sábado, 27 de marzo de 2021

IRENE VALLEJO. EL ARTE DE AMAR LOS LIBROS



IRENE VALLEJO. EL ARTE DE AMAR LOS LIBROS



Irene Vallejo Moreu

   Escritora y filóloga nacida en Zaragoza en 1979, Irene Vallejo estudió Filología Clásica, doctorándose en las universidades de Zaragoza y Florencia. Es conocida principalmente por su labor de divulgación, sobre todo por sus colaboraciones en medios como El Heraldo de Aragón y El País Semanal. También imparte conferencias y cursos sobre cultura clásica. Vallejo Moreu debutó en el panorama literario en 2011 con su novela La luz sepultada. Cuatro años más tarde vería la luz su segunda obra, El silbido del arquero.

   La autora también ha publicado antologías, ensayos y obras infantiles. Su obra más destacada, El infinito en un junco, un ensayo acerca de la historia de los libros, se convirtió en un éxito de ventas y consiguió el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2019 y el Premio Los Libreros Recomiendan en la categoría de no ficción en 2020.



Una declaración de amor a los libros. Irene Vallejo, escritora

   En este vídeo, la escritora comparte su pasión por la literatura y los libros. “Todo habría desaparecido, cada generación habría tenido que empezar de nuevo si no hubiera sido por los libros”, asegura con pasión. Vallejo, resalta también el papel que han jugado los libros en la educación: "han sido los compañeros inseparables de la educación desde los primeros momentos de la historia, el emblema de los profesores y de la enseñanza". Además, la divulgadora resalta una de las partes de su investigación que más ha llamado su atención:  la búsqueda de los restos de las mujeres en la historia de los libros y de la lectura. Para concluir, Vallejo reivindica el valor de los libros para interpretar el mundo de hoy.  Y sentencia: "Los libros forman parte de la salud del mundo". 


Los Libros: 'El infinito en un junco'

   Federico Jiménez Losantos y Andrés Amorós hablan del libro El infinito en un junco de Irene Vallejo.


Irene Vallejo Moreu

   Irene Vallejo Moreu (Zaragoza, 1979) es una filóloga y escritora española.​ Entre otros premios ha recibido el Premio Nacional de Ensayo 2020 por su libro El infinito en un junco.

   Doctora en Filología Clásica por las universidades de Zaragoza y Florencia,​ su labor se centra en la investigación y divulgación de los autores clásicos; así, por ejemplo, colabora con el periódico Heraldo de Aragón, donde mezcla temas de actualidad con enseñanzas del mundo antiguo. Fruto de ese trabajo ha publicado dos libros recopilatorios de sus columnas semanales, El pasado que te espera y Alguien habló de nosotros.

   Compagina esa labor con su actividad literaria. En 2011 publicó su primera novela, La luz sepultada, una historia de suspense. Su segunda novela fue El silbido del arquero, publicada por la editorial Contraseña, en la que plantea una historia de aventuras y amor, ambientada en tiempos legendarios, recordando a los conflictos contemporáneos.​ También ha cultivado la literatura infantil y juvenil con las obras El inventor de viajes, ilustrada por José Luis Cano, y La leyenda de las mareas mansas, en colaboración con la pintora Lina Vila.​ Ha sido incluida en la antología de narradoras aragonesas Hablarán de nosotras (2016) con el relato El mal invisible. 

   En 2020 fue galardonada con el Premio Nacional de Ensayo por su libro El infinito en un junco, siendo la quinta mujer galardona con este premio desde que se creó en 1975. La primera mujer que recibió el galardón fue la filósofa Celia Amorós en 2006.

 

Las mujeres en la historia de los libros: un paisaje borrado. Irene Vallejo, escritora

   En este vídeo, la escritora Irene Vallejo comparte algunos hallazgos sobre el papel de la mujer en la historia de los libros. "A pesar de la obligación de quedarse dentro de las paredes de su casa y no poder salir al mundo a tener las experiencias que plasmar en los relatos, han estado muy presentes, mucho más de lo que creemos", asegura la investigadora. ¿Sabías que el primer texto no anónimo de la historia lo firma una mujer? La filóloga, nombra a filósofas, poetas, escritoras... Mujeres borradas que han construido el mundo tal y como lo conocemos hoy.  "Aunque hayan sido silenciadas estamos intentando rescatarlas para que nunca más vuelvan a caer en el olvido", concluye.


IRENE VALLEJO - El infinito en un junco, la gran historia de los libros | AULA DE CULTURA

   Irene Vallejo es Doctora en Filología Clásica y divulgadora del mundo clásico. En este video presenta su última obra, “El infinito en un junco”, sin duda, el ensayo más importante del año, habiendo recibido varios premios y el reconocimiento unánime de crítica y público.

   De humo, de piedra, de arcilla, de seda, de piel, de árboles, de plástico y de luz... En su visita al Aula nos conducirá por la vida del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos.

«Un ensayo encantador, un homenaje al libro» (Mario Vargas Llosa)


La escritora Irene Vallejo, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019




   Sumergida en una promoción interminable, entre conferencias y entrevistas, robamos un rato de su valioso tiempo a la escritora Irene Vallejo, autora del celebrado ’El infinito en un junco’. Nos sentamos con ella para charlar acerca del placer del conocimiento, de la lectura, y sobre el arte de prestar libros, la mejor manera, según ella, de deshacerse de ellos.

  Reciente ganadora del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019, Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) ha visto cómo su ensayo El infinito en un junco (Siruela) se ha consolidado en pocos meses como uno de los libros del momento y como uno de los ejercicios más honestos que se han escrito sobre la importancia y la reivindicación de la cultura clásica. 

P: A primera vista, El infinito en un junco nace de la fascinación por los libros y por el mundo clásico. ¿Es así?

R: El infinito en un junco rescata temas que ya me fascinaron en mis investigaciones universitarias, como la fragilidad de los libros y su tenaz supervivencia. En este ensayo he abordado esta historia con herramientas narrativas. El viaje de las palabras a través de los siglos, en lucha contra el olvido, me parece una gran aventura.

P: ¿De dónde te llega esa obsesión por la cultura clásica?

R: Viene de la infancia, del feliz momento de los cuentos antes de dormir. Una noche, mi padre, sentado a la orilla de mi cama, anunció una historia larga y apasionante: “¿Has oído hablar de Ulises?” Por la caracola de mis orejas entraron las sirenas, los cíclopes, las islas, las tormentas, el saco de los vientos, Nausica en la playa, Calipso en su jardín, Circe preparando ungüentos mágicos, Penélope tejiendo y destejiendo… Desde entonces, la mitología griega ha sido mi hogar. Mi curiosidad por el mundo antiguo que creó esas leyendas es insaciable. El viaje de las palabras a través de los siglos, en lucha contra el olvido, me parece una gran aventura”.

P: Y en tu caso, ¿por qué te hiciste escritora? ¿Cuáles fueron tus lecturas “fundacionales”?

R: En la infancia fueron las mitologías griega, romana y nórdica. Después, Jack London, Dickens, Chesterton, Conan Doyle, Stendhal y Conrad. Creo que me hice escritora porque era una niña sedienta de historias. A todos los adultos les pedía que me contasen cuentos. Como los mayores no eran capaces de darme las dosis —cada vez mayores— que reclamaba mi adicción, tuve que empezar a inventármelos. 

P: El libro como objeto y como depósito de conocimiento es uno de los grandes artefactos que ha inventado el ser humano. Sin embargo, no parece pasar por su mejor momento. ¿Crees que podrá recuperar su prestigio?

R: Es cierto que los libros nunca habían competido con tantas alternativas de ocio como hoy. En esta época, quien escoge leer está renunciando a la tentación de otras opciones, desde las redes sociales a las series. Pero, por otro lado, en sus treinta siglos de historia, los libros se han enfrentado a amenazas más aterradoras que las actuales: saqueos, guerras, analfabetismo generalizado, pobreza, hogueras, censura sistemática… Si han sobrevivido a esos peligros, me atrevo a afirmar que también van a superar los desafíos actuales. Quien escoge leer está renunciando a la tentación de otras opciones, desde las redes sociales a las series”.

P: Se dice que tu libro es un ensayo, un libro de viajes, una novela de aventuras... ¿Cómo lo defines tú?

R: El infinito en un junco es un ensayo en su sentido literal: un intento, una búsqueda, un experimento y, de alguna manera, también un juego. Desde el principio me interesaba el reto de reconstruir el trayecto histórico de los libros como si fuera una novela de aventuras. Por eso, el libro comienza con unos inquietantes jinetes embarcados en una misteriosa misión de caza y captura.

P: Su lectura me ha recordado a otros dos títulos recientes: La biblioteca en llamas, de Susan Orlean, y La ruta del conocimiento, de Violet Moller. Libros sobre libros. ¿Es ya casi un género literario? 

R: Para mí fue La España vacía [de Sergio del Molino] el libro que devolvió la alegría y la esperanza al ensayo en español. El género vive un gran momento porque tenemos deseos de aprender más allá de nuestra especialidad. Si alguien es capaz de transmitir sabiduría de forma transparente y entretenida, expande nuestro universo mental. 

P: También hablas de lo difícil que es hacer desaparecer un libro, tanto destruirlo como tirarlo. ¿Te has deshecho alguna vez de alguno?

R: Sólo tiro libros deteriorados. Dono los que no voy a volver a leer a bibliotecas públicas o a ONG. Las bibliotecas han atravesado años difíciles con presupuestos recortados o inexistentes. De todas formas, la manera más segura de deshacerse de un libro es prestarlo.

P: En un momento dado del ensayo hay una defensa de la comedia, de la risa, algo que parece estigmatizado por la alta cultura. Tanto es así que Aristófanes, Kundera o Chaplin fueron considerados disidentes, ¿por qué? ¿Cuál es para ti el género mayor?

R: Soy alérgica a las jerarquías, siempre he sido una lectora felizmente promiscua. En mi infancia convivieron en alegre poligamia los tebeos, Stevenson y las mitologías. Me parece peligroso creerse las etiquetas, que son tan solo simplificaciones útiles que ayudan a clasificar. Si no sirven, si dividen o marginan, mejor desentenderse de ellas. Hacer reír es tan difícil que, en mi opinión, deberíamos reivindicar la comedia. El humor es un ingrediente que agradezco siempre, también en el drama, en la poesía, en el ensayo. Eso sí, un humor que no intente herir, sino tomar una postura desenfadada, ingeniosa y al borde del absurdo frente a los temas trágicos de la vida. Las lágrimas de la risa lavan los ojos, como las del llanto. “Hacer reír es tan difícil que, en mi opinión, deberíamos reivindicar la comedia. El humor es un ingrediente que agradezco siempre, también en el drama, en la poesía, en el ensayo”.

P: Este libro ha merecido el elogio de muchos compañeros de profesión, e incluso el Premio Ojo crítico 2019. ¿Satisfecha?

R: El oficio literario es un trabajo a la intemperie. En ese páramo azotado por el viento, el Premio Ojo Crítico me ha traído alegría, esperanza y cobijo. Me ha abierto puertas y oportunidades. Y lo he vivido con una especial ilusión porque escucho el programa de RNE desde la adolescencia. Cuántos autores, libros, descubrimientos y nuevos rumbos he explorado a lo largo de los años gracias a El Ojo Crítico. A los miembros del jurado quiero agradecerles la valentía de conceder un premio de narrativa a un ensayo y reivindicar el valor literario de la no-ficción.

P: ¿Pueden los libros cambiar nuestras vidas?

R: En un momento especialmente difícil de mi vida, como cuento en El infinito en un junco, las voces de los escritores que me hablaban desde los libros fueron mi salvación. Nico Rost relata en su diario Goethe en Dachau cómo los reclusos del campo de concentración se aferraban al recuerdo de sus lecturas de otros tiempos para sobrevivir. El protagonista y sus compañeros crean un club de lectura clandestino por el que están dispuestos a correr grandes peligros. La literatura no tiene una utilidad evidente, pero a través de ella damos sentido a la experiencia. Encontrar un sentido a la vida nos salva.


Obras

Terminología libraria y crítico-literaria en Marcial (2008)

El pasado que te espera (2010)

La luz sepultada (2011)

El inventor de viajes (2014)

La leyenda de las mareas mansas (2015)

El silbido del arquero (2015)

Alguien habló de nosotros (2017)

El infinito en un junco (2019)


Premios

Quinto Certamen Los Nuevos de Alfaguara (1997)

Premio Búho '97 a los Aragoneses del Año.

Premio de la Sociedad de Estudios Clásicos al Mejor Trabajo de Investigación (2005)

Mención especial del Jurado en el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza (2012)

Premio Sabina de Plata (2017)

Premio Ojo Crítico de narrativa (2019)

Premio Los Libreros Recomiendan (2020), en categoría de no ficción, por El infinito en un junco.

Premio Nacional de Ensayo (2020) por El infinito en un junco. ​

Premio de Literatura José Antonio Labordeta (2020)


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   La imaginación no es una virtud imprescindible para el escritor, y ni siquiera puede decirse que sea en exceso frecuente. La poesía y el arte dramático suelen a menudo beneficiarse de la sobriedad imaginativa, y hasta más de una novela se ha visto perjudicada en su equilibrio por la búsqueda de la originalidad, ese espejismo que tantas veces se supone determinante en el éxito o el fracaso de una empresa verbal. Los narradores, tal vez más que nadie, acostumbran a tener conciencia o al menos intuición de una lacónica certeza: La realidad es limitada, el hombre es previsible, y las combinaciones entre una y otro han sido trajinadas de forma reiterada e implacable por todas las literaturas.

   Muchos escritores aceptan la monotonía de esas reglas del juego, que nunca han impedido la fortuna de un texto memorable; otros las trasgreden, casi siempre por el recurso de proponernos realidades alternativas o fantásticas, que no pocas veces adoptan el carácter de utopías o de espejos deformantes de esa insistente realidad que intentan eludir. Una poética no invalida la otra, ni puede recomendarse con mayor entusiasmo o convincentes argumentos: desde Aristóteles, sabemos que la única servidumbre que debe cumplir una historia es la verosimilitud; desde Platón, que la única exigencia de la verdad es la belleza.

   Una tercera parte de los fabuladores –desconocida entre los clásicos, pero ejercida con agradecible frecuencia en la literatura de los últimos dos siglos- opta por el camino del medio, que requiere un agudo entrenamiento intelectual, una cierta perfidia (en el sentido de infidelidad al origen que hay en toda conducta elaborada) y, desde luego, la pérdida de la inocencia (llámese ésta inspiración o, más cercana a nosotros, automatismo surrealista). El método consiste en fingir que se acepta la monotonía de lo real, hasta el punto de huir de todo prodigio excesivo o escenografía gótica, pero destilando al mismo tiempo cierto ingrediente ajeno a la receta, la mancha borrosa de alguien que no acaba de revelarse en la foto, la denuncia de los recovecos del tiempo, la acechanza de un objeto extraviado, el mínimo error de cálculo que no derrumba la casa, pero virtualmente puede hacerlo en el momento siguiente.

    La dificultad de la apuesta es grande, pero no lo es menos su eficacia cuando se acierta con el delicado equilibrio que debe organizarla. El deslizamiento de lo ominoso en lo cotidiano, el elemento que no encaja, la fractura que no llega a desgarramiento, requieren una maestría más intachable cuanto más invisible, un escepticismo distante que disimule entre los pliegues de lo intrascendente y hasta en ocasiones banal, un narrador que se adelgace hasta desaparecer en la tersura de la narración.

   No hace mucho tiempo que descubrí a esta magnífica escritora, filóloga, profesora, ensayista y novelista. Resulta fascinante, por no decir increíble, que Irene Vallejo, a su corta edad, haya desarrollado una labor tan cargada de maestría. Leer su obra y escucharla en distintas entrevistas y conferencias disponibles en la red de internet, es una delicia, por su frescura, su sabiduría y su elocuencia. Su dominio de la Historia Clásica y cómo la explica, resulta muy enriquecedor.

  Qué suerte tienen sus alumnos y qué suerte tenemos todos los que podemos leerla y escucharla. Desde aquí me voy a permitir sugerir a todos los políticos de nuevo cuño, que parecen hablar desde sus poltronas como únicos poseedores de la verdad, en discursos plagados de mediocridad y narcisismo, que lean a Irene Vallejo, aunque sea un rato cada día. Seguro que algo se les queda.

Petrus Rypff


"Ese momento cuando terminas de leer un libro, miras a tu alrededor, y te das cuenta de que todos están ocupados con sus vidas. Es como si a nadie le importara que acabas de sufrir un trauma emocional, por culpa de un libro".





Las mariposas acuden a tu estómago no sólo cuando te enamoras, también cuando lees un buen libro.

(PETRUS RYPFF)



1. “Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos”Sir Francis Bacon.

2. “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres". Heinrich Heine. 

3. “Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía”. John Fitzgerald Kennedy

4. “Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran". André Gide. 

5. “Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”Mario Vargas Llosa

6. “Carecer de libros propios es el colmo de la miseria"Benjamin Franklin.


El Libro

   Era el momento, había que subir al ático y buscar el libro. Salí al patio y subí los treinta y nueve escalones de piedra fría. En el camino me topé con el polvo y las largas telas tejidas pacientemente por las arañas. Pero nada me detendría, ni las arañas ni la inercia. Debía encontrar de nuevo el camino a casa o moriría en este mundo perdido en la nada. Poco a poco, conforme fui subiendo, el aire se hizo menos enrarecido y un vientecito helado empezó a golpear mis oídos y mi memoria. Al final me topé con la maciza puerta de hierro. Con mano temblorosa giré la perilla y esta cedió fácilmente, sólo protestó con un crujido doloroso, producto del moho y del tiempo.
  -Seguro que ya ni recuerdan esta puerta - pensé, pues la llave no está puesta. Al llegar a la amplia azotea me golpeó el viento ululante de la tarde y sin pensarlo dos veces busqué la puerta del ático. Con cuidado entré en ese recinto oscuro, donde el tiempo pareciera haberse detenido. Había baúles por doquier, restos de vidas pasadas, ropas y enseres en desuso. Entre todo ese laberinto de objetos me abrí paso y al final tirado entre varias vasijas, antaño pequeñas ánforas sumergidas, ahora medio rotas, encontré el libro. Había sido un largo camino y al cogerlo entre mis manos recordé cómo era cuando lo vi por vez  primera, nuevo y reluciente. Ahora lucía viejo y ajado, con las páginas sueltas y desvencijadas, con las huellas de haber sido leído miles de veces. Pero no importaba, allí estaba. Lo abrí en cualquier página y de pronto una luz resplandeciente lo inundó todo y el cuartucho me pareció menos oscuro y lúgubre. Poco a poco me sumergí en ella y mi cuerpo se fue desvaneciendo y al fin me fui alejando de aquel lugar, de aquel mundo. ¿Adónde me conduciría?...

Los Libros

   Generalmente los libros elevan. Por eso también calzan mesas cojas y sofás desvencijados.  Para algunos la montaña de libros tan sólo forma parte del muro que les impide ver la realidad. Árboles que no dejan ver el bosque.

   Depende de los libros. Algunos, más que elevar, sólo cavan fosas comunes a los pies: Mein Kämpf de Adolf Hitler, Técnica del colpo di Stato de Curzio Malaparte, o El libro rojo (毛主席語錄Máo zhǔxí yǔlù) de Mao. Son libros plagados de errores intelectuales, morales y éticos, y de ideas criminógenas sobradamente comprobadas por la historia.

   El Corán o la Biblia, si son el único libro, también han llegado a justificar los crímenes más horrendos de las mentes más oscuras.
 No bastan un puñado de libros para ver por encima del muro de la ignorancia, del odio, de la violencia.

   Sin compasión, sin razón, no somos nada por muy enanos a hombros de gigantes que nos sintamos, tras leer tan sólo unos pocos libros. Pero por unos pocos libros se empieza…y la vida es larga.


La estantería

  Siendo aún pre-adolescente me pasaba horas en la librería del pueblo, sentado con mi pantalón corto en el suelo, para alcanzar los libros de las baldas más bajas de las estanterías, que eran mis favoritos. Miguel los ponía allí, al final del pasillo para que no estorbara a los pocos clientes que entraban en la tienda, a sabiendas de que mis visitas no eran para poco tiempo.

 Recuerdo que  un día entró una señora muy bien vestida, o al menos eso pensaría ella porque yo la veía como un adefesio. La buena señora pidió a mi amigo Miguel, el librero, dos metros y medio de libros. Miguel quedó anonadado pues, como me contó después, era la primera vez en 35  años que le hacían una petición tan extraña, pero, como el cliente siempre tiene la razón, preguntó a la señora sobre el tipo de libros que quería, si le interesaban de novela, poesía, historia, teatro, relatos, cuentos, viajes...La señora interrumpió al librero y dijo: - ¡Dios Santo!, ¿Hay libros de tantas clases?, mire, a mí me interesan sólo las portadas, los lomos o como se llame esa parte de los libros que se ve si miras de frente la estantería. Es que me acaban de poner los muebles en la sala de estar de casa, son de color caoba, sabe usted, y las paredes son de color salmón, así que usted verá, los quiero todos del mismo tamaño y que queden a juego con esos colores, ¿me ha entendido? -

 - Sí señora, perfectamente - Miguel rió para sus adentros y tomó buena nota del pedido de la señora, se acordó de una enciclopedia que aguardaba a ser vendida varios años, una Expasa descatalogada, editada hace no menos de tres décadas. La consiguió en un anticuario de Madrid por cuatro duros y ahora iba a ser su gran oportunidad de lucir en una casa de postín. La longitud de todos los libros, apilados uno junto a otro, quizás sobrepasaba la medida solicitada por la señora, pero como a ella le daría igual, con quitar algunos tomos del final el problema quedaría resuelto. Dirigiéndose a la buena e "ilustrada" señora le dijo:

  -Tendrá su encargo en casa a eso de las seis esta misma tarde, mi aprendiz y yo le dejaremos los libros perfectamente colocados en esa magnífica estantería que con tanto gusto ha comprado usted -. 

  No sabía que Miguel tuviera ningún aprendiz de librero pero, al mirarme con una sonrisa pícara, caí en la cuenta.

(Petrus Rypff)


 

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