martes, 25 de mayo de 2021

JEAN COCTEAU, LA SANGRE DE UN POETA, NOVELISTA, DRAMATURGO...

 

Jean Cocteau, la sangre de un poeta, novelista, dramaturgo...



El actor francés Jean Marais y el escritor y director francés Jean Cocteau sentados en una mesa de café durante el VIII Festival de Cine de Venecia en 1947.



5 de julio de 1889. Maisons Laffitte, París, Francia
11 de octubre de 1963.  illy la Foret, París, Francia


Poeta, novelista, dramaturgo, diseñador, autor de libretos y director de cine francés, cuya versatilidad, falta de convencionalismo y enorme producción le proporcionaron fama internacional.

Biografía

  Hijo de Georges Cocteau y de Eugénie Lecomte, nació en Maisons-Laffitte, una pequeña ciudad cerca de París, y fue el menor de tres hermanos, tras Marthe (1877-1958) y Paul (1881-1961). Su padre, abogado y rentista, se suicidó en 1898 disparándose una bala en la cabeza. Esto, junto con el posterior traslado de sus dos hermanos con sus abuelos, hizo que su madre fuera sobreprotectora con el pequeño Jean.

   En 1900 ingresó en el Lycée Condorcet, del que fue expulsado por indisciplina cuatro años más tarde, y en 1906 continuó su educación en el Lycée Fénelon, donde nunca logró un rendimiento regular debido a su falta de interés.


Jean Cocteau, por Amedeo Modigliani

   Cocteau comenzó a escribir poemas a muy temprana edad y en 1908, Édouard de Max, fanático de la obra del joven, lo presentó como un joven prodigio en una matinée poética en el Théâtre Fémina. Al año siguiente, publicó su primera compilación, La lampe d'Aladin. En 1909, el año en que se mudó con su madre a la calle parisina d'Anjou, tuvo una fugaz relación con la comediante Madeleine Carlier y, gracias a su amistad con Serguéi Diáguilev y a la revelación de su compañía de danza, Jean Cocteau ingresó en el círculo del ballet y el teatro.


Afiche del estreno del ballet Parade, de Jean Cocteau y Erik Satie.

     La muerte súbita de su gran amor, Raymond Radiguet, el 12 de diciembre de 1923 le afectó terriblemente y llegó a declarar: «Ya no escribiré». Desesperado, Cocteau se aficiona al opio y a pesar de numerosas curas de desintoxicación, consumirá drogas hasta el final de su vida. En 1925 conoce a Jean Desbordes (1906-1944)1​ a quien dibujará en los 25 Dessins d'un dormeur de 1929​.

   En 1930 realizó su primera película La sangre de un poeta y más tarde fue hospitalizado durante 40 días debido a un ataque de fiebre tifoidea. Durante 1932 mantuvo una relación con Natalia Paléi, hija de gran duque ruso Pablo Románov. La princesa quedó embarazada, pero sufrió un aborto. Cocteau se refiere a esta tragedia en Le passé défini, donde asegura que el aborto se habría debido a una violenta escena con Marie-Laure de Noailles. Sin embargo, bien podría haber sido causado por el opio, droga en la que Cocteau la había iniciado.

   Después de Paléi, ya no se le conocerán relaciones sentimentales importantes con mujeres; solo con hombres: Marcel Khill, a quien conoció el mismo año del aborto de Paléi y con quien realizó en 1936 su viaje alrededor del mundo en 80 días (en Mon Premier voyage figurará como Passepartout), Jean Marais; Édouard Dermit, que se convertiría en su hijo adoptivo y heredero.

   En 1943 falleció su madre; dos años más tarde filma La Belle et la Bête (estrenada en 1946), especialmente escrita para Marais, su pareja más duradera, a quien había conocido en 1937. Su relación con el joven actor levantó fuertes críticas, que contrarrestó en sus ensayos contra la homofobia. Cocteau le había dado a Marais un papel mudo en su Edipo Rey y luego, en 1938, creó para él la pieza Los padres terribles. Marais actuará también en 1946 en su obra de teatro El águila de dos cabezas y en su famosa película Orfeo, estrenada en 1950.

   Su mano derecha en el teatro y el cine fue el pintor y diseñador Christian Bérard —a quien Cocteau apodaba Bebé—, realizador de las exquisitas escenografías de La bella y la bestia, La voz humana, El águila de dos cabezas y otras obras, hasta que muere en 1949, a los 47 años.

   Cocteau fue elegido miembro de la Academia francesa el 3 de marzo de 1955 y dos años después se convierte en miembro honorario del Instituto Nacional de Artes y de Letras de Nueva York.

   En 1960 realiza para el Teatro Colón de Buenos Aires la escenografía para la ópera La Voix Humaine de Francis Poulenc, interpretada por Denise Duval.

   Jean Cocteau murió en Milly-la-Forêt, cerca de Fontainebleau, el día 11 de octubre de 1963, víctima de un infarto de miocardio, horas después de enterarse del fallecimiento de su amiga Édith Piaf. La casa ha sido abierta al público, y alberga una importante colección de obras y recuerdos.​



Cocteau (a la derecha) con el pintor húngaro Ákos Bíró (izquierda)


Obras escogidas, prosa, dibujos y teatro, con 118 ilustraciones; prólogo de Juan Gil Albert, trad.: Aurora Bernárdez, Luis Hernández Alfonso, Miguel de Hernani, José Hesse, Julio Lago y Enrique López Martín; Aguilar, Madrid, 1966, 1274 pp (reeimpresión: 1969). Contiene:

    Prosa: Thomas el impostor, Chicos terribles; Retratos; Recuerdo; Discurso de                       recepción en la Academia Francesa

    Dibujos: Setenta dibujos para Chicos terribles

    Teatro: Los novios de la Torre Eiffel; Orfeo; La voz humana; La máquina infernal;             Los caballeros de la Mesa Redonda; Los padres terribles; Los monstruos sagrados;            La   máquina de escribir; El águila de dos cabezas; Baco

    Cocteau en España: dibujos, cerámicas, litografías, fotografías; catálogo de la                  exposición, Museo Camón Aznar, Zaragoza, 1992, Cocteau y España, Museo Reina        Sofía, 2001

    Novelas

        Le Potomak, 1919 — El Potomak,, trad.: Montserrat Morales Peco;                                  Cabaret Voltaire, Barcelona, 2013.

        Le Grand écart, 1923 — La gran separación,, trad.: Montserrat Morales Peco;                 Cabaret Voltaire, Barcelona, 2009

        Thomas l'imposteur, 1923 — Thomas el impostor, Bruguera, trad.: Ramón Camps           Salvat, Barcelona, 1981; trad.: Montserrat Morales Peco, Cabaret Voltaire,                     Barcelona, 2006

        Le Livre blanc, 1928 — El libro blanco, prólogo y trad.: Arturo Bázquez Barrón,                introducción de Milorad, editorial P. Arriaga, México, 1995; prólogo de Vicente              Molina Foix, trad.: Martine Monleau; La Máscara, Valencia, 1999; trad.:                        Montserrat Morales Peco, Cabaret Voltaire, Barcelona, 2010

        Les Enfants terribles, 1929 — Infancia terrible, trad.: Julio Gómez de la Serna;                    Ediciones Ulises, Madrid, 1930, Nardin, Buenos Aires, 1955; Los muchachos                  terribles, Editorial Fontamara, Barcelona 1974; Los niños terribles, trad.:                        Mauricio Wacquez, Bruguera, Barcelona, 1981; edición y trad.: José Ignacio                   Velázquez; Cátedra, Madrid, 1997 (reedición: 2006)

         La Fin du Potomak, 1940

         Les deux travestis, 1947


Poesía

La lampe d'Aladin, 1909

Le prince frivole, 1910

La danse de Sophocle, 1912

Le Cap de Bonne-Espérance, 1918

L'Ode à Picasso, 1919 — Oda a Picasso, prólogo y trad.: Cristina Peri Rosi; Pequeña Biblioteca Calamus Scriptorius, Barcelona, 1981 (reedición: Palma de Mallorca, José J. de Olañeta, 2003)

Poésies 1917-1920

Vocabulaire, 1922

Plain-chant, 1923

Cri écrit, 1925

Prière mutilée, 1925

L'Ange Heurtebise, 1926

Opéra, 1927

Morceaux choisis, poèmes, 1926-1932, 1932

Mythologie, 1934

Énigme, 1939

Allégories, 1941

Poèmes écrits en allemand,

Léone, 1945

La crucifixión, 1946

Poèmes, 1948

Anthologie poétique de Jean Cocteau, 1951

La nappe du Catalan , 1952

Le chiffre sept, 1952

Appogiatures, 1953

Dentelle d'éternité, 1953

Clair-obscur, 1954

Poèmes, 1916-1955, 1956

Paraprosodies précédées de 7 dialogues, 1958

Gondole des morts, 1959

Cérémonial espagnol du phénix, suivi de La partie d'échecs, 1961

Le Requiem, 1962

Poemas, edición bilingüe, trad.: Ahmed el-Boab; Letras Vivas, México, 2000


Dramaturgia

Parade, 1917. Para los Ballets Rusos: compuesto por Sergei Diaghilev, coreografiado por Léonide Massine, música de Erik Satie y vestuario y escenografía por Pablo Picasso

Orphée, 1926

Oedipus Rex, 1927. Música de Ígor Stravinski

Roméo et Juliette, 1928

La Voix humaine, 1930. En 1958, Francis Poulenc escribió una ópera homónima con libreto de Cocteau basado en esta pieza. En el 2013, se estrenó el cortometraje La voce umana, dirigido por Edoardo Ponti y con Sophia Loren como actriz principal

La machine infernale, 1934

Edipe-roi, 1937

Le bel indifférent, 1940

L'Épouse injustement soupçonnée, 1943

Le Jeune Homme Et La Mort, 1946

Théâtre I: Antigone - Les Mariés de la tour Eiffel - Les Chevaliers de la table ronde - Les Parents terribles, 1948

Théâtre II: Les Monstres sacrés - La Machine à écrire - Renaud et Armide - L'aigle à deux têtes, 1948

Théâtre de poche, 1949

Bacchus, 1952

Nouveau théâtre de poche, 1960

L'Impromptu du Palais-Royal, 1962

Paul et Virginie, 1968

Le gendarme incompris, 1971


Ediciones de teatro en español

El águila de dos cabezas, trad.: Javier Olavide; Editorial José Janés, Barcelona, 1950

Los padres terribles (1938); Los monstruos sagrados; La máquina de escribir (1941), trad.: Aurora Bernárdez, Losada, Buenos Aires, 1952 (reedición: 1959)

Antígona; Reinaldo y Armida, prefacio de Rosa Chacel, trad.: Miguel Alfredo Olivera y Rosa Chacel; Emecé, Buenos Aires, 1952

Cuatro monólogos, con cinco dibujos originales del autor, Ediciones Alfil, Madrid, 1962. Contiene:

El bello indiferente; La voz humana; La farsa del castillo; El fantasma de Marsella

Los padres terribles (1938), Losada, Buenos Aires, 1974

Los monstruos sagrados y La máquina de escribir (1941), Losada, Buenos Aires, 2004

Baco; Los novios de la Torre Eiffel; y Los caballeros de la Mesa Redonda; trad.: Miguel de Hernani, Losada, Buenos Aires, 2004

Los padres terribles (1938) y La máquina de escribir (1941), Losada, Buenos Aires, 2006


Ensayo, crítica, diarios

Carte blanche, 1920

Le Secret professionnel, 1922

''Le Rappel à l'ordre - Lettre à Jacques Maritain, 1926

Opium: Journal d'une désintoxication, diario escrito en 1928-1929; publicado en 1930    — Opio: diario de una desintoxicación, prólogo y trad.: Julio Gómez de la Serna,          Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1969; Opium, prólogo y trad.: Ignacio Vidal-            Folch; Planeta, Barcelona, 2009

Essai de critique indirecte

Portraits-Souvenir, 1935

Mon Premier voyage, vuelta al mundo en 80 días, 1937

Le Greco, 1943

Le Foyer des artistes - La Difficulté d'être, 1943 — La dificultad de ser, trad.: María     Teresa Gallego Urrutia; Siruela, Madrid, 2006

Lettres aux Américains - Reines de la France, 1949

Jean Marais - Entretiens autour du cinématographe (avec André Fraigneau), 1951

Jean Marais par Jean Cocteau, Calmann-Lévy, 1951

Gide vivant, 1952

Journal d'un inconnu. Démarche d'un poète, 1953

Colette (discours de réception à l'Académie royale de Belgique) - Discours de     réception  à l'Académie française, 1955

Discours d'Oxford, 1956

Entretiens sur le musée de Dresde (avec Louis Aragon) - La Corrida du 1re mai, 1957    — La corrida del 1 de mayo, trad.: David Villanueva Sanz; Demipage, Madrid, 2009

Poésie critique I, 1959

Poésie critique II, 1960

Le Cordon ombilical, 1962 — El cordón umbulical, trad.: Antonio Álvarez, edición de   Alfredo Taján; Confluencia, Málaga, 2012

La Comtesse de Noailles, oui et non, 1963

Lettres à sa mère, Gallimard, Paris, 1989 — Cartas a mi madre 1906-1918, trad.:     Pedro Ubertone; Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2003


Pintura

Dessins, 1923

Le mystère de Jean l'oiseleur, 1925

Maison de santé, 1926

Poésie plastique, 1927

25 dessins d'un dormeur, 1928

Soixante dessins pour les Enfants terribles, 1935

Dessins en marge du texte des Chevaliers de la table ronde, 1941

Drôle de ménage, 1948

La chapelle Saint-Pierre, Villefranche-sur-mer, 1957

La salle des mariages, Hôtel de ville de Menton, 1957

La Chapelle Saint-Pierre, 1958

Saint-Blaise- des -simples, 1960


Cine

La sangre de un poeta - Le Sang d'un poète 1932

La bella y la bestia - La Belle et la Bête 1946

El águila de dos cabezas - L'Aigle à deux têtes 1948

Los padres terribles - Les Parents terribles 1948

Les enfants terribles - 1950

Orfeo - Orphee 1950

La Villa Santo-Sospir  1952

8 X 8 1957

El testamento de Orfeo -Le Testament d'Orphée 1959

Jean Cocteau s'adresse... à l'an 2000 1962



Odalys González Gómez: Así es, pero cuando hay muchas opiniones que concuerdan con un mismo tema...Y yo añadiría: Y vienen de gente formada que sabe pensar por sí misma, no de borregos alienados por un iluminado fascista e intransigente... ·

Vicente Salinas Roca: De hecho no debemos confundir los hechos con la verdad, porque los hechos se pueden interpretar de muchas maneras y cada una de esas interpretaciones resultan ser verdades de cada uno que, a menudo, pueden hasta ser opuestas. Así pues, como no existe una verdad absoluta y las verdades relativas, que son las diferentes maneras de interpretar los hechos, pueden oponerse, hablar de verdad da una cierta idea de fanatismo. Por lo tanto, cuando no podamos acudir a unos hechos rescatados de los adjetivos, tendremos que aceptar la opinión de la mayoría de a quienes trascienden los hechos, pero con tolerancia hacia las demás opiniones, siempre que no supongan un daño para nadie. Esa es la base de cualquier filosofía verdaderamente democrática. Pero hemos de tener mucho cuidado con el ensalzamiento del término "verdad", porque a menudo se utiliza como excusa para la imposición ideológica, igual que debemos protegernos de aquellos que denigran la "política" en general porque, en el fondo, pretenden imponernos sus propias ideas y "verdades". La "verdad" es la mentira más segura.

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JEAN COCTEAU, DEL OTRO LADO DEL ESPEJO

Una lectura de ‘Orfeo’ (1950), la película que concentra el genio creativo de Jean Cocteau, uno de los artistas capitales del siglo XX

DAVO VALDÉS DE LA CAMPA | miércoles, 31 de marzo de 2021

   Desde su brevísimo relato “El gesto de la muerte” (1923) –(versión muy personal de “El Ángel de la Muerte y el rey de Israel” de Las mil y una noches) hasta La bella y la bestia (1946), pasando por la puesta en escena de la tragedia de Edipo (1937), Jean Cocteau reescribió el mundo a través de los sueños. Su obra como poeta, cineasta, ocultista, pintor y dramaturgo está atravesada por la revisión exhaustiva de los mitos, específicamente los misterios que, frente a la muerte, son inaccesibles para nosotros. Quizá por eso su fervor por las vanguardias y la incapacidad de ceñirse a una sola disciplina artística.

   Orfeo (1950) es la pieza central de su trilogía órfica, que completan La sangre de un poeta (1930) y Testamento de Orfeo (1960), su último largometraje, el epitafio de su vida y su obra. En la película, Costea reinventa el personaje de Orfeo, transformándolo en un egocéntrico poeta parisino estancado en sus procesos creativos y, no obstante, famoso. Interpretado por el antiguo amante de Cocteau, Jean Marais, el personaje encarna, en su evidente decadencia, el vínculo de la poesía lírica con la música y los mitos órficos. Orfeo acude a uno de los cafés bohemios del bajo París y, después de presenciar la muerte de un poeta rival, Jacques Cégeste –Édouard Dermit, también amante de Cocteau en su momento–, sigue a la hermosa y misteriosa dama que lo acompañaba, una mujer interpretada por María Casares. Es la Muerte. En ese sentido el filme es un noir metafísico-mitológico que entrelaza un cuadrado amoroso mientras revisa con ironía temas como la figura del poeta, la burocracia (cuyos alcances rigen el inframundo), el absurdo de la vida moderna y el ambiente intelectual francés. 


Jean Cocteau - Orfeo (Película Completa)

  Después de seguir a la Muerte a una casa en ruinas en las afueras de la ciudad, Orfeo, acompañado de Heurtebise –uno de los ayudantes de la Muerte, acaso una de las facetas de la dama–, vuelve a casa con su mujer, Eurídice. Aquí inicia el embrollo amoroso entre personajes y en los distintos planos de la existencia: la Muerte enamorada atraviesa los espejos para contemplar a Orfeo dormir. Por su parte, el poeta se obsesiona con una señal radiofónica y enigmática que transmite versos que le producen excitación y fascinación. Heurtebise se enamora de Eurídice, interpretada por Marie Déa, en un papel que destila abnegación y ternura. Finalmente, la Muerte se aprovecha de la ausencia de Orfeo para llevarse a Eurídice. Heurtebise convence a Orfeo de descender al inframundo para buscarla. Sobre esto Cocteau escribió en uno de los textos de Poética del cine:

Entre los conceptos erróneos que se han escrito sobre Orfeo, todavía veo que a Heurtebise se le describe como un ángel y a la princesa como la muerte. En la película no hay muerte ni ángel. No puede haber ninguna. […] Nunca toco dogmas, la región que represento es una frontera de la vida, una tierra de nadie donde uno se cierne entre la vida y la muerte.

   Este espacio se representa en la película como la Zona (un eco visual de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, que después sería reelaborado por Tarkovski en Stalker), es decir, un sistema laberíntico de callejuelas con edificios derruidos. Para crearla Cocteau se valió principalmente de técnicas primitivas de prestidigitación y simples trucos como la reproducción invertida, técnicas utilizadas con anterioridad en el trabajo de pioneros como el mago Méliès, logrando un aura sobrenatural y misteriosa que remite a la lógica de los sueños. En la representación de lo mundano, por su parte, Cocteau despliega un sinfín de símbolos en la cotidianidad de los personajes: la radio del más allá, los emisarios de la muerte (los motociclistas asesinos), el cruce de la vía de tren –a modo de división entre ambos mundos– y, por supuesto, los espejos, elementos fundamentales en su obra: “los espejos nos acercan a la muerte”.

   Pero ¿qué es la muerte en la película? Por un lado, tenemos una serie de muertes metafóricas que el poeta debe atravesar para convertirse en artista (la destrucción del ego es el estadio final), pero también presenciamos el último sacrificio posible, el de la misma Muerte, que se desprende del cuerpo de Orfeo, su amado. Para cumplir la promesa de amor eterno, Ella debe dejarlo ir. Sólo así el amor trasciende las leyes de ambos mundos. Es la inmortalidad. El mensaje evoca un verso célebre de Mallarmé, que el propio Cocteau cita como una de sus grandes referencias:

“Tal como en sí mismo al fin la eternidad lo convierte,

 el Poeta despierta con un estoque desvestido

 a su siglo, espantado de no haber sabido

 que en esa extraña voz triunfaba la Muerte”.

   Relatar un sueño o contar la trama de una película que opera como un sueño resulta vano. Pero sirve mirar y escuchar lo que se refleja: “¿Qué estabas tratando de decir? Ésta es una pregunta de moda. Estaba tratando de decir lo que dije”, sentencia Cocteau del otro lado del espejo.

   


Je suis Jean Cocteau

Je suis, sans doute, le poète le plus inconnu et le plus célèbre. Jean Cocteau. Journal d’un inconnu.

   La vida no se rige, en apariencia, por las matemáticas, pero si observamos algunas coincidencias sólo podemos celebrar el juego que brindan. Jean Cocteau nació en Maisons-Laffite el 5 de julio de 1889, pocas horas antes de la definitiva inauguración de la Torre Eiffel. La relación del poeta con el ilustre monumento se nutre mediante percepciones de desdén e incomprensión, como si ambos compartieran la dualidad de la fama que descarta la esencia; más célebres que conocidos, más nombrados que estudiados, son víctimas de una visibilidad que desde la palabrería elimina la atención al verdadero significado de sus pilares, básicos y revolucionarios desde múltiples perspectivas. En el caso que nos concierne ha llegado la hora de dar luz a la persona sin olvidar la trascendencia del personaje, imprescindible si queremos trazar unas coordenadas válidas para entender su obra, prolija y poliédrica, vendaval propio de quien por ir a contracorriente sabe que el laurel definitivo tarda en germinar. 

  Cocteau afirmó que su fortuna llegaría treinta años después de su muerte. La profecía se cumplió y ahora su estela es valorada en su justa medida. Atrás quedaron las críticas que le acusaban de ser un creador sin atisbos de originalidad porque sólo era hábil en picar aquí y allá en su mímesis de impostura. Fue un pionero en saber publicitarse, una bestia frenética que sólo se casó consigo mismo pese a querer amar y ser amado. Eso le pasó factura, pero el tiempo es un juez que siempre acierta y puede que él supiera muy bien que su esfuerzo no quedaría en agua de borrajas porque, transcribo sus propias palabras, «cuando una obra se avanza a su época lo único que ocurre es que ésta va por detrás». Eso, y coincidir con muchos coetáneos con los colmillos bien afilados, listos para atacar al que no seguía el paso previsible de la manada. 

   El niño que nace lo hace marcado por un origen burgués que le permitió rodearse de cultura desde su primer llanto. Sus padres eran prototipos sociales del bienestar surgido durante la Tercera República francesa, ufana por su progresismo y avergonzada hasta cierto punto por una esquizofrenia social donde el affaire Dreyfus se llevó la palma en la fallida espiral por dotar de coherencia a la Nación tanto en el fondo como en la forma. 

   Los Cocteau Lecomte formaban parte de una casta privilegiada que creía saber alternar su abolengo con la modernidad que invadía el cambio de centuria. El pequeño de la familia fue una criatura protegida que siempre conservó un recuerdo glorioso de su infancia, paraíso perdido pese al misterioso suicidio de su padre, acaecido el 5 de abril de 1898. La prematura ausencia del progenitor se vio compensada con su apego por la madre, siempre presente en lo bueno y en lo malo, protectora que admiraba al ángel al tiempo que lo sufría por su iconoclasia. Esta paradoja será una constante en Cocteau, bien consciente de pertenecer a su clase y descontento por las limitaciones artísticas de la misma, que sin embargo forjaron su ser en la adolescencia, cuando pueden mencionarse entre sus mejores amigos nombres emblemáticos de ese París de los salones como Lucien Daudet o Reynaldo Hahn, conexiones del «amor cuyo nombre no se dice» y de un mundo teñido de agónica caspa que Marcel Proust, otro acólito del círculo, se encargaría de finiquitar a su debido momento con su monumental Recherche, al quitar las máscaras de un universo que formó la educación sentimental del primer Cocteau y ayudó a configurar una imagen de príncipe frívolo contra la que luchó durante toda su existencia. 

  En este sentido, 1908 es una encrucijada clave al mostrarnos cómo el futuro vanguardista fue un producto de esa Francia que no miraba más allá de su ventana porque creía que en su interior residía una verdad absoluta, vertebrada a partir de paradigmas caducos. Uno de ellos era Venecia, enclave que simbolizaba la belleza de lo decadente, lugar de veneración al que acudió Cocteau junto a su madre en septiembre del año donde debutó con estrépito en la poesía con un recital organizado y financiado por el actor Édouard de Max. El estreno tuvo lugar en el teatro Femina de los Campos Elíseos el 4 de abril. Fue un golpe de fuerza presentado por el poeta Laurent Tailhade y respaldado por Catulle Mendès, actores de la Comédie-Française y grandes voces de la ópera, contentas de leer los versos que en 1909 formarían parte de La lampe d’Aladin, libro de poemas que exhibe un talento demasiado ceñido a una serie de ideas que no tardarían en pasar de moda porque la velocidad de la era amenazaba con enterrar un edificio que no sucumbió hasta 1918, cuando el final de la Primera Guerra Mundial cubrió de polvo ese pasado que en un abrir y cerrar de ojos devino carpetovetónico. 

   Sus dos siguientes compilaciones líricas, Le prince frivole y La danse de Sophocle, siguieron la misma tónica, reforzada por su interesada amistad con la condesa Anna de Noailles, con quien se alió hasta el punto de confundirse sus creaciones con las de esa dama arrogante que creía dominar incontestada el panorama poético porque ignoraba el vendaval que se avecinaba desde la otra orilla, donde Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Blaise Cendrars y otros rompían con la monotonía y anunciaban el adviento del siglo xx capitaneados por Pablo Picasso. 

   Cocteau se salvó de ser un recuerdo efímero, una nota al pie de página de otra nota al pie de página, por su naturaleza mutante y una insaciable inquietud que supo transmitir desde lo multidisciplinar. El artista que se aferra a un campo sin interesarse por otros suele ser pobre, con un discurso demasiado limitado que no sabe expandir. El francés pudo formar parte de este panteón de gloriosos malogrados. Tuvo la suerte de ser curioso y enamorarse del fenómeno que supusieron los ballets rusos de Serguéi Diáguilev y Vaslav Nijinsky. Al frecuentar el círculo eslavo consiguió la oportunidad de escribir el libreto del fracasado ballet Le dieu bleu, estrenado en mayo de 1912. Esta derrota y las reservas que Diáguilev tenía para con «JeanChick» fueron el acicate definitivo para la primera gran metamorfosis de nuestro protagonista, espoleado por el legendario «sorpréndeme» que le espetó el empresario. Este antes y después se vio incrementado por el polémico estreno de Le sacre du printemps el 29 de mayo de 1913 en el teatro de los Campos Elíseos. El estrépito de esa función concibió una de sus máximas que lo acompañarían el resto de sus días: cultiva lo que el público te reproche porque eso eres. Ni más ni menos. Arder vivo para renacer. Luchar e imponerse contra lo abigarrado.


Frases de Jean Cocteau


01. Cuando una obra parece adelantada a su tiempo, es sólo que el tiempo está detrás de la obra.

02. La riqueza es una actitud innata de la mente, como la pobreza. 

03. El genio en el arte consiste en saber hasta donde podemos caminar demasiado lejos.

04. A Picasso, hasta los que le detestan, le soportan, porque nunca usa el talento. Sólo usa el genio. Sus obras nunca son pensamientos. Son actos.

05. Sentir antes de comprender.

06. Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.

07. Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tu te estás muriendo de ganas de hablarle de ti.

08. La moda muere joven.

09. El tacto en la audacia es saber hasta dónde se puede ir demasiado lejos.

10. Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad.

11. Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin ayuda del diablo.

12. La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere.

13. Plantearse los menos problemas posibles es la única manera de resolverlos.

14. Mi pesimismo no es sino una variedad del optimismo. 

15. Víctor Hugo era un loco que se hacía pasar por Víctor Hugo.

16. Un verdadero poeta no se molesta en ser poético. Tampoco un jardinero del aroma de las rosas.

17. Lo que el público critica en usted, debe cultivarlo. Eso es usted.

18. En París, todo el mundo quiere ser un actor; nadie se contenta con ser un espectador.

19. La vida es una caída horizontal.

20. El poeta no pide admiración, él quiere ser creído.

21. No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría.

22. El arte produce cosas feas que a menudo se vuelven más hermosas con el paso del tiempo...

23. Hay tres cosas que jamás he podido comprender: el flujo y reflujo de las mareas, el mecanismo social y la lógica femenina.

24. Soy una mentira que siempre dice la verdad.

25. La peor tragedia para un poeta es ser admirado por ser malinterpretado.

26. El verdadero realismo consiste en revelar las cosas sorprendentes que se mantienen cubiertas por el hábito y nos impiden ver. 

27. El día de mi nacimiento, mi muerte comenzó su caminata. Camina hacia mí, sin prisa.

28. Buscar en primer lugar, tratar más tarde.

29. Comprenda que algunos de sus enemigos se encuentran entre sus mejores amigos.

30. La poesía es una ética. Por ética me refiero a un código secreto de comportamiento, una disciplina construida y realizada de acuerdo a las capacidades de un hombre que rechaza las falsificaciones del imperativo categórico.

31. Una película es una fuente petrificada de pensamiento.


Influencias

Jean Cocteau estuvo influenciado por...

Edith Piaf


Edith Piaf, el eterno 'ruiseñor francés'

19 de diciembre de 1915. París, Francia

10 de octubre de 1963. Plascassier, Grasse, Francia

Cantante y poeta francesa. De nombre real Édith Giovanna Gassion, a menudo se le apodaba cariñosamente como "La gorriona de París", ya que en el argot francés, Piaf significa gorrión. Edith Piaf fue una cantante única que todo lo hizo con pasión: cantar, amar, vivir y morir. Debido a su extraordinaria personalidad, pasión y fuerza artística sigue siendo la cantante francesa más popular de la historia.

The Best of Edith Piaf

01 - 00:00 - Non, je ne regrette rien

02 - 02:25 - La vie en rose

03 - 05:33 - Hymne à l'amour

04 - 08:59 - Mon manège à moi

05 - 12:09 - La foule

06 - 15:07 - Padam

07 - 18:26 - Milord

08 - 22:58 - Sous le ciel de Paris

09 - 26:16 - L'accordéoniste

10 - 29:31 - Johnny tu n'es pas un ange

11 - 31:44 - L'homme à la moto

12 - 33:50 - Les trois cloches

13 - 38:00 - Une enfant

14 - 41:26 - Plus bleu que tes yeux

15 - 44:36 - Les amants d'un jour

16 - 47:48 - Le chemin des forains

17 - 51:02 - C'est l'amour

18 - 54:06 - C'est merveilleux

19 - 57:15 - Adieu mon coeur

20 - 01:00:24 - Je suis à toi



Erik Satie



Erik Satie en 1919, a los 53 años

La música de Erik Satie, nacido en Normandía en 1866 y muerto en París 59 años después, parece a la distancia que da el tiempo una colección de impresiones, microensayos y chistes siempre de corta duración y desconcertantes.

   Desde sus tempranas y muy famosas Gymnopédies, que refieren a danzas antiguas griegas con una lenta y casi hipnótica sucesión de acordes y una melodía impresionista, hasta sus más rápidos Embryons desséchés, la obra de Satie transcurrió entre el desinterés de público tradicional, el rescate en los burdeles y la admiración de maestros de la época, como Ravel y Debussy.

   Vivió en un tiempo intenso para la música clásica europea, de extensión del romanticismo hasta sus límites, de quiebre y experimentación, al que encaró desde la excentricidad y una relación ambivalente con la academia, pero siempre desde un humor irónico tan refinado como absurdo. Sus pequeñas piezas, a veces contemplativas y otras rítmicas, casi grotescas, contrastaron con la ópera wagneriana que marcaba el paso a sus contemporáneos y fueron una inspiración para una enorme cantidad de artistas que perfilaron las vanguardias del siglo XX.

   A este hermético músico y esteta le ha dado voz en su último libro, Objeto Satie (Editorial Caja Negra), la escritora argentina María Negroni, emulando su estilo y dotándolo de vida propia más allá de la obra literaria. No se trata de una biografía ficcionada ni de un ensayo, y mucho menos de una narrativa convencional que monta a Satie como un personaje más y un engranaje para una narrativa, que no existe.

"Me llamaron loco, farsante Monsieur le Pauvre, y otras vaguedades por el estilo. Respondí con varios duelos, y una sola consigna: compongo para que me oigan en 1598", hace decir Negroni, escritora nacida en Rosario y radicada durante mucho tiempo en Nueva York que actualmente dirige la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

   Por el contrario el libro se compone, también, de una colección de impresiones, microensayos y chistes, diálogos y monólogos imaginados que están acompañados de fotos, dibujo y partituras. Allí desfilan también Jean Cocteau, Marcel Duchamp y Man Ray, entre otros, con obras y fotografías y hasta los bocetos hecho por el propio Satie, en un esfuerzo tan curatorial como literario. Y ese parece ser el gran mérito de Objeto Satie, haber encontrado la técnica y el registro para convencer al lector de que este compositor tiene algo para decirnos en la actualidad, y que al hacerlo se vuelve tan atemporal como referencial al encanto decadente de finales del siglo XIX.

"Un día me sentí atraído por la distancia", dice nuestro Satie en versión Negroni. "Componer es perder sonidos. Nada de fugas, preludios, sinfonías, en voz baja o por escrito. Nada de convertirse, consciente o inconscientemente, en artistas. Basta con una pequeña dosis de insidia", expone.


Erik Satie - The Essential Collection

Erik Satie - The Essential Collection represents the very best and notable works of this timeless French composers work. Simply Sublime. Timestamped for track jumping below! 

Track List:

1. Jazzopédie - 0:00

2. Sarabande No.1 - 3:10

3. Je te veux - 9:45

4. Gnossienne No.1 - 16:28

5. Gnossienne No.2 - 21:09

6. Gnossienne No.3 - 24:16

7. Du fils des étoiles - 28:03

8. Gymnopédie No.1 - 32:05

9. Gymnopédie No.2 - 35:48

10. Gymnopédie No.3 - 39:34

11. Embryons Desséchés - 42:11

12. Morceau en Forme de Poire - 43:36

13. Valse Ballet - 47:21

14. Aperçus Désagréables - 49:09

15. Ogives - 50:22

16. Sonatine Bureaucratique - 52:19

17. En Habit de Cheval - 56:23


17 de mayo de 1866. Honfleur, Calvados, Francia

1 de julio de 1925. París, Francia

  Compositor y pianista francés precursor del minimalismo, el serialismo, el impresionismo y el Teatro del absurdo, considerado además una de las figuras más influyentes en la historia de la música y autor de "Gymnopédies" (1888), "Gnossiennes" (1890) y "Parade" (1917).


Claude Debussy


Claude Debussy, retrato

Claude Debussy: la historia de un niño prodigio 

   A los diez años ya había conquistado el Conservatorio de París y la historia apenas comenzaba. Era 1872, y Madame Mauté de Fleurville, supuesta discípula del gran compositor Frédéric Chopin, se había empeñado en que Claude Debussy, un niño prodigio del piano que apenas hacía dos años había tenido una introducción al instrumento, fuera admitido en la más importante institución musical de Francia. El joven Debussy entró al Conservatorio de París el 22 de octubre de 1872, cuando tenía 10 años.

   La infancia de Achille-Claude Debussy no fue para nada ostentosa. Nació el 22 de agosto de 1862. Su padre, Manuel-Achille Debussy, era dueño de una tienda de porcelana en Saint-Germain-en-Laye, ciudad en la que nació el pianista. Su madre, Victorine Manoury, era costurera y con el trabajo de ambos lograban mantener a sus cinco hijos, de los cuales Claude era el mayor.

   El negocio del padre no prosperó y en 1868 se mudaron a París, donde comenzó a trabajar en una imprenta. Ahí se involucró en la política y dentro de poco tiempo se volvió uno de los altos mandos de La Comuna, proyecto político popular socialista autogestionario que gobernó París durante un poco más de tres meses en 1871 y por el cual lo condenaron a cuatro años de prisión, aunque sólo cumplió con un año.

   Sus primeras clases de piano fueron en Cannes, en casa de su tía y madrina Clementina Debussy, a los siete años. Su  familia llegó ahí huyendo de la guerra franco-prusiana que sometía París y fue también ahí donde Antoinette Mauté de Fleurville notó su talento y emprendió la tarea de hacerlo llegar al Conservatorio. Ella era la madre de Charles de Sivry, un compositor y director de ópera reconocido sobre todo por sus obras para ballet, que estuvo en la cárcel con el padre de la familia Debussy. Las primeras clases de piano que tomó el joven Debussy en el Conservatorio fueron con Antoine François Marmontel –el cual decía que era un chico encantador del cual se podía esperar mucho– y de solfeo con Albert Lavignac. En ambas consiguió un gran número de reconocimientos. Mientras estudiaba el joven de 18 años conoció a Nadezhda von Meck, una mujer rusa con muchísimo dinero, famosa por ser la patrona de Tchaikovsky. Lo contrató para que fuera el maestro de sus hijos, pidiéndole que acompañara a la familia en viajes, conciertos y eventos, permitiéndole entrar al mundo de la música culta y de élite, a la cual antes no tuvo acceso. Esto lo expuso a las obras de grandes compositores rusos como Borodin, Mussorgsy y otros artistas que se convirtieron en influencias para él. En el verano de 1880 descubrió a Richard Wagner, cuando en Viena vio por primera vez la ópera Tristan e Isolda, del compositor alemán.

   En 1884 Debussy recibió el Prix de Rome, una beca del gobierno francés para estudiantes de arte, que aunque comúnmente se le otorgaba a artistas plásticos, él la obtuvo por la cantata L’enfant prodigue, de la que hizo la composición musical y Édouard Guinand el texto. Para ese entonces los maestros del Conservatorio no tenían tan buenas opiniones de él, especialmente por su falta de disciplina. “Debussy sería un excelente pupilo si no fuera tan raro y arrogante”, declaró en un reporte su profesor Émile Durand.

Claude Debussy en una fotografía de grupo en la Villa Médicis, el 27 de enero de 1885 

   Además del reconocimiento, el Prix de Rome,  le dio al músico la oportunidad de irse a vivir a la capital italiana para continuar con sus estudios. De inicios de 1885 a marzo de 1887 se hospedó en la Villa Mèdicis y asistió a la Academia Francesa en Roma, aunque con varias ausencias, pues había dejado en París a su enamorada, Marie VasnierLa conoció en una clase de canto en la que él acompañaba con el piano y al poco tiempo de conocerla se consideró sucumbido de amor. Vasnier era el apellido de su esposo, Henri, que nunca detuvo a ninguno de los dos en su arrebato amoroso. Al poco tiempo de conocerse comenzaron un romance y ella se convirtió en la musa de Debussy, a la cual le escribió más de 27 piezas en los siete años que duró su relación. Al esposo nunca pareció importarle mucho –o se cuidó ignorante– y mantuvo una muy buena amistad con el compositor y pianista, al cual nunca dejó de apoyar.

   La beca que había obtenido exigía que Debussy entregara periódicamente un número de composiciones, sin embargo, el francés consideraba que las influencias que recibía en Roma eran insulsas y sufrió mucho en sus entregas. En 1889 el compositor viajó a Bayreuth, en Alemania, donde escuchó Parsifal de Wagner, y “fue conmovido hasta las lágrimas”, según su biógrafo, Louis Laloy. Cuando regresó a Roma, Debussy conoció a un gran músico de culto con quien conversó de música rusa y quien le enseñó piezas inéditas de grandes compositores de aquellas latitudes. Ambos descubrimientos lo influenciaron profundamente y, desilusionado por la escena musical en Italia, aseguró que una persona no podría amar nunca dos formas tan distintas de arte. En junio del 85, el compositor francés escribió una carta sobre sus deseos de abandonar la academia: “Estoy seguro que el Instituto no aprobará, pues se trata del camino que ellos ordenan como correcto. ¡Pero no sirve de nada! Estoy demasiado enamorado de mi libertad, demasiado indulgente de mis propias ideas”.

   Antes de regresar a París en 1887 entregó la oda sinfónica Zuleima (basada en un texto de Heinrich Heine), la pieza orquestal Printemps, la cantata La Damoiselle élue (que en realidad no terminó hasta 1888) y la pieza para piano y orquesta Fantasie, que estaba fuertemente influenciada por su antiguo profesor y organista Cesar Franck, y que después desestimó. La Academia consideró con estas entregas, que Debussy estaba escribiendo música “bizarra, incomprensible y impresentable”.

Claude Debussy tocando el piano en el salón de Ernest Chausson, 1893 

   Sus piezas tenían formas poco convencionales, en gran parte influenciadas por los viajes que hizo a Europa del Este, pero también por la música oriental a la que tuvo acceso en exposiciones universales en París. Ahí, por ejemplo, conoció la música gamelán, originaria de Indonesia y Bali, y empezó a implementar sus melodías, ritmos y texturas típicas, que se pueden escuchar, por ejemplo, en Estampes (1903).

   Su vida personal fue enormemente criticada por ser muy mujeriego. También se le criticaba por su inestabilidad económica y su fascinación por la vida bohemia del París de principios del siglo XX. Leía mucha poesía y solía crear música para sus poemas favoritos. Hizo música para el Ariettes oubliées de Leilán y Cinq Poèmes de Baudelaire; también fue influenciado por Mallarmé y Pierre Louys.

   Aunque para principios del siglo XX Debussy ya había compuesto decenas de piezas y había ganado prestigio en el gremio de la música, en el mundo real prácticamente nadie lo conocía. Su nombre no fue famoso hasta la mañana del 30 de abril de 1902, después de que su pieza Pelléas et Mélisande fue interpretada en El Teatro Nacional de la Opéra-Comique. El periódico The Times comentó que esa ópera había “provocado más discusión que cualquier otro trabajo en tiempos modernos, excepto, por supuesto, el de Richard Strauss”. Mientras el Conservatorio hizo esfuerzos inauditos para que los estudiantes no fueran a verla, el grupo de intelectuales Les Apaches –del cual Debussy formaba parte– se dedicó a promocionarla.

   Debussy fue rechazado por sus ideas, por su estilo de vida desmedido y poco ortodoxo, pero también fue el niño prodigio que no descansó hasta encontrar una voz propia dentro de la música. Se influenció de las otras artes, especialmente de la poesía y la literatura y llevó la composición clásica y la historia de la música hacia el impresionismo, que rompe con la rigurosidad de las formas tradicionales para darle cabida a nuevas expresiones, más sonidos, tonos y texturas, apelando también a las capacidades de la voz humana.

   El músico francés murió el 25 de marzo de 1918, a los 55 años y sus piezas Clair de Lune, La mer, Suite Bergamesque, Prélude A L’Après-Midi D’Un Faune (Preludio a la siesta de un fauno) y Petite Suite, son algunas de las composiciones más famosas del mundo.

22 de agosto de 1862. Saint Germain en Laye, Yvelines, Francia

25 de marzo de 1918. Paris, Francia

Compositor francés cuyas innovaciones armónicas abrieron el camino de los radicales cambios musicales del siglo XX.

The Best of Debussy

Tracklist

OBRAS PARA PIANO

1. Arabesque Nº1

2. Arabesque Nº2

3. Clair De Lune

4. Passepied

5. Rêverie

6. Hommage A Rameau

7. Voiles

8. Les Sons Et Les Parfums Tournent Dans L'air Du Soir

9. La Fille Aux Cheveux De Lin

10. La Cathédral Engloutie

11. Musiciens

12. Le Petit Berger

13. Golliwogg's Cakewalk

14. L'isle Joyeuse

15. Prelúdio para a tarde de um fauno




 

 

 

 


 

    

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