martes, 29 de septiembre de 2020

ANATOMIA DEL AMOR - SEGUNDA PARTE

 


El amor entra por los sentidos, se interpreta en el cerebro y ocasiona una avalancha física, químico-hormonal que produce toda una alquimia corporal.


¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos? Helen Fisher, neurobióloga

NEUROBIOLOGÍA DEL AMOR

Andrea Márquez López Mato

   El amor es una emoción muy compleja en la que intervienen numerosos tipos de moléculas imprescindibles para producir los característicos arrebatos sentimentales. El amor entra por los sentidos, se interpreta en el cerebro y ocasiona una avalancha física, químico-hormonal que produce toda una alquimia corporal. Pero después del cataclismo de la tormenta debe seguir una brisa templada con apenas algunas lloviznas pasajeras. Quiere decir que después del enamoramiento y la pasión debe seguir el apego con ternura y diálogo, con algunos pocos desacuerdos y un acuerdo permanente, aunque fluctuante de ideales y proyectos en común.

   Como dice Bordalejo, el sentimiento amoroso puede homologarse a un fenómeno bioquímico desencadenado por cualquier droga, compartiendo con este varias características: 1) la especificidad, ya que es indiscutible la atracción exclusiva por la persona amada, ignorando al resto, 2) la desensibilización, que es un fenómeno que ocurre luego de la exposición permanente al estímulo y que determina que el mismo estímulo no logre el mismo efecto, 3) la posibilidad de ser desplazado por agonistas más potentes, 4) la  transitoriedad que abona la existencia de una sustancia específica que puede hacerlo aparecer y desaparecer sin que intervenga la voluntad o invadirnos en el momento más inoportuno. Hay sustancias específicas que abonan cada etapa: la atracción y el enamoramiento, el amor propiamente dicho y el apego o permanencia en pareja.

 

Shakespeare Enamorado - Final

Historia de las relaciones amorosas

    ¿Cuándo empezó el amor? ¿En qué momento histórico de la humanidad? ¿Cuándo el intercambio sexual animal se convirtió en algo más profundo y duradero? ¿Es el amor sólo una prolongación evolutiva para permanecer más tiempo con el partenaire más apto para la reproducción? Si es así ¿cómo se entienden las parejas patológicas, las que siguen juntas a pesar de considerarse seres incapaces de convivir entre ellos? Y las relaciones sexuales… ¿Son sólo pulsionales al decir del psicoanálisis? ¿Son equivalentes lúdicos al decir de los nuevos epicúreos como Onfray? ¿Son sólo expresión de poder al decir de Foucault? ¿Son sólo gotas del amor líquido de Baumann? 

   Vayamos por partes para intentar contestar al menos algunos de estos interrogantes. Ya que como siempre se dice, nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución, comencemos por ahí.

  Si queremos pensar cuando comenzó el amor en la pareja humana deberíamos situarnos en África alrededor de veinte millones de años atrás con los pre-homínidos (antecesores de simios y humanos). Basándonos en bibliografía de Cavagna recordemos que los homínidos hacían el amor sólo en etapa de estro de sus parejas féminas. Al entrar en celo el olor de la hembra primate cambia y la piel sexual alrededor de sus genitales se inflama, anunciando así la breve fase de su ciclo reproductivo en el que está ovulando y puede ser fertilizada. Comienza entonces a presentarse al macho: ladea las nalgas, mira sobre el hombro, se pone en cuclillas y retrocede para incitarlo a la cópula. Sin embargo, cuando su período de celo empieza a desaparecer, la babuina rechaza la cópula hasta el mes siguiente. Tampoco copulan mientras están encinta, ni retoman la actividad sexual regular hasta destetar a la cría. Así vemos como el sexo no se procura sólo por recreación y raramente está separado de su función de fertilización. Las hembras solicitan el apareamiento sólo durante estos días fértiles, y son poco o nada atractivas para los machos en otros días, pues carecen de las señales excitantes, ya sean olfativas (liberan un olor distintivo), auditivas (hacen ruidos) o visuales (se metamorfosean para atraer).

   Obviamente, existen marcadas diferencias entre las preferencias sexuales humanas y los hábitos reproductivos de los mamíferos sociales. Los gorilas siempre copulan en público, mientras que una importante característica del apareamiento humano es la privacidad. La monogamia es rara entre los mamíferos porque genéticamente al macho no le conviene permanecer con una sola hembra cuando puede copular con varias y traspasar más de sus genes a la posteridad. De modo que la mayoría de las especies tratan de formar un harén. No viven en una familia nuclear macho y hembra emparejados cuidando juntos a su prole. Son solitarios, por lo menos durante la temporada de cría y se encuentran sólo para copular. Otra diferencia entre la sexualidad animal superior y la humana consiste en que la ovulación humana es ocultada y difícil de detectar tanto para el compañero sexual como para la mayoría de las mujeres. Su receptividad sexual se extiende y engloba el ciclo menstrual. Los mamíferos difieren de nosotros también en que carecen de una menopausia femenina bien definida. Podemos decir entonces que el sexo en los humanos se realiza en su mayor parte por placer y no solamente con el propósito de la inseminación. Más aún, continuamos practicándolo durante el embarazo, pudiendo reanudar la actividad sexual al poco tiempo de tener un hijo. También después de la menopausia y durante la vejez.  Ninguna hembra de otras especies con reproducción sexual, copula con la misma frecuencia ni acepta ser copulada sin fines reproductivos.

   Muchos autores especulan que la sexualidad junto con la postura erguida (característica de la bipedestación) y el tamaño del cerebro, son los aspectos decisivos en los que divergieron los ancestros de los humanos y de los grandes simios. La receptividad sexual permanente de la hembra y la copulación frontal iniciaron, según la antropóloga Helen Fisher a quien debemos las más serias investigaciones sobre el tema, uno de los intercambios fundamentales de la raza humana como es el amor.

   Cavagna nos explica que la hembra humana, a diferencia de las demás hembras primates, posee un conducto vaginal hacia delante, diseñado para la cópula frontal. Su clítoris se halla situado en la parte delantera del cuerpo, y en la postura frontal recibe durante la cópula el masaje directo de la zona púbica en el frotamiento con el macho. Además de ser esta posición más placentera para la hembra, tiene la ventaja de que la pareja puede verse cara a cara, captar matices expresivos del otro y transmitirlos. Fomenta de este modo la intimidad y la comunicación. Así, cuando la copula cambia de posición, se mira a la pareja, aumentando la posibilidad de comunicación verbal y no verbal. Las parejas se miran, se hablan, se escuchan, se tocan y se huelen de forma más directa y duradera.

   En rigor de verdad, Darwin fue el primero en poner la atracción sexual en un contexto evolutivo. Al formular sus ideas sobre la selección sexual, le preocupaban los rasgos que aparentemente no hacían nada para mejorar las posibilidades de supervivencia del que los poseía. El extravagante plumaje de los machos de muchas aves y las engorrosas cornamentas de los ciervos los hacen llamativos y vulnerables a los depredadores. ¿Cómo se explica entonces que hayan evolucionado por medio de la selección natural? Para Darwin, la respuesta estaba en la atracción sexual. Los rasgos extravagantes probablemente reducen, en efecto, la tasa de supervivencia de sus poseedores haciéndolos más vulnerables a la depredación, pero este riesgo queda más que compensado por el beneficio de hacerlos más competitivos o irresistiblemente atractivos para los miembros del sexo opuesto, lo que les permite dejar más descendencia, es decir más copias de genes. La competición de los machos por las hembras explica la evolución de armas como colmillos, espolones y cornamentas, mientras que la elección de machos por parte de las hembras explica ornamentos por lo demás inútiles como pluma, carúnculas y perfumes. La selección sexual se basa en las ganancias en el éxito reproductor con el axioma de que cuanto más atractivos o competitivos sean los individuos, más descendientes dejarán.

   Y como ocurre habitualmente, los resabios ancestrales permanecen en nosotros. Buss dice que lo que los hombres encuentran atractivo en las mujeres es la juventud y la belleza porque todas las características que hacen a las mujeres bellas, como la piel tersa, el cabello abundante, la figura de curvas marcadas, etc., son signos de fertilidad. Visto a la luz de la evolución, lo que los hombres quieren (generalmente de forma inconsciente) es fecundar y tener descendencia. Las mujeres escogen a los hombres no tanto en función de su apariencia como en función de su posición social, recursos y voluntad de compartir esos recursos, especialmente en su elección de una pareja para mucho tiempo. Las mujeres necesitan recursos para criar a sus hijos, y en los varones los recursos, al menos en nuestro tipo de sociedad, suelen ir unidos a la posición económica y social. La cría humana nace más frágil que las otras crías y por ello la madre humana necesita más tiempo de un macho que le asegure la supervivencia hasta la maduración del producto. 

Tiempos del amor

   Hay 3 tiempos en el amor: la atracción física (ansia y libido), el enamoramiento y el apego (vínculo o fidelidad).  Para H. Fisher cada una de esas emociones posee sus propios circuitos cerebrales, así como sus correspondientes mediadores químicos. Pero consignemos un novedoso fenómeno actual.

   Hoy en día, estos tiempos emocionales han ido independizándose entre sí, fenómeno éste que puede contribuir a explicarnos la flexibilidad de las parejas contemporáneas y el amplio rango de estrategias de apareamiento y reproducción. De acuerdo con ello, este modelo evolutivo divergente ayudaría a explicar por qué los seres humanos pueden sentir simultáneamente apego o vinculación respecto a una persona, enamorarse de otra y atracción sexual (sin atracción romántica), por otra diferente. Y enamorarse, desenamorarse, vincularse, tener sexo, experimentar atracción o involucrarse con varias personas al mismo tiempo o sucesivamente.

 

¿Cómo funciona el cerebro enamorado?

Etapas y componentes del amor

   Aclaremos que, si hemos evolucionado distinto que los homínidos primitivos, es porque hemos diferenciado la genitalidad de la sexualidad, del erotismo, del atractivo sexual, del deseo, de hacer el amor, del enamoramiento, del amor y del cariño. Vayamos por partes con algunas definiciones:

   Hablemos primero de sexualidad. La palabra sexo proviene del latín: sexus o secare, que podemos traducir como cortar o dividir. Es decir, que el sexo sería el conjunto de caracteres biopsicosociales que caracterizan y diferencian al macho y la hembra, al hombre y la mujer. En realidad, la sexualidad (otra vez siguiendo a Cavagna) es un sistema de conductas o comportamientos, de fuente instintiva e intelectiva, con una finalidad reproductiva (función reproductiva) y placentera (función erótica), al servicio de la comunicación y la trascendencia, que se descarga en un objeto sexual a través del coito o sus sustitutos y condicionado en su expresión por las pautas culturales y morales de cada época y lugar. Este último punto es fundamental cuando se intentan trazar los condicionantes morales de cada época. En este sentido el análisis histórico de Foucault, entre otros, viene en nuestra ayuda. Hoy nos acercamos sexualmente por el goce en sí y no por sus posibles consecuencias, no siempre previstas y no siempre bienvenidas.

   La genitalidad, en cambio, es sólo un aspecto de la sexualidad, es la expresión más madura pero incompleta, que implica la manifestación sexual a través de los genitales, y que se logra con el desarrollo biológico, psicológico y cultural del individuo. La genitalidad se adquiere y se aprende con el crecimiento pero es un reduccionismo creer que la sexualidad se agota en ella.

   El erotismo es la expresión de la sexualidad referida a la excitación y atracción sexual, relacionado con lo afectivo, lo instintivo, lo lúdico y lo cultural. La eroticidad es la capacidad de sentir placer y despertarlo en otros. Es bastante universal, aunque haya algunas diferencias culturales para cada tiempo y lugar.

   El atractivo sexual, por otra parte, es la suma de señales corporales a las cuales respondemos, en gran medida inconscientemente. Sin embargo, nuestras elecciones no son al azar. Cada estrategia sexual está diseñada consciente o inconscientemente. Ya dijimos que los hombres buscan asegurarse el éxito reproductivo eligiendo belleza física, juventud, castidad y fidelidad. Las mujeres eligen a los varones por su capacidad económica, status social, edad, ambición, estabilidad, inteligencia, tamaño y fuerza. Vemos que cuando eligen pareja, las personas de ambos géneros sopesan de modo diferente las características físicas y sociales.

   Los estudios etológicos comparados, sugieren que en el coqueteo y flirteo coexisten ciertos componentes innatos. A partir de su base evolutiva, reciben incorporaciones familiares y culturales que los hacen más floridos y complejos. Así constituyen señales y canales de comunicación estereotipados que se ritualizan. Es importante destacar que varones y mujeres han ido incorporando estilos de cortejo y seducción distintos para cada uno a través de modelos, imágenes y experiencias culturales que fueron adquiriendo.

El cortejo es una conducta que despierta una actitud sexualmente receptiva y constituye un elemento importante en la fase del deseo sexual. El juego de la seducción entre varones y mujeres es una forma de cortejar con estrategias de ocultamiento y exhibición, aperturas y cierres, acercamientos y distancias. Habitualmente una mujer en respuesta a la mirada del varón al coquetear, comienza con un contacto visual, luego una sonrisa, y sigue con una caída de ojos y sonrisa, agregándose la posición de la cabeza y el cuerpo. De la mirada furtiva pasa a la directa para evaluar el impacto sensorial y confirmar el interés.

   El deseo o apetito sexual es un impulso que mueve a varones y mujeres a buscar, iniciar o responder a la estimulación sexual. La motivación sexual se encuentra gobernada por un sistema dual de mecanismos de inhibición y atracción que hacen que la persona se conecte o desconecte del deseo sexual.

   Se le denomina hacer el amor al coito.  No siempre existe el amor, como en los casos de: sexo recreativo, sexo express, touch and go, de una noche o con una prostituta. Que exista el amor en la pareja no es garantía de buena sexualidad. Pero también hay parejas en las que solamente el aspecto sexual es el rescatable. Sin embargo, el ideal es lograr el máximo placer en una entrega mutua por amor.

   El enamoramiento es la construcción del amor romántico, de vínculos más allá de la atracción o el deseo inicial y el cariño es la conducta amorosa más allá de lo sexual e incorpora la amistad, el proyecto común y la ternura. Es el cariño el que posibilita la continuidad en las relaciones duraderas.

 

Modelos Neurobiológicos

   Describiremos las variaciones neuroanatómicas y neuroquímicas de cada etapa planeada y las diferencias de género entre ellas.

Modelos Neuroanatómicos

   Todo el cuerpo es una gran superficie erótica, pero cada persona tiene su particular mapa erótico (lovemap). Hay zonas de mayor o menor extensión que están muy conectadas con la genitalidad. Estas zonas son similares entre los miembros de la misma especie, pero se califican en forma singular en cada persona de acuerdo a su propia experiencia y a sus vivencias.

   Desde la anatomía, el clítoris en la mujer y el glande en el varón, pueden resultar muy sensibles, o por el contrario resultar no excitantes y hasta inhibitorios si la estimulación recibida no es la adecuada o por llevar a la activación de procesos físicos o psicológicos traumáticos personales.

   Según Master y Johnson, la respuesta sexual humana consta de cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Según Kaplan, por otra parte, la respuesta sexual es trifásica: deseo, excitación y orgasmo. Sin embargo, algunos sexólogos modernos replantean este concepto refiriendo que las mujeres pueden invertir las etapas y tener excitación, deseo y orgasmo, en ese orden. Esta nueva idea resalta la importancia del estímulo adecuado por parte de la pareja para que una mujer luego de ser excitada pueda desear a su compañero.

   El orgasmo además de una respuesta fisiológica, es una vivencia subjetiva de placer intenso y diferenciado. Se considera que el orgasmo llega a un clímax a partir del cual se resuelve la tensión sexual con la descarga física. En el mismo podemos distinguir dos tipos de placer, que pueden darse unidos o escindidos: el placer físico, originado por el contacto y frotación de genitales y el placer erótico, que se puede experimentar a través de los sentidos y las fantasías; incluso sabemos que este puede darse sin contacto.

   Por esto el comando central de la sexualidad está en el cerebro. El cerebro es el mayor órgano sexual y la piel es el más extenso. 


Is this love - Bob Marley & The Wailers. Traducida al español

Modelos Neuroquímicos

   También en relación a los modelos neuroquímicos secuenciaremos la explicación. Comencemos con la atracción ya que encontrar a la persona que nos atraiga es el primer paso para enamorarnos. Pero contrariamente a lo supuesto, no nos entra por los ojos sino por la nariz. Las ferohormonas descubiertas hace más de un siglo en las polillas son sustancias volátiles, mensajeros químicos producidos por ciertos animales destinados a su pareja de sexo contrario que pueden tener funciones muy diversas, esenciales para la supervivencia de las especies, entre ellas las de disposición para la reproducción, la atracción, la existencia de alimento, la alerta para la defensa o el ataque, mensajes distintos, pero siempre necesarios para la perpetuación de la especie. En particular, se secretan en orina, sudor, saliva, aliento y secreciones de los órganos genitales.

   Las ferohormonas son ácidos grasos volátiles que viajan en el aire sin destruirse. Constantemente nuestros receptores olfativos reciben diferentes feromonas sin que nos hagan mella, hasta que el aroma de la persona adecuada comienza a inquietarnos en un proceso que no registramos racionalmente.  La inquietud nasal causada por esas sustancias nos obliga a buscar el origen de la perturbación. Así los ojos chocan con la persona indicada y desde ahí, se produce el contacto visual y se pasa desde el órgano vomeronasal al cerebro y al cuerpo en su totalidad.  Los ojos no se expresan sólo con la mirada, sino también con el aumento o disminución del diámetro pupilar.  La gesticulación de las manos también es un aspecto importante de la comunicación sexual no verbal. Los movimientos que hacemos con las manos pueden indicar diferentes cosas y complementar o contradecir lo que comunicamos con las palabras.

   Después de la primera fase de atracción, puede venir o no el enamoramiento o amor romántico. Pero el enamoramiento es básico en la formación de la pareja humana. Excede la posibilidad reproductiva, instaurándose un ambiente y entorno seguro que favorezcan el crecimiento y madurez de la pareja y de la potencial cría. El amor y el apego social son funciones facilitadoras de la reproducción ya que proveen un sentimiento de seguridad y reducen los sentimientos de estrés y ansiedad. El fin biológico último del intercambio en la pareja es la perpetuación de la especie. De este modo, la neurobiología del amor existe en la medida que está relacionada con fenómenos tales como la reproducción y la homeostasis.

   En el caso concreto del sentimiento de enamoramiento, existe una relación directa entre el mismo y el aumento de ciertos neurotransmisores y mediadores químicos que serían los responsables de la aparición de los síntomas humanos de atracción y pasión, tales como alborozo, energía, desasosiego, insomnio o reducción del apetito.

   En esta primera fase, la feniletilamina (FEA) orquesta la secreción de dopamina (DA) y noradrenalina (NA). Primero hay una emoción intensa, perturbadora que podría vincularse con el aumento de FEA. Esta amina alifático-aromática proveniente de la decarboxilación de la fenilalanina, tiene una gran semejanza estructural con la anfetamina por lo que se comportaría como un estimulante natural, el incremento de esta anfetamina endógena explicaría el estado de aceleración y optimismo que tienen los enamorados. Desde el saber popular se compara el amor con el comer chocolate y este alimento es el que más feniletilamina aporta en nuestra tabla nutricional.

   A la acción feniletilaminérgica se le debe sumar el efecto debido a la NA y la DA.

   La primera se relaciona con la motivación directa, con lo que está inmediatamente presente. El sistema se activa cuando el individuo se encuentra interesado por algo o para permitirle la huida frente al peligro. El exceso de NA se traduce en hiperreactividad, gran actividad física (incluyendo la sexual) e irritabilidad.

   Por su parte, la acción de DA sobre el núcleo accumbens es considerada importante para el sistema de recompensa y reforzamiento de los lazos sociales. Conductualmente, la DA se relaciona con la habilidad de comenzar un plan de acción dejando de lado todos los demás factores de perturbación o distracción. De este modo, con niveles aumentados de DA, quedamos totalmente enfrascados en un único objetivo o situación, persistiendo en una secuencia de acciones o pensamientos o en una conducta particular. La hiperdopaminergia de las psicosis vale de ejemplo en este sentido. Paralelamente, tiene lugar un proceso neuroendocrino, conocido para los amantes como la pasión. Esta última puede llevar su tiempo en desatarse, dependiendo de la biología individual y del tipo de educación que se tenga. En esta fase se producen también cambios en la producción de melatonina y disminución de la serotonina. Por otra parte, aumenta la producción de testosterona que provoca el impulso sexual.  Hay también altos niveles de cortisol que generan un estado de estrés positivo, ya que después de la hipercortisolemia inicial se produce la homeostasis adaptativa.

   Para Fisher esta etapa de enamoramiento o de amor romántico en ambos sexos dura alrededor de ocho meses, llegando cuando es efectiva al máximo a tres años. De no continuar con la fase de apego, toda pareja se separaría.

   Para muchos antropólogos, el amor surge como una necesidad de la conservación de la especie humana para procrear. A los 3 ò 4 años, cuando el objetivo de procrear se cumplió (o no), el efecto de euforia o pasión ya no se produce. De no haber hijos, el cerebro inhibe las sustancias y se pasaría a la tercera fase, produciéndose en este cuarto año mayores posibilidades de infidelidad o separación. Antes hablábamos de la comezón del séptimo año, hoy parece que, en este universo de cambios acelerados, también se adelantó este tiempo del séptimo al cuarto año de pareja.

   Pero para posibilitar la permanencia con el otro, una vez acabado el enamoramiento, se activan otros circuitos que diluyen la pasión, pero aumentan la ternura. Con esto, comienza la fase de apego. Así visto el apego es un estado de equilibrio cuasi-estable. Es como si para nivelar el efecto catocolaminérgico de exaltación que describimos en la etapa anterior, se pusiera en marcha una segunda fase neuroquímica que representa la primera instancia del apego o “aquerenciamiento”. En ella primeramente se producen endorfinas y encefalinas (opiáceos cerebrales), que confieren el afecto, la seguridad y la paz entre dos personas. Este sistema cerebral de opioides fue el primer sistema neuroquímico implicado como regulador de las conductas de apego en animales. La actividad opiácea es incrementada por la oxitocina. La misma ayuda no sólo a la iniciación de las conductas maternales y de unión hacia el bebé, sino que está involucrada en el desarrollo de todas las interacciones sociales.

   La oxitocina se estimula en las relaciones placenteras. Si bien siempre se asoció al desencadenamiento del orgasmo, en realidad es el mediador de la ternura. Es la llamada mediadora de las caricias y se programa tempranamente en la infancia en respuesta a las relaciones de apego temprano. Recalquemos que se ha comprobado la importancia del apego para el establecimiento de relaciones amorosas en la vida adulta. Según los estudios realizados aquellos que tienen una mejor historia de apego es más probable que tengan relaciones amorosas más satisfactorias y estables y confíen más en la pareja. Esta influencia es justificable, ya que es en la relación con la figura de apego primario, cuando se aprende a tocar y ser tocados, mirar y ser mirados, etc. Es decir, se aprende a comunicar de manera íntima y lúdica, algo que será esencial en las relaciones amorosas futuras.

   Además de la  hormona del aquerenciamiento, se la considera responsable de la socialización y del engrudo sexual. Cientos de artículos muestran su falta en algunos cuadros de autismo y postulan su probable uso restitutivo en el inicio de estos síndromes. La oxitocina une, pacifica, da entrega al actuar como antagonista funcional de la hiperactividad adrenal lo cual produce tranquilidad después de situaciones que pueden ser disruptivas. También disminuye el disparo amigdalino ante situaciones amenazantes.

   Por último, se ha calculado que entre las dos fases neuroquímicas y la fase neuroendocrina pueden transcurrir en promedio de cuatro a siete años.

   Siguiendo ésta etapa se instala progresivamente la fase histaminérgica del amor que se corresponde, como decíamos antes y según el saber popular, con la comezón del séptimo año. O se acaba en el cuarto o se llega al séptimo con nuevos vaivenes.

   A pesar de ello, se ha encontrado en algunos animales un péptido conocido como la señal de la fidelidad, que les permite vivir toda su vida en pareja, como los cisnes de cuello negro. Este péptido está relacionado con un gen específico que codifica la vasopresina, gen que no abunda en el sexo masculino por motivos atávicos que ya hemos referidos. Recordemos que la vasopresina sería la encargada de facilitar el inicio de una preferencia por alguien con la finalidad de formar una pareja. También se ha demostrado que juega un rol en los machos relacionado con la territorialidad y la conducta de resguardo de la pareja de otros posibles cortejantes, una actitud importante para mantener los lazos formados.



Woman In Love - Barbra Streisand (Subtitulos Al Español)

 

 


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