lunes, 8 de marzo de 2021

PABLO R. PICASSO - ÉPOCAS AZUL Y ROSA - PRIMERA PARTE

 




 LA VIDA -  PICASSO (1903)

    Cuadro de compleja simbología, acaso inacabado, en el que una pareja mira desoladamente a una madre con su hijo. Detrás suyo, como en papeles añadidos en trampantojo, aparece de nuevo una pareja aún más terrible y una mujer como si fuera un feto. Las interpretaciones han sido muy variadas, y el propio Picasso nunca quiso corroborarlas o negarlas, aunque es evidente la contraposición del amor carnal (la pareja) con el maternal (la madre), así como el paso de uno a otro a través del sexo visto de una forma ambivalente.

   El soporte es lienzo sobre el que se pinta al óleo (al parecer con numerosas rectificaciones), dejando ciertos lugares inacabados en donde se puede aún observar el carbón original (figura abajo intermedia). La composición, como es habitual en la época, se ciñe a una estricta simetría, compensando el mayor volumen de la pareja de la izquierda con una mayor intensidad en los colores de la madre. En su eje de simetría (y acaso como tránsito conceptual entre una y otra) aparece la pareja y la mujer. Tanto el habitual sentido de la mirada occidental como el leve gesto del hombre nos dan una leve direccionalidad hacia la derecha que cerraría solemnemente la figura hierática de la madre.

   La línea prevalece sobre el color, especialmente en los contundentes contornos o las figuras inacabadas, aunque el interior de los desnudos maneja una pincelada mucho más suelta que matiza muy suavemente la luz. Como corresponde a esta etapa todo se encuentra dominado por una casi exclusiva monocromía azul (relacionada con la melancolía), con apenas unas zonas marrones en su centro (también habituales en este momento). La luz, aunque naturalista en su conjunto y muy marcada en los pliegues de la madre, tiene una extraña reflexión en los cuerpos desnudos, creando planos discordantes en su piel desnuda. Por otra parte, una mirada más atenta nos revela que, mientras en la pareja proviene de la izquierda, en la madre parecería que el foco estuviera colocado a la derecha.

   La perspectiva es casi abolida por completo y sólo en la parte baja encontramos un suelo diferenciado del fondo, aunque bastante alzado como señalan los pies danzantes de las figuras. Sin embargo, según ascendemos, la pared deja de tener referencias espaciales y su fondo se acerca al espectador, haciendo resaltar las figuras sobre él, como si se tratara de un relieve.

   Por último, las figuras mantienen un canon bastante alargado (aún más potenciado en la madre por la disposición de sus pliegues) y presentan un fuerte carácter hierático y estático que se contrapone con el movimiento y el dramatismo de las escenas de la pared. Ambas mujeres, por lo demás, presentan rasgos simplificados que tienden a una cierta idealización mientras la cabeza del hombre es mucho más realista y detallista, sin plegarse en tal manera a las formas geométricas.
 
   Todos los rasgos nos llevan claramente al Periodo Azul de Picasso que, en los primeros años del XX dominó su pintura (tonalidad, personajes, sensación de angustia, hieratismo, canon…)  Se trata del primer estilo personal del pintor tras el academicismo juvenil (muy influido por su padre) y las experiencias posimpresionistas que tomaban el mundo del cabaret de Toulouse Lautrec o Degas. En torno al principio del siglo, y envuelto en una vida pobre y miserable en el luego famoso Bateau Lavoir de París, Picasso da un giro a su producción anterior para buscar unos temas y una técnica claramente reconocible. Toma para ello el mundo de los marginados (pobres, mendigos, locos, prostitutas, deformes) ya habitual en la pintura de Toulouse para envolverlos en una atmósfera densa de un azul dominante y profundo que comunique soledad y melancolía.

   Se trata, según se ha comentado, de un ingreso de Picasso en las corrientes simbolistas de final del XIX que pretendían indagar en el mundo de los sentimientos (Klint, Moureau…). Una pintura en exceso literaria (aunque en este cuadro no conozcamos su historia, pero siempre está presente la idea de fracaso, de vida arruinada y sin esperanza), que se continuará en la pintura rosa (aunque con mayor optimismo y un cambio de personajes acercándose al mundo del circo) y se romperá definitivamente en su periodo negro, en donde Picasso se deslindará de esta pintura sentimental para centrarse en cuestiones más formales (color, planos geométricos) que le llevará hasta sus Señoritas de Avignon y el descubrimiento del cubismo.

    Como es habitual en Picasso, las influencias son muy variadas, pues pocos pintores como él han tenido en la Historia del Arte la capacidad de digerir y reelaborar la pintura anterior hasta hacerla por completo propia. Tanto el canon alargado como las distorsiones de perspectiva y focos de luz se han puesto en contacto con el Greco que en esos momentos se estaba redescubriendo (influirá también en Munch). Por otra parte tanto el gesto de la mano como alguna de las formas de sus desnudos pueden incluso recordarnos al renacimiento (Adán y Eva de Masaccio, Miguel Ángel), así como la madre y sus ropajes a la cultura griega arcaica.

   Todo este cúmulo de influencias, junto a las de Toulouse o Degás, llegará a conformar esta obra enigmática pero central en su primera etapa aún figurativa que, en el plano personal, es un homenaje a su amigo íntimo Casagemas, que se suicidó por amor y aparece representado en la figura del hombre.



Pablo Picasso - Periodo Azul - Música Granados


Pablo Picasso

   Figura excepcional como artista y como hombre, Picasso fue protagonista y creador inimitable de las diversas corrientes que revolucionaron las artes plásticas del siglo XX, desde el cubismo hasta la escultura neofigurativa, del grabado o el aguafuerte a la cerámica artesanal o a la escenografía para ballets. Su obra inmensa en número, en variedad y en talento se extiende a lo largo de más de setenta y cinco años de actividad creadora, que el pintor compaginó sabiamente con el amor, la política, la amistad y un exultante y contagioso goce de la vida. Famoso desde la juventud, admirado y solicitado por los célebres y poderosos, fue esencialmente un español sencillo, saludable y generoso, dotado de una formidable capacidad de trabajo, enamorado de los barrios bohemios de París, del sol del Mediterráneo, de los toros, de la gente sencilla y de las mujeres hermosas, afición que cultivó sin desmayo.



Pablo Picasso

   Pablo Diego José Ruiz Picasso, conocido luego por su segundo apellido, nació el 25 de octubre de 1881, en el n.º 36 de la plaza de la Merced de Málaga, como primogénito del matrimonio formado por el pintor vasco José Ruiz Blasco y la andaluza María Picasso López. El padre era profesor de dibujo en la Escuela Provincial de Artes y Oficios, conocida como Escuela San Telmo. La primera infancia de Pablo transcurrió entre las dificultades económicas de la familia y una estrecha relación entre padre e hijo, que ambos cultivaban con devoción. El niño era un escolar menos que discreto, bastante perezoso y muy distraído, pero con precoz facilidad para el dibujo, que don José estimulaba.

   En 1891 la familia se traslada a La Coruña, en cuyo Instituto da Guarda son requeridos los servicios del padre como profesor. Pablo inicia sus ensayos pictóricos, y tres años más tarde su progenitor y primer maestro le cede sus propios pinceles y caballetes, admirado ante el talento de su hijo. En 1895, Ruiz Blasco obtiene un puesto docente en la Escola d'Arts i Oficis de la Llotja de Barcelona. Pablo resuelve en un día los ejercicios de examen previstos para un mes, y es admitido en la escuela. En 1896, con sólo quince años, instala su primer taller en la calle de la Plata de la Ciudad Condal.

   Dos años más tarde obtiene una mención honorífica en la gran exposición de Madrid por su obra Ciencia y caridad, todavía de un realismo académico, en la que el padre ha servido de modelo para la figura de un médico. La distinción lo estimula a rendir oposición al curso adelantado en la Academia de San Fernando, mientras sus trabajos, influidos por El Greco y Toulouse-Lautrec, obtienen nuevas medallas en Madrid y Málaga.

Picasso en 1908

   En 1898 realiza su primera muestra individual en Els Quatre Gats de Barcelona. Finalmente, en el otoño del año 1900 hace una visita a París para ver la Exposición Universal. Allí vende tres dibujos al marchante Petrus Mañach, quien le ofrece 150 francos mensuales por toda su obra de un año. Pablo es ya un artista profesional, y decide firmar sólo con el apellido materno. En 1901 coedita en Madrid la efímera revista Arte Joven, y en marzo viaja nuevamente a París, donde conoce a Max Jacob y comienza lo que luego se llamará su «PERIODO AZUL». Al año siguiente expone su primera muestra parisiense en la galería de Berthe Weill, y en 1904 decide trasladarse definitivamente a la capital francesa.

   Picasso se instala en el célebre Bateau-Lavoir, en el número 13 de la calle Ravignan (hoy plaza Hodeau), alojamiento variadamente compartido por artistas sin blanca, entre otros el también español Juan Gris. Allí trabó amistad con Braque y Apollinaire, y se enamoró de Fernanda Olivier. Durante tres años Picasso pinta y dibuja sin cesar, rendido a la influencia de Cézanne, mientras elabora con Braque las líneas maestras del cubismo analítico, cuya gran obra experimental, Las señoritas de Aviñón, es pintada por Picasso en 1907.

   Pronto sobreviene el asombro y el escándalo ante un estilo deforme que rompe todos los cánones y va ganando nuevos adeptos, al tiempo que su audaz inventor expone en Munich (1909) y en Nueva York (1911). Pablo ha encontrado una nueva compañera en Marcelle Humbert, y siempre seguido por Braque, se lanza a crear el cubismo sintético, que los acerca al borde de la abstracción (en su extensa y tan variada obra, Picasso jamás llegaría a abandonar la figuración). Poco después se muda de Montmartre a Montparnasse, y se abren exposiciones suyas en Londres y Barcelona.


Con Olga Clochlova en París (1919)

   En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, llegan las tragedias: Braque y Apollinaire son movilizados, y Marcelle muere súbitamente ese otoño. Pablo abandona prácticamente el cubismo, y busca otros caminos artísticos. Los encuentra en 1917, cuando por medio de Jean Cocteau conoce a Serguéi Diáguilev, que le encarga los decorados del ballet Parade de Erik Satie. El fin de la guerra le trae un nuevo amor, la bailarina Olga Clochlova, y también un nuevo dolor: la muerte de Apollinaire a consecuencia de una grave herida en la cabeza. Se casa con Olga en 1918, y hasta 1925 trabaja en diversos ballets que dan cauce a su evolución pictórica.



Modigliani, Picasso y André Salmon frente al Café de la Rotonde, París, en 1916.


  Un viejo retrato de su madre, pintado en 1918, le valdrá el millonario premio Carnegie de 1930, que le permite adquirir una suntuosa villa campestre en Boisgelup, y pasarse más de un año viajando por España. Por entonces vuelve a la escultura y mantiene un romance con Teresa Walter, del que nace su primera hija, Maya. La Clochlova inicia un escandaloso juicio para conseguir el divorcio, que el juez se niega a conceder. Despechado, Picasso se enamora de Dora Maar.

   Al estallar la Guerra Civil, Picasso apoya con firmeza al bando republicano, y acepta simbólicamente la dirección del museo del Prado, mientras en 1937 pinta el Guernica en París. Dos años después se realiza una gran exposición antológica en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Deprimido por el triunfo de los nacionales y la posterior ocupación de Francia por los nazis, pasa la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial trabajando en su refugio de Royan.



En su estudio en Vallauris (1949)

   En 1944 se afilia al Partido Comunista Francés y da a conocer 77 nuevas obras en el Salón de Otoño. Después se entusiasma por la litografía y por la joven y hermosa pintora Françoise Guillot, con la que convive hasta 1946. Se inicia así su etapa de Vallauris, en la que trabaja en sus magníficas cerámicas. Con Françoise tendrá dos hijos: Claude, nacido en 1947, y Paloma en 1949.

   En 1954, el infatigable anciano se fascina por una misteriosa adolescente de delicado perfil y largos cabellos rubios llamada Sylvette David, que acepta posar para él a cambio de uno de los retratos, a su elección. El trato se cumple y su resultado produce algunas de las obras más conocidas y reproducidas del pintor, como el famoso perfil de Sylvette en la butaca verde.

   Si la fascinación por la etérea Sylvette había sido platónica, no tuvo el mismo cariz su atracción por Jacqueline Roqué, joven de extraodinaria belleza a la que tomó como compañera en 1957, un año antes de pintar el gigantesco mural para la UNESCO. Fértil milagro del arte y de la vida, Picasso seguiría creando, amando, trabajando y viviendo intensamente hasta morir en 1973. Dejó tras de sí la mayor y más rica obra artística personal de nuestro siglo, y una fabulosa herencia que provocó agrias disputas hasta recaer en un ser de pacífico nombre: su hija Paloma.


CRONOLOGÍA

1881 Nace en Málaga.

1895 Se traslada con su familia a Barcelona.

1898 Primera exposición individual en Els Quatre Gats, en Barcelona.

1900 Primer viaje a París.

1901 Inicia el período azul, denominado así por el predominio de los tonos azules y caracterizado por su temática de signo pesimista: la miseria humana y la marginación se representan con figuras ligeramente alargadas.

1904 Se instala definitivamente en París. Inicia el período rosa, más vital, en que predomina la temática cirquense.

1907 Pinta Les demoiselles d'Avignon, de tan revolucionaria concepción que el cuadro es rechazado incluso por pintores y críticos vanguardistas.

1908 Primeros cuadros cubistas.

1912 Primeros Papiers collés o collages.

1925 Aunque nunca se adhirió al Movimiento surrealista, se advierten los primeros indicios de la influencia de esta corriente en sus obras.

1931 Trabaja en sus primeras esculturas.

1937 Pinta el Guernica, mural inspirado en el bombardeo de esta ciudad vasca, para cuya realización esbozó más de 60 croquis preparatorios.

1944 Se afilia al Partido Comunista Francés.

1946 Comienza una etapa dedicada a la cerámica.

1958 Pinta el mural La caída de Ícaro para el edificio de la Unesco, en París.

1961 Se instala en Mougins.

1973 Muere en Mougins.


   En el pintor español Pablo Picasso se resumen todos los cambios y las significaciones simbólicas, científicas y sociales del arte pictórico del siglo XX. Figura clave de la pintura e incluso del arte contemporáneo en general, es evidente la revolución de las formas en su obra, pero más significativas que sus aportaciones morfológicas resultan sus relaciones con la sociedad y la época en que vivió. En el primer aspecto, es el máximo representante del cubismo; en el segundo, una de las cumbres del expresionismo, si bien nunca figuró entre sus grupos y actuaría de forma autónoma. Su evolución estilística y temática dibuja un apasionante itinerario, en el que asombran los múltiples registros con que puso de manifiesto las variadas posibilidades que el lenguaje pictórico tiene para retratar la sociedad o los problemas de una época.


Etapas azul y rosa

   Sus primeras etapas corresponden al figurativismo. En la denominada época azul domina un sentimiento patético, expresado con una monocromía que posiblemente se inspiró en ideas debatidas en la tertulia modernista barcelonesa de Els Quatre Gats. Instalado en París, Picasso se inclinó decididamente por la monocromía azul para destacar la melodía de las líneas en un muestrario de personajes dolientes. El Picasso de veinte años parece conmovido por el sufrimiento y retrata un mundo de mendigos y ciegos de cuerpos escuálidos y cabezas vencidas.



Detalle de La tragedia (1903)

   En la siguiente etapa, la época rosa, combina poco a poco los tonos más amables para plasmar el mundo del circo con sus juglares y saltimbanquis. Si se compara La comida frugal de la época azul con los retratos o escenas de circo correspondientes a la época rosa, se percibe, más allá de las diferencias entre la tristeza compasiva y una cierta serenidad aceptada, la profundización en la observación del hombre y los ambientes sociales. Su vida en el Bateau-Lavoir parisino tuvo la misma intensidad que la de los cenáculos modernistas barceloneses, y esas vivencias se llevaron a la tela.


El cubismo

   Picasso pasaría en pocos años de las formas expresivas a las formas simbólicas. La revolución se inició con Les demoiselles d'Avignon (1907), manifiesto del arte del siglo XX, cuya gestación exigió a Picasso un trabajo de meses. Varios cuadernos de apuntes y cambios en las figuras y la composición desembocaron en este grupo de mujeres, donde la corporeidad humana y los rostros se intensificaron mediante deformaciones.



Les demoiselles d'Avignon (1907)

   La influencia del arte africano y la herencia del arte ibérico llevaron a Picasso a ensayar esta nueva anatomía llena de presagios terribles, como si buceara en niveles todavía no explorados de la realidad humana. Era el manifiesto del cubismo, corriente que ocuparía la actividad del pintor durante una decena de años, aunque sus conquistas geométricas reaparecerían en toda la producción posterior.


Clasicismo, surrealismo, expresionismo

   El drama de las figuras cubistas sintonizaba perfectamente con los desastres de la Primera Guerra Mundial. Al finalizar la contienda, sin abandonar el cubismo (como se percibe en Tres músicos del Museo Metropolitano de Nueva York, de 1923), Picasso inicia la etapa denominada clasicista, caracterizada por la representación del movimiento en los decorados para los ballets rusos de Sergei Diaghilev.

    Hacia 1925 cambió la temática; algunos autores hablan de una fase surrealista, y, en efecto, en algunas obras parece aproximarse a los ensayos de representación onírica. Pero a su pupila analítica no se le ocultaban los fenómenos amenazadores, entre ellos el ascenso de los fascismos o los desequilibrios sociales, manifiestos en los ambientes y barrios degradados de las urbes donde se concentraba la mayor parte de los habitantes. Y a través de las deformaciones que caracterizarían al expresionismo, el artista empezó a expresar las vivencias de inseguridad y angustia ante el futuro. Es el período de las metamorfosis, basadas primero en curvas y en elipses calmantes, luego en ángulos y trazos enérgicos que traducen un espíritu atormentado.


Detalle de Guernica (1937)

  El clímax de tensión expresionista se alcanzará durante la guerra civil española. El Guernica es, más que una escena concreta, un símbolo en el que se renuncia al color y se reduce la gama cromática a una especie de grisalla. Las llamas, el guerrero muerto con la flor en la mano, el caballo herido, son símbolos del dolor de la guerra. Las figuras crispadas expresan el dolor como un alarido. Y un grito, más que una palabra articulada, viene a ser esta obra maestra, sin duda uno de los más impresionantes testimonios de la historia del arte.

  Durante la Segunda Guerra Mundial Picasso insistió en temas dramáticos, como Naturaleza muerta con cráneo de buey (1942), donde se unen el dolor de la guerra en la Francia ocupada y el que el artista siente por la muerte de su amigo, el escultor Julio González. Tras la contienda se inicia un período de calma en el arte picassiano: es el momento de las palomas y los balcones abiertos hacia el azul del Mediterráneo, aunque la guerra de Corea ponga un paréntesis a estas visiones idílicas con nuevos testimonios sobre la crueldad y el sufrimiento.


Naturaleza muerta con cráneo de buey (1942) -  Picasso.

    Es clara la dimensión histórica en la obra del gran pintor español; porque su objetivo no se cifró en la búsqueda de la belleza, sino en testificar y aclarar los grandes procesos sociales. Así lo manifestó en una ocasión: "el artista trabaja sobre sí mismo y su tiempo, trabaja para dar claridad ante su conciencia y sus contemporáneos de sí mismo y de su tiempo". La forma armoniosa de otros siglos del arte reflejaba una concepción armónica del hombre; la forma desgarrada de Picasso traduce el sufrimiento del hombre moderno.

    En medio de sus símbolos y sus renovaciones incesantes, en efecto, es posible detectar como constante la sensibilidad por la época, reflejada en la alternancia de períodos plácidos y dramáticos. Pero en todo momento Picasso mantuvo viva su obsesión dolorosa por el hombre que sufre: desde los ciegos de la época azul hasta los gritos de los cuadros expresionistas es constante la meditación compasiva del artista sobre el ser humano.


Pablo Picasso (El desnudo en el Arte) Periodo Azul y Rosa


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