desde 1934 hasta 1968 y fue concebido por William H. Hays, miembro del partido republicano y el primer presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América (MPPDA).

   El cine, como toda expresión artística, no tardó en generar polémica. En plena década de los años veinte, a los controvertidos argumentos que pudieran aparecer en pantalla, se sumaban los escándalos de actores y directores fuera de ella. La prensa sensacionalista de la época fue un hervidero con todas sus explosivas tribulaciones, plagadas de asesinatos, de drogas o de muerte. La meca del cine fue representada nada menos que como un escenario de depravación e inmoralidad. Entre los sucesos más sonados, encontramos el de la supuesta violación y posterior fallecimiento de la desconocida aspirante a actriz Virginia Rappe a manos del cómico Roscoe Arbuckle. También fue muy divulgado el divorcio de la entonces célebre Mary Pickford, de su primer marido Owen Moore, mientras mantenía un romance con Douglas Fairbanks.

    Con el propósito de evitar la intervención gubernamental y favorecer la autoregulación, los jefes de los estudios cinematográficos decidieron crear en 1922 la MPPDA, posteriormente denominada MPAA –con la finalización de la Segunda Guerra Mundial– o Asociación Cinematográfica de Estados Unidos. William H. Hays fue nombrado su presidente y se le encomendó la misión de restablecer la buena imagen de Hollywood y, a la vez, dictaminar la moralidad de sus películas.

   En 1929, con la ayuda del editor católico Martin Quigley y del sacerdote jesuita Daniel A. Lord, se elaboró el código de normas que, después de ser revisado por los dirigentes de los estudios, fue finalmente adoptado por la MPPDA en 1930. En primera instancia se le denominó The Production Code y más adelante fue nombrado para la posteridad como The Hays Code. Además de unos preceptos aleccionadores generales, enfocados en preservar la moral de las películas, se trazó una enorme lista de pautas de vigilancia que tenían en el punto de mira el sexo, especialmente, la violencia o la blasfemia.

 

La actriz Louise Brooks en el film “La caja de Pandora”

 

     De este modo, las escenas de pasión quedaron reducidas a la mínima expresión. Manifestaciones como besos y abrazos debían eliminar todo rasgo de lascivia y, por supuesto, cualquier escena explícita. En particular los besos se convirtieron en algo tan casto que incluso eran cronometrados, sólo podían durar unos pocos segundos. El matrimonio como institución también debía ser protegido, muestra del carácter moralizante de las normas. Los crímenes en pantalla debían mostrarse sin exhibir toda su brutalidad y el uso de las armas quedaba reducido al mínimo indispensable. El empleo irreverente del lenguaje, especialmente si era percibido como una ofensa a la religión, era eliminado. Estos son algunos ejemplos de las restricciones que marcaba el código y que obligaban a los cineastas a soslayar toda referencia evidente.

   Otras normas además resultaban de lo más rocambolescas, sobre todo las más curiosas tienen que ver con el desnudo. En este sentido, la mujer, su vestimenta o la falta de ella; eran supervisados minuciosamente. Las transparencias o telas que destacaran en exceso sus formas no estaban permitidas y el ombligo no debía mostrarse bajo ningún concepto. Los hombres también eran motivo de censura, pues se consideraba lascivo mostrar el vello en el torso y no era aconsejable exponerlo. Estas observaciones tienen que ver con el carácter más inflexible de los censores, pero aun siendo exageradas, dejaron una larga estela de puritanismo que todavía hoy en día conserva el cine estadounidense.

 

George Raft y Paul Muni en “Scarface, el terror del hampa”

 

   Durante sus primeros años de vigencia, se observó el código con cierta permisividad y ello favoreció a ciertas producciones que lograron esquivar sus directrices. En plena era de la Gran Depresión, los estudios no podían permitirse más pérdidas, por eso fueron reacios al principio a adoptar una serie de medidas que afectaban directamente a los géneros de moda, como las películas de gángsters o las comedias. Sin embargo, las amenazas de boicot por parte del sector católico de la sociedad americana y la retirada de fondos por parte de algunos inversores influyentes, obligaron a los estudios a acatar el código en firme a partir de 1934. Estos años se denominaron como el Pre-Code Hollywood.

    Algunas de las películas que sortearon de algún modo la censura en estos años fueron, entre otras, "El ángel azul" (Der blaue Engel, de Josef Von Sternberg, 1930) con una sensual Marlene Dietrich. Otros ejemplos comprenden la película "Carita de ángel" (‘Baby face’, de Alfred E. Green, 1933), con Barbara Stanwych usando abiertamente sus encantos para ascender socialmente; o "El signo de la cruz" (‘The Sign of the Cross’, de Cecil B. DeMille, 1932), centrada en la época del emperador Nerón, interpretado por Charles Laughton, donde se muestran sus excesos de forma manifiesta.

 

Barbara Stanwyck en la película “Carita de ángel”

 

   Varios de estos films Pre-Code sufrieron la carga de la censura después de 1934. Un ejemplo es la película "Adiós a las armas" (‘A Farewell to Arms’ de Frank Borzage, 1932), protagonizada por Gary Cooper y Helen Hayes, fue recortada a posteriori, de manera que sólo se conserva su versión censurada. Otros profesionales afectados por el código fueron los hermanos Marx –conocida es la audacia de sus diálogos– o algunas actrices, como Jean Harlow o Joan Blondell, sobretodo ésta última fue vetada en numerosas ocasiones.

   Sin embargo, algunos creadores encontraron de algún modo en la severa vigilancia del código, un aliciente para retar su ingenio. Y es que, en muchas ocasiones, las dificultades son un estímulo para el que no se rinde ante ellas. Por eso maestros como Ernst Lubitsch o Alfred Hitchcock, supieron sortear la censura con su irrepetible talento y desarrollarlo de manera impecable. Sus fantásticos diálogos o las acciones detrás de una puerta cerrada, son dos de los hitos de la magia de Lubitsch. También es particularmente insuperable la célebre secuencia del largo beso interrumpido –recordemos que los besos sólo podían durar tres segundos–, en la que Cary Grant y Ingrid Bergman nos ofrecen una de las escenas más íntimas de la filmografía de Hitchcock en la maravillosa "Encadenados" (‘Notorious’, Alfred Hitchcock, 1946).

 

 Cary Grant y Ingrid Bergman en Encadenados

 

   A la postre, la demanda de tramas más realistas y la evolución de la sociedad americana, dictaminó la desaparición del código Hays a finales de los años sesenta. Esta conclusión dio paso al sistema de clasificación por edades que se conserva hasta hoy en día. Además de observar esta etapa de la historia del cine como una época marcadamente restrictiva en muchos aspectos, también debe apreciarse con admiración el talento de tantos cineastas que convirtieron en irrepetibles sus maniobras de despiste. A pesar de que hoy en día se haya perdido bastante esta capacidad de sorprender al espectador y confiar en su intelecto –también los tiempos han cambiado–, “que lo que la tijera ha separado, que lo recupere el hombre". 

 

Código Hays: La Historia de la Censura en Hollywood

El Código Hays fue una serie de normas que se encargaba de controlar lo que era considerado "políticamente correcto" dentro del ámbito cinematográfico durante los años 30-50.

 

William H. Hays

 

Ex Director General del Servicio Postal de Estados Unidos

Fotografía en 1921

 

   William Harrison Hays, fue quien dio nombre al Código Hays, que censuraba películas americanas, presidente del Comité Nacional Republicano y Director General de Correos de Estados Unidos desde 1921 a 1922. Hays nació en Condado de Sullivan. Fue el director de la exitosa campaña de Warren G. 

Nacimiento: 5 de noviembre de 1879, Sullivan, Indiana, Estados Unidos

Fallecimiento: 7 de marzo de 1954, Sullivan, Indiana, Estados Unidos

Cónyuge: Jessie Hays

Partido: Partido Republicano

Películas: El celuloide oculto, Introduction of Vitaphone Sound Pictures

Libros: The Memoirs of Will H. Hay 

 

Página negra: William H. Hays, el señor “No” y “Ten cuidado”

 

22 enero, 2012

 


   Will Hays tenía la bendición de los más poderosos. Aquí con Joseph Kennedy, el patriarca del clan que años después marcaría la vida política de EE.UU. 

 

     Nada. Ni un ombligo. Ni besos lujuriosos ni abrazos carnales. Menos palabras gruesas, escenas sicalípticas (subidas de tono) o ambientes pecaminosos. Es William H. Hays, el caballero blanco, que, con sus horribles tijeras, corta las hebras de la inmoralidad en Hollywood. Este adalid de la moralina de los años 20 capitaneó una intensa campaña de censura contra la industria fílmica, instaurando una cuaresma cinematográfica que duró de 1930 a 1967, cuando fue abolido el Código Hays y el diablo quedó suelto otra vez.

    Hays fue la punta de diamante del taladro moral que penetró el cine, para inyectarle el antídoto de la decencia a las películas, repartiendo hachazos a todos los que infringieran sus normas, dentro o fuera de la pantalla. Acicateados por el látigo de este Jeremías, los astros hollywoodenses se convertirían en ascetas y las estrellas en vestales.

    Al amparo del Zar de la pureza, un ejército de soplones auscultó la vida y obra de cuanto bicho merodeaba por el bulevar de las ilusiones, para levantar el Libro de los Malditos, una lista negra con 117 nombres de figuras del cine consideradas impresentables. “Hombres y mujeres discutían abiertamente sus aventuras amorosas en la pantalla, los delincuentes alardeaban de sus crímenes y los políticos hablaban con cinismo de las importantes cuestiones a las que se enfrentaba el gobierno” afirmó Gregory Black en La cruzada contra el cine.

   Hollywood era la sucursal del infierno y así como en el béisbol nombraron al juez Kenesaw Mountain Landis, para garantizar la limpieza del juego a raíz del montaje de la Serie Mundial de 1919, los empresarios fílmicos acordaron contratar por cien mil dólares anuales a Hays, para arbitrar la moralidad de las películas. Así, en 1922, los padres fundadores del cine contrataron a Hays para presidir la recién creada Asociación de Productores y Distribuidores Cinematográficos de América (MPPA), por sus siglas en inglés. 

   El nuevo guardaespaldas de Cinelandia grabó con fuego las tablas de su ley y tronó: “El poder del cine respecto a la moral y educación no tiene límite; por tanto, su integridad debe ser protegida como hacemos con la de nuestros hijos en los colegios”, relata Kenneth Anger en Hollywood Babilonia.

Cómo me recuerda esto al retrógrado pin parental impuesto por el partido de ultraderecha VOX al ultraconservador gobierno murciano como condición “sine qua non” de cara a apoyar sus presupuestos autonómicos.

   Los escándalos sexuales de las luminarias eran pan cotidiano en la prensa. Primero fue Roscoe Arbuckle quien combinó su exagerado peso con su bulimia erótica para matar, según los periodistas, a la frágil y núbil Virginia Rappe. Siguió el asesinato del director Desmond Taylor, cuya vida de sexo y drogas fue aireada en las primeras planas, pero la gota que colmó el vaso fue el divorcio de la novia de América, Mary Pickford, del ídolo Owen Moore para casarse casi de inmediato con Douglas Fairbanks. 




 Hays aceptó llevarse el gato al agua a pesar de que nadie daba un centavo por su futuro. El caricaturista del New Yorker lo dibujó con unas enormes orejas de murciélago, dientes saltones como los de un conejo, la nariz ganchuda de un águila y unos ojillos ratoniles.

 

 

William H. Hays

5 nov 1879 - 7 mar 1954

William Harrison Hays, Sr. fue quien dio nombre al Código Hays, que censuraba películas americanas, presidente del Comité Nacional Republicano y Director General de Correos de Estados Unidos desde 1921 a 1922.

Hays nació en Condado de Sullivan. Fue el director de la exitosa campaña de Warren G. Harding para la presidencia de los Estados Unidos de América en las elecciones presidenciales de 1920 y posteriormente fue nombrado Director General de Correos por Harding. Después de un año en el cargo, renunció para convertirse en el primer presidente de la MPPDA de los estudios de Hollywood hasta que se jubiló en 1945. En el periodo de la post-guerra, esta organización pasó a llamarse Motion Picture Association of America.



La censura en Hollywood

Durante más de veinte años el cine de Hollywood estuvo regido por un código moral que marcaba qué se podía ver y qué no en una pantalla de cine. Fue el llamado Cógido Hays. Surgió como forma de control para tener contentos a los líderes religiosos que se erigieron en guardianes de la moral. El código estuvo vigente desde 1934 hasta 1967.
Ana Ballabriga nos habla en este vídeo sobre por qué surge el Código Hays y qué movimientos sociales hicieron que finalmente se abandonara.


Manos de tijera

   ¡Oh tiempos, oh costumbres! Una vez Clint Eastwood dijo: “me gustan los héroes de hoy, con sus debilidades, su falta de rectitud moral y su toque de cinismo. En los tiempos del Código Hays no podías disparar hasta que no te disparaba el otro. Hoy, si alguien intenta matar a mi personaje, le pego un tiro en la espalda”.

   Durante casi cuatro décadas William H. Hays fue el verdugo del cine norteamericano y decidió lo que no podía verse en la pantalla; bajo su puño de hierro era imposible que una actriz se quitara las medias; las parejas casadas debían dormir en camas separadas; se eliminaron las escenas de violencia o sangre; y por ninguna razón una mujer blanca podía besar a un negro.

   Hays hizo carrera en la política y manejó la campaña electoral que llevó a la presidencia al republicano Warren Harding –de 1921 a 1923 – quien lo premió con el puesto de Director General de Correos. El perro guardián del presidente era un fanático presbiteriano, miembro de clubes como Kiwanis y Rotarios, además de masón y el único capaz de asumir la batalla contra la corrupción en el cine.

   Sus padres lo habían educado de una manera estricta y con valores ultraconservadores al punto que nunca probó ni el cigarrillo ni el alcohol. Con esos antecedentes, renunció a su cargo en el gabinete de Harding y asumió la presidencia de la MPPA, puesto que ocupó hasta su jubilación en 1945. Según Kenneth Anger, en Hollywood Babilonia, “la política ya había enseñado a Hays todo lo que necesitaba saber acerca de la hipocresía”.

   Apenas Hays llegó a Hollywood le apodaron el “caballero blanco” y la emprendió contra la promiscuidad, los juegos de azar, el alcohol y las conductas inmorales, que habían ocasionado las fundadas quejas de organizaciones cívicas, políticas y religiosas.

   Por temor a la censura estatal, el cierre de los créditos bancarios y los continuos escándalos periodísticos, los productores de cine decidieron autorregularse y contrataron a Hays, quien junto a su amigo John Edgar Hoover –perínclicto director del FBI– asesoró a los productores sobre cómo filmar películas para evitar que el Concejo Censor del Estado las cortara.

   Armado de una serie de normas que llamó La Fórmula y que más tarde completó con “Los no y los ten cuidado”, así como con el apoyo de varios religiosos, afiló la cuchilla y comenzó a castrar cuanto filme le presentaron.

   Sus primeras medidas buscaron mejorar la imagen pública de la industria cinematográfica y exigió eliminar toda referencia a los lujos de las estrellas, como los coches y los baños en champagne. Muchos actores conocidos y asiduos fiesteros fueron borrados de las carteleras y las mujeres con reputaciones dudosas fueron marginadas y las cláusulas de moralidad fueron incluidas en los contratos, so pena de despido si se comportaban de manera escandalosa. Hecha la ley, hecha la trampa. Rápidamente los estudios encontraron la manera de burlar el severo Código Hays. Contrataron actrices voluptuosas y diseñaron vestuarios para resaltar sus encantos físicos. Uno de ellos fue una especie de sostén que elevaba los pechos de manera que era imposible disimularlos. Los expertos aseguraban que el millonario director Howard Hughes encargó el diseño a un ingeniero en aviación, de su empresa aérea la TWA. 

   Es así como surgen Jane Russell, Marilyn Monroe o Jane Mansfield expertas en sugerir sin mostrar y despertando en el público el deseo de verlas desnudas. La única posibilidad de ver mujeres ligeras de ropas era en películas bíblicas, de ahí el auge de este género con el director Cecil B de Mille.

   William H. Hays nació en Indiana, en 1879, y llevó la vida gris de un burócrata. Estuvo casado con Jessie Herron, con quien tuvo a Will, que siguió la carrera judicial y fue fiscal y alcalde de Crawdfosville, un poblado de Indiana que agradeció sus servicios y le puso su nombre a una calle.

   Hasta el sol tiene manchas. Si bien fue el fiel de la balanza moral norteamericana, Hays tenía sus bemoles, en palabras vernáculas: era un sepulcro blanqueado. Pese a sus esfuerzos por limpiar las cloacas de Hollywood, la prensa sensacionalista le sacaba punta a cualquier desliz. Así lo hizo Canon Chase, un periodista escarba-estiércol, quien denunció al zar de la censura por recibir dádivas del barón petrolero Harry Ford Sinclair. Resulta que Hays recibió un “donativo” de 75 mil dólares y un “préstamo” de 185 mil dólares de Sinclair, por sus “valiosos servicios” al encumbrar a Harding a la Casa Blanca.

  Este “generoso caballero” protagonizó el sonado escándalo, denunciado en 1922 por The Wall Street Journal, que acabó con la carrera del Secretario del Interior Albert Fall, acusado de alquilar a Sinclair los yacimientos de petróleo del estado de Wyoming, conocidos como Teapot-Dome, según informó el diario ABC en febrero de 1924.

   De esta salió apenas librado pero el senador William E. Borah denunció que “Hays había obligado al Partido Republicano a venderse a sí mismo frente a los saqueadores de la nación” según cita Anger. Al pulcro de Hays le atribuyen –sin prueba por supuesto– el haber recibido 5 mil dólares de David O. Zelnick, productor de Lo que el viento se llevó, para que el cínico de Clark Gable –Rhett Butler– despachara a Vivien Leigh –Scarlett O’Hara – con la frase más famosa del cine: “La verdad, me importa un bledo”. Y es que resulta que la palabra bledo era considera vulgar por el Código Hays: este era un cátaro del cine y llevó a los extremos su fobia, al punto que prohibió representar la esclavitud de las blancas, las relaciones interraciales y sexuales, la homosexualidad y, los ombligos. 

   Cosas de la vida. Hays murió, en olor de santidad, el 7 de marzo de 1954 y entre las cosas heredadas por su hijo había una vasta colección fotográfica de, ¡adivinen!: ombligos.


La censura en Hollywood: Código Hays (1/2)


La censura en Hollywood: Código Hays - Segunda parte 


El Código Hays:  la censura en Hollywood


  Conozco muchas personas que ven el cine clásico de Hollywood como demasiado encorsetado, inocente e irreal, un cine de buenos y malos en el que estos últimos siempre se llevan su merecido.  Y en muchas ocasiones tienen razón. En la mayoría de estas películas nada es explícito, todo se sugiere. Esto se debe a que las películas de la época eran sometidas a una rígida censura. Para ver estas películas hay que saber leer entre líneas. Pero lo que mucha gente no sabe es que no siempre fue así. En la época del cine mudo los cineastas y los estudios tenía muchísima más libertad. Sí que existía censura, pero esta venía impuesta por organismos externos y los criterios por las que ésta se regía eran diferentes en cada estado. Esto significaba que podían rodar lo que quisieran, independientemente de que luego en algunos lugares prohibieran la película o cortaran escenas. A las protestas de muchas asociaciones y organismos que se quejaban de la “inmoralidad” de las películas, se unieron varios escándalos protagonizados por diversas estrellas de la época (asesinatos, muertes trágicas relacionadas con las drogas, bisexualidad, etc.). La prensa sensacionalista hizo su agosto con estas historias y retrató a Hollywood como algo parecido a la nueva Sodoma y Gomorra. Todo esto hizo que los principales estudios,  temerosos de que el gobierno tomara cartas en el asunto y les impusiera un sistema de censura y regulación, se unieran y creasen la y creasen la Motion Pictures Producers and Distributors Association (MPPDA). Esta asociación se encargaría de velar por los intereses de los estudios, y a la vez de regular las películas que se estrenaban, sin depender de organismos externos o dependientes del gobierno. A la cabeza de esta asociación estaba  Will H. Hays, un importante abogado y , un importante abogado y político republicano. En 1927, Hays elaboró una lista de aquellos temas que, en su opinión, debían evitarse en las producciones cinematográficas, y en 1930 creó el Studio Relations Committee (SRC) para aplicar dichas normas. Pero ni la lista ni el comité tenían autoridad real para ello, por lo que muchas películas seguían saltándose las normas de Hays. Entonces, con la ayuda de un sacerdote católico y un respetado editor, también católico, elaboró un código de censura cinematográfica, el Motion Picture Production Code, que fue conocido como el Código Hays. El Código Hays fue aprobado por la MPPDA en 1930,  pero seguía sin ser obligatorio y seguía sin existir un órgano eficaz que se encargase de su cumplimiento, por lo que durante varios años se siguieron haciendo películas con libertad, y los cineastas de Hollywood se pasaban el código por el forro, y en muchas ocasiones lo desafiaban haciendo películas escandalosas. El periodo comprendido entre 1927 (la llegada del sonoro) y 1934 se conoce como la era pre-code. En estos años encontramos obras como Baby Face, en la que una muchacha (interpretada por Barbara Stanwyck) que ha sido prostituida por su padre desde los 14 años se abre camino en la vida usando su sexualidad; Red-headed Woman, en la que Jean Harlow seduce a varios hombres, comete adulterio, diversos actos delictivos, y al final sale impune y tan campante; o La señal de la cruz, producción bíblica en la que Cecil B. DeMille muestra desnudos, orgías y asesinatos de todo tipo.  

Código Hays

  Ante estas películas, los censores, ayudados por la iglesia católica, comenzaron a presionar más y más a los estudios. Se fundó la Legión de la Decencia y en junio de 1934 se aprobó una enmienda al código que dictaba que todas las películas debían obtener un certificado de aprobación antes de ser estrenadas. El resultado fue que durante los treinta años siguientes todas las películas producidas en Estados Unidos tuvieron que ajustarse a las normas del código.  Sus tres principios generales eran los siguientes: No se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores. Nunca se conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal, o el pecado. Los géneros de vida descritos en el film serán correctos, teniendo en cuenta las exigencias particulares del drama y del espectáculo. La ley, natural o humana, no será ridiculizada y la simpatía del público no irá hacia aquellos que la violentan. Algunas normas eran comprensibles dada la mentalidad de los censores de la época. No se podía mostrar sexo explícito, los bailes provocativos y desnudos estaban prohibidos; también la blasfemia, el uso de palabras malsonantes y la ridiculización de la religión. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio no estaban permitidas, excepto si se presentaban de manera poco atractiva o poco explícita, y mucho menos permitidas las relaciones interraciales y “perversiones sexuales” como la homosexualidad. El asesinato y la violencia tampoco podían mostrarse explícitamente, y siempre de forma que se desalentase al espectador. También se controlaba el uso de alcohol, y se prohibía mención alguna al uso de drogas o a la prostitución. Otro de sus rasgos representativos era que todo aquel que cometiera algún acto delictivo o reprobable según el código debía siempre ser castigado al final. Los espectadores eran tratados como niños a los que había que educar. "Sucedió una noche", fue una de las primeras películas que tuvo  ajustarse y sortear al código.  Otras de las normas eran directamente absurdas (no se podía mostrar el ombligo ni las axilas, los besos no debían durar más de tres segundos, los matrimonios tenían que dormir, preferiblemente, en camas separadas, etc.). De la aplicación férrea del código se encargó el censor Joseph Breen, que desde su oficina miraba con lupa cada guión que se escribía y cada película que se rodaba, hasta que dejó su cargo en 1954. El resultado de todo esto es que los guionistas y directores se tuvieron que estrujar la cabeza para saltarse, torear y hacer buenos guiones teniendo que ajustarse a esta rígida censura. En ocasiones lo conseguían y en otras no. El ajustarse a esta rígida censura. En ocasiones lo conseguían y en otras no. 

   El cine de Hollywood se llenó de referencias no explícitas, mensajes ocultos y dobles sentidos. A partir de los 50 el código empezó a quedarse anticuado, y el público empezaba a demandar películas más realistas (influenciado sobre todo por las nuevas corrientes del cine europeo), por lo que la aplicación de éste empezó a relajarse poco a poco y se hizo una reforma, pero en los años 60 era ya tan obsoleto e inservible que fue abolido completamente en 1966. 

   No deja de ser curioso que esta fuera una censura autoimpuesta por la propia industria, es decir, que provenía de un organismo que los mismos estudios había creado, y que a pesar de ello intentaran saltársela y burlarla en muchas ocasiones. En cierto modo a los grandes estudios les beneficiaba la censura. Por un lado, preferían ser autorregulados por un organismo creado por ellos mismos a someterse a una censura impuesta por el gobierno. Por otro, la férrea aplicación del código hacía que la mayoría de películas independientes y extranjeras no consiguiesen el certificado de aprobación, por lo que la exhibición de esas películas era muy restringida y minoritaria comparada con las grandes producciones de los estudios. De hecho fue la mayor demanda de estas películas  europeas minoritarias y más realistas, a partir de los 50 y 60,  la que propició la renovación y posterior abolición de este código. Pero esto no quiere decir que con la abolición del código se aboliera la censura. La censura siguió y sigue existiendo desde entonces. Después de la desaparición del código se cambió a otro sistema más adecuado a los tiempos que corren: el de clasificación por edades. Si bien ahora hay más libertad y permisividad que en la era del código (no en vano han pasado más de 70 años), y cada uno puede rodar lo que quiere sin que nadie prohíba y corte la película, si la califican con una NC-17 (anteriormente conocida como X), muchos cines se negarán a exhibirla, muchas cadenas de grandes almacenes no la venderán, y su acceso al público quedará limitado. Es otro tipo de censura más sutil y velado que hoy en día continúa vigente y que sigue afectando por completo al cine americano.

  


Documental: El Codigo de Censura en Hollywood

Este documental  muestra la Historia del llamado "Codigo Hays", que fue  impuesto durante la década de los años 30's debido a las presiones ocasionadas por la Iglesia Católica para alejar a los feligreses de las salas de cine, porque se consideraban "Pecaminosas" las  temáticas  que mostraran sexualidad o violencia en las películas.
durante la "Era Dorada de Hollywood," Los Cineastas desarrollaron de forma ingeniosa un lenguaje artístico donde las relaciones sexuales y la violencia se mostraban mediante insinuaciones, gestos, eufemismos e imágenes simbólicas.
Durante las décadas de los 50's y 60's algunos cineastas comenzaron  a atreverse a desafiar al" Codigo Hays" con peliculas como: "Una eva y 2 adanes", "Psicosis", "Bonnie & Clyde", o "Easy Rider". El público exigió que las peliculas fueran exhibidas sin censura para audiencias adultas y dividirlas por Clasificaciones para evitar ofender a las organizaciones religiosas.


El cine que enfrenta homofobia, lesbofobia y transfobia


Francisco Peña 
 
   En los años 20 el cine estadounidense llegó a una alta exposición de la sexualidad, por lo que varias organizaciones WASP (blancas, anglosajonas y protestantes) que dominaban la taquilla ejercieron presión hasta que Hollywood adoptó por voluntad propia el Código Hays: normas de autocensura que acotaban la sexualidad en las películas.

Antes del Código Hays: Bessie Love y Anita Page en Broadway Melody (1929), ganadora del Oscar a Mejor Película.
 
Antes del Código Hays: Bessie Love y Anita Page en Broadway Melody (1929), ganadora del Oscar a Mejor Película.

 
Después del Código Hays. Todo film debía obtener su certificado de aprobación antes de proyectarse.

Después del Código Hays. Todo film debía obtener su certificado de aprobación antes de proyectarse.
 

   Gays y lesbianas –la persona trans “no existía”- fueron casi invisibles en pantalla. El “por qué” eran discriminados se debió a razones económicas y la moral predominante; la homofobia, lesbofobia y transfobia se manifestaban en el “cómo” se les presentaba. Pero las fobias no sólo se ejecutaron en las películas: Hollywood destruyó a varios artistas con vida sexual “impropia”, fuera en silencio o por escándalos.
 
 Hasta los 60 se usaban formas muy indirectas de presentación de la homosexualidad. Se connotaba con tics de conducta, manejo alterado de la voz, vestuario y otros índices –¡como oír ópera!- que señalaban al personaje homosexual ante el público. Los estudios manejaron estos estereotipos con fuertes dosis de homofobia y lesbofobia: confinaron al gay o lesbiana en papeles débiles, ambientes negativos, su problemática como seres humanos estaba ausente o era distorsionada sin escrúpulos. La homofobia era más evidente en la comedia: hombres vestidos de mujer ridiculizados por el resto de los personajes, ideales para el "comic relief", pausa cómica para destrabar un argumento y dar “descanso al público”.

 
Peter Lorre en El Halcón Maltés (1941)

Peter Lorre en El Halcón Maltés (1941)


 

Tony Curtis y Jack Lemmon en Una Eva y dos Adanes - Some like it hot (1959)
 
La homofobia, lesbofobia y/o transfobia se manifestaban por tres vías principales:

- El personaje gay, lesbiana o trans atormentado, castigado por su conducta sexual.

- El personaje gay, lesbiana o trans como objeto directo de burla social, practicada en la comedia.

- El artista homosexual, lesbiana o trans cuando se tocaban biografías de personajes reconocidos… reconocidos “a pesar de sí mismos”.
 
  Hollywood también se inmiscuyó en la vida privada de algunas de sus estrellas gays y lesbianas. La injerencia fue por vigilancia, coerción y destrucción final. Esto generó un submundo oculto donde vivieron su vida sexual (Hollywood Babylon, libros de Kenneth Anger y otros autores).

 
Portada de un libro de la serie Hollywood Babylon.

Portada de un libro de la serie Hollywood Babylon

   Basta recordar a Rock Hudson. Cuando los ejecutivos se dieron cuenta de que su estrella era gay ya le habían invertido mucho dinero. Se vigiló al actor, se le obligó a un matrimonio publicitario para desmentir rumores y se le coaccionó para que ocultara la verdad aunque siguió trabajando. Pero hubo actores que al ser "descubiertos" jamás volvieron a filmar. La Lista Negra no sólo existió en lo político sino también en lo sexual. Quienes sufrieron la lesbofobia guardaron una discreción más profunda. El caso de Sandy Dennis tiene el rasgo de que fue sistemáticamente ignorada: a pesar de ser una excelente actriz - Who's afraid of Virginia Woolf (Nichols, 1966) y That cold day in the park (Altman, 1969)- no se le dejó ser estrella con base tan sólo en rumores de que era lesbiana.
 
Rock Hudson y su esposa Phyllis Gates se casaron en 1955.

Rock Hudson y su esposa Phyllis Gates se casaron en 1955


 
Cartel del film That cold day in the park, con Sandy Dennis.

Cartel del film That cold day in the park, con Sandy Dennis.
 
   En los 60 y 70 se manifestaron los movimientos sociales por derechos civiles. Hollywood descubrió que el mercado se había segmentado: tenía que atender a negros, hispanos, lesbianas, gays, chicanos y otras minorías que reclamaban un sitio respetuoso en el cine. El rompimiento inicial se dio en el ámbito del lesbianismo con The Killing of Sister George (Aldrich, 1968), con Beryl Reid y Suzannah York. La historia aún se mueve entre truculencias lesbofóbicas donde la lesbiana “masculina” es destruida y la “femenina” redimida, pero ya se narra una relación lésbica abierta.

 
Cartel original de la película, estrenada en 1968.

Cartel original de la película, estrenada en 1968


   Algunos productores -con valentía- decidieron abordar la homosexualidad con verosimilitud. El camino culminó con Filadelfia (Demme, 1993). Se presentan situaciones homofóbicas en los procesos legales e, incluso, el abogado interpretado por Denzel Washington arranca con actitudes homofóbicas y contra personas que viven con VIH hasta cambiar de raíz al conocer a fondo al personaje entrañable de Tom Hanks. El hecho de que barriera con los Oscars, como Mejor Película y Mejor Actor, indicó que el clima social y el de la industria había cambiado. Los 90 ya no eran los 50.

 
Cartel del film Filadelfia, con los rostros de los actores Tom Hanks y Denzel Washington.

Cartel del film Filadelfia, con los rostros de los actores Tom Hanks y Denzel Washington

   La corriente realista y respetuosa siguió con cintas como Boys don't cry / Los muchachos no lloran, de Kimberly Peirce, que toca con fuerza y honestidad el lesbianismo y el crimen de odio por lesbofobia. Otro caso donde se plasma lo peor de la homofobia que culmina en crimen de odio es la extraordinaria Milk (Gus van Sant, 2008) con Sean Penn.

 
Cartel del film Milk, con el actor Sean Penn en la zona principal.

Cartel del film Milk, con el actor Sean Penn en la zona principal.
 
   En el caso de la transfobia, el cine estadounidense sigue los pasos de Mi vida en rosa (Francia, Alain Berliner, 1997), donde la familia de un niño trans que quiere ser niña y se conduce como tal, sufre la transfobia social cuando el padre pierde el empleo y deja atrás su transfobia personal, o la madre que lo alienta al principio y cae en momentos en transfobia personal. Sin tanta complejidad Transamérica (Tucker, 2005, ¡ocho años después!) abre la puerta fílmica a las personas transgénero en el cine de EU aunque conserva cierta transfobia: el personaje aún lo actúa –muy bien- una mujer (Felicity Huffman) y no un actor transgénero.

 
Cartel de la película Transamérica.

Cartel de la película Transamérica.
 

   En el caso de la vida privada de directoras y directores se multiplican las declaraciones públicas de diversidad sexual. Gus van Sant, Lisa Cholodenko y la canadiense Patricia Rozema (Al caer de la noche, 1995) son ejemplos claros. Han abordado estos temas sin tabús, con una poética que muestra la existencia del amor entre personas del mismo sexo tan conflictivo o romántico como el de cualquier ser humano. Claro, plasman los rasgos de la homofobia, lesbofobia y transfobia sociales en pantalla de forma crítica con argumentos en contra.

 
La directora de cine Patricia Rozema, de nacionalidad canadiense.

La directora de cine Patricia Rozema, de nacionalidad canadiense
 
   La mayoría de los actores y actrices aún guarda silencio porque teme el desprestigio y la caída de la taquilla, pero se multiplican las declaraciones públicas. Hay que recordar a Ellen Degeneres, que ha pasado desde el escándalo de su frustrada relación con Anne Heche a impulsar el matrimonio igualitario luego de su relación estable con Portia de Rossi. El caso de Jodie Foster es representativo del largo camino que una persona tiene que recorrer en Hollywood para hacer pública su diversidad sexual y no enfrentar la destrucción de su carrera.

 
Ellen DeGeneres (izquierda) y Portia de Rossi (derecha) en la ceremonia de su matrimonio en 2008.

Ellen DeGeneres (izquierda) y Portia de Rossi (derecha) en la ceremonia de su matrimonio en 2008.
 

   La flexibilización de la industria cinematográfica, no sólo en Hollywood sino en todo el mundo, es un fenómeno reciente por el cual se tiene que luchar a diario. Tanto la comunidad LGTBI como la liberal heterosexual deben apoyar cintas que plantean que la discriminación por homofobia, lesbofobia y transfobia, aún hoy, va más allá de la negación de derechos consagrados en la legislación de cualquier país. La discriminación por estas fobias desborda las leyes desde su comienzo hasta su final; inicia con burlas, palabras denigrantes que pueden culminar trágicamente en crímenes de odio, actos radicales de una discriminación que le niega a la persona el derecho a la vida… el más esencial de todos.

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