sábado, 1 de agosto de 2020

¡QUÉ CALOR! - LA AMENAZA DEL CAMBIO CLIMÁTICO



                                     
                       La tierra arde: Sequías, desertificación, hambrunas, migraciones...


¡QUÉ CALOR! - LA AMENAZA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

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Me acaba de llegar por WhatsApp que ha dicho Satanás que cerremos las puertas de Murcia, que le está entrando tó el calor al infierno. Y digo yo, ¿qué tenemos en nuestra región que sólo salimos en los medios de comunicación por sucesos luctuosos o por ocupar el último lugar en los rankings que marcan el nivel socio-económico y cultural de España? 

    Es verdad que el Mar Menor está condenado a muerte, gracias a los políticos; que nuestra oferta turística es poco o nada atractiva para los viajeros foráneos; que tenemos un gobierno regional comandado por un mediocre, aupado por un partido antidemocrático que, ojo al dato, fue el más votado en la comunidad murciana en las últimas elecciones generales, lo que muestra que, a veces, la soberanía popular no lo es tanto.

                                                Los mejores memes sobre el calor en Murcia | Radio Murcia | Cadena SER              

   Sólo nos faltaba que Satanás, y su pléyade de malnacidos demonios, nos hagan tan injusta publicidad, total por una miaja de calor que estamos pasando estos días. ¿Para qué se ha inventado el aire acondicionado, los chiringuitos de la playa, los polos de hielo y la sombra de las higueras?

   Me voy a poner un poco más serio y voy a exponer a continuación algunas informaciones que he encontrado por ahí sobre el cambio climático, ese que dice Donald Trump que no existe, por cierto, también lo decía no hace mucho el registrador de la propiedad de Santa Pola asesorado por su primo meteorólogo. 

https://www.facebook.com/reginacarrot/videos/752667118596328

   

¿Cuándo se acabará la vida en la Tierra?


                                                                                                                         La tierra desde el espacio. Una vista de satélite de las Américas ...            

   Decía Eduard Punset que tenemos suerte porque vivimos en un universo amable, con unas condiciones muy favorables para la vida. De hecho, los científicos clásicos creían que éramos afortunados porque habitamos un planeta cuya distancia al Sol es la adecuada para crear las condiciones necesarias para la vida. Quizá hubo un tiempo, cuando apareció la vida en la Tierra, en que esto fue así. Sin embargo, a partir de ese momento, nuestro desarrollo no siguió las mismas pautas que nuestros planetas vecinos, como Marte o Venus, que se desertizaron de forma paulatina. En nuestro caso, en cierto modo, la vida misma fue la que se hizo cargo de todo, la que controló su propio desarrollo. Aquí, los sistemas inorgánicos y vivo se desarrollaron al mismo tiempo. Y gracias a esta sinergia, el planeta ha sido un lugar acogedor para la vida a medida que ésta ha ido surgiendo.

   En el pasado, cuando el mundo estaba habitado sólo por bacterias, el gas predominante en la atmósfera era el metano. Había poco oxígeno, y ése era un mundo en el cual no podíamos sobrevivir. Así fue durante casi mil millones de años. Pero las cosas cambiaron, la vida evolucionó y nos proporcionó una atmósfera con oxígeno. 

   Precisamente, James Lovelock, el padre de la teoría de Gaia, se dio cuenta de que la vida recrea las condiciones necesarias para su subsistencia al observar esta capa muy delgada, llamada atmósfera, tan característica de nuestro planeta. Está formada por gases combustibles, como el metano, que se combinan con el oxígeno. Es una mezcla casi inflamable y si la composición fuese distinta, explotaría. Es muy frágil y, no obstante, perdura desde hace miles de millones de años. ¿Cómo es posible? Exige que algo en la Tierra regule la atmósfera y la mantenga constante. Y ese algo es la vida que late con el planeta, como si fuera un organismo, al que Lovelock ha llamado Gaia. 

                                                              Teoria de Gaia    

   Gaia existe desde hace quizá tres mil o cuatro mil millones de años, pero se calcula que no le quedan más de mil millones de años antes de morir. En la escala geológica, Gaia es una señora mayor. Sin embargo, antes de que llegue el momento de su muerte, existen distintas amenazas para Gaia que provienen de nosotros mismos. 

                                    James Lovelock en una entrevista para ABC en 2006

James Lovelock en una entrevista para ABC en 2006 

   Meteorólogo, químico atmosférico, ambientalista, pacifista y escritor. Es difícil definir al científico británico James Lovelock, famoso por crear la Teoría de Gaia o la idea de que la tierra es un superorganismo conectado que nos devolverá todas las fechorías que le estamos haciendo. Recién cumplidos los cien años, Lovelock no ha perdido un ápice del raciocinio que le caracteriza, y en una reciente entrevista asegura que las amenazas del planeta no solo vienen por nuestra acción, sino por las que se encaminan desde el espacio: los asteroides.

 «Tenemos muchísimas pruebas de que los asteroides golpean repetidamente los planetas del Sistema Solar, causando daños catastróficos cuando esto pasa», explica en su vídeo, en el que también hace un repaso de su trayectoria y sus hitos laborales más importantes, como el detector de captura de electrones -que permite encontrar agentes tóxicos en regiones tan remotas como la Antártida- o su faceta de inventor espacial -en la que llegó a crear equipos que la NASA utilizaría después en diferentes misiones para la Luna o Marte-. «Soy una persona alegre y no me gusta la idea de que la humanidad será borrada. Me parece un desperdicio, después de todo lo que hemos hecho todo este tiempo, que se quede en nada», dice con una sonrisa. 


                                           GAIA · La Gran Madre

Novaceno: las máquinas al poder

   En la misma entrevista explica que si la humanidad puede evitar las amenazas de los asteroides, en el próximo siglo renacerá de una manera muy diferente a la actual, aunque no necesariamente peor. «Novaceno», la nueva era que sigue al Antropoceno y sobre la que ahonda en su último libro, relata cómo la inteligencia artificial dominará el mundo, si bien aún necesitará de los humanos. 

«Opino que esto abre una puerta para la evolución de nuevas especies u organismos que se ejecutan por completo en la información», afirma en el video. «Son criaturas que básiamente viven en la inteligencia artificial y serán menos dependientes de la química o la física, como nosotros». Según Lovelock, a pesar de que el hombre pierda la batuta, la nueva era tecnológica será un «soplo de aire fresco» para una Gaia que agoniza.


                                                   ¿La Tierra es un ser vivo? 🌎 Gaia 

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   El dióxido de carbono en la Tierra está aumentando como consecuencia de nuestra forma de vida. La destrucción del hábitat, por ejemplo, la pérdida de la selva amazónica no sólo impide el sustento de las personas, sino que afecta al clima y al bienestar del mundo entero. El cambio climático desatará con cada vez más frecuencia olas de calor como la del verano de 2003,  en la que murieron veinte mil personas, y el aumento del nivel del mar amenazará a las ciudades costeras de todo el mundo. También dicen los expertos que seguirán visitándonos tormentas perfectas o Danas como la que azotó a nuestra península en septiembre de 2019. 

   La solución para estos problemas podría venir de la ciencia y de la tecnología. Hace doscientos años éramos mil millones de habitantes en la Tierra; ahora somos seis mil millones. Ejercemos tanta presión sobre ella que nos veremos obligados a recurrir a la tecnología para subsistir. Podríamos, por ejemplo, obtener mucha más comida gracias a la industria química y biotecnológica. También deberíamos controlar nuestro rechazo a la energía nuclear. Tenemos razones de peso para temer la guerra nuclear, tan destructiva para la civilización; pero la nuclear es la única fuente de energía que no daña la atmósfera, si se maneja bien. Por tanto, sí que existen salidas a nuestro desarrollo, pero están basadas en la tecnología, no en su abandono. Hay otra solución: no hacer nada, confiando en que cuando llegue el momento de la gran crisis planetaria, la gente y los gobiernos reaccionarán y aceptarán los sacrificios necesarios para sobrevivir. 


La Tierra, más en peligro que nunca

   Cada vez existen más pruebas evidentes de que nuestro planeta se derrite. Una de las más llamativas la tenemos muy próxima en el tiempo: el 2014 fue el año más cálido desde que comenzaron los registros en 1880, aunque tampoco se llevaba mucha diferencia con los que le precedían, eso sí, todos pertenecientes al siglo XXI. ¿Quién tiene la culpa?


          temperaturas globales desde 1800

  Hay fluctuaciones naturales en el clima, pero los científicos dicen que las temperaturas están aumentando ahora más rápido que en muchas otras ocasiones. Esto está relacionado con el efecto invernadero, que describe cómo atrapa la atmósfera de la Tierra parte de la energía del Sol. La energía solar que se irradia hacia el espacio desde la superficie de la Tierra es absorbida por los gases de efecto invernadero y reemitida en todas las direcciones.


   El culpable, mayoritariamente, es el hombre, tal y como se señaló en el último informe del IPCC (International Panel of Climate Change). Aunque a lo largo de la historia la evolución climática natural del planeta ha sufrido altibajos, los humanos han sido protagonistas del calentamiento global del siglo pasado; muestra de ello es la emisión de gases que retienen el calor para potenciar la ansiada vida moderna.

   Este aumento desorbitado de la temperatura de la Tierra, que durante el pasado año fue 0,69 grados superior a la media del siglo XX, hace que los glaciares estén licuándose poco a poco, con el consiguiente aumento del nivel del mar, fenómenos que en un futuro pueden arrastrar consecuencias devastadoras.

   El hielo marino en este punto juega un papel importante, ya que es un componente fundamental del sistema climático. Pues bien, de acuerdo con el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielos de Estados Unidos, en 2014 la extensión diaria mínima anual del hielo marino en el Ártico, observada el 17 de septiembre, abarcaba 5,02 millones de kilómetros cuadrados, la sexta más reducida jamás registrada.


                           They care about their child why don’t we?! – Earth Defenders                                                                                     

        ¿Qué es el cambio climático? Una guía realmente simple

                                                                         

La atmósfera también sufre

   El estado y comportamiento de la atmósfera también se ven afectados por la acción del ser humano y el modelo actual de sociedad. La tala de bosques, sin ir más lejos, elimina una fuente importante de humedad y absorción de dióxido de carbono.

   Según los expertos, el aumento de este gas en la atmósfera incrementa aún más el efecto invernadero, por no hablar de la destrucción de ecosistemas al eliminar climas húmedos. Otros problemas en crecimiento, como la contaminación y la superpoblación, también están dañando sin vuelta atrás la atmósfera y el planeta en el que vivimos.

                

                                               EL CAMBIO CLIMÁTICO EXPLICADO


Seis señales de que la Tierra está en peligro 

   La naturaleza ha sabido enviarnos varios mensajes de alerta en un momento decisivo para actuar. Debemos actuar ya, todavía estamos a tiempo, y para ello hay que concienciar a la gente, empezando por nuestro núcleo más cercano.

   Tras las olas de calor sufridas durante los últimos veranos, podemos identificar las señales que la Tierra nos manda día a día para avisarnos de que algo está yendo mal y sobre cómo nos puede influir en nuestra vida diaria. 

1. Olas de calor

   Quizás este punto sea el más claro de todos. Desde hace unos años no hemos dejado de escuchar noticias acerca de olas de calor, temperaturas extremas en toda Europa, etc. Cierto es que olas de calor ha habido siempre, pero no con tanta intensidad. Tal y como confirmó el Servicio de Cambio Climático de la agencia europea Copernicus, julio de 2019 fue el mes más caluroso desde que existen datos fiables (hablamos del año 1880). Estas olas de calor han acelerado el deshielo de glaciares y han facilitado la aparición de incendios.

2. Temperaturas máximas en lugares impensables

   En el año 2018 se registraron temperaturas de 32,7 grados en Etne (Noruega), siendo la más alta seguida de 31,8 grados en el año anterior. En Bergen se ha alcanzado una temperatura máxima promedio mensual de 22,5 grados, superando el récord de 1947 (21,1 grados).

   Además, en sitios como Dinamarca se registraron temperaturas de 29 grados en ese mismo mes, muy poco usuales en esa zona. Esto va empeorando año tras año, conllevando graves problemas de incendios y sequías al norte de Europa. Muchos apuntan que, de no poner solución, ciudades como Madrid, hacia el 2050, estará a la temperatura de Marrakech (elevándose en más de seis grados), Londres a la de Barcelona y Estocolmo a la de Sofía. Esto hará que miles de especies sufran las consecuencias y que muchas enfermedades acechen. 

3. Olas de calor equivalen al Ártico en llamas

   Desde el mes de junio de 2019 el Círculo Polar Ártico ha sufrido un centenar de incendios forestales debido a las altas temperaturas y a las olas de calor recogidas en Europa y América. Esto preocupa bastante a los científicos, no sólo por la destrucción ecológica, sino también por la alta cantidad de dióxido de carbono que se está emitiendo a la atmósfera. De hecho, se generaron unas 50 megatoneladas de este componente, lo que equivale a las emisiones de Suecia en un año entero.

   Los incendios son una catástrofe en cualquier lugar en el que suceden, pero en el Ártico esto se sufre con mucha más intensidad. Además, el dióxido de carbono emitido agrava seriamente el calentamiento global. 

4. Corales: blanco sobre azul

   Además de albergar a miles de especies marinas, son unos buenos indicadores de que algo no está yendo muy bien. Como sabemos, los corales tienen colores y formas característicos que les hacen ser una atracción turística muy importante. Pero es esto -junto con el cambio climático, las cremas solares y el mal drenaje de las aguas- lo que les está matando lentamente.

              Corales | WWF

                                                                      

   En 2018 se detectó que más de 20 especies de corales se veían amenazadas por el “Síndrome Blanco”. Se trata de una enfermedad que mata al coral desde dentro, dejando su esqueleto desnudo y proporcionándole un color blanquecino. También conocido como epizootia, destruye colonias de corales en pocas semanas. Es muy preocupante ya que los corales son barreras que protegen la costa de los huracanes, y por lo tanto, sin ellos, estaríamos en grave peligro. Pero ahora viene el problema: esta enfermedad cada vez se va propagando más y más deprisa, y aunque aún se está estudiando el origen, la mala calidad de las aguas y el aumento de temperatura del mar no ayudan nada. 

              Arrecifes de Coral


5. Aire: una muerte silenciosa

   La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que alrededor de siete millones de muertes al año en el mundo son causadas por la contaminación del aire, equivalente al número de habitantes de Londres. De estas muertes, un 25% pertenecen a enfermedades del corazón y un 24% a ictus. Lo llaman “el nuevo tabaco”, señalando que es un riesgo para la salud.

   Sucede que la contaminación es producida por partículas tanto sólidas como líquidas (siendo las más pequeñas aquellas que son más peligrosas debido a su fácil inhalación), el ozono, el monóxido de carbono (emitido por los incendios) y el NO2, sin olvidar al SO2 y a los COV (emitidos por los productos químicos).

   Tras respirarlos, pasan a la sangre a través de la barrera alveolar, favoreciendo problemas cardiacos que derivan en enfermedades como ictus y paradas cardiocirculatorias. El tráfico rodado es el mayor causante de estos contaminantes, de ahí la importancia de restringir la circulación de los vehículos contaminantes en las grandes ciudades, sobre todo de los coches diésel que no tienen catalizadores selectivos. 

6. "La Sexta Extinción"

  Muchos científicos afirman que nos dirigimos hacia "La Sexta Extinción". ¿Lo peor de todo? Está causada por el ser humano. La sobrepoblación, la explotación de recursos, y un largo etcétera acarrearán este problema de no poner solución cuanto antes. La IUCN presentó un informe que señala que cerca de un millón de especies van a extinguirse debido a la acción humana, entre ellas, siete especies de primates, más de un tercio de peces de agua dulce y el elefante africano.

   En noticias recientes se ha dicho que sólo se disponía de 12 años para evitar el colapso, pero hace un año los científicos señalaron que los siguientes 18 meses serían cruciales para luchar contra el cambio climático. 

   De cualquier forma, todavía estamos a tiempo, y para ello hay que concienciar a la gente, empezando por nuestro núcleo más cercano. Como dice la controvertida Greta Thunberg: “nuestros padres discuten el final de 'Juego de Tronos' mientras el planeta se quema”, y es que, ¿cuántas veces hemos escuchado aquello de “Nosotros no lo viviremos” o “Que se encarguen los que vengan”? ¡Actuemos ahora!

   Quizás una persona no tiene por sí sola el poder suficiente para hacerlo posible, pero entre todos, podemos conseguir llamar la atención para que esto cambie. 2019 fue un año de cambios, de rebelarse y salir a la calle; y movimientos como Extinction Rebellion son esenciales en estos momentos. 

   El hashtag #ActNow recoge a miles de personas que quieren cambiar el mundo. Y para aquellos que siguen replanteándose esta cuestión, preguntamos: ¿de verdad quieres que tus hijos no disfruten lo que tú has disfrutado, que no tengan lo que tú tienes?

 

DESERTIFICACIÓN:

    La desertificación es uno de los mayores retos ambientales a los que se enfrenta nuestro planeta. Fenómenos climáticos cada vez más extremos y actividades humanas más agresivas han causado graves daños a los suelos: las tierras se han empobrecido, los desiertos se han expandido y la producción de alimentos ha disminuido. 

   La desertificación es el proceso mediante el cual las tierras cultivables de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, se convierten en desiertos, perdiendo así su capacidad productiva. Esto conlleva la pérdida de suelos fértiles y la incapacidad de los ecosistemas para cumplir con sus funciones.                       

   Suele confundirse con la desertización, que es la invasión de tierra por las dunas, es decir, la extensión de los desiertos por razones estrictamente naturales; pero realmente se refiere a la vulnerabilidad de los ecosistemas de zonas secas que cubren el 40% de la superficie de la Tierra. Se trata de la desaparición de la cubierta vegetal que mantiene la capa fértil del suelo.

          

  En todos los países, especialmente en los más afectados, se llevan a cabo diversas actividades destinadas a la información de las causas y consecuencias de la sequía y la desertización y se trabaja a nivel local, en busca de soluciones aplicables y eficaces.


   La desertificación, o degradación del suelo, ha ocurrido durante muchos años, no es un tema que ha surgido recientemente; pero la preocupación se despierta por el ritmo acelerado al que está sucediendo en los últimos años.

   En el mundo hay al menos 100 países que sufren por la aridez o semiaridez de sus suelos, pero los más afectados por la desertificación están en África y Asia, donde la agricultura de subsistencia es común. Le siguen América Latina y El Caribe. Los ejemplos son tan claros como preocupantes:

-         El Lago Chad ha visto cómo se ha reducido su tamaño debido a los fuertes episodios de sequía y a las prácticas de regadío no sostenibles en las áreas colindantes.

-    En China, India, Pakistán e Irán las zonas degradadas incluyen desiertos que van en aumento.

-         Si revisamos el caso de Latinoamérica, donde la desertificación afecta a más de 300 millones de hectáreas, Argentina destaca como la más afectada.

-     Y en Europa, que tampoco se salva de la desertificación, España, Portugal, Italia, Turquía y Grecia, que integran el llamado grupo del Mediterráneo Norte, son los más vulnerables.

   Según el Atlas Mundial de Desertificación de la Comisión Europea, más del 75% de la superficie terrestre está degradada y más del 90% podría degradarse para el 2050. 

                           Día Mundial por la Lucha contra la Desertificación y la Sequía ...

Día Mundial por la Lucha contra la Desertificación y la Sequía – 17 de Junio

“Reconociendo que la desertificación y la sequía son problemas de dimensión mundial, en la medida en que afectan a todas las regiones del mundo y que es necesaria una acción conjunta de la comunidad internacional para combatir esta problemática, en particular en África, la Asamblea General declaró el 17 de junio “Día Mundial para luchar contra la Desertificación y la Sequía”, en 1994”. 


Causas de la desertificación

   Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación, la degradación del suelo es el resultado “de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas”.

Causas naturales:

1.    Las sequías estacionales caracterizadas por temperaturas altas y sostenidas y lluvias pocos constantes.

2.              La erosión del suelo. La acción del viento, el agua o la gravedad puede movilizar las rocas o sus pedazos, así como la arena o el polvo de la superficie terrestre. Consecuentemente, la tierra se va deteriorando y perdiendo su fertilidad.

3.         El cambio climático. Con el calentamiento global y la disminución de las precipitaciones, la Tierra experimenta un incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, lo que potencia los episodios de sequía y los hace más intensos y frecuentes. Las lluvias son pocos constantes o de gran intensidad.

 Por la acción del hombre: Muchas veces, las actividades del hombre, alentadas por presiones económicas, sociales, e incluso, políticas, contaminan o menoscaban la calidad del suelo, teniendo un efecto directo en la utilidad de las tierras. Entre las causas de origen antropogénico se incluyen:

1.      La deforestación, la tala y quema indiscriminada de madera para el comercio.

2.     Las prácticas agrícolas no sostenibles que usan la tierra de forma inadecuada y la exponen a productos y procesos químicos agresivos.

3.    El uso irresponsable de los recursos hídricos, ya sea debido a la sobreexplotación de los acuíferos o a las malas prácticas de riego que convierten las tierras de cultivo en tierras saladas.

4.      El sobrepastoreo, que elimina la cubierta vegetal de los suelos, la misma que lo protege contra la erosión.

5.           Las actividades mineras, industriales y domésticas.

6.         El crecimiento urbano, pues se destinan más hectáreas de tierra para la construcción de viviendas.

7.        El abandono de los terrenos productivos.

   El uso irresponsable de los recursos hídricos, convierten las tierras de cultivo en tierras saladas. Quienes viven de la tierra muchas veces la sobreexplotan para obtener alimentos, energía, vivienda y una fuente de ingresos, algo que deja de ser posible una vez que los efectos de la degradación del suelo comienzan a ser más visibles. Con este tipo de actividades, se elimina la vegetación y los árboles que nos proveen de oxígeno, dejando al suelo cada vez más expuesto. Posteriormente, el viento y el agua hacen su parte: arrastran la capa superficial del suelo fértil dejando las tierras improductivas. Además, las pezuñas de los animales arañan la tierra y con sus pisadas van destruyendo y compactando la capa superior del suelo. Poco a poco el suelo va perdiendo sus nutrientes y su capacidad para retener el agua y revegetarse con plantas. Todo esto afecta negativamente a la productividad de las tierras ocasionando un problema de grandes dimensiones cuyos efectos pueden ser lamentablemente irreversibles. 

Consecuencias de la desertificación

   La desertificación avanza lentamente, pero irrumpe cada vez con más fuerza dejando resultados catastróficos no sólo en la biodiversidad sino también en la seguridad alimentaria y la estabilidad socioeconómica.

-   En el medio ambiente: La desertificación amenaza el equilibrio medioambiental en las regiones afectadas, pues altera las propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos. Cuando la tierra se convierte en desierto, los alimentos que solían producirse en ella ya no crecen y los suelos pierden la capacidad para recolectar y retener agua. Esto conlleva a cambios en los hábitats al punto de ocasionar la pérdida de la biodiversidad y de los ecosistemas nativos de las áreas afectadas. La desertificación favorece las inundaciones en las áreas terrestres, la salinización de los suelos y altera la calidad del aire. Todos estos factores ocasionan cambios en la flora y la fauna de la zona dañada.

-      En la disponibilidad de agua: A medida que se empobrecen las tierras, hay un mayor agotamiento de los recursos hídricos. Las prácticas de irrigación no sostenibles, pueden llegar a secar los ríos y otras fuentes y cuerpos de agua. Las actividades causantes de la degradación del suelo, por lo general, ocasionan la deposición de lodo en ríos y embalses, lo que innegablemente deteriora la calidad del agua.

-             En el ser humano: La pérdida de productividad de las tierras genera el aumento de la pobreza de quienes dependen de ellas para satisfacer la mayoría de sus necesidades. Puede causar la migración de las poblaciones. Muchas personas, desesperadas por conseguir agua y alimentos, se ven forzadas el éxodo de las regiones afectadas. Esto a su vez puede terminar por dañar aún más el entorno dejándolo inhabitable. Tan solo en el 2015, según las Naciones Unidas, el número de migrantes en el mundo debido a la sequía, subió de 173 a 244 millones de personas. Hay que agregarle a esto, que la llegada de los refugiados climáticos a nuevos territorios también puede desencadenar tensiones sociales por la competencia por espacios y alimentos.

 La desertificación amenaza el equilibrio medioambiental, el empobrecimiento de la tierra también aumenta los riesgos de desnutrición, pues contribuye a la disminución del suministro de agua y alimentos. Al haber menos tierras fértiles y menos agua, hay menos producción de alimentos y en consecuencia la productividad del ganado también se ve afectada. Todo esto pone en riesgo la salud de las personas.

 La desertificación también genera el aumento de brotes de enfermedades respiratorias e infecciosas causadas por el aire polvoriento y las aguas contaminadas, lo que además puede abultar las tasas de mortalidad. Es el caso de Somalia, donde los brotes de cólera, por la mala calidad del agua, y gravísimos casos de hambruna han acabado con la vida de miles de personas. 

Desertificación en Números

   Según datos de Naciones Unidas cada año desaparecen más de 24 billones de toneladas de suelo. Dos tercios de la Tierra están en proceso de desertificación. Para el 2025, alrededor de 1.800 millones de personas vivirán en escasez absoluta de agua. Para el 2050, de no tomar medidas, adicionalmente se perderán un millón y medio de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas. Más de 3 millones de personas están afectadas por la degradación del suelo y al menos 143 millones de personas podrían verse obligadas a huir de la sequía y por tanto, dejar sus países, antes del 2050.

¿Cómo prevenir y mitigar la desertificación?

Algunas de las acciones que ayudarían a reducir o evitar la desertificación serían:

-       Reforestar, que es clave para rehabilitar las tierras. Al plantar árboles se contribuye con la recuperación de los ecosistemas afectados por la sequía. La vegetación absorbe dióxido de carbono (CO2) y genera oxígeno, por lo que también ayuda a reducir la contaminación atmosférica.

-        Es necesario realizar un consumo racional y eficiente de los recursos hídricos. Ahorrar y reutilizar el agua, también lo es. Se debe mejorar la gestión del agua.

-       Promover el desarrollo sostenible y el uso de sistemas de producción más “amigables” con el medio ambiente.

-         Prevenir la erosión de los suelos.

-        Fomentar la educación ecológica y abrir espacios de formación en los que se promueva.

   La Convención de Lucha contra la Desertificación de las Naciones Unidas trabaja en este tipo de acciones encaminadas a proteger y recuperar los suelos, bosques, humedales, montañas y tierras áridas. Entró en vigencia en 1996 tras ser suscrita por 122 países que se comprometieron a salvaguardar las tierras cultivables, recuperar las degradadas y administrar los recursos hídricos de una forma más justa y efectiva. En esa línea se ha promovido la Iniciativa para la Gran Muralla Verde que se ha propuesto frenar la desertificación en 20 países africanos para el año 2030, entre ellos, Burkina Faso, Yibuti, Eritrea, Etiopía, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal, Sudán y Chad. Para ello ha dispuesto la plantación de una gran barrera de árboles que permita restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas y así mejorar las condiciones de vida para millones de africanos que han tenido que sortear los embates de la naturaleza y la industria.

   Pero el camino es largo, se debe hacer mucho más que plantar y en eso la participación y el compromiso de todos y cada uno de nosotros es fundamental.


                Metallica - Blackened (Subtitulos, Español e Inglés)


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