domingo, 9 de agosto de 2020

ISADORA DUNCAN, LA MUSA DE LA DANZA LIBRE

 


Isadora Duncan


 

(San Francisco, 1878 - Niza, 1927) Bailarina norteamericana. Hija de un matrimonio desunido y finalmente divorciado, su instinto la inclinó hacia el baile desde niña. En su autobiografía, titulada Mi vida, escribió: "Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas..." A los diez años abandonó la escuela para dedicarse a su pasión y a los diecisiete se dirigió a Nueva York, donde se incorporó a la compañía de Agustin Daly. 

   Al actor y empresario no acabaron de convencerlo los experimentos e innovaciones que Isadora le proponía continuamente, deseosa de llevar a la práctica un nuevo método de interpretar plásticamente poemas por medio de la improvisación, que había concebido ya por aquel entonces. Sintiéndose infeliz, la Duncan abandonó la compañía dos años más tarde y partió con su familia hacia Inglaterra, donde se proponía estudiar los movimientos de la danza antigua en los jarrones griegos del Museo Británico. Fue una época de formación, de lecturas entusiastas y de ensayo de nuevas danzas; en busca, sobre todo, de nuevos cauces para la expresión coreográfica y de sendas alternativas para profundizar cada día más en su arte. 

   Los éxitos comenzaron a llegar de forma inmediata. Con un estilo basado en la danza de la Antigua Grecia, dio una serie de recitales en Londres que despertaron el entusiasmo hacia su persona. La prensa declaraba: "En esta época actual de elaboración y artificialidad, el arte de la señorita Duncan es como un soplo de aire puro procedente de la parte más alta de una montaña poblada de pinos, refrescante como el ozono, bello y verdadero como el cielo azul, natural y genuino. Es una imagen de belleza, alegría y abandono, tal como debió ser cuando el mundo era joven y hombres y mujeres bailaban al sol movidos por la simple felicidad de existir." 

   Efectivamente, Isadora Duncan afirmaba que el baile debía ser una prolongación de los movimientos naturales del cuerpo, que ella consideraba hermosos y bastante más bellos que los que efectuaban los bailarines clásicos, a los que tildaba de forzados y antinaturales; por ello, se negaba a constreñir los pies en las zapatillas de baile. Sentía una admiración estética por la belleza del cuerpo humano, influida por los cánones de las estatuas y pinturas de la Grecia clásica. Su método coreográfico era una especie de filosofía basada en el convencimiento de que el baile ponía al individuo en comunicación armónica con el ritmo intrínseco de la naturaleza y los cuerpos celestes. 


Archivo:Isadora Duncan.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

   A partir de ese momento, Isadora no dejó de viajar, reclamada por los mejores teatros de Europa. En París se imbuyó del espíritu de los escultores Auguste Rodin y Antoine Bourdelle. Más tarde descubrió Italia y el Renacimiento, y se embelesó con el leve y sutil Sandro Botticelli, cuya influencia en su arte es palmaria a partir de aquellos años. Por fin, en 1902, realizó uno de sus sueños: viajar a Grecia y peregrinar a las fuentes del arte de Occidente. Cerca de Atenas, en la colina de Kopanos, comenzó a construir un templo consagrado a la danza, pero los ingresos percibidos por sus giras se revelaron insuficientes para cubrir los gastos y la empresa hubo de abandonarse.

   Con motivo de su primer viaje a San Petersburgo, en 1905, la ya entonces famosa Isadora fue invitada por la no menos célebre bailarina rusa Anna Pavlova a visitar su estudio. Allí tuvo el privilegio de contemplar a la gran diva realizando sus ejercicios. La propia Isadora lo relata en sus memorias:

   "Encontré a Pavlova de pie con su vestido de tul practicando en la barra, sometiéndose a la gimnasia más rigurosa, mientras que un viejo caballero con un violín marcaba el tiempo y la exhortaba a realizar mayores esfuerzos; era el legendario maestro Petipa. Me senté y durante tres horas observé tensa y perpleja los sorprendentes ejercicios de Pavlova, que parecía ser de acero elástico. Su hermoso rostro adoptó las líneas severas del mártir. No paró ni un solo instante. Todo su entrenamiento parecía estar destinado a separar por completo la mente de los movimientos gimnásticos del cuerpo. La mente debía alejarse de esa rigurosa disciplina muscular. Esto era justamente todo lo contrario de las teorías sobre las que yo había fundado mi escuela un año antes. Lo que yo pretendía es que mente y espíritu fuesen los motores del cuerpo y lo elevasen sin esfuerzo aparente hacia la luz”.

   No debe sorprender este completo desacuerdo con las más antiguas normas del ballet por parte de quien concebía la danza como un sacerdocio, como una forma sublime de emoción espiritual y como una liturgia en la que alma y cuerpo debían ser arrastrados por la música para transformarse en puro arte.


Isadora Duncan - Wikipedia, la enciclopedia libre

   Para Isadora, era el amor a la naturaleza y a la vida lo que había de transmitirse a través del movimiento, siguiendo el ejemplo de las nubes, el mar o las copas de los árboles mecidas por el viento. Enemiga del ballet, al que consideraba un género falso y absurdo, manifestó que la danza debe establecer una armonía calurosa entre los seres y la vida y no ser tan sólo una diversión agradable y frívola. Danzaba descalza, con una simple túnica griega de seda transparente sobre su cuerpo desnudo, como una sacerdotisa pagana transportada por el ritmo. Hoy es considerada la iniciadora de la modern dance norteamericana y su figura es evocada con fervor en todos los escenarios del mundo. 


Isadora Duncan: el movimiento, el amor y la pérdida - Fundación BBVA Perú

                        Isadora Duncan: el movimiento, el amor y la pérdida.  (1877-1927)

Cuando tenía 6 años, Isadora Duncan reunió a una decena de niños del barrio. Algunos eran demasiado pequeños para caminar, pero agitaban los brazos e imitaban las olas del mar de San Francisco, tal y como la futura pionera de la danza moderna les enseñaba.  ¿Qué es todo esto?, preguntó la madre al llegar a casa. Mi escuela de danza, respondió Isadora.


Lo que vino después es un viaje de amor y pérdidas marcado por el éxito y la tragedia a partes iguales. Isadora vivió una infancia de carencias en una familia de padre ausente donde la creatividad, la música y el movimiento actuaron de salvavidas.   

Con su pequeña troupé de bailarines y músicos compuesta por su madre Dora, su hermana Elizabeth y hermanos Raymond y Augustin, probaron suerte en Chicago y luego en Nueva York, donde Isadora accedió a la compañía de Augustine Daly. Por esos años perdió a su padre en un naufragio. Fue su primer gran dolor.

Con las promesas de un nuevo siglo y siempre al borde de la miseria absoluta, los Duncan llegaron a Londres hacia 1900 e Isadora admiró las esculturas romanas y griegas del British Museum –luego haría lo mismo en la National Gallery y en el Louvre de París-. Imaginó cómo podrían moverse esos cuerpos estáticos y se convirtió en una intérprete de mitologías, en la encarnación de una divinidad o, como ella misma más tarde se definiría, “en el alma de la música”.

Aprendió ballet para luego odiar el corsé y las zapatillas de puntas. Su ritmo era el de las olas de la infancia, el de la libertad y el de un fuego interior que la llevó a ser la primera en coreografiar músicas que originalmente no fueron escritas para la danza

Isadora Duncan se convierte en un personaje de cuento - Republica.com 

Su búsqueda de libertad en el movimiento repercutió también en su vida amorosa. En su autobiografía My Life (1927), Isadora reflexiona sobre el fin de las relaciones de pareja.  “Es un hecho extraño que cuando nos separamos de un ser querido, aunque podamos sentir la pena más terrible, experimentamos al mismo tiempo una curiosa sensación de liberación”, escribió.


Isadora Duncan in a garden with children | Musée Bourdelle

 Les collections du Musée » Photographic collections of the Musée Bourdelle » Isadora Duncan in a garden with children

Y aunque pudo superar con gran resolución y euforia amores que reemplazaba sin reparo, hubo un dolor del que no pudo desprenderse jamás. Eligió ser madre soltera y tuvo dos hijos de distintos hombres. Fue una madre entregada, pero su amor no pudo evitar que los pequeños Deirdre y Patrick murieran ahogados en el Sena en un accidente automovilístico.


La indómita vida y la absurda muerte de Isadora Duncan, una leyenda de la  danza moderna | Perfil


A partir de entonces, Isadora derrochó el dinero que no tenía y vivió al margen de las convenciones sociales, se rodeó de las personalidades de la época y protagonizó escándalos. También se entregó al trabajo.  Abrió una escuela de danza en Alemania y en 1921 inauguró otra para niños en Rusia, donde se casó con el poeta Serguéi Esenin, 17 años más joven que ella. Poco tiempo después de finalizar la relación, Esenin se suicidó dejando una nota escrita con sangre.   

Su última presentación fue en el Teatro Mogador de París, en setiembre de 1927. A los 50 años Isadora murió estrangulada, cuando la larga bufanda que llevaba al cuello se enredó en la llanta de un descapotable en Niza.

Existe solo una imagen en movimiento de Isadora Duncan. Dura apenas unos segundos. La imagen es borrosa, pero se adivina un vestido vaporoso con unas telas entrecruzadas. Baila descalza. Está rodeada de hombres con sombrero y trajes oscuros que aplauden los pasos finales de una coreografía en la que ella parece una niña feliz intentando alcanzar las copas de los árboles que la rodean. La imagen es, a su vez, el encuentro de dos universos: el de la burguesía acartonada y el de una artista en estado de gracia.

Quizás antes o después desplegó una serie de pasos mucho más osados, pero lo que puede verse es un movimiento simple e inocente. Ella no necesitó de un gran virtuosismo para pasar a la posteridad.  Porque la estética de sus movimientos y su paso por el mundo representan algo mucho más difícil de conseguir en una sola vida: una verdadera fuerza creadora, una vocación rotunda, una libertad vital, original, irrepetible, única.  

Isadora Duncan (1877-1927). – KÓDIGO MALVA


   Durante esos años, las más importantes ciudades europeas pudieron extasiarse ante la nueva estrella, a la que llamaron "la ninfa". En todos lados tuvo amigos pintores, poetas e intelectuales y estuvo rodeada de admiradores que deseaban conocerla. Apasionada, bellísima y maravillosa, ejercía un poder de seducción irresistible entre cuantos la rodeaban. Se comenzó a asociar muchos nombres masculinos con el de Isadora, y pronto nacería la leyenda de un maleficio que parecía emanar de su persona y abatirse sobre todos los seres a los que entregaba su amor, un maleficio que acabaría de forma terrible con su propia vida.

   La primera "víctima" fue el polaco Iván Miroski, consumido por unas fiebres malignas poco después de separarse de Isadora. Luego, extraños percances y desapariciones salpicaron sus relaciones con sus amantes, fuesen ocasionales o duraderos. En 1913, la oscura influencia se cebó en sus propios hijos, Deirdre y Patrick, cuando Isadora estaba triunfando en París.

   Un día, agobiada por los ensayos, confió los niños a la institutriz para que los llevara en automóvil a Versalles. Ella misma relata que quizás tuvo un presagio del drama: "Al dejarlos en el coche, mi Deirdre colocó los labios contra los cristales de la ventanilla; yo me incliné y besé el vidrio en el sitio mismo donde ella tenía puesta la boca. Entonces, el frío del cristal me produjo una rara impresión e hizo que me recorriese un estremecimiento". Minutos después, el auto bordeaba el Sena y, al girar para cruzar uno de sus puentes, los frenos no respondieron a la voluntad del chófer. El coche se precipitó en las oscuras aguas y los dos niños perecieron ahogados. Isadora declaró: "Si esta desgracia hubiera ocurrido antes, yo hubiese podido vencerla; si más tarde, no habría sido tan terrible, pero en aquel momento, en plena madurez de mi vida, me aniquiló". En efecto, la bailarina anuló todos sus compromisos y decidió interrumpir su carrera, dedicándose por entero a la enseñanza y tratando de olvidar su desgracia sumergiéndose en un trabajo agotador.

   Varias veces pensó en quitarse la vida, pero siempre la disuadió la idea de que otros niños, empezando por los alumnos de la escuela que había creado en 1904, estaban necesitados de ella. Comenzó a participar en campañas benéficas y trató de llevar sus enseñanzas a diferentes países, lo que la condujo hasta Moscú en 1921, después de que el gobierno soviético mostrase su interés por recibirla.

   Con el inicio de nuevas peregrinaciones volvieron los romances. En la Unión Soviética conoció a Serguei Esenin, poeta y cantor oficial de la Revolución de 1917, y se entusiasmó con el ambiente pletórico de ilusiones que se respiraba en el país y que Serguei encarnaba a la perfección. Esenin se enamoró locamente de Isadora y consiguió que ésta renunciara a su propósito, repetidamente afirmado, de no contraer matrimonio.


Mi novio es más joven que yo | Isadora Duncan y Serguéi Yesenin

 Mucho hubo de enamorarse la bailarina norteamericana Isadora Duncan cuando accedió a casarse con el poeta Serguéi Yesenin, pese a haber jurado que jamás contraería matrimonio. A punto de cumplir 45 años, ella había vivido varias vidas, entre ellas la de artista exitosa, la de madre soltera –por voluntad propia-, la de amante fogosa de gente de ambos sexos y, la peor: la de mujer que pierde a sus dos hijos cuando el automóvil en el que viajaban estos con su niñera cayó al río Sena. Tras unos años de feroz depresión, la precursora de la danza moderna había vuelto hacía tiempo a la vida y a sus actuaciones, abandonadas tras el inevitable parón. Fue entonces cuando conoció al poeta ruso Serguéi Yesening, casi 18 años más joven que ella.

  Pero su unión resultó catastrófica. Después de viajar por Europa y Estados Unidos, Serguei se hundió en una profunda apatía originada por una fase de infecundidad creativa que achacaba al hecho de vivir lejos de su patria. Lo cierto es que cuando el matrimonio regresó a Moscú, el poeta continuó en el mismo estado y se sumergió de forma imparable en la misantropía y el alcoholismo. Medio loco, su comportamiento empezó a ser escandaloso hasta para la propia Isadora. Esenin acostumbraba a desaparecer dejando tras de sí un rastro de botellas vacías y muebles rotos. La paciencia de "la ninfa" llegó al límite. A finales de 1924, Isadora, ya divorciada, abandonó la Unión Soviética. Un año más tarde supo, por la noticia publicada en los periódicos, que su ex marido se había quitado la vida.


Poeta Sergei Yesenin derecha con Isadora Duncan Centre y su hija adoptada  Irma Duncan dejó Fotografía de stock - Alamy

El poeta Sergei Yesenin (derecha) con Isadora Duncan (centro) y su hija adoptiva Irma Duncan (izquierda)


ISADORA DUNCAN (Año 1877) Pasajes de la historia (La rosa de los vientos)

   La aventura rusa de la Duncan no sólo terminó en fracaso desde el punto de vista sentimental. Si bien al principio se había compenetrado a la perfección con sus interlocutores, entusiasmados con la idea de poner en marcha su Escuela de Danza Futura, más tarde esta iniciativa no fue bien acogida por ciertos dirigentes soviéticos que ya empezaban a mostrar los síntomas del anquilosamiento burocrático que luego sería proverbial en el sistema comunista.

   De regreso a Europa, tampoco los empresarios capitalistas parecieron entusiasmarse con sus proyectos. Además, sus opiniones ateas, su actitud favorable hacia la Revolución Rusa y su evidente aceptación del amor libre no eran cualidades que la opinión pública occidental, a la defensiva después de la eclosión comunista, valorase positivamente.

   Isadora decidió volver a los escenarios y ofreció una serie de recitales que resultaron un fracaso; el público fidelísimo que hasta la muerte de sus hijos la había llevado en volandas comenzó a fallarle; las salas la recibieron semivacías, silenciosas y heladas. Isadora se refugió en Niza, donde terminó su autobiografía y preparó El arte de la danza, libro en el que pretendía ofrecer una síntesis de sus enseñanzas.

   Se encontraba absorbida por esta tarea cuando, el miércoles 14 de septiembre de 1927, decidió tomarse un respiro y dar un paseo en su Bugatti. El dramático accidente tuvo lugar cuando el automóvil recorría veloz la Promenade des Anglais: su largo chal rojo, el mismo que había agitado ante la multitud que la esperaba a su regreso de la Unión Soviética, se enredó en los radios de una de las ruedas posteriores del automóvil; Isadora no pudo liberarse del abrazo homicida y murió estrangulada. Ni siquiera ella hubiera podido imaginar un final más acorde con su existencia extravagante y romántica.


Isadora Duncan (Biografía-Resume) "Una Bailarina que revoluciono la danza"  - YouTube

 Fotografía del Bugatti que conducía velozmente por la Promenade des Anglais en Niza: su largo chal rojo se enredó en los radios de una de las ruedas posteriores del automóvil; Isadora murió estrangulada.


ISADORA DUNCAN, LA MUSA DE LA DANZA LIBRE

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