sábado, 6 de marzo de 2021

VIAJE A SUDÁFRICA (CIUDAD DEL CABO - CAPE TOWN)

 

Ciudad del Cabo – Cape Town


Majestuosa vista aérea de Cape Town


VIAJE A SUDÁFRICA

   Tras un vuelo desde Londres a la ciudad de destino en Sudáfrica, que resultó larguísimo y no exento de cierta zozobra entre el pasaje por las turbulencias y por varias tormentas eléctricas atravesadas, por la noche ya estábamos en Ciudad del Cabo.

    No era muy tarde y tras hacer el check-in en el magnífico hotel ubicado en el corazón de la ciudad, cuatro compañeros, de entre la veintena de colegas que componíamos el grupo de psiquiatras que acudíamos a un Symposium Internacional, cuatro compañeros, decía, decidimos salir a dar una vuelta. El cansancio era evidente en nuestros gestos faciales y por los torpes movimientos de nuestra osamenta, pero, no había que perder la oportunidad que ofrecía una ciudad tan especial como desconocida. Desde la recepción hicimos una llamada siguiendo las instrucciones del amable conserje del hotel y alquilamos un coche. Inés, una de las colegas, experta en la elaboración de rutas alternativas en distintos puntos de destino que había visitado a lo largo y ancho del globo terráqueo, traía un dossier, primorosamente confeccionado, como todo lo que ella hace, que incluía una visita nocturna al Spanish Farm Lodge, un complejo hotelero ubicado a las afueras de Ciudad del Cabo subiendo mucho la montaña. Este lugar consta de varias Villas de Lujo y apartamentos independientes, y es una preciosidad. Acordamos pasar allí nuestra primera noche en Cape Point. Nuestro apartamento era bonito, la habitación y el comedor-cocina estaban separados por un patio muy coqueto y el recinto era espectacular. Estábamos rodeados de naturaleza y colinas verdes con vistas espectaculares. Aun así, nosotros no tuvimos tiempo para aprovechar todo lo que el complejo ofrecía habida cuenta que, a media mañana, debíamos reincorporarnos al resto de la expedición, como así hicimos en un ameno viaje de vuelta al hotel en nuestro coche de alquiler.

Día 1 – Ciudad del Cabo

   Comenzamos la visita a esta gran Ciudad por el barrio Malayo o barrio de Bo Kaap: una serie de calles con preciosas casitas de colores muy vivos y llamativos, perfecto lugar para hacer unas fotos. Luego bajamos por Long Street, que es la avenida más famosa de la ciudad y cuenta con una arquitectura muy característica. También pasamos por el Green Markt, que es una calle con puestos “típicos” sudafricanos, en realidad es una calle con un montón de puestos todos exactamente iguales en los que venden souvenirs que poco o nada tienen que ver con la cultura sudafricana. Después nos dedicamos a callejear un poco y disfrutar de Ciudad del Cabo: paseamos por sus calles, nos fijamos en su peculiar arquitectura, en sus lindos locales y observamos a la gente pasar. Y claro, después de hacer todo esto nos entró hambre, así que fuimos a comer a “Biscuit mill”, una antigua fábrica de galletas reconvertida en una especie de centro comercial muy hipster con tiendecitas muy caras y algún restaurante también. Está bastante alejado del centro, nos pareció muy caro todo, así que buscamos un lugar donde comer fuera de la “fábrica” y encontramos “Bertas”, un acogedor restaurante con una comida muy rica y a muy buen precio, y donde probamos la Stripped horse, una cerveza local buenísima.  


Lion’s Head

   Después de comer subimos a Signals hill, una colina preciosa con unas vistas impresionantes de la ciudad y a la que se pude llegar en coche. Nos hubiera encantado subir a Lion’s head, pero el camino por el que sube normalmente estaba cerrado y cuando conseguimos encontrar la entrada ya se nos había hecho tarde.

     Y por último, en nuestro primer día en Ciudad del Cabo decidimos dar un paseo por el Waterfront. No nos pillaba especialmente cerca pero a Ralph  le encantan los puertos y se le antojó. Y ¡Qué maravilla! Es una zona de la ciudad realmente bonita y muy agradable para pasear por la noche. Tiene el puerto, restaurantes, una noria muy grande, mucho ambiente, barquitos, un centro comercial muy bonito y muchas luces. Ese día sólo dimos un paseo, compramos unas pizzas en Debonairs pizza y nos las llevamos al hotel para disfrutar un poco de él, ver una película, degustar un rico gin-tonic y dormir, que falta nos hacía.


   Aunque Ciudad del Cabo es bastante fácil y amena de ver, yo no recomiendo especialmente hacer el itinerario que nosotros hicimos pero sí ver todo lo que nosotros vimos. Yo añadiría la montaña Lion’s Head porque las vistas desde ahí deben de ser impresionantes y además se ve la Table Mountain (Montaña de la Mesa), una maravilla.


Día 2 – Ciudad del Cabo

   El segundo día en Cape Town nos levantamos muy temprano para ¡ir a nadar con focas! sí sí, como lo leéis. Lo hicimos con la empresa Seal Snorkeling y fue una experiencia genial. Llegamos bien pronto al Seal Snorkelling Center que se encuentra en Hout Bay; primero nos explicaron cómo iba a ser la excursión y qué íbamos a hacer, y luego nos dieron un traje de neopreno (muy necesario porque el agua está helada) y al mar que nos fuimos. Hay una roca muy grande en la que hay cientos de focas sentadas y se ven muy bien. En el agua no es tan fácil observarlas de cerca porque nadan impresionantemente rápido y son muy escurridizas. Aún así se ven y es muy divertido nadar con ellas y jugar a buscarlas. Cuando acaba el tiempo de estar en el agua, al subir a la lancha te dan una buena taza de chocolate caliente y te echan agua caliente en el neopreno para que no te quedes frío. Una experiencia muy agradable que, realmente, vale la pena.


Mi habitación en el hotel, confortable y con unas vistas al mar preciosas.


   Después la actividad de las focas volvimos al hotel, uno de los mejores de la ciudad. Tiene una distribución y decoración preciosas, además de unas instalaciones y prestaciones que son para alucinar. Piscina climatizada con vistas al mar, sala de cine, varios restaurantes, spá…; todo a disposición de los clientes del hotel. Mi habitación era una auténtica preciosidad. De verdad que daba pena dejarla. Como estábamos cansados decidimos darnos un baño en la piscina y comer en el restaurante del hotel, donde pudimos disfrutar del mejor sushi del mundo. 3 platos de sushi, una tabla de patés de gran calidad y unas cervezas. Un poco caro el menú, pero lo pagué feliz.


Vista aérea de Ciudad del Cabo

   Al caer la tarde decidimos subir al que posiblemente sea el lugar más famoso y visitado de Cape Town: la Table Mountain. Está considerada una de las 7 maravillas naturales del mundo y subir es completamente obligatorio porque es realmente bonito e impresionante. Eso sí, hay algunas cosas que es muy importante saber de antemano: 1) Arriba hace frío y mucho viento, así que es conveniente llevar ropa de abrigo. 2) El espacio es muy grande y vale la pena pasar algunas horas recorriendo la “tabla” o "mesa", así que es recomendable llevar algo de comida y unas botellas de agua para comer o cenar allí. 3) Las colas son muy muy largas. Se sube en teleférico y para subir no hay problema (o por lo menos nosotros no lo tuvimos). Eso sí, si quieres ver la puesta de sol arriba y bajar en el último teleférico, prepárate para esperar horas en una larga cola. 4) Hay que aprovechar cuando esté el cielo despejado, hecho que no es muy habitual, para poder admirar unos paisajes de ensueño.


   Terminamos el día cenando en Mama África, un restaurante muy famoso que está en Long street cuya especialidad es la carne caza. Pedimos un plato de la casa en el que probamos diferentes tipos de carne de animales como el cocodrilo o el kudú; la calidad era deficiente y no resulta muy económico, aunque sí que mereció la pena el espectáculo musical amenizado por el grupo Amapondo, y un grupo de danza local que bailaba al ritmo de una música tribal muy interesante. 



Drums for tomorrow - Amapondo (South Africa)



Miriam Makeba - Amapondo Live (A Night in Tunisia [Jazz Door] 1999)


Día 3 – Boulders Beach y Cape Point

   Amanece en nuestro tercer día en Cape Town y toca ir a Boulders beach ¡a ver pingüinos!. A esta playa se llega por la carretera de Chapmans Peak, reconocida como una de las más bonitas del mundo y en la que se han grabado muchos anuncios de coches para la televisión, ¡nos encantó! Ir en autobús por ella viendo el mar y las montañas es una pasada. Y hay varios puntos en los que te puedes parar y hacer fotos bellísimas.

Boulders Beach


   Hay unas plataformas de madera para los turistas desde donde se puede ver y fotografiar a los pingüinos, el acceso a la arena está restringido a grupos. Sólo durante 2 horas a primera hora de la mañana se puede pisar la blanca arena y acercarse a las aves vestidas de frack. Estamos hablando del pingüino sudafricano, una especie en extinción que necesita la máxima protección. Eso sí, es muy fácil verlos, están bastante cerca de las plataformas, y entran y salen del agua haciendo sus cosas de pingüino. Desde luego ver pingüinos en la playa es algo muy sorprendente y divertido. Además nosotros los vimos anidar y pudimos hacer muy buenas fotos. Visita muy recomendable.

   Más tarde nos dirigimos a la reserva de Cape Point en la que se pueden encontrar diferentes playas, acantilados y bahías, con espectaculares vistas al océano entre una diversidad floral increíble. Durante el recorrido podemos encontrar especies como avestruces, algunos antílopes, una gran variedad de aves y pequeños mamíferos. También es muy habitual encontrar babuinos, nosotros vimos muchos en la zona del aparcamiento pero, por favor, ¡No les deis comida! Pueden ponerse muy agresivos. Si no les molestas es muy raro que ellos lo hagan.

   Cape Point es es un parque nacional inmenso muy difícil de visitar en un día, pero vale la pena ir. Se puede hacer excursiones tanto caminando como en coche, las vistas desde los miradores son preciosas y en realidad el faro al que se puede subir tanto a pie (muchas escaleras) como en funicular (muy caro) es lo que menos vale la pena, pero el paseo hasta ahí es muy bonito y de verdad que el océano desde ahí arriba se ve de otra manera.

   Luego subimos al bus con intención de subir a la montaña de Cape Point, pero  estábamos muy cansados, así que renunciamos a otra subida empinada y decidimos que ya era hora de volver. Recorrer el parque en el autobús ya es una pasada porque el paisaje es precioso. Ojalá hubiéramos tenido más tiempo para estar ahí.

   Esa noche fuimos a cenar al Waterfront, que sin duda se convirtió en mi zona favorita de Cape Town. El problema es que en Sudáfrica cenan muy pronto, y cuando quisimos ir a algún restaurante ya estaba todo cerrado y tuvimos que ir a la pizzería del centro comercial que para una circunstancia coyuntural, la verdad es que no estaba nada mal; Buena comida, ambiente muy agradable y compañía inmejorable.

  Dimos una vuela por ahí y vimos a las focas que se ponen a dormir en una explanadita vallada en el puerto. ¡Qué genial pasear y de repente encontrarte ahí unas foquitas! 


Día 4 – Viñedo y Hermanus


  Última mañana en nuestro adorado hotel y como no podía ser de otra manera, desayunamos ostras con champán (ya habíamos visto que estaban en el buffet pero hasta ese día no habíamos decidido probarlas) y nos sentimos como unos marqueses sibaritas. Disfrutamos de las vistas, nos dimos un buen baño en la piscina y con mucha pena dejamos el Twelve Apostles y nos dirigimos hacia algo completamente nuevo y desconocido para nosotros: ¡Hacer una cata de vinos!. Si por algo es famosa Cape Town es por sus viñedos y sus vinos ¡no podíamos irnos sin probarlos! así que visitamos el hotel Mont Rochelle, que se encuentra en un entorno privilegiado a tan sólo una hora de Cape Town y ofrece catas de vinos en sus dos restaurantes. El hotel y todo lo que lo rodea es una auténtica maravilla. Solo viñedos y naturaleza, absoluta calma, lujo y elegancia por doquier. Nosotros no somos unos entendidos en vinos así que mi crítica no serviría de mucho. A mi me gustaron mucho. Hay gran variedad de catas, precios y tipos de vino que se ajustan al gusto de todo tipo de personas. Nosotros comimos en el restaurante “The country kitchen & picnics” que es el más informal y he de decir que no nos gustó demasiado la comida. Pero todo lo demás fue genial.

Mont Rochelle

   Nuestro destino final era Hermanus porque la última actividad que nos quedaba por hacer para coronar un viaje perfecto e inolvidable era ¡bucear con el tiburón blanco! y eso sólo se puede hacer en unos pocos sitios en todo el planeta; entre ellos Gansbaai, que es un pueblo muy cercano a Hermanus. Decidimos alojarnos en Hermanus porque es más bonito y tiene unas playas maravillosas, pasaríamos allí una noche antes de ir a ver a nuestro amigo el tiburón.

Mont Rochelle

Hermanus


Hermanus

   Cuando estábamos en el autobús llegando a Hermanus recibimos la terrible noticia de que, de nuevo por causas meteorológicas, se cancelaba la excursión para sumergirse con el tiburón. Fue un palo tremendo y nos fastidió todos los planes porque, aunque nos ofrecieron hacerlo otro día, no disponíamos de tiempo ya que nos tocaba, por fin, trasladarnos al día siguiente al hotel adyacente al palacio de congresos donde se celebraba el Symposium Internacional de Psiquiatría, motivo "principal" de nuestro viaje al cono sur de África. No obstante, en ese último día de asueto, muy apenados, llegamos a nuestro precioso hotelito: el 78 on fith, un Bed & Breakfast súper mono y familiar con unos dueños que eran un completo amor. La habitación era pequeña pero  muy coqueta, con jacuzzi (que no se puede usar porque en Cape Town hay muchísima sequía) y terraza. Era tarde así que fuimos al centro de Hermanus que es pequeñito pero muy bonito y con muchos restaurantes. Nosotros elegimos “Cocos” y cenamos pasta con salmón y gambas y dos cervezas buenísimas. Muy recomendable. Dato curioso: el parking, que no es realmente un parking, sino una zona para aparcar que está al lado de la placita con los restaurantes; es una zona pública y dejar ahí el coche es completamente gratis, pero hay un señor con gorra de plato que se pasa ahí el día y quiere que le pagues. ¡No es necesario hacerlo!. Si no te ves capaz de decirle que no, con dar dos rands es suficiente. Llegamos a nuestro precioso hotel y nos quedamos fritos.


Día 5 – De Hermanus a Gansbai

   Nos levantamos al día siguiente algo tristes por no poder ir a nadar con el tiburón, pero el desayuno del hotel nos alegró un poco: yogur con muesli y mermelada, tortilla y tostadas. Como nuestros planes se habían torcido decidimos dar un paseo por un camino que bordea la playa de Hermanus y, aunque llovió mucho mientras lo hacíamos, fue muy agradable y bonito. Claro que nada tiene que ver hacerlo como lo hicimos nosotros o hacerlo cuando se pueden ver ballenas, y es que esta localidad es famosísima por el avistamiento de impresionantes cetáceos. Aquí ya sabíamos que no íbamos a ver nada porque la temporada en la que las ballenas se acercan a la costa es de junio a diciembre.   



Nuestro hotel, 65 On Cliff


   Luego, fuimos al último hotel de nuestro viaje por Sudáfrica, el 65 On Cliff, junto al Palacio de Congresos, y no nos decepcionó en absoluto. Lo regenta un matrimonio encantador y la habitación que me tocó era una maravilla, decorada en tonos azules, con bañera y ducha exterior. El hotel tiene piscina, pero por desgracia ese día no hacía nada de calor así que no la pudimos probar. También tiene vistas al acantilado que tiene justo delante y, por supuesto, al mar y las ballenas en temporada. Del hotel disfrutamos y mucho, aunque hay poco más que contar. Salimos bastante tarde a cenar y nos costó mucho encontrar un restaurante porque en Gansbaai no hay nada y lo que hay por lo que pudimos ver cerraba muy pronto. Finalmente encontramos una pizzería (¿cuántas pizzas habremos comido en este viaje? prefiero no saberlo), cenamos y nos fuimos a dormir porque al día siguiente había que madrugar para ir al acto de inauguración del Symposium de la Asociación Mundial de Psiquiatría que resultó muy interesante por sus contenidos, conferencias de actualización y los ponentes que intervinieron, de reconocido prestigio internacional, venidos de todos los continentes...pero esto es otra historia.

   Cinco días después, acabado el evento científico tocaba volver a Madrid. Quizás penséis que aquí acababa nuestro periplo, pero…¡No!. Nuestra vuelta a casa fue una serie de catastróficas desdichas que hicieron que acabásemos recorriendo Addis Abeba (Etiopía).

(Petrus Rypff)


Recomendaciones y conclusiones de Ciudad del Cabo, Hermanus y Gansbaai:

– Sobre la Table Mountain: subid cuando esté despejado, llevad abrigo, comida y agua, subid pronto (dedicad medio día a esto), estad muy atentos para coger el último teleférico.

– El centro de Ciudad del Cabo se ve muy rápido. No planifiquéis tardar más de un día.

– Si vais a visitar varios Parques Nacionales en Sudáfrica, playas, el Kruger, Cape Point etc., creo que os compensa mucho comprar la Wild Card.

– Las condiciones meteorológicas afectan muchísimo a todas las actividades, pero sobretodo a las que se hacen en el mar. A nosotros nos cancelaron dos en diferentes días y lugares así que es muy fácil que os pase eso. Si podéis, planificadlo de tal manera que si os lo cancelan tengáis otro posible día para hacerlo porque no sabemos si devuelven todo el dinero. Además de que fastidia muchísimo no poder hacer lo que querías.

– Propina. En Sudáfrica es muy importante y un porcentaje alto del sueldo de los camareros, botones, guías y demás, y en todas partes esperan que la dejes. 



Sudáfrica y su Música Parte 1


Sudáfrica y su Música Parte 2


Nkosi Sikekelel'i Afrika - Himno tradicional Sudáfrica


Ciudad madre, ciudad madrastra

CIUDAD DEL CABO (La Joya de África)


 


CIUDAD DEL CABO (La Joya de África)

   La vibrante capital cultural de Sudáfrica tiene dos caras: un centro inspirado en las urbes europeas y una periferia empobrecida y violenta. Varias iniciativas luchan por hacerla más integradora. 

TEXTOS: PABLO LEÓN | FOTOS Y VÍDEO: CARLOS ROSILLO / CIUDAD DEL CABO (SUDÁFRICA


   La música resuena en una calle sin asfaltar de Gugulethu. Un joven, delgado, de blanco impoluto y con gafas de sol, está reunido con un grupo de amigos frente a Mzoli´s, de donde emana el sonido. Ayanda tiene 21 años y lleva toda la vida en el barrio, una de las favelas (denominadas township) de Ciudad del Cabo, a unos 15 kilómetros del centro de la que llaman la ciudad madre. Junto a Gugulethu, Khayelitsa, Langa, Nyanga y Mitchell´s Plain son los principales poblados que rodean la urbe. En ellos reside casi un tercio de los habitantes de Ciudad del Cabo (3,9 millones de habitantes en 2014). Las casas de materiales consistentes se alternan con los shacks (chabolas). “El apartheid generó un exitoso modelo de ingeniería espacial excluyente que se mantiene”, cuenta Brendon Bobsworth, editor de UrbanAfrica.Net, publicación del African Centre for Cities de la Universidad de Ciudad del Cabo. La vibrante capital cultural de Sudáfrica, que este año espera atraer a 1,9 millones de turistas, tiene dos caras: un centro inspirado en Europa, tranquilo y cuidado –la ciudad madre; desde el siglo XV, cuando los portugueses avistaron el cabo, la zona ha estado vinculada al Viejo Continente–, y un complicado, empobrecido y, en muchos casos, violento cinturón suburbano. 

   Ciudad del Cabo entró el año pasado en la clasificación de las ciudades más peligrosas del mundo. Lo hizo en el puesto número nueve del listado, elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México. Ascendió 11 posiciones en un año. “Es la más insegura de África, pero esa violencia está deslocalizada”, resume Gavin Silber, experto en planificación urbana y espacio público. En 2015 hubo 2.415 homicidios en la urbe (65,53 por cada 100.000 habitantes); la gran mayoría de ellos ocurrieron en los suburbios. Además, se ha producido un aumento de los crímenes relacionados con las drogas, llegando a los 57.500 en 2014, cuatro veces más que una década anterior. “La incidencia de la violencia es muchísimo mayor en los townships. En el centro, debido a los precios de las viviendas, sólo pueden permitirse residir algunas personas. Es una zona cuidada, segura y agradable. De hecho, los precios de los pisos han subido en torno a un 20%. Pero eso beneficia a menos de un 1% de la población”, añade Silber, que también es activista y colabora con Ndifuna Ukwazi, asociación donde realiza análisis legislativos y políticos para apoyar la campaña Reclaim the City (Reclama la ciudad), que critica la especulación urbanística y lucha por una localidad más integradora.  


Ambiente en la calle donde está Mzoli´s en la favela de Gugulethu, a menos de 15 kilómetros de la capital


Centro comercial Waterfront, uno de los más elitistas de la ciudad y del país


     Un coche de policía cruza despacio la calle de la marcha de Gugulethu. No deja de dar vueltas por la zona mientras la gente no para de llegar. “El ambiente de los domingos es muy relajado”, cuenta el joven Ayanda. Dentro de la carpa de Mzoli´s, un DJ pincha mientras dos chicos tocan los timbales creando una especie de fusión electro africana. El público baila, come carne (los domingos son día de barbacoa) y bebe refrescos, cervezas o sidra, muy típica en el país. “Aquí no se vende alcohol”, avisan en el interior, “a veces la gente se emborrachaba mucho y teníamos problemas”. Las bebidas se pueden adquirir en una tienda aledaña y tomarlas al son de la música. Es lo que hacen tres jóvenes y blanquísimos turistas. Un amigo suyo les recomendó la fiesta y no les está defraudando: “La música es buenísima y el ambiente muy auténtico, muy real”, dice una chica del trío. 

   A pesar de la escasa distancia física que existe entre el centro de Ciudad del Cabo y los townships, ambas realidades están desconectadas. Ciudad del Cabo fue concebida con un centro, donde vivían los blancos, rodeado de asentamientos para negros y mestizos (coloured). Estos últimos herederos de europeos, que llegaron a la zona en el siglo XV cuando los portugueses rodearon África, y asiáticos, que comenzaron a desembarcar en la ciudad en el siglo XVII, cuando los colonos holandeses llevaron a los primeros esclavos y cuya presencia se acentuó durante la colonización británica. De hecho, los mestizos son la etnia dominante (42,4% de la población) seguidos de los negros (38,6%). La minoría blanca (15,7%) vive junto a la costa; en los suburbios su presencia es testimonial. Y mientras en Mitchell´s Plain se concentran los mestizos (forman el 91% de los residentes en este asentamiento de más de 300.000 personas), en Khayelitsa, Langa, Gugulethu y Nyanga domina la población negra (99% de los habitantes).

     Desde el comienzo del apartheid, oficialmente en 1948, las ciudades sudafricanas se construyeron en base a los principios de zonificación extraídos del urbanismo modernista, inspirándose en el modelo de ciudad jardín de Ebenezer Howard (asentamientos descentralizados de las zonas centrales y de las fábricas que aportaban un espacio saludable y tranquilo a los trabajadores) y de la Villa Radial de Le Corbusier. Con un matiz, se cambiaba la visión ambiental y de bienestar por la racial. “Seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo”, dice Silber, “por eso hay que hacer un cambio radical de modelo”. Los asentamientos, alejados del corazón de las ciudades, fueron diseñados para que fuera fácil controlarlos en caso necesario. Es decir, que fuera complicado conectar con la urbe y que la policía pudiera entrar con escaso esfuerzo. Esa desconexión se ha mantenido. El modelo también: el programa de mejora de casas del Gobierno, que transforma chabolas en casas consolidadas, lo hace sobre el diseño informal realizado por los habitantes de las favelas. En Khayelitsa, por ejemplo, se construyen unas 10.000 nuevas infraviviendas al año. Actualmente, en el poblado, ideado para unas 200.000 personas, viven más del doble, según el censo de 2011.

   Hora de comer en Khayelitsa, el suburbio más grande de Ciudad del Cabo. Un hombre asa, al soplete, cabezas de cordero. Nathaniel, de 28 años, reside desde hace algo más de un año en Langa, uno de los primeros asentamientos, establecido en 1923. Vino de Nigeria y trabaja en una empresa del centro, “de manitas”. Cada día viaja desde el suburbio: un trayecto de entre tres y cuatro horas al día. “El tren no siempre funciona bien, por lo que si quiero llegar a tiempo al trabajo tengo que salir con bastante antelación”, cuenta el joven. Eso le obliga o bien a levantarse muy temprano, cuando aún no ha amanecido, y a regresar muy tarde a casa, después del atardecer. Y la oscuridad siempre esconde más peligros. 

   El programa Violence Prevention through Urban Upgrading (prevención de la violencia a través del desarrollo urbano) mapea esos lugares peligrosos en los suburbios. Una vez identificados intenta empoderar a la población y crear una “ciudadanía activa”. “La idea no es solucionar el problema de la violencia como agentes externos, sino apoyar a la población local que quiere vivir en un lugar seguro”, explican desde la organización, una iniciativa del Gobierno y el Banco Alemán de Desarrollo. Para crear esa red de lugares seguros, construyen centros cívicos, que operan todo el día con el apoyo de voluntarios. Su construcción viene acompañada de iluminación estableciendo un camino seguro. El programa comenzó hace más de una década y en las zonas donde se ha instaurado se ha reducido la violencia hasta un 33%, según sus propios datos. “Intentamos cambiar el liderazgo en lugares donde dominaba el menudeo, el robo de coches o el crimen organizado. Las opciones que tienen estos lugares es o construir un centro comunitario o vivir la ley del crimen. Cambiar eso es trabajar por la sostenibilidad social”, cuentan desde la dirección del programa. En Nyanga, el suburbio que ostenta la fama de ser el más peligroso, “con zonas donde ni la policía entra”, apunta Nathaniel, hay varios de estos centros. En Gugulethu también.


El Seapoint, junto al paseo marítimo, y una de las zonas más acomodadas de Ciudad del Cabo.


    Cada diez casas comparten un baño. El grifo de agua corriente es comunitario y lo usan una veintena de personas. La electricidad también es colaborativa: a cada poste se enganchan varias casas perfilando un paisaje de cables y favelas. El Gobierno de la ciudad defiende (datos de 2013) que nueve de cada diez ciudadanos tienen acceso a un baño; un 96,5% a agua corriente; un 93,9% a electricidad y a más del 94% se les recoge la basura al menos una vez a la semana. “Hay mejoras, pero llevamos más de dos décadas en una situación muy parecida. Se partía de una situación muy complicada, pero hay que hacer cambios radicales”, defiende el activista Silber, que considera que los principales problemas de Ciudad del Cabo son la violencia, el precio de las casas y la movilidad. “Sin duda la movilidad lo es”, ratifica Brendon Bobsworth del African Centre for Cities. “Ciudad del Cabo se sitúa, desde hace tres años, como la ciudad más congestionada del país. Ir a trabajar en el centro de la ciudad resulta problemático porque el transporte público no es fiable, así que todo el que se lo puede permitir opta por el vehículo privado”, añade. Aunque tampoco soluciona nada: los conductores gastan un 71% del tiempo al volante en atascos, según un estudio municipal. El Ayuntamiento lanzó en 2010 la red de autobuses públicos My City con la idea de establecer un transporte público seguro y rápido. Está prohibido portar armas (6,6 habitantes de cada 100 posee una en el país, según datos de la organización Gun Policy); se pueden meter bicis y en algunos hay wifi. Se mueven por el centro y van ampliando su red, pero no tienen nada que ver con los colectivos que usa la mayor parte de la población. “My City es una buena idea, pero hay que bajar su precio, ampliar la red y, sobre todo, crear vías exclusivas para el transporte público”, recomiendan desde el African Centre for Cities. Valoran esos esfuerzos por crear espacios públicos capaces de cambiar las relaciones con los ciudadanos, pero consideran que se necesita incidir en ellos.

   En 2010 también se puso en marcha un ambicioso programa de consolidación de hogares en diversos suburbios. Sobre todo, aquellas hileras de casa situadas en primera línea de la carretera que une el aeropuerto con el centro de la urbe: el N2 Gateway Project. Algunos lo tildaron de maquillaje ya que ese año Sudáfrica acogía el Mundial de Fútbol. Consideraban que se hacía por los turistas. Con un crecimiento anual de en torno al 4%, este año esperan atraer a casi dos millones de visitantes internacionales, el turismo es un eje económico de la ciudad. “Sin duda tenemos problemas”, dice Enver Duminy, CEO de Cape Town Tourism, “pero también una ciudad vibrante, un entorno natural inigualable, unos vinos espectaculares y una historia muy interesante”.

 

Vista aérea de Ciudad del Cabo con el estadio construido para el Mundial de Sudáfrica 2010 en primer plano.

Vista de Khayelitsa, la favela más populosa de Ciudad del Cabo.


Vista aérea de la capital cultural de Sudáfrica.

 

   Enver Duminy define el turismo como “luz en la oscuridad” cuando habla de iniciativas como Maboneng (que significa luz): “Son rutas en las que se visitan las favelas y se anima a los visitantes a conocer esa realidad. Por un lado, se generan focos de desarrollo local. Por otra, concienciación”. Duminy, que nació y creció en una favela, también habla de Ciudad del Cabo como referente de turismo gay. Hace un par de meses la ciudad acogió la convención anual de la IGLTA, organización dedicada al turismo LGTB. Era la primera vez que se hacía en una capital africana. “La protección de las minorías forma parte de nuestra esencia como joven país. Algo que se recoge en la Constitución de 1994. La dicotomía centro-periferia también ocurre en lo relacionado con derechos y en una favela ser gay no es fácil: “No se lo he dicho a nadie en Langa”, cuenta Nathaniel. Huyó de Nigeria porque una noche entraron en su casa y mataron a su pareja. A él le apuntaron como el siguiente objetivo. Huyó del país y encontró asilo en Ciudad del Cabo. 

   La tarde del domingo en la fiesta de Mzoli´s todos estos problemas se desdibujan. La música, la comida, las risas, la mezcla racial, que no se da en otros lugares de la ciudad, y la alegría dominan la jornada. “Es un lugar increíble. Una de las mejores fiestas a las que se debe ir”, describe el estilista David Lerouw, originario de Johannesburgo. Comienza a atardecer y la música sigue sonando. “Es un lugar fenomenal, pero al caer la noche hay que tener cuidado sobre todo si no eres de aquí”, avisa Lerouw. “Por el día todo el luminoso y divertido, pero cuando llega la oscuridad, con tanta gente bebiendo, llega el momento de irse”, añade. Hay que volver a la bella ciudad madre no vaya a ser que aparezca su faceta de madrastra. 

   Como colofón al evento científico, la organización preparó un pequeño tour a uno de los atractivos turísticos más importantes del país sudafricano, El cabo de Buena Esperanza (en portugués, Cabo da Boa Esperança; en afrikáans, Kaap die Goeie Hoop; en inglés, Cape of Good Hope) es un cabo localizado en el extremo sur de África.

Cabo de Buena Esperanza


   El primer europeo en avistarlo fue el navegante portugués Bartolomé Díaz en 1488. Se suele considerar, erróneamente, que en este punto se unen el océano Atlántico y el Índico, lo cual no ocurre sino en el cabo Agulhas, que se encuentra más al sur.


Cabo  Agulhas (Cabo de las Agujas)

   El 6 de abril de 1652, el marino neerlandés Jan van Riebeeck instaló un campamento cerca del cabo, que acabó convirtiéndose en lo que hoy es Ciudad del Cabo, Sudáfrica.


  Bartolomé Díaz lo llamó cabo de las Tormentas. Más tarde, Juan II de Portugal le dio su nombre actual. Los portugueses, y en concreto el popular Vasco de Gama, descubrieron que, pasando este cabo, uno de los extremos más meridionales del continente africano, se podía seguir navegando hacia el este, hacia la India. Durante muchos años, los navegantes temieron no encontrar una posible ruta marítima que llegara hasta dicho lugar, por lo que denominaron a este cabo de Buena Esperanza (en portugués, Cabo da Boa Esperança).


Sudáfrica - El Cabo de Buena Esperanza


Atrapado entre la magia y las leyendas del cabo de Buena Esperanza

El antiguo cabo de las Tormentas es uno de los más peligrosos. Un mar salvaje, acantilados de vértigo y olas gigantes.

Inma Moscardó


Cabo de Buena Esperanza


   Cuenta la leyenda que un antiguo galeón fantasma con tripulación a bordo navega las noches de tormenta intentando dar la vuelta al cabo de Buena Esperanza. Es el Flying Dutchman, el Holandés Errante, condenado a vagar entre las peligrosas corrientes marítimas atlánticas de esta península hasta el día del Juicio Final. Su capitán tuvo la osadía de pactar con el diablo, ya que quería ser el primero en rodear el cabo del miedo y el más rápido en llegar a la India por la que luego sería una nueva ruta. Nunca lo supo y nunca lo consiguió.

   Realidad o ficción, el mito nos seduce tanto como el paisaje que bordea la magnífica costa atlántica de esta estrecha península de Sudáfrica, salpicada de miradores naturales y a unos 60 km de Ciudad del Cabo. En el camino se puede observar bellísimos y escarpados acantilados, playas vírgenes y solitarias y un mar salvaje que lanza enormes olas como torpedos contra las rocas. También en ese trayecto podremos avistar leones marinos, ballenas, delfines, tiburones y pingüinos africanos.

   El antiguo y legendario cabo de las Tormentas, donde siempre sopla un viento furioso, es un lugar mágico, donde puede sentir una extraña energía. Fue bautizado así por el navegante portugués Bartolomeu Días, el primero que consiguió bordearlo en 1488 y llegar al océano Índico, lo que serviría posteriormente para abrir una nueva ruta hacia el Este rodeando la costa sudafricana.


   En la punta de esta angosta franja de tierra está Cape Point, una reserva natural en el Parque Nacional de Table Mountain, la mítica montaña de cima plana y a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar que dibuja el perfil más popular de Ciudad del Cabo.

   El parque es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y en sus 7.750 hectáreas aloja una asombrosa variedad de flora –más de 1.100 especies– y fauna, entre esta, 250 especies de pájaros, cebras autóctonas, de menor tamaño que otras africanas, y babuinos nada amistosos. Lo mejor es ignorarlos y no llevar comida.

   Casi desde el mismo momento que entra a Cape Point y hasta que llega al antiguo faro que corona el cabo de Buena Esperanza, sobre un acantilado a 250 m de altitud sobre el nivel del mar, en un asombroso paseo, se verá envuelto en una atmósfera distinta, embaucado por un fabuloso horizonte que pareciera anunciar el fin del mundo.

   Lo mejor para llegar a Cape Point es alquilar un coche desde Ciudad del Cabo –se conduce por la izquierda–, disfrutar del panorama e ir haciendo pequeñas paradas. En la medida de lo posible conviene no coincidir con la llegada masiva de autobuses de turistas, romperían todo el encanto.

   La primera parada obligada es la bonita playa de Camps Bay protegida por 12 picos montañosos. El siguiente punto de observación es Hout Bay, una preciosa bahía y una privilegiada azotea con vistas a la ciudad. Desde allí puede tomar un barco hasta la isla Duiker para observar leones marinos. Dependiendo de la época del año, hay puntos de avistamiento de ballenas –entre noviembre y marzo–, delfines y tiburones.

   Al final del camino, antes de llegar a Cape Point y cerca de Simon’s Town, entrará en Boulders, una playa famosa por la gran colonia de pingüinos africanos que viven allí ajenos a los flashes y las miradas divertidas de los turistas.


Pingüinos africanos en Boulders.


   Otro mito que acompaña al cabo de Buena Esperanza es que es el extremo más austral del continente africano. No es cierto, como tampoco que allí se mezclan las aguas de Atlántico y del Índico. Ambos honores le corresponden a Punta Agulhas (el cabo de las Agujas), situado a unos 225 kilómetros de Ciudad del Cabo.




CIUDAD DEL CABO, LA MÁS MULTICULTURAL DE ÁFRICA


   Si mezclas ambiente cosmopolita, raíces heterogéneas y esencia sudafricana da como resultado un destino donde todas las culturas suman. Incluso los turistas: desde el más chic al mochilero.

  Una de las ciudades más interesantes del mundo es paradójicamente una gran desconocida. Ciudad del Cabo tiene de frente el océano Atlántico y hacia el interior su famosa Table Mountain (Montaña de la mesa), una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, que recibe este nombre porque su cima es plana en vez de prominente. Cuando viajes no te conformes con tenerla de fondo durante tu estancia, aprovecha para hacer cima en ella, bien sea a pie o en teleférico. El clima de Ciudad del Cabo siempre es agradable y soleado (una media de veinte grados centígrados), ideal para hacer turismo. Una de las grandes aventuras que te ofrece es conocerla a vista de pájaro bien sea en helicóptero desde el helipuerto de Victoria and Alfred Waterfront, o en parapente desde el pico de Lion’s Head hacia Camps Bay, o desde Signal Hill aterrizando en la zona de Green Point. Y cuando pongas el pie en tierra firme tienes mucho que ver.

   Paseando por las calles del centro de la ciudad (City Bowl), como Long Street o la plaza del Ayuntamiento, descubrirás una arquitectura con pasado europeo (holandés, para más señas) con reminiscencias art-decó, sobrepasada por rascacielos que recuerdan a la Gran Manzana. Y de pronto, a pocos minutos, en el barrio malayo Bo-Kaap te topas con varias mezquitas, resultado de una importante presencia islámica desde hace más de 300 años, y coloristas fachadas de casas bajas que representan la multiculturidad y el exotismo africano. El barrio de Bo-Kaap fue el hogar de los esclavos indios, malasios e indonesios que trasladaba Holanda. Actualmente está viviendo un proceso de gentrificación, ya que los vecinos más aburguesados están alquilando o comprando algunas de estas casas para darles un ‘lavado de cara’ y poner el barrio de moda. Como lo está Green Market Square, un mercado al aire libre de artesanía africana de donde podrás llevarte algún recuerdo de tu viaje.

De puerto con historia a destino chic


Restaurantes en Victoria and Albert Waterfront, Ciudad del Cabo.


   Victoria and Alfred Waterfront es uno de los puntos de encuentro de la ciudad. Ciudad del Cabo fue un importante puerto comercial y hoy lo sigue siendo aunque en un sentido diferente. Donde antes fondeaban grandes veleros en sus rutas hacia el norte, hoy encuentras edificios de clásica arquitectura holandesa y más de un centenar de boutiques de diseño africano. Un centro de ocio donde también dispones de restaurantes donde degustar un ‘potjiekos’ (estofado) o los típicos ‘koeksister’ (buñuelos dulces). Un ejemplo de una cocina que ha recibido influencias africanas, holandesas, inglesas y malayas. Todo ello acompañado de un buen vino de la región, porque Ciudad del Cabo también tiene una reconocida cultura vinícola. A sólo 40 minutos en coche está Stellenbosch, plagado de viñedos que merecen una excursión. Y como la naturaleza ha sido generosa con esta región, también tienes playas turquesas donde darte un chapuzón. Puedes acudir a Camps Bay Beach, a la pequeña aldea pesquera Kalk Bay con sus coloridas casetas vestuarios, o bajar hasta Simon’s Town y visitar Boulders Beach donde puedes bañarte con pingüinos salvajes.



El hogar del preso 46664. Robben Island, la prisión donde Nelson Mandela estuvo encarcelado. 


   En ferry desde la ciudad puedes llegar a uno de los destinos más visitados: Robben Island (‘isla de las focas’ en holandés). Es un museo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que anteriormente se utilizó para aislar a personas: primero a leprosos y luego a criminales. Durante su periodo como cárcel albergó a presos tan famosos como el Nobel de la Paz Nelson Mandela durante casi veinte de los 27 años que estuvo recluso a causa de su lucha contra el ‘apartheid’. Cuando fue liberado y luego elegido como presidente de la Nación Arco Iris, como llamaba a Sudáfrica, se dirigió a los ciudadanos desde el balcón del City Hall, edificio simbólico desde entonces. Para entender un poco más de lo que fue el ‘apartheid’ se puede visitar el Museo del Distrito Seis en el City Bowl, o el Township de Langa (‘township’ era el nombre que definía las chavolas donde se recluía a los negros lejos de los blancos).

  Como ya expuse antes existe la posibilidad de vivir una de las experiencias en contacto con la naturaleza más emocionantes: localizar al gran tiburón blanco. Para ello hay que ir hasta la costa del pueblo pesquero Gansbaai, un hábitat muy favorable para este predador marino de hasta cinco metros y una tonelada de peso. Tan a gusto están en estas aguas que seguro que divisas a más de uno. Y si te atreves completa la jornada sumergiéndote en una jaula para sentir cómo nadan a tu alrededor. Allí mismo también se encuentra el islote Dyer Island, famoso por sus colonias de focas y pingüinos. Desde allí, y de vuelta a Ciudad del Cabo, detente en Hermanus, la capital mundial del avistamiento de ballenas, donde los cetáceos se acercan a las costas de forma familiar, tanto que hasta puedes verlos desde la orilla. Se celebra un festival en su honor entre septiembre y octubre.

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MUNDIAL SUDAFRICA 2010 ESPAÑA CAMPEONA DEL MUNDO


Waka Waka (Esto Es África) Nueva Edición - Shakira (Canción Oficial de la Copa del Mundo)

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Primera reunión de Mandela como presidente - Escena 1 - Invictus




INVICTUS - TRAILER ESPAÑOL



Invictus Mejor Escena



EL POEMA QUE INSPIRÓ A NELSON MANDELA EN LA CARCEL + YO SOY EL CAPITAN DE MI ALMA



Entrevista a Nelson Mandela al salir de prisión

https://www.youtube.com/watch?v=KwcvyLfdIwo
La noche de... Mandela (2014) COMPLETO



Nelson Mandela: Adiós Madiba



                         




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