lunes, 30 de noviembre de 2020

La Mente Dormida: BUKOWSKI: EL GENIO INDECENTE

La Mente Dormida: BUKOWSKI: EL GENIO INDECENTE:   BUKOWSKI: EL GENIO INDECENTE Charles Bukowski:  1991 Portada de «Bukowski Retratado» de Helnwein San Francisco Museum of Modern Art  El Ge...

BUKOWSKI: EL GENIO INDECENTE

 

BUKOWSKI: EL GENIO INDECENTE



Charles Bukowski: 1991 Portada de «Bukowski Retratado» de Helnwein San Francisco Museum of Modern Art El Genio Indecente

Charles Bukowski

 Charles Bukowski fue un escritor y poeta alemán, nacionalizado estadounidense. ​La obra literaria de Bukovski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad de Los Ángeles, donde pasó la mayor parte de su vida. 

Nacimiento: 16 de agosto de 1920, Andernach, Alemania.

Fallecimiento: 9 de marzo de 1994, San Pedro Península Hospital

Cónyuge: Linda Lee Beighle (m. 1985–1994), Barbara Bukowski (m. 1957–1959)

Películas: Barfly, Bukowski: Born into This, Factótum

Cuentos: Se busca mujer, Tráeme tu amor y otros relatos, The Killers, Maja Thurup

   El escándalo acompañaba a Hank. Él era el escándalo. En Apostrophes, el famoso programa de televisión del canal público francés que se mantuvo durante quince años en emisión, Bukowski, llevó al extremo su excesiva «naturalidad». Debió llegar ya borracho al plató, donde le esperaban dos botellas de vino solicitadas de antemano. El programa se fundamentaba en la entrevista a varios personajes. Somnoliento y cansado, ante el desconcierto general, y después de que el presentador le mande callar, decide levantarse y largarse, dando tumbos, claro.

Bukowski sobre el talento y la dedicación


   Alcohólico impenitente, cantor afónico de los desarraigados, poeta sin métrica, sicario de la letrina y del bajo fondo y, otra vez, alcohólico imperdonable, son calificativos que se quedan cojos al describir la vida y la obra – imposible separarlas – de Henry Charles Bukowski (Andernach 1920- L.A. 1994) o Henri Chinaski, su alter ego y protagonista de cientos de poemas, decenas de relatos, novelas y hasta guiones cinematográficos; que son su homenaje a la sucia VIDA.


Los últimos años en la vida de Charles Bukowski

    El alcohol es la clave de este autor underground, como él se calificaba. El alcohol es el punto de inflexión sobre el que gravita todo su universo: «ahora sí que he encontrado algo, algo que me va a ayudar en los días venideros», escribe cuando rememora su primer (13 años) contacto con el vino. Los días eran difíciles, debido al crack bursátil de 1929 que asoló la economía de EE UU, donde la familia Bukowski emigró desde Alemania cuando Charles tenía dos años. Por esa decadencia económica, el padre frustrado – que finge ir al trabajo para que los vecinos no sepan que está en paro -, sume a Charles en un abismo oscuro, con palizas casi cotidianas: «No me gustaba nadie de la escuela, pero tampoco me gustaba mi padre ni mi madre. Una profesora encomendó a los alumnos escuchar el discurso del Presidente Hoover y componer una redacción con sus opiniones, pero los sábados Charles debía segar el césped del jardín y sabía que, si al terminar el trabajo asomaba una brizna de hierba, recibiría una buena tunda de golpes por parte de su padre. Así que no fue al mitin. Agarró un papel e inventó un buen puñado de mentiras, decoradas con humor y bastantes dosis de ironía. La profesora leyó su ensayo en clase. Se adivinaba que la narración era pura invención, aun así, le felicitó. Bukowski acababa de dar con la clave de su literatura: «Así que eso era lo que querían: mentiras maravillosas. La gente era tonta. La cosa iba a ser fácil". "Yo no tenía libertad. No tenía nada". Luego, vendrían los miserables trabajos recorriendo el país, trabajos que podían durar dos horas, un día, una semana.

Charles Bukowski - Cultura para Principiantes

   La película del noruego Bent Hamer, "Factotum", rodada en 2005, ha dejado una muy convincente interpretación de Matt Dillon, junto a Lili Taylor y Marisa Tomei. Basada en la novela del mismo título, también se entremezclan los poemas de «Lo Más Importante es Saber Atravesar el Fuego", "Los Días Pasan como Caballos Salvajes sobre las Colinas" y del brillante y crepuscular diario: "El Capitán salió a Comer y los Marineros Tomaron el Barco".


   En este momento encontramos relatos donde podemos leer cómo era contratado junto a otros hombres desesperados, cómo los patronos les vendían latas abolladas de comida y cómo se veían obligados a devolverlas al final del día, a un precio menor, por no tener con qué abrirlas. Son trabajos en el ferrocarril, en burdeles, que configuran su personalidad y que van dejando una impronta en los escritos que envia a revistas literarias. 

   Alcoholizado y desencantado, sólo cree que le queda un camino: el alcohol y ser lo que siente ser, un vagabundo. Sigue escribiendo y alcanzando el tono acre que más adelante le conduciría a la fama.



Charles Bukowski. 1991 Portada de "Bukowski Retratado" de Helnwein San Francisco Museum of Modern Art

    Bukowski conoce la cara amable de la vida cuando encuentra el amor en una mujer diez años mayor que él, Jane, a la que luego daría vida en la gran pantalla la actriz Faye Dunaway, en el film Barfly, con guión del propio Bukowski. Pero la suerte sigue sin estar de su lado, ya que ella pronto moriría de alcoholismo agudo.

Mickey Rourke es Chinaski en Barfly

  Conoce de primera mano toda la organización taylorista del trabajo. Ahora no escribe, simplemente, bebe, apuesta dinero en el hipódromo y trabaja en lo que puede. Puede que la experiencia traumática, producto de su avanzado alcoholismo, que le supuso el ingreso en un hospital de caridad de L.A. por culpa de una hemorragia, y que casi le conduce a la muerte, le impulsara de nuevo hacia la escritura. Lleva 14 años trabajando como cartero, y antes de «enloquecer», decide abandonar el trabajo decidido a escribir la que será su primera novela, (Post Office, 1971). 

   Por fin, el triunfo. Bukowski vive de su propia y miserable vida, añadiendo un matiz de humor, a veces sarcástico, a veces negro, sazonado con una ternura verosímil. Los últimos años de la vida de Bukowski se desarrollan con la tranquilidad que le proporciona la fama y el dinero ganados. En 1993 le diagnostican leucemia. "Yo no soy uno que piensa", afirmó.

   Ahí el motivo por el que acertó tantas veces al hacer el retrato de la vida; sin concesiones extravagantes a la imaginación. Se limitó a observar los hechos y a escuchar el tableteo ametrallador de su vieja Underwood, mirando de reojo lo que sucedió una noche, en un perdido burdel, en la peor zona de la ciudad.

   ¿Qué música escuchaba Bukowski? Sobre todo, Bukowski admiraba la música clásica. Aunque en su vejez llegó a acudir hasta un concierto de U2 en el que Bono les citó, a él y a Linda Lee, dedicándoles el concierto, lo usual es que en su transistor, que le acompañaba las largas noches frente a la máquina de escribir, primero, el ordenador después, sonaran los grandes clásicos de la historia de la música. Un transistor en el que se podía escuchar la frecuencia de la radio, normalmente el canal estatal, que emitía las 24 horas del día música clásica. Así lo manifestó: "La música clásica era mi principal refugio. Escuchaba la mayor parte de ella en la radio, y sigo haciéndolo. Y nunca deja de sorprenderme… Nunca escribo nada sin la radio puesta, con música clásica sintonizada; siempre ha sido parte de mi trabajo, escuchar esta música mientras escribo".


U2 -NOVIEMBRE DE 1992


                                  U2 - Vertigo world tour - Live from Chicago 2005 full

Las obras de Bukowski más importantes traducidas al castellano:

NovelasCartero, Factotum, Mujeres, La senda del perdedor, Hollywood y Pulp


Bukowski, el amor es un perro del infierno (Mujeres)

- Libros de relatos: Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, La máquina de follar, Escritos de un viejo indecente, Se busca una mujer, Música de cañerías e Hijo de Satanás. 


Crítica / Reseña de LA MÁQUINA DE FOLLAR de CHARLES BUKOWSKI




                                 Un Mal Viaje - Charles Bukowski | P S I C O D É L I C O S


Antología de textos: Peleando a la contra.

Charles Bukowski - Peleando a la contra.

Guiones cinematográficos: Barfly.

Biografía: Hank (la vida de Charles Bukowski). (De Neeli Cherkovski).

Películas Relacionadas con Bukowski

      ORDINARIA LOCURA Storie di ordinaria follia. Dirigido por Marco Ferreri, 1981 Actores: Ben Gazzara, Ornella Muti, Susan Tyrrell Guión: Sergio Amidei Charles Bukowski .


Ordinaria locura - Storie di ordinaria follia. Dirigido por Marco Ferreri - estilo según charles bukowski 1982

  EL BORRACHO (BARFLY) Dirigido por Barbet Schroeder, 1987 - ESTADOS UNIDOS Intérpretes: Mickey Rourke, Faye Dunaway, Alice Krige, J. C. Quinn, Frank Stallone, Jack Nance, Sandy Martin, Roberta Bassin, Gloria Leroy, Joe Unger, Harry Cohn, Pruitt Taylor Vince. -Guión: Charles Bukowski Argumento: Charles Bukowski. Música: Jack Baran, Extractos: Mozart Scriabin Beethoven Mahler Stamitz, Handel.


    UN CUARENTA Y CINCO PARA LOS GASTOS DEL MES. Dirigido por CARLOS ASOREY, 1985 ESPAÑA Cortometraje Intérpretes: Luis Maluenda, Maria Jose Sarsa, Rebeca Alonso Guión: Carlos Asorey Argumento: Basado en un relato de Charles Bukowski.

      LA ULTIMA NOCHE DE RAMON NOVARRO Dirigido por Carlos Asorey, 1984 ESPAÑA Intérpretes: Elmer Modlin, Felipe Garcia, Rafael Izurquiza, Maria Bauza, Pilar Quiroga Argumento: Basado en la vida y muerte de Ramon Novarro y en un relato de Charles Bukowski. Música: Canciones: Sara Vaguhn y «Mamas and the Papas». Duración: 19 minutos.

    FACTOTUM. 2005. Director: Bent Hammer - Intérpretes: Matt Dillon, Lili Taylor y Marisa Tomei. Basada en la novela del mismo título, con pasajes de «Lo Más Importante es Saber Atravesar el Fuego», «Los Días Pasan como Caballos Salvajes sobre las Colinas» y «El Capitán salió a Comer y los Marineros Tomaron el Barco».

(2005) Factotum [Bent Hammer] - en español


Charles Bukowski tendrá su monumento en California

 Bukowski Monument in San Pedro - Heritage Museum 

Bukowski es uno de los referentes del paisaje de San Pedro. Lugar al que llegó en 1978. Además, sus restos descansan en el próximo Green Hills Memorial Park, donde algún visitante deja junto a la tumba alguna botella… Y es que, ese es el único lugar de San Pedro que recuerda al escritor, por eso, por que no hay placas, ni estatuas o referencias a él, es por lo que parte esta idea de crear, bajo cuestación popular, algo que le identifique dentro del paisaje urbano. 

La campaña de recaudación, bajo el nombre: «Bukowski in Bronze» se puede seguir en Go Fund Me y tiene como objetivo recaudar $ 250,000 para cubrir todos los costes.



FRASES Y CITAS: Charles Bukowski

Charles Bukowski. Frases de Amor 

   Inspirado por autores como Hemingway, Tolstoi, Dostoievski, Gorki y Fante, Charles Bukowski se perfila como uno de los autores más interesantes del siglo XX, ya sea por su estilo burdo y pesimista de explorar la vida en sus obras, o por su controvertida y cuestionable vida decadente casi de cliché. No cabe duda de que las frases de Charles Bukowski son algo digno de analizar.

“Cuando el amor se convierte en una orden, el odio puede convertirse en un placer”. 

“La diferencia entre un valiente y un cobarde, es que un cobarde se lo piensa dos veces antes de saltar a la jaula con un león. El valiente simplemente no sabe lo que es un león. Sólo cree que lo sabe”. 

“Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple”. 

“Me parece que la vida está totalmente desprovista de interés, y esto lo sentía especialmente cuando trabajaba ocho horas por día. La mayor parte de los hombres trabajaban ocho horas al día, y tampoco ellos aman la vida. No hay ninguna razón para amar la vida para alguien que trabaja ocho horas al día, porque es un derrotado”.

“Existen cosas peores que estar solo pero a menudo lleva décadas darse cuenta y la mayoría de las veces cuando lo haces es demasiado tarde y no hay nada más terrible que sea demasiado tarde”. 

“Ese es el problema con la bebida, pensé, mientras me servía un trago. Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo”. 

 “Ningún dolor significa el fin del sentimiento; cada una de nuestras alegrías es un trato con el demonio”. 

“El hombre ha nacido para morir”.



Legado literario del escritor Charles Bukowski



La sombra del perdedor - primera parte:

https://www.youtube.com/watch?v=CV53MHQfuHI

La sombra del perdedor - segunda parte

https://www.youtube.com/watch?v=4dybm43MSV8


Ya nadie lee a Bukowski y deberíamos: ¿qué fue del gran 'machirulo' del realismo sucio?

Bukovski fue de uno de los cuentistas más populares entre los lectores jóvenes de los años 90


Retrato del escritor Charles Bukowski (Corbis)

  Autor de 'La máquina de follar', 'Erecciones, eyaculaciones', exhibiciones' y 'Se busca mujer', es decir, Charles Bukowski. ¿Se sigue leyendo a Charles Bukowski? ¿Han tomado sus libros tonalidades definitivamente impropias? ¿Qué fue de sus imitadores en España? 

   Charles Bukowski se convirtió en la estrella más zarrapastrosa de la literatura mundial de los años 90 pues no era otra cosa que una destilación natural de los bares baratos y los moteles con cucaracha de Los Ángeles. Llegó a España en el vagón de cola del “realismo sucio”, aunque de los autores de este palo (Carver, Ford, Shepard) él era el único realmente sucio. A todos ellos los publicaba Anagrama, pero -dato curioso- de Bukowski sólo se recuerda uno sus libros ya en bolsillo, en esa colección de colorines que Herralde hizo para que los universitarios pudieran elegir de vez en cuando entre copa y libro. Cuando no era una copa, era un libro de Charles Bukowski.

 

Prefiero un mundo en el que la gente trate de besarte

 

 


domingo, 29 de noviembre de 2020

La Mente Dormida: COLODRÓN, MAESTRO ENTRE MAESTROS

La Mente Dormida: COLODRÓN, MAESTRO ENTRE MAESTROS:   CINCO CONFERENCIAS SOBRE LA ESQUIZOFRENIA El Prof. Antonio Colodrón Álvarez, patrono de honor de la Fundación Española de Psiquiatría y Sa...

COLODRÓN, MAESTRO ENTRE MAESTROS

 


CINCO CONFERENCIAS SOBRE LA ESQUIZOFRENIA



El Prof. Antonio Colodrón Álvarez, patrono de honor de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental.


Prof. Antonio Colodrón Álvarez.

Nava del Rey (Valladolid), 17 de enero de 1931 - Madrid, 3 de marzo de 2018.

   El día 3 de marzo de 2018 falleció, en Madrid, Antonio Colodrón Álvarez, uno de los principales psiquiatras que desarrollaron su vida y su profesión en la España del siglo XX. Y la desarrolló con méritos más que suficientes como para ser considerado una personalidad relevante y significativa en el panorama actual de la Psiquiatría española.

   Su indudable posición destacada en el campo profesional se acompañó siempre de un talante intelectual insobornable y de una atención inteligente hacia las realidades históricas y sociales que le tocó vivir. Pero, sobre todo, Colodrón presenta un perfil no habitual entre nosotros.  Por una parte, hizo una carrera bastante fuera de los focos convencionales (muchas veces muy a su pesar: hubo quien le regateó méritos y posibilidades) y, por otra, mantuvo intactas a través de los años las tres actividades que caracterizan a un líder profesional: su actividad de reflexión y estudio, constante y continua, materializada en sus publicaciones y en sus conferencias; su actividad docente, volcada sobre un número pequeño pero significativo de discípulos, que lo reconocen y admiran; y, sobre todo y ante todo, su actividad clínica en los ámbitos público y privado, que  le granjeó su reputación personal y profesional de excelencia y que fue siempre el motivo fundamental y la guía de todas sus acciones.  Colodrón fue, ante todo y, sobre todo, un clínico y que construyó sus aportaciones desde la clínica y para la clínica. El paciente era su razón de ser, el motivo de su pensar y, al tiempo, la fuente de donde extraer conocimiento para enseñar y escribir.  Este rasgo suyo no sólo es una verdad incontestable sino el principal homenaje que es de justicia darle.

  Antonio Colodrón nació, como decía al principio, el 17 de enero de 1931 en Nava del Rey (Valladolid), se licenció en Medicina en la Universidad de Salamanca y amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín. Es bien conocida su relación con Bartolomé Llopis (otro autor español del que las nuevas generaciones parecen saber poco o nada). Esa relación le hizo conectar, más personal que profesionalmente, con el grupo de los discípulos de Lafora y mantener con ellos un contacto que se prolongó a lo largo del tiempo. En todo caso Colodrón se distinguió pronto de las corrientes y los líderes que, en los años posteriores a la Guerra Civil, comenzaban a dominar la escena psiquiátrica madrileña, lo cual no significó en absoluto un aislamiento. Un ejemplo es el contacto frecuente y fructífero que mantuvo a lo largo de los años con el grupo que se formó en Barcelona alrededor de Santiago Montserrat Esteve y que tanta influencia ha tenido en el desarrollo ulterior de la psiquiatría catalana.

   Los contactos que Colodrón tuvo en Berlín con las teorías y hallazgos de la escuela de Pavlov le llevan, en los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado, a centrarse en el estudio y la difusión de la reflexología rusa y su aplicación a la psicopatología y la psiquiatría. Del año 1968 es su edición de una selección de los escritos de Pavlov que se publicaron en España bajo el título de “Fisiologia y pisicología” y que tuvo un destacable éxito. A este le siguieron libros propios como La acción humana (1969), La medicina cortico-visceral (1969) o La enfermedad como respuesta (1976) al tiempo que editaba, en 1978, Los reflejos cerebrales de Ivan Sechenov.

   En este tiempo Colodrón se movía sin duda en los terrenos de la fisiología cerebral pavloviana, en la no dudaba de integrar las aportaciones del evolucionismo. Esta integración inteligente fue lo que le llevó a lanzar lo que constituye uno de los puntos principales de su pensamiento: el concepto de “acción humana”.

   Según la define él mismo en la introducción al libro (1994) titulado El trastorno esquizofrénico de la acción humana (que recogía una serie de conferencias dadas entre enero y junio de 1994), la acción humana es, fundamentalmente, una acción total, que es más que el mero acto de conducta. La acción humana “es el desenlace de los procesos relacionales globalizados dirigidos a producir una conducta conveniente para el organismo como un todo; la integración de cuanto ocurre en este, tanto en su experiencia actual y pasada como en su conducta explicita e implícita”.


  También, y desde 1983, había dirigido su atención al problema de la esquizofrenia, intentando aproximarse a una concepción que, desde la psicopatología, desvelase algo de lo que podía entenderse del, como le gustaba llamarlo, Síndrome de Kraepelin-Bleuler. Sobre este tema escribió dos libros más (1995 y 1999), para culminar con lo que sería una síntesis final de su pensamiento en “La condición esquizofrénica” de 2002.


No es habitual que una monografía médica escrita originalmente en castellano alcance una segunda edición. Este hecho demuestra tanto el interés médico por el estudio de las esquizofrenias como la riqueza de la doctrina y el rigor de los trazos con que el autor las dibuja. ...

   Desde el punto de vista de la teoría de la Psiquiatría, Colodrón era claro y tajante. En la intervención que tuvo en una reunión internacional dirigida por Pierre Pichot y Werner Rein, cuyas actas de editaron en 1994 con el título “The Clinical Approach to Psychiatry”, Colodrón decía, entre otras cosas, ¡“Psychiatry does not spring fully armed from either test tubes or sociological reports!”. Este rechazo de las simplificaciones biologicistas y, al mismo tiempo, de las posiciones ideologizadas, lo mantuvo a lo largo de toda su vida y de su práctica. En el artículo que acabamos de citar lo anota caramente: “No hay psiquiatría que no sea clínica”.

   Como dijo el Prof. Enrique Baca Baldomero, catedrático de Psiquiatría: "Para los que tuvimos la suerte de conocerle a lo largo de muchos años, Antonio Colodrón es, por supuesto, más que un maestro de la Psiquiatría española. Fue un extraordinario compañero de seminarios, tertulias y sobremesas en las que oírle hablar de sus experiencias (que solamente se le podía arrancar en ambientes íntimos y relajados) y de su desprecio por la improvisación, la incultura disfrazada de lecturas superficiales y, sobre todo, el sectarismo, siempre producía una corriente de aire fresco y sano que revitalizaba cualquier conversación".

   Antonio se fue, pero nos dejó un buen bagaje de recuerdos y, sobre todo, el magisterio de una posición lúcida y clara sobre lo que la Psiquiatría debe y no debe ser, pero también de lo que los psiquiatras pueden y no pueden ser. Las nuevas generaciones harían bien en leer y conocer su obra.

(Petrus Rypff)

 

CINCO CONFERENCIAS SOBRE LA ESQUIZOFRENIA

   Este libro recoge los trabajos más recientes de uno de los principales especialistas españoles en el estudio de la esquizofrenia. Se apoya en la idea básica de que «la actividad teórica no basta para progresar en psiquiatría, pero, sin ella, el problema “esquizofrenia” no se aclarará nunca». Antonio Colodrón, especialista en psiquiatría, ha publicado anteriormente libros como La acción humana (1969), La medicina córtico-visceral (1969) y De la enfermedad como respuesta (1976); en Las esquizofrenias. Síndrome de Kraepelin-Bleuler (2.ª ed., 1990) hizo una revisión general del saber sobre el tema, mientras que en El trastorno esquizofrénico de la acción humana (1996) intentó aportar su modo de entender el proceso fundamental que subyace a estas «formas de manifestación de la locura». Los presentes ensayos parten de las ideas centrales de estas obras anteriores para desarrollar de modo más detallado y específico varios aspectos de la crisis existencial del brote esquizofrénico y de la propia crisis teórica del concepto de esquizofrenia. Un paso más en el intento de elaborar una teoría de la esquizofrenia sin escalas ni receptores. 

ESQUIZOFRENIA Y POLÍTICA DE ESTADO

   Con el cambio de siglo abundan las predicciones sobre un futuro brillante para la esquizofrenia. El entusiasmo que nace en incontables primicias: nuevos receptores, nuevas iconografías, nuevos fármacos y si fuera poco, nuevos procederes rehabilitadores amparados en también nuevas disposiciones legales sobre los derechos del enfermo.

   En los últimos años el trabajo de las asociaciones de familiares de enfermos y aún más recientemente, las de los propios enfermos, llamadas “Asociaciones en primera persona”, están consiguiendo empoderar a los pacientes y desestigmatizar a la enfermedad mental, tarea harto difícil en una colectividad que no consigue del todo entender y aceptar que la patología psiquiátrica no tiene tantas diferencias con cualquier proceso de enfermedad, y como tal debe entenderse, tratarse y aceptarse, si lo que se quiere es la inclusión e integración en las sociedades “avanzadas”.

   Muchos dicen que pronto se conocerá la causa de la Esquizofrenia, se identificará la fisiopatología, y se reducirá, al fin, su turbación. Y así, desde el simplísimo aleluya se moviliza un ejército de trabajadores de salud mental armado con un también nuevo “martillo de las brujas” para perseguir este añoso fantasma que ha ocupado durante todo el siglo XX los corredores desalojados por la histeria. Fantasma, sí, en cuanto unidad de enfermar nunca consolidada, pero, al tiempo, edificio simbólico de la psiquiatría, catedral gótica grandiosamente erguida sobre unas cuantas columnas esbeltas y alumbrada por enormes ventanales policromos, magnificadores de la solemnidad, pero incompetentes para iluminar las humedades que en tantos rincones amenazan ruina. Humedades que están ahí y no se ven, pero se sienten, como aliento de sepulturero.

   El templo se construyó, como era obligado, hacia arriba, a partir de una sugerente demencia temprana (o precoz). Se reconocieron después, unos conspicuos trastornos del pensar y, más tarde, con diversa fortuna, ciertos modos de interferirlos. Hoy, con la PET y la RM funcional, acertamos a ver gradaciones de color conformes con esas diversidades, pero los incontables datos logrados, que no cuadran, presionan para replantear el sentido de mantener esta incierta definición psicopatológica, adulterada, ya desde su origen, por lances muy alejados de la clínica.

   Algunos acontecimientos dan testimonio de cómo el ir y venir de la esquizofrenia, cambian de rostro con las luces y las sombras de la historia. Son sucesos tan conocidos como enfangados: el nacimiento del concepto y el posterior rechazo francés a la hegemonía alemana, los movimientos eugenésicos y las leyes que de ellos derivaron, la utilización política de la psiquiatría apoyada en esa forma latente y discutible del enfermar esquizofrénico que, desde Bleuler, nos sumerge en la incertidumbre de la ambigüedad. Momentos críticos recogidos en una copiosa bibliografía que pocas veces, sin embargo, ha buscado en ellos explicación de cambios trascendentales del saber psiquiátrico. Crónicas que recogieron indecencias que presionaron agobiantemente hasta sacar del ámbito médico cuestiones que le pertenecen y, en cuanto hoy nos compete, violentaron el sentido y alcance de la esquizofrenia.

   En los sesenta del siglo XIX, Francia vivió el pálido esplendor del segundo Imperio. Aún fascinan las formas triunfantes de Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo, pero, ahora, mientras Eugenia de Montijo impone al tout París la moda del miriñaque, Víctor Hugo, desde el exilio, llama “Napoleón el Pequeño” a su enemigo imperial. Se añora un gran pasado cuando Europa atraviesa ese momento brillante de las ciencias, la “década prodigiosa”, donde produce la Patología celular (1858), El origen de las especies mediante la selección natural (1859), la Patología y terapéutica de las enfermedades psíquicas (1861), los Reflejos cerebrales (1863) y la Introducción a la medicina experimental (1865).

   Como telón de fondo la dialéctica hegeliana y un “evangelio de la miseria y de la amargura” cuyo programa, el Manifiesto Comunista, quedó olvidado entre las tormentas sociales que explotaron en Francia el 24 de febrero de 1848, días antes de comenzar a difundirse el Manifiesto.

   En esa coyuntura, el médico jefe del asilo de Saint-Yon, en el Sena superior, Benedicto Augusto Morel, un médico alienista que “nada entendía de la rutina administrativa”, partidario ya del non-restaint, de las altas tempranas de los enfermos, de la instalación en familias, de seleccionar un personal de enfermería más culto y, también mejor pagado, publica la primera descripción médica del modo de enfermar que con el tiempo vino a llamarse esquizofrenia.

    Morel, educado en un seminario en Francia que, como tantos hombres de su tiempo, pronto se vio obligado a abandonar, preceptor más tarde, periodista, médico sin fortuna y, al fin, colaborador de Falret cuando éste necesitó un traductor de alemán, fue el primero en unir las voces “demencia” y “precoz” aunque fuera por observar su frecuente coligación, sin presumir una entidad morbosa; sin pensar, como habría de hacer, más tarde, Kraepelin, en un Krankheitsbegriff (concepto de enfermedad). “Son alienados, jóvenes todavía”, escribe en 1852, “que se presentan al observador con todas las probabilidades de curación. No obstante, después de un examen atento, uno se convence de que terminar por idiotismo y demencia es el triste coronamiento de la evolución”. Ocho años más tarde (Tratado de las enfermedades mentales) llama “demencia precoz”, a “esta inmovilización brusca de todas las facultades”.

   Morel señaló tres peculiaridades de unos cursos (comienzo en la juventud, rapidez de evolución y demencia), que constituyen el precedente más celebrado de la “demencia precoz” kraepeliniana frente a la que, paradójicamente, la psiquiatría francesa mantuvo, durante años, una tenaz obstrucción, nacida menos en la observación divergente de unos mismos hechos clínicos que en la sangrienta dialéctica de las batallas.

    Y es que en 1780, cuando Francia entró en guerra con Prusia, un ejército moderno, mucho mejor pertrechado que el francés, les propinó en Sedán la más humillante derrota de su historia; con 100.000 prisioneros, “Napoleón el Pequeño” entre ellos, Prusia rubricó su preponderancia en Europa.

   Así granó en Francia el odio y el desprecio por todo lo alemán, más precisamente, por todo lo prusiano. Francia, humillada se refugió en un nacionalismo regeneracionista nada proclive a aceptar “la decadencia de las naciones latinas” y menos aún el rigor cultural y científico de una Alemania emergente: Wagner, Nietzsche, Krupp, Siemens, Bayer, Merck, Kussmaul, Trendelenburg…Aunque el mundo ha comenzado su caminar hacia la aldea global y ya no cabe en ningún país el monopolio del saber, la ciencia se escribe ahora en alemán. En psiquiatría sonó la hora de Hecker (la hebefrenia, 1871), de Kahlbaum (la catatonía, 1874), de Kraepelin (sexta edición de su Tratado, 1899). Y mientras el reloj de Francia se retrasa, las observaciones de jóvenes que se deterioran se multiplican y comienza a elaborarse una doctrina sobre ellos. ¿Se trata de un proceso nuevo? ¿Una enfermedad producto del fracaso de los campesinos en su esfuerzo por incorporarse a la cultura industrial de las ciudades? ¿modos quizás distintos de percibir hechos antiguos, armados ahora los alienistas de una teoría sobre la degeneración bien que fuera tan fantástica como la propuesta por Morel?

   Morel murió en pleno desastre, en 1873. Tras él, sólo un hombre brilla todavía en Francia como figura de una psiquiatría que ha perdido altura: Valentin Magnan, al describir, junto con Dupré, el “Delirio crónico de evolución sistémica” acertó a contraponer los delirios crónicos evolutivos a las monomanías, separación que, en alguna medida, corresponde a la existente entre esquizofrenia paranoide y paranoia.

   Pero en Francia, la paulatina aquiescencia en el reconocimiento de esas formas patológicas observables en los jóvenes abrió camino a las nuevas ideas que, venidas de Alemania, no se juzgan adecuadas para explicar lo observable en la orilla izquierda del Rhin. Bien se sabe cómo hasta muy avanzado el siglo XX, y aún después, la noción de esquizofrenia ha sido discutida cuando no abiertamente negada por los psiquiatras galos, actitud venturosa que permitió la confrontación y el congruente progreso de las ideas. Fue demasiado lejos la soga teutónica al pretender sujetar mediante el exclusivo lazo de la esquizofrenia todas las psicosis alucinatorias crónicas de Henry Ey, los delirios de imaginación y las formas paranoides de la demencia precoz, con apenas un minúsculo resquicio para la paranoia.

   De este modo, mientras la psiquiatría germana se llenó de discusiones en torno al curso-estado desde la valoración primordial de lo deficitario o de cierta estructura psicológica, apareció el Handbuch de Bumke, cuyo IX volumen dirigido por Wilmanns y participado por las figuras señeras de la escuela de Heidelberg, (Wilmanns, Steiner, Mayer-Gross, Strauss, Homburger, Beringer, Bürger-Prinz) dio cuenta de la esquizofrenia como enfermedad unitaria manifiesta en subformas que se desvían, pero no se separan, de un núcleo morboso fundamental. “Creemos que el núcleo de lo que hoy llamamos esquizofrenia puede ser comprendido como enfermedad esencialmente unitaria, a pesar de la multiplicidad de sus síntomas, de su curso y de su desenlace, y como una enfermedad psíquica endógena orgánica o bien tóxicamente condicionada, de causa desconocida”. Es la opinión de Wilmanns y con él de la Escuela de Heidelberg y casi, casi de Europa entera, en 1932.


Universidad de Heidelberg

Escuela de Heidelberg

 El Departamento Universitario de Psiquiatría de Heidelberg fue el centro del movimiento fenomenológico mundial. Comenzó en 1878 y acabó en 1933. Los principales representantes de esta escuela fueron Emil Kraepelin, Karl Jaspers, Kurt Schneider , Hans Walter Gruhle, Karl Bonhofer, Alois Alzheimer, Robert Gaupp, Wilheim Mayer Gross, Franz Nills  y Kurt Beringer.


   El prestigio y la influencia de la psiquiatría alemana son enormes; frente a ella, sólo la psiquiatría francesa se mantiene, aunque apagada, como diafonía crítica de una doctrina que no acaba de encontrar un punto de equilibrio. Pero 1932 exige hacer un alto en el camino.

   Vamos atrás, al último tercio del XIX. Otro escenario: Inglaterra. Sir Francis Galton, primo de Darwin y exégeta entusiasmado del survival of the fittest bautiza como “eugenesia”, en 1883, la reducción, del nacimiento de ineptos y la mejora de la raza  mediante el fomento de “la reproducción de los más aptos”. Ha nacido el “social-darwinismo”, ese despropósito que si un día alcanzó su máxima expresión en Alemania como “higiene racial”, se extendió previamente, como “movimiento eugenésico”, por amplias geografías anglosajonas y dio lugar a incontables leyes sobre la esterilización más tarde olvidadas cuando, tras la guerra mundial, una amnesia profunda enterró los disparates cometidos en el lado vencedor. Al amparo de la “eugenesia” (la nueva religión de la clase media), concepto menos diáfano que el de “higiene racial” pues ensalzaba las acciones positivas (evitar matrimonios entre ineptos, controlar la natalidad, fomentar uniones tempranas, etc.), se procedió a prolijos programas de esterilización; como quien dice, caían bien en las mejores familias.

   La práctica se hizo en Virginia en 1907, desde donde, bajo distintos mantos legales, se extendió a treinta estados de la Unión. Su proyecto más amplio, redactado por el Dr. Harry Laughlin, director del archivo de eugenesia de Long Island, fue aprobado en Virginia y posteriormente ratificado por el Tribunal Supremo, en 1927, (caso Buck contra Bell Holmes), uno de cuyos miembros pronunció esta frase lapidaria: "el principio que sostiene la vacunación obligatoria es lo suficientemente amplio como para extenderse a la ligadura de las trompas de Falopio". Aceptada la constitucionalidad del desvarío, la nueva ley sirvió de orientación a otras en USA; en varios cantones suizos, en 1928; en Dinamarca, 1929; en Noruega 1932; en Finlandia y Suecia, 1935...En cuanto a nuestro propósito, el acontecimiento cardinal se produjo en Alemania el 14 de julio de 1933, día en que se publicó la "Ley de esterilización del enfermo hereditario", ampliada el 26 de junio de 1935 con una ley complementaria y aún con otra el 18 de octubre del mismo año ("Ley para la protección hereditaria del pueblo alemán"). Un conjunto de disposiciones que promovían esterilizar desde los oligofrénicos congénitos hasta los portadores de grandes deformaciones corporales hereditarias e incluía, razón de recordarlas aquí, también la esquizofrenia. Esta ley fue vigorosamente apoyada por los trabajadores sociales para evitar descendencia de los "tarados" de cualquier tipo. Se insistía en la voluntariedad del "tratamiento" esterilizador, un vergonzante fariseísmo que insistía en la libre aceptación de la ley que ocultaba la incapacidad del incapaz "para tomar tan severa decisión y amparaba la opinión de unos peritos autorizados a suplirla por decisión judicial, que, con ligeras variantes en los estados ejercía presión con diferentes amenazas de internamiento o promesas de libertad condicional". Clarence Gamble encontró datos, referidos a 1 de enero de 1944, que documentaban 41.928 casos de "psicópatas" esterilizados en los Estados Unidos. Otros investigadores dieron cifras de 70.000. La iglesia católica condenó la esterilización eugenésica (Pío XI, Encíclica sobre control de natalidad) en razón de que tal práctica permitiría usar del sexo frustrando el propósito divino de la procreación.

   La esterilización de los anormales fue propuesta por Forel en 1886 y recomendada unánimemente, por los psiquiatras suizos reunidos en 1905. Sin embargo, una ley de esterilización no fue promulgada hasta 1929 en el cantón de Vaud. 

   Por aquellos días, en Alemania, la genética, ante todo la referida a la patología mental, había alcanzado sus más altas cotas. Luxemburger, Rüdin, Lemkau, Klemperer y Bruno-Schulz, paseaban por el mundo médico el orgullo de una investigación sobresaliente que propiciaba un modelo hereditario de esquizofrenia. Pero, por supuesto, quedaban hilos sueltos: los hilos fastidiosos que habían dado origen  a la cuestión de las psicosis marginales y mixtas y a las discusiones sobre el modo de transmisión de esas formas patológicas que los clínicos no acababan de ponerse de acuerdo en reconocer. Así las cosas, la ley del 33 dejó anonadados los espíritus de buena parte del cuerpo psiquiático temerosos del alcance que en Alemania, dadas la peculiares circunstancias del III Reich, pudiera lograr aquel calco de las leyes de Virginia.

   Aunque hubo una connivencia general de los médicos alemanes con aquellas leyes, hubo una pequeña reacción y la genética fue abandonada hasta el punto que, "con el orto de la política social se alcanzó de la investigación hereditaria" (Wyrsch). Hubo héroes como el director de la residencia de Bethel, Friedrich von Bodelschwingh, quien se negó a cumplimentar los protocolos que repetidamente le exigieron para esterilizar a los enfermos bajo su custodia; también  el obispo de Münster Graf von Galen, quien en su sermón, en 1941, desafió abiertamente el espíritu de la ley y con esa denuncia marcó el punto de inflexión de los servicios de acción T4, iniciados en el 39.

   Más callada fue la reacción de los psiquiatras alimentando el isomorfismo, ya recogido en el Handbuch, entre esquizofrenia nuclear verosímilmente hereditaria y esquizofrenia sintomática que, por principio, no lo es. Esa analogía hizo temblar la opinión de los partidarios de la política de esterilización, que si bien en Alemania antes del 33 no cristalizó en hechos concretos, y menos aún en leyes, había sido defendida por nombres prestigiosos como Hoche, el radical crítico de Kraepelin, que mantuvo, desde 1920, la licitud  y utilidad de eliminar los seres "carentes de alma" como "los que tienen alteraciones cerebrales heredadas o contraídas en la primera infancia", incluso fue más alla de la castración como opción, al afirmar que, para evitar las cargas que los anormales suponen a la comunidad propugnó, sencillamente, eliminarlos. Sus ideas, y las de otros, calaron en los gobernantes de la época, de forma que la herencia de la esquizofrenia y otras patologías paso de ser, de un problema académico, a un problema político. En este aprieto, los psiquiatras germanos restringieron el diagnóstico y trataron de delimitar con finura el quantum determinado genéticamente de lo que, probablemente no lo era. Así, se reavivaron las ideas sobre los estados esquizomorfos descritos antes por Kahn, las esquizopsicosis de Berze, las reacciones esquizofrénicas de Popper, las constituciones esquizoides de Kretschmer y otros. Paralelamente hubo un desplazamiento de la endogenicidad hacia las causas exógenas, como la tuberculosis, las disbacteriosis enterohepáticas, las dismetabolias, la encefalitis, la malaria, los traumatismos cerebrales, la epilepsia, la arterioesclerosos, etc.. Encima, Leonhard describió sus psicosis endógenas atípicas en las que demostró la imposibilidad de fundamentar sólidamente la herencia.

   Por añadidura, unos procederes terapéuticos (la cura de Sakel, la convulsivoterapia de von Meduna, el electrochoque de Cerletti), comenzaron a ocupar el centro de la investigación clínica. Con ello se desvaneció el interés por la genética de la esquizofrenia.  Esquizofrenia hereditaria, esquizofrenia no hereditaria. A causa de unas convulsiones sociales la unidad de la esquizofrenia se había roto.

   En otro escenario, un complicado juego de despropósitos, llevó a Rusia, a colar la "oposición política" entre las entidades nosológicas. Debido a los procesos de Moscú, una nueva generación de profesionales, surgida al amparo de Stalin, sustituye a los intelectuales, fieles a Lenin, que cayeron víctimas de las depuraciones. El aciago T.D. Lyssenko, que llegó a ser presidente de la Academia de Ciencias Agrícolas en 1935 y después director del Instituto de Genética, entre 1945 y 1965, fue el "cientifico" más galardonado de la Unión Soviética, apoyado en las ideas de Mitchuri y Lamarck, alcanzó prominentes competencias desde las que provocó una de las mayores catástrofes de la ciencia y de la economía rusas, persiguió a genetistas como Vavilov, que fue exterminado, acusado de colaboracionista con el servicio secreto británico. Levitsky Karpechenko y algunos más fallecieron por causas desconocidas; Dubinin fue expulsado de su laboratorio.

  Lyssenko  mantenía que el medio conforma caracteres transmisibles por herencia a través de una serie de generaciones y, esta idea, tirando por tierra las tesis de la gran escuela de genetistas, se extendió más allá del ámbito de las ciencias biológicas; acorde con los dogmas del estado, la trasladó a las ciencias sociales y del comportamiento, En el hombre, la herencia de los caracteres adquiridos no puede probarse, pero, fallecido Paulov, cuyas relaciones nunca fueron buenas con el gobierno soviético, Lyssenko tergiversó sus ideas sobre los reflejos condicionados y el moldeamiento del hombre por el medio, lo que caló en Stalin  y la cúpula del Estado Soviético para justificar, desde la "ciencia", sus políticas de exterminio de los disidentes del régimen, por el perjuicio que sus pensamientos heterodoxos pudiera causar en una sociedad subyugada por la fuerza de una dictadura sin parangón. Tras el XX Congreso del partido comunista, en 1965, Lyssenko fue depuesto de todos sus cargos y con ello, cayó su estilo de imponer una doctrina apoyándose en el poder político, y con los cambios operados desde entonces en la URSS se transformó, para bien, el corpus científico del Estado, al menos en teoría. 

   En las dos décadas transcurridas entre 1945 y 1965, el ambiente era tal que los politicólogos de la Salud Mental lo tenían muy difícil. Defender la sociogénesis de los trastornos mentales en coherencia con la teoría hegemónica sobre el aprendizaje y sus trastornos y, con ello, las contradicciones en el existir del ciudadano, tropezaba con el disgusto de reconocer las paradojas presentes en la filosofía del estado. Atribuir, por el contrario, los trastornos a una disposición hereditaria denunciaba esas mismas paradojas remitidas al futuro. Y fue así como, con la complicidad de los mediocres, se dio salida al compromiso negando el debate, desviando el problema. Dificultades análogas habían tenido lugar en el ámbito de la física, donde el principio de incertidumbre y el de complementariedad, dieron lugar a las concesiones a físicos obscuros y a condenas de otros prestigiosos.

   Total, la polémica sobre la sociogénesis derivó en negar la existencia de la neurosis en la URSS e inclinar toda la patología mental hacia la causalidad biológica, pero una causalidad biológica cutre, pasteurizada, temerosa de confundir lo que, políticamente, convenía o no definir como heredable. Fue el triunfo de lo infame pues, como siempre, la mezquindad de los comisarios de la ciencia esterilizó a los mejores. 

   Con la trama psiquiátrica deshecha, en 1965, precisamente el año de la caída de Lyssenko, estalló el escándalo Bukowski, un disidente soviético encausado por lector de las obras del depuesto dirigente yugoslavo Milovan Djilas, internado en Leningrado entre 1963 y 1965 y finalmente intercambiado (1976) por Luis Corvalán, secretario general del partido comunista chileno. "Una nueva enfermedad ha nacido en Rusia", dice Bukowski en su famosa "Carta abierta a algunos psiquiatras: la oposición(enero 1971). Una enfermedad a cuyo tratamiento servían hospitales especializados, dependientes directamente del Ministerio del Interior, no del de Sanidad, y cuyo personal se nutre de policías y presos de derecho común. Entre los internados no faltaban nombres prestigiosos: el genetista Medvedev y el general Grigorenko, héroe de guerra, declarado ahora loco por defender a los tártaros de Crimea; otros, lanzados a la fama por acontecimientos puramente políticos: Jakhimovitch, inspector de inspección pública, que trata de imponer criterios distintos a los decididos por el plenario del departamento; Natalia Garbonaneskaya, detenida por encadenarse en la plaza Roja tras los sucesos de Praga; Kouznetsov, Feingerg y Borissov...y el propio Bukowski. En palabras de Lyamin, jefe de hospital, a uno de los internados: "Estamos tratando de curar a usted, no de una enfermedad sino de sus creencias".

    El escándalo explotó en 1977, en el Congreso Internacional de Psiquiatría y culminó en 1983 con la retirada de la psiquiatría soviética (y la de los paises entonces llamados satélites) de la Asociación Mundial.

  Corrieron ríos de tinta. En 1979, Amnistía Internacional denunció los abusos psiquiátricos en la URSS. como siempre ocurre, una información fragmentaria y confusa, encendida en el desgarro de la clandestinidad, dio pie a tirar de largo de la hipérbole y la exageración y se descuidó que muchos casos denunciados en Amnistía Internacional lo fueron por enfermos anteriormente ingresados (sin quitarles credibilidad, bien se sabe la desconfianza y alcance de lo paranoide). De un modo u otro, una vez más, distintas conveniencias convirtieron compromisos políticos en una apasionada polémica ética ofensora de la psiquiatría y sus métodos y se centró en el corazón mismo de la enfermedad mental: la definición de esquizofrenia.

   Esquizofrenias, había ¡cómo no! en Rusia y también, por supuesto, esas formas patológicas esquizofreniformes y todo ese difuso espectro de lo esquizoide, esquizomorfo, esquizotímico, esquizotípico y limítrofe. El ambiente exigía categorizar lo incategorizable, y así cuadros que se estabilizan y se mantienen prolongadamente en situaciones propias de los pródromos esquizofrénicos como "esquizofrenias tórpidas", un concepto éste, esquizofrenia tórpida, recogido, bajo nombres distintos y con ligeras variantes a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

   A fin de cuentas, un razonar análogo llevó, en su día, a Bleuler a escribir las formas latentes de la enfermedad. Pero ahora, ante todo Sernievsky (director del Instituto de la Academia de Ciencias Médicas), Morozov (director del Instituto Serbski de Psiquiatría Legal), Lunz (profesor médico coronel de la K.G.B.) y algunos más describieron y alzaprimaron la esquizofrenia tórpida como una forma de acoger muchas conductas inexplicables o inconvenientes para quienes defendían aquella hechura de sociedad. 

  Y otra vez la polémica médica sobre la amplitud de lo tórpido, sobre la categorización de la esquizofrenia, derivó al terreno de la ética donde, obviamente, el problema se emponzoño. La esquizofrenia tórpida fue explicada como forma análoga a la latente con una peculiaridad: no evolucionar. Nunca se seguía de síntomas abiertamente esquizofrénicos. Por supuesto, este criterio ampliaba hasta lo inconcebible la extensión de ese modo tan resbaladizo de manifestarse un trastorno severo de la personalidad.

   La llama se avivó por una cuestión de prestigio entre la escuela de Leningrado y la de Moscú. En Moscú, en el Instituto Serbsky, dominaba el parecer de Sernivsky; en Leningrado, se burlaban de él. Mintras tanto numerosos disidentes permanecían internados recibiendo tratamiento para sus opiniones discrepantes de la ideología oficial.

  ¿Fueron círculos de la K.G.B. los que utilizaron aquella vidriosa entidad para justificar una forma peculiar de deshacerse de lo incómodo y distinto? ¿Fue una querella científica engañosa desde la que algunos psiquiatras deseosos de imponer sus ideas sobre ciertos modos de expresión esquizofrénicos intentaron aprovechar la coyuntura social?

   Cuando, más tarde, se intentó deshacer aquel enturto el rompecabezas tenía mala solución. Se quiso desprender (¡nada menos!) lo tórpido de lo latente, ese problema que hoy sigue, como ayer, dando amparo vicioso al trastorno paranoide, al esquizoide, al esquizotípico, al límite y al antisocial, y esa amplia parcela de los trastornos de la acción humana en la que la psicopatología pierde su norte y cosifica unos entes de razón. Una vez más, presiones ajenas abusaron de las discordias médicas sobre el alcance mental y las utilizaron para explicar la do otro modo inaudita disidencia como producto de formas paucisintomáticas y no evolutivas de la enfermedad.

   Como corolario quiero decir que: tres retratos de hechos broncos y distantes, por fortuna hoy ya descoloridos, han ilustrado sobre cómo en la conceptualización de la esquizofrenia se introducen, una y otra vez, figurantes ajenos a la medicina y la zarandean de acá para allá. Tres ejemplos y podrían haber sido muchos más, los hay. Enfrentamos modos anómalos de expresarse la aciión humana y, en consecuencia, vienen de todos los lados las presiones que pretenden ordenarla en atención a particulares proyectos de sociedad. Por ello, es difícil referirse al futuro de esta movediza entidad. Lo es, incluso, hablar de su presente pues a las humedades que, ya originariamente, infiltraron y reblandecieron su estructura se añade hoy, desde fuera, un incontenible y nuevo ataque químico que, como el mal de piedra, debilita su aspecto exterior y quién sabe hasta donde llegará. 

   En la evolución hay una ley inexorable por la cual el filum nuevo suspende el desarrollo del viejo. Muy acertadamente la ha concretado así Teilhard de Chardin: "la capacidad de destruir el pasado es un fenómeno concomitante al empuje para construir el porvenir". Esta ley evolutiva no hace excepción con el prodigio del pensar. El nuevo filum del saber sobre las formas patológicas del pensamiento, que hoy germina en tanta primicia, cristalizará en nuevos desarrollos cuando pruebe su aptitud para destruir el conflictivo pasado que los suscita. En nuestro caso, y con ello termino, el mañana de la esquizofrenia ha de contar con que puedan producirse infinitos encuentros iguales, un eterno retorno, de las combinaciones de elementos que la significan y también encuentros iguales de condiciones y gentes como las recordadas que intentarán forzar modelos de locura en función de sus particulares intereses. 




COLODRÓN, MAESTRO ENTRE MAESTROS

Petrus Rypff


  Llevo 28 años en este oficio de psiquiatra, y entre las pocas cosas que tengo radicalmente claras es que el psiquiatra español que mejor entendió las esquizofrenias y mejor supo explicarlas fue Antonio Colodrón Alvarez.  Cada fragmento de Las esquizofrenias. Síndrome de Kraepelin-Bleuler o de “La condición esquizofrénica” es una obra maestra fruto del esfuerzo y de la inteligencia de un hombre que se entregó en cuerpo y alma a los enfermos y a la ciencia.

    La postergación científica de Antonio Colodrón es un insulto a la inteligencia y un homenaje al trepa y al vago, especies muy abundantes en nuestro país. Hoy, buceando por la red, encontré esta cita suya que desconocía: “La esquizofrenia está en el paciente, pero también en el medio que lo define y ofrece estímulos incoherentes. También está, y esto poco se advierte desde los criterios operacionales, en el bagaje de quien observa y en la situación concreta en que se hace. La esquizofrenia es un trébol y sus hojas el sujeto que la sufre, el medio que la alimenta y el explorador que la reconoce”. Ahí está toda la sustancia de la enfermedad mental. Esta visión suya tan integradora y holista supera y abate todos los reduccionismos al uso. No me extraña que muchos pensaran que el pensamiento de Colodrón era un peligro para sus negociados. No iban desencaminados. La obra de Colodrón Álvarez no buscaba ser complaciente con nadie que no fuera el método científico o la realidad de los enfermos.

   Tuve la oportunidad de asistir en los 90’s y en los primeros años del nuevo milenio a varias conferencias magistrales del profesor Colodrón, dentro del programa de actividades de distintos eventos científico-psiquiátricos celebrados en la capital de España. Cuando en la tribuna se presentaba el profesor Colodrón, el ambiente de la sala era distinto al que se respiraba durante la intervención de otros grandes, o medianos popes. Generaba siempre unas expectativas muy peculiares. Admirado por casi todos, transmitía un aura especial, mezcla de sabiduría, énfasis en su oratoria y, sobre todo, cierto regusto de disidencia respecto a la oficialidad. No se andaba con ambages a la hora de cuestionar el funcionamiento de las instituciones psiquiátricas y de la doctrina, a veces paternalista e irrespetuosa con el enfermo mental grave por parte de los que organizan, desde las alturas, el complejo mundo de la asistencia psiquiátrica en sus distintos niveles. Sabía describir con maestría y sagacidad el protagonismo del paciente esquizofrénico como centro o diana del sistema, a veces maltratado en sus derechos. La lucha contra el estigma del enfermo era uno de los objetivos primordiales en su trabajo diario, y en eso se centra también un servidor. Hoy día se habla mucho del empoderamiento del enfermo mental; pues, de esa actitud de defensa de autonomía y búsqueda de la integración y rehabilitación del paciente esquizofrénico era, el maestro Colodrón, un adalid. No era el único, pero era, sin duda, el mejor.


Por una psiquiatría sin complejos, ni escalas, ni receptores.