jueves, 31 de diciembre de 2020

CIELO, TIERRA E INFRAMUNDO

 

  

En este lienzo de Francesco Botticini sobre la Asunción puede verse la división del universo en diferentes reinos (Cielo, Tierra e Inframundo)

  En el meollo de todas las mitologías encontramos la creencia en un reino sobrenatural, más allá de nuestras vidas terrenales. típicamente este "otro mundo" precede a la humanidad y es la fuente de todo ser, el alma del universo que da sentido a nuestras existencias. En él nacen los dioses, los monstruos y la magia que constituyen el corpus mitológico.

   Casi todas las mitologías se ocupan de la cosmología; dónde se originó nuestro universo y cómo terminará. En muchas, el universo está dividido en varios estratos: normalmente tres: el reino de los dioses (denominado "cielo"), la tierra donde mora el hombre y algún tipo de inframundo ("infierno"). En algunas tradiciones tempranas (mesopotámica y helénica), estos niveles emergieron del caos, el estado primordial del universo, por la intervención de los dioses.



   En la mitología griega, por ejemplo, el cielo era denominado "Éter"; la tierra, "Gaia" y el inframundo, "Tártaro" (nombres también de los dioses correspondientes). En otras mitologías aparecían más niveles. En las sagas nórdicas, por ejemplo, se habla de nueve mundos dispuestos alrededor del descomunal fresno Yggdrasil. La yoruba, en cambio, sólo hacen distinción entre lo físico (aiye) y lo invisible (orun).

   Los estratos superiores e inferiores del universo son habitados por los dioses y resultan inaccesibles para el hombre (por lo menos, en tanto vivo). Los panteones de dioses y la historia de cómo un dios dominó a los demás a través de la fuerza, el engaño o la inteligencia son comunes a casi todas las mitologías. En el caso de la antigua Grecia, era Zeus (denominado Júpiter en Roma); en la mitología escandinava, Odín. En cambio, cada ciudad de Mesopotamia (el actual Irak) tenía su dios principal, aunque todas compartían una sola mitología.

   No obstante, los dioses menores desempeñaban papeles importantes. A menudo se contaban por centenares (caso de los aztecas), con funciones individualizadas. En casi todos los panteones hay figuras relativas a las emociones y actividades humanas básicas: amor, fertilidad, música, arte o lluvia; sin olvidar el agro, los partos o la guerra.

   Hay dioses con comportamientos decididamente humanos: celosos, pendencieros e incluso mezquinos. Los hermanos se pelean (Zeus y los suyos), los hijos se rebelan contra sus padres y éstos devoran a su prole. De vez en cuando, alguna deidad menor se rebela ante la autoridad del dios principal, dando lugar a una escaramuza celestial; para muchas divinidades, algo rutinario. Hasta en el monoteísmo judeocristiano, Satán se rebeló contra Jehová, lo que le valió ser arrojado al averno.

   Junto a los dioses encontramos a otros seres, los pícaros divinos. El Coyote de los cuentos nativos norteamericanos, el Loki de los mitos nórdicos o el Mauri en las tradiciones polinesias son ejemplos de personajes impredecibles que lo mismo embaucan que ayudan. En cualquier caso, aportan frivolidad a las narraciones mitológicas.

   Los monstruos, paradigma del caos ingobernable, son más peligrosos. Los dioses nórdicos, por ejemplo, están siempre batallando contra los Gigantes de Hielo. Casi siempre triunfan sobre estos elementos desestabilizadores (a veces con una mano que les echan los héroes) y restablecen el orden.


Thor luchando contra un gigante de hielo

   Además, en casi todas las mitologías aparecen criaturas medio divinas y medio humanas: ninfas, demonios, ángeles, gigantes, gnomos, elfos, espíritus, dríadas, hadas y demás. Una lista a la que se podría añadir las cuatro Musas clásicas o las Parcas.

 Aparte de los dioses, los cielos también cobijaban a astros y constelaciones. Los griegos aseguraban que los luceros eran los restos inmarcesibles de pequeñas deidades y de algunos humanos; el Sol era personalizado en Helios con su carruaje y la Luna era Selene. Los aztecas adoraban al sol, portador de vida, en la figura del rey de los cielos Tonatiuh. la deidad solar (normalmente simbolizada por un disco dorado), como era de esperar, está presente en muchas cosmologías, desde la diosa Sol germánica al dios hindú Surya, pasando por varios dioses primitivos egipcios.

   Intrigado por el movimiento aparente de las estrellas y las fases lunares, los hombres estudiaron los cielos en un intento de entender los fenómenos meteorológicos, conocer el universo y predecir el futuro. Los dioses de las tormentas (el nórdico Thor, el heleno Zeus, el hindú Indra, el yoruba Shango o el celta Taranis) fueron tenidos por especialmente poderosos. Los nativos norteaméricanos creen que las tormentas son provocadas por el Pájaro del Trueno al batir sus alas. Y en China, Lei Gong hace tronar batiendo su tambor.


Esta talla de madera representa a Shangó, dios Yoruba de rayos y truenos. Imagen cortesía de la galería Hamill de Arte Africano, Boston, MA

   Shangó fue el cuarto rey del antiguo Imperio Oyo, el centro de cultura y política de Africa Occidental, para el pueblo Yoruba. El Imperio Oyo prosperó del siglo XV hasta 1835. Hoy hay cerca de 30 millones de personas Yoruba en África occidental, la mayoría en Nigeria.

   Shangó fue un rey poderoso, pero algunas personas del Imperio Oyo pensaban que era injusto. Cuando dos de sus ministros lo desafiaron por el trono, Shangó huyó hacia el bosque. Vagó por el bosque durante mucho tiempo y eventualmente se colgó de un árbol. Tras la muerte de Shangó, las casas de sus enemigos fueron prendidas en fuego, probablemente por los amigos de Shangó. Pero algunos creyeron que Shangó había entrado en los cielos y enviaba fuego a la tierra. Fue así como Shangó llegó a ser conocido como el dios de los truenos y rayos. Como dios del trueno y rayos, Shangó tiene una energía poderosa. Con frecuencia aparece en ilustraciones con un hacha doble en su cabeza, el símbolo de un rayo, o es representado como un carnero feroz. La energía atronadora de Shangó se convirtió en un símbolo de resistencia de los Yoruba cuando en el siglo XIX muchos Yorubas fueron capturados en África como esclavos y los llevaron a las Américas.

   La antítesis de la tormenta es el arco iris, en todas las mitologías un símbolo de paz y de un puente. En él, los hindúes ven el arco de Indra. En el Gilgamesh se le describe como el collar de la Madre Ishtar, quien se lo pone en recuerdo de la Gran Inundación que diezmó a la humanidad, y en el Antiguo Testamento señala la alianza entre Jehová y el hombre tras el diluvio. Para los griegos era el viaducto de Iris que unía al cielo y la tierra, en tanto que en la mitología nórdica era denominado bifröst (camino tembloroso), una conexión entre los mundos de Asgard (cielo) y Midgard (tierra). En cierta medida es la metáfora perfecta: un nexo mental entre nuestro mundano entorno y el misterioso funcionamiento de los poderes celestiales.



Una diosa llamada “Iris” personificaba el arco iris en la mitología de la antigua Grecia. La mayoría de las obras de arte la representan en forma de un hermoso arco iris, o como una hermosa doncella. Llevaba alas en los hombros y normalmente llevaba una jarra en una mano. Su nombre combinaba las palabras griegas para “mensajera” y “el arcoíris” para significar su doble función. Algunos relatos la describen como una de las ayudantes de la diosa Hera. (Hera lleva asociaciones con el cielo)

   Los antiguos griegos consideraban a la diosa la contraparte femenina de Hermes. Ella sirvió como mensajera del Monte Olimpo. Ella usaba su jarra para recoger agua del océano y llevarla a las nubes. Algunas leyendas también sostienen que usó su jarra para recoger agua del río Estigia, el río sombrío que separa el mundo de los seres humanos del inframundo. Muchos griegos veían a Iris como un vínculo importante entre los mortales y el reino de los dioses.


La caída de Ícaro. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo

   Ícaro, hijo de Dédalo el constructor del laberinto del Minotauro, trató de huir con su padre de la isla de Creta con unas alas creadas por su padre que había pegado a la espalda con cera. Ovidio cuenta su historia en el libro VIII de las Metamorfosis (185-235:) "(...) el muchacho empezó a recrearse en su atrevido vuelo, abandonó a su guía y, arrastrado por sus ansias de cielo, remontó el vuelo. La proximidad del abrasador sol ablanda la aromática cera que sujetaba las plumas. La cera se ha derretido; agita Ícaro sus brazos desnudos, y, desprovisto de alas, no puede asirse en el aire, y aquella boca que gritaba el nombre de su padre es engullida por las azuladas aguas, que de él tomaron nombre".

   "Los cielos casi siempre están vedados al hombre"


Inframundo: El Reino de Hades (El Inferno Griego) - Mitología Griega 


¿Que hay después de la muerte? ¿El cielo o el infierno? ¿Existe Dios?



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