jueves, 10 de diciembre de 2020

ASISTENCIA PSIQUIÁTRICA REMOTA (I). MICRORRELATOS FANTASMALES (I)

 

ASISTENCIA PSIQUIÁTRICA REMOTA (I)


El primer hospital psiquiátrico del mundo



El Hospital de Ignoscents, Folls e Orats de Valencia: el primer hospital psiquiátrico del mundo

    Los manicomios hoy en día son lugares escasos, desaparecidos ya casi por completo en la actualidad, donde aquellas personas que sufren trastornos mentales o enfermedades psiquiátricas acuden o son ingresadas para tratar dichos comportamientos, enfermedades y causas con tratamiento psicológico, farmacológico y conductual. Pero no siempre, en la historia, ha sido así.

MICRORRELATOS FANTASMALES

1. Sonámbulos

   «Muchos de los pacientes de la residencia sufren demencia, pero hay uno que inquietaba a María especialmente. Durante el día es realmente dulce, pero por las noches habla en sueños. Normalmente lo hace con los ojos abiertos y es difícil distinguir si duerme o no. Habla sobre un chico muerto, sobre gente que no está allí y sobre una niña que duerme con él».

2. Sonrisa inquietante

   Relato de una enfermera novata: “Cuando empecé a trabajar en el hospital, me encargaron que me sentara con una mujer durante seis horas. En mitad del turno la cambiaron de habitación y, al llegar a la nueva, se puso muy nerviosa y agresiva. Intenté calmarla, pero nada funcionaba. Gritaba en latín cosas sobre posesiones, Dios y llamas. Finalmente se arañó toda la cara dejando un rastro de sangre”.

3. Paciente poseída

   «Teníamos ingresada a una joven paciente con varios problemas. La llamamos Jane. En su primera noche en nuestra unidad encontramos a Jane en un charco de sangre. Se había estado levantando su propia piel con las uñas. Todas las noches, antes de dormir, Jane tocaba las paredes y dibujada con sus dedos un crucifijo. Una de las noches, cuando un celador la escuchó gritar fue a ver qué ocurría. Al llegar, Jane estaba de pie en mitad de la habitación. Le preguntó qué ocurría y respondió “¿Qué te hace pensar que estás hablando con Jane?”.

4. Puñalada trapera

   Un paciente me relató que tenía tan sólo 17 años cuando entró por primera vez en un psiquiátrico, le asignaron un compañero de habitación un poco raro. “La segunda noche que dormí allí me dijo que era un "trabajador de Satán" y que podía hablar con él”.

   “Un día volví a la habitación y estaba destrozada por completo. Fui al baño y lo encontré en el suelo cubierto de sangre, desnudo. Había roto el espejo y usado los trozos para provocarse heridas. Me acerqué para ayudarle y me apuñaló con otro de los trozos de cristal. Se reía como un loco”.

5. Microchip en el cerebro

   Tuve una larga conversación con un paciente que creía que el gobierno le había implantado un chip en su cabeza que le hacía ser más inteligente. Aseguraba que estaba allí encerrado porque el gobierno no quería que se supiera.

6. Abusos

   Una amiga auxiliar de enfermería me contó hace poco que estaba trabajando en una institución mental en Navidad, hace unos años. Me tocaba bañar a una paciente con un largo historial de abusos. Cuando iba a meterse en la ducha, escupió en el suelo, se agachó para lamerlo y dijo "estoy lista, papá".

7. Arsenal escondido

   Una mañana encontramos una gran cantidad de cuchillos en la habitación de un paciente. Siempre escondemos esos objetos, pero se las apañan para robarlos. También encontramos todo un arsenal de armas hechas por él mismo escondidas en un cajón. Esbozó una sonrisa terrorífica y comentó: “Pensaba usar todo eso esta misma noche, tengo que salir de aquí”.

8. Misterios sin resolver

   Una noche trajeron a la puerta de urgencias a un chico que habían encontrado en un edificio abandonado por su extraño comportamiento. No tenía carnet, ni casa. Le pregunté su nombre y no lo sabía, pero afirmaba ser piloto de las Fuerzas Aéreas. Cuando le estaba contando a un compañero lo ocurrido, se quedó con la boca abierta. Él también había sido piloto y sólo los de más alto rango podían saber el nombre de la base y el comando del que el paciente afirmaba ser».


La fundación en Valencia del primer hospital psiquiátrico del mundo

J. J. López-Ibor

   Son varios los hospitales, países y culturas que reclaman para sí el privilegio de haber fundado la primera institución para atender a las personas que padecen enfermedades mentales. De entre todas ellas destaca por su originalidad el Hospital de los Inocentes fundado en Valencia en 1410, y hay razones históricas y culturales para reconocer su primacía.

   A estas hay que añadir que sus principios y modelo organizativo y funcional se extendieron como un reguero de pólvora por toda la Península Ibérica y muy poco después por la América Hispana. Durante siglos estos establecimientos se consideraron paradigmáticos y fueron copiados en otros países. Las desamortizaciones de principios del siglo XIX privaron a la Iglesia católica de sus propiedades, entre otras de los establecimientos hospitalarios y de las posibilidades de gestionarlos. Con ello empezó una ruina asistencial que tardó más de un siglo en empezar a recuperarse. En el presente trabajo se estudian las vicisitudes de la creación y desarrollo del hospital de Valencia que permiten sostener que realmente fue el primer hospital psiquiátrico del mundo.

 EL HOSPITAL D’INNOCENTS, FOLLCS I ORATS DE VALENCIA

   En Valencia se produjo un hecho que transformó para siempre el destino de los enfermos mentales en el mundo cuando fray Joan Gilabert Jofré, un religioso mercedario, pidió a sus feligreses protección y cuidados para los «locos e inocentes». La respuesta fue la creación del primer hospital psiquiátrico del mundo.   El viernes 24 de febrero de 1409 el padre Jofré se dirigía desde el convento de la Plaza de la Merced a la Catedral, donde debía pronunciar dos días después el sermón del primer domingo de Cuaresma. En el trayecto, probablemente en la calle Martín Mengod, antigua Platerías, próxima a la iglesia de Santa Catalina, llamó su atención un fuerte alboroto. Un grupo de jóvenes golpeaba y se burlaba de un hombre perturbado, al que gritaban «¡al loco, al loco!», de acuerdo con la entonces muy extendida creencia de que los locos eran posesos del demonio. Se interpuso entre los agresores y el agredido, protegió al hombre y se lo llevó a la residencia mercedaria, donde le dio cobijo y dispuso que le curasen las heridas. 

    El domingo siguiente en la catedral, dedicó una parte de su sermón a predicar en contra de «la persecución irracional y tanto más cruel cuanto más inocentes, impotentes e irresponsables son las víctimas». El Libro Becerro (manuscrito por Manuel Calvo de 22 de diciembre de 1848, Marco Merenciano, 1950) lo refiere en valenciano, en castellano sería:

  «En esta ciudad hay muchas y muy importantes obras pías y caritativas; una falta, sin embargo, y es muy necesaria; ésta es, un hospital o casa en donde los pobres inocentes y furiosos sean recogidos porque muchos pobres, inocentes y furiosos vagan por esta ciudad, los cuales pasan grandes penalidades de hambre y de frío y daños, porque debido a su inocencia y furor no saben ganar ni pedir el sustento que necesitan para su vida, y por eso duermen por las calles y mueren de hambre y de frío, y muchas personas malvadas, que no tienen a Dios en su conciencia; los injurian y señalan allí donde se los encuentran dormidos, los hieren y matan y abusan de algunas mujeres inocentes; sucede asimismo que los pobres furiosos hacen daño a muchas de las personas que andan por la ciudad. Estas cosas son conocidas de toda la ciudad de Valencia, por eso sería una cosa y obra muy santa que Valencia construyera un albergue u hospital en el que tales locos e inocentes estuviesen de tal manera que no deambulasen por la ciudad y no pudieran hacer ni recibir daño».

   El sermón fue escuchado por Lorenzo Salom (o Saloni), quien junto con otros comerciantes y artesanos aportaron los fondos necesarios para su materialización. Vale la pena recordar sus nombres: Bernardo Andreu, Juan Armenguer, Francisco Barceló, Pedro de Bonia, Sancho Calvo, Jaime Domínguez, Fernando García, Pedro Pedrera, Estaban Valenza y Pedro La Plana (Sempere). Poco después, el Consejo General de la Ciudad aprobaba la iniciativa. El asilo se ubicó en lo que había sido una casa con huerta en las afueras de la ciudad, cerca de la puerta Torrent, que pasó a ser conocida como la «Puerta de los Locos». Las obras comenzaron el 9 de mayo y enseguida se pudo contar con los permisos necesarios del rey Martín I El Humano: el primero para comienzo de la fábrica (diciembre de 1409), el segundo, el privilegio de dar por amortizados los bienes para la manutención y conservación (7 de febrero de 1410) y finalmente las Constituciones para su administración y gobierno (15 de marzo de 1410). A su vez, el papa Benedicto XIII autorizó el hospital en una Bula de 16 de mayo de 1410, en la que el hospital debía estar bajo la advocación de los Santos Inocentes Mártires, por cierto, los únicos canonizados sin tener uso de razón.

   El 1 de junio de 1410 se inauguró el hospital con el nombre de Hospital d’Innocents, Follcs i Orats bajo el amparo de la Virgen, Sancta María dels Innocents. El vulgo enseguida le llamó hospital de Nostra Dona Santa Maria dels Innocents.

   Hay que subrayar que los Santos Inocentes, mandados degollar por Herodes, eran niños menores de dos años. Fueron canonizados a pesar de no saber lo que hacían porque aún no habían alcanzado la razón y ponen de manifiesto que también para los privados de la razón hay un lugar en el Cielo.

   El 29 de agosto de 1414 se constituyó la Lloable Confraria de la Verge Maria dels Innocents, formada por cien sacerdotes, trescientas mujeres y otros tantos varones para recaudar los fondos para el funcionamiento del hospital.

   Los miembros de la Cofradía, muy generosos, por cierto, ampliaron sus actividades para asistir al entierro de los dementes y cofrades y proporcionar consuelo espiritual y cristiana sepultura a los condenados a muerte y doña María de Castilla, esposa de Alfonso el Magnánimo, rey de la Corona de Aragón, concedió que atendieran a náufragos, desamparados y prostitutas. La Cofradía creció tanto que hubo que crear otro hospital para toda clase de marginados.


Imagen del concepto que tenemos de los manicomios por culpa del cine o la literatura. 

   Pero resulta que, en realidad, su origen fue tan beneficioso como revolucionario, además de que tenemos la suerte, o no, depende de cómo se mire, de ser la ciudad que regentó el primer recinto de estas características. Así que, dicho esto…¿Sabéis cuál fue el primer manicomio del mundo? Sí, en efecto, fue en Valencia. Y resulta también, que en nuestro pasado del Reino de Valencia, así como en la cultura medieval del resto de Europa, las personas que hoy podríamos considerar como enfermos mentales, se decía que estaban poseídos, y eran apartados del resto de presos normales por miedo a que esta posesión tomara parte también del cuerpo del resto de los presos.

   En 1512 el Consejo de la ciudad de Valencia decidió unir todos los hospitales de la ciudad y amplió su cobertura a los enfermos de todas clases y expósitos, pasando a denominarse Hospital General. El hospital de Valencia quedó destruido por un incendio en 1545, en el que perecieron 30 internos, y fue reemplazado por un nuevo hospital. Éste, por cierto, poseía un departamento especial para niños, hecho insólito en su época. Mucho más tarde, y en virtud de la ley de 20 de junio de 1849 su dirección y administración se encargó a una comisión delegada de la Junta Provincial de Beneficencia, conociéndose desde entonces como Hospital Provincial.

   En 1646 una epidemia se extendió por la ciudad, afectando incluso al virrey, el Conde de Oropesa, el cual se encomendó a la Virgen de los Desamparados a raíz de lo cual cesó la epidemia. Esto determinó consagrarla Patrona de la ciudad y del Reino y que se le construyera en 1667 el templo, hoy Basílica, junto a la Catedral.

 

JOAN GILABERT JOFRÉ

   Joan Gilabert Jofré, nació en la calle que hoy lleva su segundo apellido en el centro de Valencia el 24 de junio de 1350. Fue bautizado en la parroquia de San Martín, próxima a su casa, y pronto tomó contacto con la Orden Mercedaria, cuyo convento estaba entonces en una céntrica plaza de la ciudad.

   Estudió leyes en Lérida y en 1370 solicitó en el Monasterio de Santa María de El Puig (cercano a Valencia) entrar a formar parte de la Orden Mercedaria. Se le impusieron los hábitos y cinco años más tarde, tras haber estudiado teología, fue ordenado sacerdote. Los religiosos de la Orden de la Merced, fundada en el año 1218 por San Pedro Nolasco, tenían como actividad principal el rescate de cristianos cautivos de los moros.

En 1887, Sorolla presentó como trabajo final de pensionado la pintura que representa a Fray Juan Gilabert Jofré amparando a un loco perseguido por unos muchachos, que le supuso una prórroga de la pensión. 

El fraile salió en defensa de los dementes y al llegar a la Catedral realizó un sermón en favor de los locos y furiosos que vagaban por la ciudad y no tenían asistencia alguna:

“…en la present ciutat ha molta obra pia e gran caritat e sustentació: empero una hi manca, qui es de gran necesitat, ço es un hospital o casa hon los pobres ignoscents e furiosos fosen acullits. Car molts pobres ignocens van per aquesta ciutat, les quals pasen grans desaires de fam, fret e injuries. Per tal, com per sa ignoscencia e furor no saven guanyar ni demanar lo que han menester per sustentació de llur vida; e per ço dormen per les carreres e pereixen de fam e de fret, e moltes malvades persones, no havent Deu davant les ulls de sa consciència, los fan moltes injuries e enuigs; e moltes malvades persones, no havent Deu davant, senyaladament ahon los troben adormits los nafren alguns, e a algunes fembres ignoscens ahonten. E aixi mateix les pobres furiosos fan dany a moltes persones anants per la ciutat, e aquestes coses son notories a tota la ciutat. Per que seria sancta cosa e obra molt sancta que en la ciutat de Valencia fos fet una habitació o hospital en que semblants folls e ignocens estiguesen de tal manera que no anassen per la ciutat, ni poguessen fer dany n’ils ne fos fet…” (Libro Viejo de las Constituciones del Hospital General)

   El padre Jofré fue un brillante orador y dedicó buena parte de sus sermones a pedir apoyo para los necesitados. Gestionó en varias cortes europeas, en Borgoña y Perpignan la liberación de presos y esclavos junto con su correspondiente rescate. Siendo vicario del convento de Lérida solicitó en 1391 al rey Juan I su intercesión en favor de los cautivos. Intervino en los problemas pontificios de Avignon. Fue compañero de San Vicente Ferrer en muchas de estas actividades. También se dedicó a los pobres y desamparados, fundó un hospicio para niños abandonados en Valencia en 1410 y una hospedería para peregrinos pobres en el monasterio de El Puig en 1416, donde murió en 1417. Sus restos fueron depositados en la iglesia de este convento. El 20 de octubre de 1946 fueron trasladados desde el cementerio al Monasterio y con tal motivo hubo solemnísima reunión de los Caballeros de la Cofradía de Caballeros de Nuestra Señora de El Puig.

   El padre Jofré ha sido una de las figuras más importantes de la orden mercedaria. En la cubierta del casilicio que se erigió en 1670 en Valencia en memoria a San Pedro Nolasco aparecían San Pedro Pascual y fray Gilabert Jofré, ambos frailes mercedarios, y la reina doña Teresa Gil de Vidaure. El monumento fue destruido por la francesada, como tantos otros, en 1809.

   Hay en Valencia una estatua del padre Jofré, que estuvo en la antigua sede del Hospital Provincial, luego en el nuevo edificio en la avenida del Cid, hasta que en 1977 volvió a su emplazamiento primitivo.

Estatua de Joan Gilabert Jofré en el Hospital General de Valencia.


No hay comentarios: