domingo, 25 de octubre de 2020

TRACY CHAPMAN - SU MÚSICA, SU REVOLUCIÓN Y SUS AMORES

 



Tracy Chapman en 2009.

Nacimiento: 30 de marzo de 1964 (56 años) Cleveland, Ohio, Estados Unidos

Educada en la Universidad Tufts

Cantautora, Antropóloga

Años activa 1988-presente

Género: Reggae Folk,Folk rock

Instrumentos Canto, guitarra

Distinciones: Salón de la Fama de las mujeres de Ohio, BRIT Award for International Female Solo Artist (1989) Premio Grammy por mejor artista nuevo (1989) 





Tracy Chapman, su revolución, su música y sus amores


   Tracy Chapman nació para componer. Empezó a tocar con 8 años, formaba parte de una familia prácticamente sin recursos. Fue reclutada por un programa del condado de Cleveland que ayudaba a niños descendientes de familias afroamericanas con aptitudes artísticas, algo que cambió su vida para siempre y le dio la oportunidad, muy bien aprovechada, de formarse en la música. Tracy es la autora de hits como Fast Car, Baby can I hold you o Talkin´about revolution.

Un famoso concierto en los años 70, homenaje a Nelson Mandela, la catapultó a la fama y convirtió Fast Car en el número 1 de su país durante varias semanas. Una canción intimista con una letra redonda.

   Tres Grammys logró con su primer álbum (1988), el que definitivamente convirtió a esta doctoranda Honoris Causa por la Universidad de Tufts en una estrella internacional. 

   En 2006 la escritora Alice Walker, famosa por dar vida a El Color Púrpura, comentó en una entrevista que ella y Tracy habían sido pareja. Fue la primera vez que alguien hablaba públicamente, incluida la propia cantante, de su lesbianismo. "La relación fue fantástica, amorosa y maravillosa. Yo la disfruté mucho, estaba totalmente enamorada de ella, pero entonces era un asunto nuestro y de nadie más".

Tracy Chapman - Fast car



Tracy Chapman Merry Greatest Hits 2020 || Best Songs Tracy Chapman Album 2020



Tracy Chapman se casará con su guitarra y vivirá feliz para siempre

CARLOS BOUZA  12/12/2018


  Celebramos el 30 aniversario del debut discográfico de Tracy Chapman contextualizando aquella obra que, en 1988, restituyó el poder de la canción de autor politizada con exitosos resultados comerciales.


Tracy Chapman. / Foto: Hans Hillewaert

“No lo sabes / están hablando de una revolución / suena como un susurro…”

   Faltaban pocos minutos para que comenzase el concierto, y la representación de periodistas musicales reunida en el Donmar Warehouse londinense había convertido al pequeño teatro en un hervidero de rumores. Aquel 25 de marzo de 1988 nadie sabía aún a ciencia cierta quién era Tracy Chapman: tan sólo que, a sus 24 años y en calidad de telonera de la banda neoyorquina 10.000 Maniacs, estaba a punto de presentar las canciones de su inminente y prometedor álbum de debut para el sello Elektra.

   Como si algo más importante que toda aquella expectación se estuviese enredando entre los cordones de sus bambas, Chapman recibió esa noche los primeros aplausos sin dejar de examinarse el calzado, y después echó a volar una mirada que no revelaba un átomo de inquietud y comenzó a cantar. Cantó una por una sus canciones sobre la vida en las esquinas ciegas de la ciudad, con una voz que parecía descender del canto solemne y limpio de Odetta. Entre tema y tema, la mirada volvía a perderse entre los cordones. Silencio. Una vez que había salido de la canción, Chapman no tenía nada que decirle al mundo.

   La información corría de butaca en butaca. “Es una cantautora norteamericana que viene de los barrios obreros de Cleveland”. “Es una estudiante de Antropología que va a sacar un disco de corte folk con Elektra”. “Hace unos meses tocaba en la calle y ahora la representa Elliot Roberts, el manager de Neil Young y Joni Mitchell”. En contraste con la parsimonia que mostraba sobre el escenario, su carrera parecía estar despegando a una velocidad inusitada. Un mes más tarde, Chapman alcanzaba el éxito global con un primer álbum de poesía sencilla y modestos ropajes instrumentales. Tres meses después estaba actuando en el estadio de Wembley como invitada a la celebración del 70 cumpleaños de Nelson Mandela, frente a una audiencia televisiva de 600 millones de espectadores.




Una chica tímida de Cleveland

   Dignidad, empatía, furia. Pronto supimos que todo cuanto vibraba en aquella música que había asombrado al mundo procedía de dos espacios contiguos en la vida de su autora: el de la conciencia social temprana, en cuyo despertar tuvo mucho que ver su condición de hija de madre negra, soltera y atascada en la precariedad, y el de la mirada entrenada para la profundidad de campo a través de las canciones y los libros. Lo demás era lo demás: apenas hojarasca biográfica al pie de ese fuego formativo iniciado en un barrio de clase trabajadora, y más tarde extendido en los escenarios de todo el mundo.

   Y sin embargo, qué ironía: Chapman, quien fue antes que ninguna otra cosa una jugadora de baloncesto incansable e individualista, una estudiante introvertida, una observadora más que una persona de acción, ni siquiera se había planteado la posibilidad de vivir de la música hasta el filo de sus 20 años. Digamos que la vocación comenzó a mostrar un cierto relieve coincidiendo con su ingreso como alumna becada en la escuela progresista Wooster (Danbury, Connecticut), donde obtuvo algo más que el soporte teórico para entender la dimensión de todas aquellas brechas sociales que hasta entonces solo había conocido a pie de barrio.

   A medida que su conciencia se endurecía, la banda sonora de su juventud experimentaba también en Wooster sus propios cambios: fue allí donde, siguiendo el rastro de la obra de Bob Dylan, encontró las fuentes de la música folk norteamericana, con su caudal de canciones que incidían en lo colectivo y funcionaban como crónicas sociales de un país en proceso de extinción. Años después, esta serie de revelaciones simultáneas terminarían emergiendo de forma muy nítida en la escritura de su primer álbum: un disco tan imbricado en el paisaje urbano estadounidense de la era Reagan como lo estaban ciertas canciones de Woody Guthrie en el paisaje rural de la década de los 30, durante los años de las tormentas de polvo.

Tracy se casará con su guitarra 

   En 1982, el anuario escolar de Wooster presentaba ya a una joven de convicciones firmes que se abría a la vida con plena seguridad en sí misma. Junto a su foto podía leerse un consejo de la poeta feminista Nikki Giovanni: “Siempre hay algo que hacer. Hay gente hambrienta a la que alimentar, gente desnuda a la que vestir, gente enferma a la que aliviar. Aunque no espero que salves al mundo, no es demasiado pedir que ames a aquellos con quienes duermes, compartas tu felicidad con aquellos a quienes llamas amigos, te relaciones con los visionarios y apartes de tu vida a quienes te ofrecen tristeza, desesperación y falta de respeto”. Unas líneas más abajo, la estudiante contemplaba así el futuro: “Tracy se casará con su guitarra y vivirá feliz para siempre”.

   Aunque poco tiempo después inició la carrera de Antropología en la Universidad de Tufts, Boston, donde terminaría graduándose en la especialidad de Estudios Africanos, sus compañeros y compañeras no habrían de recordar tanto a la alumna brillante como a la música en ciernes, siempre pegada a su guitarra y a su abultado cuaderno de letras. Por entonces ya había escrito ‘Talkin’ Bout The Revolution’, la radiografía de una rebelión social cocinada a fuego lento que se convertiría en el emblema de su primer álbum, y que en ese momento le sirvió para foguearse en sus primeros y exitosos conciertos universitarios.

HABLANDO SOBRE UNA REVOLUCIÓN - TRACY CHAPMAN SUBTITULADA en ESP

   Alentada por la buena sintonía que el alumnado mostraba hacia su repertorio, hubo una primera tentativa de sondear la reacción del sello CBS, pero lo único que obtuvo a cambio de la maqueta en la que había volcado sus primeras canciones fue una escueta nota paternalista en la que le aconsejaban que afinase su guitarra. Lejos de arredrarse, Chapman volvió a los directos: a veces se la podía ver en algún club de mala muerte situado al pie del río Cuyahoga, cantando temas de amor de corte naturalista y temas de temblor social; a veces, interpretando esas mismas canciones a la intemperie. Hasta que en 1988 llegó una nueva maqueta, y con ella una nueva tentativa.

‘Tracy Chapman’ (1988)

   Hablamos de los tiempos en los que las canciones apenas bosquejadas viajaban en cintas vírgenes, esperando a que el azar y el talento las depositase en algún lugar donde crecer. El azar quiso que la de Chapman llamase la atención de un compañero de facultad, cuyo padre dirigía una de las principales compañías independientes de Norteamérica. Después, el talento propició que la cinta continuase su viaje hasta las oficinas de Elektra, donde encontró su plataforma definitiva. Tras una selección final de once temas, su autora estaba lista para entrar al estudio.

   Las primeras sesiones fueron tensas: Chapman probó con distintos productores, pero todos insistían en someter las canciones al agresivo tratamiento de arreglos digitales que demandaban los estándares de la época. Finalmente, fue David Kershenbaum el único que entendió el trabajo de depuración que perseguía la artista, orientado a desechar todo aquello que desviase la atención de la voz y los textos. Se necesitaron ocho meses para que la grabación llegase a buen puerto, con el apoyo de una banda moviéndose discretamente entre el folk espartano y el pop de sencillas hechuras contemporáneas. Todos aceptaron su papel de actores secundarios: ‘Mountains O’ Things’ se sostenía apenas sobre la percusión de Paulinho Da Costa y la voz de Chapman, y ‘Behind The Wall’ estaba íntegramente interpretada a capella.

   A simple vista, ‘Tracy Chapman’ era un disco desubicado y difícil de vender. En primer lugar, por esa condición de obra a contrapelo en lo sonoro, en un momento en el que las listas de éxitos se nutrían mayoritariamente de pop ultraprocesado. Pero también porque estaba poblada de personajes insertos en un hondo malestar personal y comunitario, ya fuese como consecuencia de la violencia machista (‘Behind The Wall’), las tensiones raciales (‘Across The Lines’) o la pobreza (‘Fast Car’). La respuesta a la cuestión de si el gran público estaba preparado para conectar con todo aquel realismo sombrío llegó poco después del lanzamiento del álbum, cuando la interpretación de ‘Fast Car’ en el aniversario de Mandela condujo este relato sobre una pareja de vagabundos hacia una inesperada amplificación.


Contra las reglas del juego

   La onda expansiva generada por la canción no solo posibilitó que el álbum al completo se beneficiase de un flujo de ventas abultado y constante: recordó también que la canción de autor politizada era todavía un modelo vigente, y que había una audiencia dispuesta a escuchar. Pero al tiempo que Chapman se unía a la ambiciosa gira mundial ‘Human Rights Now!’, organizada por Amnistía Internacional, parte de la crítica y muchos de sus compañeros de profesión comenzaron a mostrarse incómodos con su éxito.

   Uno de los primeros en cuestionar su figura fue el cantautor socialista británico Billy Bragg, quien apuntó hacia la supuesta ingenuidad de canciones como ‘Talkin’ Bout The Revolution’, en la que el presentimiento de una inminente sublevación popular se presentaba huérfano de propuestas para hacerla posible. Pronto se sumaron voces como la de Chuck D, líder de la banda neoyorquina de rap Public Enemy, quien desde las páginas de Rolling Stone aseguró que “la gente negra no podría conectar con la música de Tracy Chapman ni aunque le golpeasen con ella treinta y cinco mil veces en la cabeza”. Resumiendo toda esta corriente crítica, el semanario NME despachó el disco definiéndolo como “un amortiguador de conciencias para después de la cena”.

   La incómoda posición en la que había quedado la artista tras su involuntario ascenso a portavoz generacional era más que evidente. De pronto se le pedía lo imposible: no sólo que fuera capaz de descifrar el mundo, sino también que firmase la receta contra todos sus fallos estructurales. Pero esta oleada de hostilidad parecía empujada además por otro factor importante: el éxito del disco había atravesado numerosas capas sociales, encontrando una audiencia particularmente amplia entre la clase media-alta blanca estadounidense. Para mucha gente, esta circunstancia se convirtió en la prueba definitiva de que la obra portaba un mensaje superficial y, en última instancia, fallido.

   Sin embargo, Chapman negaba la existencia misma de lo que otros consideraban “su público”, y que para ella era tan sólo una masa indeterminada de personas que se acercaban a sus canciones por motivos diferentes e imposibles de controlar. Esta revelación fue tan liberadora como la certeza posterior de que, hiciese lo que hiciese, estaba condenada a escuchar un ruido de cuchillos afilándose a la vuelta de la esquina. Su natural tendencia al repliegue se aceleró cada vez más: tras alambrar su vida privada y renunciar a explicarse sobre una obra que consideraba transparente, optó por extender su carta de renuncia ante quienes se empeñaban en imponerle una bandera o convertirla en un símbolo.

   Tres décadas y tan solo siete discos más tarde, es probable que Chapman sea hoy, más que entonces, quien siempre quiso ser: una artista refractaria a los rituales de la fama y ajena a las fluctuaciones estéticas del mercado musical, dueña además de sus propios ritmos de edición. No es extraño que hayan pasado ocho años desde el lanzamiento de su último disco, ‘Our Bright Future’ (2008), pues sabemos que para ella es tan importante la música como el silencio que le sigue.

Tracy Chapman, susurrando la revolución
La Giganta Digital, 29 noviembre 2018  |

Sabes qué / están hablando de revolución / suena como un susurro”. Con estos versos empezaba la canción que abría el primer disco de una cantante absolutamente desconocida para el público español.

TEXTO: Rafael Calero (escritor y poeta) 

   Era el otoño de 1988 y aunque hoy pueda parecer mentira, aquel disco, cuyas letras destilaban cantidades ingentes de dolor y de rabia, eso sí, envueltas en melosas capas de melodías folk y arrastradas por la corriente de sinuosas guitarras acústicas, se convirtió en todo un fenómeno social, no sólo en España, sino en medio mundo. La mujer que había compuesto aquellas canciones combativas y poéticas, a partes iguales, que se nutrían tanto del desgarro interior de Billie Holiday como de la poesía de Bob Dylan o la actitud punk de The Clash, que invocaban a la revolución pero también denunciaban la violencia doméstica, el racismo de la sociedad norteamericana, o la pobreza de una gran parte de los estadounidenses, se llamaba Tracy Chapman y provenía de los Estados Unidos del presidente Ronald Reagan, un territorio que desde 1981 se había convertido, junto a la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, en el laboratorio mundial del neoliberalismo.

   Tracy Chapman había nacido en Cleveland, Ohio, en marzo de 1964, pero en sus primeros meses de vida, su familia se trasladó al estado de Connecticut, donde transcurrió su niñez. Tres detalles marcaron esta etapa de su vida: la música, la pobreza y el racismo. Como suele ser habitual en los hogares de raza negra en Estados Unidos, la música jugó un papel primordial en los primeros años de vida de Tracy. La niña se desvivía por la música, así que su madre, para su tercer cumpleaños, le regala su primer instrumento musical: un ukelele. Con diez años, cambia el pequeño instrumento de cuerda por una guitarra, aunque apenas puede sostenerla en sus brazos. Un par de años más tarde, ya está haciendo sus pinitos compositivos y de ahí a escribir sus propias letras, hay un pequeño camino, que ella recorre de manera natural. En una entrevista, a propósito de aquellos tiempos, recordaba: “Crecí escuchando música soul, y siempre me sentía atraída por las canciones que tenían un fuerte contenido social, como las de Stevie Wonder, Harold Melvin and The Bluenotes, Marvin Gaye y Bobby Womack”.

   La pobreza es el segundo aspecto que destaca al tratar la figura de la cantautora americana. A la edad de cuatro años, su padre y su madre se divorcian. Ella y su hermana, Aneta, que es un poco mayor, se quedan con su madre, sobreviviendo como buenamente pueden a base de empleos precarios, con sueldos de mierda, con la espada del despido siempre pendiendo sobre su cabeza, echando mano de las ayudas públicas cuando la cosa se pone muy fea. Está claro que la niña comprende bastante bien el significado de la expresión “la lucha diaria por la vida” y que no ha crecido, precisamente, rodeada de “montones de cosas”, como dice en una de sus canciones más conocidas.

 Y por último está el racismo, esa enfermedad incurable de las sociedades contemporáneas. El racismo es un fenómeno muy visible y palpable en los Estados Unidos de América, donde la población de raza negra sufre, desde la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, el desprecio de una gran parte de la población blanca, única y exclusivamente por el color de su piel. La pequeña Tracy vive en sus propias carnes el odio, los insultos, la violencia de una sociedad que no termina de asimilar su pasado y que considera a las mujeres y hombres de raza negra como ciudadanos de tercera.

   Pero Tracy es mucha Tracy y guarda un as en la manga: a la niña le encanta la escuela y es muy buena en los estudios. Y muy pronto comprende que sólo el conocimiento y el trabajo duro la pueden salvar de un futuro más negro que una noche sin estrellas. Así que se pone manos a la obra y gracias a su esfuerzo y a su capacidad para estudiar y trabajar con tesón, obtiene una beca para completar la educación secundaria en uno de los mejores institutos de Boston, y cuando termina la secundaria y llega el momento de ir a la universidad, se matricula en Antropología y Estudios Africanos en la Universidad de Tufts, en Medford, Massachusetts, gracias a otra beca que ha conseguido debido a sus excelentes notas, en vez de estudiar Veterinaria, que había sido su sueño desde que era niña.

   En la universidad, graba una maqueta con las canciones que ha compuesto con su guitarra en la intimidad de su habitación. Canciones que hablan de la vida cotidiana de mucha gente que lo está pasando muy mal en esa “tierra prometida” del capitalismo salvaje. Gente que es despedida de su empleo miserable, gente que es insultada y despreciada por el color de su piel, mujeres que sufren la violencia en sus vidas cotidianas sin que la policía mueva un solo dedo por defenderlas, mujeres que sueñan con dejarlo todo y escapar para empezar lejos, muy lejos, una nueva vida. Mujeres y hombres, en definitiva, que invocan su derecho a ser felices.

   Y empieza a tocar en los bares del campus universitario, en las plazas y las esquinas más concurridas de la ciudad, en los pequeños cafés en los que se reúnen chicos y chicas interesados en la poesía, en la música folk y en los viejos blues. Y será en uno de estos locales donde un cazatalentos de la compañía Electra, en 1986, la vea tocar y cantar. Y es tras una de esas actuaciones cuando deciden ficharla. En 1987, entra por primera vez en un estudio de grabación profesional. La experiencia, lejos de ser un sueño hecho realidad, se convierte en una pesadilla. Aquello no va como a ella le gustaría que fuera, así que tiene que dejar las cosas claras a la compañía. O se hace como ella quiere o no habrá disco. Y la compañía toma nota. El resultado final es Tracy Chapman, su primer disco. Treinta y seis minutos y diez segundos son más que suficientes para demostrar de lo que es capaz. Once canciones. Algunas de ellas absolutamente memorables: “Talking ‘bout The Revolution”, “Fast Cars”, “Baby Can I Hold You”, “For My Lover”…  Un disco ajeno a las modas y a los modos imperantes a finales de la década de los ochenta, donde mandan claramente los sintetizadores y los sonidos artificiales. Pero Tracy va a lo suyo, y lo suyo no es otra cosa que la música que sale del corazón, construida con guitarras acústicas, percusiones naturales y la voz humana grabada tal cual. Sin trampa ni cartón. Poesía y sentimiento. Verdad y emoción. Tan viejo como el mundo. Como bien señalaba en el diario El País Diego A. Manrique: “Un trabajo confesional y desnudo, que iba contra la melaza digital de los años ochenta.” Y concluía que aquel era un disco en el que “había hueco para las reflexiones personales o generacionales, interpretadas con una voz rotunda y dolorida, que evoca a la gloriosa Odetta”.

   No obstante, si hay una fecha marcada en rojo en la vida de Tracy Chapman, es el día once de junio de 1988. Nelson Mandela, que llevaba encerrado injustamente más de veintiséis años por su lucha contra el apartheid sudafricano, estaba a punto de cumplir setenta años (los cumpliría el día 18 de julio). En el estadio londinense de Wembley se celebró aquel once de junio un multitudinario concierto para conmemorar el cumpleaños de Mandela, reivindicar la figura del insigne activista negro y pedir su libertad. Tracy fue invitada a participar en ese acto, a pesar de que aún era prácticamente una desconocida. Cuando llegó el turno de Stevie Wonder para salir al escenario, un problema técnico con su equipo, le impidió hacerlo. Así que los organizadores  anunciaron a Tracy que se preparara porque iba a sustituir a Stevie. Cogió su guitarra y salió al escenario. Me la imagino en ese preciso instante, nerviosa y asustada en medio de aquel inmenso escenario y ante las miles de personas que abarrotaban el estadio más importante de Inglaterra. De inmediato, cuando empezó a rasgar las seis cuerdas de su guitarra y su voz sonó, mágica y ancestral, capaz de transportar al oyente hasta el origen mismo de los tiempos, la gente quedó absolutamente sorprendida, y el aplauso tras su primera canción, “Across The Line”, fue apoteósico. Se estima que más de mil millones de personas vieron aquella actuación. Así que ya podemos imaginar lo que supuso para la cantante poder subir al escenario de Wembley. Sin duda, Tracy vivió uno de los momentos más sublimes de toda su vida, y así lo recuerda ella:

(…) significó mucho para mí participar en el Concierto por la Libertad de Nelson Mandela y prestar mi voz para pedir el final del apartheid y la puesta en libertad de Nelson Mandela. El sentimiento primordial ese día fue de respeto. Nelson Mandela es uno de mis héroes y tener la oportunidad de apoyarlo fue un gran honor. Subirme al escenario fue intimidante por muchas razones y me preocupaba que las circunstancias me abrumaran. Afortunadamente, me avisaron de que tenía que salir al escenario con muy poco tiempo de antelación, así que no tuve ocasión de pararme a pensar. Mis recuerdos aquel día y lo que aprecio cuando veo la grabación son dos cosas muy distintas. Desde mi perspectiva en el escenario recuerdo el enorme mar de gente que me estaba escuchando. Me sentía muy agradecida por aquel cálido recibimiento. Fue una experiencia inolvidable.

   A partir de ese momento, las ventas de su disco, que había sido publicado en el mes de abril de aquel mismo año y no iban nada mal, se multiplican exponencialmente. En la compañía Electra, que se daban por satisfechos si vendían doscientas mil copias, no dan crédito a lo que está pasando: en un año, se despachan tres millones de discos en todo el mundo. Número uno en los Estados Unidos, en el Reino Unido, en Francia, Alemania, España y muchos otros países del mundo. A día de hoy, el debut discográfico de Tracy Chapman ha vendido más de dieciocho millones de discos en todo el mundo. Tal vez, el secreto de su éxito, radique en lo que tan certeramente señaló el crítico Nacho Sáenz de Tejada: “El compromiso de sus textos y su postura enigmática, lejana y hermética, conforman una personalidad atractiva y que escapa de lo habitual en la música de hoy”.

   Desde aquel primer disco titulado con su propio nombre, la cantante de Cleveland, ha grabado siete discos más: Crossroads (1989), Maters of The Heart (1992), New Beginning (1995), Telling Stories (2000), Let It Rain (2002), Where you live (2005) y Our Bright Future (2008), el último hasta hoy. 

   Mi disco favorito de toda su carrera es Let It Rain, un álbum producido a medias por la cantautora y el productor británico John Parish, que contiene algunas canciones memorables, como por ejemplo, “You’re the one”, una de las declaraciones de amor más hermosas con forma de canción o “Say Hallelujah”, una extraordinaria canción de aire góspel.

   Durante todos estos años, Tracy Chapman ha sido una gran activista en favor de los derechos humanos, y no ha dudado en poner su arte y sus canciones al servicio de organizaciones como Amnistía Internacional o Free Tibet, cantando contra el racismo, la violencia contra las mujeres, la pobreza, o para recaudar fondos para la lucha contra el SIDA. A pesar de ello, Tracy no se considera una líder de ningún tipo de movimiento y sigue siendo esa chica tímida que empezó a cantar con su guitarra en el bar de la universidad. A propósito de la fama, manifestaba:

   No es que yo trate de apartarme. Es lo opuesto, procuro no estar en el centro de atención de los medios. Yo vivo una vida normal. Tener cierta presencia en los medios es importante para una carrera como la mía, pero me gusta poder salir a la calle y hacer la compra sin que me persigan. Es sólo eso, no que la fama me asuste.

   No sabemos con certeza qué le deparará el futuro más inmediato a la autora de “Fast cars”, pero sea cual sea este futuro, casi con toda seguridad pasa por la composición y la grabación de nuevas canciones, y por compartirlas con sus numerosos seguidores en directo. Ella misma contestaba de esta manera en una entrevista realizada por fans en internet:

   “Me encanta crear música y mi plan es continuar haciendo lo que hago ahora. Había muchas cuestiones sobre un disco nuevo y una nueva gira. Por el momento no tengo previsto ninguna de las dos cosas, pero en cuanto que haya cambios, os lo haré saber”.

   Ojalá que Tracy Chapman continúe componiendo, escribiendo, grabando, tocando nuevas canciones, porque como el crítico Nigel Williamson escribió de manera muy acertada sobre Tracy Chapman:

Cuando sales de una tienda de música con un nuevo disco de Tracy Chapman, no sólo estás comprando una colección de canciones artesanales ejecutadas con elegancia. También estás entrando en un mundo mejor en el cual, al menos durante una hora de valiosísima música, los valores de solidaridad, honradez y humanidad se sitúan en el lugar correcto, en un mundo cada vez más globalizado y trivial.

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Tracy Chapman (Cleveland, Ohio; 30 de marzo de 1964) es una cantante estadounidense ganadora de varios premios Grammy y conocida por el éxito de canciones como "Fast Car", "Across the Lines", "Talkin' Bout a Revolution", "Baby Can I Hold You", "Subcity" y "Give Me One Reason", que aúnan la fórmula del éxito con el compromiso político de sus letras.

   Hasta 2018, Chapman ha publicados ocho discos de estudio, que le han hecho ganar un total de 4 Premios Grammy, 2 Brits Awards y 1 Billboard Music Award. Y su primer álbum Tracy Chapman de 1988 es uno de los trabajos hechos por una mujer más exitosos de la historia.

Biografía

  Nacida en Cleveland, fue criada por su madre, quien descubrió la afición de Chapman por la música. Haciendo un gran sacrificio, le compró un ukelele cuando tenía sólo tres años. Tracy Chapman comenzó a tocar la guitarra y a escribir canciones con tan sólo ocho años. Fue aceptada en una organización dedicada a reclutar niños afrodescendientes con aptitudes para destacar en diferentes campos, por lo que entró a estudiar en la Wooster School y posteriormente en la Tufts University de Medford, Massachusetts.

   Se licenció en Antropología en la Universidad Tufts, Boston, graduándose en la especialidad de Estudios Africanos. En 2004, la Tufts University le concedió el título de Doctor honoris causa.

Carrera profesional

   Durante sus estudios universitarios, Chapman comenzó a tocar en la calle y en cafés de la ciudad de Cambridge en Massachusetts. Tras su graduación firmó por la compañía Elektra Records para realizar su primer álbum, Tracy Chapman, con 24 años. La discográfica lanzó el disco al mercado el 5 de abril de 1988. Es la producción más exitosa de la carrera de la artista, que recibió tres premios Grammy y ha vendido más de 19,5 millones de unidades en el mundo.

   El álbum fue muy bien acogido por la crítica y ella comenzó una gira donde fue captando a un gran número de fans. Es considerado uno de los trabajos hechos por una mujer más exitosos de la historia, en una época en que pocas mujeres podían tomar sus propias decisiones sobre sus composiciones y sus carreras musicales (Madonna, Cyndi Lauper, Suzanne Vega,...).

   Tras su actuación en el concierto homenaje a los 70 años de Nelson Mandela, la canción Fast Car comenzó a subir en las listas estadounidenses hasta alcanzar el Top 10. El álbum alcanzaría ventas elevadas llegando al disco de platino y Tracy lograría tres grammys en la edición de ese año. Causó un gran impacto mundial ya que dio inicio a que un movimiento de cantautoras incursionaran en la escena musical, entre las cuales se destacan Sarah McLachlan y también, Tori Amos. Aunque la canción "Fast Car" fue un gran éxito a nivel global, Chapman jamás volvería a repetirlo. Fue galardonada en 1989 con el premio Grammy al "Mejor álbum de Folk Contemporáneo" y a la "Mejor Interpretación de Pop Femenino" por "Fast Car". En 1989, la distinguida revista estadounidense Rolling Stone, clasificó el álbum en el puesto #10 en la lista de "Los 100 álbumes más exitosos de los años 80s". En 2003, ocupó el puesto #261 en la lista de "Los 500 álbumes más exitosos de la historia". También Tracy Chapman es el álbum número #74 más exitoso del planeta.​

   Tracy Chapman ha cantado junto con grandes celebridades. Por ejemplo, estuvo en el concierto homenaje a Bob Dylan por su 30 aniversario. Participó en el tour que realizó Amnistía Internacional Por Los Derechos Humanos, Human Rights Now!, cantando junto con Bruce Springsteen, Sting, Peter Gabriel, Youssou N'Dour y muchos otros. Con cada disco que publicaba, la cantante obtenía un gran éxito, no sólo por los premios Grammy que recibía, sino porque cada uno de ellos era multiplatino.​


Tracy Chapman & Eric Clapton - Give Me One Reason (1999)


  Su siguiente álbum Crossroads lanzado en 1989 tuvo menos éxito comercial que su predecesor y para el siguiente, Matters of the Heart, Chapman preparó una gira en recintos de poca capacidad para recalcar el aire intimista del disco. Para sorpresa de la industria musical, su cuarto álbum New Beginning, fue todo un éxito comercial que llegó a vender 3 millones de copias tan sólo en Estados Unidos. Este álbum incluía el hit Give Me One Reason que ganó el Grammy a la mejor canción de Rock del año y se convirtió en el sencillo de mayor éxito de Chapman hasta la fecha.

Tracy Chapman - Give Me One Reason (Official Music Video)


   El siguiente álbum fue Telling Stories, editado en el año 2000, supuso un giro hacia el rock frente al sonido folk dominante en los discos precedentes. Del disco el sencillo Telling Stories fue muy difundido en las radiofórmulas europeas.

Tracy Chapman - Telling Stories [subtitulada en español/inglés]


   Su sexto disco fue Let It Rain fue lanzado en 2002. En septiembre de 2005 publicó el álbum Where You Live, coproducido por Tchad Blake, con dos sencillos "Change", y "America". El 11 de noviembre de 2008 salió a la luz Our Bright Future, octavo álbum de estudio de Chapman, coproducido esta vez por Larry Klein. El primer sencillo del álbum, "Sing For You", fue lanzado digitalmente el 31 de octubre.

Tracy Chapman- Sing for you (Subtítulos en Español)


   En 2015, al cumplir 25 años de carrera musical, publicó un disco de grandes éxitos y declaró que no estaba retirada. Además de incluir sus temas de siempre, incorporó en el álbum de manera inédita una versión de "Stand by me" de Ben E. King que interpretó unos meses antes en el programa estadounidense de la CBS, The Late Show.​ En una entrevista animó a las mujeres a realizar sus propias carreras y alabó a las que están haciendo lo que de verdad quieren, como Adele.

   En 2018 se celebró el 30º aniversario del debut discográfico de Tracy Chapman, poniéndose en valor "aquella obra que, en 1988, restituyó el poder de la canción de autor politizada con exitosos resultados comerciales".​ Ese mismo año, la cantautora, que no publica desde hace diez años y se niega siempre a negociar sus derechos de autora para que otros artistas utilicen sus canciones en samples de rap cuando no tienen imaginación o creatividad, tuvo que demandar a una rapera por vulneración de derechos, con lo que su nombre ha vuelto a estar en los medios de comunicación especializados.​

Vida privada

   Aunque Tracy Chapman nunca ha hablado públicamente de su vida amorosa, la escritora Alice Walker hizo declaraciones acerca de su relación amorosa con Tracy Chapman en una entrevista con The Guardian el 15 de diciembre de 2006, donde explicó por qué no hicieron público su romance en ese entonces (a mediados de los años 90), diciendo que "la relación era fantástica y amorosa y maravillosa, yo la disfruté mucho, estaba totalmente enamorada de ella, pero era un asunto únicamente nuestro y de nadie más".

   La artista se convirtió en una estrella muy joven, lo que le hizo rehuir. Es consciente de que su éxito y su carrera le han permitido ayudar a su familia y amistades y también disfrutar de libertad creativa y poder mantener sus principios sin cederlos por dinero. A cambio, es muy introvertida y extremadamente reservada, pidiendo siempre que se le respete, lo que no siempre consigue de la gente. En 2015 declaró que, para ella "estar bajo la mirada del público es incómodo" y que por ello "no es la persona ideal para este trabajo".

Discografía
Álbumes de estudio
1988: Tracy Chapman
1989: Crossroads
Tracy Chapman | Crossroads Full Album

1992: Matters of the Heart

Bang Bang Bang

Matters of the Heart

1995: New Beginning
2000: Telling Stories
2002: Let It Rain
Let It Rain



2005: Where You Live
2008: Our Bright Future

Álbumes recopilatorios
2001: Collection
2015: Greatest Hits

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