domingo, 16 de mayo de 2021

ALGUIEN NOS QUIERE DÓCILMENTE REBELDES, YO PREFIERO EL PACIFISMO BELIGERANTE

 



ALGUIEN NOS QUIERE DÓCILMENTE REBELDES, YO PREFIERO EL PACIFISMO BELIGERANTE


  Hace pocas semanas dediqué una entrada a la joven filóloga Irene Vallejo, y lo hice porque, su ya dilatada producción literaria me sorprendió muy gratamente cuando leí algunos de sus textos y vi videos, en la red internauta, de conferencias impartidas con brillantez, sobre temas filosóficos, de historia y literarios. Su discurso es ágil, elegante y magníficamente construido, profundo al tiempo que sencillo para el receptor. Es de destacar su desparpajo en la oratoria, teniendo en cuenta su edad. Es cierto que desde muy niña se interesó, gracias al oficio de sus padres, por temas que la mayoría de jóvenes no manejan hasta la postadolescencia si es que lo hacen alguna vez. Ella misma confesó que, en lugar de cuentos infantiles, sus padres le leían a Homero a la edad de 4-5 años, y ella, la "mocosa" - dicho sea, con todo el cariño del mundo-, se resistía a abandonarse en los brazos de Morfeo, dado su interés por lo que le contaban de las aventuras de Ulises, Helena de Troya, Agamenón o la ninfa Dafne, perseguida por Apolo hasta ser convertida por su padre, Peneo, el dios-río, en un arbusto de laurel.

    En la entrada referida ya expuse gran parte de su obra escrita y hablé de sus intervenciones en tertulias, ponencias, entrevistas y conferencias. Hoy me voy a hacer eco de una de sus columnas en el semanal del diario El País, publicada hace apenas una semana, llena de atinadísimas reflexiones sobre un tema de actualidad.


EL ATLAS DE PANDORA

Irene Vallejo - Rebelde sin pausa

   Difícil olvidar aquel miedo, las miradas despectivas desde los pupitres, los temblores de pánico en el patio, las burlas, la vergüenza. Quieres pensar que resististe, que no cediste a las presiones de la jauría, que mantuviste tu criterio propio. Pero aún te quedan cicatrices de aquel ahogo en el cuello: el terror a no ser aceptada. En grupos numerosos te asusta nadar a contracorriente. Todavía luchas contra esa inercia que te empuja a callar tu desacuerdo, a disolverte, a no chirriar. La estridencia asusta cuando el consenso de la calle y los aquelarres virtuales amenazan a los disidentes del rebaño. 

   Es duro mostrar oposición ante un grupo de personas coincidentes: de pronto surge un muro de aislamiento hostil y desmoralizador. Sin embargo, que la unanimidad es sólo aparente, el resultado de una serie de tensiones silenciosas que ocultan sin anularlas las diferencias íntimas. El psicólogo estadounidense Solomon Asch demostró en 1951 que los seres humanos nos sentimos frágiles frente a toda opinión abrumadoramente mayoritaria y tendemos a sumarnos a ella. En el experimento de Asch, unos estudiantes universitarios debían comparar la longitud de unas líneas rectas dibujadas en la pizarra. Todos en el grumo excepto uno eran cómplices del organizador y, por turno, señalaban sin dudar la respuesta equivocada. Por último intervenía el único observador inocente. Una y otra vez, el ensayo probó que las personas están dispuestas a contradecir lo que ven si quienes les rodean afirman lo contrario. Como decía provocadoramente Chico Marx -disfrazado de Groucho- en Sopa de ganso: "¿A quién va a creer usted, a mí o a sus propios ojos?". 

   Décadas después, nosotros, aparentemente iconoclastas y mordaces en las redes sociales, seguimos adictos al conformismo. Al leer ciertas bravuconadas virales, añoras el genuino desafío a las convenciones de los pensadores de la escuela cínica, como la griega Hiparquia, una de las primeras mujeres filósofas conocidas. Cuentan que en cierto banquete debatió con un hombre que, al quedarse sin argumentos, incapaz de replicar  a sus palabras, le arrancó con rabia el vestido. Ella no perdió los nervios y miraba sin ningún rubor, desnuda, a los comensales. 

  - ¿Esta es la desvergonzada mujer que abandonó la lanzadera del telar? -rugió su oponente. 

   - Yo soy -respondió Hiparquia-. ¿Crees que me equivoqué al dedicar mi tiempo no al telar sino a mi educación? 

   Los cínicos -en griego los "caninos"- mendigaban para comer, dormían a la intemperie y hacían compañía a los perros de la calle. Era su forma de rechazar la propiedad, pues creían que la pasión por poseer nos hace desgraciados. El secreto de la felicidad residía en necesitar poco. sostenían que la riqueza se paga demasiado cara, con la moneda de nuestra libertad. "Mi patria es el anonimato y la pobreza", escribió Crates, amante de Hiparquia. Menospreciaban aquello que la mayoría anhelaban, por eso escandalizaban a todos. Eran graciosos deslenguados, siempre dispuestos a sembrar dudas en sus contemporáneos con piruetas lógicas e ingeniosas audacias. Sus discursos se convirtieron en una auténtica diversión para los transeúntes atenienses. La suya era una filosofía humorística y descarnada; frente a la seriedad pomposa de los convencidos -con sus certezas grabadas a fuego -, ellos oponían el juego, el chiste y la ironía.   

No nos dejemos engañar: la subversión no puede ejercerse desde el poder, ni convertirse en marca o mercancía


 En la monótona uniformidad de la globalización, vivimos paradójicamente cautivados por la figura del rebelde. Las pantallas hacen desfilar ante nuestros ojos un santoral de iconos subversivos, pero incluso ese culto al inconformismo tiene una dimensión gregaria: políticos cuidadosamente díscolos para conseguir votos, mensajes publicitarios que transforman la revolución en un cliché para hacer caja, escándalos prefabricados para ganar audiencia, camisetas estampadas en serie con frases desafiantes y recetas de transgresión envasada. No nos dejemos engañar: la subversión no puede ejercerse desde el poder, ni convertirse en marca o mercancía. Cuando la irreverencia se ha vuelto irrelevante, debemos desconfiar de quienes pretenden que seamos dócilmente rebeldes.

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   Las dos últimas palabras del artículo de Vallejo: dócilmente rebeldes, me parecen especialmente relevantes, comparables a otra antítesis que alguien acuñó hace tiempo y que hice mía, con perdón, en otra entrada de este blog: pacifismo beligerante; ésta última con mayor carga de profundidad.



Creedence Clearwater Revival - Fortunate Son (Sub. Español / Lyrics)

PACIFISMO BELIGERANTE


Podemos activar cambios, iluminar fuentes, inventar sonrisas, modificar objetivos

Bella es la imagen, grato el ruido, aunque nos termine enloqueciendo.

          

Sólo la ternura de un niño puede ablandar el corazón de la bestia, olvídate de la Ley del Talión, la venganza no es la herramienta.

(Petrus Rypff)






Hasta las convicciones más arraigadas deben ponerse en cuestión en situaciones límite. Si te atrincheras en tu atalaya, el curso de la vida puede dejarte aislado en el ostracismo más absoluto.

 (Petrus Rypff)

 









Fría como el viento, peligrosa como el mar, dulce como un beso.

Dadme la libertad o dadme la muerte.

Mi descanso es pelear.

Me esfuerzo por olvidarte y sin querer, te recuerdo.

Entre espinas
suelen nacer rosas finas
y entre cardos lindas flores,
y en tiestos de labradores
olorosas clavellinas.
 (Cristóbal de Castillejo)

Yo velo cuando tú duermes;
 yo lloro cuando tú cantas; 
yo me desmayo de ayuno cuando tú estás perezoso
 y desalentado de puro harto.

Mis arreos son las armas
mi descanso, el pelear
mi cama, las duras peñas
mi dormir, siempre velar.



Nydia Caro - Hoy canto solamente por cantar (Festival OTI 1974)

La primera puertorriqueña en ganar el Festival de la OTI, interpretando el tema «Hoy canto por cantar».



Fortunate Son - Bruce Springsteen & John Fogerty con subtítulos en español

Fuerza en la música , potencia en la letra y mejor puesta en escena



John Lennon-God (subtitulada español)

El indiscutible líder de los Beatles había escrito que no creía en Jesucristo, ni en Buda ni siquiera en Elvis, Dylan ni los Beatles. Pero, sobre todo, lo que odiaba con toda su rabia eran los iconos del tercer mundo, a los que despreciaba tiránicamente. Los llamaba los 'santos muertos'. Estimaba malamente a Gandhi a Martin Luther King y al propio Kennedy. Los llamaba también héroes muertos, porque decía que los verdaderos mensajes hay que lanzarlos todavía vivos, cuando se puede ser un apóstol para dar el auténtico poder al pueblo.

John Lennon ha pasado a la historia como uno de los iconos del siglo XX, de la estatura de Gandhi, Martin Luther King o el propio Kennedy. Es decir, que se ha convertido en otro de los 'santos muertos' que tanto odiaba. Seguro que Lennon se hartaría de la cantidad de panegíricos que escupimos en sus aniversarios. Su vida estuvo plagada de luces y sombras.

Como cualquier ser humano, había otros John que apenas conocemos. Justo como cuando Brian Epstein lo obligó a escribir una canción nueva en tan sólo una noche, porque los productores de la segunda película de los Beatles habían decidido cambiarle el nombre. Se llamaría 'Help' y él se lo tomó como un grito, un S.O.S., porque se veía gordo, fatuo y no quería ni a Cynthia ni a su hijo Julian.

Como aquel John de un par de años después, que estaba en viajes de ácido constantemente. Su compañero era John Dunbar, depresivo tras la fuga de su esposa Marianne Faithfull con el cantante de los Rolling Stones, Mick Jagger. Para disimular, John siempre le decía a Dunbar que sonriera, porque nadie hace preguntas a un hombre sonriente. Era una manera de tapar su personalidad de personaje paranoico.




Joan Manuel Serrat - 38 Duetos y Rarezas 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha encantado Petrus, sigue en esta línea amigo.