miércoles, 14 de abril de 2021

HUMANISTAS VS TECNÓCRATAS - REVOLUCIÓN ROBÓTICA

 

HUMANISTAS VS TECNÓCRATAS



Si la dejamos, probablemente la IA se convierta en nuestro mejor aliado, automatizando tareas "inhumanas" y brindándonos tiempo para tareas más creativas y propias de nuestra especie

¿Se ha convertido el desarrollo científico en un campo de batalla entre tecnócratas y humanistas? ¿Son compatibles? ¿Biología o filosofía? ¿laboratorio o biblioteca?

Idoia Salazar y Juan Arnau ejercen de árbitros en un terreno hoy “minado”

Idoia Salazar - Presidenta de OdiseIA y coautora de El mito del algoritmo (Anaya)

Cuestión de percepciones

Tecnócratas o humanistas. ¿Son estas palabras excluyentes? Hay quien piensa que sí. Que cada tecnología que adoptamos nos hace apartarnos un paso más de nuestra esencia como especie. De nuestra relación con la naturaleza. Estas personas las rehúyen y las estigmatizan, adoptando una actitud defensiva ante cada nuevo hervor tecnológico de alto impacto. La verdad es que no les falta razón en algunos casos. Son muchos los riesgos y desventajas que inundan las portadas de los periódicos. La falta de privacidad y el control desmesurado parecen favorecerse sin límites cuando tratamos con algunas de las más recientes, como la inteligencia artificial (IA). Pero habría que plantearse si el responsable de estos inconvenientes es la tecnología en sí misma, o si continúa siendo el hombre el que los provoca. Es fácil culpar a las "máquinas" de nuestros sesgos o problemas éticos como especie. Es fácil delegar responsabilidades humanas en "seres artificiales" bajo el paraguas de un "aparente entorno hostil" que no tiene por qué ser tal. Preguntémonos si quizá no sea sólo una cuestión de percepciones.

   La tecnología no es más que una herramienta usada por el hombre para mejorar nuestra calidad de vida. De mayor o menor impacto y envergadura nos ayuda en la rutina diaria, aportando comodidad y agilidad. La telefonía móvil, internet, el comercio electrónico o las redes sociales, han transformado nuestra sociedad, dejando ver también sus riesgos. Unos "inconvenientes" provocados por el propio hombre al hacer mal uso de ella, de manera consciente o inconsciente. Son estos últimos, los inconscientes, el gran problema del ser humano. Vivimos en un mundo que avanza a gran velocidad, abrumado por la rapidez de los incesantes cambios. La adaptación natural –del cambio demográfico– se ha visto sustituida por la necesidad de adaptarnos artificialmente (y no una, sino muchas veces) a las nuevas realidades. Esto no es fácil y la educación que recibimos no ayuda. Hace falta un cambio de paradigma educativo que nos facilite la readaptación continua a nuestro entorno. Que nos haga adquirir consciencia real del impacto de la tecnología que nos rodea. Que fomente nuestra personalidad y nuestro propio criterio de forma general. Pero aún, como humanos, no hemos llegado a ese momento.

   Son muchos los prejuicios que inundan hoy día las nuevas tecnologías, referentes, por ejemplo, a la inteligencia artificial o a la edición genética. Si lo pensamos, estas tecnologías no son "malas"en sí mismas. Nuevamente es el uso que hagamos de ellas el gran problema. Si la dejamos –nosotros, los humanos–, probablemente la IA se convierta en nuestro mejor aliado, automatizando tareas "inhumanas" y brindándonos tiempo para tareas más creativas y propias de nuestra especie. Quizá nos ayude a aportar otro "punto de vista" sobre nuestros errores como humanos. Pero es todo una cuestión de percepciones. En cualquier caso, ser humanista no excluye, en absoluto, apoyar la tecnología como herramienta útil en nuestra evolución como especie.

Juan Arnau - Filósofo y astrofísico. Autor de Historia de la imaginación (Espasa)

Sólo la vida piensa

   El pensamiento es una cualidad de lo vivo. Las máquinas no piensan, simplemente calculan. Con frecuencia se confunde el cálculo con el pensamiento, y se dice que el ordenador “está pensando”, cuando lo que se quiere decir es “está calculando”. El pensamiento genuino siempre tiene algo de creativo y de participativo. Su creación supone una recreación. Al pensar, nos recreamos, literalmente. No se trata de un mero entretenimiento, sino que revivimos, volvemos a nacer. Esa es la magia de la mente y la atención. Algo parecido ocurre cuando recordamos algo. Donald Davidson decía que entender una metáfora era tan creativo como inventarla. Es cierto. Ver una cosa en términos de otra, ¿qué otra cosa podría ser la metáfora? Por eso la lectura es tan saludable, porque hace viajar al pensamiento y los viajes rejuvenecen, nos vuelven a crear. Además, hay otro factor. El pensamiento genuino surge cuando callan las palabras. Cuando nos detenemos. De ahí que las máquinas, a pesar de lo que digan unos cuantos ingenuos (o cínicos), nunca podrán pensar. Ellas, que están hechas de palabras, no saben recrearse (solo reiniciarse).

   Cuando se habla de lo que se ha probado científicamente se tiende a esgrimir cierto dogmatismo. Me explico. Cada ciencia se ocupa de una parcela de la realidad, o quizá sería mejor decir que tiene una escala de observación. Decir que esa escala domina sobre las demás no sólo resulta irracional, sino que supone una actitud muy poco científica. Es lo que ocurre cuando se afirma que la escala molecular domina y ejerce una influencia inexorable sobre la escala mental o del pensamiento. Es decir, que la biología tiene prioridad sobre la filosofía, que el laboratorio puede más que la biblioteca. Las cosas no son tan sencillas. Pero ese es el discurso dominante hoy día, estando como estamos azuzados por la pandemia.

   Whitehead, un matemático brillante reconvertido a filósofo, decía que la escala de observación hace el fenómeno. Esto quiere decir que cuando nos movemos a una escala, ya sea la del núcleo atómico o la del agujero negro, nuestros aparatos de medida, que en general son aparatos de amplificación, pasan a formar parte de esa realidad que observamos y no pueden considerarse independientes de ella. La ciencia, cuando es mala, cuando se hace dogmática, tiende a ocultar (o soslayar) el papel del observador (y su instrumento). Niels Bohr, el físico que catalizó y lideró la revolución cuántica, y que también acabó reconvertido a filósofo, insistió en ese asunto. Pero su voz sonó en el desierto y hoy día sigue habiendo pocos dispuestos a escucharle. Esa importancia de la escala y del instrumento de observación, la llamó complementariedad. Las diferentes ciencias nos ofrecen diferentes versiones de la realidad. Todas ellas tienen su parte de verdad y, en este sentido, podemos considerarlas complementarias. Pero cuando una de ellas trata de imponerse a las demás, cuando una escala se considera única, entonces la ciencia adquiere las peores manías del monoteísmo y se convierte, sin saberlo, en irracional. Una actitud que va en contra del espíritu mismo de la ciencia.

Las máquinas, a pesar de lo que digan unos cuantos ingenuos (o cínicos), nunca podrán pensar. Ellas, que están hechas de palabras, no saben recrearse (solo reiniciarse)

Fuente: El Cultural de El Mundo, abril de 2021

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REVOLUCIÓN ROBÓTICA

Andrés Oppenheimer: "Me preocupa mucho menos que los robots

dominen el mundo que el hecho de que se vuelvan locos".


El periodista y escritor, Andrés Oppenheimer, presenta su libro, “Sálvese

quien pueda”, en el que habla de la robotización de los trabajos y sobre qué

va a ser de las labores que hoy desempeñan los humanos en un futuro

cercano.

Oppenheimer afirma que "están desapareciendo trabajos a cada instante" y se queja de que "nadie está hablando del desempleo tecnológico que va a suceder y que será muy grande y muy pronto".


¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! (Conocimiento, Automatización e Inteligencia Artificial) Análisis Libros

  Habla de que la productividad de los robots va a provocar que todo lo que consumimos va a ser mucho más barato y mucha gente se está planteando un ingreso básico universal; otros, dice, hablan de un impuesto a los robots para seguir manteniendo el sistema. Además, cree que "no todos vamos a tener trabajo dentro de unos años, porque los robots sustituirán gran parte de lo que hacemos" y piensa que "hasta los tribunales y los médicos podrían ser robots".


Andrés Oppenheimer - libro Sálvese quién pueda

   En febrero de 2020, pocas semanas antes de que se declarara la pandemia coronavírica, asistí a un Symposium sobre Neurociencias. Desde distintas sedes, repartidas por la geografía española, intervinieron varios ponentes de alto nivel científico-técnico. Todas las presentaciones resultaron muy interesantes, pero, sobre todas ellas, me impactó la intervención de un neurólogo, experto en Inteligencia artificial y en la BIG-DATA. Comentó que desarrolla su trabajo en Estados Unidos y que los avances en los últimos años, en las materias referidas, están siendo espectaculares, al punto que, más pronto que tarde, la Medicina y en concreto la Psiquiatría, van a contar con herramientas de diagnóstico y tratamiento impensables hasta la fecha actual. Me atreví a preguntarle su opinión como neurocientífico acerca de si serán los neurólogos se harán cargo, en el futuro, del abordaje de patologías mentales tan graves como la esquizofrenia. Su respuesta fue tajante, "que no te quepa la menor duda", "mediante las nuevas técnicas de neuroimagen, análisis genético, biomarcadores, etc., el diagnóstico y el tratamiento de las psicosis, en lo que se refiere a los síntomas princeps, como las alucinaciones y delirios, lo realizaremos nosotros; la Psiquiatría se ocupará de los aspectos afectivos y comportamentales, susceptibles de terapias psicológicas y fármacos específicamente dirigidos al control de las emociones y las conductas disruptivas, tan frecuentes en los enfermos mentales". La respuesta me resultó, cuando menos, inquietante, aunque no lo planteó como un desafío, sino como que será imprescindible hacer un abordaje multidisciplinar y colaborativo, buscando siempre el bien del paciente, cuyo panorama, en general, será menos sombrío que hasta ahora. Una vez más parece que "los tiempos están cambiando", "habrá que adaptarse, digo yo".
Petrus Rypff
  
The Times They Are a-Changin' by Bob Dylan (Subtitulado Español)





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