lunes, 31 de agosto de 2020

EL CAMBIO DE ADRIÁN - PRIMERA PARTE - LA MÁSCARA DE HOLLOW

 

Descubre si tienes esquizofrenia a través de una prueba de ilusión óptica llamada "La máscara Hollow"  

  Adrián es un joven soltero de 25 años cuyas actitudes y comportamientos han cambiado, él se da cuenta, pero es incapaz de controlarse, su hermano Fidel está muy preocupado porque está menos comunicativo que nunca, no le apetece ir a pescar al embalse cercano a la residencia familiar, como han hecho en los últimos años, una experiencia que les ha hecho compartir confidencias y en la que se han ayudado mutuamente a afrontar las contingencias negativas de la vida cotidiana de dos jóvenes que andan un poco perdidos.

    Adrián, finalmente, fue persuadido por su hermano para buscar ayuda en un hospital psiquiátrico porque sus reacciones violentas y pensamientos suicidas eran cada vez más angustiantes y frecuentes para la familia. Cinco semanas antes había atacado a su madre sin mediar provocación alguna y pegándole salvajemente, hasta que Fidel fue en su ayuda. Durante las semanas siguientes tuvo varias explosiones agresivas tanto en casa como en el vecindario y varias veces amenazó con quitarse la vida. Explicó el ataque a su madre diciendo que ella había tratado de perjudicarlo y que había recibido instrucciones de una fuerza extraterrestre para pegarle. Después del ataque se encerró en sí mismo, absorbido por sus propios pensamientos, y a menudo hablaba solo aun cuando otras personas estuvieran alrededor. A veces su familia tenía la impresión de que escuchaba voces que otras personas no podían oír. Le dijo a su hermano mayor que tenía miedo de atacar a alguien, o de matarse; temía perder el control de sus propios actos.

   Adrián creció en la zona rural del país. Era el cuarto de 9 hijos. Su padre tenía tierras, pero era adicto al opio y trabajaba muy poco. La madre trabajaba la granja, sembrando cereales y criando algunos animales con la ayuda de sus hijos más chicos. El paciente dejó la escuela a mitad de la ESO para seguir estudiando música. Se fue de su casa y pasó los últimos años de su adolescencia en la casa de un músico, un viejo amigo de su padre que le enseñó a tocar la guitarra. Aprendió a tocar bastante bien y se convirtió en un apasionado por la música. Tocó la guitarra en varios conciertos, pero nunca pudo conseguir un trabajo fijo o ganar suficiente dinero como para mantenerse. Su hermano mayor, maestro de profesión, le ayudaba económicamente de tanto en tanto. Eventualmente a los 23 años Adrián se mudó con él. Se llevaban razonablemente bien siempre y cuando su hermano no interfiriera con su voluntad de estar solo.

    Antes de enfermar había sido bastante ambicioso con respecto a su actividad, quería convertirse en un gran músico. Solía sentarse durante horas solo en su habitación, para tocar la guitarra. Sin embargo, no le gustaba tocar en presencia de otros y se mostraba indiferente a las alabanzas o críticas. Su interés por la música era abrumador y tenía poco contacto social. No se le veía interesado en tener novia ni tenía amigos íntimos de su mismo sexo y edad.

   Adrián era un joven bien parecido y estaba vestido apropiadamente el día que acudió a urgencias del hospital. Al ser examinado estaba tenso, hablaba rápido y en forma excitada. Tenía tendencia a agitar la mano izquierda sin razón aparente. Su conversación estaba interrumpida por interpolaciones, y de vez en cuando se volvía incoherente e incomprensible. Mostraba una afectividad inadecuada y sonreía superficial e inapropiadamente. En la expresión de sus emociones era cerrado y se enojaba al hablar de la relación con su madre. Decía que ella lo hubiera querido muerto. Expresaba temor porque un poder extraterrestre llevaría su mente a otro planeta. Explicaba que este poder controlaba sus pensamientos y le daba órdenes para lastimar a otras personas. Le interesaba el esoterismo y últimamente había leído, en la intimidad de su cuarto, un libro sobre viajes astrales.

   Aparentemente el poder extraterrestre hablaba sobre su situación. Le decía que su madre lo quería ver muerto y le había dado instrucciones para matarla. Los últimos días antes del ingreso en la Unidad de hospitalización psiquiátrica, Adrián consideró la idea de matarse para impedir que el poder extraño tomara total control de él.

   El paciente muestra un conjunto de síntomas característicos, que corresponden al diagnóstico de ezquizofrenia, con duración de la enfermedad superior a un mes. Los síntomas incluyen inserción de pensamientos, alucinaciones auditivas con voces que discuten y dan órdenes, delirios de persecución, delirio de control del pensamiento y de estar en comunicación con fuerzas extraterrestres, y comportamientos catatoniformes en forma de excitación, perplejidad, movimientos estereotipados y conductas violentas. Como las alucinaciones y los delirios son prominentes, el diagnóstico es de esquizofrenia paranoide con un carácter agregado debido al curso incierto, por ser el período de observación demasiado corto.

  En la anamnesis se recogió que la personalidad del paciente mostraba un modelo esquizoide: pocas actividades le proporcionaban placer, se mostraba indiferente tanto a los halagos como a las críticas, tenía poco interés por las experiencias sexuales, constantemente elegía actividades solitarias y no tenía amigos cercanos. Estas características apuntaban a un diagnóstico de trastorno esquizoide de la personalidad, y otros criterios generales para una perturbación de la personalidad también se cumplían: un patrón constante de comportamiento desadaptativo, presente desde la adolescencia, notable a lo largo de una serie de situaciones sociales y personales, y que causaban malestar personal o deterioro significativo en el rendimiento social y que no podían ser explicados como manifestación o consecuencia de otro trastorno mental. Parecía haber evidencia suficiente para suponer que estos criterios estaban presentes.

   En el informe de alta emitido al mes y medio del ingreso se reflejó como juicio diagnóstico: F20.09 - Esquizofrenia paranoide, forma de evolución indeterminada, período de observación menor de un año con un diagnóstico subsidiario provisional de F60.1 -  Trastorno esquizoide de la personalidad.

Continuará…


    La esquizofrenia es un trastorno mental grave que se encuentra dentro del grupo de los llamados "trastornos psicóticos". Las personas que la padecen pueden escuchar voces que no están allí, pensar que otras personas quieren hacerles daño, presentan una grave distorsión en el pensamiento, la percepción y las emociones; sufren de una pérdida de contacto con la realidad, alucinaciones, delirios, trastornos del movimiento y del pensamiento. Todo esto les dificulta mantener un trabajo o cuidar de sí mismos. La esquizofrenia afecta a hombres y mujeres por igual, se da en índices similares en todos los grupos étnicos alrededor del mundo y los síntomas como las alucinaciones y los delirios generalmente comienzan entre los 16 y los 30 años. 

   No se conoce exactamente qué es lo que la provoca, pero algunas investigaciones indican que tiene que ver con la genética, el medio ambiente y la química del cerebro. Lamentablemente no tiene cura, pero la expectativa de vida para estas personas es cada día mejor, ya que los medicamentos funcionan realmente bien y muchos de ellos mejoran lo suficiente como para llevar una vida independiente. También es muy importante la Psicoterpia y la Rehabilitación en centros de día y otros dispositivos, tanto de habilidades cognitivas, de comunicación y socialización, talleres prelaborales, etc. que buscan la recuperación y reintegración al medio sociofamiliar y laboral y por qué no decirlo de la dignidad que muchas veces ha quedado muy mermada por el impacto de una enfermedad no buscada, que no tiene culpables. El estigma, con la colaboración de todos, puede ser borrado y el empoderamiento de los pacientes es imprescindible para su desarrollo personal en el futuro.

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Como curiosidad quiero exponer ahora que, hace algunos años, un equipo de neurólogos y psiquiatras comprobó que los pacientes que padecen esquizofrenia son incapaces de percibir la ilusión óptica de una prueba llamada "La máscara de Hollow". Esta prueba consiste en lo siguiente: una máscara pintada con un rostro humano en su lado convexo (el que sobresale) y otro en el lado cóncavo (el interior), gira lentamente, cuando llega a la parte hueca la ilusión provoca que veamos una cara que sobresale. Sin embargo, el cerebro de las personas con esquizofrenia no es engañado por la ilusión óptica, ellos ven la parte hueca de la máscara. Esto se puede explicar por una especie de "corto circuito" que se produce entre las conexiones de las áreas sensoriales y conceptuales de los esquizofrénicos.


                                                                La máscara de Hollow

   Para comprobar esta teoría, Danai Dima, de la Hannover Medical School y Jonathan Roiser, del University College de Londres, llevaron a cabo un estudio que consistió en el reclutamiento de 13 pacientes enfermos de esquizofrenia y 16 voluntarios de control sin ningún tipo de trastorno mental, con el fin de medir su flujo cerebral mientras visualizaban imágenes en tres dimensiones de rostros cóncavos y convexos. Y como suponían, de los 13 pacientes que padecían esquizofrenia, el 100% informó haber visualizado rostros cóncavos sin ningún tipo de relieve, como sí lo hizo el grupo control.


Sólo un Esquizofrénico o un Genio Pueden Responder Correctamente a Estas 2 Preguntas

    Sin embargo, los esquizofrénicos no son los únicos incapaces de ver la cara en la parte hueca, las personas que están alcoholizadas o los drogodependientes tampoco lo ven, debido a que su cerebro presenta una desconexión similar.


Mitos sobre la esquizofrenia en los que debemos dejar de creer - Estilo de  vida - Estilo de vida

 Mitos sobre la esquizofrenia en los que debemos dejar de creer

 

    El último camino a recorrer por Syd Barrett se vio obstaculizado por alucinaciones, una distorsión de la realidad y cambios de personalidad. Él consideraba y analizaba cada momento de su juventud, como un lamento. El músico se convirtió en uno de los creadores de la psicodelia musical, pero para ello Barret consumió LSD en cantidades extremas; al grado de provocarle esquizofrenia, entre otros trastornos.

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   Su mente ya había jugado y experimentado con tantas sustancias como para que su comportamiento se transformara radicalmente. Por ello, se decía que una de las mentes maestras de Pink Floyd sufría de constantes cambios y su cuerpo empezaba a manifestar señales que no eran comunes en una persona de menos de 30 años. El genio musical consumía alucinógenos que lo llevaron a una terrible confusión mental, alejándolo de la banda que le había dado renombre mundial y dejándolo fuera de juego durante algunos años; hasta que en 1975 reapareció con algunos kilos de más, la mirada perdida, dudas sobre lo que ocurría a su alrededor, sin cejas ni cabello y una total desilusión por seguir viviendo.

   Hasta la fecha, nadie sabe si en verdad Barrett sufría de esquizofrenia. Lo cierto es que tenía brotes psicóticos muy similares a los síntomas que presentan las víctimas de este padecimiento: la mente alejada de la realidad, el deterioro físico y mental, la conducta agresiva o en extremo pasiva, el lenguaje, las alucinaciones, así como el desconocimiento del entorno en que se vive. Pero, ¿Son patognomónicos los síntomas? Se ha satanizado este trastorno mental malinformando sobre lo que es y cómo afecta a una persona. A su alrededor giran mitos que no son más que la deformación del significado de esquizofrenia, resultado del temor a dicha enfermedad y del estigma. 


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Mitos a desmontar sobre la esquizofrenia

1.    Las personas con esquizofrenia son peligrosas e impredecibles

   Son todo lo contrario. Las personas que sufren de esquizofrenia tienden a aislarse y a sentir miedo volviéndose más vulnerables. Cuando sufren de algún brote, tienen alucinaciones y delirios. Se convierten en víctimas de la violencia, ellos no la ocasionan. Sin embargo, si se llega a suscitar violencia es gracias a posibles adicciones y circunstancias sociales poco favorables. También se puede dar por haber sufrido un episodio violento y en ese momento les llega el recuerdo y la necesidad de defenderse. 

2.    Quienes la padecen no vuelven a ser normales

   Nunca dejan de serlo. A diferencia de otros padecimientos como la demencia que avanzan y nunca mejoran, la esquizofrenia es un problema que, si se trata, se puede detener. La estabilidad de la persona es posible siempre y cuando lleve su tratamiento al pie de la letra y que tenga, por supuesto, el deseo de hacerlo.

3.    Es una enfermedad 100 % genética

   Es posible que exista algo de genes en el padecimiento de una persona; sin embargo, se requiere de muchos factores para que se desarrolle por tal motivo. La mayoría de los casos se da por la interacción de factores sociales y psicológicos y quizá la predisposición genética, pero esto no es necesario. 

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4. No pueden llevar una vida productiva porque tienen que ser hospitalizados continuamente

   Este mito es el más erróneo de todos ya que no requieren de hospitalización al menos que sea un caso extremo. De no ser así, pueden ser incluso, autosuficientes. En gran parte, se manifiesta la enfermedad por el abuso de sustancias como en el caso Barrett, pero yendo a rehabilitación y siguiendo el tratamiento oportuno, la calidad de vida mejora mucho. 

5.    Su intelecto es nulo

   Aunque pueden presentar dificultades en la concentración, memoria y atención, entre otras funciones cognitivas, es en gran medida por el uso de ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos, no por la esquizofrenia en sí. Los síntomas cognitivos asociados a ella se presentan de manera muy aislada como falta de planificación y organización, dificultad para alcanzar objetivos y desorganización; pero nada que afecte el intelecto. 

6.    Se manifiesta y evoluciona rápidamente

   La esquizofrenia se manifiesta de manera paulatina y su desarrollo es lento. Usualmente, se va presentando desde la adolescencia con signos que deterioran la forma de relacionarse y de organizar su información. Pero de igual manera, los síntomas se manifiestan gradualmente. Son sólo señales de que se puede ir regulando y controlando. 

7.    Todos tienen los mismos síntomas

   Cada persona padece la esquizofrenia de manera distinta y en diversos grados de severidad; por lo que, aunque pueda parecer que tienen los mismos síntomas, en realidad, son similares y los padecen en diferentes etapas de la enfermedad o simplemente no los manifiestan. Así que depende en gran medida de la fase en que se encuentre el problema. 

8.    Se trata sólo a través de fármacos

   Los medicamentos antipsicóticos son los principales fármacos consumidos por los pacientes. No obstante, por sí solos, estos medicamentos no garantizan la salud ni alivio del paciente por los posibles efectos secundarios. 

9.    Es un defecto de carácter

    La esquizofrenia no es un padecimiento que pueda controlarse o predecirse. Es una idea muy lejana de la realidad ya que ni los síntomas ni la enfermedad misma se pueden controlar por voluntad propia, es decir, es como decidir no querer tenerla. Es imposible.

10.          La esquizofrenia es tremendamente limitante

   La esquizofrenia no tiene por qué ser una limitación, si bien es un padecimiento que afecta a la vida de quien lo sufre, no debe ser un impedimento. Con el tratamiento adecuado, la intención de salir adelante y el apoyo de los seres queridos, una persona que padece de esquizofrenia puede tener una vida normal, sin complicaciones y con la mejor calidad posible.


                                      Las sensaciones de un paciente con esquizofrenia

 

¿Qué es la Esquizofrenia?

 

 

 

 




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