domingo, 1 de noviembre de 2020

DÍA DE DIFUNTOS. EL OTOÑO

 

  


   Hoy, día 1 de noviembre es tiempo de recogimiento, y más en los tiempos que corren por culpa del tan aborrecido bichito que nos está jaqueando desde hace ya demasiados meses. Sea como fuere y dado que el frío empieza a hacer acto de presencia, todos, en mayor o menor medida, todos, digo, nos guarecemos al calor del hogar. Probablemente haya “atascos” en los camposantos porque parece perentorio ir a visitar a los que, inertes, pueblan sus nichos y, nosotros los visitamos, a veces con lágrimas en los ojos, si el óbito del ser querido se ha producido recientemente o si el recuerdo no se ha superado convenientemente, …¡es tan difícil, a veces, superar la marcha de según qué seres queridos…!



   Un servidor no es muy amigo de tradiciones religiosas por ser un agnóstico irredento, pero he de reconocer que el día de Todos los Santos o de Los Difuntos me toca, cada año, bastante el corazoncito y la melancolía me aturde, aunque sea moderadamente. La marcha de ELA fue dolorosa, tremendamente dolorosa, pero a la vez gozosa, porque en vida había disfrutado de muchas cosas y porque su actitud vitalista no podía perdurar para siempre, habida cuenta que su corazón, o el músculo cardíaco, mejor dicho, estaba ya demasiado gastado y cansado. El otro corazón, el emocional, se me antoja que tenía todavía cuerda para rato, pero bueno, perdura en las mentes de tantos que la quisimos tanto, que en realidad no se ha ido del todo. Su recuerdo es indeleble y nadie nos lo podrá arrebatar, no se atreverán, salvo cuando la parca nos visite también a nosotros, es ley de vida…y de muerte. ¡He dicho, con perdón!

  Paco, mi padre, se nos fue hace bastante más tiempo, más de tres décadas, pero su huella es igualmente indeleble, para los suyos, nosotros, y para mucha gente del pueblo que se benefició de su buen hacer como persona "pública", como edil municipal, por sus capacidades para “aconsejar” sobre problemas de la vida y por su labor profesional como comerciante…¡Cuánta gente valoró su trabajo y cuánta no lo valoró y dejó púas sin pagar! Aunque me da a mí que ésto nunca le preocupó demasiado, su generosidad estaba por encima de esas "menudencias".      

   Otros seres queridos nos han ido dejando progresivamente con el transcurrir de los años, los últimos, Carmen, Ricardo y Maruja lo hicieron más recientemente, que Dios los tenga en su gloria! Quiero acordarme, aunque no los nombre aquí, de los demás, quiero añadir que a menudo he echado de menos a Ricardo Santos, gran colega de profesión, que me enseño muchas cosas cuando teníamos tiempo de “reunión”, como él decía. Por último, quiero referirme a otras personas que dejaron huella en mí, aunque no fueran familia carnal, sino de adopción, especialmente Leandro MA, abuelo de mis hijos, Joaquín SR, padre de MJ y algunos amigos que ya han partido: Pilar, “Pique”, “Ferru”. Sé que hay otros muchos que se quedan en el tintero, pero no puedo eternizar este pequeño y humilde homenaje-recordatorio.

   Mi sensación en estos momentos es agridulce, porque, aunque marcharon no se sabe dónde, algo de todos ellos permanece a este lado.

(Petrus Rypff)


SERRAT - Si la muerte pisa mi huerto

EL OTOÑO

   Conocida popularmente como una estación yerma y melancólica, se nos presenta en estos días el otoño, conductor de cambios, amén de propiciador de balances emocionales. El ocaso meteorológico y espiritual nos motiva a resguardarnos en el interior, originando las clásicas postales harto conocidas: contemplar la lluvia, danzar sobre los alféizares; largos paseos sobre mantos de hojas marchitas; ver cómo se alzan y desmoronan los reinos.

   Del mismo modo que se tiende a concebir una visión tan bohemia de esta etapa anual entre la gente de a pie, también los autores han dejado constancia de sus impresiones a lo largo de los años mediante loables registros de su valía, ora lienzos, ora novela o poesía. Sirva este artículo para recopilar diez visiones, diez estampas otoñales:

Otoño, de Mario Benedetti: Publicado en 2002 en el tomo Insomnios y duermevelas, se nos presenta como un bello canto a la vida frente al pesar de las vicisitudes intrínsecas, como no podría ser menos viniendo del mágico uruguayo.

Mariposa de otoño, de Pablo Neruda: “Hoy una mano de congoja llena de otoño el horizonte y hasta de mi alma caen hojas”, ululaba la mariposa protagonista de este genial trabajo firmado por el poeta chileno, presentándose como un crudo testimonio del pasar del tiempo.

Amanecer de otoño, de Antonio Machado: Dedicado a Julio Romero de Torres e incluido en la magna obra Campos de Castilla, Machado nos describe la mística belleza del paisaje otoñal español, fruto de virtudes y sempiternos defectos.

Otoño, de Juan Ramón Jiménez: “Qué noble paz en este alejamiento de todo: oh prado bello que deshojas tus flores”, confesaba el poeta andaluz. Otra magistral pincelada en el gran lienzo de octubre, empapado por el sentimiento de aislamiento y reclusión espiritual, ese bendito beatus ille que rodeó a Juan Ramón durante su vida.

Otro otoño triste, de Miguel Hernández: La tristeza por la pérdida de la juventud, junto con la locura propia del amor no correspondido y el miedo a la muerte marcan este testimonio de añoranza por las alegrías pasadas, el calor reconfortante predilecto para el cuerpo y la mente.

Melancolía, de Manuel Machado: “Me siento, a veces, triste como una tarde del otoño viejo” Podría ser una misiva usual por estas fechas. Suspiros y miradas de soslayo soberbiamente descritos en estos versos del modernista poeta hispalense. Sentimientos cohibidos, tristezas expresadas a media voz.

El otoño se acerca, de Ángel González: Una de las voces más notables de la Generación de medio siglo nos cautiva con esta descripción de las primeras impresiones del fin de septiembre. Las hojas caen y las cigarras preconizan la muerte del ángel; silencio perpetuo.

El señor otoño, de María Elena Walsh: En un tono más animado, y adaptado a un público más infantil, tenemos estos preciosos cuartetos que, de una forma entrañable, nos presentan la metáfora otoñal, ataviada con guantes y sombrero, de la mano de la Gloria Fuertes.

Rosa de otoño, de Leopoldo Lugones: Una fugaz escena, escuetos toques impresionistas; así podría describirse esta escena obra de una de las mentes más prodigiosas de Argentina. El amor; nuestros sueños, como la rosa, con la honda calma que la tarde vierte, pasa el deshojamiento de la rosa por las manos tranquilas de la muerte.

Las sombras del verano, de Felipe Benítez Reyes: quiera ser el poema que concluya esta letanía un resumen, una perspectiva del estío que finaliza en estos días hecho por uno de nuestros escritores actuales más laureados. Una honda prosa, un laberinto de ideas que narra la fragilidad y los quiebros de la vida.

Dicho y manifestado de todas las maneras posibles, se avecinan tiempos difíciles para los soñadores, como dijo una vez Amélie Poulain. Llega el otoño y toca guarecerse, tomar asiento y ver pasar el año una vez más; otra vida más.

 

Poetas comprometidos

José Vivas Palazón

08.06.2010 

 Entre los años 20 y 30 del pasado siglo, España fue uno de los países más fecundos en producir grandes y prestigiosos poetas, destacados en todo el mundo por su compromiso con la cultura y con los problemas sociales de la época.

   Son muchos los que nos pueden venir a la memoria: Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Antonio Machado, Federico García Lorca o Miguel Hernández. Los cuatro primeros andaluces y el último oriundo de Orihuela estuvieron comprometidos hasta el final de sus días por sus convicciones políticas y sociales con gran dignidad y coherencia.

   Juan Ramón Jiménez, Alberti y Machado tuvieron que exiliarse. Los dos primeros durante varias décadas. Machado tuvo una muerte dramática, tanto física, como espiritualmente en 1939 en territorio francés, pero hasta el último momento mantuvo la dignidad.

   Aún más cruel fue el asesinato de García Lorca el 14 de agosto de 1936, con tan sólo 38 años, por ser poeta, por ser de izquierdas y por ser homosexual a manos de los Falangistas y bajo la contraseña 'café con leche', receta habitual ordenada por el General golpista de Sevilla, Gonzalo Queipo del Llano, y se adujo como pretexto que un hermano de Federico García Lorca estuvo casado con una sobrina de Fernando de los Ríos Urruti, gran dirigente socialista.

   El asesinato del poeta granadino fue una de los escarnios más vergonzosos del Régimen Franquista, cuya condena fue reconocida por todos los estados democráticos del mundo.

   Pero quizá el caso más cercano haya sido el de Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910. Alicante, 28 de marzo 1942). El poeta de la Vega vivió 31 años, 4 meses y 28 días y fue a nivel social el máximo exponente junto a García Lorca. El granadino desde un análisis intelectual y el de Orihuela desde una vertiente autodidacta. Los dos defendieron a través de su poesía a los más marginados y reivindicaron las costumbres del pueblo.

   Como perspectiva histórica y con cierta similitud entre la muerte de Miguel Hernández y la de mi padre, Francisco Vivas Rodríguez (1900-1948). El primero falleció en el Hospital de Alicante y mi padre en el de Canteras en Cartagena, ambos de tuberculosis. El primero desde una tribuna social y el segundo desde el más profundo anonimato, pero ambos con gran dignidad.

   Este escrito surge a raíz del acto que se celebró en Llano de Molina, con la intervención de varias autoridades de Molina, así como vecinos de la pedanía que llevaron a cabo un homenaje al gran poeta oriolano con la dirección de Antonio López Vidal, 'el moreno' y su hermano Paco. Este acto estuvo plagado de emotividad, sentido común, solidaridad y dignidad.


EL HUÉRFANO SOBRE EL CADÁVER
I
Este tu cuerpo es, pues, ¡oh padre mío!
¡padre! ¡Ya no respondes! ¿Qué te has hecho?
¿Eres acaso el cuerpo inmóvil, frío,
que yace aquí sobre este aciago lecho?
¡Oh, no! que hablabas, y este cuerpo calla
calla y nunca hablará: tu lengua muerta
fija, trabada al paladar se halla,
y la vida en tus ojos no despierta.
Al recibir mis últimos abrazos
ayer de amor tu corazón latía,
y me estrechaban con afán tus brazos,
y una lágrima en tu ojo se veía.
y ahora a tus ojos lágrimas no asoman,
y ahora en tu pecho ni un latido siento,
y ahora tus brazos yertos se desploman
cuando enlazarlos a mi cuello intento
¡Oh ! ya no volverás nunca a abrazarme .
¡Oh padre mio! de mi infancia amigo.
Nunca ya volverás a consolarme
nunca a llorar ya volverás conmigo
y este cuerpo infeliz, manos de extraños
a hundirlo van en olvidado suelo:
y sobre él volarán sin fin los años,
y sobre él lucirá sin fin el cielo

II
Y para mí las risas y alegrías,
y las horas de amor, de luz, de oro
vieron su fin; y desde hoy los días
van a empezar de soledad y lloro
De hoy más, bajo el hogar del extranjero,
Sin ti me sentaré solo a la mesa;
Y, como tú te fuiste, si yo muero,
nadie a llorar irá sobre mi huesa
y un ser sobre la tierra que me ame
como me amaste tú, buscaré en vano.
¡Ah! ¿Qué me importa que haya quien me llame
alguna vez amigo, esposo, hermano?
Sin el amor, de amor ¿Qué son los nombres?
no logran engañar ni al que los dijo
¡Ay! no veré de nuevo entre los hombres
al que de veras me llamaba hijo
Tú, tú me amaste, y solo tú supiste
amar mi sed, mi sed de ser amado
y a mí tu inmenso corazón abriste,
Y en él entré, y en él quedé saciado
y ahora te vas... ¡ah ! ya te fuiste ...  Y nunca,
¡Oh! ¡nunca ... No! vuelve otra vez siquiera
vuelve; que ya mi vida siento trunca,
y espera en ti mi amor que en nada espera.

JOSÉ EULOGIO CARO



LLEGÓ EL OTOÑO  

Otoño de nubarrones
otoño de noches frías
otoño de golondrinas  que se alejan, ya no pían
otoño de cortas tardes
que de los parques nos privan,
otoño que de hojas secas
nos alfombras los caminos,
en los jardines no hay niños
las terrazas se vacían
los amores de verano
ven marchar sus alegrías,
el verano seca el alma
es estío, desertifica,
pero tú,  otoño,  nos traes,
sin querer, melancolía.
(Petrus Rypff)



El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

(Ángel González)


 

Aquel verano, delicado y solemne, fue la vida.
Fue la vida el verano, y es ahora
como una tempestad, atormentando
los barcos fantasmales que cruzan la memoria.
Se muere el mar de otoño
y hay niños que apuñalan las estatuas
y las olas arrastran candelabros, sables rotos.
Alguien que no conozco me persigue llorando
pero sé que el verano fue la vida.
( Felipe Benítez Reyes)


Me siento, a veces, triste 
como una tarde del otoño viejo; 
de saudades sin nombre, 
de penas melancólicas tan lleno... 
Mi pensamiento, entonces, 
vaga junto a las tumbas de los muertos 
y en torno a los cipreses y a los sauces 
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo 
de historias tristes, sin poesía... Historias 
que tienen casi blancos mis cabellos.
MANUEL MACHADO



Has entrado al otoño
me dijiste
y me sentí temblar
hoja encendida
que se aferra a su tallo
que se obstina
que es párpado amarillo
y luz de vela
danza de vida
y muerte
claridad suspendida
en el eterno instante
del presente.

CLARIBEL ALEGRÍA


Te recuerdo como eras en el último otoño
eras la boina gris y el corazón en calma
en tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma,
hoguera de estupor en que mi sed ardía,
dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío, campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos,
hojas secas de otoño giraban en tu alma.

PABLO NERUDA


Requiem 1 Giuseppe Verdi - Dies irae, Libera me


 

 

 

 


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