jueves, 29 de octubre de 2020

MASCARILLAS DE QUITA Y PON. Y CADA LOCO CON SU TEMA.

 


Mascarilla en el suelo de los Campos Elíseos, en París.


  Está claro que nunca llueve a gusto de todos y, puestos a opinar, todo el mundo lo hace como si fuera experto en COVID-19, en gestión sanitaria de la pandemia y lo que no lo es, hay quien se atreve a hacer un juicio paralelo contra el ministro de Sanidad y hasta con el bueno de Fernando Simón, que para mí es un gran epidemiólogo aunque un comunicador mejorable.

  El debate de la moción de censura ha resultado esclarecedor, cada uno interpreta los resultados a su manera,  como siempre, y el cruce de acusaciones ha sido terrible aunque con unas formas, para un servidor, más comedido de lo que esperaba.

  VOX se ha quedado aislado en sus afanes de llevar a cabo su "justicia divina". Se sienten defraudados e incluso traicionados por lo que ellos llamaban la "derechita cobarde". Casado les ha salido rana y les ha pegado una bofetada que ninguno de ellos esperaba. Ahora les dicen que van a cambiar la gaviota por una gallina. La legión sigue con la cabra de siempre como símbolo de tan sagrada y valiente institución, admirada por Santiaguín, el marcapaquetes, del antidemocrático partido que según dicen ellos, es el único que puede salvar a España de la hecatombe que están provocando los socio-comunistas, con la anuencia del traidor, como decía, Partido Azul, comandado por un hombre casado que sigue, al dictado, las órdenes que por el pinganillo le transmite el ahora no bigotudo que desde su FAES del alma intenta seguir adoctrinando.

   Dicen que hasta Arrimadas se está dejando convencer por el lenguaje embaucador de los social-comunistas. Me sorprendió muy gratamente el discurso de uno de los líderes del partido naranja, moderado, con una oratoria brillante y atinada, creo que se llama Edmundo. Ana Oramas, la de C.Canaria estuvo genial, como siempre, creo que es el cerebro mejor amueblado del hemiciclo. El niño Errejón también estuvo a la altura, espero que llegue lejos con su más país, sé que aboga por una tercera España que se olvide de rencores del pasado guerracivilescos, como también propuso el maestro Amenábar en su magistral película Mientras dure la guerra. Como disfruté viéndola, especialmente al final, cuando Unamuno pronunció su alegato contra los salvapatrias sublevados comandados por el gran caudillo, la rata rastrera que, qué casualidad, falleció en noviembre del año del gato del horóscopo vietnamita. 

   Ante tanto despropósito el bichito sigue su avance imparable que nos está llevando a medidas propias de un estado de guerra: Toque de queda, confinamiento, estado de alarma y la biblia en pasta. ¡Qué hartazón de mascarilla!, ¡por dios!, dios de Espinoza, al otro no lo reconozco. Creo que el 2020, al que todavía le quedan dos meses largos, pasará a la historia negra de España y del mundo, como el menos amable de los últimos 16 lustros,  o los 45 años de "democracia" transcurridos desde que se produjo el cambio en la jefatura del estado (de oca a oca y tiro porque me toca)

   Como todo siga igual, con tanto político inepto, vamos a poder decir, con dolor: "Entre todos la mataron...y ella sola se murió". Estoy convencido de que la sangre no llegará al río...

   Las redes sociales y los grupos de whatsapp tienen de todo, desde comentarios de nostálgicos de épocas ya superadas, que se apropian de símbolos como la enseña nacional, el himno, etc. hasta comentarios igual de desafortunados, para un servidor, de la agrupación podemita, que resultan anacrónicos y fastidiosos hasta el extremo.

  Afortunadamente hay gente que, en tono jocoso, escribe cosas divertidas y ocurrentes, que sirven para desengrasar y entretener al personal, harto de tanta estupidez y visión partidista y nada constructiva.

(Petrus Rypff)


Trata la mascarilla como tratas tus bragas:

- Ponte una limpia cada día.

- Haz que se ajuste pero sin que te apriete.

- No la intercambies con los demás.

- No te la pongas del revés.

- Asegúrate de tapar lo que hay que tapar.

- Evita toquetearla sin necesidad.

- Y sobre todo, si te la tienes que quitar, que no sea en lugares concurridos.


Carta a la gente que va por la calle sin mascarilla

Sois un referente de rebeldía y de sentido común para los que, como yo, vivimos esclavizados por las recomendaciones de los matasanos. ¡Envidio vuestra valentía y vuestra personalidad!

JUAN SOTO IVARS

   Queridos amigos, queridas amigas, no sabéis cuánto os agradezco que hayáis decidido salir una vez más, en esta hermosa mañana de mayo, a la calle sin mascarilla. Sois la imagen viviente de la libertad y el criterio personal, y además sois todos guapísimos. Mi trayecto hasta el supermercado sería mucho más sombrío sin la posibilidad de contemplar vuestros bellísimos rostros, vuestras bocas y narices respingonas, vuestros bigotes orgullosos.

   Sois un referente de rebeldía y de sentido común para los que, como yo, vivimos esclavizados por las recomendaciones de los matasanos. Sois los adalides de la civilización occidental, los resplandores de la calma y el sosiego, los líderes del "todo va a salir bien". ¡Envidio vuestra valentía y vuestra personalidad!

  Aunque existen varios tipos de mascarillas protectoras, no todas son recomendables para la población, pues las de alta protección, por ejemplo, deberían reservarse para el personal sanitario

   Te me acercas, señora, en la sección de congelados del Caprabo, y te pegas bien adonde estoy yo porque quieres agarrar tus productos básicos (helado de Toblerone) no vaya a ser que algún maldito comunista te los arrebate. Cuando me aparto discretamente, me echas una mirada llena de desprecio, como a un apestado. Y veo en tu bellísima boca de piñón un fruncido anal que me informa, en un instante, de la idea que tienes de la gente con mascarilla.

   Te cruzas conmigo, señor, en el paseo de Sant Joan. Vas caminando del brazo con tu mujer, que también se ha rebelado contra las mascarillas, y quizás alguien te ha mirado raro, algún esclavo mirando a su señor. ¡Culpa suya! Te oigo comentar a tu pareja lo aborregado que está todo el mundo. Y no sabes, señor, cuánta razón tienes. Quizá nuestra debilidad es tener una pareja asmática —de raza inferior— o incluso haber cedido al miedo mediático de que esta epidemia repunte y siga llevándose abuelos por delante. ¡Quizás! Débiles mentales, en cualquier caso. 

   Lo cierto es que entiendo muy bien vuestras miradas y vuestra arrogancia. Son los gestos propios de los dioses, de los inmortales, de quienes viven sin el lastre de la culpa o el miedo. ¡Arcadi Espada se arrodillaría ante vosotros! ¡Y Willy Toledo! ¡Y Albert Camus os pediría fuego y, tras reconoceros, un autógrafo!

Nada me gustaría más que caminar, como vosotros, con alas en las sandalias y ajeno al devenir deprimente y decadente de este mundo que no os comprende. Nada me gustaría tanto como vivir liberado de la tiranía de los periódicos y las gráficas de epidemia. Sin embargo, no soy más que un mediocre mortal. Quisiera seguir vuestro ejemplo y arrancarme la odiosa mordaza para restregársela por la cara al primer neumólogo que me cruzase, y decirle cuatro cosas bien claritas a esos expertos sabelotodo.

   ¿Cómo explicar que tanta gente la lleve? Sin duda, porque todo el mundo es borrego, menos vosotros. Pero no me atrevo. Como el buey bajo el yugo, destaco solamente por mi capacidad de sumisión. Llevar esta máscara alienadora es incómodo y antiestético. Si tienes gafas, te las empaña. Con el calorcito, te deja marcas. Y se respira regular. ¿Cómo explicar que tanta gente la lleve? Sin duda, porque todo el mundo es borrego, menos vosotros.

   Os escribo esta carta para que no malinterpretéis las miradas lacónicas que quizá se me escapan, a veces, cuando nos cruzamos. No son miradas de desprecio, ni de recelo, sino de envidia y admiración. Las ratas admiramos a los gatos.

   Vuestra mera presencia ya es un regalo. ¿Cómo vivir sin contemplar vuestras orondas mejillas, vuestros dientes inmaculados, vuestros ocurrentes lunares? El mundo sería más gris.

   En fin, amigos, amigas. Si yo me atreviera a dar este salto a la libertad, caminaría por la calle como vosotros. Con la cabeza bien alta. Y la punta de mi napia sería resplandeciente como la antorcha de la Estatua de la Libertad.


Serrat- Cada loco con su tema


2 comentarios:

ToniG dijo...

Magnifico articulo, un retrato equilibrado, pero agudo de la realidad y miserias que han qudado al descubierto, por un ser vivo que nisiquiera vemos. Esta es la ridicula fortaleza del ser humano cuando se vuelve individual y egoista.

ToniG dijo...

Magnifico artículo. Una visión moderada de las debilidades del ser humano, destapadas sin contemplaciones, por un "bichito" que a pesar de su insignificancia (tan pequeño que no se ve), ha aflorado las mas rancias miseras, el egoísmo (primero yo, después yo y si queda alga para mi), la falta de conciencia social y colectiva (la ley del mas fuerte, en la que el débil no es aceptado) cuando habría que distinguir mucho entre debilidad física y debilidad mental, pero este es otro tema.