martes, 3 de noviembre de 2020

ESTADOS UNIDOS, UN PAÍS DIVIDIDO. ¿SIGUE VIGENTE LO DEL "SUEÑO AMERICANO"?

 


¿SIGUE VIGENTE LO DEL "SUEÑO AMERICANO"?



   Para un servidor, el que exista un presidente tan retrógrado como Donald Trump, con un CI (IQ para ellos) tan cortito, aunque se haya forrado con sus "sucios negocios", es difícil que alguien pueda vivir ese sueño, a menos que al llegar allí seas un "privilegiado" con recursos económicos o intelectuales que te faciliten la acogida. Si eres de otra etnia diferente a la de los supremacistas, desgraciadamente tan arraigados en la América profunda, se me antoja un sueño quimérico, más bien es una pesadilla. Con alguien como Trump "this dream is not possible".

(PETRUS RYPFF) 


Las mentiras del ¿sueño americano?: pobreza, inseguridad, drogas, armas, racismo...


La dureza del Bronx de los 80 (El sueño americano)

Abel González Santamaría

  Sólo quedan unos días para finalizar el 2016. Estados Uni­dos festejó en 2016 el aniversario 240 de su independencia del imperio británico. El documento conocido como la «De­claración de Independencia», promulgado el 4 de julio de 1776, estableció algunos de los principios fundamentales de la nación: «todos los hombres son creados iguales; son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».

  Sin embargo, la joven nación no pudo lograr la igualdad proclamada entre sus ciudadanos y tuvo que esperar casi un siglo para declarar la abolición de la esclavitud. El uso indiscriminado de la fuerza caracterizó a casi la totalidad de los go­biernos norteamericanos. De la matanza de la población originaria en las tierras conquistadas para conformar la Unión y la usurpación de territorios hacia el sur, a las guerras impe­riales de los siglos XX y XXI, se ha entronizado la cultura de la violencia. 

   Las posiciones extremas, el odio y el empleo de las armas de fuego se convirtieron en los principales postulados ideológicos de determinados grupos sociales. La discriminación en Estados Unidos perdura en el tiem­po. Aún persisten tendencias que defienden el «ideal norteamericano» de clase media y alta, conocidos como los «wasp» (acrónimo en inglés de «blanco, anglosajón y protestante»). Generalmente es asociado a los estadounidenses blancos que defienden los valores tradicionales y rechazan la influencia de cualquier etnia, nacionalidad o cultura ajena a la suya. Pero la realidad es que la sociedad norteamericana es ca­da vez más heterogénea, polarizada políticamente y con una mar­cada desigualdad social. La nación se fue conformando por constantes flujos y oleadas inmigratorias.

   Constituyen el área más importante de inmigración en el mundo actual. La mayoría abandona sus países natales para cumplir el deno­minado «sueño americano»: igualdad de oportunidades y libertad que permite que todos sus habitantes logren sus ob­jetivos en la vida únicamente con el esfuerzo y la determi­nación, en­contrar un trabajo digno con perspectivas de futu­ro o para mon­tar su propio negocio, adquirir una casa, un au­tomóvil, en fin cualquier bien material que satisfaga sus aspiraciones. En resumen: naces pobre, trabajas duro y te haces rico.

   Se debe reconocer que Estados Unidos a primera vista deslumbra a cualquier viajero que visite su territorio. Posee abundantes recursos naturales, una infraestructura desarrollada y una alta productividad. Es líder a nivel mundial en la investigación científica e innovación tecnológica y tiene un elevado desarrollo cultural en el cine, la música, el teatro, el baile, la arquitectura, la literatura y el deporte.

  Al propio José Martí desde su llegada a Nueva York en 1880, le impactó la nueva etapa de modernidad que experimentaba la nación norteña: «Todo empuja, precipita, exaspera, exacerba, arrastra. Se tiene miedo de quedarse atrás [?] Todo es ferrocarril, teléfono, te­légrafo». Pero Martí también pudo apreciar la desigualdad social entre sus habitantes, la que se fue incrementando con el tiempo. Lo que había proyectado el presidente Lincoln en 1863 de un «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», realmente se ha convertido en un sistema del «1 %, por el 1 % y para el 1 %». 

   Según el estadounidense Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía, el «sueño americano» es un mito: el 1 % de la población disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida. Los mercados por sí solos no son eficientes ni estables y tienden a acumular la riqueza en las manos de unos pocos, mientras los Estados y gobiernos que siguen los dictados neoliberales dan ventaja solo a los más ricos. 

   El candidato presidencial demócrata Bernie Sanders publicó en junio del 2016 un artículo en The New York Times, que ilustra la compleja situación social que atraviesa su país:

   Casi 47 millones de estadounidenses viven en la pobre­za. Se estima que 28 millones no tienen seguro médico, mientras que muchos otros no poseen seguro suficiente. Millones de personas están luchando con niveles escandalosos de deuda estudiantil. Tal vez por primera vez en la historia moderna, nuestra generación más joven probablemente tendrá un nivel de vida menor que el de sus padres. Es alarmante que mi­llo­nes de estadounidenses pobremente educados tendrán una expectativa de vida menor que la de la generación anterior, a me­dida que sucumben a la desesperación, las drogas y el alcohol. Diversas leyes y prácticas estadounidenses, sobre todo en materia de justicia penal y de menores, inmigración y segu­ridad nacional, violan derechos humanos reconocidos inter­nacionalmente. Las personas que tienen menos posibilidades de defender sus derechos ante los tribunales o a través del proceso político ?como miembros de minorías raciales y étnicas, inmigrantes, menores, personas de bajos recursos y reclusos? son las más expuestas a sufrir abusos. En Estados Unidos 2,37 millones de personas están encarceladas, lo que representa la mayor población penitenciaria del mundo. Alrededor de 12 millones de personas pasan por cárceles de condado cada año. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, en el 2014 vi­vían en la pobreza 46,7 millones de personas (14,8 % de la población). Los blancos representaban aproximadamente el 77 % de la sociedad, los afrodescendientes el 13 % y los hispanos el 17 %. Sin embargo, solo el 12,7 % de los blancos eran pobres, en contraste con el 26,2 % de los afrodescendientes y el 23,6 % de los hispanos. También la situación de las mujeres estadounidenses se está deteriorando y los niños viven en un ambiente preocupante. Por cada dólar de salario que reciben los hombres, las mujeres de Estados Unidos reciben 79 céntimos. El porcen­taje de mujeres en situación de pobreza se ha incrementado a lo largo de la pasada década, al pasar del 12,1 % al 14,5 %.

  La Organización Internacional de Trabajo de las Naciones Uni­das indicó que Estados Unidos es el único país industrializado que no cuenta con una ley general para las prestaciones mo­netarias que se les dan a las mujeres durante la baja por maternidad. Las minorías en la nación norteamericana también estuvieron en una grave situación en cuanto a la desocupación laboral. Según los datos de la Oficina de Estadísticas Labora­les del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, las tasas de desempleo en junio del 2016 fueron de 4,4 % para blancos, 8,6 % para negros y 5,6 % para hispanos. En los jóvenes entre 16 y 19 años, la situación empeoró. El 14,1% de los blancos de este rango de edad está desempleado; así como el 31,2 % de los negros y el 17,1% de los hispanos. Existe un gran descenso del nivel de vida de la clase trabajadora en Estados Unidos, que ha experimentado una baja del 10 % en los salarios en los últimos 15 años. El descenso de los in­gresos a los trabajadores, ha creado la percepción que existe en la nación norteamericana de que «los hijos vivirán peor que sus padres». Otro de los males que amenaza la sociedad norteameri­cana es el incremento del consumo de droga desde el 2007, como la heroína. Un informe publicado en el 2016 por la Ad­mi­nis­tración para el Control de Drogas de Estados Unidos, reveló que la heroína está disponible en grandes cantidades, es usada por un mayor número de personas y causa un nú­mero creciente de muertes por sobredosis. En el 2014 murieron 10 574 estadounidenses por sobredosis de heroína, más del triple de lo registrado en el 2010. En un informe reciente de la agencia federal para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, en el 2015 las muertes por heroína (12 989) superaron a los homicidios con armas de fuego (12 979) por primera vez en la historia del país. En el 2007 los homicidios con armas de fuego causaban cinco veces más muertes que la heroína, lo que da una idea de la magnitud de la epidemia en los últimos años de esta sustancia, que sumada a otros opiáceos naturales y sintéticos (drogas ilegales y abuso de medicamentos) provocaron más de 30 000 muertos en el 2015 y se pronostican cifras peores al concluir el 2016. También la esperanza de vida en Estados Unidos descendió por primera vez desde hace más de dos décadas. El au­mento de las muertes por enfermedades cardiovasculares, dia­betes, sobredosis de drogas y accidentes contribuyó a que en el 2015 empeoraron las expectativas como no lo habían hecho desde la epidemia de Sida de los años 90. En el 2015 se registraron un total de 2,7 millones de muertes, 86 000 más que en el año anterior. La tasa de mortalidad para el total de la población creció un 1,2 % de un año para otro, algo que no ocurría desde 1999. La compleja situación social provocó que se incrementaran los niveles de inseguridad en todo el país. Jardines de infancia, escuelas, universidades, iglesias, centros comerciales, oficinas y lugares recreativos han sido escenarios de sangrientos sucesos. Durante el 2015 se produjeron 372 tiroteos masivos y 367 muertos. 

   Pero no sólo hay más asesinatos múltiples que días. También hay más armas de fuego que personas en toda la Unión. Cada 28 horas como promedio muere un afroamericano o un latino en Estados Unidos a manos de la policía o las fuerzas de seguridad. El número de muertes causadas por el uso abusivo de ar­mas por parte de la Policía estadounidense es cada vez más preocupante. En el 2015, 965 personas murieron disparadas por la Policía y tuvieron lugar 51 675 incidentes con armas de fuego que dejaron 13 136 muertos y 26 493 heridos.

   También la vida y la seguridad de las propiedades de los ciudadanos se vieron amenazadas por los delitos violentos. De acuerdo con el informe El crimen en Estados Unidos publicado por el FBI en el 2015, se estima que ocurrieron 1 165 383 crímenes violen­tos en todo el país en el 2014, de los cuales 14 249 fueron asesinatos; 84 041 fueron violaciones; 325 802, robos; y 741 291, asaltos a mano armada.

    La realidad es que el «sueño americano» se ha convertido en una terrible pesadilla para los estadounidenses y principalmente para los que emigran hacia «la tierra de las oportunidades». En reiteradas ocasiones la comunidad in­ter­nacional, principalmente ante las Naciones Unidas, ha presentado sus preocupaciones por las violaciones de los derechos humanos en Es­tados Unidos; país que sólo ha suscrito 18 ins­trumentos internacionales de los 61 existentes relativos a esta materia. 

   El previsible panorama mundial para los próximos 15 años también es bastante crítico. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alertó en su informe El Estado Mun­dial de la Infancia 2016, del «panorama desolador» que se prevé para el 2030. Se calcula que 69 millones de niños mo­ri­rán debido a causas evitables, 167 millones de infantes vivirán en la pobreza, 750 millones de mujeres se habrán ca­sado siendo aún menores y 60 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria seguirán sin escolarizar.

 Paradójicamente, los principales responsables de esta com­pleja situación, continúan politizando el tema de los derechos humanos. 


Mikel Reparaz Extramiana - 1975 Arbizu (Nafarroa, Euskal Herria)

    Es periodista especializado en información internacional. De pequeño coleccionaba sellos y dibujaba mapas; después, siendo aún estudiante, vivió de cerca los últimos coletazos de la guerra de los Balcanes. Desde entonces, ha dedicado su vida profesional a viajar, aprender e informar. Lo hizo para los medios del grupo EiTB como corresponsal en Bruselas y como enviado especial a elecciones, conflictos y procesos de paz en cuatro continentes. Su último destino ha sido Nueva York, donde ha vivido durante cinco años junto a su familia. En sus viajes por Estados Unidos ha recorrido cada uno de los cincuenta estados y se ha aventurado en lugares como el tenebroso corredor de la muerte de Florida o las alegres tabernas del norte de Alaska, allá por donde termina el continente.


Las grietas de América. Bajo la piel de un país dividido

Mikel Reparaz Extramiana 2020


   Doscientos cincuenta kilómetros, apenas tres horas por carretera. Es la distancia que separa dos tumbas: una en Baltimore y la otra en Charlottesville. A mitad de camino es inevitable pasar por la capital, Washington, frontera entre las dos Américas. Baltimore-Charlottesville vía Washington es también el viaje simbólico que ha completado todo un país en un momento crucial de su historia.

   Freddie, un joven negro del barrio más pobre de Baltimore, muere a manos de la policía un año y medio antes de la llegada de Donald Trump al poder. Meses después de su toma de posesión ante la Explanada Nacional de Washington, cientos de supremacistas blancos marchan con antorchas en las calles de Charlottesville y Heather es asesinada por un neonazi. Ni siquiera han pasado tres años entre las dos muertes, pero en ese tiempo el país —y probablemente el mundo occidental— ha cambiado para siempre.

   En medio de las turbulencias, Mikel Reparaz recorre Estados Unidos en busca de historias que ayuden a entender una sociedad dividida por el conflicto racial y las heridas del pasado. Un país en el que el racismo sigue siendo un problema sistémico y en el que la violencia y la muerte de jóvenes negros se han convertido en una noticia recurrente.

   En el camino descubrirá al Gran Arácnido, una criatura que anida en el corazón de Estados Unidos desde su fundación hace dos siglos y medio y que reconstruye la tela de araña de la supremacía blanca cada vez que alguien intenta destruirla. También se encontrará con la Resistencia, una coalición de colectivos atacados y humillados por el nuevo emperador —desde mujeres feministas hasta afroamericanos, indígenas, inmigrantes sin papeles, la comunidad LGTBI o los temidos «socialistas» de Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez—. En ese viaje también se encontrará con historias sorprendentes del pasado, con superhéroes y supervillanos, con cowboys antifascistas y músicos inconformistas que explican cómo hemos llegado hasta aquí.

   Un excelente manual para orientarse en los nuevos tiempos políticos que alerta del peligro de la utilización del racismo y el miedo al diferente como estrategia política. 

"Los medios nos dejamos llevar por la espectacularidad de Trump"

El excorresponsal en Estados Unidos relata en su libro historias de violencia policial y racismo estructural que viene de los padres fundadores y ha sido explotado por el actual presidente.

   Si salgo corriendo ahora, me dispararán sin preguntar. En cambio, si sales tú, te darán el alto y te preguntarán a dónde vas", le decía Trevon al periodista Mikel Reparaz durante las protestas en 2015 en Baltimore, en Estados Unidos, por la muerte de Freddie Gray. Gray, afroamericano, murió tras ser detenido y pasar una semana en coma. Tenía tres vértebras fracturadas y la médula espinal seccionada al 80% a la altura del cuello.

   El paso de Reparaz por Estados Unidos, entre los últimos años de Obama y los primeros de Trump, ha coincidido con uno de los momentos más turbulentos del país y el caso de Gray es el inicio de un viaje para entender el racismo estructural y la polarización social del país. Un viaje que ha recogido en el libro ‘Las grietas de América’.

   El libro, al fin y al cabo, es la historia de un conflicto racial que existe prácticamente desde el mismo nacimiento de EEUU ¿Por qué no se ha acabado con él? Yo creo que es un conflicto racial y un conflicto político que tiene unas raíces muy profundas en Estados Unidos. Cuando los padres fundadores crean el nuevo país, que es la primera democracia moderna del mundo y que a su vez es una democracia que ha perdurado y que ha sido referente para muchísimos países en el mundo, se les quedó el supremacismo blanco ahí, escondido entre los pilares y las columnas de esa gran estructura. Entre otras cosas porque la economía de este nuevo país independiente se basaba en la mano de obra esclava. Entonces eso generó unas desigualdades y un colectivo oprimido que a día de hoy lo sigue estando.

   Dice que cada vez que se da un paso adelante por la igualdad racial en EEUU, una fuerza a la que denomina ‘gran arácnido’ vuelve a reconstruir la telaraña del racismo ¿Qué es ese gran arácnido?


            
Mikel Reparaz, periodista y autor de 'Las grietas de América'

   Bueno, el ‘gran arácnido’ es esa imagen de un monstruo que se quedó ahí agazapado en la estructura de la primera democracia moderna del mundo y que es el supremacismo blanco. Adopta diferentes formas: lo hemos visto en la violencia policial, en las desigualdades económicas, en las prisiones... Todo en Estados Unidos tiene color. La prueba es la clasificación de la población [en el censo]. Muchos lo defienden y dicen que hay que clasificar a la población por raza porque eso nos permite saber si este colectivo está discriminado o no, pero eso es un arma de doble filo. Al final, clasificar a toda la población por raza también es una práctica, en mi opinión, absolutamente racista.


                      

¿Y si Trump no se va si pierde las elecciones pero no deja la Casa Blanca?

Solo queda un día para las elecciones en Estados Unidos y los candidatos siguen a un ritmo desenfrenado para tratar de convencer a los pocos indecisos que puedan quedar y movilizar a las urnas al mayor número de votantes posible en un ciclo electoral que puede romper cifras de participación. Hasta este lunes, ya han votado más de 95 millones de estadounidenses, más del 68% de los que votaron en total en 2016.


   Hoy culmina una campaña presidencial atípica marcada por la pandemia y se pone fin a un ciclo electoral en el que la polarización ha alcanzado niveles inéditos en los últimos tiempos en EE UU. Mientras, algunas ciudades refuerzan la seguridad ante el temor de posibles disturbios en la noche electoral y el presidente continúa azuzando el fantasma del fraude y preparando el terreno para contestar el recuento de votos, si este no les es favorable. El domingo, insistió en su cuenta de Twitter en que la elección debería “resolverse el 3 de noviembre”, algo muy poco probable en un año en el que ha habido una participación anticipada récord. Los republicanos, que confían en que la mayoría de sus votantes depositen su papeleta el martes, como es tradicional, coquetean con el peligroso juego de proclamar ganador a su candidato una vez concluya el recuento ese mismo día, como explica en este artículo Pablo Guimón.

   El candidato demócrata, Joe Biden, respondió este lunes a las declaraciones del presidente en la noche del domingo en Miami en las que dijo que se planteaba despedir al doctor Anthony Fauci, el epidemiólogo clave en la estrategia contra el coronavirus de su Administración y con el que el mandatario ha tenido enfrentamientos. “Tengo una idea mejor", dijo el exvicepresidente en Ohio. "Elíjanme y voy a contratar al doctor Fauci. Y vamos a despedir a Donald Trump”. Biden, que hoy también estará en Pensilvania, lidera la carrera por 6,7 puntos, según el promedio de las encuestas de Real Clear Politics. Biden es favorito. No obstante, Trump, que hace su ‘sprint final’ con cinco eventos en Wisconsin, Michigan, Carolina del Norte y Pensilvania, conserva una opción entre seis de ganar.

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   Que el presidente de Estados Unidos es la persona más poderosa del mundo tiene poca discusión. Si es la persona más poderosa de Washington DC, ya es otro tema. Los seis años de Mitch McConnell como líder de la mayoría republicana en el Senado han demostrado que cualquier decisión de cierta trascendencia tiene que pasar por el aro de su aprobación, sea quien sea el presidente. El rechazo republicano a Barack Obama y a la reforma sanitaria entregó a los republicanos el control de la Cámara de Representantes en 2010 y el del Senado en 2014, marcando de facto el fin de la presidencia de Obama. Con Donald Trump, las cosas parecen haber ido más rápido, y mejor para los supremacistas, para los de siempre. Y lo peor es que, como pasa en otros lados, léase en Brasil con Bolsonaro, o en España con los ultraderechistas de VOX, el malvado populismo neonazi o neofranquista, es capaz de cautivar a millones de personas que por hartazgo o por cierto grado de "ignorancia", "candidez", o nostalgia de tiempos pretéritos, se dejan atrapar. 

(Petrus Rypff)

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