sábado, 24 de octubre de 2020

LLEGAR A VIEJO

 


 LLEGAR A VIEJO


Ilustración: Daniel Castiñeiras


ALMA es otra forma de mirar la realidad social, desde el optimismo y la 

diversidad. Una ventana abierta a las iniciativas y a los infinitos proyectos

 sociales que nos rodean. 


«No podemos solucionar todos los problemas sociales del mundo, 

pero sí podemos no dejar de intentarlo».


Las personas mayores y su capacidad para adaptarse a la pandemia

 

   La COVID-19 nos ha puesto a todos a prueba. Ha revelado nuestras flaquezas, pero también ha puesto de manifiesto la fuerza de la solidaridad y el poder de reacción de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, en especial el de nuestros mayores. Es hora de sacar conclusiones de esta terrible prueba y cambiar de enfoque para mejorar nuestra atención. Con esta óptica, el Programa para las Personas Mayores, bajo la dirección científica del doctor Javier Yanguas, ha elaborado un informe para analizar las consecuencias del virus y proponer líneas innovadoras de atención a los más mayores.

   Las cifras están ahí: la pandemia ha supuesto un terremoto (social, sanitario, económico…) sin precedentes en la historia reciente de nuestro país, con indiscutibles consecuencias para la salud y el bienestar de los mayores. Pero aun siendo esto así, en el informe “Apuntes sobre la estrategia del Programa para las Personas Mayores en relación con la COVID-19” de la Fundación ”la Caixa” se destaca que, aunque lógicamente hayan aumentado los niveles de miedo, soledad o preocupación por el futuro, una inmensa mayoría de las personas mayores, a pesar de las dificultades, siguen satisfechas con su vida y han demostrado poseer recursos personales suficientes para hacer frente a las dificultades que les ha planteado el confinamiento y la pandemia.

   Javier Yanguas, director científico del programa, destaca que, además de analizar las consecuencias de la COVID-19, el estudio subraya la necesidad de establecer líneas innovadoras y nuevos enfoques en las intervenciones para mejorar las condiciones de vida de este segmento de la población.

  De las entrevistas realizadas a 3.000 usuarios del programa, se desprende que un tercio de estas personas viven solas, un factor de gran importancia para vivir una experiencia tan exigente como la del confinamiento. “Lo que resulta más difícil de calibrar —incide Yanguas— es el sentimiento de soledad. Durante la pandemia hemos estado aislados y hay una relación estrecha entre aislamiento y soledad, pero no es lo mismo. Es más fácil medir el aislamiento, que es algo objetivo, que conocer y valorar los sentimientos de soledad”.

   El documento revela que más de un tercio de los encuestados han tenido pensamientos negativos, fruto de la ansiedad, de la tristeza y del propio aislamiento; y ocho de cada diez declaran sentir miedo por el futuro. Este miedo por el futuro no es por el suyo propio, sino por el de las generaciones futuras. “Es muy significativo que estas personas (los vulnerables al virus) tengan más miedo por el futuro de sus hijos (los invulnerables al virus) que por el propio”.

   Las consecuencias negativas producidas por la pandemia son, por tanto, importantes, pero no deberían impedirnos ver lo que para Javier Yanguas es un elemento muy destacable en el análisis de esta experiencia. Y es que la mayor parte de las personas mayores, a pesar de las dificultades con las que se han encontrado, han pasado con éxito el confinamiento.

   Otra gran lección de esta pandemia es que la responsabilidad individual no puede desligarse de la colectiva: “La pandemia ha puesto de manifiesto que todos somos vulnerables, no sólo las personas mayores, y que tenemos un destino común y compartido. De ésta salimos juntos o no sale nadie, por lo que tenemos una responsabilidad individual en un futuro común y compartido”.

   El informe también es una invitación a cambiar ciertas inercias en la gestión del apoyo a los mayores: “A lo largo de los últimos 20 años nos hemos basado en modelos muy centrados en la actividad, en el hacer. Pero a medida que la vejez se alarga en el tiempo, “el hacer” queda obsoleto, necesitamos modelos basados en “el ser”, en el desarrollo de un proyecto personal con sentido y significado, y no en el mero activismo. Necesitamos dar sentido a lo que hacemos”.

   Así pues, es necesario establecer nuevos proyectos en la vejez y dotarse de las herramientas necesarias para llevarlos a cabo. “Tenemos en marcha diversos proyectos, desde la digitalización de los contenidos hasta la reconversión de los centros de mayores, y también estamos estableciendo unos modelos de intervención para ayudar a los mayores a superar las pérdidas y la soledad debidas a la COVID-19”.

   El programa también pretende que la vejez se vincule al bien común, especialmente teniendo en cuenta el aumento de este segmento de la población: “No podemos prescindir de la aportación de un colectivo que pronto (hacia el 2030) representará cerca del 25 % de la población”, asegura Yanguas. La sociedad tiende, en efecto, a infravalorar las capacidades de los mayores y a no valorar tantos años de experiencia. “Creo que no ha sido justa ni la infantilización ni la sobreprotección ni el olvido de las personas mayores durante la pandemia. No les hemos tratado como adultos con plenos derechos que son, personas absolutamente capaces (exceptuando situaciones de dependencia severa y deterioro cognitivo, por ejemplo) de llevar las riendas de su vida”. La vulnerabilidad física frente al virus está ahí, pero eso no significa que la vulnerabilidad física sea también vulnerabilidad psicológica o social. “Las personas mayores han seguido siendo, en muchos casos, el centro de gravedad de la solidaridad familiar y nos han dado grandes lecciones de vida”.

   Simone de Beauvoir en su libro La vejez afirmaba que “nos negamos a reconocernos en la persona mayor que seremos”, y pedía: “reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja”. “Creo que es esencial proyectarnos en esa persona mayor que seremos para acercarnos a ello siquiera un poco y poder comprender al menos una parte de la vejez y de la vida”, dice Yanguas. Una anécdota: “Llamamos desde el Programa para las Personas Mayores a una señora de 93 años de Barcelona para ver cómo estaba y, cuando le preguntamos si esto de la pandemia era como una guerra, se rio. Dijo que una guerra como la que ella había vivido era algo mucho más grave. Que esto (por la pandemia), no tenía nada que ver con una guerra, que lo íbamos a pasar mal, pero que la superaremos”.

                                    Alberto Cortez - Que Suerte He Tenido De Nacer

¿Qué significa “tratar bien” a las personas mayores?

      A los 50 años eras doña Rosa y ahora, a los 80, te llaman Rosita. Antes el médico te hablaba a ti y ahora, a tu acompañante, como si tú no estuvieras. Te eligen la ropa y te dicen cuándo cortarte el pelo. Y ya han decidido, sin consultarte, dónde debes vivir. Cuando nos hablan del maltrato a las personas mayores, solemos imaginarnos algo físico, pero estos pequeños abusos cotidianos tan extendidos y aceptados también minan la calidad de vida y los derechos de las personas mayores. Para tratar de devolvérselos, en el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, el programa para personas mayores de la Fundación ”la Caixa” ha transmitido on-line una charla-reflexión, dinamizada por la periodista Gemma Bustarviejo y que ha contado con la presencia de Marijé Goikoetxea, doctora en Derechos Humanos; Julia Máiquez, psicóloga y dinamizadora del taller de Buen Trato, y Teresa Oliveras, voluntaria del programa. Además, hemos hablado con Isabel Martínez, presidenta de la fundación HelpAge en España, entidad que colabora con el programa con el objetivo de sumar iniciativas que sensibilicen sobre el buen trato a este colectivo.

   Dices que la discriminación por razón de edad es una de las más invisibles. Y lo digo con total conocimiento de causa. He sido secretaria general de Política de Igualdad en el 2008 y de Política Social en el 2010. Y cuando empezamos a elaborar el Libro blanco del envejecimiento activo, empecé a tomar conciencia de la vulneración de derechos de las personas mayores. Vi que nos queda todo por hacer.

-                           P: ¿Dirías que somos conscientes de lo edadistas que somos?

-         R: No. Son valores sociales muy interiorizados. Aún somos muy tolerantes con según qué tipo de abusos. Vemos normal que los hijos decidan por su cuenta “este mes te vienes a vivir a casa”, separándole de su entorno, vecinos, actividades… cuando la persona no quiere. O que decidan qué hacer con su dinero sin consultarle. Debemos respetar sus derechos físicos, emocionales y financieros, su proyecto de vida y su derecho a decidir.

-                       P: ¿Es más frecuente en España que en otros países?

-         R: Mira, desde HelpAge elaboramos un índice de bienestar de las personas mayores cada dos años —valorando salud, educación, empleo o entorno seguro— y España está en el puesto 24 de 90. Si nos comparamos con otros países de Europa, estamos mejor en cuanto al sistema público de salud y el entorno de seguridad (por eso tantos extranjeros vienen a Andalucía o la Comunitat Valenciana a jubilarse), pero bastante peor en cuanto a compatibilizar la jubilación con alguna actividad productiva. Las personas mayores que lo deseen deben poder seguir desarrollando su actividad profesional.

-             P: El coronavirus ha puesto en evidencia el camino que nos queda por recorrer, ¿no?

-          R: Se ha puesto de manifiesto cuál era nuestra consideración social hacia las personas mayores: discriminatoria y de segunda. Una pregunta para reflexionar: ¿cómo hubiéramos actuado si el colectivo más vulnerable hubieran sido los niños?

-             P: ¿Te acuerdas cuando, al principio, oíamos eso de “no es para tanto, la COVID-19 es letal para las personas mayores”?

-              R: Y otras cosas que no hemos oído públicamente, pero sabemos que se han pensado, como “bueno, pues eso que nos ahorramos en pensiones”. Yo, a las personas que han dicho o pensado eso, les diría que es una circunstancia a la que todos vamos a llegar. Así que empecemos a tratar como nos gustará ser tratados.

-        P: Desde luego, el 2020 se lo está poniendo difícil a las personas mayores…

-              R: Pero a pesar de saberse población de riesgo, las personas mayores están demostrando una resiliencia, tolerancia y paciencia brutales, y un gran sentido ciudadano para prevenir infectarse e infectar, tanto en residencias como confinados en sus casas en soledad.

-                 P: Incluso ahora, nos aportan grandes valores.

-   R: Solidez, conocimiento, sabiduría, paz y, bueno, ¡recursos de subsistencia a muchas familias! La publicidad ya ha empezado a verles como consumidores. Ellos también generan riqueza.

-      P: Volviendo a las residencias, ¿crees que debería replantearse su gestión?

-       R: Las residencias han hecho lo que han podido. Lo que hay que replantearse seguro es el sistema de cuidados. Algunos familiares y directores de residencias me han hablado de personas que llevaban años sin que ningún familiar diera señales de vida hasta la pandemia. Tenemos que replantearnos el papel de las personas mayores en nuestra sociedad, y ver cómo hacemos para que las residencias no se conviertan en espacios aislados donde las dejamos abandonadas a su suerte.

-      P: El maltrato hacia las personas mayores es un problema con prevalencia en todo el mundo. Desde el programa se están llevando a cabo programas de sensibilización, actuación y formación para mejorar el buen trato hacia este colectivo. ¿Qué te parecen estas iniciativas?

-             R: Colaborar con ellos siempre es un honor. Ahora mismo en España no tenemos ningún actor social y filantrópico tan volcado en las personas mayores, que invierta tantos recursos, medios y conocimiento. Es así objetivamente. Ojalá sigan en esa línea. 

-                 P: ¿Y desde HelpAge cómo estáis ayudando durante la pandemia? 

-                R: Como principal organización a escala mundial y única especializada en personas mayores en situaciones de crisis humanitaria, desde principios de marzo no hemos dejado de enviar, ni una semana, protocolos y criterios de actuación a residencias, hogares, Defensor del Pueblo, fiscalía… Y luego, desde la Mesa Estatal por los Derechos de las Personas Mayores (junto a la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la Fundación Pilares, CEOMA, UDP, Cruz Roja, Cáritas…), hemos enviado dos documentos con propuestas concretas de actuación al Gobierno y a las administraciones públicas: uno al principio de la crisis y otro durante la desescalada. Aunque nos hubiera gustado que nos hicieran más caso. 

-              P: ¿De qué logros te sientes más orgullosa? 

-           R: De haber colaborado en la elaboración del Plan nacional de Derechos Humanos y el proyecto de Ley de Igualdad de Trato, que traerán mayor conciencia social sobre los derechos de las personas mayores. 

-             P: ¿Y cuál es el próximo objetivo que quieres ver cumplido? 

-            R: Que se apruebe una Ley de Igualdad de Trato, que reconozca la edad de manera clara en los motivos antidiscriminatorios, y una convención internacional sobre los derechos de las personas mayores por parte de las Naciones Unidas, ya que eso supondría indicaciones claras para el Gobierno sobre qué derechos de las personas mayores deberían estar garantizados por ley. 

-              P: ¿A ti qué te aporta esta lucha altruista? 

-         R: Sentirme una ciudadana activa. Y devolver a la sociedad lo que ésta me aporta contribuyendo, aunque sea un poquito, a que otras personas puedan vivir mejor y más dignamente. Eso no lo paga el dinero. 

-       P: ¿Cómo crees que sería el mundo si las personas mayores tuvieran igualdad de derechos? 

-       R: Nos equivocaríamos menos, seríamos más productivos, tendríamos mejores indicadores de desarrollo y seguro que contribuiríamos a ser una sociedad más feliz.


                                                   LLEGAR A VIEJO, J M Serrat

   Por más que corramos, el bombardeo de pesadillas nos persigue a cada paso desesperado que dejamos atrás. Un día fui niño y hoy con cincuenta años estoy en la obligación de ser adulto. No se me está permitido flaquear porque significaría bajar la guardia.

   Este no es mi país sino un cementerio de recuerdos, ilusiones y ante todo, de cadáveres bañados en cenizas que apelmazan una historia amordazada por los medios, el miedo y la ignorancia.

   Miles de monografías hablarán de esto con el tiempo, para entonces esos nuevos medios recordarán los trágicos sucesos que se han presenciado aquí y como testigos sólo habrá pequeñas almas desorientadas que no encuentran respuestas a sus preguntas. Por ese entonces, esperemos que los medios no tengan mordaza y que nuestros SOS no queden en un grito desesperado, hundido en el silencio. ¿Es la sociedad un saco de hipocresía artificial que se hunde en actos de buena voluntad, en mensajes tan voluntariosos como efímeros y estériles?

   No veo más que mensajes llenos de algarabía civil, pero, realmente ¿qué se hace? Mirar para otro lado mientras que los niños y los viejos lloran desesperadamente.

   Los niños lloran por el mundo que les vamos a dejar y porque su mirada se pierde en un pozo oscuro sin apenas un haz de luz y por ello, se sienten obligados a sobrevivir todos los días y a ver el mundo de diferente modo después de observar como su familia se pierde  en el montón de la indiferencia,  la desidia y el conformismo. ¿La belleza de todo esto? Es que no la tiene. Aquí vives cada día como si fuera el último, sin pensar que nos deparará el mañana.

  Por otro lado, los viejos lloran por la soledad que les salpica de ruido y la desesperanza propiciada por el abandono. Abandono que nos priva de la posibilidad de admirar su sabiduría y aprovechar su experiencia, y todo porque van a su ritmo…sólo un poco más lentos, más sordos y más ciegos, lentitud, sordera y ceguera que es sólo física, no emocional ni intelectiva.

   Los demás intentamos vivir con la única belleza que nos queda de esta sombría situación, la belleza del saber apreciar la vida, sin importar lo material, el conocimiento que se tenga o incluso la creencia que defiendas. 

   Un servidor se rebela ante este negro panorama y propone ponerlo todo patas arriba y reconstruir un mundo diferente. ¿QUIMERAS, UTOPÍAS, ENCANTAMIENTOS?

(Petrus Rypff)


Joan Manuel Serrat - Bienaventurados



ALBERTO CORTEZ (LA VEJEZ)





 

 

 

 

 


1 comentario:

Thomas Verdhell dijo...

Los que nos encontramos en la etiquetada "tercera edad" pensamos que los estereotipos vejatorios que implica la misma, no se adecúan a una sociedad ya no solo solidaria (que debería ser el ley motiv) sino inteligente y porqué no pragmática. Una sociedad formada cuidaria a sus mayores pensando en lo que puede aportar su experiencia y sabiduría para ponerla al servicio del bienestar y de la productividad.
Gracias Petrus por tu sensibilidad hacia los mayores