martes, 10 de noviembre de 2020

LA EROTOMANÍA

 

LA EROTOMANÍA



   La palabra erotomanía procede del griego: érōs, érōtos, 'amor sexual' y -manía, 'locura', esto es, un trastorno mental causado por el amor, en el que el que padece este trastorno, también conocido como Síndrome de Clérambault, cree de forma obsesiva que mantiene una relación de amor imposible con una persona habitualmente de una posición social superior o un famoso, que resulta inalcanzable y con la que se ha tenido poco o nulo contacto, como puede ser una figura política, social (un actor o actriz, por ejemplo) o incluso un médico. Este trastorno delirante es poco común y se presenta más en mujeres que en hombres.

   Una persona con erotomanía tiene la creencia delirante de que otra persona está enamorada de él o ella a pesar de que existen evidencias claras en contra de este pensamiento. Se trata de una ilusión. Se presenta más en mujeres que en hombres, que padecen a su vez un trastorno delirante o esquizofrenia.

Causas

    Puede ser un síntoma de una enfermedad psiquiátrica, como la esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno depresivo mayor con características psicóticas o el trastorno bipolar. Según los últimos estudios, las redes sociales pueden exacerbar las posibilidades de inicio de este trastorno, pues eliminan algunas barreras entre personas desconocidas y pueden usarse fácilmente para observar, contactar, acechar y acosar a otras personas.

Síntomas

    El síntoma clave de la erotomanía es la creencia resuelta y delirante de que otra persona está enamorada del paciente. Su comportamiento incluye así esfuerzos persistentes para contactar a través de todos las formas posibles, offline y online. Estas personas pueden representar una amenaza para el objetivo de afecto.
  La erotomanía puede comenzar de repente, y los síntomas suelen ser de larga duración.

Diagnóstico

    El diagnóstico es complicado debido a que se trata de una patología un tanto insólita y es posible que ni siquiera los expertos sepan reconocer los síntomas cuando los ven.


Tratamiento

    Tratar el trastorno delirante puede ser difícil porque los afectados no son capaces de ver que sus creencias e ilusiones son infundadas, por lo que pocas personas afectadas buscarán tratamiento por sí mismas. El tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada persona y debe centrarse en mantener las relaciones sociales, minimizar el riesgo de conductas problemáticas y mejorar la calidad de vida del paciente.

   También puede incluir medicamentos (antipsicóticos, antidepresivos o ansiolíticos), terapia y hospitalización. Esto último es necesario si la persona afectada se convierte en un peligro para sí misma, para el afectado o para cualquier otra persona. 

Orígenes

   La erotomanía fue descrita por primera vez a primeros del S.XX por el psiquiatra Gaetan Gatian de Clérambault (1872-1934), que fue también un reconocido fotógrafo y pintor, pues tenía gran interés por el arte.

   Su trabajo en psiquiatría se centró en las alucinaciones y delirios, describiendo el síndrome erotomaníaco en 1921 como passionnelle psychose o psicosis pasional en el tratado Les Psychoses Passionelles. Clérambault se suicidó con un arma de fuego el 17 de noviembre de 1934 en una comuna al suroeste de París.
   

Gaëtan Gatian de Clérambault fue un psiquiatra, etnólogo y fotógrafo francés. Nació el 2 de julio de 1872 en Bourges y se suicidó el 17 de noviembre de 1934​ en Malakoff. Clérambault ganó su tesis en 1899. En 1905 se convirtió en asistente médico en la enfermería especial para los enfermos mentales de Policía de la Prefectura. Desde 1920 fue jefe de esta institución.

   Aparte de sus estudios psiquiátricos, fue un consagrado pintor y escribió sobre las costumbres de diversas tribus nativas. También fue un fotógrafo profesional, y es recordado por una gran cantidad de fotografías tomadas en Marruecos de su población. Estas fotos fueron expuestas más tarde en el "Musée de l'Homme" y, en 1990, en el Centro Pompidou de París. Durante un período de tiempo Clérambault impartió clases en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts.

   Por sus acciones durante la Primera Guerra Mundial, Clérambault fue condecorado con una cruz de la Legión de Honor, así como con la "Croix de Guerre". Se suicidó por arma de fuego el 17 de noviembre de 1934 en Malakoff, una comuna al suroeste de París.

   Se le recuerda por sus estudios en la sintomatología psicótica, el desarrollo de un sistema teórico en el que se vinculó la comprensión de las características fundamentales de los síntomas psicóticos con una descripción de los presuntos procesos neuronales subyacentes. Estos procesos neuronales se manifiestan en comportamientos aberrantes de la conectividad neuronal. Clérambault proporcionó una taxonomía completa de los síntomas psicóticos sobre la base de rasgos sutiles y matices, que ordenó como un complejo sistema de categorías, subcategorías, grupos y subgrupos.

  En última instancia, todos los síntomas categorizados podían ser definidos por una característica única y común, su autonomía / automatismo natural. Los síntomas psicóticos se rían como "automatismos".

  Clérambault creía que dichos automatismos pueden suceder en un contexto de normalidad, o durante los procesos de pensamiento anormales cuando el sistema nervioso se ve desafiado. Por lo tanto, en el contexto de los automatismos, los límites de la psicosis y la funcionalidad normal se redefinen.

  El famoso psicoanalista francés Jacques Lacan declaró que su "entrada al psicoanálisis", se debía en gran parte a la influencia de Clérambault, a quien consideraba como su "único maestro en psiquiatría".


Síndromes

 - Síndrome de Clérambault; (también llamado erotomanía) la condición de una persona que tiene la certeza de que una persona está enamorada de él. Descrito por de Clérambault en su publicación Les Psychoses Passionelles de 1921.

 - Síndrome Kandinsky-Clérambault; un confuso estado clínico en el que el paciente cree que su mente está siendo controlada por otra persona o por fuerzas externas a él. Síndrome nombrado junto con el médico Ruso Victor Khrisanfovich Kandinsky (1849–1889).


Demulti (doble) las sesiones de rodaje de Gaëtan Gatian De Clérambault (Marruecos, 1918-1919)


05 de mayo de 2014_GALERÍA LA BOXSGAËTAN GATIAN DE CLÉRAMBAULT

    Una de las raras exposiciones monográficas dedicadas exclusivamente a la obra fotográfica de Gaëtan Gatian de Clérambault jamás organizadas. Reúne alrededor de un centenar de grabados originales de los años 1918-1919, motivados por la combinación de varios factores: una lectura del fondo, el tema perseguido por Clérambault y su protocolo de trabajo.

   Gaëtan Gatian de Clérambault fue durante su vida considerado un Maestro y un Señor, una atalaya iluminada de la psiquiatría francesa moderna, antes de convertirse en una figura de leyenda. Debido en parte a las dramáticas circunstancias de su muerte por suicidio en 1934, esta leyenda fue luego esquematizada según dos lados difíciles de reconciliar, uno sulfuroso y algo diabólico de un voyeur y un supuesto fetichista, el otro angelical y torpemente hagiográfico.

   Uno de los objetivos de esta exposición es buscar la distinción entre cosas, especialmente en lo que respecta al cuerpo de fotografías tomadas en Fez en 1918-1919, ya que este cuerpo de trabajo, para siempre inacabado, habría contribuido a la articulación de uno u otro de los lados antagónicos de esta leyenda paradójica.

   De hecho, Clérambault fue famoso desde los años veinte por su docencia clínica, así como por sus numerosas publicaciones en revistas científicas y más de un centenar de comunicaciones ante sociedades psiquiátricas eruditas. Fue especialmente famoso por su trabajo como médico certificado en la Enfermería Psiquiátrica Especial de la Prefectura de Policía de París, donde escribió una obra abierta, un poco gongórica, preciosa y precisa, día tras día, durante casi cuarenta años, más de trece mil certificados médico-legales inéditos, tantos diagnósticos de internamiento de asilo correspondientes a tantos pacientes en crisis (alucinados o psicóticos) que la policía recogió en la ciudad y le trajo a lo largo de su carrera .

    Clérambault es, en la historia de la psiquiatría francesa, reconocido como director de escuela, un clínico ejemplar y brillante, pero el reconocimiento de su obra fotográfica será, en cambio, mucho más marginal y tardío. Más que en el laberinto de la psiquiatría, es en la fotografía donde percibimos a Clérambault el esteta visual. Aquí es donde su lector se convierte en su espectador. Sin embargo, esta dimensión formalmente iconográfica de Clérambault, su obra etnofotográfica, todavía merece ser estudiada y explotada más.

   Siguiendo los hilos y pliegues de Clérambault, la ambigüedad y alcance del tema de esta exposición cubre los campos de la medicina, la etnografía, el orientalismo y el colonialismo de la época, de la iconografía artística y recurso plástico a los planos y volúmenes del tejido. Esta exposición reúne un centenar de grabados originales de los años 1918-1919, motivados por la combinación de varios factores: una lectura del fondo, el tema perseguido por Clérambault y su protocolo de trabajo.

Antonio Guzman


RECONOCE QUE ME AMAS

   Cloti es la mediana de tres hermanos, un varón y una mujer. Nació de una gestación sin incidencias y un parto a término sin ninguna complicación. No se observó ninguna alteración en su desarrollo psicomotor. Fue escolarizada a la edad de cinco años, terminando hasta el bachillerato en su ciudad de origen y desplazándose posteriormente a nuestra ciudad para comenzar los estudios universitarios.

   Recuerda su época del instituto como problemática ya que dos de sus mejores amigas fallecieron mientras estudiaban, una de un cáncer ovárico y otra se suicidó mediante una ingesta masiva de fármacos que tomaba su madre. Estas dos pérdidas fueron muy sufridas por Cloti, sobre todo la segunda por la forma en que se produjo, nadie sospechó que quisiera acabar con su vida. No ha tenido hasta la actualidad ninguna pareja estable.

 En la primera entrevista en la consulta se autodefinía como una persona “melancólica”, extrovertida, interesante y algo especial, “soy como diferente a los demás”. “Reconozco que a veces utilizo la enfermedad (sufría una enfermedad inflamatoria intestinal) como refugio, si no quiero hacer un examen pienso en que me dé un brote y claro, me da”. Refería soportar poco la crítica de los demás y tener poca confianza en sus propias posibilidades.

   El motivo por el que fue derivada desde el Servicio de Medicina Interna de Digestivo en 2001 era porque, añadido a su enfermedad inflamatoria intestinal, que había requerido ya tres intervenciones quirúrgicas, amén del tratamiento inmunosupresor y esteroideo, desde hacía al menos un mes presentaba síntomas depresivos y ansiosos y por ello precisaba estudio y valoración por nuestra parte.

  Como decía anteriormente la paciente era residente en nuestra ciudad por estar estudiando una carrera universitaria. Su lugar de procedencia era lejano, vivía en un apartamento con su hermana, la cual trabajaba fuera de la ciudad y sólo volvía los fines de semana.

   A la exploración la paciente presentaba sintomatología depresiva con ánimo triste, llanto fácil, apetito disminuido, ideación autolítica no elaborada, anhedonia, insomnio de conciliación y refería momentos de euforia que pudieran ser producidos por la toma de corticoides. Entonces no refería alteraciones de la sensopercepción ni otros síntomas psicóticos.

   Fue seguida en nuestro equipo, con diagnóstico de Depresión Mayor Recidivante de intensidad moderada e instaurándose tratamiento con diferentes antidepresivos y ansiolíticos, con evolución tórpida.

   A finales de 2002 la paciente comenzó a presentar cuadros de ansiedad crítica que le hicieron acudir al Servicio de Urgencias de un modo continuado, se objetivó también un cambio de carácter, estando más irascible y con poca contención emocional.

   Se rehistorió a la paciente buscando otros problemas que le hubieran llevado a esta situación. Comentó que su hermano mayor estaba diagnosticado de un trastorno psicótico, pero nunca aportó ningún informe de él. En esa ocasión el contacto era ligeramente ansioso, presentando una actitud seductora, con un aspecto externo muy cuidado, era llamativo que no se quitó las gafas de sol que traía puestas en ningún momento, y se mostraba sonriente y ligeramente suspicaz.

   Intentando reordenar un poco su historia, refirió que además de sus dos íntimas amigas fallecidas en el pasado, hay otra persona muy importante en su vida y que hasta entonces no había nombrado porque, según ella, nadie se lo había preguntado, se trataba de un médico residente de cirugía que estuvo presente en la operación “que le salvó la vida” debido a un megacolon tóxico. Este cirujano residente fue el encargado de llevar el post-operatorio y por lo que comentaba la trató con gran profesionalidad y atenciones, lo que ella comenzó a interpretar como señales de que él se estaba enamorando de ella.

   Habían pasado más de cinco años de aquella intervención, pero la paciente confesaba que se sentía atraída de una forma muy intensa por ese médico, a pesar de que jamás mantuvieron una relación fuera del ámbito estrictamente profesional. Desde entonces ella ha venido pensando que él está también enamorado de ella porque la clave está en que “él me tocó mis entrañas, me sentí violada por él, él me violó, porque yo estaba dormida (en la intervención) y no le di permiso para hacerlo. Desde ese momento hasta hoy lo he sentido así”.

   Comenzó a relatarme entonces que llevaba unos meses que tenía “flashes”, siempre en relación con él, argumentando que sabía cuándo estaba de guardia, dónde se encontraba e incluso que hacía poco tiempo había tenido un “flash” donde le veía a él junto a una mujer y dos niños. A los pocos días de esto lo vió en la calle con la que era su esposa y sus dos hijos, “era la imagen que le había venido”, eso significaba que él realmente estaba enamorado de ella porque se lo transmitía en forma de imágenes.

   Desde ese día toda la clínica se agudizó y comenzó a aumentar su ansiedad, reproduciéndose las crisis de pánico y estando su objeto "amado" permanentemente en sus pensamientos. Durante ese episodio, me comenzó a traer objetos tales como una firma en una cuartilla que ella decía ser de él de cinco años atrás y que se la firmó porque la quería. Era una prueba irrefutable. Recibía llamadas en su casa que se cortaban y que eran de él para comunicarle su amor.

   La paciente entonces le empezó a escribir cartas e indagó dónde vivía y cuál era su teléfono, llegando a hablar incluso con su mujer para explicarle lo sucedido con todo lujo de detalles.

    Cloti comenzó entonces a aislarse y a no salir con sus amigos, porque tenía mucho que pensar, ya que se daba cuenta de que su vida giraba alrededor de él.

    En ese periodo cité a la paciente semanalmente, indicándole que acudiera con algún familiar, aprovechando que la madre se encontraba en la ciudad por una temporada. Al interrogar a la madre ésta ratificó la versión de su hija, “es que este hombre es un seductor y nunca quiere hablar con mi hija, por algo será…”, lo que reforzaba aún más los pensamientos de Cloti. Su madre además apostillaba que su hija también tenía visiones premonitorias últimamente y que se cumplían siempre. No admitía que su hija estuviera enferma y por lo tanto que precisase medicación, centrando su demanda en que comía poco y dormía mal.

   Propuse introducir medicación antipsicótica lo que fue rechazado de pleno tanto por la familia como por la paciente, aun argumentando que se trataba de que ella estuviera más tranquila y más centrada.

  El trabajo se centraba pues en intentar desplazar el objeto sin que éste desapareciera totalmente de sus pensamientos, puesto que, como ella refería, él es el porqué de toda su vida. Continué trabajando semanalmente con ella, con resultados poco esperanzadores en cuanto a su resolución, pero mejoró su vida social y el nivel de ansiedad. Se trataba de que hiciera una vida lo más normal posible.

   El juicio clínico de Cloti era “Trastorno delirante tipo erotomaníaco” (F22.0 según la CIE-10). Aunque no le di el alta hace dos años que no acude a consulta, me puse en contacto con su madre que me dijo que se había trasladado a otra ciudad y que le iba “estupendamente”, hecho que acepté sin hacer más preguntas, pero, albergo serias dudas de que la situación se haya resuelto.


OPINIÓN PERSONAL:

   Quiero resaltar con el caso de Cloti lo importante que es, cuando abordamos a un paciente por primera vez, no dar por sentado todo lo que nos cuenta de la información recogida previamente, incluso en informes clínicos realizados por otros profesionales. Ha de ser tenida en cuenta esa información, pero siempre debemos rehistoriar al paciente, no tomar como dogma de fe el diagnóstico realizado en otras ocasiones, que pudiera estar equivocado y formar parte de un estigma que acompañaría a la persona de por vida. Todos podemos equivocarnos en un juicio diagnóstico y condenar con ello a un tratamiento que puede lastrar la vida futura de ese sujeto y lo que es peor, que se autoconvenza de tener un problema de salud mental que tiene, con las consecuencias que este hecho puede tener en sus aspiraciones personales, en sus relaciones sociales y en su autoestima. Estoy convencido de que Cloti habría mejorado con el tratamiento antipsicótico propuesto, pero ella es la única dueña de su destino y es libre para decidir lo que quiera hacer con su vida, a pesar de que ésta sea peor que con un abordaje terapéutico concreto.

   El trastorno delirante erotomaniaco suele responder mal a los antipsicóticos, que raramente hacen desaparecer totalmente el delirio, pero sí hacen que el paciente lo lleve de otra manera, con menos repercusión emocional y en su funcionamiento cotidiano. Se trata a mi juicio de combinar los fármacos con citas cortas en tiempo y espacio y trabajar el desplazamiento del objeto. Hay publicaciones donde ha sido efectivo el propiciar una entrevista entre la paciente y el objeto mediada por el terapeuta. Se lo propuse en su día a Cloti pero al igual que hizo con los fármacos, declinó taxativamente mi ofrecimiento. Otra vez será…






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